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𝗳𝗿𝗼𝗺 𝘁𝗵𝗲 𝗱𝗶𝗻𝗶𝗻𝗴 𝘁𝗮𝗯𝗹𝗲 𖹭.ᐟ milklove

04

bbyblu

El aroma a café caro y ambición llena el vestíbulo de Vosbein Holdings. Love respira hondo, ajustando la correa de su bolso. Ha venido, armada de muestras de telas y cuadernos de catering, con la frágil esperanza de involucrar a Milk en algo, en lo que sea, de la planeación de su propia boda. Es una misión desesperada, lo sabe, pero la conversación sobre la luna de miel la ha dejado con la necesidad de aferrarse a cualquier clavo ardiendo.

La recepcionista, reconociéndola ahora, le ofrece una sonrisa profesional y le indica que puede pasar directamente a la sala de juntas anexa al despacho de Milk.

─La Sra. Vosbein está en una llamada, pero puede esperarla allí.

Love asiente y se dirige por el pasillo alfombrado. Al acercarse a la puerta entreabierta de la sala, oye voces. No la de Milk, sino otra, más melódica y cálida.

─...así que le dije que si no firmaba antes del viernes, el trato se esfumaba. Tienes que ser más dura, Milk, a veces los demás piensan que eres de cristal.

Love empuja la puerta suavemente. Milk está de pie frente a la ventana, con el teléfono en la oreja, su espalda recta como una espada. Pero no es ella quien capta inmediatamente la atención de Love.

Sentada en la mesa de conferencias, con las piernas cruzadas y balanceando un stiletto de diseño con despreocupación, hay una mujer. Tiene el cabello corto y castaño, en un peinado desenfadado que deja escapar unos cuantos mechones deliberados. Viste un traje sastre de color verde esmeralda que contrasta vibrante con la palidez del entorno y con su sonrisa, amplia y llena de una confianza magnetica. Es Emi Thasorn Klinnium. Love la reconoce de alguna foto en una revista financiera.

Emi la ve entrar y su sonrisa se amplía, curiosa. Sus ojos, de un marrón dorado, recorren a Love con una intensidad abierta que no es hostil, pero sí profundamente interesada.

─Y tú debes ser la famosa prometida ─dice Emi, colgando un llamado imaginario con sus dedos enjoyados. Su voz es tan sedosa como aparenta─. Milk no hace más que hablar de los preparativos. ─Es una mentira descarada, y el leve tensarse de los hombros de Milk, que aún está de espaldas, lo delata.

Love forza una sonrisa. ─Love Pattranite Limpatiyakorn. Un gusto.

─Emi Thasorn Klinnium. Socia y, en los días buenos, amiga de esta mujer de hielo. ─Se levanta y se acerca a Love con la mano extendida. Su apretón es firme, cálido─. Me encanta tu bolso. Es de esa diseñadora nueva, ¿no? La que usa materiales reciclados. Tienes ojo.

Love se ruboriza, sorprendida. Nadie aquí nota esas cosas. ─Sí, exacto.

Milk termina su llamada y se gira lentamente. Su mirada va primero a Love, fría y inquisitiva, como preguntándose qué hace allí. Luego, se desvía hacia Emi, que aún sostiene la mano de Love un segundo de más.

─Love. No sabía que vendrías. ─Su tono es plano.

─Traía las muestras para los centros de mesa ─explica Love, alzando ligeramente la carpeta que lleva─. Pensé que podrías... echarles un vistazo.

Milk ni siquiera mira la carpeta.

─Déjalas sobre la mesa. Emi y yo tenemos que terminar de repasar unos números.

Es un despido. Claro y directo. Love siente el rechazo como un golpe físico. Asiente, sintiéndose repentinamente fuera de lugar, una niña con papeles de colores en un mundo de gráficos en blanco y negro.

─Oh, por Dios, Milk, déjanos respirar un poco ─intercede Emi, su voz un suave reproche. Se acerca a la carpeta que Love ha dejado sobre la mesa y la abre. ─¿Centros de mesa? Déjame ver. ¡Oh, me encantan estas flores secas! Son mucho más interesantes que las rosas clásicas. Muy buena elección. ─Le guiña un ojo a Love.

Love siente un destello de gratitud hacia esta mujer que parece verla, de verdad verla.

─Milk, ¿no crees? ─presiona Emi, mostrándole una muestra a Love, que mira el pedazo de rama y flores preservadas como si fuera un insecto raro.

─Son... aceptables ─concede Milk, con visible incomodidad. Sus ojos se clavan en Emi, y hay un destello en ellos, una chispa rápida y gélida que Love no había visto antes. No es ira. Es algo más... posesivo.

