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Darkness |Damián x Jon|

-25-

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-Hay más de mí en él que en mí mismo-

Después de un largo y reparador baño, Jon y Damián deciden vestirse para enfrentar el día. Sin muchas palabras, ambos salen del baño y se dirigen a la habitación para cambiarse.

Damián, aún un poco pensativo, elige una camisa negra de algodón que abraza su figura, cómoda pero con el toque de elegancia que siempre ha preferido. Se pone unos jeans oscuros y ajustados, que contrastan con su piel pálida, y se calza unas botas negras de cuero que le dan un aire imponente, pero casual. Sobre su camisa, añade una chaqueta de cuero negra, que por motivos que desconoce le hace sentir protegido y seguro.

Jon, por otro lado, opta por un look más relajado. Se pone una camiseta gris de manga larga, suave y algo holgada, que cae con naturalidad sobre su cuerpo. Elige unos jeans azul claro, un poco desgastados en las rodillas, y unos tenis blancos que combinan a la perfección con su estilo despreocupado. Antes de salir de la habitación, Jon toma la mano de Damián, apretándola ligeramente, un gesto que dice más de lo que las palabras podrían expresar.

-Estoy bien-Le dice Damián.

Bajan juntos hacia la cocina, donde los espera el inconfundible aroma del desayuno recién hecho. Alfred, siempre puntual y atento, ha preparado una comida reconfortante para empezar el día. Hay huevos revueltos, tostadas, frutas frescas y café humeante que le pertenece a Alfred y dos chocolates calientes todo dispuesto con la habitual precisión y esmero del mayordomo.

-Espero que hayan descansado bien.

Damián asiente, agradecido por la discreción y el apoyo incondicional de Alfred. Se sientan en la mesa, y Alfred les sirve con su característica elegancia.

-Damián, ¿cómo te encuentras esta mañana?-Damián toma un sorbo de café antes de responder, apreciando el calor que le brinda.

-Estoy mejor, Alfred. Aún hay mucho en mi mente, pero... el día de hoy se siente un poco más soportable-Alfred, con una expresión de comprensión, se inclina ligeramente hacia él.

-Es bueno saberlo, joven maestro. Recuerde que estamos aquí para ayudarle en lo que necesite.

-Lo sé. Y lo agradezco, de verdad.

Alfred asiente, y la conversación se desvía hacia temas más ligeros mientras desayunan. Hablan de la agenda del día, de algunas historias graciosas que Alfred comparte de cuando Bruce era joven, algo que logra arrancar una pequeña risa de Damián. Es un momento simple, pero lleno de la calidez familiar que tanto necesitaban.

-Ire a ver cómo está mama-Dice Jon mientras ayuda a Alfred a recoger los platos

-Yo a entrar....Creo que lo necesito, no quiero atrofiarme

-Ni que fueras un señor de 60 años-Habla Jon soltando una risita

-Nos vemos luego-Damian se acerca y une ambos labios durante unos segundos.

-Sí...

Damián se cambia de ropa a una más cómoda para entrenar y después se mete en la sala de entrenamientos de la Mansión Wayne, un espacio vasto y bien equipado, diseñado para soportar los rigores de su intensa rutina de entrenamiento. Las paredes estaban cubiertas con espejos, y el suelo estaba revestido con un material que absorbía los impactos, perfecto para el combate y la práctica. Diversos maniquíes, sacos de arena y dianas estaban dispersos estratégicamente por la sala, junto con un equipo de alta tecnología que simulaba diferentes tipos de enemigos.

Algo pequeño y oscuro había estado agitándose en su interior desde que pensó en entrenar, una sombra que no podía sacudirse, un eco de algo. A pesar de haber estado tranquilo junto con Jon y Alfred durante el desayuno, ahora la sensación persistente lo había guiado como una llamada hasta aquí, susurrándole al oído, alimentando sus pensamientos.

Damián comenzó su entrenamiento como siempre, con un calentamiento intensivo: flexiones, abdominales, saltos, estiramientos. Sin embargo, cada movimiento parecía venir acompañado de un murmullo en su mente, una voz sutil que apenas podía distinguir, pero que sabía que no era suya.

¿Su madre? ¿Sus propios pensamientos? ¿Ese lado de él que hace tanto tiempo intentó dejar atrás? No lo sabe.

Con los músculos ya en calor, pasó a los combates simulados. Activó los sistemas de la sala y una serie de maniquíes mecánicos emergieron del suelo, listos para enfrentarse a él. Damián adoptó su postura de combate, su mente entrenada enfocándose en el objetivo, pero había algo diferente en esta ocasión, algo que lo empujaba más allá de su habitual concentración.

Comenzó a moverse, sus golpes precisos y rápidos. Cada puñetazo, cada patada, resonaba con la fuerza y la precisión por la que era conocido. Pero a medida que el entrenamiento continuaba, Damián notó un cambio en su estado mental. Cada golpe que conectaba, cada patada que derribaba a uno de los maniquíes, le daba una extraña sensación de satisfacción, una satisfacción que iba más allá del simple ejercicio físico. Era un placer que provenía de la violencia misma.

Mientras seguía combatiendo, los murmullos en su mente comenzaron a volverse más claros, más insistentes. Se escuchaban como susurros distantes al principio, pero con cada impacto, con cada movimiento, se hacían más fuertes, más presentes.

Esto es lo que necesitas, Damián. Más violencia, más poder...

Deja que la oscuridad te guíe. ¿No sientes lo bien que se siente?

La voz de su madre lo golpea con fuerza. Sus palabras eran oscuras, retorcidas, pero había algo innegablemente atractivo en ellas.

Damián sintió cómo sus movimientos se volvían más agresivos, más rápidos, sus golpes más fuertes. Los maniquíes se rompían bajo la fuerza de sus ataques, pero no era suficiente. No lo saciaba.

En su mente, las imágenes comenzaron a cambiar. Ya no veía solo los maniquíes mecánicos; en su lugar, su mente imaginaba a enemigos reales, seres humanos que sangraban, que gritaban de dolor bajo sus golpes. Damián no podía evitar sentirse atraído por esas imágenes, por la sensación de control y poder que le daban.

Quieres que sean personas. Que te supliquen. Que lloren. Lo deseas.

El pensamiento lo sacudió, pero no lo apartó. En lugar de eso, lo abrazó, dejando que la violencia lo envolviera. Su respiración se aceleró, su pulso se disparó, y la sala de entrenamiento comenzó a transformarse en un campo de batalla en su mente, un lugar donde él era el cazador, el depredador, y todo lo demás no era más que presas.

El entrenamiento, que había comenzado como un ejercicio rutinario, ahora se había convertido en algo mucho más oscuro. Cada golpe, cada puñetazo, cada patada era un acto de liberación, un desahogo de la furia contenida, de la rabia que había estado alimentando en su interior desde que el hechizo de su madre lo había alcanzado.

Más...necesito más. No es suficiente.

Su mente empezó a imaginar escenarios más oscuros. Pensó en enemigos del pasado, aquellos que habían osado desafiarlo, que habían amenazado a los que amaba. Los imaginó de rodillas, suplicando por sus vidas mientras él los destruía sin piedad, mientras los hacía sangrar, mientras saciaba esta nueva sed de violencia que lo estaba consumiendo.

Las voces en su cabeza seguían susurrando, cada vez más fuertes, cada vez más convincentes. Se reían, lo incitaban, lo elogiaban por su poder, por su brutalidad. Damián, sumido en este torbellino de oscuridad, no intentaba resistir. En su mente, lo que estaba haciendo era necesario, era justo, era lo que debía

Deja que el odio te haga más fuerte, hijo. Deja que el odio te guíe...

