02 : Lili
Orm tenía a la pequeña Lili sentada entre sus piernas, los demás cachorros le estaban rodeando, dibujando sobre hojas de papel.
─Bien, entonces, si mezclas el color amarillo con el azul se vuelve verde, ¿si viste? ─estaban pintando con sus diminutos dedos, la pintura no era tóxica para ellos, pero de todas formas miraba que no se fueran a meter los dedos en su boca.
Lili solo miraba curiosa a los demás cachorros, nunca había estado rodeada de tantos, y le daba un poco de miedo hacerlo, por eso no se separaba de ella.
De vez en cuando Orm acariciaba a la bebé para hacerle saber que no se había olvidado de ella, sonreía cuando la escuchaba ronronear ante sus toques tranquilos.
─¡P'Orm, mira! ─la pequeña Naree de cinco años le mostró orgullosa su dibujo, los había puesto a dibujar frutas y ella había hecho unas uvas.
─¡Oh, que lindo, Naree, se ven deliciosas! ─Orm sonrió cuando vio el pecho de la niña hincharse con más orgullo.
Miró al pequeño Kawin, quien estaba mirando su dibujo con una expresión insegura, y sonrió ante eso. Kawin y Naree eran hermanos gemelos, pero muy diferentes entre sí, mientras una era más confiada y decidida, el otro era muy tímido e inseguro.
─Kawin, ¿me muestras tu dibujo? ─preguntó y vio cómo el pequeño dio un salto en su puesto, la miró y después a su dibujo, al final terminó mostrándolo─. ¡Es tan bonito, es una deliciosa piña!
Kawin se sonrojó y le sonrió, estaba más alegre y miraba su dibujo más orgulloso. Los demás cachorros también le mostraron sus dibujos y al final cuando todos terminaron de hacer sus dibujos los puso en un mural, así todos podían verlos.
─¡Es hora de la merienda y una siesta! ─eso era algo adorado por los pequeños, quienes se fueron corriendo hasta donde estaba el baño para lavarse las manos.
Orm puso a Lili en su pecho, tenía una cangurera para cachorros, así que se le hacía más fácil hacerlo. Ella solo tenía su chupón en la boca y miraba cómo ayudaba a limpiar a los demás.
Después fueron por sus loncheras y se sentaron a comer, Orm calentó un poco el biberón de Lili para dárselo, quien lo recibió gustosa, como si estuviera acostumbrada a eso.
Era algo raro, pero supuso que ya le habían enseñado para poder venir a la guardería y que comiera sin mucho inconveniente. Al terminar de comer, varios cachorros estaban dormitando, los acomodó en sus futones y los arropó.
Phumin siempre era el último en dormirse, pero después de un pequeño cuento siempre lo hacía. Orm tuvo que acostarse con Lili en un futón, al parecer no quería apartarse de ella y no tuvo más remedio.
─Al fin se durmió ─susurró viendo a la pequeña dormir tranquila junto a los demás cachorros, el aire acondicionado mantenía un ambiente fresco y no se preocupaba por el calor que podrían tener.
─¿La nueva te ha dado problemas? ─Orm miró hacia la puerta del salón, allí estaba Supalak, era la omega encargada de la guardería.
─Hum, no, estuvo tranquila todo el día, no ha llorado casi nada ─murmuró cuando se acercó a la mayor, era mejor hablar lejos de los pequeños, así no los molestaría.
─Tendrás algo para hacer que los cachorros te amen a la primera, Kwong dijo que no le gustaba mucho los extraños y por eso podría dar problemas ─Supalak era alguien mayor, bastante, le gustaba mucho los cachorros también, por eso había fundado el lugar.
Había podido tener un solo hijo, pero este ya era mayor, e incluso tenía pareja.
─Lo sé, esta mañana lloraba sin parar, pero se ha calmado bastante y trata de llevarse con los demás pequeños ─sonrió recordando cómo se había tratado de acercar a Phumin, incluso jugó un poco con él.
─Bien, tengo que irme, pero si sucede algo, avisa, su padre viene a recogerla a las cinco ─dijo la mayor y después se dio la vuelta, Orm solo asintió a sus palabras.
La omega volvió al salón para revisar a los pequeños y acomodar las cosas que estaban fuera de lugar, debía aprovechar que estaban durmiendo para limpiar.
La tarde pasó así, entre más juegos y juguetes. Trató de enseñarle a Lili cómo sostener un crayón para que pudiera pintar, fue algo difícil, pero era su primera vez haciendo algo así, solo la dejó hacer lo que quiso tranquilamente.
