cap uno
Yoko parpadeó centenares de veces antes de que Fay, cansada de ella, le empuje por el hombro. Aún no creía lo que oía, le había dolido, sí y mucho. Fay envolvió una sábana por su pecho dirigiéndose al baño, dejando a Yoko desnuda y sudada en la cama.
Yoko llevó su palma a la boca, trató de callar sus sollozos para que la chica de quién estaba enamorada, no la escuchara. Parándose con las rodillas temblorosas, tomó sus prendas del suelo, poniéndoselas a continuación.
Cuanto antes se marche de ahí, mejor. Suspira temblorosamente, agarra el pomo de la puerta de la habitación donde su pesadilla comenzó. Huyendo de ese lugar, mientras bajaba por las escaleras sentía las paredes vibrando, por sus ojos lágrimas agrias corrían sin parar, su corazón sentía una tras otra puñalada.
¿Tan inútil era?
No lo sabía, hasta ese momento, Fay le despreció como nadie le habría hecho. El dolor creciente en el pecho estaba asfixiándola.
La estruendosa música dubstep resonaba por los amplificadores de la fiesta en aquella odiosa casa. Becky la vio bajar, ella le sonrió pero esa sonrisa se esfumó cuando vio sus lágrimas. Becky corrió hasta ella a través de la espesa gente y la tomó por los hombros pero Yoko aun escuchaba esas dolorosas palabras repetirse y proyectarse en su cabeza como una mella.
》 -Me aburres.
》 -¿Qué?
》-Ya no me excitas Yoko... me aburre estar contigo, siempre soy yo la que inicia, la que se mueve, la que hace todo el trabajo y cuando tú lo haces eres torpe y descoordinada. Me matas las ganas, aprende, no me importa si le pides consejos a tus amigas o a cualquiera, pero no vuelvas hasta que sepas hacerlo.
Ella era asquerosamente tímida ¿A quién pediría tremendos consejos? Además de ser sexuales, claro.
─¡Yoko! ¿Qué ha pasado?!─ preguntó Becky, alarmada. Su mejor amiga sacudiéndola por los hombros. Ella estaba perdida en sus pensamientos.
─No pasa nada.─ murmuró con los ojos en cualquier punto en el piso.
─¿Cómo que nada? Joder, ¡estás llorando!─ Becky exclamó, pero Yoko empujó a su pequeña amiga apartándola de su camino, quería ir a casa, no se sentía para nada bien.
Necesitaba dormir y olvidar las frías y desagradables palabras de Fay.
Al bajarse del taxi divisó el gran portón de su casa, sabiendo que el Sr. Kun la vio por las cámaras, esperó hasta que estas se abrieran. Un pitido sonó y los grandes portones se abrieron para recibirla. Caminó desanimada hasta la entrada, sus zapatos arrastraban consigo las piedrecillas que conformaban el largo camino.
Abriendo las puertas doble de su casa, vio a una mujer parada en el lobby, ella volteó para mirarla. Como siempre con su infaltable traje negro a rayas horizontales gris, ella le sonreía como cada vez que se veían, pero Yoko no le correspondió esta vez.
─Hola Yoko, ¿Qué sucede?─ Preguntó ella con voz suave.
─Nada Faye. Sólo estoy cansada.─ comentó estirando su cuello de un lado a otro, masajeando la zona. ─¿Estás esperando a mi mamá?─ Echó un rápido vistazo a su reloj, pasaba de medianoche.
¿Es qué acaso todos necesitaban saber sobre su humillación? No había una puta necesidad de hacerlo.
─No, ya me iba.─ Faye le dijo. Ella le sonrió mientras se rascaba la nuca.
Faye, la gran empresaria de Bangkok, la más rica y hermosa joven de treinta años, mejor amiga de su madre y más cotizada por todas las jóvenes que tengan oportunidad de siquiera respirar el mismo aire.