El placer oscuro que sentía con cada golpe se mezclaba con la satisfacción de escuchar esas voces, de sentir que estaba haciendo lo correcto, que estaba encontrando su verdadera fuerza. Cada vez más perdido en su furia, Damián comenzó a golpear con una intensidad que no había mostrado antes, quebrando los maniquíes, destrozando los objetivos con una ferocidad inhumana.

Finalmente, cuando el último maniquí cayó destrozado al suelo, Damián se quedó de pie en medio de la sala, respirando con dificultad, su pecho subiendo y bajando rápidamente mientras el sudor le corría por la frente. Las luces parpadeaban levemente debido a la tensión en el sistema, pero en su mente, las imágenes de sangre y destrucción seguían presentes, junto con los susurros que ahora eran gritos triunfantes.

-Esto es lo que soy... un arma, una fuerza de la naturaleza... Un destructor. Y no hay nada de malo en eso.

La oscuridad lo envolvía, lo abrazaba con fuerza, y Damián se dejó llevar por ella, sintiendo que, al fin y al cabo, esta violencia era lo único que realmente entendía, lo único que podía controlar en su vida caótica. Con cada pensamiento oscuro, con cada fantasía de destrucción, la sensación de poder lo inundaba, llenando el vacío que el amor y la compasión no podían llenar. Y en ese momento, Damián Wayne no era solo el hijo de Batman, no era solo un héroe... Era algo más, algo más oscuro, algo más primitivo.

Se quedó allí, en silencio, mientras la sala de entrenamiento volvía a la normalidad a su alrededor, su mente aún resonando con los ecos de la violencia que acababa de desatar, preguntándose cuánto tiempo podría seguir conteniéndose antes de que todo lo que llevaba dentro saliera a la superficie, incontrolable, imparable.

Mientras Damián permanecía en el centro de la sala de entrenamiento, rodeado por los restos destrozados de los maniquíes mecánicos, la sensación de poder y violencia aún corría por sus venas. Su respiración era pesada, sus músculos tensos y su mente invadida por las imágenes de destrucción que había creado.

Sin embargo, en medio de ese torbellino de oscuridad, un pensamiento inesperado irrumpió en su mente, como un rayo de luz atravesando la penumbra: Jon.

La imagen de Jon apareció en su mente con una claridad desgarradora. Su sonrisa cálida, sus ojos brillantes y llenos de esperanza, la forma en que siempre lo miraba. Pero esa imagen, en lugar de calmarlo, lo llenó de una nueva sensación, una que había estado tratando de reprimir durante todo este tiempo: culpa.

¿Qué pensaría Jon si supiera lo que estoy pensando? ¿Lo que acabo de hacer...

De repente, las imágenes de destrucción en su mente cambiaron. Ya no veía a sus enemigos, ya no veía a los maniquíes mecánicos. En su lugar, se imaginó a Jon, parado en la entrada de la sala de entrenamiento, con una expresión de profunda tristeza y miedo en su rostro. Los ojos de Jon, normalmente llenos de luz, ahora lo miraban con una mezcla de incomprensión y terror, como si no reconociera a la persona que tenía frente a él.

El pensamiento fue como un golpe en el estómago. Damián sintió que el aire abandonaba sus pulmones y el poder que lo había embriagado momentos antes se desvaneció, reemplazado por una sensación de vacío y desesperación. Las voces en su cabeza, que antes lo animaban y lo llenaban de confianza, se silenciaron, dejándolo solo con la imagen de Jon y la certeza de que, si alguna vez su pareja se enterara de lo que había pasado por su mente, lo perdería para siempre.

No...No puedo permitir que Jon vea esto. El monstruo que soy...

La oscuridad que lo había abrazado comenzó a transformarse en miedo. Miedo a sí mismo, miedo a lo que podría hacer, miedo a perder a la única persona que lo había aceptado sin reservas, que lo había amado por lo que era, no por lo que podía hacer. El pensamiento de que Jon pudiera tener miedo de él, que pudiera ver en él el monstruo que Damián sentía que se estaba convirtiendo, era insoportable.

Damián cayó de rodillas en el suelo, entre los restos de los maniquíes destrozados, sus manos temblando. Las imágenes de sangre y violencia que antes lo habían embriagado ahora lo horrorizaban. Cada golpe, cada patada, cada pensamiento oscuro que había tenido lo golpeaban con la fuerza de un latigazo, llenándolo de una culpa que le quemaba el pecho.

Jon... lo siento. No soy digno de ti. No puedo permitir que veas este lado de mí. Nunca...

Todo lo que había construido, todas las paredes que había levantado para proteger a los demás se desmoronaban.

Le causa gracia en cierta parte. El que nunca pensó en lo que los demás querían, que le daba igual lo que pensaran de el, lo que dijesen...

El peso de sus pensamientos lo aplastaba, y por primera vez en mucho tiempo, se sintió completamente perdido. El poder y la violencia que habían sido sus compañeros en el combate ahora lo abandonaban, dejándolo solo con el frío conocimiento de que, sin Jon, sin su amor y su luz, Damián no sabía si podría seguir adelante

Lo que Damián no sabe es que hasta los héroes necesitan perder.


-Hay personas con las que conectas. A las que miras a los ojos y sabes que tenía que suceder, que debíais conoceros, que debía ocurrir-

La oficina de Bruce Wayne en la Torre Wayne, un ambiente sobrio y lleno de la autoridad que el multimillonario proyecta. La sala está decorada con muebles de madera oscura, estanterías llenas de libros y algunos cuadros antiguos que reflejan la historia de la familia Wayne.

Bruce está sentado detrás de su escritorio, revisando algunos documentos cuando Clark Kent entra. El super se quita los lentes, un gesto que suele hacer cuando está con Bruce, dejando de lado su disfraz de reportero por un momento.

-Buenos días-Le dice Batman mientras ve como el otro toma asiento frente a el

-Buenos días-Responde el de ojos azules.

-Tenemos noticias sobre el paradero de Talia. Parece que ha estado moviéndose, pero no lo suficientemente rápido como para escapar de nuestras fuentes.

-¿Qué tenemos?

-Está usando una red de contactos que va desde Asia hasta Europa del Este. Pero lo más preocupante es que parece estar buscando algo... o a alguien. Es como si estuviera tratando de reconstituir su poder... O al menos no perder el que tiene-Clark frunce el ceño, procesando la información.

-No podemos permitir que recupere su fuerza.

-Lo se...

-No es tan fácil me imagino

-No, no lo es y no podemos arriesgarnos.

-Yo pienso que si deberíamos

-No. Quizás estén moviendo constantemente al que maldijo a mi hijo y prefiero asegurarme antes que entre en acción.

Clark asiente, su expresión tan seria como la de Bruce. Ambos saben lo peligrosa que puede ser Talia cuando se siente acorralada. El silencio se instala en la habitación, pesado con la preocupación compartida por el bienestar de Damián y la amenaza que representa su madre.

De repente, Clark baja la mirada hacia el escritorio, su mente viajando a un recuerdo que había enterrado hace años. Uis. Hace mucho tiempo, cuando la tensión y la atracción entre él y Bruce eran innegables, una noche se habían dejado llevar por el momento.

Y no se sentía para nada bien con el recuerdo de haber engañado a Lois. Su mujer. Madre de su hijo.

El recuerdo de aquella noche, donde habían acabado haciendo el amor sobre ese mismo escritorio, regresa con una intensidad inesperada. La sensación de los cuerpos entrelazados, la pasión desbordada, el deseo reprimido que había encontrado su liberación en la oscuridad de la oficina.

