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𝗸𝗶𝘀𝘀 𖹭.ᐟ junemewnich

04

bbyblu

Los días se convierten en semanas, y las semanas en un ritmo dulce y adictivo que June nunca imaginó posible. El instituto ya no es solo pasillos y clases; es un mapa secreto de rincones donde Mewnich la encuentra, la besa hasta dejarla sin aliento y luego se ríe como si nada, caminando de la mano con ella sin importarle las miradas. Pero más allá de los besos robados, algo más profundo empieza a crecer: se están conociendo de verdad.

Una tarde después de clases, Mewnich arrastra a June a su heladería favorita de la esquina. Se sientan en la mesa del fondo, compartiendo un vaso enorme de helado de fresa y chocolate. Mewnich lame la cuchara lentamente, mirando a June con esa sonrisa juguetona.

─Cuéntame algo que nadie sepa ─dice, apoyando la barbilla en la mano.

June se sonroja, pero se anima.

─Cuando era pequeña, creía que las estrellas eran agujeritos en una manta negra y que detrás había luz. Dibujaba mapas estelares en los márgenes de mis cuadernos ─Mewnich escucha embobada, los ojos brillantes.

─Eso es lo más bonito que he oído nunca. Enséñame algún día a dibujar una constelación.

A cambio, Mewnich confiesa que odia ser "la popular".

─Todos creen que lo tengo todo controlado, pero la mayoría de las veces estoy fingiendo. Me da pánico que la gente se decepcione si me ve tal como soy: una chica que llora con películas de perros y que guarda ositos de peluche en la cama.

June ríe suavemente y le agarra la mano por encima de la mesa.

─Yo nunca me decepcionaría.

Los besos siguen siendo intensos, inevitables. En el parque después de la heladería, Mewnich la empuja contra el tronco de un árbol grande, ocultas apenas por las hojas. El beso empieza suave, un roce de labios que sabe a fresa, pero pronto se profundiza: Mewnich presiona su cuerpo contra el de June, sus lenguas se encuentran con urgencia, húmedas y calientes.

June gime bajito cuando Mewnich le muerde el labio inferior, y siente esa humedad familiar crecer entre sus piernas mientras las manos de Mewnich se deslizan por su cintura, atrayéndola más. Se besan largo rato, respiraciones agitadas, gemidos ahogados, hasta que un perro ladra cerca y se separan riendo, con las mejillas encendidas.

Otro día, Mewnich invita a June a la biblioteca después de clases "para estudiar". Terminan en la sección de poesía, sentadas en el suelo entre estanterías. Mewnich lee en voz alta un poema de Pablo Neruda, su voz suave y ronca, y cuando termina, se inclina para besar a June. Es un beso lento esta vez, profundo y explorador: sus lenguas se acarician con calma, saboreando cada segundo. Las manos de June suben al cuello de Mewnich, enredándose en su pelo, y Mewnich gime suavemente contra su boca, sus caderas moviéndose instintivamente. El deseo late entre ellas, caliente y creciente, pero se contienen, disfrutando de la tortura dulce de esperar.

Aprenden pequeños detalles la una de la otra. June descubre que Mewnich canta fatal pero lo hace igual en la ducha, que le encanta el té con mucha leche, que dibuja corazones diminutos en los bordes de sus apuntes cuando está nerviosa. Mewnich descubre que June guarda entradas de cine en una caja de zapatos, que se muerde el labio cuando piensa, que su risa verdadera es más fuerte de lo que ella cree. Se mandan mensajes hasta tarde: fotos tontas, memes, canciones que les recuerdan a la otra. Se cuentan miedos: June teme no encajar nunca del todo; Mewnich teme que un día June se canse de su caos rosado.

Un sábado, Mewnich convence a June para un picnic improvisado en el tejado de su casa (acceso secreto por la ventana de su habitación). Extienden una manta, comen sándwiches y ven el atardecer. Hablan durante horas: de sueños (June quiere estudiar ilustración, Mewnich sueña con viajar por el mundo), de familias, de canciones favoritas. Cuando el cielo se tiñe de naranja, Mewnich se tumba con la cabeza en el regazo de June, mirándola desde abajo.