─Eres imposible ─se ríe Emi, volviéndose hacia Love─. No le hagas caso. Tiene el gusto de una contable. Dime, Love, ¿tú eres artista? Esto tiene un toque... creativo que Milk no tiene en su ADN.

─Sí, soy pintora ─responde Love, sintiéndose cada vez más arrinconada por la amabilidad de Emi y la frialdad palpable de Milk.

─¡Lo sabía! ─exclama Emi, triunfal─. Se nota en la mirada. Tienes esa chispa. Milk, ¿cómo es que me escondiste a alguien tan interesante?

─No es un activo de la empresa, Emi─ ─responde Milk, y su voz es cortante como una cuchilla─. No necesita ser evaluada.

El ambiente se enfría varios grados. Emi levanta una ceja, divertida, como si hubiera logrado exactamente lo que quería: sacar a Milk de su caparazón.

─Solo soy amable, Milk. Algo que a ti a veces se te olvida ser. ─Su tono es ligero, pero la intención es clara. Luego, se vuelve a Love con una sonrisa más suave, casi compasiva. ─Fue un gusto conocerte, Love. De verdad. Si alguna vez esta te aburre hasta las lágrimas... ─señala a Milk con la cabeza─...ya sabes dónde encontrarme. Mi oficina está justo al final del pasillo. Me encantaría ver tu trabajo.

Es una salida de tono, un coqueteo leve pero innegable. Love solo puede asentir, aturdida.

Cuando Emi sale de la sala, balanceando sus caderas con una seguridad que parece un desafío, el silencio que deja es espeso y cargado. Milk no mira a Love. Camina hasta su silla y se sienta, encendiendo su tableta con un gesto brusco.

─No deberías molestarme en horas de trabajo ─dice, sin levantar la vista.

Las palabras son tan injustas, tan deliberadamente hirientes, que a Love se le llenan los ojos de lágrimas.

─Vine a involucrarte en nuestra boda, Milk.

─Y ya has visto que tengo cosas más importantes que hacer. ─Finalmente alza la mirada, y lo que Love ve en sus ojos no es solo frialdad. Es un turbio remolino de irritación y algo más, algo oscuro y punzante. Celos. Son celos. Pero no los dice. Los convierte en ira y se los lanza a ella.

─Claro ─susurra Love, su voz quebrada─. Cosas más importantes.

Da media vuelta y sale de la sala, sintiendo la mirada de Milk clavada en su espalda como un puñal de hielo. En el pasillo, se encuentra con Emi, que parece estar esperándola deliberadamente.

─¿Todo bien? ─pregunta Emi, y su tono ya no es coqueto. Es genuinamente preocupado.

Love niega con la cabeza, incapaz de hablar.

Emi suspira. ─Mira... Milk es... Milk. Pero no dejes que te trate como un mueble. Eres demasiado... viva para esto. ─Su mirada es sincera. ─Un acuerdo es un acuerdo, pero no tiene por qué ser una sentencia de por vida.

Love la mira, sorprendida por la perspicacia de la otra mujer. Asiente, agradecida pero demasiado devastada para responder. Y cuando se marcha, sintiendo el peso de las muestras inútiles en su mano, solo puede pensar en los celos mudos de Milk. Celos que no se tradujeron en un gesto de amor, sino en un acto de crueldad. Y se pregunta, con el corazón hecho pedazos, si incluso los celos de Milk son otra forma de silencio.

El viaje de regreso a casa es un borrón. Love solo recuerda el sonido del motor del taxi y el latido furioso de su propia sangre en los oídos. Las lágrimas no caen, se acumulan como una presa a punto de reventar. Llega al departamento antes que Milk, y la quietud opresiva del lugar le da la bienvenida como un golpe más.

Cuando Milk entra, horas más tarde, su rostro es una máscara de impasibilidad profesional, pero sus movimientos son tensos, rígidos. Deja las llaves en el jarrón de la entrada con un sonido metálico que corta el silencio.

─¿Todavía estás molesta? ─pregunta, sin mirar a Love, dirigiéndose directamente a la cocina para servirse un vaso de agua.

La pregunta, tan fría, tan carente de empatía, es la gota que colma el vaso. La presa se rompe.

─¿Molesta? ─La voz de Love surge temblorosa, cargada de una angustia que ya no puede contener. ─¿Crees que esto es solo estar molesta, Milk?

Milk se da la vuelta, el vaso en la mano, una ceja levemente arqueada.

─Exageras. Fue un momento de tensión en la oficina.