Clark siente un calor recorrer su cuerpo al recordar esos momentos, y se da cuenta de que Bruce también lo ha notado. Un pequeño destello en los ojos de Bruce lo confirma. Ninguno de los dos dice nada al respecto, pero el silencio que se había instalado entre ellos ahora tiene un matiz diferente, cargado de una tensión sutil pero palpable, un eco de un pasado que aún permanece entre ellos.

-Debemos asegurarnos de que Damián esta bien, estable me refiero. No podemos permitir que lo que pasó antes se repita-Habla finalmente, Clark rompe el silencio, su voz un poco más baja de lo habitual.

-Hare todo lo necesario por mi hijo...-Bruce asiente, su mirada fija en los documentos frente a él, pero su mente claramente en otro lugar.

Ambos hombres se quedan en silencio por un momento más, atrapados en la mezcla de la preocupación por el presente y las sombras del pasado que aún los rodean.

-Bueno...-Clark se levanta-Yo vuelvo al trabajo.

Bruce asiente y se despide cordialmente como todo el empresario que es.

-No puedes resistirme, de igual forma que yo no puedo resistirme a ti-

Tim se despertó temprano, gracias a la luz suave del amanecer que se filtraba a través de las cortinas de su habitación en la cabaña, llenando el espacio con un brillo cálido y acogedor. Se estiró lentamente, disfrutando del silencio matutino antes de decidir que era hora de levantarse.

Se puso unas pantuflas que había para andar por la casa y bajó las escaleras, aún medio adormilado y en pijama. Al acercarse a la cocina, escuchó un suave murmullo, voces que reconoció al instante. Frenó en seco en el marco de la puerta, sorprendido por la escena que tenía ante sus ojos.

Wally y Dick estaban en la cocina, compartiendo un desayuno aparentemente improvisado. Wally, con una taza de café en la mano, estaba inclinado hacia Dick, quien estaba apoyado en la encimera, sonriendo mientras hablaba en voz baja. De vez en cuando, uno de ellos se inclinaba para darle un beso rápido al otro, como si no pudieran evitarlo.

Tim se quedó congelado en el marco de la puerta, con una mezcla de sorpresa y desconcierto en su rostro. ¿En serio? Parecía preguntarse mientras observaba la escena frente a él. ¿Esto es real?

Los susurros y las sonrisas cómplices entre Wally y Dick lo hacían sentir como si hubiera entrado en una dimensión alternativa. Sabía que había habido algo entre ellos, pero nunca los había visto tan...cariñosos. Y ciertamente no esperaba encontrar una escena tan íntima en una mañana común y corriente.

¿Qué hago?

¿Hablo?

¿no hablo?

¿entro?

¿no entro?

¿me vuelvo a la cama?

¿Toso?

Justo en ese momento, escuchó pasos detrás de él y se dio la vuelta para ver a Jason bajando las escaleras. Jason, siempre perceptivo, notó de inmediato la expresión en el rostro de Tim y luego miró hacia la cocina para ver lo que estaba pasando.

Al ver a Dick y Wally compartiendo besos y susurros, Jason frunció el ceño de manera exagerada y, sin dudarlo un segundo, hizo un sonido de arcada bastante audible.

-Madre mía, ¿en serio? -dijo Jason en tono burlón, levantando las manos como si estuviera a punto de vomitar-No es ni siquiera mediodía, chicos. Corten el show de romance barato, algunos de nosotros preferimos no perder el desayuno.

Wally pegó un brinco y no tardó en separarse del otro notoriamente avergonzado. Pillados. Tim dio un suave buenos días.

-¿Ya no podemos darnos los jóvenes amor en público?-Dijo Dick

-No-Respondió Jason, caminando hacia la nevera con un gesto de desagrado falso- Casi pierdo el apetito viendo tanta azúcar mañanera.

Tim, aún parado en el umbral, cruzó los brazos y miró como la escena se desarrollaba frente a sus ojos con una mezcla de incredulidad y diversión.

-¿No pudieron esperar hasta que todos estuviéramos despiertos?-preguntó Tim, arqueando una ceja-Si sufrimos sufrimos todos

Dick sonrió, caminando hacia Tim y dándole un ligero empujón en el hombro.

-Vamos, Tim. No seas así. Solo estamos disfrutando del tiempo juntos.

-Sí, Timmy-añadió Wally, olvidando su vergüenza-Un poco de cariño no le hace daño a nadie.

Jason, que estaba sacando un cartón de leche de la nevera, rodó los ojos y fingió otra arcada mientras vertía leche en un vaso.

-Cierto, hasta que alguien más tenga que verlo -dijo Jason, tomando un sorbo de su leche-No me extraña que Tim esté traumatizado.

Tim no pudo evitar reírse un poco ante la exageración de Jason, aunque aún mantenía la expresión de "¿en serio?" en su rostro. Dick le dio una palmadita en la espalda antes de regresar al lado de Wally, y Tim sacudió la cabeza, resignado.

-Bueno, al menos alguien está disfrutando de este viaje -murmuró Tim, acercándose para servirse un poco de café, aunque no pudo evitar una sonrisa mientras lo hacía.

El ambiente en la cocina se relajó mientras todos se unían al desayuno, la tensión de la situación disolviéndose en bromas y conversaciones ligeras. Dick y Wally seguían compartiendo sonrisas y miradas furtivas, pero ahora con un aire más contenido, conscientes de las miradas vigilantes de sus amigos.

Jason, sin embargo, no pudo resistir una última broma mientras se sentaba en la mesa.

-Si vuelvo a ver otra escena digna de una comedia romántica esta mañana, voy a necesitar algo más fuerte que leche para desayunar.

-¿Qué?-Pregunta chico bestia

Wally y Dick rieron, aceptando las burlas con buen humor.

Jason y Tim estaban terminando su desayuno cuando Jason, mirando por la ventana hacia el pueblo que se extendía bajo ellos, se volvió hacia su amor platónico con una mirada que mezclaba un poco de desafío y algo que Tim no podía identificar del todo.

Y con una mira le dijo: ¿En qué estás pensando?

-Oye, Tim-dijo Jason, dejando su taza en la mesa-¿Te apetece dar una vuelta? Hay un mirador al otro lado del pueblo que parece interesante. Podríamos ver cómo se ve todo desde allí.

Tim lo miró sorprendido por la repentina invitación. Causarle celos a Conner. Pero eso no se lo esperaba

-Claro-respondió Tim, levantándose-Me cambio y no podemos ir.

Los dos salieron de la cabaña, el aire fresco de la mañana revitalizándolos al instante. El pueblo estaba empezando a despertar; algunas tiendas abrían sus puertas, y unos cuantos aldeanos ya caminaban por las calles empedradas, saludándose entre ellos.

Mientras caminaban, Tim se tomó un momento para observar el entorno. El pueblo tenía un encanto rústico, con casas de piedra y madera que parecían haber estado allí por generaciones. Las fachadas estaban cubiertas de enredaderas verdes y flores de colores brillantes, y las calles estrechas y serpenteantes daban una sensación de calidez y familiaridad. A lo lejos, las montañas nevadas se alzaban majestuosas, sirviendo como un recordatorio constante de la naturaleza imponente que los rodeaba.

-Este lugar es bastante pintoresco, ¿no? -comentó Tim mientras caminaban, sus ojos vagando por los detalles de cada esquina- Se siente como estar en otro tiempo.

-Sí, tiene su encanto- respondió Jason, manteniendo un tono casual y después esbozó una sonrisa-Pero no tanto como te pijama de esta mañana.

-Er aún pija de lo más normal

-Era de dinosaurios de colores

-¿Y?

-Eso no es algo que se catáloga como normal

-Deja de...

-Y eso tiene su encanto.

-Ah...

