─7─
─No soy frágil como una flor
soy frágil como una bomba─
Sabe que él solito se ha metido en esto al pedirle a Damián muchas, muchas, muchas veces que lo enseñe a usar la espada.
¿Pero en qué momento la práctica se había vuelto tan violenta?
Las espadas podían ser de madera pero de igual manera dolían. Y mucho. Cuando Damián golpeaba con violencia sentía la vibración llegar a su muñeca. Había pensado varias veces en soltar la espada, pero está seguro de que aún así el ojiverde seguiría atacando.
-¿Damián?-Llamo cuando una vez más su espada había sido golpeada con tanta fuerza que casi se la arranca de la mano.
Él solo había algunas cosas básicas para pelear con la espada, pero Damián peleaba contra el como si quisiera hacerle trizas. Lo único que el conseguía hacer era retroceder y bloquear algunos ataques.
-¿O-oye estás bien?-Pero seguía sin haber respuesta, un buen golpe le dio en las costillas, haciéndole que le fuese imposible no doblarse ante el dolor poniéndose de puntillas-¡Oye eso duele!-Dijo clavando sus ojos en el.
-Pues hazlo mejor y no te dolerá tanto
-Estoy aprendiendo
-Pues aprende más rápido
-¿¡Se puede saber qué te pasa!?-Odia esa indiferencia que a veces tiene su compañero.
-Nada. Levanta
-No hasta que me digas que te pasa
-Bien, entonces te obligaré-Rápidamente movió su espada hacia su cabeza, a Jon no le queda de otra que moverse.
Su espalda chocó contra la pared y su visión pudo captar como la espada se dirigía hacia su cabeza, cerró los ojos y bajo la cabeza hacia el suelo esperando el golpe, pero este nunca llegó, lentamente abrió los ojos y se encontró espada frente a su cara.
Intentó defenderse una y otra vez pero le parecía imposible, el resultado era el mismo. La puerta se abrió dejando ver a Alfred y eso lo distrajo haciendo que un nuevo golpe llegase a sus costillas
-Amo Damián su padre quiere hablar con usted
-Voy-Y clavo su vista en el-Por hoy hemos terminado-Y se fue
Jon se sentía realmente frustrado y a la vez enfadado. Conocía a Damián, sabía lo extremista y violento que podía llegar a ser, pero hoy le hizo sentir insignificante, diminuto.
-Oye Alfred ¿Puedo hacerte una pregunta?-Dijo el de ojos azules mientras dejaba las espadas de madera en su sitio
-Claro
-¿Donde aprendió Damián a usar la espada?-El mayordomo quedó en silencio unos breves segundos
-Le enseñó su madre.
-¿Su madre?-Jon no sabía nada del pasado de Damián, pero absolutamente nada, Alfred pensaba que sí ya que llevaban muchos años siendo migos, pero cuando el menor le hizo esa pregunta supo que no.
-Sí, su madre
Jon no quiso hacer más preguntas, al menos no a Alfred prefería que estas cosas se las contase Damián, asique como espero pacientemente aque Damian terminase de hablar con su padre.
Estaba en el salón viendo la televisión Alfred le había traído algo para merendar, su pierna se había comenzado a mover rítmicamente después de un rato.
-¿Todavía sigues aquí?-Dejó de mirar la serie que estaban echando y clavó sus azules ojos contra los esmeraldas
-Sí ¿Puedo hablar contigo?-El otro alzó una ceja-¿Qué hacías antes de vivir con tu padre?
Vale, esa no era la mejor manera de conseguir la información que buscaba, pero era la única manera que había encontrado de preguntarle sobre su pasado.
-¿Qué te han dicho?
-Nada, es simplemente curiosidad
-Jonathan-Advirtió
-Solo se que tu madre te enseño a pelear con la espada.
-Pues créeme que eso es lo único que quieres saber.
-¡Oh, vamos cuéntame quien eras antes
Jon sabía que Damián era alguien introvertido, complicado, hostil y muy reacio al afecto, pero por encima de todo lo consideraba alguien único.
Que por eso había una barrera entre lo que él conocía y su pasado, una barrera en la que seguramente resplandecía un universo de tinieblas y oscuridad, con peligrosos pinchos que él mayor tenía clavados en toda su piel.