─¿Sabes qué es lo mejor de todo esto? ─susurra. ─Que contigo no tengo que fingir.

June se inclina y la besa. El beso empieza tierno, labios rozándose con delicadeza, pero pronto Mewnich se incorpora y se sienta a horcajadas sobre June, profundizando el beso con hambre. Sus lenguas se enredan en un baile caliente y húmedo, gemidos escapando de ambas mientras sus cuerpos se aprietan. June siente la humedad empapar su ropa interior, el deseo latiendo fuerte, y Mewnich gime su nombre contra su boca —"June"— con una voz ronca que hace que todo el cuerpo de June tiemble. Se besan largo rato, manos recorriendo espaldas, caderas moviéndose en un ritmo lento y tortuoso, hasta que la noche cae y tienen que bajar.

Y así pasan los días: conociéndose, riendo, besándose en cada rincón posible, dejando que el deseo crezca sin prisa, disfrutando cada capa nueva que descubren de la otra.

Hasta que llega un viernes.

Mewnich manda un mensaje por la tarde:

"Mis padres se van el fin de semana. Ven a casa cuando quieras. Solo estaremos tú y yo"

June llega nerviosa, con una mochila pequeña y el corazón a mil. Mewnich abre la puerta en pijama corto rosado, el pelo suelto, descalza. La casa está en silencio, solo la luz suave de las lámparas. Sin decir nada, Mewnich la agarra de la mano y la lleva a su habitación: paredes llenas de fotos polaroid, luces de hadas colgadas, la cama grande cubierta de cojines rosados y blancos.

Cierran la puerta. Se miran un segundo, y entonces Mewnich la empuja suavemente contra la pared junto a la puerta. El beso es inmediato, feroz: labios chocando con urgencia, lenguas encontrándose en un torbellino húmedo y caliente. June gime cuando Mewnich le muerde el cuello, y Mewnich responde presionando su cuerpo entero contra el de ella, caderas rozándose con necesidad. Las manos de Mewnich bajan a la cintura de June, atrayéndola, y June enreda los dedos en el pelo de Mewnich, tirando ligeramente.

Se mueven hacia la cama sin separarse, cayendo sobre el colchón entre risas ahogadas y más besos. Mewnich se coloca encima, besándola profundo, lento y ardiente: su lengua explorando cada rincón de la boca de June, saboreándola, mientras sus caderas se mueven en círculos lentos que hacen que ambas giman. June siente la humedad empapándola, el deseo tan intenso que le duele, y Mewnich jadea contra sus labios, temblando.

─June... ─gime Mewnich, la voz rota, los ojos oscuros de deseo. Se separa apenas unos centímetros, apoyando su frente contra la de June, respirando agitada. ─Quiero... quiero dar el siguiente paso contigo. Ahora. Si tú también quieres.

June la mira, el corazón latiéndole tan fuerte que lo siente en todo el cuerpo, y asiente, incapaz de hablar. El deseo, el amor naciente, todo se mezcla en una promesa silenciosa.

Mewnich sonríe, temblorosa y llena de ternura, los ojos oscuros de puro anhelo. Se inclina despacio, rozando apenas los labios de June con los suyos, como si quisiera saborear ese permiso que acaba de recibir.

─Despacio, ¿vale? ─susurra contra su boca, la voz ronca y suave a la vez─. Quiero sentirte toda.

June no responde con palabras; en cambio, levanta una mano y acaricia la mejilla de Mewnich, guiándola de nuevo hacia su boca. El beso que le da es firme, profundo desde el primer segundo: sus labios cubren los de Mewnich con seguridad, su lengua entrando despacio pero sin dudar, explorando, reclamando. Mewnich gime bajito dentro del beso, un sonido dulce y entregado que hace que June sienta un calor intenso extenderse por su vientre. Las caderas de Mewnich se mueven instintivamente encima de ella, buscando más contacto, y June responde apretando sus manos en la cintura de Mewnich, manteniéndola justo donde está.

El beso se alarga, húmedo y caliente; June marca el ritmo, alternando entre succiones suaves y mordidas delicadas en el labio inferior de Mewnich, que jadea cada vez que lo hace.

