Truyen3h.Co

Darkness |Damián x Jon|

─24─

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─Por lo general, nunca lloro en absoluto yo diría que soy bastante duro─

Damián Wayne, conocido por su dureza y temeridad, se encuentra en una situación aterradora y completamente desconocida para él.

Desde que su madre, Talia al Ghul, le lanzó un hechizo de brujería negra, Damián ha estado luchando con voces y pensamientos oscuros que no puede controlar.

Es como si su madre hubiera plantado una semilla de maldad en su mente, que ahora crece y se enreda alrededor de su voluntad, sofocando su capacidad para distinguir entre sus propios pensamientos y los que el hechizo le impone.

La voz de su madre resuena constantemente en su cabeza, susurrándole que haga daño a aquellos que más ama, especialmente a Jon, su pareja, y a su propio padre.

Pensaba que mejoraba.

Pero desde que llegaron...
Cada día que pasa, Damián se siente más atrapado dentro de su propia mente, luchando desesperadamente para no sucumbir a los oscuros deseos que el hechizo fomenta en su interior. Esta lucha interna lo consume; la ansiedad lo agota, el miedo lo paraliza y el pánico lo hace dudar de su propia cordura.

Estoy bien, estoy bien. Puedo con esto.

Una noche, los pensamientos oscuros se vuelven más intensos que nunca. Damián, incapaz de soportar más esa tortura, se encierra en el baño, intentando escapar de la voz de su madre y de la idea de que podría hacerle daño a Jon.

Se sienta en el suelo frío, sus brazos envuelven sus rodillas, y su respiración se vuelve entrecortada y pesada. Su corazón late a un ritmo descontrolado, y las lágrimas comienzan a brotar de sus ojos, no de tristeza, sino de puro terror.

Mátalo

Mátalo

es el enemigo

Él no te quiere solo te están utilizando

Saben que eres un peligro

Justo cuando siente que está al borde de perderse por completo, la puerta del baño se abre lentamente.

-¿Damián?

Es Jon. No, no, no. Por favor.

Al ver a Damián en ese estado, Jon no dice una palabra. Simplemente se acerca, se arrodilla frente a él y lo envuelve en sus brazos. En ese momento, el calor y la fuerza del abrazo de Jon comienzan a romper las cadenas del pánico que aprisionan a Damián.

Jon no necesita saber todos los detalles para entender que Damián está sufriendo. Su abrazo es una fuente de consuelo, un recordatorio de que no está solo en esta lucha.

A pesar del miedo y la oscuridad que lo rodea, Damián encuentra un pequeño respiro en los brazos de Jon. Aunque la voz de su madre sigue presente, aunque el miedo no se disipa del todo, Damián se aferra a la sensación de seguridad que Jon le proporciona, luchando un poco más contra el hechizo, decidido a no dejar que esa oscuridad lo domine por completo.

Donde mis demonios se vuelve tan dóciles ante su presencia como pequeños cachorros esperando una de sus caricias

-Tenemos que volver-Dice Damián.

-Vale. Voy a hacer las maletas o...

-Estaré bien...

-No tardare-Y con eso sale del baño.

En medio de la oscuridad que parece querer consumirlo, Damián Wayne se aferra a lo único que puede mantenerlo cuerdo: los recuerdos de los momentos felices que ha compartido con Jon Kent. En su mente, busca desesperadamente esos destellos de luz, esos instantes en los que el amor y la felicidad fueron más fuertes que cualquier sombra.

Damián recuerda una tarde soleada en Metrópolis, donde él y Jon disfrutaban de un día libre. Se habían detenido en una heladería, y Jon había insistido en pedir el sabor más extraño de la lista. Mientras Damián observaba con escepticismo, Jon había probado su helado y luego, sonriendo, le ofreció una cucharada.

-Vamos, pruébalo. Te prometo que sabe mejor de lo que parece.

Damián se había inclinado con recelo para probar el sabor, pero al probar el helado, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. El sabor era sorprendentemente agradable, y aunque no lo admitió en voz alta, Jon lo notó.

-No está mal para ser tu elección

Jon rió suavemente, y en ese momento, el mundo había parecido tan simple y perfecto.

Otra memoria lo lleva a una noche en la azotea de la Torre de los Titanes. Estaban solos, mirando las estrellas, cuando Jon sacó su teléfono y sugirió tomar algunas fotos juntos. Damián, al principio reacio, finalmente accedió.

-Vamos, Damián, sonríe un poco. Quiero al menos una foto donde no parezcas estar planeando algo.

-Yo no planeo cosas… siempre.

Jon se acercó, y en una de las fotos, capturaron un momento en el que Damián, sin darse cuenta, se había dejado llevar por la tranquilidad de la noche, sonriendo genuinamente mientras Jon lo miraba con ternura.

Otra vez en Metrópolis, habían decidido pasar una tarde tranquila en un parque. Jon había traído una pelota, y aunque Damián inicialmente había dicho que no quería jugar, Jon lo había convencido con su insistencia y entusiasmo.

-Vamos, Damián, solo una ronda. Te prometo que te dejaré ganar esta vez.

-Como si necesitaras dejarme ganar

Riendo y olvidando por un momento todas sus responsabilidades y el peso de sus vidas. La alegría pura de estar juntos en ese espacio seguro era algo que Damián ahora atesoraba más que nunca.

Una noche, una fuerte tormenta había azotado Gotham, y Jon había volado hasta la Mansión Wayne para asegurarse de que Damián estuviera bien. Terminaron acurrucados bajo una manta en el salón, con la chimenea encendida y una taza de chocolate caliente en las manos.

-Sé que no necesitas que te cuiden, pero…me hace sentir mejor estar aquí contigo.

Damián había sentido una calidez indescriptible al escuchar esas palabras, y mientras la tormenta rugía afuera, dentro, en el calor del fuego y en la cercanía de Jon, se sentía protegido y amado.

Mientras vuelven a casa Damián se aferra a más de esos recuerdos, dándole la fuerza necesaria para resistir, para no dejar que la oscuridad lo consuma por completo.

Sabe que Jon es su ancla, su luz en la tormenta, y se aferra a él con todas sus fuerzas, decidido a luchar contra la maldición que intenta destruir lo que tienen juntos

El viaje de vuelta a casa es horriblemente silencioso para Jon.

