4. Ready for It?
IV
Se podía admirar con maravilla los escurridos esfuerzos del sol por permanecer guardián de la Tierra, pero impotente y majestuoso decidió dejar marchar el planeta entre vaivenes rotatorios, la noche cayó sublime cuando el reloj marcó las ocho treinta. Esa noche de verano por algún motivo se sentía particularmente placentera; el tenue calor de la época batallaba con la exquisita frescura de la noche, algunas estrellas se manifestaban espectrales por el horizonte y las criaturas comenzaban a esconderse entre la progresiva oscuridad reinante. Estados Unidos de América se vistió con luces resplandecientes galantemente y la gente pudo contemplar la grandeza en su frágil naturaleza artificial.
Michelle Jones, sentada elegantemente sobre un sillón especialmente costoso atestiguó la singular vista de la ciudad que nunca duerme con una copa rebosante de vino y las piernas cruzadas sensualmente.
Tras un sorbo de bebida y tres meditaciones se resignó a permanecer en soledad aquella noche. Pero a ella no le importaba estar sola, es más, disfrutaba como pocas el vaivén de la soledad. Otro trago y dejó ir pacíficamente los coqueteos de Morfeo, tenía asuntos de mayor importancia en su mano derecha. Sus obres cafés bajaron por el contenido de la tableta hasta llegar a los leves obstáculos que tendría la carta final de su jefe; las acciones seguían demasiado estables para la icónica familia francesa. Debían presionar un poco más, tambalear sutilmente el tablero y moverse al trastabillar de cualquiera de los amigos y enemigos de Parker.
Terminó su copa y decidió que ya era tiempo para prepararse a dormir, no habría mucho que ella pudiera hacer esa noche, sólo quedaba esperar al inglés y verificar los resultados de la nueva estrategia.
Confiaba plenamente en la agudeza con la que su cariño encantaba a las personas. Él era como una toxina flotante en el aire imposible de repeler, un descuido y el protegido de Adonis ya se aferraba a tu sistema sin oportunidad de liberación. Sino, habría que preguntarle a Sebastian Delacour de qué forma tan enfermiza se va consumiendo su esqueleto tras pequeñas dosis de Benjamín. Fuese el otro un trofeo o no, él nunca ha tenido una verdadera oportunidad contra los tenues rizos chocolate.
...
Hay una delicada atmosfera sobre una villa particular en Nassau, se siente como una promesa silenciosa que previene grandes deleites y caídas de rodillas. El lugar es naturaleza en su esplendor floreciente y las ventiscas frescas confirman devotas a producir estremecimientos de reconocimiento a los moradores temporales.
Old Westbury Gardens pinta como una de las maravillas terrenales dignas a la inmortalidad histórica, casi sacada de la imaginación pasional de un artista prodigioso, y encarnada a la realidad para escenarios románticos infinitos. Desde los matices verdes vivientes hasta las pequeñas criaturas arreboladas bajo el manto de Hipnos, aquella mansión merecía todos los créditos posibles al perfecto cuadro para el encuentro más codiciado de los últimos años.
Y como todo en el cosmos, esa noche comienza con el dulce aleteo de una mariposa en alguna parte del universo hasta convertirse aleteo tras aleteo en una serie de cambios progresivos. La fiesta de beneficencia del heredero de la millonaria familia Murdock, Matthew Michael, es una lepidóptera joven y dos de sus selectos invitados representan sistemas complejos próximos a padecer de la inevitable teoría del caos.
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Inicia con el ronroneo feroz y suave de "El deportivo", una gema coleccionable icónica para el mundo, el cual enloquece parcialmente (por no decir absolutamente), a los grupos selectos que rodean la entrada de la antigua mansión americana. Su color azul resplandece bajo las farolas y los cristales reflejaron su brillo nato. Y cualquiera que se encuentra a la deriva es capaz de apreciar la belleza de aquel vehículo sin evitar emitir reacciones involuntarias; ver ese Shelby Cobra del 67 significa augurios inflexibles de que verdaderamente, algo interesante está por ocurrir en la íntima velada.
