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𝗵𝗼𝘁 𝗻𝗲𝗿𝗱 𖹭.ᐟ fayeyoko

FINAL.

bbyblu

Habían pasado varios días desde aquella noche en el apartamento de Yoko, y sin embargo, ella no lograba dejar de pensar en Faye. Las imágenes no la soltaban, el sonido de su voz ronca, la forma en la que le temblaban las piernas, el modo en que sus labios temblaban entre gemidos, pero más que eso, lo que no podía quitarse de encima era el nudo que se le formaba en el pecho cada vez que pensaba en ella.

Porque esto, Yoko lo sabía, no era solo deseo.

Era ese vacío en el estómago cuando abría su celular y no había mensajes de ella después de esa noche. Era la forma en que se sorprendía sonriendo cada vez que recordaba alguna de sus respuestas sarcásticas. Era lo inquieta que se sentía cada vez que pasaba un día sin verla. Y eso le daba miedo.

Yoko Lertprasert no se enamoraba. No se dejaba nublar la mente por nadie. Mucho menos por una nerd que, sin pedir permiso, le había dado vuelta el mundo y le había enseñado cómo se sentía perder el control y amar cada segundo de esa caída.

Pero ahí estaba, caminando por los pasillos de la biblioteca un lunes cualquiera, con los latidos en la garganta y la mente vuelta papilla. La buscó con la mirada entre los pasillos, entre mesas ocupadas por estudiantes y rincones polvorientos donde el silencio era sagrado. Hasta que la vio.

Faye estaba sola, en una esquina del segundo piso. Sentada con las piernas cruzadas sobre una silla, el cabello suelto y despeinado, sin gafas esta vez, pero con la misma expresión ausente de quien había estado pensando mucho y en silencio. No parecía estar leyendo. Tenía un libro abierto, sí, pero sus ojos no estaban en las letras. Estaban perdidos en otro lugar.

Yoko la miró y se le apretó el pecho. Esa no era la misma mujer desafiante que la había hecho rogar por placer entre sus labios. Era otra versión de sí misma.

Se acercó sin pensarlo. No con su arrogancia habitual. Solo ella. Yoko. Desnuda e insegura. Y jodidamente nerviosa.

─¿Puedo sentarme? ─preguntó en voz baja, sin dejar de mirarla.

Faye levantó la mirada y la sostuvo por unos segundos. Luego asintió con un gesto corto, sin sonreír. Cerró el libro con calma, pero sin frialdad. Solo, distante.

─Pensé que ya habías tenido suficiente ─murmuró, sin rencor, pero tampoco sin calidez─. Que solo fue un juego más para ti.

Yoko tragó saliva y se sentó frente a ella, apoyando los codos sobre la mesa. Sus ojos estaban vidriosos, pero firmes.

─Nunca me había pasado esto con nadie. No así.

─¿"Esto" qué?

─Pensarte a todas horas. Extrañarte sin razón. Querer escribirte estupideces solo para saber si estás bien. Querer algo más. No puedo sacarte de mi mente. Porque lo que pasó... No fue solo físico para mí, y me jode no saber qué hacer con ello. ─hizo una pausa, tragando saliva. ─Quiero que haya algo más entre nosotras.

Faye no respondió. La miró en silencio. Su rostro era una máscara serena, pero sus ojos ardían, sin una respuesta, Yoko siguió hablando.

─Yo no sé si esto es amor, si estoy lista, si tú estás lista, solo sé que desde esa noche no puedo quitarte de mí. Y no me interesa follar con alguien más. No quiero. Quiero verte a ti. Quiero que lo que sea esto, sea diferente.

Un silencio espeso cayó sobre ambas, hasta que Faye se puso de pie.

Yoko la miró, confundida, con el corazón encogido hasta que Faye rodeó la mesa y, con una mirada que ardía y le perforaba la piel, la tomó del brazo y la llevó con firmeza entre las estanterías más alejadas del piso, donde el polvo y los libros viejos eran los únicos testigos de lo que estaba pasando.

Yoko jadeó al sentir la espalda chocar contra la estantería, los libros temblando ligeramente a su alrededor, pero no les importó. Faye la tenía atrapada entre sus brazos, una mano firme en su cintura y la otra apoyada justo al lado de su rostro, acercándola con su cuerpo.

