Único
—¡Me gustas mucho Killua!
La muchacha frente a él le extendió una carta de color rosa pálido. Sus manos agarraban con fuerza cada extremo de estas, mientras mantenía sus ojos fuertemente cerrados y el rubor en sus mejillas era muy notable, demasiado según Killua. Este miró con aburrimiento la carta, luego dirigió su mirada a la chica, sin cambiar su expresión. Suspiró con pesadez.
—No estoy interesado.
Esas palabras fueron como sentir caer sobre sí un balde de agua helada, según la muchacha. Su boca de deformó en una mueca y algunas lágrimas empezaban a humedecer sus ojos.
"Aquí vamos otra vez..."
Killua rodó los ojos. Estaba cansado de que la misma situación se repitiera siempre, solo que con distintas chicas, y en todas siempre quedaba él como el chico malo sin corazón que hizo llorar a una chica.
—Oye, no llores. —Se supone que trataba de consolarla, pero no pudo evitar sonar fastidiado. No se reprimía cuando se trataba de ocultar su molestia, pero esto al parecer solo lastimó más a la chica, que empezó a llorar con más intensidad, dejando salir sus lágrimas con total libertad.
—Te dije que no...
—¡Killua Zoldyck! —Escuchó una voz bastante conocida detrás de él. Ahora con él presente, la rutina de cada semana estaba completa. Genial.
El albino ladeó su cabeza para responder al llamado.
—Gon Freecs —pronunció con vagancia.
—¿Qué es lo que te he dicho sobre hacer llorar a las chicas?
—... ¿Qué no debo hacerlo?
—¡Exacto! Pero, tal parece que no importa cuántas veces te lo repita ¡Nunca lo entenderás! —decía poniendo una mano sobre el hombro de la chica y susurrándole palabras de consuelo. Killlua volvió a rodar los ojos.
—Presidente Gon Freecs —dijo mirándolo de forma retadora, a lo que el nombrado respondió fijando su mirada en él, de manera lenta, como si con la mirada le dijera que aceptaba cualquier el reto—. No siento nada por esta chica... Ni siquiera nos hablamos ¡Es la primera vez que la veo!
—¡Estamos en la misma clase! —espetó la muchacha, aun llorando. Gon frunció el ceño y miró al albino con desaprobación.
—Oh... De todas formas, no siento nada por ti. No puedo obligarme a mí mismo a estar con alguien que no quiero por el simple afán de que una niña no haga un berrinche. Mi opinión también cuenta, presidente —Se cruzó de brazos.
—¡Pero deberías elegir mejor las palabras que vas a usar! ¡Si la vas a rechazar, hazlo de forma sutil!
—¡Esto es lo más sutil que puedo ser!
—¡Pues parece que ni siquiera te esfuerzas!
Las mañanas nunca estaban completas sin una discusión del presidente del consejo estudiantil; Gon Freecs y el chico malo, galán e imán de chicas; Killua Zoldyck. No había día en que ambos no pelearan hasta por la más mínima cosa. El tema principal era las chicas que el albino siempre rechazaba y siempre terminaban llorando desconsoladas en el hombro del moreno, quejándose de lo mal que se había portado el albino con ellas, cuando en realidad las rechazaba con un siempre "no estoy interesando", pero siempre exageraban las cosas...
—¡¿Por qué siempre estás de lado de ellas?! ¡Podrías intentar creerme por lo menos una vez!
—¡Pues tu fama no es por ser alguien precisamente honesto!
—¡Oh! Se me olvidaba que hablaba con el Gon Freecs, presidente-perfecto-amado-por-todos.
—Cada quien se gana su fama por sus actos.
El albino recordó como el moreno siempre estaba rodeado de amigos, riendo. Era el chico de buenas calificaciones, aquel que se había ganado la simpatía de profesores y alumnos, ese de sonrisa contagiosa, el chico amable y justo. Todo lo que las chicas buscaban en un chico... Gon era venerado por todos en el colegio.
—Pues, siento no tratarte como un Dios... eso es lo que quieres que yo haga ¿no? —murmuró evitando mirar directamente a esos hipnotizadores ojos color miel. El moreno simplemente alzó una ceja. La muchacha ya hace varios minutos había escapado de la discusión que se había desatado en el pasillo.
Pienso que no eres tan perfecto, como todos tus súbditos
Killua apretó sus manos con vehemencia, enterrando sus uñas en sus palmas.
