08
Fue Milk quien propuso el plan. Su voz por mensaje era tranquila, casi casual.
"Oye... ¿vas a ir a ver Look Back cuando se estrene? Sale esta semana. Pensé que podríamos ir juntas. Si quieres."
Love tardó seis minutos en responder. Se los pasó leyendo el mensaje una y otra vez, como si hubiera algo escondido entre líneas. Finalmente escribió:
"Sí, obvio. Quiero verla contigo."
Y ese "contigo" hizo que a Milk le temblaran un poco los dedos.
Ese sábado, ambas llegaron al cine como si no fuera gran cosa. Las luces del centro comercial daban un brillo cálido al cabello oscuro de Milk, y Love llevaba una mochila pequeña donde guardaba dos botellitas de agua y una caja de Pocky que compartieron mientras hacían fila.
─Dicen que es muy triste ─murmuró Love mientras le daba un bocado al snack.
─Sí... pero también es hermosa. Como muchas cosas tristes.
─¿Como qué otras?
Milk la miró, y por un instante pensó en decir "como tú", pero se tragó las palabras.
─Como cuando un personaje se despide sonriendo, aunque sabes que ya no va a volver. Eso.
Love bajó la mirada, pero sonrió. Le gustaban las respuestas de Milk, a veces poéticas, a veces torpes. Siempre sinceras.
La sala estaba medio vacía, pero para ellas era suficiente. Se sentaron en las butacas de en medio, muy cerca una de la otra, con la bolsa de palomitas descansando entre ambas. Las luces bajaron lentamente, y el silencio lo llenó todo.
A los veinte minutos de película, sin pensarlo demasiado, Love dejó que su mano se deslizara hasta tocar la de Milk. Al principio fue como por accidente. Como si el roce fuera solo eso: roce. Pero ninguna de las dos la retiró. Al contrario. Milk giró levemente su palma y entrelazó sus dedos con los de ella, apretando con suavidad.
No dijeron nada. Solo se miraron, con la tenue luz de la pantalla iluminando sus ojos grandes y brillantes. Un gesto pequeño. Una explosión silenciosa.
Cuando terminó la película, ambas salieron caminando en silencio. Afuera, el viento de la tarde era suave, y la ciudad estaba tranquila, como si supiera que algo importante había ocurrido entre ellas. Pero ninguna se atrevía a decirlo.
─Gracias por invitarme ─dijo Love, mientras jugaba con el borde de su manga.
─Gracias por venir ─respondió la mayor, con una media sonrisa que apenas ocultaba el temblor en su voz─. Me alegra que te gustara.
─Me gustó más por ti.
Milk se quedó quieta, como si esas palabras la hubieran tocado demasiado profundo. Quiso decir algo, pero solo pudo asentir.
Se separaron en una esquina, después de una caminata lenta. Ninguna se atrevió a abrazar a la otra. Solo se miraron de nuevo, como si quisieran decir todo y nada a la vez.
. . .
Esa noche, Love no podía dormir.
Se revolvía en la cama, boca arriba, luego de lado, luego abrazando su almohada. Miraba el techo como si ahí estuvieran escritas las respuestas.
¿Y si a ella también le gusté? ¿Y si solo fue... por la emoción? ¿Y si para ella no significó nada? ¿Y si...?
Su corazón le latía fuerte. Sentía el calor de la mano de Milk todavía en la suya. Cerraba los ojos y recordaba sus dedos entrelazados, sus miradas, el silencio entre ellas.
Pero... ¿y si me estoy confundiendo?
Se giró una vez más. Las preguntas eran cuchillas suaves que cortaban por dentro. La ansiedad del "¿será que sí?", del "¿y si no?", del "¿y si nunca se atreve a decirlo?". Hasta que el cansancio venció su mente aturdida, y se quedó dormida, con el rostro medio enterrado en la almohada, soñando con una sala de cine vacía, palomitas dulces, y una mano tibia que no quería soltar.
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