El camino hacia el mirador los llevó por calles empinadas y sinuosas. Que Jason agradece cuando Tim va delante y le proporcionaba unas buenas vistas de su culo. Las casas se apiñaban unas al lado de las otras, dejando solo pequeños pasadizos entre ellas. Las calles estaban adoquinadas, y el sonido de sus pasos reverberaba ligeramente en el aire fresco de la mañana. Las pocas personas que pasaban los miraban con curiosidad, pero con la típica amabilidad reservada de los habitantes de pequeños pueblos.

Finalmente, después de un último giro, llegaron al mirador. Era una plataforma elevada, construida sobre una colina que dominaba todo el valle. Desde allí, el pueblo se extendía bajo ellos, cada casa, calle y árbol perfectamente visibles, como un cuadro pintado con la más mínima atención al detalle.

-Wow... -murmuró Tim, asomándose al borde y contemplando la vista-Esto es impresionante.

Jason se paró a su lado, apoyando las manos en la barandilla de madera mientras observaba el panorama. La luz del sol de la mañana iluminaba suavemente los tejados rojos y las paredes de piedra, mientras que el verde de los campos y el blanco de las montañas contrastaban maravillosamente con el cielo azul claro. El viento soplaba ligeramente, llevando consigo el olor a tierra y madera húmeda.

-Es un buen lugar para pensar-dijo Jason después de un momento de silencio, su voz más suave de lo habitual.

Tim lo miró de reojo, notando la expresión pensativa en su rostro.

-¿Qué tienes en mente, Jason? -preguntó, curioso.

Jason no respondió de inmediato. Se quedó mirando hacia el horizonte, como si estuviera decidiendo cómo poner en palabras lo que sentía. Después de unos segundos, suspiró y se giró ligeramente hacia Tim, con una expresión que era una mezcla de seriedad e indecisión.

-Mira, Tim... -empezó, buscando las palabras correctas- Sabes que no soy muy bueno con estas cosas... los sentimientos, y todo eso.

Tim se tensó un poco, su corazón latiendo un poco más rápido. Algo en el tono de Jason le dijo que lo que estaba a punto de escuchar era importante.

-Pero, desde hace un tiempo, he estado pensando mucho-continuó Jason, desviando la mirada hacia el paisaje por un momento antes de volver a encontrarse con los ojos de Tim-Y me he dado cuenta de que... hay algo más. Algo que no puedo seguir ignorando.

Tim permaneció en silencio, esperando a que Jason siguiera. Podía sentir que había algo importante a punto de ser dicho, algo que Jason había estado guardando durante mucho tiempo.

Jason soltó una risa breve y seca, como si estuviera nervioso.

-Mira, no soy el tipo de persona que se anda con rodeos-dijo finalmente, con un tono más decidido- Así que, lo diré de frente, o tan de frente como puedo. Me importas, Tim. Más de lo que debería, o más de lo que normalmente admitiría. Y no me refiero solo como a un amigo o algo así

Tim lo miró con los ojos muy abiertos, su corazón latiendo con fuerza. Por un momento, no supo qué decir. La confesión de Jason lo tomó por sorpresa, aunque al mismo tiempo, en lo más profundo, había algo que resonaba con lo que él mismo sentía.

Jason, al notar la expresión de Tim, se rascó la nuca, visiblemente incómodo.

-Sé que esto puede ser raro, porque básicamente te gusta Conner...Pero, no sé, me estaba comiendo el no decirtelo y no pienses que es algo de un día para otro.

El silencio que siguió fue casi tangible, cargado de emociones no expresadas. Tim se giró para mirar nuevamente el paisaje, intentando ordenar sus pensamientos. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, volvió a mirar a Jason, quien lo observaba con una mezcla de vulnerabilidad y expectativa.

-Jason...-empezó Tim, con la voz un poco temblorosa-No sé qué decir. Esto... esto es algo que nunca pensé que llegaría a escuchar de ti.

Jason sonrió levemente, aunque había una pizca de tristeza en su expresión.

-No tienes que decir nada, Tim. Solo quería que lo supieras. Que supieras que, para mí, significas mucho más de lo que parece.

Tim se quedó mirándolo un momento más, antes de esbozar una pequeña sonrisa.

Jason asintió, y ambos se quedaron allí, mirando en silencio el pueblo que se extendía bajo sus pies. Las palabras que habían compartido eran pocas, pero habían cambiado algo entre ellos. Algo que ambos sabían que llevaría tiempo procesar, pero que, al menos, ya estaba sobre la mesa.

Porque Jason odia que Conner no valore el diamante que tiene delante.

-Y no sé si es el destino o una puñetera casualidad.
Pero no concibo una vida en la que no existas. No concibo un mañana sin ti-

Conner observaba desde la ventana de la cabaña mientras Tim y Jason se alejaban juntos, sus figuras disminuyendo a medida que caminaban por las calles del pequeño pueblo. La sonrisa que había tenido en los labios mientras charlaba con Kaldur y Raven se desvaneció lentamente, reemplazada por una sensación familiar y molesta que se asentaba en su pecho: los celos.

No era algo nuevo para Conner. Los celos, esa sensación ardiente y sofocante, habían sido sus compañeros indeseados desde hacía un tiempo, aunque había aprendido a ocultarlos tras una fachada de calma y confianza. Sin embargo, cada vez que veía a Tim y Jason juntos, esa máscara se resquebrajaba un poco.

Recordó los tiempos en los que él y Tim solían estar tan cerca. Las largas noches en la Torre, trabajando codo a codo en misiones, las conversaciones profundas en las que compartían sus miedos, sueños y esperanzas. Había una conexión entre ellos que Conner siempre había valorado, una especie de entendimiento mutuo que no requería palabras. Tim era su lucero en el cielo.

El mismo había provoca esto...

Conner había visto cómo Tim comenzaba a pasar más tiempo con Jason, cómo su risa se volvía más frecuente en su presencia, cómo compartían miradas que Conner no podía descifrar del todo. ¿Se gustaban?

Y ahora, mientras los veía desaparecer por las calles adoquinadas, una punzada de dolor se mezclaba con los celos en el corazón de Conner. Recordaba la intimidad que una vez había compartido con Tim, y cómo esa conexión parecía desvanecerse, como arena entre los dedos. Tim había sido su refugio, la persona con la que podía ser vulnerable, pero ahora sentía que esa puerta se había cerrado, y Jason estaba del otro lado.

Conner cerró los ojos por un momento, dejando que las emociones lo inundaran. No eran solo celos lo que sentía, era también una profunda tristeza por lo que había perdido, o más bien, por lo que había dejado escapar.

Los recuerdos de los momentos que compartió con Tim desfilaron por su mente una vez mas. Las noches de entrenamiento, donde se quedaban hasta tarde discutiendo estrategias y planes, el compañerismo que se había convertido en algo más con el tiempo. La forma en que Tim lo miraba, los besos, las caricias. Habían tenido algo especial.

Conner volvió a abrir los ojos, enfocando su mirada en la distancia, donde Tim y Jason ya no eran visibles. La cabaña estaba tranquila, pero su mente estaba llena de ruido. Se dio cuenta de que, aunque se esforzara por ignorarlo, los celos que sentía no desaparecerían tan fácilmente. Tenía que enfrentarlos, tenía que decidir qué significaban para él y para su relación con Tim.

Con un suspiro, se apartó de la ventana y se dirigió hacia la puerta de la cabaña, decidido a salir a despejar su mente. Pero mientras caminaba, no pudo evitar preguntarse si alguna vez tendría otra oportunidad para decirle a Tim lo que realmente sentía, o si ya era demasiado tarde.

-Si no te conmueve, aunque sea un poco, no estás leyendo el libro adecuado-

Tim y Jason descendieron del mirador en silencio, un silencio que no era incómodo, sino más bien lleno de una comprensión tácita. El aire fresco de la mañana los envolvía mientras caminaban por las calles, la conversación que habían tenido todavía resonaba en la mente de Tim. A su lado, Jason parecía relajado, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta mientras avanzaban por el camino que llevaba de vuelta a la cabaña.