─¿Sabes lo que me haces sentir tú, Yoko? ─susurró Faye, a centímetros de sus labios─. Como si no importara cuánto me preparé para no caer, e igual terminaste colándote dentro de mí. Así que, ¿Eso es lo que quieres? Las dos, tú y yo.

─Sí ─susurró Yoko, apenas respirando─. Lo quiero todo contigo.

Faye no esperó más. La miró con esos ojos oscuros, cargados de deseo, y luego la besó sin darle tiempo a pensar. El beso fue feroz, profundo, desesperado, como si ambas hubieran estado conteniéndose por demasiado tiempo. Yoko gimió suavemente, aferrándose a los hombros de Faye, mientras la otra bajaba una mano a su cadera, sujetándola con fuerza para que no pudiera escapar.

Yoko soltó un jadeo fuerte, y su espalda golpeó levemente la estantería al sentir los dedos de Faye acariciar sobre su ropa interior ya húmeda.

─¿Esto es lo que querías? ─susurró Faye contra su oído, con la respiración agitada─. ¿Qué esta nerd te hiciera temblar con solo tocarte?

─Sí ─gimió Yoko, aferrándose a sus hombros─. Hazlo. No pares.

Faye no dudó. Se arrodilló frente a ella sin dejar de verla a los ojos y subió la falda con lentitud, deslizando la tela de lado hasta que Yoko quedó completamente expuesta. Luego, con dedos hábiles, separó la tela húmeda y acarició con firmeza ese lugar que ya conocía tan bien.

Yoko soltó un grito ahogado, cubriéndose la boca con una mano mientras su otra mano temblaba contra los libros.

─Mírame ─ordenó Faye, masturbándola con movimientos firmes y precisos─. Vas a correrte aquí, contra esta estantería, sabiendo que después de esto serás mía. Solo mía. Cómo ya te lo había dicho.

─F-Faye... Nos pueden ver... ─susurró entre dientes.

─Me importa un carajo si lo hacen.

Yoko no pudo resistirse.

Su cuerpo comenzó a convulsionar bajo el toque experto de Faye. Cada embestida de sus dedos era una descarga directa a su centro, y cada caricia de su lengua, una explosión de calor que la hacía olvidar dónde estaban, quién era, y cuántas reglas estaba rompiendo en ese instante. Su respiración se volvió errática, jadeante, entrecortada, como si su pecho ya no pudiera contener el fuego que se expandía desde su vientre hacia cada rincón de su cuerpo.

Su centro palpitaba con fuerza, empapado, ansioso, tan caliente que apenas podía sostenerse de pie. Su espalda se arqueó instintivamente, buscando más, deseando más, necesitando que esa boca no se apartara nunca de entre sus piernas.

Y entonces la vio.

Faye la miraba desde abajo, con los ojos encendidos, oscuros, peligrosos. No quedaba ni una pizca de la chica tímida con gafas que le lanzaba miradas furtivas en clase. Esa imagen ya no existía. Tal vez nunca existió del todo. Lo que había ahora era una mujer despiadada, dominante, poderosa, arremetiendo contra su cuerpo con una seguridad que la desarmaba.

Faye no se detenía. Su lengua se movía con ritmo experto, decidido, lamiéndola, besándola, succionando justo donde más lo necesitaba. Y sus dedos... Sus dedos entraban y salían con precisión quirúrgica, curvándose en el punto exacto que la hacía chillar entre dientes, luchando por no gritar su nombre a los cuatro vientos.

─F-Faye... ─murmuró, con la voz hecha pedazos, los muslos temblando, la garganta seca, el alma temblorosa.

Pero la nerd no frenó. Sujetó sus caderas con fuerza, la atrajo aún más contra su boca, y embistió con los dedos una vez más, tan profundo, tan certero, que Yoko sintió que algo se rompía dentro de ella. Y cuando el clímax la alcanzó, lo hizo en silencio. Lágrimas brotaron sin permiso de sus ojos mientras su cuerpo aún se sacudía en espasmos, y en un acto instintivo, casi desesperado, se inclinó hacia adelante, abrazando a Faye por el cuello, como si necesitara aferrarse a algo, a alguien.

─¿Eso fue un sí? ─preguntó agitada entre los brazos de la azabache, quién le acariciaba la espalda lentamente.

Faye acarició su mejilla cuando fijó su mirada en ella. La miró como si acabara de encontrar un tesoro que no quería soltar jamás.

─Eso fue un sí. Porque yo también lo quiero, Yoko. Algo más. Algo real. Y solo contigo.

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