Porque o sabe que decir y no quiere molestar a Damián...Porque sabe que tiene la cabeza hecha un lío.

Al llegar a la gran casa de los Wayne es Damián quien se encierra así mismo en la celda y Jon siente tantas ganas de llorar que necesita estar solo.

Porque Damián le duele como si fuesen uno. Porque lo son...Porque cuando lo ve tan perdido solo quiere traerlo de vuelta y verlo sonreír y eso que Damián sonríe poco.

Pero esto no se soluciona con un abrazo o unas pocas palabras...No. Esto es mucho más grande que cualquiera de ellos y él sabe dónde está su lugar.

La mujer vuelve y esta vez está seguro de que quizás Damián le está contando todo lo que está pasando en su cabeza y espera de verdad que consigan un poco más para poder ayudarlo

Mientras tanto el decide esperar el patio, andando por el amplio jardín y viendo esas estatuas de plantas que seguramente acostado mucho hacer.

Cuando se harta de estar solo vuelve al interior de la mansión y se sienta en uno de los sofares encendiendo la tele. Intentando distraer su mente

-Que mierda ¿eh?-Jon guía sus ojos hasta la voz a la derecha de donde se encuentra a Jason apoyado en el marco de la puerta

-Sí-Dice en un suspiro-¿Sabes de lo que están hablando?

-Ni idea-Jon comienza a jugar con sus mangas, cosa que no pasa por alto para los ojos de Jason-Le diré a Alfred que te prepare una tila

-Gracias...-Murmura el más joven.

Su madre hace acto de presencia cuando se ha bebido la mitad de la tila y lo abraza intentando que sus miedos y su ansiedad desaparezcan porque su madre sabe perfectamente lo agobiado que está él con todo esto.

-Todo se va a solucionar-Dice la mujer con un suave tono de voz y entonces el deja salir unas cuantas lágrimas-Y estoy muy orgullosa de ti.

Jon Kent, normalmente tan optimista y seguro de sí mismo, ahora está sumido en una profunda ansiedad y angustia. Ver a Damián, el chico fuerte y decidido que siempre ha estado a su lado, sumido en el tormento causado por el hechizo de su propia madre, es una experiencia aterradora y desgarradora para él.

Cada día que pasa sin una solución, la desesperación en el corazón de Jon crece, como una sombra que lo sigue a todas partes.

Después de descubrir que Damián se había encerrado en la celda subterránea, Jon sintió como si el suelo bajo sus pies se hubiera desmoronado. La idea de que Damián se viera obligado a aislarse para proteger a los demás, para protegerlo a él, era algo que no podía soportar. Sabía que Damián lo estaba haciendo porque sentía que era la única opción, pero eso no hacía que la situación fuera menos dolorosa. De hecho, la impotencia que sentía era lo que lo atormentaba más que nada.

Jon intenta ser fuerte, intenta no mostrar cuánto le afecta ver a Damián en ese estado, pero por dentro, la ansiedad lo consume. Cada vez que piensa en lo que Damián está enfrentando solo en esa celda, el miedo se enrosca en su estómago como una serpiente. Se siente inútil, incapaz de hacer algo para aliviar el sufrimiento de la persona que más ama.

Esa noche, mientras espera que pase el tiempo antes de ir a ver a Damián, Jon no puede evitar imaginar todos los escenarios posibles, todos los horrores que podrían ocurrir si el hechizo de Talia toma control completo sobre Damián. Las imágenes mentales de Damián sucumbiendo a la oscuridad, de su mirada fría y perdida, lo persiguen sin descanso. Cada minuto que pasa sin saber cómo ayudarlo, la ansiedad de Jon aumenta, palpitando en su pecho como un tambor imparable.

La desesperación lo lleva a buscar ayuda, a intentar contactar a la hechicera que una vez había ayudado a los Titanes, pero la incertidumbre sobre cuándo o si llegará lo carcome. Se siente como si estuviera corriendo contra el tiempo, luchando contra un enemigo invisible que se cierne sobre Damián, y no tiene ninguna herramienta para combatirlo. Cada llamada que realiza, cada mensaje que envía, se siente insuficiente, y la sensación de estar fallando a Damián lo golpea con fuerza.

Jon se pasea nerviosamente por la Mansión Wayne, incapaz de quedarse quieto, su mente atormentada por la idea de que Damián está sufriendo mientras él no puede hacer nada para ayudarlo. Finalmente, cuando no puede soportarlo más, decide que no puede quedarse sin hacer nada. Aunque Damián se había encerrado para mantenerlo a salvo, sabe que su lugar está a su lado, sin importar los riesgos.

Cuando finalmente se dirige hacia la celda siente su corazón latir con fuerza, la ansiedad intensificándose con cada paso que da. Pero al mismo tiempo, sabe que necesita estar allí, que necesita mostrarle a Damián que no está solo en esto. A pesar de la angustia que lo inunda, la idea de dejar a Damián enfrentar esto sin él es aún más insoportable.

Al entrar en la celda, Jon ve a Damián en el suelo, vulnerable y perdido en sus propios demonios. La visión de su pareja así hace que el pecho de Jon se contraiga con una mezcla de tristeza y amor profundo. Se arrodilla junto a él, y aunque su mente sigue gritando en ansiedad, se esfuerza por ser fuerte, por mostrarle a Damián que no importa cuán oscura sea la situación, él estará allí, a su lado.

Mientras se tumba junto a Damián quien ha abierto sus brazos para que Jon se acurruque contra su pecho  y lo abraza, la ansiedad de Jon sigue presente, un peso constante que le recuerda cuán frágil es todo en este momento. Pero en ese abrazo, en ese simple acto de estar juntos, encuentra un poco de alivio. Sabe que no puede arreglar las cosas solo, que no tiene el poder para eliminar el hechizo, pero también sabe que su presencia, su amor, puede ser un ancla para Damián, tal como lo es Damián para él.

-Mi madre está...-Busca las mejores palabras, pero no las hay-Creando el arma que quería.

-No eres un arma.

-Por ahora

-No lo serás

-Eso no...

-No lo serás-Sentencia el otro con seguridad en su voz- ¿Sabemos cómo ayudarte?

-Encontrando al que me a...