Entonces aparece un hombre de melena castaña y barba estilizada, con la gracia desbordando de sus bordes, y cuya madurez se leía devotamente en cada nítida línea de su cara y en el andar de sus firmes pasos. Sus labios se han curvado en una sonrisa pretenciosa mientras arroja las llaves de su preciada posesión.
—"Mi bebé es toda tuya por las siguientes horas, chico. Tratala tan bien, como nunca has tratado nada en tú vida." —su voz es poderosa y hechizante, del escaso tipo de gente que puede arrebatar sin complicaciones las voluntades ajenas si se le diera en gana.
Él encaja adecuadamente en aquel lugar, —con su indecoroso gusto por los lujos implícitos en la marca del traje negro que envuelve divinamente cada arista en su cuerpo y los accesorios ridículamente caros que lleva encima, pero por alguna razón en el mundo, la humanidad no puede imaginarlo sin ellos y eso parece correcto para el curso del universo — .Y su cautivadora personalidad.
Tony Stark es el único ser presente en aquella fiesta que se ha vestido como él mismo, no hay disfraz ni maquillaje, lo único acorde al evento es un antifaz negro sobre sus lunas marrones, un gorro inglés antiguo y un bastón decorado exuberantemente. Nadie tiene idea de qué va disfrazado (¿un banquero inglés de los años 20?), pero es Anthony Stark y a nadie le importa en lo absoluto que él rompa las reglas.
El genio sin discreción alguna ignora la belleza cultural de la mansión y se limita a seguir al mayordomo que le guía hacia la carpa donde llevaría a cabo la subasta de la fundación visual de Matt Murdock. Segundos después ya ha encontrado socios que se dedican a hablar y hablar de una forma con la que creen que podrán ganar una parte suya. Puede divisar entre sus respuestas flojas que la organización se ha esmerado en plasmar un baile de máscaras con decorativa victoriana.
Cuando llegan a la entrada de la tienda Tony no puede evitar pensar en el circo, pues hay un hombre haciendo acrobacias con fuego y los colores son rojo, amarillo cenizo, azul y blanco, y oh, no olvidemos las rayas verticales en las lonas. Dos caballeros de trajes elegantes permanecen en guardia dando la bienvenida a los invitados y el castaño los saluda entre bromas, su compañía ríe y su ego se siente vibrar. El heredero Stark entra como el mundo estuviese bajo sus pies, tiene aquella sonrisa ladeada y su postura es relajada.
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"Es atractivo, encantador, pretencioso y adora la atención." Es lo que aparece en la mente de Peter tras una observación superficial. Aunque no le sorprende demasiado, Wade ha hecho tan bien su tarea que conoce a profundidad a su objetivo. Pero él no va a confiarse, no es arrogante y tiene que ser cuidadoso con el hombre más influyente de occidente. Stark es un genio, por lo que Peter va a usar cada una de sus armas para tenerlo de su lado.
Los ojos cafés del inglés se mantienen discretos a la distancia. Han recorrido un par de veces el cuerpo ajeno pues había que admitir lo cautivador que resulta en él ese conjunto negro, y bueno, parte del castaño siente desde varios años atrás, una admiración secreta por la carrera del científico. Porque fue el creador de la primera inteligencia artificial, el padre del más moderno armamento militar americano y él, el castaño al otro lado de su posición que ríe junto a varios tiburones; ese fue El hombre capaz de crear un arma defensiva para escapar de su secuestro en Afganistán. Solo y en la mierda.
Entonces sí, Peter no va a reprimir esa admiración suya y verá con discreción al genio tanto como se le antoje.
—"¡Aquí estás, Erik! Creí que había perdido para siempre."—murmura estridente Christine Daaé sacándolo abruptamente de sus cavilaciones (en realidad es una joven cuyo disfraz está inspirado en tal personaje femenino). No recuerda su nombre completo, lo único que viene a su mente es que la chica parece una princesa Disney o algo así. Pero, con un veloz recorrido en su corteza pre frontal se las arregla para recordar su apellido: Argent.