No aparentaba treinta si no veinticinco o quizá menos, bueno, eso pensaba Yoko. Desviándose de su camino, pasó al lado de Faye que juntó sus cejas interrogante por la actitud de la pequeña chica que siempre que la veía la abrazaba o algo por estilo. Estaba comportándose raro y Faye lo sabía.
Yoko subió las escaleras con paso pesado, sus pies se sentían como sacos de plomo. No esperó a que Faye se despidiera, sólo quería dormir o bien desaparecer de la faz pero, lo primero si podía, lo segundo era imposible. Faye sólo calló al verla deprimida, viéndola irse.
Yoko llegando por fin a su habitación se esparció a la cama pensativa. ¿Qué podía hacer?, ¿Ver vídeos porno?, ¿Usar su imaginación?, ¿Preguntarle a su hermano mayor? No, eso estaba totalmente descartado, si Bright lo supiera mataría a Fay. Siguió pensando. ¿Debería pedir consejos a Becky? ¿O tal vez a Love?
Ninguna era buena idea. Becky aún era virgen según sabía. Love era muy tímida al igual que ella. Estaba magníficamente jodida.
No tiene ni una sola persona en quien confiar sin que fuera una humillación histórica.
─¿Pequeña?─ preguntó Faye. Yoko abrió los ojos lentamente.
─Estoy aquí.
Su habitación estaba totalmente a oscuras, necesitaba dormir pero Faye le había quitado el sueño con la interrupción.
Faye entró a la habitación buscando a oscuras su cama, cuando la encontró, se sentó en ella, cerca de ella. Yoko se acurrucó más a un costado.
─¿Qué pasa? Dime...─ Faye pedía. La pierna de Yoko estaba a su lado por lo que la atrajo hacía sí, subiéndola en sus muslos, acarició su pierna tranquilizándola. Yoko se lo agradeció silenciosamente.
Entonces comenzó a dudar seriamente si sería bueno confiarle a Faye sus atormentados pensamientos. Sólo que no sabía si decirle a Faye la verdad, confiaba en ella, pero quizá no lo suficiente.
─Yo...─ Yoko tragó saliva pensando en si hacerlo o no, necesitaba contarle a alguien, quería llenar ese agujero que Fay abrió en su pecho. Necesitaba desesperadamente desahogarse.
─Sólo dilo, prometo no juzgarte ni reprocharte, soy tu amiga.─Yoko miró a la mujer, preocupada ─¿Confías en mí, pequeña?─ preguntó, se aclaró la garganta un poco incómoda.
─Sí─ Suspiró hondo para continuar ─Fay... mi novia ¿La recuerdas?─ Comenzó.
─Uh-huh─ Sonó un poco tosca pero Yoko lo dejó pasar.
─Ella me... umm, no sé cómo decirlo.
─¿Te hizo daño?─ interrogó, apretando sus dedos en su pantorrilla.
Yoko negó hasta que se dio cuenta que Faye no podía verla.
─No. Claro que no, Faye cálmate.─ pidió al verla exaltada. Faye exhaló aire, tranquilizándose.
─¿Entonces, qué te pasa?
─Ella, y por favor no te enfades con ella... estoy demasiado avergonzada con sólo decirtelo.─ Faye rió ─Fay me dijo que no soy buena.─ confesó. Faye echó una risa que provocó que su pecho musculoso bajo la camisa vibrara.
Faye dijo: ─¿Es por eso qué estás enojada? Es mentira bebé, no eres mala, eres una buena chica.
─No, no comprendes.─ Yoko gimió desesperada, no sabía cómo decirle. ─Fay no se refería a mi actitud.
─¿Ah, no?
─Um, Fay se refería a... a qué... le aburro sex...sexualmente.─ Yoko apenas pudo decirlo en un murmuro. A Faye le costó oír y cuando lo hizo, apretó los labios dejándolos blancos. Yoko ahogó la almohada en su rostro totalmente sonrojado, los dedos de Faye dejaron de apretarle para sólo quedarse sobre su piel. ─¿Faye?
─¿Sexualmente?─ La voz de Faye sonó rara ante sus oídos.