-¿Maldecido?-Termina Jon

-Sí

-¿La estás escuchando ahora?

-Sí...Más suave gracias al potingue ese que me da la señora.

-Damián.

-¿Mmm?-Murmura el azabache

-No me voy a ir.

Silencio

-Nunca. Ni te tengo miedo

Silencio

-Te quiero.

Entonces Damián también se rompe un poco más y lo estruja entre sus brazos. Odia profundamente a su madre. Odia haber creído que ella lo quería.

Esa noche, mientras permanecen juntos en la celda, Jon sigue sintiendo la angustia, el miedo a perder a Damián en la oscuridad. Pero también se da cuenta de que, a pesar de todo, están juntos en esta lucha. Y aunque la ansiedad no desaparece, encuentra consuelo en el hecho de que, pase lo que pase, no dejará que Damián enfrente esta batalla solo.

–La persona perfecta es aquella que con tan solo una sonrisa puede transformar el peor de tus infiernos en el menor de los cielos.–

Jon se ha tenido que ir esa mañana para ayudar en la ciudad junto con su padre. Un atentado según lo que le ha contado Alfred, que ha bajado a hacerle compañía.

Pero después el mismo le ha gritado que se vaya, que lo deje en paz, que no quiere a nadie mirandolo.

Te estás volviendo

Débil

Ellos te hacen débil

Para luego matarte

Para humillarte

para que no seas del mundo

Sigue atrapado en un ciclo de pensamientos con la voz de su madre que no puede controlar. Talia al Ghul, aún susurra en su mente, alimentando la maldad que el hechizo ha implantado dentro de él. Mátalos mátalos, mátalos, antes de que ellos te maten a ti,  destruyelos, humillalos no son buenos, tú nunca serás bueno, demuestra la sangre que corre por tus venas. Es un peso que ya no puede soportar. Pero el resiste

Se deja caer de la cama al suelo, sus piernas incapaces de sostener más el peso de la culpa y el miedo. El ha matado personas, muchas personas y las ha torturado. Envuelve sus brazos alrededor de su torso, intentando contener el temblor que recorre su cuerpo. Se siente como un niño de siete años y no como el adulto que es.

En la oscuridad de la celda, Damián piensa y piensa. Recuerda. Piensa y recuerda.

Pasan los segundos, minutos que pronto se convierten en horas. Cada segundo que pasa es una eternidad para Damián, que lucha contra la creciente desesperación. Se aferra a los recuerdos que había repasado antes, esos momentos de felicidad con Jon, con su padre, Dick, con Jason e incluso con Tim como si fueran un salvavidas en medio de una tormenta. Pero la oscuridad sigue siendo abrumadora, y la voz en su cabeza no deja de susurrar veneno.

Finalmente, después de lo que parece una eternidad, Damián escucha el sonido de pasos en la distancia. La puerta de la celda se abre ligeramente, y la luz tenue del pasillo se cuela en la oscuridad. Es Jon. Sin decir una palabra, Jon entra en la celda y cierra la puerta tras de sí, sellando ambos en ese pequeño espacio.

Damián, sorprendido por la repentina aparición de Jon, intenta ponerse de pie, pero su cuerpo apenas responde. ¿Cuánto tiempo ha pasado tirado en el suelo? Jon, sin perder tiempo, se arrodilla a su lado y lo mira con preocupación en sus ojos.

Mátalo mátalo mátalo

Damián intenta protestar, susurrando apenas

-Vete..

-Sabes que no lo haré. Sabes que me voy a quedar.

-No puedo…Jon, no puedo arriesgarme a hacerte daño.

Pero Jon no escucha esas palabras. En lugar de eso, se tumba junto a él en el frío suelo, como la vez anterior ignorando la dureza del lugar. Con suavidad, envuelve a Damián en un abrazo firme, como si su cercanía pudiera disolver toda la oscuridad que lo rodea.

-Lo superaremos juntos, como siempre. No voy a dejarte, no importa qué tan difícil se ponga.

Damián siente el calor del cuerpo de Jon, su respiración constante, y la seguridad que emana de él. Se permite relajarse ligeramente, aunque el miedo aún persista en su mente. Jon comienza a acariciar suavemente su espalda, un gesto que siempre ha sido reconfortante para Damián, un recordatorio de que, pase lo que pase, Jon está allí para él.

-Jon… No deberías estar aquí. Si pierdo el control...

-No vas a perder el control, Damián. Y si lo haces, estaré aquí para ayudarte a volver. No tienes que cargar con esto solo.

En ese momento, Damián siente las lágrimas brotar, una mezcla de alivio y frustración. A pesar del hechizo, a pesar de la oscuridad que lo envuelve, Jon sigue creyendo en él, sigue amándolo, sigue apoyándolo. Es un consuelo tan poderoso que, por un momento, la voz en su cabeza se desvanece, silenciada por la fuerza del amor que comparte con Jon.

Los dos permanecen abrazados en la celda, compartiendo el calor del otro mientras el tiempo se diluye. Aunque la situación sigue siendo incierta, aunque el miedo aún late en el corazón de Damián.

Con Jon a su lado, se siente más fuerte, más capaz de resistir la oscuridad que intenta consumirlo. Juntos, en la fría celda, encuentran un refugio en su amor, una luz que no puede ser apagada.

-Hoy volvió a ser el protagonista de mi sueño... Tiene que ser el-

-¡Jasón!-Grita Tim cuando otra de sus sudaderas es lanzada por el suelo de la habitación-¡Deja de tirar mi ropa!-Dice recogiendola.

-Descarto lo que no puedes ponerte

-¿¡Y tienes qué tirarlas fuera!? ¡Simplemente ignoralas!

Van a ir al pueblo del que hablo chico bestia y Jasón lo está ayudando a ponerse algo decente...Bueno, se lo está revolviendo todo y el le está regañando.

Después de que Jason revuelva más todo su armario acaban escogiendo unos vaqueros azules claros y ajustados que dejan al descubierto sus tobillos, un suéter de color amarillo clarito y por si le da frío una chaqueta bomber color azul oscuro, por último unas zapatillas Jordan altas y negras.

Jasón admira su obra unos dos minutos exactamente y después salen de la casa, despidiendose de Alfred quién está tomando una tácita de té y les dice que se lo pasen bien.