Damián le había dicho que una de las marcas por las que él sentía curiosidad se lo había hecho su madre, se preguntó si las demás también...
Sabia que tenía que ir despacio, con delicadeza,.no quería tocar un sitio donde doliese demasiado, no quería hacerle daño, no quería recordarle cosas malas, no quería repararlo no quería suprimir sus demonios, solo quería sentarse con él y que le contase todo, se preguntó si lo dejaría pasar aquella barrera...
Violento y cruel
Esa podía ser perfectamente su definición de antes, quizás también un poco manipulador con aquellos a los que quería engatusar.
Quizás él ahora también seguía siendo así...Sin luz, sin esperanzas, no alguien como él no podía tener a alguien como Jon en su vida.
No, no, no
Jon no podía saber quién el era.
O lo que había hecho
Se ahogó en el azul del mar que esos ojos reflejaban, no sabía cómo reaccionar, que decir, en su estómago se habían agolpado un horrible sentimiento.
-Damian...
-Jon, en serio, no quieres saber quién era yo...-Y rápidamente salió de ahí.
Necesitaba huir de esa mirada que le estaba asfixiando, de ese extraño sentimiento que se clavó en su pecho, pero para su mala suerte Jon no se iba a rendir.
Entró a su habitación y le cerró la puerta al otro en la cara, Jon soltó un ¡Oye! y se quedó fuera unos segundos y después giró la manija para entrar, Damián estaba con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza entre las manos.
-Sí, sí quiero saber, eres mi mejor amigo.
-Jon, no, para-Sentia como recuerdos agrupaban en su mente y cómo había posible reacciones del menor y ninguna era buena.
¿Jon lo seguiría viendo con los mismos ojos sí sabía cuántas muertes habían en sus manos?
Sintió la cama hundirse a su lado cuando Jon se sentó, el odio profundamente a su madre cuando vio a Jon con una espada de madera entre las manos, le había hecho hervir la sangre, como si un enjambre de abejas furiosas pasase por ellas
De alguna manera al igual que ahora los recuerdos antes habían vuelto y eso lo había enfurecido, quería que Jon nunca más tuviese una espada entre sus manos, aunque fuera de madera, así que pensó que si lo dejaba por los suelos en aquel entrenamiento que habían empezado hoy se rendiría.
Y pareció conseguirlo.
Pero sabía que quizás necesitaría más de un día para hacer que desistiera en aprender a pelear con la espada, pero sabía que lo que Jon tenía era curiosidad por saber usar un poco la espada que no era algo más.
Pero el mismo se encargaría de cortar de raíz esa curiosidad.
-Damián...-Sintió como el menor se inclinó apoyándose su hombro-No voy a juzgarte.
-Sí lo harás, me verás de diferente manera
-Yo...-Sintió sus mejillas calentarse-Yo... siempre me voy a quedar a tú lado.
Aquel horrible sentimiento hacía ruido en su interior, rasgaba con fuerza las paredes de su pecho, estrujaba su corazón como si tuviese alambre de espino alrededor
Damián se echó hacia atrás llevándose en el proceso a Jon con él y quedando ambos recostados en la cama, el menor quedó de lado mirándolo y Damián mirando al techo, pero sus ojos permanecían cerrados mientras trataba de tranquilizarse.
-Por favor...-Susurro el menor
El verde y el azul se encontraron.
Entonces Damián lo supo...
Tenía a Jon no solo clavado en la carne, si no que también lo tenía clavado en su alma, en lo más profundo de su ser, con aquellos ojos y sonrisa que iluminaban incluso sus días más oscuros.
Y aunque su corazón ya había aceptado que estaba perdidamente enamorado, su cabeza le recordaba que a ellos dos eran muy diferentes, que él era capaz de opacar aquella luz con sus duras palabras que en ocasiones no podía controlar.
Sufrio un pequeño escalofrío cuando sintió otra vez el tacto de Jon agarrando su ropa, sintió su alma vibrar con fuerza, aquel chico que él estaba tumbado a su lado estaba lo suficientemente loco como para acercarse a él para no temerle aun cuando al principio de conocerse ellos dos había sido tan hiriente con sus palabras.
Pero en un momento dado sintió la soga de la condena enroscarse no solo en su cuello, sino que también bajó hacia su corazón, ahora sabía que tendría que cumplir condena de por vida, ni en sus peores pesadillas se hubiera podido imaginar un infierno así, que lo quemase a fuego lento.
