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𝗹𝗮 𝗮𝗺𝗶𝗴𝗮 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝗺𝗶 𖹭.ᐟ fayeyoko

cap cinco

bbyblu

Yoko empujó a Fay por el hombro por tercera vez consecutiva en esa noche. Ella se tiró cayendo de espaldas a la cama, quizás harta de rogar a Yoko por un poco de atención, sus dientes fuertemente apretados. El enojo dominando cada facción del atractivo rostro de Fay.

─¿Por qué no me dejas tocarte?─ Fay preguntó a Yoko.

Yoko no respondió, ella siguió arreglándose su blazer negro, mirándose en el espejo, tratando de aclarar sus pensamientos.

Yoko se observó detenidamente, su prolijo e impecable ropa negra era hermosa. El sastre hizo un perfecto trabajo con su falda oscura de seda y su blusa blanca inmaculada, haciendo lucir su cremosa pálida piel. Su delicioso perfume flotaba alrededor, su castaño cabello cayendo sobre su frente y esplada, brillante y lacio. Como le gustaba que se viera.

─Porque no tengo ganas. Fin de la historia.─ dijo.

Han pasado dos meses desde su último encuentro con Faye, en su departamento. Desde su discusión en el pasillo no le habló, llamó o prestó demasiada atención. Cada vez que se encontraban en su casa sólo se ignoraban y seguían en lo suyo.

Yoko subía a su cuarto, se encerraba y esperaba pacientemente a que Faye se largara.

Eso se volvió monótono.

Quizá porque no podía soportar saber que Faye ya no le miraba como antes. Esa adoración leal ya no estaba en sus ojos. Ahora sólo quedaba la incomodidad y el espectro de la relación que alguna vez tuvieron.

Odiaba tratarla como a una desconocida.

Odiaba tenerla lejos.

Odiaba que ya no le sonriera. Odiaba el hecho de que Faye ya no la quería.

Yoko se odiaba a sí misma.

Yoko estaba volviéndose loca, todos y cada uno de los días transcurridos, no lograba pensar en otra cosa que no sea Faye Malisorn. Faye atormentaba su mente y pensamientos. Cada que escuchaba a su mamá hablar de cómo Faye le iba exitosamente por la vida deseaba ahogarse. Ella únicamente podía rodar los ojos.

Deseaba dejar de sentir lo que fuera que sentía tan fácilmente como Faye hizo con ella.

Fay estaba segura que le sucedía algo, bueno, Yoko ni siquiera aparentaba no estarlo. Le molestaba todo lo que Fay hacía.

Cuando Fay le besaba, automáticamente se alejaba. Cuando la acariciaba, le rechazaba. Cuando le hablaba, la ignoraba. Cuando le buscaba, le gritaba que no tendrían nada.

Eso frustraría a cualquiera.

Fay se estaba hartando por su insólito comportamiento, tanto como Yoko estaba hartándose de la frialdad y la distancia de Faye. Era justo desde su perspectiva. Aunque ninguna fuera una víctima.

Esta noche vería por última vez a Faye, ya que ella había anunciado su temporal pero larga partida a América.

Faye dijo algo similar a ampliar la empresa. Lingling organizó una fiesta de despedida, todos irían y claro, ella no podía faltar, pues siendo la hija de la organizadora era una obligación. No quería ver a Faye con esa maldita chica, sabía que ella asistiría.

Tuvo que aceptar a regañadientes, que Engfa, era hermosa y perfecta, con buenas curvas. Si no estuviera fascinada por Faye habría salido un par de veces con aquella chica.

Aunque no la había visto desde aquel día.

Puto día, gruñó Yoko.

Fay le seguía desde atrás a una distancia prudente. Yoko suspiró, su relación iba colapsando a una velocidad inimaginable, cayendo en picada. Ni siquiera podía besar a Fay sin imaginarse que era Faye. No, no, no. Eso no podía ser.

¡Ella amaba a Fay!

Pero por qué tenía esa duda latente siempre persiguiendo.

Las odiaba.

Odiaba a Faye por tenerla así.

Odiaba a Fay por haberle pedido que buscara consejos.