Cuando llegan al punto de encuentro el primero en saludar es chico bestia y después los demás, los demás. Menos Conner. Pero Tim sabe que lo a mirado.

Vale, allá tú chico malo.
Piensa Tim.

Jasón está seguro que si no estuvieran en público el super se arrodillaria y se disculparia por ser un idiota. Pero quizás está subestimando el orgullo del otro.

Los grupos se habían hecho así:

Cyborg de conductor en el coche que guía, con Raven de copiloto, Kori en la ventana de la izquierda, Dick en el centro y Wally en la ventana de la derecha.

En el segundo coche Aqualad de conductor con Conner de copiloto, Tim en la ventana de la derecha, chico bestia enmedio y Jason en la ventana izquierda.

Jason se había dormido.

Chico bestia no se callaba

Conner no hablaba para nada

Cyborg soltaba algún que otro comentario

Y el medianamente trataba de seguirle más conversaciones a Logan.

Cuando Tim se quiso dar cuenta ya observaba por la ventanilla del coche, el paisaje ante sus ojos lo dejó sin aliento. Se encontraban atravesando un pequeño y encantador pueblo en medio de las montañas, un lugar donde el tiempo parecía haberse detenido. Las casas de tejados rojos, hechas de piedra y madera, se agrupaban como un racimo en el valle, rodeadas de un verde vibrante que se extendía por los campos y las laderas.

El pueblo estaba abrazado por colinas suaves, salpicadas de árboles que comenzaban a florecer con delicadas flores blancas, señal de que la primavera estaba en pleno apogeo. Más allá de las colinas, los picos montañosos se erguían majestuosos, con sus cumbres aún cubiertas por la nieve invernal que resplandecía bajo el sol. El contraste entre la nieve blanca y el cielo azul claro era tan nítido que casi parecía irreal.

A medida que el coche avanzaba lentamente por el camino de tierra, Tim se dio cuenta de lo pintoresco y sereno que era todo. Las sombras largas de la media mañana se proyectaban sobre las casas y el camino, y el aire fresco que entraba por la ventanilla entreabierta traía consigo el aroma de los árboles y la tierra húmeda.

El silencio solo era interrumpido por el crujido ocasional de las ruedas sobre las piedras sueltas (chico bestia se había dormido junto con Jason) y el canto de algún pájaro escondido en los árboles. Tim se sentía como si estuviera en un lugar sacado de un cuento, un refugio en el que las preocupaciones del mundo exterior no podían alcanzarlo. En ese momento, todo parecía estar en perfecta armonía, y una paz interior lo invadió, algo que hacía mucho tiempo no sentía con tanta claridad.

Cuando se bajan de los coches el aire fresco del campo invade sus fosas nasales y ellos mientras estiran sus músculos entumecidos por el largo viaje. La brisa suave acariciaba sus rostros, y el sol brillaba con intensidad, arrojando una luz dorada sobre el pequeño pueblo que parecía sacado de una postal.

-Este lugar es increíble -dijo Kori, mirando a su alrededor con los ojos llenos de asombro-¡Nunca había visto algo tan bonito en la Tierra!

-Definitivamente es un buen cambio de escenario -agregó Dick, sonriendo mientras observaba las montañas al fondo-. Necesitábamos un descanso como este.

Tim, que aún sentía la paz que lo había invadido durante el viaje, asintió en silencio. Jason, a su lado, lo miró de reojo, notando la expresión tranquila en su rostro.

-Tú pareces estar disfrutando esto más que nadie -comentó Jason con una leve sonrisa-. Ya era hora de que te relajaras un poco.

-No puedo evitarlo -respondió Tim-. Este lugar es… diferente.

Mientras hablaban, Kaldur, también conocido como Aqualad, se acercó para organizar al grupo.

-Antes de que nos dispersemos, sugiero que echemos un vistazo al pueblo -dijo con su voz tranquila pero firme-. Podríamos conseguir algunos suministros y explorar un poco antes de salir a caminar por el campo.

-¡Me parece perfecto! -exclamó Wally, siempre entusiasta-. Además, tengo hambre. Espero que haya alguna tienda de comestibles por aquí.

-No te preocupes-respondió Raven con su tono habitual de sarcasmo-. Estoy segura de que encontrarás algo para satisfacer tu insaciable apetito.

Cyborg, que ya había comenzado a escanear el área con su tecnología integrada, señaló una pequeña tienda en la esquina de la plaza.

-Ahí parece que venden de todo un poco -informó-. Y si mi olfato no me falla, también hay una panadería cerca.

Chico Bestia, que hasta ese momento había estado absorbiendo el ambiente con una sonrisa, se animó aún más al escuchar la palabra "panadería".

-¿Panadería? ¡Espero que tengan pasteles veganos!

-Conociéndote, ya te habrás transformado en un perro para olfatear todo el lugar -bromeó Dick, dándole una palmada en la espalda a Chico Bestia.

Kori, caminando alegremente al frente, comenzó a tirar de la mano de Dick.

-¡Vamos! ¡Quiero ver lo que venden aquí! ¡Tal vez encuentre algo bonito para recordar este viaje!

Wally sintió una pequeña punzada en el estómago.

El grupo se dividió para explorar las pequeñas tiendas del pueblo. Kori y Dick entraron en una tienda de artesanías, admirando las figuras talladas a mano y los textiles coloridos.

-Mira, Dick -dijo Kori, sosteniendo una bufanda tejida-. ¡Es tan suave! ¿Crees que se vería bien en mí?

-Te ves bien con todo, Kori -respondió Dick, y ambos rieron suavemente.

Cualquiera que los escuchase se podría decir que son pareja pero Dick simplemente era un caballero. Kori incontables veces lo ayudo con sus sentimientos hacia Wally.

Mientras tanto, en la tienda de comestibles, Wally llenaba una canasta con todo lo que podía encontrar, desde frutas frescas hasta barras de granola.

-Wally, ¿realmente necesitas todo eso? -preguntó Raven, levantando una ceja mientras lo veía cargar con más y más cosas.

-¡Es para el camino! -se defendió Wally-. Y además, no quiero quedarme con hambre cuando estemos en el campo.

-Eres una máquina de comer -comentó Jason mientras pasaba con Tim, buscando algo más sustancial que pudiera aguantar la caminata.