—"Jamás abandonaría a mi amada. "—responde él en medio de una falsa actuación. La castaña ríe encantadoramente, toda sonrojos y rizos cayendo en cascada por su espalda desnuda. Ella le invita tentativa a chocar sus bebidas y el fantasma de la opera la sigue gustoso. Es una deliciosa compañía.
—"¿Quieres bailar un rato, Erik?" —le pregunta la Argent amistosamente. Su delicado rostro le dice que no es demasiado aficionada de ese tipo de fiestas y la forma en que ha estado evitando a sus amigas habla de lo mucho que se encuentra a gusto con él. Por lo que vamos, Parker ella sería una buena aliada.
Aunque Peter sabe que se ha filtrado a una fiesta privada con ayuda de un mercenario y su único objetivo allí es acercarse al dueño de industrias Stark, muy dentro de sí puede darse cuenta que está disfrutando del evento como pocas veces goza de algo relacionado a la alta sociedad. Quizá se deba al loco jazz inundando los silencios incomodos y los agradables, que la música se siente traspasar por su piel y que de pronto sus pies se mueven en vaivenes rítmicos.
Entonces lo entiende, él está feliz y relajado. Ha pasado mucho desde la última vez que la música le golpea así de duro.
Christine no espera una respuesta, toma su copa y la coloca magistral en la bandeja de un mayordomo que pasa cerca de ellos y lo jala risueña hacia la pista casi vacía. La mirada determinada en sus facciones angelicales incrementa la fuerza con la que la canción se mete entre los pies de Parker. Porque quien está allí no es nadie más que Peter Parker y su incondicional amor por el baile.
—"Espero puedas seguirme el paso, querido. "—ello lo pone sobre la mesa, un desafío de baile entre ambos y el castaño acepta sonriente. Sus finas manos bajan armoniosas el largo de su sensualmente inocente vestido blanco y encaje, de alguna forma ata su cabello a una cola de caballo y lo aguarda expectante. Es una invitación, una muy sexy e inocente.
—"Sería bueno que llevaras algo bajo este encantador vestido...porque voy a sacudirte como nadie en la vida, querida." —el favorito de Venus se gira hacia la el grupo que toca aquella noche y con un gesto pide repetir la canción. Ellos no se dan cuenta porque son unos competitivos tercos, pero la mayoría de los invitados miran hacia su dirección con curiosidad, incluso algunos que bailaban abandonan la pista intrigados. Los primeros toques resuenan, y el cuerpo de Peter hace 'clic' de inmediato, casi en automático.
Todo en el inglés comienza a moverse al son de los instrumentos de viento y sus piernas cobran vida propia. Su saco se marcha al tercer estribillo en que sus extremidades superiores sienten una limitación. Peter se acerca a la castaña moviéndose como un fiel seguidor del jazz, ella le mira depredadora y sus largas piernas se deslizan peligrosas hasta él. Como si ambos fuesen un reflejo del otro se toman de las manos e inician una coreografía improvisada pero efectiva al paso de los segundos; hay manos fuertes que se apoderan de la cintura femenina y dedos delicados que se aferran a los hombros firmes cuando ella es despojada del suelo y girada por los aires. Las risas les salen rebeldes de repente, mas, el baile se mantiene imperturbable, sólo se dejan guiar por la música y nada más. Ella gira, él gira, hombros enloquecidos y respirar decentemente deja de importarles.
De pronto ya no hay una familia maldita ni una venganza en cosecha, tampoco existen rastros ella, de la perra silenciosa que le sigue a todas partes...sólo es un hombre más bailando Sing Sing Sing en completo éxtasis.
De alguna manera se siente como El Gran Gatsby justo en el momento en que la canción acaba, con la dulce Argent de cabeza sobre su pierna derecha y siendo sujetada por sus brazos en una vuelta complicada, sus piernas femeninas se extienden como alas de mariposa a punto de tomar vuelo. La oye gritar antes de devolverla con sus pies sobre el suelo, sus delgados brazos se aferran intensos a su cintura y Peter la aleja discretamente con un giro suave.
Él regresa a la realidad gracias al estruendo del público presente. Comportate, Parker.