─¡No fue solo un momento! ─Love llora ahora, las lágrimas recorriendo su rostro sin control─. Fue la gota que colmó el vaso. Es tu indiferencia, tu frialdad, tu... tu crueldad al tratarme como una molestia, como un estorbo en tu vida perfectamente ordenada.

─No estás siendo racional ─dice Milk, pero su voz ha perdido un poco de su seguridad. Ve llorar a Love y parece... incómoda. Desconectada, como siempre, pero alerta.

─¿Racional? ─Love se ríe, un sonido amargo y quebrado. ─¿Quieres racionalidad? Está bien. Hablemos con racionalidad. Te amo, Milk. Te he amado desde que era una niña. Y estoy a punto de casarme contigo, pero siento que me estoy muriendo por dentro. Cada día es un poco más difícil respirar en esta... esta nevera en la que vives.

Milk guarda silencio, observándola. Sus ojos grises, tan impenetrables, parpadean rápidamente.

─Me siento como una mierda ─solloza Love, hundiéndose en el sofá y enterrando su rostro en las manos─. Una estúpida patética por amar a alguien que es incapaz de... de lo más básico. Por aferrarme a migajas, a un brazo en la noche, a un "gracias" que suena a conquista. Por rogarle atención a quien me mira como si fuera un cuadro mal colgado en su pared.

Las palabras salen a borbotones, llenas de veneno y de una verdad tan cruda que duele el solo pronunciarlas.

─Me desprecio por necesitarte tanto, cuando tú... tú no me necesitas para nada.

El silencio que sigue es distinto. No es el silencio vacío de siempre. Está cargado, eléctrico. Milk se queda quieta, mirando la figura derrumbada de Love. Su respiración, siempre tan controlada, se acelera levemente.

─No es... no es así. ─La voz de Milk es baja, casi un susurro ronco. Suena extraña. Vulnerable.

Love alza la vista, sus ojos inundados de lágrimas.

─¿Entonces cómo es, Milk? Dime. Por una vez en tu vida, dime qué pasa por esa cabeza.

Milk aprieta el vaso con tanta fuerza que los nudillos se le ponen blancos. Mira a Love, y por primera vez, su máscara no solo se agrieta, sino que se desmorona. El miedo asoma en sus ojos, un miedo profundo y antiguo.

─Yo....─Traga saliva, luchando por formar las palabras, como si le pesaran toneladas─. No sé cómo... hacer esto.

Love la mira, sin comprender.

─No sé cómo ser... de otra manera ─continúa Milk, su voz quebrándose en una forma que Love nunca había escuchado. Es como el sonido del hielo al resquebrajarse. ─Todo el mundo espera algo de mí. Mi padre espera que sea fuerte, una líder. La empresa espera que sea implacable. Y tú... ─Sus ojos se clavan en los de Love, llenos de una angustia desnuda─. Tú esperas que te ame. Y yo... no sé si sé.

Love se queda sin aliento. Es la confesión más grande que ha escuchado de ella.

─Desde que tengo memoria ─Milk continúa, mirando ahora un punto fijo en la pared, como si no pudiera soportar el contacto visual─, me enseñaron que los sentimientos son una debilidad. Un lujo que no podía permitirme. Que el cariño... nubla el juicio. Y cuando te acercaste, con tu... tu luz, con tu persistencia... ─Hace un gesto de frustración─... Fue aterrador.

─¿Aterrador? ─repite Love, atónita.

─Sí. ─Milk por fin la mira, y sus ojos están brillando con la amenaza de lágrimas que se niegan a caer. ─Aterrador. Porque cada vez que estás cerca, siento que... pierdo el control. Que algo se derrite dentro de mí. Y no sé qué hacer con eso. No sé cómo manejarlo. Así que... me alejo. Me encierro. Es lo único que sé hacer.

Es la verdad. Brutal, imperfecta, pero la verdad. No es que no sienta. Es que le aterra lo que siente.

─Y hoy, con Emi... ─Milk aprieta los labios─. Ella te miraba y tú... le sonreías. Y era fácil para ti. Y yo... solo quería que se fuera. Que te fueras. Que todo volviera a ser silencioso y seguro.

No dice "sentí celos". Pero lo está diciendo con cada fibra de su ser.

Love la observa, viendo a la niña asustada detrás de la mujer de hielo. La rabia y la autocompasión comienzan a ceder, reemplazadas por un dolor distinto, más profundo y complejo. No es la frialdad de Milk lo que las separa. Es su miedo.

Milk da un paso incierto hacia ella.
─No quiero... que te sientas así. Como una... mierda. ─La palabra suena torpe y extraña en su boca, pero sincera. ─No es lo que quiero.

