07
La sala de reuniones está llena de un silencio tenso. Un grupo de hombres y mujeres, vestidos impecablemente, está sentado alrededor de una mesa de cristal, sus posturas rígidas, sus miradas afiladas. Todos parecen estar esperando algo, o más bien, a alguien.
Cuando Faye Malisorn cruza el umbral de la puerta, el ambiente cambia de inmediato. Las miradas se alzan hacia ella, algunas con respeto, otras con cautela. Su figura alta y elegante emana una autoridad natural que nadie en la sala se atreve a cuestionar.
Yoko entra detrás de ella, sintiendo cómo las miradas se deslizan brevemente hacia ella antes de volver a Faye. Es como si su presencia fuera un detalle insignificante, una nota al pie en comparación con la fuerza que Faye proyecta.
Faye camina hacia la cabecera de la mesa con pasos firmes, sin prestar atención a las sillas vacías a su alrededor. Se queda de pie, con las manos apoyadas sobre la superficie de cristal, mirando a cada persona en la sala con una mirada que parece diseccionarlos.
─Espero que todos estén listos para cumplir con sus promesas. ─Su voz es baja, pero tan firme que llena cada rincón de la sala.
Un hombre de cabello canoso se aclara la garganta y se inclina hacia adelante.
─Por supuesto, señora Malisorn. Estamos comprometidos con lo que discutimos la última vez.
Faye lo mira, su expresión fría como el hielo.
─Comprometidos no es suficiente, Sr. Thanapong. Necesito resultados, no promesas vacías.
El hombre asiente rápidamente, sudando bajo la presión de su mirada.
Mientras Faye se dirige al grupo con palabras que parecen calculadas al milímetro, Yoko permanece de pie cerca de la pared, observándola. Es fascinante, casi aterrador, cómo Faye domina la sala. Cada palabra que dice, cada gesto, está diseñado para ejercer control.
Pero mientras la ve en acción, algo en Yoko cambia. Por primera vez, se da cuenta de que detrás de esa fachada fría y calculadora hay una carga enorme. Faye lleva el peso de un mundo donde la debilidad no tiene cabida, donde cada mirada, cada palabra, es un desafío a su autoridad.
Después de lo que parece una eternidad, la reunión termina. Faye cierra un archivo con un movimiento firme y lanza una última mirada al grupo.
─Espero que entiendan lo que está en juego. No hay margen para errores. ─Sin esperar respuesta, da media vuelta y se dirige hacia la puerta.
Yoko la sigue rápidamente, su corazón latiendo con fuerza.
♡
De vuelta en el auto, el silencio entre ambas es espeso. Faye mira por la ventana, aparentemente perdida en sus pensamientos. Yoko quiere decir algo, cualquier cosa, pero no sabe por dónde empezar.
Finalmente, Faye rompe el silencio.
─¿Qué viste ahí dentro?
Yoko parpadea, sorprendida por la pregunta.
─Vi… cómo todos te respetan. Cómo te temen. ─Su voz es insegura, pero sincera.
Faye gira ligeramente la cabeza para mirarla, sus ojos grises brillando con algo que Yoko no puede identificar del todo.
─El respeto y el miedo son dos caras de la misma moneda, Yoko. ─Su voz es baja, casi un susurro─. Pero ninguno de los dos es suficiente para mantener el control.
Yoko no sabe qué responder. Hay algo en el tono de Faye que suena casi… vulnerable. Pero antes de que pueda pensar más en ello, Faye desvía la mirada de nuevo hacia la ventana.
─Aprenderás eso con el tiempo.
El resto del viaje transcurre en silencio, pero Yoko no puede dejar de pensar en esas palabras. Hay algo más en Faye Malisorn, algo que va más allá de su frialdad y su autoridad. Algo que, tal vez, Yoko podría entender algún día.
♡
Cuando regresan a la mansión, Faye se dirige directamente a su despacho, dejando a Yoko sola en el vestíbulo. La omega se siente agotada, tanto física como emocionalmente, pero también siente que ha aprendido algo importante.
Esa noche, mientras se sienta en el jardín interior, piensa en lo que vio y escuchó durante el día. Faye es un enigma, una mujer que parece tenerlo todo bajo control, pero que también lleva una carga que nadie más puede ver.
Yoko cierra los ojos y respira profundamente, intentando encontrar algo de calma en la fragancia de las flores. No sabe cómo encaja en este mundo, pero algo en su interior le dice que, de alguna manera, está destinada a estar aquí. Aunque todavía no entiende por qué.
En su despacho, Faye se sirve otro vaso de whisky y se sienta en la penumbra, mirando el líquido ámbar con una mezcla de frustración y agotamiento. La imagen de Yoko, de pie junto a la pared en la sala de reuniones, aparece en su mente.
"No debería haberla traído", piensa, pero sabe que es una mentira. Yoko está aquí por una razón, aunque esa razón sea cada vez más difícil de ignorar.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen3h.Co