Sin embargo se deja llevar un poco más y se inclina caballeroso en agradecimiento a la multitud que les ha encantado su baile, Christine le sigue sin soltarle la mano. Ella es adorable pero Peter tiene una reputación que mantener por un poco de tiempo más.
—"Fue un grandioso baile, Señorita Argent. Espero que se repita la ocasión." —los tentadores labios besan su mano en agradecimiento antes de alejarse de la joven. Sabe que no hay motivos para rumores entre ellos pero es mejor prevenir que lamentar, por eso decide dejarla ahora a pesar de la agradable conexión que han tenido.
Ella está aturdida debido al encanto nato del castaño, pero se las arregla para detenerle y besarle la mejilla cariñosamente —". Por favor no te desvanezcas de mí, Erik. De verdad me agradaste y respeto tu unión. Contáctame algún día para ser amigos, ¿sí? "—la joven acaricia comprensiva la discreta discrepancia de tonos de piel provocada por una alianza en su dedo anular un segundo, antes de ser ella la que se marcha a paso tranquilo y con delicados movimientos de cadera.
No pasa mucho hasta que el anfitrión intercepta al no-nacido francés. Él es ciego, aún así no usa lentes deprimentes y faltos de encanto para su tipo, en realidad lleva unos lentes que podrían ser de alguna marca costosa y su belleza resalta como modelo de GQ*. Le invita un trago antes de arrastrarlo a la mesa principal del recinto donde sus amigos más selectos degustan de champan animadamente, claro sin dejar de verse como gente rica en medio de un partido de polo.
Anthony no está entre ellos en ese momento para su mala suerte.
—"Os he traído a un caballero francés."— es lo que dice Matt al presentarles.
—"Oh là là, un francés..."—exclama una morena de rasgos fieros, su voz es sexy y a Peter le da la sensación que es más que una cara bonita— ." Jessica Jones, socia de Matt."
—"Peter Parker, un placer mademoiselle. "—el castaño se inclina y le besa educadamente las mejillas que le son expuestas. Ella le regala una amplia sonrisa con un brillo en sus penetrantes ojos mientras le devuelve el gesto. Afortunadamente no le deja marcas rojas de pintalabios.
Esa noche él da su nombre, suyo. Sin rastros de esa familia bastarda y Peter se siente bien, muy bien. Ellos le invitan a pasar parte de la noche en su compañía. Parker sonríe lo más hechizante que puede mientras se sienta al lado de la morocha que al parecer disfruta genuinamente de su compañía.
Por un par de horas se olvida del plan inicial hasta que siente el alcohol acariciarle suavemente la espalda baja.
Océanos de chocolate se deslizan entre el confort y sus perlas se exhiben como obras de arte ante los comentarios del convidante de aquella fiesta. A la lejanía unos silenciosos mundos marrones siguen los movimientos hipnóticos de sus labios y manos, beben cada borrón del castaño. Es un reconocimiento lacónico, del tipo que tiene un infante ante su primer estrella fugaz.
Pero la noche sigue siendo demasiado joven para un encuentro.
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Cuando el reloj marca las once y el único Murdock comienza a agradecer por la presencia de todos y la subasta da inicio, el fantasma de la opera decide que ya es momento de parar con el champan —no es que esté borracho, aunque su boca está dejando salir constantes risitas coquetas y sus manos comienzan a cobrar vida propia, prueba de ello es el hecho de que sus dedos se han aprendido la textura y el largo del cabello de la reina egipcia con la que ha compartido las últimas horas—por lo que entre pasos agraciados abandona la buena compañía que ha encontrado aquella noche. Hay un "Sería bueno reunirnos un día de estos." Y un "Claro, os llamaré" entre Peter y los amigos de Matt, (y el propio Matthew, por supuesto) antes de ser devuelto a la pista de baile gracias a las que podrían ser modelos.
Christine le sonrió a lo lejos, sus extremidades moviéndose al ritmo del swing y sus brillantes perlas blancas cantando a causa del alcohol. Ellos no repitieron pista, pues en cuanto las niñas de Hollywood abandonaron los ágiles pasos del castaño Jessica lo eligió como su compañía designada hasta que sus pies se rindieron. Y vaya que resistieron.