El pueblo seguía despertando a su ritmo lento. Algunos locales ya estaban en sus quehaceres diarios, saludando con amabilidad a los dos jóvenes mientras pasaban. Tim notaba los detalles: el suave sonido de los pájaros cantando, el aroma a café recién hecho que salía de una cafetería cercana, el murmullo lejano de una fuente que corría en alguna plaza. Había algo reconfortante en la tranquilidad del lugar, algo que ayudaba a calmar la tormenta de pensamientos que se arremolinaba en su cabeza.

Le gustaba a Jason...

Finalmente, llegaron a un cruce en el camino, el punto donde la calle se bifurcaba. A la izquierda, el sendero los llevaba de regreso a la cabaña. A la derecha, hacia el pequeño centro del pueblo. Jason se detuvo, y Tim se giró hacia él, preguntándose por qué había frenado.

-Voy a ir a comprar unos cigarrillos-Dijo Jason, rompiendo el silencio, con su tono habitual y despreocupado. Sabía que Tim no aprobaba su hábito, pero Jason nunca había sido del tipo que buscaba la aprobación de los demás.

Tim asintió, sin juicio alguno en su mirada, aceptando la elección de Jason sin comentario alguno.

-Vale, entonces te veo luego -respondió Tim, con una pequeña sonrisa que apenas asomó en sus labios antes de girarse y tomar el sendero hacia la cabaña.

Mientras caminaba solo por la estrecha senda que conducía a su alojamiento, Tim se sintió invadido por un repentino cansancio. Todo lo ocurrido durante la mañana, desde la caminata con Jason hasta la confesión en el mirador, lo había dejado mentalmente agotado. Le gustaba a Jason. Lo único que deseaba en ese momento era una ducha caliente que lo ayudara a aclarar sus pensamientos.

Llegó a la cabaña y empujó la puerta principal, encontrando el interior en un silencio casi absoluto. A excepción del sonido bajo de la televisión que estaba encendida en la sala, todo estaba quieto. Al asomarse, vio a Logan, profundamente dormido en el sofá, envuelto en una manta con su habitual desorden de cabello verde cubriéndole parcialmente la cara. Al parecer, había sucumbido a un sueño mientras veía algún programa de televisión. Tim sonrió para sí mismo, disfrutando del pequeño momento de paz en la cabaña antes de dirigirse hacia las escaleras.

Subió a su habitación para recoger ropa limpia: una camiseta gris, ropa interior y unos pantalones deportivos cómodos. Se dirigió al baño al final del pasillo, cerrando la puerta tras de sí con un ligero clic. El baño era pequeño pero funcional, con losetas grises en las paredes y el suelo que reflejaban la luz de la única ventana, creando un ambiente fresco y minimalista.

Tim dejó la ropa sobre un pequeño banco de madera junto a la ducha y se despojó de sus prendas, dejando que el cansancio de las horas atrás cayera junto con ellas. Abrió el grifo, y el agua caliente comenzó a correr, creando una fina neblina en el aire mientras la ducha se llenaba del sonido relajante del agua cayendo. Entró en la ducha, permitiendo que el calor envolviera su cuerpo y que el agua comenzara a relajar sus músculos tensos. Cerró los ojos, dejando que la sensación de las gotas sobre su piel lo ayudara a despejar su mente.

Mientras el agua caía sobre él, Tim se sumergió en sus pensamientos, repasando una y otra vez las palabras de Jason, sus propios sentimientos, y cómo las cosas parecían estar cambiando a su alrededor. Era difícil no pensar en las implicaciones de lo que Jason había dicho, en lo que eso significaba. Pero antes de que pudiera hundirse más en esas reflexiones, escuchó la puerta del baño abrirse.

Tim abrió los ojos de inmediato, su corazón dando un salto en su pecho. A través de la transparencia de la cortina, distinguió la silueta de Conner entrando en el baño. Y cuando movió la cortina pudo ver en sus ojos una intensidad mirada.

-Conner...-comenzó Tim, sorprendido, pero antes de que pudiera decir algo más,
Conner lo empujó suavemente contra las frías losetas de la pared.

El contraste entre el calor del agua y el frío de las baldosas hizo que Tim jadease, pero no tuvo tiempo de procesar la sensación antes de que Conner lo besara con una pasión contenida que lo tomó completamente por sorpresa. Fue un beso intenso, lleno de necesidad, como si Conner hubiera estado reteniendo esas emociones durante demasiado tiempo.

El agua continuaba cayendo sobre ellos, haciendo que todo se sintiera aún más surrealista, casi onírico. A la mierda. Tim correspondió el beso con igual fervor, sus manos buscando desesperadamente algo a lo que aferrarse, como si ese momento fuera lo único que lo mantenía anclado a la realidad.

-No puedo más, Tim-susurró Conner contra sus labios, su voz ronca y cargada de deseo- No puedo seguir pretendiendo que no siento nada.

Vaya, ya no es un chico malo

Las palabras de Conner resonaron en la cabeza de Tim, confundiendo sus pensamientos. Pero el contacto de Conner, su cuerpo firme contra el suyo, las manos recorriendo su piel, era todo lo que necesitaba para dejarse llevar por el momento. No había más dudas, ni cuestionamientos, solo el ahora.

Lo siguiente fue una tormenta de sensaciones. Conner lo levantó con facilidad, haciéndolo presionar su espalda aún más contra las frías losetas mientras las manos de Conner recorrían cada centímetro de su piel. El agua seguía corriendo, mezclándose con sus respiraciones aceleradas y el calor que se incrementaba entre ellos. Lo que comenzó como un arrebato de emociones contenidas, rápidamente se transformó en una pasión desenfrenada, donde cada movimiento, cada toque, era una declaración en sí misma.

El frío de las baldosas, el calor del agua, la urgencia en los movimientos de Conner, todo se mezclaba en un torbellino de placer que parecía no tener fin. Tim se perdió en esa sensación, en el contacto de sus cuerpos, en la manera en que Conner lo hacía sentir deseado, necesitado.

No había espacio para palabras, solo para susurros entrecortados y gemidos ahogados que se perdían en el sonido constante del agua. El mundo exterior dejó de existir, reducido al pequeño espacio de la ducha y a las emociones que corrían entre ellos. La tensión acumulada, los celos, las dudas, todo se liberó en ese momento, en ese acto que los conectaba de una manera que ambos habían evitado por demasiado tiempo.

Finalmente, cuando la intensidad de sus emociones alcanzó su clímax, ambos se quedaron quietos, respirando con dificultad, aún abrazados bajo el agua que seguía cayendo. Tim, con su frente apoyada en la de Conner, cerró los ojos, permitiéndose sentir el peso de lo que acababa de suceder. Tim, con las manos todavía aferradas a los hombros de Conner, se tomó un momento para procesar lo que acababa de pasar, cómo sus sentimientos habían cambiado en tan poco tiempo.

Cuando finalmente se separaron, el silencio en el baño era abrumador y entonces Conner sin decir nada salió. Sí. Salió.

Y lo peor no fue eso sino darse cuenta de que simplemente había sido un momento de calentura para el súper, que actuaba como si ese momento en la ducha no hubiese pasado.

No lo miraba

No le hablaba

Tim pasó el resto del día con una tormenta de emociones arremolinándose en su interior. La sensación de haber sido ignorado por Conner después de lo que había ocurrido en la ducha lo quemaba por dentro. Se sentía traicionado, enfadado, y, sobre todo, dolido. Había esperado... algo más, alguna señal de que lo que había pasado entre ellos significaba algo. ¡Pero Conner, desde ese momento, había actuado como si nada hubiera sucedido, como si el momento que compartieron hubiera sido insignificante!.