Se odiaba por no poder olvidar a su consejera.

Mordiéndose el labio inferior, observó a su madre llegar hasta ellas, la fiesta se haría en su casa, todos los invitados estaban allí, excepto Faye y Engfa que aún no llegaban.

Deja de pensar en ella.

Asintiéndose a sí misma, miró a su madre con una sonrisa tensa. Orm venía de la mano con ella. La verdad sea dicha, la chica le caía más o menos bien. No era vanidosa ni pretenciosa. Toda la ropa de marca que llevaba puesta esa noche la había comprado ella misma. Orm es diseñadora de modas, fue así como conoció a Lingling.

Orm visitó a su madre para una fiesta e inmediatamente habían conectado o algo así. La diferencia de edades no fue un impedimento para ellas. Lingling le coqueteó hasta que Orm accedió a darle su número telefónico.

De eso ya hace un año atrás, Yoko la conocía hace apenas meses, pero con suerte deseaba que su madre se quedara con aquella chica divertida y natural, le gustaría que fuera parte de la familia. Además, Orm es perfecta para su madre y soportaba su burdo humor de "No es mi estilo."

Sintió el apretado abrazo que Fay le dio por los hombros. Alejándose, le sonrió sin soltarla.

Orm siempre insistía que Faye le gustaba para ella.

Dios la escuche.

─Hola, Yoko─ dijo Orm. ─Te ves hermosa esta noche.─ comentó observándole de pies a cabeza. Yoko casi sintió que se sonrojaba pero pudo controlar el rubor en sus mejillas. O eso pensó.

─Tú también te ves bien, mamá está linda. Hasta parece tener sólo treinta años y no casi cuarenta.─ dijo fuerte y claro. Sabía que a Lingling le molestaría su despiadado comentario.

Lingling se giró para mirarle con una sonrisa molesta. Su madre se acercó y tomó a Yoko encerrando su brazo por el cuello de su hija que comenzó a medio reir medio toser. Orm golpeó el hombro de Lingling para que la soltara.

─¡Eh, cuidado con lo que dices niña!─ advirtió. Yoko se echó a reír. ─No querrás que mami se moleste contigo. ¿No, bebé?

Yoko sonrió apenas. Sus mejillas se calentaron mientras era fijamente observada por Faye.

─Llegó la amiga de mami.─ murmuró muy bajo.

Todos los presentes observaron a Faye entrar del brazo con Engfa. Lingling se volteó con el resto de las demás personas admirando a la protagonista de la gran noche.

─¡Bienvenida!─ exclamó Lingling, abriendo sus brazos a cada lado de su cuerpo.

Su madre se dirigió directo a Faye. Yoko no se movió de su lugar, jadeó en voz baja. Faye se veía hermosa con su saco blanco y pantalones negros. No llevaba corbata, su camisa estaba abierta descubriendo un poco de su pecho. Su hermoso y sedoso cabello peinado hacia arriba. Sus labios rosados hacían a Yoko querer sentirlos contra los suyos, sus ojos pasaron de Lingling a Orm para finalmente, volver a mirarle a ella.

Yoko tragó saliva.

Un nudo se desarrolló en su garganta. Su boca se secó y sintió como si hubiera estado masticando arena. Sus ojos no se apartaron de Faye por unos minutos. Ambas sólo se miraban. El enojo que Yoko sentía, desapareció. La necesidad surgió y la excitación le golpeó con fuerza.

Como la había extrañado.

Su pecho se apretó al recibir una pequeña sonrisa. Una explosión de fuegos artificiales nubló su mente.

¡Y sólo fue una sonrisa! No quería imaginarse lo que sentiría al hablarle o siquiera tocarle. Yoko cerró los ojos por un instante, tratando de controlar su cuerpo y emociones. No podía ser, no creía que sintiera eso por Faye. Suspirando dejó caer la cabeza por un momento, frotando su frente con nerviosismo.

¿Tanto dependía de Faye?

Sentía algo pero no descifraba qué.

Yoko dudó en acercarse a saludarla ya que Faye seguía del brazo con Engfa, desviando por fin sus ojos vio a Engfa mirarle con curiosidad.