─Sí... por favor, por favor no se lo cuentes a mamá, me asesinará si se entera de esto.─ le rogó, entonces sintió la mano de Faye sobre su cabello, acariciandolo.
─Tranquila, no se enterará, pequeña.─ Yoko volvió a drenar sus pulmones del aire que no sabía que estaba retenido. ─Sigue.─ Le animó ─¿Te ha dicho algo más?─ medio gruño y Yoko río algo triste.
─Algo, algo así de que busque ayuda o pida consejos a mis amigas.
─¿Consejos sexuales? Oh, bueno, nadie te lo contaría naturalmente. Hablar de sexo con una chica de veinte años es un poco... raro.
─Sí, no sé a quién pedírselo, no quiero que mis amigas se enteren de esto, me da mucha vergüenza.─ Faye apenas la divisó abrazarse a sus piernas al pecho con la poca luz que había. Eso le pareció tierno, cuando una fugaz respuesta se le apareció. Idea retorcida, pensó antes de dictárselo a Yoko.
─Y... ¿Qué tal si soy yo quién te lo aconseje?─ la pregunta flotó suavemente, teniendo cuidado de la reacción de Yoko.
Yoko sintió sus ojos iluminarse al escuchar eso de Faye, automáticamente saltó a los brazos de esta que le recibió gustosa.
Faye era perfecta para ser su consejera, Yoko deducía que Faye tenía pretendientes por doquier además de ser una mujer sumamente experimentada.
─¿Es en serio Faye? ¿Lo harías por mí?─ preguntó con su mejilla pegada a la de Faye. Sintió una sonrisa extenderse en el rostro de la mujer.
─Claro pequeña, por ti lo haría... con una condición.─ Sus labios contra la suave piel. Yoko se apartó mirándole a través de la oscuridad.
Cuidado con lo que dices.
─Todo lo que te enseñe deberás ponerlo en práctica conmigo ¿Lo entiendes?─ Yoko vio un brillo repentino en los ojos cafés de Faye, ella la sostuvo por su fina cintura, la diferencia de estaturas se hacía notar y fue ahí donde Yoko tomó en cuenta que estaba sentada sobre Faye ¿que había pasado?. ─¿Yoko?─ La llamó, de nuevo.
─Acepto─ Dijo antes de pensárselo siquiera. No sabe si es la necesidad de aprender lo que le impulsó a aceptar la peligrosa propuesta.
─¿Segura?─ Tragó saliva.
─Muy segura, confío en ti.─ confesó. Faye le sonrío contra su propia voluntad. Yoko posó sus palmas sobre sus hombros dudosa. ─¿Cuándo comenzamos?─ interrogó.
─¿Ansiosa, pequeña?
─Quiero aprender cuanto antes.
Faye le acarició el costado de su rostro, un poco enojada por su ansiedad de practicar ¿Tanto amaba a Fay? A ella no le gustaba esa chica para su pequeña niña mimada, aunque Yoko ya no era tan pequeña, ya tenía veinte. Veinte años. Faye la vio crecer y la amaba como a nadie. Que una niña terca, engreída y estúpida como Fay le haga sentir mal, le hace hervir la sangre.
─Entonces, empecemos ahora ¿Está bien?─ Yoko asintió rápidamente. ─Siéntate en la cama Yoko.─ Ella obedeció sumisamente. ─Mi primer consejo serán los besos.
─¿Besos?─ Su tono confundido hizo reír a Faye. Asintió.
─Los besos son importantes, todo empieza con ellos... son el impulso a querer más.─ explicó ─Bien, encenderé las luces ¿De acuerdo bebé?─ Yoko negó.
─No, prefiero hacerlo de este modo.
─¿Por qué?─ Faye quería verla, no quería enseñarle a tientas. Le gustaba este experimento y necesitaba urgentemente mirar a la chica.
─Me gusta así. Es más...íntimo.
Faye suspiró.