─June… ─susurra Mewnich cuando se separan apenas un segundo para tomar aire, la voz temblorosa, los ojos brillantes.

June no la deja hablar más: vuelve a besarla, esta vez más profundo, su lengua deslizándose contra la de Mewnich en movimientos lentos y deliberados que la hacen arquear la espalda y gemir contra su boca.

Con calma, June desliza las manos por la espalda desnuda de Mewnich, sintiendo la piel suave y caliente bajo sus palmas. Baja hasta la curva de su cintura, luego más abajo, agarrando suavemente sus caderas para guiar ese balanceo que Mewnich no puede controlar. Mewnich responde empujándose más contra ella, la fricción de sus cuerpos a través de la tela haciendo que ambas respiren más rápido. June siente la humedad de Mewnich empapando el pijama corto, caliente contra su propio muslo, y eso la enciende aún más.

─Quítate esto ─murmura June contra sus labios, tirando del borde del short rosado con una mano mientras la otra sigue acariciando su espalda.

Mewnich asiente rápido, levantándose apenas lo suficiente para deslizar el pijama y las bragas hacia abajo, ayudada por las manos impacientes pero cuidadosas de June. Cuando vuelve a colocarse encima, ahora completamente desnuda, June deja escapar un suspiro tembloroso al sentir su calor directo, húmedo y resbaladizo contra la tela de sus propios pantalones.

Mewnich intenta besarla de nuevo, pero June la detiene con una mano suave en el pecho, justo sobre uno de sus pezones endurecidos.

─Espera ─susurra, y Mewnich obedece al instante, mordiéndose el labio con los ojos fijos en ella.

June recorre con la mirada cada centímetro de su cuerpo: los pechos pequeños subiendo y bajando con respiraciones agitadas, el vientre plano temblando ligeramente, la piel sonrojada, y más abajo… la evidencia brillante de cuánto la desea.

─Eres preciosa ─dice June en voz baja, sincera, y Mewnich se sonroja aún más, gimiendo bajito solo con esas palabras.

June sube las manos despacio, cubriendo sus pechos con ternura al principio, acariciando con los pulgares los pezones hasta que Mewnich arquea la espalda y suelta un gemido más largo, más necesitado.

─Por favor… ─susurra Mewnich, moviendo las caderas otra vez, buscando fricción contra el muslo de June.

June sonríe contra su cuello, besándolo con pequeños chupetones mientras aprieta un poco más, rodando los pezones entre sus dedos hasta que Mewnich tiembla encima de ella.

Solo entonces June la deja bajar para otro beso, pero esta vez es ella quien lo controla por completo: su lengua entrando profundo, saboreando cada gemido que Mewnich no puede contener. Una de sus manos baja por el vientre de Mewnich, rozando apenas la piel sensible hasta llegar al interior de sus muslos. Mewnich separa las piernas sin que se lo pidan, invitándola, y cuando los dedos de June finalmente rozan su humedad, ambas jadean al mismo tiempo.

Está empapada, caliente, resbaladiza. June acaricia despacio, de arriba abajo, sintiendo cómo Mewnich se abre para ella, cómo su clítoris late bajo la yema de su dedo.

─Mierda, estás tan mojada… ─murmura June contra sus labios, la voz ronca de deseo, y Mewnich gime más fuerte, empujándose contra su mano.

─June… toca más, por favor… ─suplica Mewnich, la voz rota, los ojos cerrados mientras se mueve encima de ella.

June obedece, pero a su ritmo: un dedo deslizándose despacio entre sus pliegues, rodeando su entrada sin entrar aún, solo sintiendo cómo Mewnich tiembla y se abre más, cómo su humedad cubre sus dedos. Mewnich gime su nombre una y otra vez, como una letanía, las caderas moviéndose desesperadas buscando más contacto.

June la besa de nuevo para calmarla, profundo y lento, mientras su dedo finalmente se desliza dentro, despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo Mewnich se aprieta alrededor de ella, caliente y suave. Mewnich rompe el beso con un gemido largo, la cabeza echada hacia atrás, el cuerpo temblando.

─Sí… así… ─susurra, y June empieza a moverse dentro de ella, lento al principio, curvando el dedo justo donde Mewnich parece necesitarlo más.