Poco a poco los padres fueron llegando por los pequeños, la hora en la que llegaba la mayoría de los padres eran desde las cuatro. Acomodaba sus mochilas y se despedía de ellos con una sonrisa.
─¡Adiós, Khruu Orm! ─dijo Kawin.
─¡Adiós, P'Orm! ─y esa Naree.
Se despidió de los gemelos y les sonrió con cariño, la madre de los pequeños se despidió con una sonrisa también.
La última que quedó fue Lili, ya iban a ser las cinco, y no faltaba mucho para que su padre llegara, y al parecer lo extrañaba, estaba un poco más inquieta en ese momento.
─Pronto estará aquí, no te preocupes, pequeña ─dejó un pequeño beso en su frente y acarició su espalda con cuidado.
Estaba sentada en una cómoda silla que había en el salón y Lili estaba en su pecho, suspirando tranquilamente. De manera inconsciente dejó salir su aroma para envolverla, y eso hizo que Lili se durmiera, rió por el tierno aspecto zombi que tenía.
Cuando escuchó pasos que venían de afuera alzó la vista, en la puerta del lugar se detuvo una alfa, esperaba más a la madre omega de la pequeña, no a esa playboy de televisión.
No era muy alta, pero se veía imponente con ese traje que llevaba puesto, su cabello oscuro, rebelde y sus ojos de loto, ahora sabía de dónde había sacado la pequeña Lili sus bellos ojos.
─Buenas tardes, señora Kwong ─saludó dando gracias a que su voz no temblara, se levantó de la silla y se acercó, aún con la cachorra recostada en su pecho.
─Sí, lo que sea, dámela ─era tosca para hablar, más bien diría grosera, pero ignoraría eso, por el momento.
La verdad, se sorprendió con la suavidad que usó para tomar a la pequeña Lili y ponerla sobre su hombro. Estaba enternecida por eso, sabía que los alfas eran muy protectores con sus cachorros, así que entendía un poco sus ansias por cargarla cuando llegó.
─Aquí están sus cosas ─buscó el bolso de la cachorra para entregarlo, la alfa solo le miraba y no decía nada, aunque parecía molesta, su ceño fruncido le hacía pensar que había algo mal.
─¿Dio problemas, lloró mucho? ─le sorprendió la pregunta, no pensaba que fuera a decir algo como eso.
─No, ella es muy tranquila, hoy aprendió a sostener un lápiz, le aconsejaría que le dejara uno en su hogar también, así podría practicar más ─no era algo muy relevante, pero le ayudaría un poco en pintar más bonito.
La pelinegra no le respondió nada ante eso, solo asintió levemente, acomodó el bolso para que no le hiciera estorbo y se dirigió a la salida.
─La traeré mañana también ─fue lo que escuchó antes de que la pelinegra desapareciera por completo.
Orm caminó hacia atrás y cayó en la silla, soltó un suspiro profundo tratando de calmarse un poco, su corazón estaba loco.
¡Era la jodida alfa más guapa que había visto en su vida!
─Maldición, Orm ─se reprendió a sí misma, la mujer tenía a una cachorra y con su aspecto tendría también a más de un omega a sus pies y uno calentado su cama.
Pero esos ojos de loto le estuvieron devorando el alma, eran como una llama ardiente que la podía quemar en segundos, lo mejor era mantenerse fuera de eso, y no pensarlo más.
Claro que es más fácil decirlo que hacerlo.
Incluso ya había llegado a su casa, estaba en su cama, bañada, cenada y lista para dormir. Todo lo que hacía era mirar al techo.
Estaba jodida.
. . .
Al otro día se despertó con mucho sueño, sentía su cuerpo algo pesado.
Estaba entrando a la guardería cuando vio a la alfa pelinegra llegar con la pequeña Lili en sus brazos, mientras que la cachorra dormía plácidamente sobre su hombro, Kwong iba refunfuñando por lo bajo.
─Buenos días ─saludó con la mejor sonrisa que pudo poner, la otra le miró un momento, para después solo chasquear la lengua, aún así no cambió su sonrisa.
─Buenos días ─respondió por lo bajo, le entregó la mochila y Orm la tomó. Lili se despertó por los movimientos y miró con ojos soñolientos a la tailandesa menor.
─¡Om! ─exclamó la pequeña estirando sus brazos hacia ella, Orm miró a la alfa esperando su consentimiento, no podía tomarla solo porque sí.
Al recibir un ligero movimiento de cabeza tomó a la niña y la acurrucó en sus brazos. Ella parecía a gusto estar así, incluso ronroneó cuando la acarició, dejando escapar también un pequeño bostezo.
─No eres alguien muy mañanera, ¿eh? ─acarició la cabeza de la pequeña mientras reía un poco.