La ira creció dentro de Tim, transformándose en algo casi palpable. Se sentía como una presión constante en su pecho, una necesidad de hacer algo, de desquitarse de alguna manera. No podía soportar la idea de ser ignorado, de ser tratado como si no importara.

Esa noche, cuando todos en la cabaña estaban dormidos, Tim tomó una decisión impulsiva, alimentada por el enfado que lo carcomía por dentro. Salió de su habitación en silencio, su corazón latiendo con fuerza mientras caminaba por el pasillo oscuro. No sabía exactamente qué esperaba conseguir, pero necesitaba hacer algo, necesitaba sentir que tenía el control.

Llegó a la puerta de la habitación de Jason y la abrió lentamente, cuidando de no hacer ruido. Jason estaba dormido, su respiración profunda y regular llenando el cuarto. Tim lo observó por un momento, su mente dividida entre la culpa y el deseo de vengarse de alguna manera de las emociones confusas que Conner había dejado en él.

Tim se deslizó en la cama junto a Jason, moviéndose con una determinación que nunca antes había sentido. El contacto despertó a Jason, quien abrió los ojos lentamente, sorprendido al ver a Tim allí, en la oscuridad, mirándolo con una intensidad que no había visto antes. Jason apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Tim se moviera encima de él, sus manos firmes y decididas.

Tim no habló, pero su mirada lo decía todo. Había un fuego en sus ojos, una necesidad de olvidar, de hacer que los sentimientos que lo quemaban desaparecieran, aunque fuera solo por un momento. Jason, aunque desconcertado, entendió lo que Tim quería, lo que necesitaba. Sin hacer preguntas, dejó que Tim tomara el control.

El silencio de la noche fue interrumpido por los sonidos que no pudieron contener. Tim no se preocupó por ser discreto, el deseo de ser escuchado, de marcar su presencia, era más fuerte que cualquier preocupación por los demás en la casa. Cada salto era una afirmación, una declaración de independencia, una manera de gritar sin palabras que aún estaba allí, que merecía ser visto y sentido.

Después de lo ocurrido, Tim permaneció junto a Jason, sintiendo cómo su respiración lentamente volvía a un ritmo más tranquilo. El cuarto estaba en penumbra, iluminado solo por la luz de la luna que se filtraba a través de las cortinas. Jason, tumbado a su lado, lo observaba en silencio, con una mezcla de curiosidad y satisfacción en sus ojos.

Tim mantuvo la mirada fija en el techo, su mente en una maraña de pensamientos. No estaba seguro de qué decir, ni siquiera de por qué se había quedado. Había sido un impulso, una respuesta visceral a sus emociones, pero ahora, en la quietud de la noche, las dudas comenzaban a surgir.

Jason, incapaz de soportar el silencio por más tiempo, se giró hacia él, apoyándose en un codo.

-Tim, ¿por qué has venido aquí?-preguntó en voz baja, su tono más serio de lo habitual. Había algo en los ojos de Tim que le decía que esto no había sido solo un capricho.

Tim soltó un suspiro, sabiendo que debía una explicación. No era justo dejar a Jason en la oscuridad sobre lo que realmente lo había llevado hasta su habitación. Giró la cabeza para mirarlo.

-Conner...-comenzó, pero luego hizo una pausa, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Jason esperó pacientemente.

Entonces le contó lo sucedido con Conner, el como actuó como si no hubiera significado nada, como si no significara nada, que no podía soportar la idea de que lo ignorara así después de todo.

Jason asintió lentamente, comprendiendo la frustración e irá que Tim sentía. Había visto cómo Conner y Tim habían estado bailando alrededor de sus sentimientos durante tanto tiempo, y ahora que finalmente algo había pasado entre ellos, Conner se comportaba de forma insensible.

-Así que decidiste...Vengarte, ¿no?-Jason sonrió ligeramente, pero no era una sonrisa burlona, sino una de entendimiento. Tim había llegado a él en busca de algo que pudiera devolverle el control, algo que lo hiciera sentir visible otra vez.

Tim asintió, sintiendo una ligera punzada de culpa, pero sin arrepentirse del todo. Jason lo miró con una expresión que era mitad diversión, mitad consideración.

-Entonces, ¿quieres que sea tu cómplice en esta pequeña venganza?-preguntó Jason, su tono volviendo a ser juguetón, pero había una seriedad subyacente. Quería asegurarse de que Tim estaba bien con lo que estaban haciendo, y no solo actuando por impulso sin pensar en las consecuencias.

Tim lo miró a los ojos, tratando de descifrar sus propias emociones. Había algo en la manera despreocupada de Jason que lo hacía sentir más a gusto, más seguro en su decisión.

-No sé si es venganza o simplemente... desquite-admitió Tim, finalmente-Pero, sí, quiero que estés conmigo en esto, que me guardes el secreto.

Jason sonrió de nuevo, una sonrisa que esta vez alcanzó sus ojos. Se inclinó hacia Tim, plantando un beso suave en su frente, un gesto que contrastaba con la intensidad de lo que había pasado momentos antes.

-Siempre estoy contigo, Tim -dijo en voz baja-Si necesitas a alguien para hacer ruido y asegurarte de que te escuchen, soy tu hombre.

La tensión en los hombros de Tim se aflojó ligeramente al escuchar esas palabras. Sentir el apoyo de Jason, aunque en una situación tan compleja, lo hacía sentir menos solo en medio del caos emocional que lo envolvía.

Se acomodaron juntos en la cama, Tim apoyando la cabeza en el pecho de Jason, escuchando el ritmo constante de su corazón. No había necesidad de más palabras en ese momento. Ambos sabían que, fuera lo que fuera lo que les deparara la mañana, al menos esa noche habían disfrutado. Tim se permitió cerrar los ojos, finalmente encontrando un poco de paz en medio de la tormenta que había comenzado en su interior.

-Cuando apreciamos a alguien, a menudo cedemos gustosamente a sus peticiones sin la necesidad de que nos convenza con argumentos-

Cuando Tim apareció en mi habitación en medio de la noche, admito que me quedé sorprendido. No es que no lo haya pensado antes, pero nunca había imaginado que él sería quien tomara la iniciativa. Me desperté con la sensación de que algo estaba fuera de lugar, y lo primero que vi al abrir los ojos fue a Tim, de pie junto a mi cama, con esa expresión decidida y tensa en su rostro. No dijo nada, pero no hacía falta. La forma en que me miraba lo decía todo.

Sentí mi corazón latir más rápido, no tanto por la sorpresa, sino por lo que percibí en sus ojos: rabia, frustración y una especie de urgencia que no había visto en él antes. Cuando se metió en la cama, el ambiente cambió de inmediato. Había una energía en el aire, algo cargado, como una tormenta a punto de estallar. Me quedé allí, inmóvil, esperando ver qué haría, y cuando se subió sobre mí, supe que no era solo deseo lo que lo había traído hasta aquí.

Todo fue muy rápido, casi como un huracán. Pero no me importó. Sentir a Tim así, tan resuelto, tan... intenso, era algo que no esperaba, y si soy honesto, algo que me encantó. Mientras sucedía, no podía dejar de pensar en lo diferente que era a lo que había imaginado. Había algo en su mirada, en la manera en que se movía, que dejaba claro que esto no era solo por mí, sino por él. Como si necesitara demostrar algo.

No me opuse, ni quise hacerlo.

Quizás estaba soñando.

No era demasiado real.

Simplemente lo dejé tomar lo que necesitaba, apoyándolo en su decisión sin preguntas ni dudas. De alguna manera, sentí que, al hacerlo, estaba cumpliendo un papel importante. Al menos en ese momento.