June siente cómo Mewnich se aprieta alrededor de su dedo, caliente, suave, temblorosa. El gemido que escapa de los labios de Mewnich es largo, vulnerable, como si estuviera soltando algo que había guardado mucho tiempo. June se queda quieta un segundo, solo sintiendo ese pulso íntimo, esa confianza absoluta que Mewnich le está regalando. No es solo deseo físico; es algo más hondo, más frágil. June lo nota en la forma en que Mewnich respira agitada contra su cuello, en cómo sus manos se aferran a sus hombros como si temiera que June desapareciera.

─¿Estás bien? ─murmura June, la voz baja y ronca, pero llena de ternura.

Su dedo se mueve apenas, un movimiento suave hacia dentro y fuera, apenas un centímetro, solo para recordarle a Mewnich que está ahí, que no va a ninguna parte.

Mewnich levanta la cabeza, los ojos brillantes, un poco húmedos.
─Más que bien ─susurra, y hay una sonrisa pequeña, casi tímida, que June nunca le había visto en el instituto.

La Mewnich segura, la que besa en pasillos sin importarle el mundo, ahora está desnuda encima de ella, temblando, entregada.

─Es solo que… nunca me había sentido así con nadie. Como si pudiera ser yo de verdad y no tener miedo.

June siente que el corazón se le aprieta. Deja de moverse por completo y sube la otra mano para acariciar la mejilla de Mewnich, apartando un mechón de pelo rosado que le cae sobre la cara.

─Yo tampoco ─confiesa en voz baja─. Contigo no tengo que esconderme. Puedo ser la June tímida, la que dibuja estrellas en los márgenes, la que se sonroja cuando alguien me mira demasiado… y tú me miras igual.

Mewnich se inclina y la besa, esta vez sin urgencia, solo labios rozándose, respiraciones mezcladas. Es un beso suave, lleno de gratitud.

─Me encanta esa June ─susurra contra su boca─. Me encanta cómo te sonrojas, cómo te muerdes el labio cuando estás nerviosa, cómo me miras como si yo fuera algo especial cuando en realidad eres tú la que me hace sentir así.

June siente que algo se rompe dentro de ella, pero de la mejor forma posible. Gira un poco el dedo dentro de Mewnich, despacio, curvándolo justo donde sabe que la hace temblar, y Mewnich gime contra sus labios, pero esta vez el gemido lleva su nombre como una caricia:

─June… ─No es solo placer; es confianza, es entrega, es amor empezando a decir su nombre sin palabras.

─Quiero que sientas cuánto me importas ─murmura June, y empieza a moverse de nuevo, lento, constante, cada embestida suave pero profunda.

Con la otra mano acaricia el vientre de Mewnich, subiendo hasta uno de sus pechos, cubriéndolo con ternura, rodando el pezón entre los dedos hasta que Mewnich arquea la espalda y suelta un suspiro tembloroso.

─Me importas tanto que me da miedo a veces ─confiesa Mewnich entre jadeos, los ojos cerrados, la voz entrecortada por el placer que June le está dando─. Miedo de que un día te des cuenta de que no soy tan perfecta como crees, de que soy un desastre rosado que finge saber lo que hace.

June acelera un poco el ritmo, solo lo suficiente para que Mewnich se agarre más fuerte a ella, pero mantiene la voz calmada, segura.

─No quiero perfección. Quiero a la Mewnich que llora con películas de perros, que guarda ositos en la cama, que se pone nerviosa cuando le gusta alguien de verdad. Quiero a esta Mewnich que tiembla encima de mí y me dice cosas que nadie más sabe.

Mewnich abre los ojos, y hay lágrimas pequeñas en las comisuras, pero sonríe.

─Entonces quédate ─susurra─. Quédate conmigo.

June la besa de nuevo, profundo pero suave, mientras su dedo sigue moviéndose dentro de ella, constante, cariñoso. Añade un segundo dedo despacio, sintiendo cómo Mewnich se abre más, cómo se moja aún más alrededor de ella, cómo su cuerpo la recibe como si siempre hubiera estado esperando esto. Mewnich gime largo, la cabeza echada hacia atrás, pero June la trae de vuelta con un beso en el cuello, en la clavícula, en el pecho.