─Vale, continuemos.─ se subió a la cama quedando frente al expresivo rostro, ella se estremeció por la cercanía. ─Con los besos puedes controlar a la persona que quieras, claro está, si besas bien.
Yoko se preguntó cómo besaba ella ¿Bien o mal? No lo sabía, quizás también besaba mal. Torció los labios escuchando atentamente a la amiga de su madre. ─Para excitar a una persona, bésala con suavidad, degusta su sabor ¿Me comprendes?
─Sí, Faye.─ Respondió centrada en la baja aterciopelada voz.
─Acércate lentamente.─ Faye siguió sus propias palabras acercándose a Yoko. ─Empieza como te dije, ¿Puedo?─ preguntó tomándole de cada lado de su rostro. Yoko inhaló con nerviosismo.
─Si─ Susurró.
Faye pegó sus labios a los de Yoko, sintió la suavidad Faye, sus labios eran suaves y su aliento olía a menta. Logró sentir la lengua de Malisorn acariciar sus labios y cuando los abrió, los de Faye le capturaron, envolviendo cada labio lentamente. Su mente se cerró y se concentró en la mujer que estaba robándole suspiros, su respiración se volvió un poco dificultosa pero era verdad, Faye besaba malditamente bien. Las manos de Yoko se apretaron contra las manos más grandes de Faye, ella sonrió en medio del beso.
─Ahora iré más lejos, Yoko, meteré mi lengua y deberás jugar con ella.─ decía sobre sus húmedos labios. Yoko se sentía totalmente hipnotizada por la gruesa voz de Faye, asintiendo aún dentro de las manos que envolvían su rostro, la mujer atacó sus labios.
Faye deslizó su lengua encontrando a la lengua tímida de Yoko. Sentir a una inexperimentada era tan excitante para ella, lo sabe por la forma en la que su cuerpo se llena por el calor del momento.
Yoko apretó los ojos jadeando, se sentía deliciosamente bien. Malisorn sólo tocó su lengua, era su turno, poniéndose tensa lamió la lengua de Faye. Ella abrió los ojos un poco sorprendida, Yoko lo tomó como un impulso para seguir adelante.
Abriendo aún más su boca, buscó la lengua de Faye, los engranajes en su cabeza rotaban, mecanizaban su mente, debía excitar a Faye.
Esa era su meta.
Dios, está besando a la mejor amiga de su madre. Diez años mayor que ella, a la más codiciada de Tailandia, esa era mucha carga para sus pequeños hombros. Si su mamá las viera, mataría lentamente a Faye y luego seguiría ella.
─Lo estás haciendo tan bien, pequeña.─ animó Faye al verla paralizada. Los dedos de Malisorn abrazaban su cuerpo, las yemas se paseaban por su espalda, podía sentir como alentaban su piel. Jadeó dentro de la caliente boca. Yoko entreabrió los ojos observando las facciones de la mujer, su lengua se enredó con la de Faye. Su pecho iba pegándose al contrario. Sus lenguas jugaban una con la otra. El calor las envolvía cada vez más, la temperatura de la habitación ascendió dejándolas sofocadas y jadeantes. En el momento en que se separó de Yoko, sólo podía sentirse necesitada de más y un pequeño y transparente hilo de saliva las mantenía unidas.
A Faye le gustaba Yoko.
Y mucho.
─¿Cómo estuve?.
"Excitante" pensó Faye siendo consciente de su humedad casi manchando sus pantalones.
─Genial.─ jadeó, tomando aire. ─Seguiremos mañana Yoko.─ prácticamente Faye había saltado de su lugar. Sus piernas estaban hormigueando, tenía ganas tremendas de tirarse a la chica, pero no podía, no aún al menos. ─Nos vemos mañana. Estuviste excelente, pequeña.─ dijo antes de cerrar la puerta.
Yoko se estiró en la cama, con los dedos tocando sus labios, sonrió.
Le gustaba como besaba Faye.
¿En qué jodida mierda se metió? Dios, es la mejor amiga de su madre y la había besado. Y lo peor... no se arrepentía de haberlo hecho.
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