-Lo dice el tipo que una vez comió una caja entera de donuts en menos de diez minutos -replicó Wally, sonriendo.

Cyborg y Aqualad se unieron a Kori y Dick en la tienda de artesanías. Cyborg examinaba los artículos tecnológicos mientras Aqualad apreciaba la habilidad y dedicación con la que habían sido hechas las tallas de madera.

-Es fascinante cómo cada cultura tiene sus propias formas de expresión artística-comentó Aqualad, tocando suavemente una figura tallada de un oso.

-Sí, y mira esto-dijo Cyborg, levantando una pequeña caja de música hecha a mano-. Esto podría tener algún uso interesante. Tal vez pueda mejorar su mecanismo.

Una vez que todos estuvieron listos, el grupo se reunió nuevamente en la plaza.

-Bien, ¿listos para explorar un poco el campo?-preguntó Tim, que había estado deseando salir a caminar entre la naturaleza.

-¡Por supuesto! -exclamó Chico Bestia-. ¡Y de paso, juguemos algo en el camino!

Jason bufó y Tim le dio un codazo.

-¿Qué te parece un juego de "Veo, veo"? -sugirió Wally mientras empezaban a caminar por el sendero que se adentraba en los campos verdes.

-Claro, tú empiezas -dijo Dick, con una sonrisa divertida.

-Veo, veo algo… verde -dijo Wally, con una expresión traviesa.

-Eso es demasiado fácil -respondió Tim-. Todo aquí es verde.

-¡Oh, vamos! -se quejó Wally- Alguien intente adivinar.

-¿Es… ese árbol a lo lejos? -preguntó Raven, señalando una figura solitaria en la colina.

-¡Correcto!-exclamó Wally- Ahora es tu turno, Raven.

-Veo, veo algo… azul -dijo Raven, cruzando los brazos con una sonrisa.

El grupo continuó su juego mientras avanzaban por el campo, rodeados de un paisaje que solo parecía volverse más hermoso con cada paso. Después de un rato, llegaron a un río cristalino que corría entre las rocas, invitándolos a refrescarse.

-Este lugar es perfecto para un chapuzón -dijo aqualand, quitándose la camiseta y preparándose para entrar al agua.

-¿No nos va a dar frío?-Pregunto Tim

-¡Yo voy primero! -gritó Kori, volando rápidamente sobre el río y lanzándose al agua con un gran chapoteo.

El resto de los Titanes no se quedó atrás. Tim y Jason se miraron, compartiendo una sonrisa antes de correr hacia el agua. Chico Bestia, transformado en un delfín, nadaba juguetonamente alrededor de ellos, mientras Aqualad disfrutaba del río con una gracia natural.

-Esto es justo lo que necesitábamos -dijo Dick, flotando de espaldas en el agua, mirando el cielo azul.

-Sí, definitivamente -asintió Tim, sintiendo cómo la corriente del río le quitaba cualquier resto de tensión-. No hay nada como un respiro en medio de la naturaleza.

Raven, que había decidido unirse a los demás en el río, sonrió levemente mientras cerraba los ojos y se dejaba llevar por la calma del lugar.

-Es un buen día -murmuró para sí misma, dejando que la paz del momento la envolviera.

Pero faltaban Damián y Jon.

Y así, mientras la tarde avanzaba lentamente, los Titanes se dejaron llevar por la serenidad del lugar, disfrutando de un momento de tranquilidad en medio de sus ocupadas vidas de héroes. Un día perfecto para recargar energías, rodeados de amigos y un paisaje que ninguno de ellos olvidaría.

Mientras el resto del equipo se divertía en el agua, Dick y Kori se apartaron un poco, buscando un rincón más tranquilo junto a la orilla. Kori, con su cabello empapado brillando bajo la luz del sol, se sentó en una roca cercana, sus piernas aún sumergidas en el agua. Dick, siempre atento, se colocó a su lado, jugueteando con las pequeñas ondas que formaba el agua cuando movía sus manos.

-Parece que todos lo estamos pasando bien-comentó Kori, mirando al grupo que seguía jugando en el agua. Jason y Tim estaban desafiando a Chico Bestia en una carrera de nado mientras Wally, Cyborg discutían sobre quién podía hacer el mejor salto y Conner, Raven y Aqualad tomaba tranquilamente el sol.

Dick asintió, pero su mente parecía estar en otro lado. Kori lo notó y, con la suavidad que la caracterizaba, decidió preguntar.

-Dick… ¿estás bien? -dijo, sus ojos verdes llenos de preocupación-Has estado un poco raro desde hace un rato.

Dick dudó un momento antes de responder, pero sabía que con Kori podía ser honesto.

-Sí, estoy bien… -empezó, pero luego suspiró, sabiendo que no tenía sentido ocultarle nada-. Bueno, en realidad… hay algo que me ha estado molestando.

Kori lo miró con interés, instándolo a continuar.

-Es sobre Wally-admitió Dick, sintiendo cómo las palabras comenzaban a fluir ahora que había empezado- No sé, Kori. Es algo que no había querido admitir, pero… me siento celoso.

Kori ladeó la cabeza, curiosa.

-¿Celoso? ¿De Wally? Pero ustedes...¿No habéis arreglado ya las cosas y habéis quedado como amigos?.

-Sí...y lo somos -dijo Dick rápidamente- Es solo que… cuando Aqualad se pone tan amistoso con él, siento algo raro. No puedo evitar pensar que Wally se lleva mejor con él que conmigo. Es como si, de repente, ya no fuera tan especial para él.

Kori asimiló sus palabras, su rostro reflejando comprensión. Sabía lo mucho que Wally significaba para Dick, lo profunda que era su....Lo que sea que tuvieran

-Dick, entiendo lo que sientes-dijo suavemente- Es normal sentir celos cuando alguien que amas se acerca a otra persona. Pero eso no significa que Wally te quiera menos. Tú eres especial para él, eso nunca cambiará.

Dick bajó la mirada al agua, observando cómo las ondas se dispersaban con cada movimiento de su mano.

-Es solo que…-comenzó, luchando por encontrar las palabras correctas-Aqualad es… no sé, perfecto. Es fuerte, inteligente, calmado, y siempre parece tener todo bajo control. Wally y él se llevan bien porque tienen cosas en común que yo no comparto. A veces siento que… que Wally podría no necesitarme tanto como yo lo necesito a él.