─No me voy a ninguna parte ─promete June contra su piel─. Estoy aquí. Contigo. Siempre.

Mewnich tiembla más fuerte, sus caderas moviéndose al ritmo que June marca, sus gemidos volviéndose más altos, más vulnerables.

─June… me siento tan… segura contigo ─susurra entre jadeos─. Como si pudiera dejarme ir del todo.

June siente que sus propias lágrimas amenazan con salir, pero las contiene en una sonrisa.

─Entonces déjate ir ─murmura─. Estoy aquí para sostenerte.

June siente cómo Mewnich se abre más alrededor de sus dos dedos, caliente y resbaladiza, el cuerpo de Mewnich temblando con cada movimiento lento que ella marca. Los gemidos de Mewnich son más altos ahora, más desesperados, pero siguen cargados de esa vulnerabilidad dulce que hace que June quiera cuidarla y devorarla al mismo tiempo.

─Mírame ─susurra June, la voz baja y firme.

Mewnich abre los ojos de inmediato, obediente, las pupilas dilatadas, los labios entreabiertos. June acelera el ritmo solo un poco, empujando más profundo, curvando los dedos hacia arriba en cada embestida para rozar ese punto que hace que Mewnich se tense entera y suelte un gemido roto.

─Así… déjame verte.

Mewnich intenta mantener la mirada, pero cuando June empieza a mover los dedos con más intención —dentro, fuera, dentro otra vez, más rápido, más fuerte—, sus ojos se cierran y la cabeza cae hacia atrás.

─June… joder, no pares… ─suplica, la voz temblorosa, las caderas moviéndose al ritmo que June le impone, buscando más, siempre más.

June usa el pulgar de la misma mano para rozar el clítoris de Mewnich, círculos lentos al principio, luego más rápidos, presionando justo lo suficiente para que Mewnich se agarre a las sábanas con una mano y a la nuca de June con la otra.

─Estás tan mojada… te sientes tan bien alrededor de mis dedos ─murmura June contra su cuello, chupando la piel justo debajo de la oreja mientras acelera todo: los dedos entrando y saliendo con un ritmo constante, húmedo, el sonido suave y obsceno llenando la habitación junto con los gemidos cada vez más altos de Mewnich.

Mewnich tiembla entera, las piernas más abiertas, invitando, entregándose por completo.

─Más… por favor, más fuerte… ─gime.

Y June obedece sin dudar: añade presión con el pulgar, círculos rápidos y firmes sobre su clítoris hinchado, mientras sus dedos la follan más profundo, más rápido, curvándose en cada embestida para golpear ese lugar que hace que Mewnich se tense y grite su nombre.

─June… June, voy a… ─empieza Mewnich, la voz quebrada, el cuerpo arqueándose, los muslos temblando alrededor de las caderas de June.

June no la deja terminar la frase: la besa con fuerza, tragándose sus gemidos, su lengua imitando el ritmo de sus dedos; rápida, insistente, posesiva.

─Córrete para mí ─ordena June contra sus labios, la voz ronca de deseo─. Quiero sentirte en mis dedos.

Esas palabras son el detonante. Mewnich se rompe con un gemido largo y profundo, el cuerpo convulsionando, apretándose alrededor de los dedos de June en pulsos calientes y húmedos. June no para; sigue moviéndose dentro de ella, más lento ahora pero igual de profundo, prolongando el orgasmo, sintiendo cada contracción, cada temblor, cada gemido ahogado contra su boca.

Mewnich se agarra a ella como si fuera lo único que la mantiene en la tierra, las uñas clavándose ligeramente en la espalda de June, el cuerpo tembloroso. June la besa suave ahora, en la frente, en las mejillas húmedas de lágrimas de placer, en los labios hinchados, mientras retira los dedos despacio, con cuidado, sintiendo cómo Mewnich se estremece una última vez.

Cuando Mewnich abre los ojos de nuevo, están vidriosos, llenos de algo más grande que solo placer.

─Te quiero ─susurra sin pensarlo, la voz pequeña y sincera. June siente que el pecho se le llena hasta doler.