Cuando todo terminó, y él no se levantó para irse, me sentí aliviado. No quería que esta noche fuera solo un acto impulsivo, algo que ambos olvidaríamos a la mañana siguiente. El hecho de que se quedara, de que buscara refugio en mí, hizo que mi pecho se llenara de una calidez inesperada. Cuando lo vi acostado junto a mí, con su cabeza sobre mi pecho, me di cuenta de que estaba jodidamente loco por el.

Sentí la necesidad de romper el silencio, de entender por qué había venido a mí...Así que le pregunté, no solo por curiosidad, sino porque realmente quería comprender lo que lo había llevado hasta mi puerta.

Y cuando él me lo explicó, cuando me habló de Conner y de lo que había sentido, no pude evitar sentir una punzada de compasión por él. Conner había sido un idiota y yo estaba más que dispuesto a ser usado por el chico tumbado a mi lado.

Le ofrecí ser su cómplice en Y en ese momento, sentí una conexión aún más profunda con él. No éramos solo dos amigos que se habían dejado llevar por el deseo; éramos dos personas que, de alguna manera, habían encontrado consuelo en medio de la confusión.

-Tú me haces querer ser bueno para ti...quiero ser bueno para ti-

Desperté con la luz del sol filtrándose a través de las cortinas, bañando la habitación en un brillo cálido y perezoso. Sentí el calor del cuerpo de Jason a mi lado, y por un momento, me quedé quieto, disfrutando de la tranquilidad. La noche anterior había sido un torbellino de emociones, pero ahora, en la quietud de la mañana, todo parecía más claro, más fácil de manejar. Pero senti ese resquemor de que estaba usando a Jason todo por un impulso.

Jason fue el primero en moverse, estirándose perezosamente antes de girarse hacia mí con una sonrisa traviesa en el rostro.

-Buenos días-Murmuró, su voz aún rasposa por el sueño. Le devolví la sonrisa, aunque no pude evitar sentir un ligero rubor en mis mejillas al recordar lo que había pasado entre nosotros.

-Buenos días-respondí, intentando sonar despreocupado, aunque mis pensamientos todavía estaban algo desordenados.

Me senté en la cama, pasando una mano por mi cabello desordenado. Estaba listo para levantarme y empezar el día, o al menos, intentar volver a la normalidad. Sin embargo, Jason no parecía tener prisa. Observó cómo me ponía de pie y, cuando mencioné que iba a ducharme, su expresión se volvió más juguetona.

-¿Vas a hacer más ruido en la ducha, Timmy?-preguntó con una sonrisa pícara. Sabía exactamente a qué se refería, y no pude evitar reírme ante su descaro.

-Solo si tú vienes conmigo-le contesté, sorprendiéndome a mí mismo con la respuesta. Había algo liberador en estar con Jason, en poder dejar de lado los malos rollos, al menos por un rato.

La ducha fue todo menos tranquila. El ruido del agua apenas ahogaba las risas y los jadeos. No nos preocupamos por ser discretos; el eco en el baño y la sensación del agua caliente sobre nuestras pieles hicieron que todo fuera aún más intenso. Por un momento, olvidé todo lo demás: a Conner, a los demás en la cabaña, incluso mis propias inseguridades. Era solo yo, Jason, y la conexión que compartíamos en ese instante.

Se que quizás los demás no nos escuchen, pero Conner sí. Seguro.

Cuando finalmente salimos de la ducha, nos vestimos con rapidez, pero con una sensación de satisfacción compartida. Sabía que en algún momento tendría que enfrentar a los demás, y aunque una parte de mí se sentía incómoda, la otra parte simplemente no le importaba.

Al entrar en el salón para desayunar, todos ya estaban allí. Sentí de inmediato las miradas en nosotros, y el calor volvió a subir a mis mejillas. No era difícil adivinar que sabían exactamente lo que habíamos estado haciendo, y la forma en que algunos evitaron nuestro contacto visual solo lo confirmó.

Jason, sin embargo, no parecía afectado en lo más mínimo. Se detuvo un momento en la entrada, mirando a todos con una ceja levantada.

-¿Qué mirais?-preguntó con un tono despreocupado y algo desafiante. Los demás rápidamente apartaron la vista, fingiendo estar concentrados en sus platos o en cualquier otra cosa menos en nosotros.

Jason se dirigió hacia el único sillón individual libre, uno junto a la ventana. Se dejó caer en él con la misma confianza de siempre, y luego me miró, dando una palmada en su pierna con una sonrisa.

-Ven aquí-me dijo, invitándome a sentarme en una de sus piernas.

¡Se pasa de descarado! ¡y de sinvergüenza! ¡y de todo lo que tenga que ver con la palabra sinvergüenza!

Dudé por un segundo, pero luego, con una mezcla de resignación y aceptación, me acerqué y me senté. Podía sentir las miradas furtivas de los demás, pero me obligué a no preocuparme.

El silencio incómodo en la habitación se rompió cuando Wally, con su característica falta de filtro, hizo la pregunta que probablemente todos estaban pensando.

-¿Desde cuándo....-Se pensó sus palabras-¿Sois novios?-preguntó finalmente, su tono lleno de curiosidad genuina, mientras se inclinaba ligeramente hacia adelante.

Jason y yo intercambiamos una mirada rápida. No habíamos hablado de lo que les diríamos. Así que dije lago simple.

-Estamos empezando-dije, tomando aire antes de continuar-desde el día de la fiesta.

Jason asintió, confirmando mis palabras con una sonrisa que sugería más que simple diversión.

-Sí, justo desde entonces. Las cosas han ido... desarrollándose-añadió, lanzando una mirada hacia Wally, como si aquello debiera explicar todo.

Hubo un murmullo de comprensión entre los demás. Algunos asintieron, mientras que otros simplemente volvieron a centrarse en sus desayunos. Aunque el ambiente seguía siendo un poco incómodo, la tensión comenzó a disiparse.

Me recosté un poco contra Jason, sintiendo una mezcla de nerviosismo y algo más cálido, algo que parecía ser una incipiente aceptación de lo que estaba empezando entre nosotros.

-No puedo vivir sin ti...
-Sí que puedes...
-Sí, pero no quiero.

Desde mi lugar en el salón, observé cómo Tim y Jason entraban juntos, riéndose como si no tuvieran una sola preocupación en el mundo. Los vi compartir una mirada rápida, una especie de entendimiento silencioso que me hizo apretar los puños bajo la mesa. Era como si estuvieran en su propio pequeño universo, ajenos a todo lo demás, incluidos nosotros.

Anoche, no pude dormir bien. Todo lo que había pasado en la ducha con Tim se repetía en mi cabeza, una y otra vez. No podía sacudirme la sensación de que algo se había roto entre nosotros, algo que tal vez ni siquiera tuve la oportunidad de reparar. Nosotros no somos así. No follanos para arreglar los problemas. No debí entrar.

Y luego, cuando el silencio de la noche fue roto por los sonidos provenientes de la habitación de Jason, fue como una bofetada en la cara. O más bien un puñetazo de kriptonita.

Los escuché. No es que lo intentara, pero con mis habilidades, es casi imposible no oír lo que pasa en la casa, especialmente cuando alguien no está haciendo ningún esfuerzo por ser discreto. El sonido de Tim, su voz, me atravesó como un cuchillo. No fue solo el hecho de que estuviera con Jason lo que me molestó, sino la intensidad con la que lo hacía. Era como si quisiera asegurarse de que todos lo oyeran, de que todos supieran que él estaba ahí, haciendo lo que hacía.

¿Me quiere hacer daño así? Me lo merezco.