Después de regalar una fuente de ingresos a la beneficencia junto a varios ricos del lugar, de bailar sin descanso y beber risueñamente, Peter dijo basta. Su energética mente inglesa se encontraba abandonada en una bruma placentera la cual hacía mucho tiempo le había abandonado, las rodillas le temblaban levemente y su corazón latía frenético, en el buen sentido, claro.
Salió de la carpa, perdido y con un Martini —cortesía del Ministro de Canadá con el cual previamente había conversado animado— en su mano derecha. La máscara de media cara iba adherida a su pómulo y el traje se le pegaba como una segunda piel. Peter necesitaba aire, concentrar sus ideas y recuperar el sentido común que le había enviado a aquella fiesta en primer lugar.
Mientras exploraba el interior de la antigua mansión, sus grandes ojos de venado pararon justo en la mancha negra que descansaba recargada al sofá rojo. Era más viejo que Parker, pero guardaba una belleza clásica que atrapaba la atención de cualquier otra cosa en la habitación. Nada valía la pena cuando esa pieza reposaba en el iris ajeno. Y no, Peter ya no está hablando del lujoso mueble bañado en oro indiferente a los años.
Verlo fue como contemplar un accidente de coches. Le tomó desprevenido y sus funciones neurológicas se vieron aplastadas por la violencia del impacto, los daños de aquel encuentro estrellaron justo dentro del suave estado de ebriedad del pequeño trozo de cielo con labios de infierno. Un choque instantáneo.
En esta vista no hay antifaz ni gorro que oculten celosamente parte del magnetismo que el hombre desprende sin quererlo. A unos metros de distancia los ojos chocolate pueden afirmar las notas que su mercenario personal reunió magistralmente: es atractivo.
Pero atractivo de una forma hermética e inaccesible para el entendimiento humano. Casi como la calidez necesitada de un afecto maternal, como el deje dichoso de un paisaje finito y exento de nadie más; casi como el placer insaciable que desciende desde la segura superficie del gusto —moral— mismo hasta las profundidades de la inconsciencia donde los secretos más oscuros se aglomeran unos contra otros en una danza de condena.
Para fortuna de Parker la conciencia del genio está atrapada por una neblina de pensamientos privados, así que la toma. Agarra la suerte con sus finas manos e intenta tan fuerte que imagina una liga elástica siendo estirada tan duro que se rompe en dos. Él va capturar el interés de Anthony Stark con la misma destreza de un criminal experimentado.
Cual depredador enfocado, serpentea con el encanto de una cobra hasta su presa de cabellera café, sus labios dejan libres un siseo semejante a un chiflido moribundo mientras se sienta sobre el espacio vacío del sillón. Obtiene el resultado esperado, las cuencas se mueven al nuevo inquilino en la habitación y se detiene en el iris marrón que le traga despiadadamente igual que unos agujeros negros del espacio. Benjamín está allí, haciéndose de la situación con su prefecto control y Peter se ha fundido en los tonos oscuros, claros y rojizos que sus ojos le permiten apreciar a libertad suelta.
—"Señor Stark, decepcionaría indudablemente a los medios con la imagen solitaria que está mostrando ahora mismo, claro que eso sería posible sólo si alguno de ellos viera la forma con la que le estoy observando..."—murmura el francés nacionalizado en un tono lento y suave, su conexión visual bajo los vaivenes hipnotizantes de las largas pestañas castañas.
—"¿De qué forma me observas?"
—"Como a un hombre envuelto en mareas de caos." —el desconocido detiene sus palabras tras un sorbo de su copa y Anthony sigue el rosado intenso de sus labios cerrarse sobe el cristal, ve la rojiza lengua atrapar la frutilla y la manera en que los dientes perfectos la muerden suavemente. El castaño sigue mirándolo y siente sobre su piel cada uno de los mordiscos que la aceituna sufre. Es rara la forma en que el magnate se queda justo sobre aquella boca y sus entrañas desean morder aquella oliva.