—Por lo menos podrías intentar cambiar —atacó Gon mirándolo molesto. El albino se acercó a este, a paso lento, hasta que la distancia que los separaba era tan solo de centímetros. Pudieron comprobar que eran casi de la misma estatura, pero, para desgracia de Killua, el moreno era ligeramente más alto que él.
—Lo siento, no soy de azúcar y no soy dulce para ti —murmuró acercándose peligrosamente al rostro de Gon. Lo que despertó en este un fuerte sonrojo y se quedó estático. El albino sonrió con sorna y se fue sin más.
Mientras caminaba, Killua reflexionaba en sus propias palabras, y recordaba el adorable sonrojo que hace unos momentos adornaba las mejillas del morenos. Sonrió levemente, pero casi al instante esa sonrisa desapareció. Acarició sus antebrazos con la palma de sus manos, abrazándose a sí mismo mientras mantenía la mirada clavada en el suelo.
Por eso tú siempre me evitas
También recordaba los momentos de su niñez, en los que la soledad lo atormentaba día y noche. Lo más lamentable era que nada de eso había cambiado con el paso de los años...
Dobló una esquina y observó a Gon, riendo con su grupo de amigos, como si nada hubiera pasado. Que rápido olvidaba las discusiones de ambos.
Debo ser muy inconveniente para ti
Desde que Killua había llegado al instituto se había convertido en un martirio, tanto para profesores, como para alumnos. Era maleducado con los maestros y sus compañeros, tenía fama de arrogante y presumido, había escuchado unos cuantos rumores acerca de que lo habían visto en una banda de matones. Cuanta mentira...
Pero, especialmente se había convertido en un dolor de cabeza para el presidente del consejo estudiantil, a quien nunca obedecía y siempre estaba dispuesto a retarle, y éste aceptaba el reto sin vacilar. El albino tenía claro lo que era para el moreno, él mismo se lo había dicho en una de sus tantas discusiones. Se había acercado a él, y susurro en su oído:
Soy tu problema
Sí. Killua era un problema. Era un tormento para todos. Pero, él se había declarado el problema exclusivamente de Gon Freecs, a quien no se cansaba de molestar y sacar de quicio. Adoraba su expresión cuando se molestaba. Aunque en el fondo deseaba que Gon lo conociera quien realmente era Killua Zoldyck.
Sé lo que piensas que no soy...
Todos rumoraban acerca de su patética vida. Unos decían que su padre lo había abandonado y su madre era una drogadicta, otros decían que era al revés. Incluso que ni siquiera tenía padres, que vivía en la calle, con demás pandilleros y matones.
Una persona feliz
La verdad era que sí tenía padres, claro que los tenía, tenía muchos hermanos, una gran mansión, muchos dulces, muchos videojuegos y muchos mayordomos a su disposición. Claro, debería ser feliz. Si tan solo sus padres no mostraran interés en él únicamente por mantener las apariencias, si sus hermanos no se interesaran solo en hacerle la vida imposible, si en esa mansión no se sintiera tan solo, si los dulces le quitaran ese vacío que siente, si los mayordomos pudieran ayudarlo... sería feliz.
Gon Freecs notó esto y quizá por eso siempre lo regañó, en lugar de llevarlo con algún profesor o el director, que seguramente o lo castigarían o lo expulsarían. Quizá Gon atribuyó el comportamiento del albino a que no era feliz y debía desquitar esa ansiedad con alguien.
Cuánta razón tenía ¡Oh que inteligente es presidente!
Soy tu problema
Killua podía sentir una pizca de un sentimiento que el creyó era igual al de la felicidad desde que se convirtió en el problema de Gon. En aquel que siempre es el provocante de esas expresiones de rabia tan tiernas, el provocante de ese incensar sentimiento por hacerlo cambiar, por convertirlo en un chico bueno. No. Killua prefería seguir siendo el problema de Gon Freecs, no su chico bueno.
Debería justificarme, lo sé
Pero, al chico malo Zoldyck le importaba un pepino darle o no explicaciones a Gon sobre su comportamiento con él.
