°•5•°
La lluvia golpeaba contra la ventana, pero él no le prestaba atención. Se sentó en el ancho borde de la ventana, acurrucándose mientras abrazaba sus rodillas contra su pecho y apoyaba la cabeza sobre ellas. Cerró los ojos.
Entonces, las imágenes volvieron, fugaces y borrosas.
-¿Por qué siempre le tienes tanto miedo a todo?
-¡Yo no!... ¡No lo entiendes!
-Te importa demasiado ser el niño bueno que todos ven, y lo eres. Eres putamente perfecto. Pero ahora dime… ¿qué es lo que de verdad quieres tú?
-Yo…
Unas manos tomaron su rostro, obligándolo a mirarlo a los ojos.
-Solo quiero que todo esté bien.
-¿Crees que yéndote lo solucionarás?
-Pero volveré… cuando sea mayor de edad, po-podremos estar juntos.
-Te odio tanto…-susurró, juntando sus frentes.
-No me digas más eso.
-Si te vas, nunca te…
-No lo digas…-su voz tembló.
Las lágrimas rodaron por su rostro mientras, en un impulso, unió sus labios con los de él.
La puerta se abrió de golpe, sacándolo de sus pensamientos. Takemichi levantó la cabeza y miró en esa dirección.
Hina-Hola…-saludó con una sonrisa.
Takemichi-Hola, Hina…
Hina-Vengo a avisarte de que la cena estará lista pronto.
Takemichi-Gracias, ahora bajo-Dijo, devolviéndole la sonrisa.
Cuando la pelirroja salió, Takemichi bajó del poyete y caminó hacia la puerta. Llevaba horas sin saber nada de Mikey. No sabía si eso era bueno o malo.
Pero le daba miedo que, de un segundo a otro, todo se convirtiera en un caos.
La cena transcurrió con todos charlando animadamente, excepto Takemichi, que estaba sumido en sus pensamientos.
-Cocinas muy mal.
-¡Pues cocina tú!
Chifuyu-Takemichi… ¿Estás bien?
Takemichi-¿Eh?
Chifuyu-Que si estás bien.
Takemichi-Oh… Sí, bueno, realmente hoy me siento algo abrumado. No sé, esas imágenes borrosas o lo que sean… me vienen a la cabeza.
-Oooooh, ¡tú cocinas muy bien!
-No es tan difícil.
-Decidido, tú serás quien cocine cuando nos casemos.
-¿Casarnos? ¿No crees que es muy pronto para pensar en eso?
-No.
Chifuyu-¿Otra vez?
Takemichi-Sí…
Kazutora-Una preguntilla… ¿Qué es lo que ves?
Takemichi-Pues… veo a dos chicos. A uno nunca logro verlo bien, pero el otro tiene el pelo rubio claro, algo largo, por encima de los hombros… Y los veo juntos en diferentes lugares.
Su espalda choca contra la puerta mientras cruza los tobillos detrás de la espalda del más bajo. Siente cómo los dedos del chico de cabello claro se clavan en la carne de sus muslos.
Se aferra a sus hombros y le devuelve el beso con todo lo que tiene.
Sus labios están descoordinados, como si temieran separarse. Pero puede sentir la emoción del momento, la urgencia en cada roce. Sus caderas se mueven juntas, provocando una fricción deliciosa. Un gemido escapa en voz alta, sin intención de ser contenido.
Pero de repente, todo parece ir a cámara lenta.
-No.
-¿Eh?
-No quiero hacer esto contigo sabiendo que mañana, cuando despierte, no estarás. Que estarás a miles de kilómetros…
El timbre suena, sacando a Takemichi de golpe de sus pensamientos.
Se levanta lentamente, escuchando voces en la casa, pero lo que realmente logra captar es…
Taiju-Dos de las monjas de mi iglesia han sido… Oh, Takemichi
Takemichi-¿Qué les ha pasado a las monjas?
Hina-Takemichi, ser…
Takemichi-¿Es por mi culpa, verdad?
Taiju-No, no, cálmate.
Takemichi-Necesito aire.
Se coloca la chaqueta rápidamente y sale.
Todo esto lo abruma.
Se siente asfixiado.
Si es su culpa, no debía haber dicho nada. Nadie sufriría.
Esas dos mujeres no estarían muertas.
Detiene sus pasos cuando ve dónde ha llegado.
El río.
Se agacha para desatar los nudos de sus zapatillas junto con sus calcetines. Luego, sigue avanzando. Su ropa comienza a desaparecer poco a poco. Sus rizos se mueven con el viento, como las plantas a la orilla del agua.
-Vamos, sáltate las clases conmigo, vamos al río.
-No sé…
-Vamos, será mejor que quedarnos aquí otras tres horas.
Las imágenes en su mente se suceden rápido. Ve a esos dos chicos despojándose de su ropa. Ve cómo, ya en el agua, se besan, sus risas resonando en sus oídos.
Cuando uno de sus pies toca el agua fría, se da cuenta de lo que está haciendo. Pero no se detiene. Sigue entrando hasta que el agua le llega al pecho.Cuenta hasta tres mentalmente y se sumerge, cerrando los ojos.
El motor de una moto resuena en sus oídos.
Las imágenes vuelven.
Unas manos se aferran a una cintura.
El chico de atrás apoya su cabeza en la espalda del otro.
Saca la cabeza del agua cuando el aire comienza a faltarle.
Mira a su alrededor.
Solo se escucha el piar de los pájaros y el susurro de las hojas moviéndose con el viento.
Suspira y nada de regreso a la orilla.
Al salir, se queda sentado en la orilla, abrazando sus rodillas contra su pecho.
-Tu padre debe odiarme.
-¿Eh?
-Hago que su buen y querido hijo se escape de la escuela y me lo llevo toda la tarde.
-A ver, ¿no querrás que te aplauda?
-¿Mañana por la tarde vendrás?
-Tengo que ir a la iglesia.
-Pues no vayas, di que estás enfermo.
-No. Podemos vernos después. Salgo a las ocho.
Chifuyu-¡Dios! ¡¿Takemichi, qué haces ahí?! Llevamos toda la tarde buscándote.
Takemichi-¿Toda la tarde…?
Chifuyu-Takemichi, son las diez de la noche.
El ojiazul mira a su alrededor. Sí, el cielo estrellado lo envuelve por completo.
Takemichi-Lo siento…
Chifuyu sonríe con melancolía.
Se arrodilla a su lado y lo abraza.
Takemichi siente el calor de la ropa contra su piel desnuda. Suspira y se inclina hacia su primo, buscando algo de consuelo en su calor.
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