Entonces es el ego Stark la única salvación que le rescata de esos encantos sobrenaturales, o al menos intenta arrastrarle de vuelta a la conciencia. El nuevo escaneo a la joven figura es distinto, ahora puede entrever unos delicados rizos en la cabellera castaña y a salpicaduras finas de lunares extendidos estratégicamente por sobre la lechosa piel cercana a los arcos de su boca. Nota que la extensión del cuello es tan blanca que resulta increíble lo mucho que atrae a lastimarla una, dos, tres veces y, la forma discreta pero acaparadora de atención en la que su camisa vino abierta a tres botones captura una esencia masculina de sensualidad inocente.
—"¿Te es común reflejar tus propios tormentos en desconocidos?"-le ataca con sorna. Hay una sonrisa torcida sobre los labios del filántropo que se aferra a las paredes de Peter.
—"Yo no estoy envuelto en enredos y caos. En realidad manejo muy bien las situaciones de estrés, me gustan." —una sonrisa sospechosa nace tras sus palabras, Benjamín está en su juego. Oh, el ama jugar.
Y tiene sentido, después de todo él es un muñeco de aparador.
—"¿A qué quieres jugar con esta interferencia extraña? ¿Cuál es tú objetivo?"—termina preguntando, él tan sólo buscaba un poco de pacífica soledad. No un hermoso semidios con mirada pura y pincelada de travesuras.
¿El fantasma de la opera? Niega con la cabeza, la máscara se mantiene imperturbable ante sus movimientos y desliza un suspiro sexual (vale no sexual, Anthony está achispado por el alcohol y suele ser una máquina para eso). Otra vez esas pestañas espesas le atraviesan arrebatadoras y no puede evitar admirar el chocolate enigmático en sus ojos. Si quiere salir de esto no debería mirarlo de forma en la que lo está haciendo. Pero lo hace. Lo succiona con la mirada y bueno, ¿importa?
—"Sólo quiero hablar con usted, Señor Stark. "—el inglés se mueve como un gato, estirándose contra el respaldo del sillón y dejando marcar el traje contra su cuerpo a propósito—". Soy un poco novato aquí, en la bella América. Y desde años he seguido su trayectoria...una muy larga y con ciertos raspones a su reputación, ¿pero a quién le importa lo que los medios digan de alguien? Estamos en el siglo veintiuno, ¿no? gastemos el tiempo en cosas importantes y olvidemos los cotilleos morbosos del coliseo en el cual la humanidad se desenvuelve."
—"¿Le gustaría liberar un rato su mente? Puedo ser muy persuasivo, ¿sabe?" —le invita con transparencia. Y él tiene un brillo en su mirada, uno que le incita a seguir a aquel hombre por las fronteras de la noche.
El Stark puede leer las intenciones en esa mitad de cara, el más joven parece sincero al decir que solo quiere hablar. Pero todo en él es como un arma cargada de tentaciones.
—"Voy detrás de ti."—Y Anthony se siente al borde del gatillo.
—"Por cierto, mi nombre es Peter. Si le llega a interesar."
Al final Tony lo sigue. Va tras de él y salen de la mansión hasta perderse en los enormes jardines invadidos de oscuridad.
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Ellos se detienen en una sección de los jardines que ha sido adaptada especialmente para degustar de la naturaleza nocturna. No sucede de inmediato pero tras unos intentos de parte de Peter, los genios ya se encuentran hablando de temas superfluos que poco a poco van desembocando en pensamientos cargados de la fuerza post medianoche. Tampoco conversan sobren los evidentes fantasmas que divisan rondando al otro, los mantienen bajo las sabanas y bromean con la condición de Matt Murdock. Porque el mayor es cercano al millonario y tiene buenas anécdotas acerca de accidentes vergonzosos que lo involucran.