Su corazón se congeló al verla susurrar algo al oído de Faye, ella miró a Yoko y luego asintió.

"¿Qué le dijo?"

"¿Por qué Faye sonreía burlonamente ahora?"

─¿Amor?─ escuchó a Fay hablarle. Apartando los ojos de la feliz pareja, Yoko miró a Fay.

─¿Si?

Rodó los ojos cuando Fay besó su mejilla y abrazó su cintura.

─Vamos atrás y divirtámonos. Esto es aburrido.─ decía haciendo muecas. Yoko apartó el brazo de Fay lejos de ella. Fay torció los labios pero no dijo nada.

─Ve sola, Fay.─ Yoko le dio la espalda a su madre y Faye, no quería seguir siendo testigo de la felicidad de su nueva relación, tenia suficiente con saber que se iría y ya no le vería, al menos no por un largo tiempo.

─Te necesito a ti para divertirme.─ insistió.

─No.

─¡Por favor!

Yoko vio a Fay.

Sintió culpa por tratarle de esta manera injusta pero todos los sentimientos que tenía, los problemas y confusiones eran su maldita culpa para empezar. Fue Fay quien la incitó a terminar de esta forma. Si ella no le hubiera hecho caso ni herido con sus palabras quizás la besaría, bailarían y se divertirían como una pareja normal pero ya no existía siquiera ese amor que juraba tenerle. Ni la atracción, no había nada y ninguna podía negarlo por más tiempo.

Fay envolvió su mano y la arrastró hasta uno de los pasillos aislados y se acercó. Su rostro inusualmente serio. ─Sabes Yoko, yo traté de que esto funcionara.─ Fay dijo.

─¿Qué?

─Sonará cruel pero si no te lo digo es como si siguiera mintiéndote y sé que esto ya no está funcionando... ya no te amo.─ Raramente, esas palabras no le hirieron. Le sorprendieron, sí, pero nada más. ─Sé qué tú tampoco me quieres.─ Fay se encogió de hombros un tanto divertida por la absurda situación. ─Desde hace meses lo noté, yo te amaba y mucho pero...─ Ella no encontraba las palabras adecuadas para describirle sus propias emociones. ─Simplemente no te amo y ya. Seguir con esta farsa sería una estupidez.

Yoko se rió tan fuerte que algunos invitados se giraron para observarles.

─¡Eres una completa patán, Fay!─ exclamó, casi histérica.

─¿No estás enojada?─ preguntó Fay, impresionada por que ella se lo esté tomando tan bien.

Yoko negó, no podía ni tenía el derecho de estarlo, no luego de haberla engañado. No una, sino tantas veces.

─No.

─Yoko... yo, um... ¿Cómo terminar esto sin parecer una imbécil?─ Sonrió. ─En verdad, deseo lo mejor para ti. Digo, eres una chica increíble sólo que no eres para mí.

Yoko se rió por primera vez verdaderamente. ─Opino lo mismo, sé que encontrarás a alguien... que te entienda y llene tus expectativas. Ese alguien especial.

Ahora, ¿Debería decirle a Fay la verdad? Si era cierto que ya no le amaba no se molestaría.

─Fay, quiero decirte algo.

Fay asintió.

─Adelante, dilo.

─No es algo fácil de decir, supongo.─ Tragó saliva. La hora de la verdad, ondulando la mano hacia ella, la llevó atrás, rascando su nuca en señal de nerviosismo.

─Claro que sí, sólo tienes que soltarlo, sea bueno o malo yo...

─Yo te engañé... muchas veces.─ Yoko plantó su palma en la frente. Fay abrió la boca varias veces pero sin soltar nada. Oh Dios, quería salir corriendo de allí. Fay parecía estar dirigiendo la noticia.

─¿Qué? ¿Qué hiciste qué?

─Pensé que no te molestaría porque me terminaste y dijiste que no me amabas. No lo entiendo, no deberías de hacer esto un drama.─ dijo rápidamente.