Kori extendió una mano y la colocó sobre el hombro del otro, su toque fue cálido y reconfortante.

-Dick, cada persona en la vida de Wally tiene un lugar especial. Aqualad es su amigo, pero tú eres su mejor amigo y habéis compartido algo especial. Has pasado por tanto con él, has compartido cosas que nadie más podría entender. Esos lazos no se rompen solo porque alguien más entra en su vida.

Dick levantó la vista, encontrándose con los ojos sinceros de Kori. Sus palabras lo hicieron sentir un poco mejor, pero aún había algo que necesitaba expresar.

-Tienes razón, Kori. Lo sé. Pero no puedo evitar sentir que....Que he sido un completo cabronazo con él y ver a Aqualad tan cercano a él solo me hace darme cuenta de eso.

Kori sonrió dulcemente, inclinándose un poco más cerca de él.

-Dick, las amistades no son perfectas. Todos tenemos momentos en los que nos alejamos un poco, pero eso no significa que los sentimientos cambien. Lo importante es que te das cuenta de lo que sientes y estás dispuesto a trabajar en ello. Tal vez deberías hablar con Wally sobre esto. Estoy segura de que te entenderá.

Dick asintió, sintiendo cómo el peso en su pecho comenzaba a aligerarse. Miró a Kori y le sonrió, agradecido por su apoyo y comprensión.

-Gracias, Kori. No sé qué haría sin ti.

-Siempre estaré aquí para ti, Dick. Y recuerda, no tienes que ser perfecto para ser importante en la vida de alguien. Wally te quiere tal y como eres.

Dick respiró hondo, sintiéndose un poco más en paz con sus emociones. Sabía que Kori tenía razón, y aunque la inseguridad aún estaba allí, sentía que podría manejarla mejor ahora.

-Hablaré con él cuando tengamos un momento a solas -decidió finalmente, mirándola con determinación-Quiero que sepa lo que siento, y también quiero escuchar lo que él tiene que decir.

Kori asintió, satisfecha con su decisión.

-Eso es lo mejor, Dick. La comunicación es clave, especialmente con aquellos que significan tanto para nosotros.

Ambos se quedaron en silencio un momento, disfrutando del sonido del río y de la compañía mutua. Al fondo, el resto del equipo seguía divirtiéndose, ajenos a la conversación que acababa de ocurrir.

-¿Quieres volver con los demás?-preguntó Kori finalmente, con una chispa de travesura en sus ojos- Todavía podemos unirnos al juego antes de que el sol se ponga.

Dick sonrió, dejando atrás la tensión que lo había estado atormentando.

-Vamos-dijo, poniéndose de pie y tendiéndole la mano a Kori como un caballero-No puedo dejar que Wally tenga toda la diversión sin mí.

Y con eso, se unieron nuevamente al grupo, listos para disfrutar el resto del día en compañía de sus amigos, sabiendo que, pase lo que pase, siempre podrían contar los unos con los otros.


La casa que habían alquilado era una encantadora cabaña de montaña, hecha de piedra y madera, que se encontraba justo a las afueras del pueblo. Tenía un amplio porche desde donde se podía ver el paisaje ondulante del valle y las montañas que se alzaban en el horizonte. Dentro, el ambiente era cálido y acogedor, con una gran chimenea de piedra en la sala principal y varias habitaciones distribuidas en dos pisos

-Esta casa es perfecta comentó Kori mientras entraban, sus ojos brillando con entusiasmo-¡Miren todas esas ventanas grandes! Vamos a tener una vista increíble por la mañana.

-Y aquí hay espacio de sobra para todos-añadió Tim, mirando a su alrededor- Estoy seguro de que incluso Jason podrá encontrar un rincón cómodo

Jason, que había oído el comentario, simplemente sonrió y le lanzó una mirada que decía "ya veremos" y se sacó uno de los cigarrillos de la chaqueta.

-No fumes aquí dentro-
Regaño Tim a Jason rodó los ojos y se salió a la terraza que había.

-Bueno, lo primero es lo primero-intervino Cyborg, quitándose la mochila-¿Qué vamos a cenar? Yo voto por pizza.

-Pizza suena bien respondió Wally, ya revisando el menú de una pizzería local en su teléfono-Voy a hacer el pedido ¿Cuántas necesitamos?

-Conociéndote, al menos tres para empezar-bromeó Conner, tomando asiento en uno de los cómodos sillones junto a la chimenea.

Mientras se habían estado bañando en el río no habían sentido el frío ambiente, pero una vez había empezado a llegar la noche y el viento a soplar con más fuerza sí.

-Haré el pedido y luego podemos decidir quién duerme dónde-dijo Wally, concentrado en su tarea.

Mientras Wally pedía la comida, el grupo comenzó a explorar la cabaña, eligiendo sus habitaciones. Había un total de cinco habitaciones: dos en la planta baja y tres en la planta superior, cada una decorada un estilo rústico pero acogedor.

Las camas de madera eran grandes y estaban cubiertas con colchas gruesas, perfectas para el frío de la montaña.

-¡Esta tiene una vista espectacular! -exclamó Kori desde una de las habitaciones de arriba, llamando a Raven para que viera la ventana que daba al valle.

-Me quedo con esta -dijo Raven, asintiendo-. Podemos compartirla, si quieres.

Kori asintió con una sonrisa, y comenzaron a desempacar sus cosas. Mientras tanto, los demás hicieron lo mismo, eligiendo sus habitaciones.

-Yo me quedaré abajo -dijo Logan, señalando una habitación cerca de la cocina y el baño-Así estaré cerca del servicio.

-Me uno a ti-Dijo Conner.

-Yo tomaré la de al lado -añadió Dick, que prefería la tranquilidad de la planta baja.

Tim y Jason optaron por las otras dos habitaciones en la planta superior, aunque Jason insistió en que solo necesitaba una cama cómoda y silencio. Aqualad, por su parte, eligió una habitación junto a la de Raven y Kori, en parte porque le gustaba la idea de estar cerca de sus amigos, y en parte porque la vista desde esa ventana también le había cautivado.