Se sonrojó al acordarse lo que estaba haciendo frente a la pelinegra, era normal que hablara con los pequeños, pero era más cómodo cuando lo hacía rodeada de los cachorros y no de los padres.
─Volveré a la misma hora que ayer, ya me tengo que ir ─dijo la alfa para después irse, Orm pudo jurar que vio una pequeña, apenas imperceptible, sonrisa en su rostro.
Se estaba riendo de mí, pensó internamente, lamentando su debilidad por las pequeñas cositas tiernas.
Miró a Lili, quien ya estaba despierta, y solo le sonreía levemente mostrando sus pequeños dientes de leche.
─No puedo enojarme contigo ─dijo divertida y después entró al salón.
Ese día fue como el anterior, puso a los cachorros a escribir letras grandes y pintadas con crayones, a Lili también le dio uno y le ayudó a sostenerlo.
Se acostó con ella en el tifón a la hora de la siesta, esperando a que se durmiera para poder acomodar un poco el salón.
La pequeña se apegaba mucho a su pecho y olfateaba allí, como si buscara algo, sonrió ante eso imaginando lo que quería.
─No, pequeña cachorra, yo no tengo leche, lo siento ─acarició su cabello castaño, no sabía si le entendía o no, pero rió por lo bajo al ver un pequeño puchero en su rostro.
Ella durmió tranquilamente y mientras lo hacía se levantó para acomodar el sitio, después pasó la tarde y llegó la hora de que los padres llegaran. La tía de Phumin tardó algo en llegar, ella era quien cuidaba del pequeño desde que su madre murió.
─¡Buenas tardes, Orm, lamento la demora, mi auto se descompuso! ─dijo con algo de pena, su cabello anaranjado siempre le había gustado.
─No pasa nada, Wanee, el pequeño Phumin le esperó pacientemente ─sonrió a la mujer y se despidió del cachorro─. Solo somos tú y yo otra vez pequeña ─le dijo a la cachorra y esta solo sonrió.
. . .
Orm ayudó a Lili a pararse, caminaba despacio, pero se miraba contenta de hacerlo.
─Bien, bien, un pie frente al otro ─colocó un osito de peluche al frente suyo para que fuera por este, así tendría un poco más de confianza y una meta para poder caminar.
Como el suelo donde estaban había una suave alfombra, no le preocupaba mucho que cayera de trasero, la dejó de pie y fue hasta donde estaba el peluche.
Era una distancia de unos dos metros, pero sabía que la pequeña podría hacerlo, tomó el juguete y lo empezó a batir en el aire.
─Aquí, Lili, ven, toma al osito ─Orm podía ver cómo la niña daba pasitos vacilantes, y sonreía por las cosas que le hacía─. Solo un poco, Lili.
La bebé caminó lento pero seguro, su cabello castaño y corto se mecía con cada pasito que daba. A la final, rió y tomó el juguete cayendo hacia el frente, pero Orm la atrapó y rió.
─¡Lo hiciste, Lili, bien hecho! ─alabó y la abrazó, frotó su mejilla en la cachorra haciéndola reír─. Cuando tu papá llegue le puedes mostrar ─dijo sabiendo que la alfa se podría alegrar por eso, era un buen avance, había caminado dos metros sin caerse, era bueno para su equilibrio al estar de pie.
─No te preocupes, ya lo vi todo ─la omega se quedó de piedra, volteó lentamente hacia donde estaba la alfa y la encontró apoyada en la puerta del salón.
─S-señora Kwong... ─Orm sentía su rostro arder, incluso sus orejas. Miró la hora y vio que ya eran las cinco y diez minutos, vaya que era alguien puntual.
La chica se acercó para darle a Lili, quien chilló y rió felizmente en los brazos de su padre al estar aún emocionada por lo que acababa de lograr.
─Iré por su mochila ─Orm dejó a padre e hija un momento mientras buscaba la mochila, podía escuchar susurros provenientes de la mayor y pequeñas risas de la bebé.
Le gustaba bastante verlas de esa forma.
─Aquí está la mochila, señora Kwong, que tenga una buena tarde ─sonrió y la de mirada felina sacó su vista de su cachorra para mirarla a ella, después tomó el bolso.
─Dime Lingling. Tampoco me digas señora, me hace sentir como si estuviera en la tercera edad ─habló dándose la vuelta para irse y Orm solo asintió con su rostro rojo─. Adiós, Ommie.
─¿Ommie? ─se preguntó alzando una ceja y mirando por donde la alfa se había ido.
Dejó su corazón revoloteando y una cálida sensación en su estómago.
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