─Ya no te amo, pero aun te quiero.─ Fay le miró dolida, fue una mala idea esta mierda de la sinceridad. ─Yoko, yo pude ser cruel pero ¿Engañarme? ¿Cómo pudiste? Pensé que... yo confiaba en ti.

Yoko se mordió el labio. La honestidad no siempre era buena, ahora debía seguir diciéndoles. Ya no había vuelta atrás.

─Yo...fue tu culpa.─ Señaló a Fay hundiendo el dedo en su pecho. Fay abrió la boca, sorprendida. ─Tú me rechazaste y despreciaste. Joder, estábamos teniendo sexo y tú dijiste eso ¿Cómo crees que me sentí?─ decía sin poder mirarla. ─¡El que yo te haya dejado de querer fue tu maldita culpa! Yo busqué consejos para satisfacerte.─ Al final fui yo la satisfecha, lo pensó pero no lo dijo. ─Y aprendí, poniéndolo en práctica con alguien más. Esa es la puta verdad.

Yoko estaba jadeando. Por fin sintió alivio en los hombros como si una gran carga se hubiera desplomado a sus pies.

─¿Con quién?─ Fay murmuró.

─Eso ya no importa.─ Yoko tomó cada lado del rostro de la mayor, Fay le miró directo a los ojos y Yoko deseó que un agujero la tragara. Podía ver el dolor en ellos pero no se arrepentía de decir la verdad. Al fin y al cabo se acabaría enterando tarde o temprano. ─No quería seguir mintiéndote. Tal vez, por eso no podía estar contigo o siquiera mirarte sin sentir culpa.

─Sólo dame un poco de tiempo y me recuperaré.

─¿Estarás bien? En realidad, no fue tu culpa.─ Fay creía que sí era su culpa. ─Ni siquiera lo pienses. No es culpa tuya, fue una decisión que yo tomé. Pude haber dicho no pero yo lo quería, no hay excusas para una traición.

─Lo siento por todo.─ susurró. Alejó las manos de Yoko suavemente y se dirigió a la puerta del jardín. Necesitaba tomar aire fresco.

No podía evitar sentirse mal. Es decir, ella quiso a Yoko y mucho. Saber que ella la engañó le dolía estúpidamente demasiado.

Esto lo busqué por mí misma. Rió lastimosamente.

Su corazón se ahogaba poco a poco en la culpa. La cabeza abajo, los codos en cada rodilla y sentada en aquel escalón de la parte trasera de la casa sintió sus ojos arder.

Fracasó en otra relación más y todo por su idiotez.

Aspiró aire en el momento en el que vio unos zapatos negros delante suyo. Elevó los ojos vidriosos lentamente encontrándose con alguien que no tenía ganas de soportar en ese momento.

Fay vio como ella le extendió una cerveza.

Y la tomó.

─¿Corazón roto?─ preguntó May sentándose a su lado. Fay asintió. ─No agaches la cabeza, idiota. Siempre dicen que por algo suceden las cosas ¿verdad?

Bebió su cerveza en silencio. La fría cerveza alivió su garganta reseca. Necesitaba mucho alcohol, mucho

─¿Lo crees en verdad?

─¿Qué eres una idiota? Sí, lo creo.

Fay sacudió la cabeza. May no era buena consolando ni aunque su vida dependiera de ello. Simpática.

─Deja de lloriquear, Fay. A tu mamá no le gustará saber que eres una fracasada hasta en tus malditas relaciones.

─Siempre tan amable, hermanita.

─No soy tu hermana.─ gruñó ─Que tu padre se haya casado con mi madre no significa nada.

─Eso te convierte en mi hermanita.─Fay sonrió, distrayéndose de sus pesimistas pensamientos por un momento. May le miró fijamente y sacudió la cabeza.

─No me gusta pensar en ti como una hermana.

Frunció el ceño.

—¿Por qué no? ¿Qué hay de malo en ser hermanas? Somos familia.

May bebió un largo trago, luego miró a Fay y sonrió tenebrosamente haciendo que la espina dorsal de Fay se estremeciera.

─Porque no me gusta pensar que quiero follar a mi hermana y tampoco quisiera pensar en como mi hermana me está follando. Esa es la razón.

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