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El calor de la habitación se mezclaba con el frenesí de nuestros cuerpos entrelazados. Asahi y yo estábamos envueltos en un torbellino de pasión, una descarga salvaje y desenfrenada que buscaba llenar el vacío dentro de mí.
Sus manos recorrían mi piel con una urgencia que reflejaba la mía propia, y por un momento, me permití perderme en la intensidad del momento. Mientras movía sus labios sobre mi cuerpo у nuestros movimientos se volvían más frenéticos, un pensamiento intruso se abrió paso en mi mente.
De repente, no era Asahi quien estaba conmigo, sino Tanjiro. Su rostro apareció en mi mente, su sonrisa cálida y sus ojos llenos de amor. La imagen era tan vívida que sentí como si realmente estuviera allí, a mi lado.
¿Que...No termino de replantearme mí pregunta mentalmente cuando un gemido se escapa de entre mis labios. Intento seguir con lo que estamos haciendo, cerrando mis ojos pero todo se siente completamente diferente ¿que está pasando?
-Para...-susurro, apenas audiblemente al principio. La realidad comenzó a mezclarse con recuerdos y fantasías.
La forma en que Asahi me tocaba se desvaneció, y en su lugar, sentí las caricias de Tanjiro, suaves y llenas de cariño. Mi mente luchaba por mantener el control, pero el peso de los recuerdos era abrumador.
-Para, Asahi-Repetí, esta vez más fuerte, apartándome ligeramente.
Asahi se detuvo de inmediato, una mezcla de sorpresa y preocupación en su rostro.
-¿Zenitsu? ¿Qué pasa? ¿Te he hecho daño?-Sacudí la cabeza, sintiendo cómo una sensación angustiosa se alojaba mi pecho.
-No, no es eso. Es solo que... me acordé de Tanjiro- Mi voz se quebró al decir su nombre. La culpa y la tristeza se arremolinaron dentro de mí, ahogando cualquier placer que pudiera haber sentido.
Asahi se quedó en silencio por un momento, el sabía de mí pasado con el. No lo de la mafia pero si que tuvimos una relación.
Respiré hondo, tratando de calmar el torbellino de emociones en el que me había convertido.
-Yo...-Empieza el azabache.
-No es tu culpa, Asahi.
Asahi asintió lentamente, retirando sus manos y sentándose a mi lado en la cama.
-Es natural, Zenitsu. Él fue muy importante para ti. No puedes simplemente apagar esos sentimientos.
Nos quedamos allí, en silencio, con mi mente llena de recuerdos de Tanjiro. Recordé sus caricias, su risa, la forma en que me miraba con tanto amor. Aunque había intentado llenar ese vacío con la pasión desenfrenada de mi relación con Asahi, sabía que no era lo mismo.
Tanjiro siempre estaría en mi corazón, y aceptar eso era parte del proceso de seguir adelante.
A medida que las lágrimas se detenían comencé a sentir una sensación de alivio. Asahi estaba a mi lado, apoyándome, y aunque el dolor de la pérdida seguía presente, su presencia me ayudaba a sobrellevarlo.
-Gracias, Asahi-Murmuré, sintiéndome un poco más ligero-Gracias por entenderme.
Él sonrió, acariciando suavemente mi cabello.
-estaré aquí para ti, Zenitsu.
Encontré un poco de paz en medio del caos de mis emociones, dispuesto a enfrentar lo que viniera con la esperanza de que, algún día, el dolor se desvanecería y los recuerdos de Tanjiro se convertirían en una fuente de fuerza y no de tristeza.
El camino hacia el almacén estaba lleno de recuerdos dolorosos y esperanzas rotas, pero también de una determinación inquebrantable.
Mi madre debía ser detenida, no solo por mí y por mi padre, sino por todos aquellos a quienes había hecho daño. Y aunque el dolor de la separación con Zenitsu seguía siendo una carga pesada, su recuerdo me impulsaba hacia adelante, dándome la fuerza necesaria para enfrentar lo que estaba por venir.
Finalmente, llegué al almacén. Me preparé para lo que fuera que me esperara dentro, con la certeza de que, sin importar el resultado, estaba haciendo lo correcto. La venganza y el amor, la pérdida y la justicia, todo se entrelazaba en ese momento crucial de mi vida.