Es todo lo que puede dar. No es un "te amo". No es una promesa de cambio. Es un reconocimiento. Una rendición parcial. Un mapa de sus propias ruinas.

Y para Love, en medio de las ruinas de su propia esperanza, es un nuevo comienzo. Más difícil, más incierto, pero real. Por primera vez, no está sola en su dolor. Milk, finalmente, está en la habitación con ella.

La confesión de Milk flota en el aire entre ellas, un frágil puente tendido sobre el abismo de años de malentendidos. Love ya no llora. Las lágrimas se han secado, dejando su rostro sensible y enrojecido, pero sus ojos, ahora despejados, observan a Milk con una intensidad nueva. Ya no es la mirada de una suplicante, sino la de alguien que ve, por primera vez, la compleja topografía del corazón de la otra.

─¿Aterrador? ─repite Love, su voz un susurro ronco. No es una acusación ahora. Es una pregunta genuina, un intento de cartografiar ese territorio desconocido.

Milk asiente, una vez, un movimiento tenso y controlado. Parece agotada, como si esa breve confesión la hubiera vaciado. Su armadura no se ha desprendido, pero está abollada, mostrando la fragilidad del material del que está hecha.

─Sí. ─La palabra es apenas un hilo de sonido─. Es más fácil... no sentir. O fingir que no se siente. ─Sus ojos, de un grís tormentoso, se clavan en los de Love─. Es más seguro.

─¿Y conmigo no estás a salvo? ─La pregunta de Love es directa, pero no es un desafío. Es una búsqueda.

Milk abre la boca para responder, para refugiarse en otra evasiva, pero se detiene. Mira a Love, realmente la mira, y ve el rastro de las lágrimas, la vulnerabilidad que ella misma ha causado, pero también una fortaleza que no había notado antes. Una resistencia que ha aguantado todos sus inviernos.

─No ─responde, y es la verdad más honesta que ha pronunciado en años─. Contigo nunca estoy a salvo. Porque tú... ─Hace un gesto vago con la mano, como si intentara atrapar algo en el aire─. Tú lo cambias todo. Haces que quiera... ─Traga saliva, luchando contra una vida de represión─...que quiera bajar la guardia. Y eso me aterra.

Love da un paso hacia ella. Luego otro. El espacio que las separa se reduce hasta que está lo suficientemente cerca como para sentir el calor que emana del cuerpo de Milk, para ver el temblor casi imperceptible de sus manos.

─Yo también tengo miedo, Milk ─admite Love en voz baja─. Tengo miedo de pasar toda mi vida amando a una sombra. De que nuestro matrimonio sea otro acuerdo más en tu lista de obligaciones.

Milk cierra los ojos por un segundo, como si las palabras de Love fueran golpes físicos. Cuando los abre, hay una determinación nueva en ellos, una lucha interna visible.

─No lo es. ─La voz de Milk es firme, por primera vez esta noche. ─No es solo... un acuerdo.

─¿Entonces qué es?

El silencio se cierne de nuevo, pero es un silencio diferente. No es el vacío de antes, sino uno lleno de potencial, de cosas no dichas que pugnan por salir. Milk mira a Love, y en sus ojos hay una guerra entre el miedo de toda una vida y el destello de algo más, algo que ha estado enterrado muy hondo.

─Es... complicado ─termina diciendo, y es una respuesta insatisfactoria, pero es sincera. No tiene las palabras. Quizás nunca las ha tenido.

Love asiente lentamente. No es la respuesta que soñaba, pero es un comienzo. Es más de lo que ha tenido en años. Extiende una mano, con cuidado, como si se acercara a un animal asustado, y apoya su palma sobre el brazo de Milk. La siente tensarse bajo su tacto, pero no se aleja.

─No te pido que dejes de tener miedo ─susurra Love─. Solo te pido... que no me dejes sola con el mío.

Milk mira la mano de Love sobre su brazo. Luego, lentamente, como movida por un impulso que no puede controlar, cubre la mano de Love con la suya. Su piel está fría, pero el contacto es firme. Es un gesto pequeño, pero monumental.

─No lo haré ─murmura Milk, y suena a una promesa. Torpe, titubeante, pero una promesa al fin.

No se abrazan. No se declaran su amor. Se quedan allí, de pie en la sala de estar, en la penumbra, con las manos entrelazadas sobre el brazo de Milk. Es un frágil armisticio, un respiro en la batalla. El camino por delante es largo y está lleno de incertidumbre, pero por primera vez, Love siente que no lo está recorriendo sola. Y en los ojos de Milk, ve el reflejo de esa misma, temerosa, esperanza.

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