𝗳𝗿𝗼𝗺 𝘁𝗵𝗲 𝗱𝗶𝗻𝗶𝗻𝗴 𝘁𝗮𝗯𝗹𝗲 𖹭.ᐟ milklove
final
El aire en el vestíbulo de Vosbein Holdings ya no le parece frío a Love. Hoy huele a posibilidad. Lleva en las manos no solo una carpeta con nuevas muestras de tela para los manteles, sino una confianza recién adquirida, fraguada en el fuego de las lágrimas y templada en la dulzura de los besos compartidos.
Al anunciarse, la recepcionista le sonríe con genuina calidez.
─Pase directamente, Sra. Limpatiyakorn. La Sra. Vosbein la está esperando.
Al abrir la puerta del despacho, la escena que encuentra le roba el aliento. Milk no está tras su monumental escritorio, sino de pie frente a él, hablando por teléfono en voz baja. Al verla entrar, no termina la llamada de inmediato, sino que le extiende la mano, un gesto simple pero que hace que el corazón de Love dé un vuelco. Ella la toma, y Milk la atrae suavemente hacia sí, encerrándola en un abrazo lateral mientras murmura «Sí, envíame los documentos finales» al teléfono.
Love se hunde en el contacto, sintiendo la tela impecable del traje de Milk bajo su mejilla. Es un abrazo público, en su espacio sagrado del trabajo. El mensaje es claro.
Cuando Milk cuelga, no se separa. En cambio, se gira y la mira, y sus ojos grises, antes tormentosos, ahora son un cielo despejado.
─Hola ─dice, y su voz es una caricia.
─Hola ─susurra Love, sonrojada.
Sin previo aviso, Milk se inclina y deposita un beso suave en sus labios. Es rápido, pero deliberado. Un sello. Luego otro en la punta de su nariz.
─Me gusta que vengas aquí ─murmura contra su piel, y cada palabra es un beso potencial.
Love ríe, una burbuja de alegría que le brota del pecho. ─He traído las muestras. Pensé que podríamos...
─Después ─interrumpe Milk con suavidad, tomándole la cara entre sus manos y besándola de nuevo, con más calma esta vez. Parece intoxicada, incapaz de estar cerca de ella sin tocarla─. Primero dime que estás bien.
─Estoy perfectamente ─responde Love, sintiéndolo de verdad por primera vez.
Se sientan en el sofacito de la sala de juntas anexa, y Love extiende las muestras. Milk las mira, de verdad las mira, y señala una.
─Esa. El color crudo. Hace que tus ojos se vean más brillantes.
Love la mira, conmovida. Es la primera vez que Milk elige algo pensando específicamente en ella.
Aprovechando el momento de ternura, Love toma aire.
─Hablando de cosas que hacen que mis ojos se vean brillantes... He estado pensando en la luna de miel.
El cambio en Milk es instantáneo, aunque sutil. Su espalda se endereza ligeramente. La máscara de la ejecutiva no vuelve, pero sí una sombra de la antigua resistencia.
─Love, ya hablamos de eso. La fusión, el trimestre...
─Sí, lo sé. Es impráctico ─dice Love, pero su voz es firme. Ha planeado esto─. Pero también sé que te gusta besarme.
Milk la mira, confundida por el cambio de tema. ─¿Y eso qué tiene que ver?
Love se inclina hacia adelante, con una sonrisa pícara y un brillo juguetón en los ojos que Milk nunca le había visto.
─Tiene todo que ver. Porque si no hay luna de miel... no habrá más besos.
Milk se queda completamente quieta. Sus ojos se abren ligeramente. ─¿Estás... chantajeándome?
─Absolutamente ─afirma Love, sin perder la sonrisa. Luego, su expresión se suaviza, se llena de una vulnerabilidad sincera. ─Y además, voy a ponerme a llorar. Mucho. Y te voy a mirar con estos ojos, sabiendo que prefieres una hoja de cálculo a pasar un solo día extra a mi lado, lejos de todo esto.
Mikk la observa. Ve la determinación bajo la fachada de juego, ve la herida antigua que aún necesita sanar. Ve el brillo ligeramente acuoso en esos ojos brillantes que acaba de decir que ama. Y algo se rinde dentro de ella. No es una rendición ante la demanda, sino ante la verdad que hay detrás.
Un suspiro hondo escapa de sus labios. ─Eso es... una táctica desleal.
─El amor es desleal ─replica Love suavemente─. Y yo te amo. Y quiero mi luna de miel contigo.
Milk guarda silencio por un momento, mirando las manos de Love entrelazadas con las suyas. Luego, alza la vista. Hay una nueva luz en sus ojos, una aceptación tranquila.
─¿Grecia? ─pregunta, y su voz es solo un suspiro.
La sonrisa de Love ilumina toda la habitación. ─Grecia ─confirma.
Milk asiente lentamente, una sonrisa genuina y sin reservas asomando por primera vez en sus labios. Es un espectáculo raro y hermoso.
─De acuerdo. Grecia.
Y entonces, como si el simple acuerdo hubiera liberado el último resto de su inhibición, Milk se inclina y la besa. No es un beso rápido o tímido. Es un beso lento, profundo, lleno de una promesa que va más allá de un viaje. Es un beso que sella un nuevo trato, no entre familias, sino entre dos corazones que, finalmente, han encontrado el mismo lenguaje.
Cuando se separan, jadeantes y con la frente apoyada una contra la otra, Love sabe que la batalla ha terminado. No hubo un vencedor ni un vencido, solo dos mujeres que eligieron tender un puente sobre el abismo, ladrillo a ladrillo, beso a beso.
─Te amo, Milk ─susurra Love.
Milk cierra los ojos, como saboreando las palabras. Cuando los abre, su mirada es clara y cierta.
─Y yo a ti, Love ─responde. Y por primera vez, no hay rastro de miedo en su voz, solo la verdad rotunda y tranquila del amor que, finalmente, se atreve a decir su nombre.
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