Al empujar la pesada puerta metálica, el crujido resonó a través del espacio cavernoso. La luz de la luna entraba a raudales por las ventanas rotas, creando sombras largas y ominosas. El olor a humedad y algo más metálico y nauseabundo me golpeó de inmediato. Apreté los dientes y avancé, mis pasos resonando en el suelo de cemento.
Mis ojos se adaptaron a la penumbra y lo vi. Mi corazón se detuvo cuando la imagen frente a mí se hizo clara.
Varios cuerpos estaban crucificados, algunos boca arriba y otros boca abajo, sus rostros contorsionados en expresiones de dolor y desesperación. La sangre goteaba de sus heridas, creando charcos oscuros en el suelo.
El horror me inundó, pero lo que realmente me dejó sin aliento fue lo que vi a sus pies. Escrito en sangre, en grandes letras torcidas y espeluznantes, había un mensaje:
Feliz cumpleaños, hijo. Que seguro que no te acuerdas
Las palabras me golpearon como un puñetazo en el corazón. Hoy era mi cumpleaños. En medio de todo el caos y la venganza, lo había olvidado por completo. Mi madre, siempre tan retorcida y sádica, había encontrado una manera de recordármelo de la manera más macabra posible.
Las personas crucificadas
eran un recordatorio del alcance de su crueldad, una advertencia de lo que me esperaba si fallaba.
Cada uno de esos cuerpos, cada gota de sangre, era una prueba de su desprecio por la vida humana y de su deseo de controlarlo todo, incluso a través del miedo y el sufrimiento.
¿Quiénes serían esas personas? Quizás eran mis aliados quizás eran personas inocentes quién sabe...
Mis manos temblaban, pero no podía permitirme ceder al pánico. Inspiré profundamente, tratando de mantener la calma.
-Madre...-Murmuré, sintiendo cómo la rabia se convertía en una determinación fría y letal-Eres un completo monstruo. ¿Cómo pudiste fingir que me querías a mi padre?
Caminé entre los cuerpos, sintiendo la pesada carga de cada paso. Podía sentir su presencia, su influencia maligna, en cada rincón del almacén. Sabía que ella me estaba observando, disfrutando ni reacción.
Porque estoy a un 50% seguro de que aquí hay cámaras apuntándome a mí y a mis compañeros.
El eco de mis pasos resonaba en el almacén vacío cuando abrí la puerta, preparado para lo peor. Junto a mí, Tokito y mis subordinados avanzaban con cautela, sus armas listas. Al otro lado, la atmósfera era tensa, cargada de una anticipación mortal.
Apenas tuvimos tiempo de reaccionar cuando los disparos comenzaron.
Las balas volaban a nuestro alrededor, y el sonido ensordecedor del tiroteo llenaba el espacio. Nos lanzamos a cubrirnos detrás de cajas y pilares, devolviendo el fuego con precisión.
Tokito y yo peleamos codo a codo, moviéndonos con una sincronización que solo el entrenamiento y la confianza podían lograr. Cada vez que una bala silbaba cerca, sentía la adrenalina bombeando en mis venas.
El plan de mi madre hubiese funcionado si yo no hubiese llevado tanta gente. Ni a Tokito y Tomioka.
El sonido de los disparos se desvaneció. Nuestras municiones se agotaron, y el silencio que siguió fue perturbador. Respiramos con dificultad, mirando a nuestro alrededor para asegurarnos de que no quedaba ninguna amenaza. Cuando todo quedó claro, empezamos a buscar pistas que nos llevaran al siguiente escondite de mi madre.
Entre los escombros y los cadáveres, encontré una carta. La reconocí de inmediato, caligrafía inconfundible:
"Cuida tú mismo lo que quieres"
Mi corazón se detuvo. Sabía exactamente a qué se refería. Zenitsu. Tenía que ir a protegerlo. Les informé a mis subordinados y, sin perder tiempo, nos dirigimos al pueblo donde Zenitsu vivía con su familia.
-¿Quieres que te prepare una tila?-Habló la dulce voz de Mitsuri.
-No, gracias.
Soy consciente de lo frío que me he vuelto con el paso de los meses...Pero supongo que era algo inevitable que pasase después de todo lo que he vivido hasta ahora.