Sus pieles se rozan sin quererlo, es resultado de una suave convulsión provocada por la hechizante risa de Anthony cuando Peter está relatando el día en que desarmó a la empresa rival de su compañía. Y es divertido ya que el castaño tiene el don del habla, aunque también es un poco desconcertante para la no tan sana mente del otro la forma en que su voz se vuelve ronca por momentos y sus labios son humedecidos con una constancia seguida. Pero volviendo al momento en que una corriente eléctrica los golpea cuando sus tejidos superficiales entran en contacto; ese roce termina con un estremecimiento invisible en ambas comunas vertebrales y un brillo extraordinario se posa en los ojos del hijo de Apolo.
Stark abandona cobardemente aquellos luceros marrones recorriendo con la vista el lugar, las pequeñas bombillas se enredan por casi todas las hojas de los árboles y los tejados donde algunas bancas y mesas de té se visualizan a la distancia. No sabe cómo se dejó envolver en la nube de persuasión del fantasma para terminar sentado en la hamaca con el cuerpo caliente de Peter a su costado, pero se siente bien y él ha ido a esa fiesta de gente que odia sólo para buscar un momento de satisfacción relámpago.
Se dan cuenta muy tarde que están quedándose entre los invitados últimos de la fiesta. Es Jessica Jones quien envía un mayordomo a buscar al nuevo integrante del selecto grupo de gente que le agrada de verdad, pues ha preguntado al servicio por el medio de transporte del francés para así poder buscar mejor a la persona con la que ha compartido unas horas de encanto. Ella tiene sus métodos.
Y es ese el factor externo que rompe la extraña —pero dichosa— burbuja en la que los hombres de ciencia han estado flotando por un buen rato.
—"Ha sido un placer, Señor Stark." -se levanta primero y Tony siente la pérdida de su calor.
—"Fue una noche agradable, chico."
Porque es un chico a comparación de él y debe entenderlo su ociosa mente.
—"Con mi nombre bastaba." —hay cierta tensión en su tono complaciente que pasan por alto los oídos del filántropo. Sin embargo desaparece unos latidos de corazones después, cuando recibe la sonrisa más deslumbrante y arrolladora que ha visto hasta ahora (posiblemente la que jamás verá en otra parte) antes de apreciar de nuevo el completo de su compañero.
"Ojos color chocolate, pestañas largas, pómulos finos, pecas fantasmales y labios rojizos con lunares guardianes a sus alrededores. Cuerpo pequeño pero fuerte y piel blanca. Mucha piel blanca." Tony realmente siente que su mente está atrapada en un bucle de adjetivos calificativos con la etiqueta de "Peter" encerrando todo. Su mano se mueve desesperada en busca de esa blancura sin fin, su piel arde en necesidad de sentir al joven otra vez.
Pero su extremidad cae fracasada al visualizar como la mancha carmesí que se aleja por los confines del jardín. Entonces él sale de su estupor y es de los tres últimos coches en abandonar Old Westbury Gardens.
La oscuridad atrapa todo, quiere comerse la luz de los faros de su Shelby, sin embargo Tony avanza por la carretera sin dejarse arrastrar por ella. Él es más fuerte, más inteligente y esa noche-madrugada se siente de nuevo como si pudiera liberarse de sus esqueletos en el armario.
Horas más tarde, lo único que el último de los Stark resiente, acostado en soledad sobre su cómoda cama y en la habitación más alta de su torre, es la ausencia del desconocido de mirada inefable y rostro rebosante de belleza griega.
"Peter." Es su pensamiento final antes de darle la vuelta a las luces tenues de la ciudad y sentir el hundimiento de su lecho a causa un peso extra.
"Peter" susurra su inconsciencia. La oscuridad finalmente lo atrapa y le tira sobre su pecho indolente.
..
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N/A:
Hi! Al fin pasó lo más esperado.
Honestamente escribí este capítulo como cuatro veces y lo borré tres, me cansé de no complacerme por buscar el encuentro perfecto y mi mejor narración que al final decidí que la cuarta versión quedó decente.
Por lo que agradecería mucho que me digais que tal ha quedado, ¿es mucho pedir un comentario que salve mi autocrítica constante?
En fin espero actualizar pronto, pero no prometo nada me estoy mudando y voy a empezar la Universidad. Sin más que decir os mando musho lof y gracias por leer, votar y comentar 💜💜
#HailStarker
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