Jamás lo haré
Volvió a mirar a Gon. Éste seguía sonriendo a lado de sus amigos. A veces no podía evitar pensar que lo único que hacía era complicar más la ajetreada vida del presidente, haciendo que siempre tenga que estar vigilándolo, que no haga llorar a ninguna otra chica; que quizá Gon no veía la relación de ambos como el albino lo hacía: una simple rivalidad, mas no odio, pero ¿le agrada realmente a Gon?
Siento ser una carga
Yo sé que es así...
Apretó sus manos y mordió su labio con fuerza, casi haciéndolo sangrar. Clavó su mirada en el suelo.
Pero, yo no debo ser el que se reconcilie... no
Su maldito orgullo (timidez) le impedía acercar se Gon y decirle tan siquiera un maldito "hola ¿cómo has estado?" para que así las cosas entre ellos mejoren. No, él no estaba dispuesto a eso. Sería Gon Freecs el que se acercaría a él pidiendo que hablaran, sí.
Recostó su espalda sobre la pared, aún sin despegar la mirada del suelo. Se dejó caer poco a poco hasta quedar sentado sobre el suelo, con las piernas flexionadas.
¿Qué debo hacer?
¿Qué es lo que quiero?
Quería acercarse al moreno, quería ser su amigo, quería hablar más con él (sin gritar), quería tener mucho más de él además de lo poco que recibía cada día; aunque eso era más como un premio de consolación que te dan para que no estés triste porque perdiste alguna competencia y el premio mayor. Aquel "premio mayor" era la amistad Gon Freecs y el "premio de consolación" eran sus discusiones cotidianas.
No sé qué hacer
Killua quería más...
—¿Vas a dejar de mirarme a los lejos sin decir nada?
Killua pegó un pequeño brinco por la repentina voz a su lado. Volteó y se encontró con el moreno, sentándose a su lado. El albino simplemente desvió su mirada a cualquier otra dirección, para ocultar su notable sonrojo.
—No te miraba...
—¡Claro que lo hacías!
—¡No!
El albino escuchó una sutil y tierna risa de parte del presidente del consejo estudiantil.
—Killua... ¿Podrías mirarme?
—¿Y si no quiero?
—Vamos, es solo un momento. Te prometo que no te arrepentirás.
Killua se mantuvo en silencio durante unos segundos. Luego, volteó lentamente su mirada hacia Gon Freecs. Cada vez podía apreciar más su bella y contagiosa sonrisa que tanto lo caracterizaba. Cuando se hubo volteado por completo, estuvo a punto de decir algo... De no ser porque los labios del moreno atacaron los suyos. Killua necesitó de unos cuantos segundos para reaccionar. Sus ojos se abrieron más que nunca y un gran sonrojo apareció en sus mejillas.
Gon Freecs. Presidente del consejo estudiantil. El chico perfecto a los ojos de todos (o quizá solo a los suyos). Lo estaba besando. En los labios. ¡Justo ahora!
Cuando se separaron, el albino no supo que decir. Solo se mantenía estático, con sus dedos acariciando el lugar donde antes habían estado los labios del chico que le gustaba.
—Te dije que no te arrepentirías —sonrió ampliamente.
Esa sonrisa...
Esa maldita sonrisa, responsable de tantas mariposas en el estómago...
—¿Cómo? —pronunció el albino casi arrastrando las palabras.
—¡Me gustas, Killua! Lamento no darte una carta color rosa al igual que las otras chicas, pero... no quería imitar a esas chicas.
—... ¿Eh?
Porque Gon Freecs siempre notó las miradas de Killua, siempre se daba cuenta de los sonrojos que aparecían de forma repentina en sus pálidas mejillas, siempre le enojaba que otras chicas tuvieran la oportunidad de declarar su amor y él no; al final terminaba descargando su frustración con el mismo albino. Siempre quiso acercarse, siempre quiso ser importante para él, siempre quiso ayudarlo a formar una sonrisa en su lindo rostro.
—¿Me correspondes?
Y Gon observó lo que siempre quiso apreciar de cerca y sin perderse ni un segundo; una sonrisa de Killua Zoldyck. Era sutil y casi invisible, pero ahí estaba y solo el moreno podía apreciarla.
El albino respiro profundo y después de unos cuantos segundos, finalmente habló:
—Me gustas mucho, presidente.
✧・゚: *✧・゚:*
Dejo esto por aquí y me retiro lentamente... 👀
Solo diré que estoy muy muy muy feliz de volver a publicar esto 💕
¡Gracias por leer! ❤
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