Pero eso era el amor, algo que te achicharraba hasta que te hacías cenizas junto con la otra persona.
Damián se colocó también de lado, dejando más cerca sus rostros el uno del otro, Jon tímidamente deslizó su mano en busca de la contraria sintiendo así el cálido tacto
-¿Lo juras?...
-Lo juro-No dudo ni un segundo en decir aquellas palabras.
-Yo...-Busco las palabras que quería decir-Yo soy un monstruo...un asesino, alguien que no ha matado a otras personas sin importarle el daño que pudiera causar....
Entonces Damián sacó toda aquella oscuridad a relucir a través de sus palabras, dejando al de ojos azules completamente estático. No sabe cuánto tiempo se tiró hablando quizás media hora, una hora, quizás más
Y Jon no lo interrumpió en ningún momento, se quedó ahí escuchando sin mostrar miedo, quizás sorprendido en algunas ocasiones, pero nunca asustado, mantenían sus manos juntas y de vez en cuando apretaba la de el menor que le devolviera la apretón dándole seguridad.
-Tú no eres un monstruo...-Y su mano se dirigió hasta su mejilla y acaricio esta con suavidad, para luego pasar las caricias a su nuca de una manera lenta
Mientras que la de Damián se apoyaba sobre su cintura y la apretaba suavemente, se acercaron un poco más el uno al otro, Jon pudo sentir el aroma de esa cara colonia, se sintió tan perdido de repente, Damián sintió el roce de sus narices de una manera tan suave e inexistente que dudo que hubiese sido real.
-Tú simplemente hicistes lo que creías correcto, querias hacer feliz a las personas que te importaban...Tú no eres un monstruo.
Entonces sintió como aquellos dedos se clavaban en su cintura, cosa que pillo a Jon por sorpresa, mientras que el detuvo sus caricias.
Entonces ambos juntaron las mariposas y los murciélagos, sus labios se habían encontrado en un suave toque, que se estrechó un poco más cuando Damián sintió las mariposas de Jon revolotear en su estómago, haciéndo su alma temblar con fuerza.
¿Esto era real o era otro de sus sueños?
Jon sentía los murciélagos de Damián agarrarse a su estómago, sintiendo como su corazón latía con tanta fuerza que creía que se saldría de su caja torácica
Los ojos de Jon se cerraron cuando el beso terminó, no quería perderlo de vista, ya que un adorable sonrojo adornaba sus mejillas y eso le pareció la cosa más encantadora e irresistible del mundo.
Entonces lo volvió a hacer unió sus labios en otro beso, pero esta vez de una manera diferente, una manera que hizo que al menos se le estrellase el corazón contra las costillas, nunca había experimentado algo así.
El mundo se había detenido y había dejado de girar, solo eran ellos dos.
Jon sintió un escalofrío por todo su cuerpo, los dedos de Damián estaban rozando el borde de su sudadera, deteniéndose justo antes de entrar pero acariciando su suave piel consiguiendo que su piel se pusiera de gallina.
Damián sentía su corazón martillar tan fuerte que creía que se saldría de su pecho, pero no así no dejó de darle caricias, él no tenía miedo
Porque Jon lo lo había alejado
Lo estaba besando
Lo estaba dejando tocar
Una de sus manos descendió hasta abajo recorriendo su muslo y una vez llegó a su esponjoso culo lo estrechó con algo de fuerza, Jon sintió como una tensión se formaba en su estómago, una que sabía que sería imposible deshacerse de ella
No reconocía aquellas sensaciones tan nuevas y tan abrumadoras que prácticamente se lo estaban comiendo, se sentía en llamas, sus dedos apretaron sus ropas, sus piernas buscaron enredarse con las suyas en un acto de tal más cerca.
Pero de repente la puerta fue tocada con suavidad, era Alfred diciéndoles que si les apetecía comer algo, se separaron y se miraron durante unos segundos.
-Sí, ahora bajamos-Respondió Damián?
Después ambos se volvieron a mirar quedando así unos segundos sin poder evitarlo soltaron a la vez una risita, Jon fue está vez quien sin pensar le dio un corto beso y así estuvieron durante un minuto.
¿Jon quería hacerse cenizas junto a él?
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