─Y yo a ti ─responde, besándola suave, lento, mientras Mewnich se acurruca contra ella, aún temblando de las réplicas.

June la abraza fuerte, sintiendo su corazón latir contra el suyo, y sabe que esto —este momento crudo, vulnerable, intenso— es solo el comienzo de todo lo que vienen a compartir.

Mewnich se queda relajada encima de June, el cuerpo aún temblando con pequeñas réplicas, la respiración entrecortada y cálida contra su cuello. June la abraza fuerte, una mano acariciando su espalda en círculos lentos, la otra enredada en su pelo castaño ahora desordenado y húmedo de sudor. Ninguna habla al principio; solo se escucha el latido acelerado de sus corazones calmándose poco a poco, al unísono.

June besa su frente, luego la sien, luego la mejilla.

─Ven aquí ─murmura suave, y con cuidado la gira para que queden de lado, cara a cara, las piernas entrelazadas.

Mewnich se acurruca contra su pecho sin dudar, como si ese fuera siempre su lugar. June tira de la manta ligera que estaba al pie de la cama y las cubre a ambas, envolviéndolas en un capullo cálido.

─¿Estás bien? ─pregunta June en voz muy baja, rozando con los labios la coronilla de Mewnich.

Mewnich asiente contra su piel, pero añade un "más que bien" apenas audible, la voz ronca y satisfecha. Levanta la cara un segundo para mirarla, los ojos brillantes y un poco vidriosos.

─Me siento… como si flotara. Pero segura. Contigo siempre me siento segura.

June sonríe, el corazón lleno hasta rebasar.
─Yo también. ─Busca la mano de Mewnich bajo la manta y entrelaza sus dedos, apretando suave. ─Gracias por confiar en mí.

Mewnich ríe bajito, un sonido cansado y feliz.
─Gracias por ser tan… tú. ─Se estira un poco para besar la comisura de los labios de June, un beso perezoso, sin prisa. ─Y por ser tan cuidadosa. Me gustó todo. Mucho.

Se quedan así un rato largo, en silencio cómodo. June sigue acariciándole la espalda, trazando líneas invisibles sobre su piel; Mewnich dibuja círculos pequeños sobre el pecho de June con la yema del dedo. De vez en cuando se besan: besos cortos, suaves, solo para recordarse que la otra está ahí.

Al cabo de un rato, June susurra:

─¿Quieres agua? ¿O algo de comer? Hay que hidratar a mi princesa rosada después de tanto esfuerzo.

Mewnich suelta una carcajada suave contra su cuello.

─En un minuto. Ahora solo quiero quedarme aquí contigo. ─Pero luego añade, juguetona: ─Aunque… si traes esas galletas que vi en la cocina, no me quejaré.

June ríe, besa su frente otra vez y se levanta con cuidado, poniéndose rápidamente una camiseta oversized de Mewnich que huele a ella. Va a la cocina descalza, trae una botella de agua fría y un paquete de galletas de chocolate. Al volver, Mewnich está sentada en la cama, envuelta en la manta, el pelo revuelto y las mejillas aún sonrosadas. La mira como si June fuera lo más bonito del mundo.

Se sientan juntas contra el cabecero, compartiendo la botella y las galletas. Mewnich se apoya en el hombro de June, mordisqueando una galleta y ofreciéndole la mitad a June con una sonrisa infantil. Hablan en susurros: tonterías, planes tontos para el fin de semana, recuerdos pequeños que ahora parecen más grandes.

Cuando terminan, June apaga la luz principal y deja solo las luces de hadas que cuelgan del techo, un resplandor suave y rosado que hace que todo parezca un sueño. Se acuestan de nuevo, esta vez Mewnich con la cabeza en el pecho de June, escuchando su corazón.

─Te quiero ─murmura Mewnich justo antes de empezar a dormirse, la voz ya pesada.

June besa su pelo.
─Yo también te quiero. Mucho más de lo que las palabras alcanzan.

Y así, envueltas en la manta, con las manos entrelazadas y el aroma dulce de la una en la piel de la otra, se duermen. Afuera, la noche es tranquila; adentro, por primera vez, ambas se sienten completamente en casa.

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