Eres mi hijo...Escucha la voz de su padre. Y un día harás lo que yo estoy haciendo, tomaras decisiones que tal vez no te gusten, harás daño inevitablemente y no solo a ti mismo.
Me estoy dando cuenta de la falta que me está haciendo mi padre ahora mismo, porque tengo muchas preguntas que hacerle.
Durante varios días, lo observamos de lejos, ocultos en coches, esperando y vigilando. A veces, Genya y Tokito me acompañaban siempre atentos y listos
Ver a Zenitsu y no hablarle me está matando lentamente, mucho más cuando lo veo con Asahi. Los celos se me comen por completo y las manos me cosquillean de un manera que se que es peligrosa.
Una noche, incapaz de soportar la distancia, tomó la decisión de colarme por la ventana de su habitación.
-Tokito estás al mando-Digo antes de bajarme del coche.
-Recibido...
Soy sigiloso al saltar la valla por la parte de atrás y subir por la enredadera. Sonrió cuando no a cerrado bien la ventana. Me anotó mentalmente decírselo, lo primero es su seguridad.
La suave luz de la luna iluminaba su rostro mientras duerme. Pero algo en la atmósfera cambia para Zenitsu. Claro, yo dentro mirandolo, su expresión rápidamente se muestra asustada y antes de que pueda gritar, me inclino sobre el y le tapo la boca con suavidad.
-Soy yo-susurro, tratando de calmarlo.
Zenitsu me mira, sus ojos cambian de miedo a estar llenos de sorpresa y después algo de frialdad. Aparto la mano y él se sienta apoyándose contra el cabecero, encendiendo la luz de la mesita
-Soy real-Le confirmo.
-¿Por qué estás aquí?
Ou...
-Creo que mi madre viene a por ti y tu familia-Respondo
Zenitsu se levanta de la cama, empezando a andar de un lado a otro por la habitación, nervioso. Quejandose y maldiciendome.
-Dios mío Dios mío Dios mío ¿Y ahora qué vamos a hacer?-pregunta sin detenerse.
No puedo evitar observarlo, mis ojos recorren su cuerpo. Ay Dios mío, esos pantalones cortos dejaban una buena vista sus muslos y su trasero, firmes y bien formado.
Es difícil concentrarme en otra cosa cuando lo único que quiero ahora es tocarlo.
Concéntrate.
-Esperaremos a que mi madre cometa un error-Le explico, tratando de mantener mi mente fría.
Zenitsu se detiene y me mira con una mezcla de ansiedad y esperanza. Confía en mí cuando solo he dicho esas sencillas palabras
-¿Y después?-pregunta
-Después, acabaremos con esto-respondo.
Y se nos come el silencio.
Sintiendo el peso de los últimos tres meses separándonos. Finalmente, Zenitsu rompió el silencio.
-Te odio
Una bala justo en el corazón es lo que son sus palabras.
-Lo sé.
-Ha sido difícil-murmura-Todo este tiempo sin saber qué te...Sin saber si estabas vivo o no.
-Estoy vivo-digo suavemente.
-Bueno...-Digo caminando hacia la ventana mientras me vuelvo a colocar la capucha de mi sudadera.
-Puedes quedarte.
-Pensaba que me odiabas-Digo con una sonrisa en mis labios
-Y te odio.
-No deberías invitar a las personas que odias a dormir contigo.
Zenitsu rueda los ojos y se mete en la cama, tapándose y después apagando la lamparita. Me lo pienso unos segundos y después me quito las zapatillas para meterme junto a él en la cama.
Y entonces nuestros cuerpos se mueven solos. Nos acurrucamos juntos, y comienzo a acariciar su espalda, mis dedos trazando suavemente líneas sobre la tela de su pijama. Siento cómo sus músculos se relajan poco a poco, y su respiración se hace más lenta y profunda.
A medida que mis caricias continuaban, Zenitsu cae en los brazos de Morfeo. Y yo creo que he encontrado un momento de paz en medio del caos.
Lo observo mientras duerme, mi corazón lleno de amor y determinación. No permitiría que nada ni nadie lo lastimara. Tú eres el que más daño le hizo. Mientras Zenitsu dormía en mis brazos, sabía que haría lo que fuera necesario para protegerlo.
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