Poco después, el timbre de la puerta son y Wally, con su velocidad característica, abrió corriendo a recibir al repartidor. En minutos, la mesa de la sala estaba llena de cajas de pizza y Coca-Cola, y todos se reunieron para cenar.

-Este es el momento que estaba esperando-dijo Wally, tomando una rebanada-Nada como una pizza después de un día agotador.

-Y mañana podremos explorar más el área-añadió Kori agarrando su bebida-Escuché que hay un sendero que lleva a una cascada no muy lejos de aquí.

-Me parece una buena idea-Añade Conner con la boca llena.

Las conversaciones fluyeron mientras comían, y las risas llenaron la cabaña. Era uno de esos momentos en los que todos se sentían como en familia, lejos de las responsabilidades y peligros de su vida como héroes.

Después de la cena, comenzaron a prepararse para dormir. Las luces en la cabaña se atenuaron, y uno a uno, los Titanes se retiraron a sus habitaciones, agotados pero felices.

Más tarde esa noche:

El reloj marcaba las dos de la mañana cuando Wally, sintiendo la urgencia de levantarse, se deslizó fuera de su cama y salió al pasillo en silencio. La casa estaba en calma, el único sonido era el del campo y sus pasos. Se deslizó fuera de su cama y salió al pasillo en silencio.
Caminó hacia el baño en la planta baja, intentando no hacer ruido.

Al salir del baño, se sorprendió al ver una figura conocida en el pasillo, bañada por la luz tenue de la luna que entraba por una de las grandes ventanas. Era Dick, que aparentemente también ha salido de su habitación.

Voy

no voy

voy

no voy

¡Voy!

-Dick-dijo Wally en un susurro, acercándose-. ¿Qué haces despierto a esta hora?

Dick se giró hacia él, su rostro iluminado por la luz plateada. Parecía que había estado pensando en algo profundo, pues sus ojos reflejaban una mezcla de emociones.

-No podía dormir respondió Dick con una voz baja-Hay cosas en mi mente... y no podía dejarlas ir.

Wally lo miró, notando la seriedad en su expresión. Aunque no lo dijo, podía intuir que Dick tenía algo más que palabras de preocupación en su mente.

-¿Te pasa algo? -preguntó Wally, acercándose un poco más-. Puedes decírmelo, ya sabes.

Dick asintió, mordiéndose ligeramente el labio inferior antes de hablar.

-Wally, he sido un idiota.

-Ah...-La sinceridad en su voz sorprendió a Wally, que se quedó quieto, esperando que Dick continuara

No me esperaba esto.

-He sido un idiota por no valorar lo que tenemos... lo que tú y yo tenemos-dijo Dick, bajando la mirada al suelo, como si estuviera avergonzado-Nuestra... relación ha sido complicada. Solo sexo, sin compromisos... pero nunca pensé en lo que eso realmente significa. Lo tomé como algo seguro, algo que siempre estaría ahí, pero nunca me detuve a considerar cómo te hacía sentir a ti.

Wally sintió un nudo en la garganta al escuchar esas palabras. Había pasado tanto tiempo tratando de ignorar esos mismos pensamientos, de convencerse de que estaba bien con lo que tenían, pero la verdad era que no lo estaba.

-Dick, yo...-Wally comenzó, pero las palabras se le atascaron en la garganta.

Dick levantó la vista, sus ojos encontrando los de Wally bajo la luz de la luna. El silencio entre ellos era denso, lleno de cosas no dichas, de sentimientos que habían reprimido por mucho tiempo.

-Lo siento, Wally -dijo Dick finalmente-He sido egoísta. No he valorado lo que tú significas para mí, lo que podríamos haber sido. Y ahora, cada vez que piensa en que puedes estar con alguien que no soy yo...Dios, es...siento que te estoy perdiendo, y no puedo soportarlo.

El corazón de Wally latía con fuerza en su pecho. Se acercó un poco más a Dick, hasta que ambos estuvieron lo suficientemente cerca como para sentir la respiración del otro.

-Eres un capullo....-susurró Wally.

-Lo sé...

Dick lo miró fijamente, y en ese momento, bajo la luz de la luna, todo lo que había estado sintiendo finalmente hizo clic en su mente. No quería seguir ignorando lo que había entre ellos, no quería seguir actuando como si no importara.

-Wally...-murmuró Dick, acercándose aún más, hasta que sus rostros casi se tocaban-No quiero perderte

Y con esas palabras, el espacio entre ellos desapareció. Dick se inclinó hacia adelante, capturando los labios de Wally en un beso suave, lleno de todo lo que había estado reprimiendo. No era un beso apasionado, sino uno lleno de ternura y arrepentimiento, como si Dick intentara transmitir todo lo que no había dicho antes.

Wally cerró los ojos, dejándose llevar por el momento. Sentía la calidez de los labios de Dick, el roce suave de su piel, y algo dentro de él se relajó, como si una tensión que había llevado durante tanto tiempo finalmente se desvaneciera.

El beso fue breve, pero cuando se separaron, ambos supieron que algo había cambiado. El silencio que siguió no era incómodo, sino lleno de comprensión mutua
Dick le ofreció una pequeña sonrisa, su mano aún descansando en la mejilla sonrosada de Wally.

-¿Podemos intentarlo? preguntó Dick en un susurro-. Quiero decir, realmente intentarlo. Sin juegos, sin miedos.

Wally lo miró, su corazón latiendo con fuerza. Sabía que esa era una decisión importante, que podía cambiarlo todo entre ellos. Pero en ese momento, bajo la luz de la luna, con Dick mirándolo con tanta sinceridad, no podía negarse

-Sí, Dick -respondió Wally, su voz firme-. Vamos a intentarlo.

Ambos se quedaron allí, en el pasillo iluminado por la luna, sintiendo que, finalmente, habían dado el primer paso hacia algo más real, más verdadero. El viento afuera susurraba entre los árboles, como si el mismo entorno aprobara la decisión que habían tomado

Jon es el primero en moverse, sus músculos doloridos por la posición incómoda en la que habían dormido. Mira a Damián, que aún está medio dormido, su rostro relajado pero con sombras bajo sus ojos, una evidencia del tormento que había estado soportando.

-Damián…- su voz es suave, llena de una ternura que contrasta con la dureza del entorno-Creo que necesitamos una ducha

Damián asiente lentamente, sus ojos aún desenfocados, pero la familiaridad de la sugerencia de Jon le arranca una pequeña sonrisa. Es una propuesta tan simple y mundana, pero viniendo de Jon, parece tener el poder de traer un poco de normalidad a su caos.

-¿estás insinuando que apesto?

-Apestamos.

Con un esfuerzo conjunto, ambos se ponen de pie. Jon, a pesar de su propia fatiga, se asegura de que Damián esté estable antes de caminar juntos hacia el baño en la Mansión Wayne. El trayecto es silencioso, pero no incómodo; es como si el silencio fuera un puente entre ellos, un momento compartido donde las palabras no son necesarias.

Agarran una muda de cambio y al salir de la habitación se cruzan con
Alfred quién sale de su habitación recién levantado y les da los buenos días, informando de que les preparará el desayuno y Jon le da las gracias antes de que ellos dos se pierdan detrás de la puerta del baño.

Jon cierra la puerta tras ellos, creando un espacio íntimo y seguro donde las preocupaciones del mundo exterior parecen desvanecerse un poco. Sin decir nada, Jon comienza a quitarse la ropa, sus movimientos lentos y deliberados, como si no quisiera apresurar el momento. Damián lo observa, sus ojos siguiendo cada gesto de Jon, notando la familiaridad de su cuerpo, los pequeños detalles que conoce de memoria, pero que nunca dejan de fascinarlo.

-¿Me estás provocando, Kent?-Jon lo mira alzando una de sus cejas

¿Damián acaba de bromear?

-No. Eres tú que eres un mente sucia-Le responde mientras abre el grifo, dejando que el agua caliente empiece a llenar la bañera.

El vapor comienza a llenar el espacio, envolviéndolos en una neblina acogedora. Mientras el agua corre, Damián se despoja de su ropa, y aunque la situación sigue siendo tensa, la vista de Jon lo calma de alguna manera, recordándole que hay cosas en este mundo que son sencillas y puras.

-Esto…-Habla Damián en un tono suave-Se siente bien. Estar aquí contigo.

-Sí...

Cuando la bañera está llena, Jon se desliza dentro del agua primero, dejando que el calor relaje sus músculos. Damián lo sigue, entrando en la bañera con cuidado, acomodándose detrás de Jon, rodeándolo con sus brazos. El calor del agua y la cercanía entre ellos comienzan a relajar la tensión en sus cuerpos.

Jon se inclina hacia atrás, apoyándose en el pecho de Damián, disfrutando del simple placer de estar tan cerca, sintiendo la seguridad que le brinda su presencia. El silencio entre ellos no es incómodo; es un momento de paz compartida, de entendimiento mutuo.

De lo que sea que nuestras almas estén hechas la suya y la mía son una sola.

Damián se inclina y besa el cuello de Jon, su contacto suave pero lleno de intención. Jon cierra los ojos, dejando que ese beso lo envuelva, dejando que el calor del agua y de Damián lo rodeen por completo.

A medida que el tiempo pasa, lo que comenzó como un simple baño para relajarse y limpiarse se convierte en algo más. La tensión entre ellos cambia de naturaleza, de la angustia y el miedo, a una necesidad más básica y profunda de conectarse, de sentirse vivos y presentes en el momento.

Jon gira ligeramente en la bañera, colocándose sobre Damián. Los dos se miran a los ojos, la proximidad de sus cuerpos bajo el agua cargada de una tensión palpable. El agua se mueve alrededor de ellos, creando pequeñas olas que chocan suavemente contra los bordes de la bañera.

Damián no necesita que Jon diga nada. Él entiende la necesidad de Jon de aferrarse a algo tangible, a algo que pueda contrarrestar todo el dolor y la ansiedad. Están en el mismo plano. El también quiere. Sus manos recorren el cuerpo de Jon, apreciando cada curva, cada músculo, cada línea. El toque de Damián es firme, pero también cuidadoso, como si estuviera redescubriendo a Jon, asegurándose de que ambos estén presentes, en este momento, juntos.

Jon, lentamente, se posiciona sobre Damián, dejándose llevar por el momento, por el deseo y la necesidad de estar lo más cerca posible de él. Damián, con una mezcla de amor y pasión, lo ayuda a acomodarse, guiándolo con delicadeza. Cuando finalmente están conectados, ambos exhalan al unísono, una mezcla de alivio y placer que los invade.

El movimiento es lento al principio, como si ambos quisieran saborear cada instante. Jon apoya sus manos en el borde de la bañera, sus ojos cerrados, concentrado en las sensaciones que recorren su cuerpo. Damián observa a Jon, su rostro expresando una mezcla de amor profundo y deseo, admirando la belleza y vulnerabilidad de su pareja en este momento íntimo.

-Jon…eres increíble-Y eso hace que todo en el otro chispee

A medida que el ritmo aumenta, el agua se agita más intensamente, creando ondas que reflejan la pasión creciente entre ellos. Jon se mueve con más confianza, guiado por el deseo. Cada movimiento, cada susurro y cada mirada refuerzan el vínculo entre ellos, como si en ese momento, en esa conexión, encontraran la fortaleza para enfrentar cualquier oscuridad.

El clímax es inevitable, y cuando finalmente llega, ambos se pierden en la sensación, en la unión de sus cuerpos y almas. Jon, encima de Damián, siente una oleada de emociones que lo recorren, desde el alivio hasta la felicidad pura, mientras el placer los envuelve a ambos. Damián, aferrado a Jon, siente cómo la presión de todos los temores y preocupaciones se desvanece momentáneamente.

Cuando todo termina, se quedan allí, aún entrelazados, sus cuerpos relajados por el placer y el calor del agua. Jon se recuesta contra el hombro de Damián, sus respiraciones lentas y sincronizadas. En ese silencio, en esa cercanía, ambos encuentran un refugio, un momento de paz y amor que les da la fuerza para enfrentar lo que venga después.

-No sé qué haría sin ti.-Confiesa Damián

-Nunca tendrás que averiguarlo-Responde el de ojos azules-Siempre estaré aquí, contigo.

En esa bañera, en ese momento, no hay maldiciones ni hechizos, no hay ansiedad ni miedo. Solo hay dos personas que se aman, encontrando consuelo y esperanza el uno en el otro.

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