Me di la vuelta en la cama, intentando ignorarlo, pero los celos se instalaron en mi pecho como una piedra fría e implacable. Sabía que no tenía derecho a sentirme así, no después de cómo lo había tratado. Aún así, no pude evitarlo. Tim había sido mío, de alguna manera, y ahora lo estaba viendo entregarse a alguien más.

Cuando los escuché de nuevo en la ducha esta mañana, fue aún peor. Intenté concentrarme en cualquier otra cosa, pero el eco de sus risas y el ruido del agua solo avivaron las llamas del resentimiento. Cada risa, cada palabra, era un recordatorio de que lo había perdido.

Ahora, mientras Tim se sentaba en el regazo de Jason, mi visión se nubló por un momento. La imagen me golpeó con fuerza, una especie de confirmación de que cualquier esperanza que pudiera haber tenido de arreglar las cosas con él se estaba desvaneciendo. Sentí una punzada de celos tan intensa que tuve que apartar la mirada. No quería que los demás lo notaran, pero sabía que Dick y Wally, al menos, se habían dado cuenta de cómo me había puesto.

Luego, Wally, sin tacto alguno, preguntó si eran novios, como si la respuesta no fuera obvia. Mi corazón se detuvo por un segundo, esperando la respuesta de Tim. Y cuando la dio, sentí como si el suelo se abriera bajo mis pies.

-Estamos empezando, desde el día de la fiesta-dijo Tim, con una naturalidad que me dolió más de lo que esperaba.

Jason lo confirmó, con una sonrisa despreocupada que hizo que mi estómago se revolviera. No era solo el hecho de que estuvieran juntos. Era la facilidad con la que todo había sucedido, como si lo que alguna vez tuvimos no hubiera sido nada.

Culpa mía. Me dice la voz de mi conciencia.

Mientras los demás murmuraban entre ellos, fingiendo aceptación, yo me quedé en silencio, luchando por mantener la calma. Me sentí ridículo por la forma en que los celos me estaban consumiendo, pero no podía evitarlo.

Todo lo que podía pensar era en lo que había perdido y en cómo.


-La amistad te impide resbalar al abismo-

Desde el momento en que Tim y Jason entraron en el salón, pude sentir la tensión en el aire. Mi atención se desvió de Dick por un segundo, justo lo suficiente para captar la expresión de Conner. Lo conocía demasiado bien; su mandíbula apretada, sus puños cerrados bajo la mesa, y la forma en que sus ojos evitaban mirar a la pareja confirmaban lo que ya sospechaba.

Me levanté de la mesa, llamando la atención de Conner con una palmada en su espalda.

_Oye, grandote-dije con una sonrisa-Ven conmigo al pueblo, necesito comprar un par de cosas. Además, alguien tiene que cargar las bolsas, ¿no?

Dick, como siempre, fue el primero en ofrecer ayuda silenciosamente. Vi cómo se inclinaba hacia adelante, dispuesto a intervenir, pero lo detuve antes de que pudiera abrir la boca. Sin decir nada, me incliné y presioné un pequeño beso en sus labios y luego le guiñé un ojo. Dick se quedó quieto, sorprendido por un segundo, y luego, al darse cuenta de lo que estaba haciendo, simplemente asintió.

Conner levantó la vista, un poco desconcertado, pero asintió lentamente. Estaba claro que no tenía muchas ganas de hablar, pero la idea de alejarse un rato parecía ser justo lo que necesitaba. Le lance una mirada rápida a Dick, quien me observaba con una mezcla de curiosidad y preocupación. Le di un asentimiento rápido antes de empujar a Conner hacia la puerta.

El paseo hacia el pueblo fue en silencio al principio, con Conner caminando junto a mí, perdido en sus pensamientos. Lo dejé estar así, dándole el espacio que necesitaba hasta que estuviéramos lo suficientemente alejados de la cabaña y del ruido de los demás. Finalmente, cuando sentí que el silencio se estaba volviendo demasiado pesado, decidí romperlo.

-¿Qué pasa entre tú y Tim?-Le pregunté, manteniendo mi tono ligero pero con la seriedad suficiente para que supiera que estaba aquí para escuchar.

Conner dejó escapar un suspiro largo y frustrado. Se llevó una mano a la nuca, frotándola mientras miraba al suelo.

-He sido un gilipollas, Wally -dijo finalmente. Y yo acabo de sentir un déjà Vu. Su voz llena de arrepentimiento-Lo tenía, ¿sabes? Tim estaba... estaba conmigo, y lo eché todo a perder. Lo ignoré, lo di por sentado creyéndome que podíamos alejarnos sin hacernos mucho daño. Y ahora está con Jason, y no puedo soportar verlo así... no puedo soportar la idea de que él sea feliz con otro, cuando sé que debería haber sido yo quien lo hiciera feliz.

Lo escuché atentamente, sintiendo el dolor en cada palabra. Conner siempre había sido fuerte, pero también tenía un corazón más grande que muchos. Y ver cómo ese corazón estaba roto me dolía más de lo que podía expresar.

-Conner, todos cometemos errores-empecé, eligiendo mis palabras con cuidado-Lo importante es lo que haces después de darte cuenta de ellos. Sé que duele, y créeme, sé lo que es ver a alguien que quieres estar con otro. Pero lo mejor que puedes hacer ahora es darle espacio, y darte espacio a ti mismo.

-Pero...

-Tim necesita encontrar su camino, y tú también. No digo que todo esté perdido, pero necesitas tiempo para entender qué es lo que realmente quieres y cómo puedes ser mejor para él...o para ti mismo.

Conner me miró por un momento, su expresión suavizándose un poco mientras asimilaba lo que le decía. No era fácil, lo sabía, pero era necesario que entendiera que la culpa y los celos no lo llevarían a ninguna parte.

-Gracias, Wally-dijo finalmente, su voz baja pero sincera-Gracias por estar aquí.

Le sonreí y le di una palmada en el hombro.

-Para eso están los amigos, ¿no?-le respondí con un guiño.

Decidí que necesitaba más que solo una charla para despejar su mente, así que lo guié hacia el mirador. Sabía que el lugar tenía algo especial, una especie de paz que podría ayudarlo a calmar sus pensamientos. Llegamos allí en silencio, y Conner pareció relajarse un poco. La vista era espectacular, el tipo de paisaje que hace que el mundo parezca un poco menos complicado.

Nos sentamos en una roca cercana, simplemente mirando la vista por un rato. Ninguno de los dos dijo nada, pero no era necesario. El simple hecho de estar ahí, en silencio, compartiendo el momento, parecía ser suficiente.

-Gracias, Wally-Repitió Conner después de un rato, su voz mucho más tranquila-. Realmente lo necesitaba.

Le sonreí, satisfecho de haber podido ayudar....al menos un poco. Sabía que el camino para Conner no sería fácil, pero también sabía que no estaría solo. No mientras yo estuviera allí para echarle una mano.

El regreso al pueblo fue tranquilo. El tiempo que pasamos en el mirador pareció aliviar la tensión en Conner, al menos temporalmente. A medida que nos acercábamos a la cabaña, el ambiente se volvió más ligero, aunque seguía notando la sombra de preocupación en sus ojos.

Necesita tiempo.

Sin embargo, al llegar, ambos nos detuvimos en seco al ver a todos nuestros compañeros moviéndose con prisa, recogiendo sus cosas y cargándolas en los coches con una urgencia palpable.

-¿Qué está pasando?-pregunté, caminando rápidamente hacia Dick, que estaba organizando todo con una expresión de que mierda

-Recibí una llamada de Bruce hace unos minutos-dijo, su voz baja pero firme- La madre de Damian está planeando algo peligroso, y necesitamos regresar cuanto antes para asegurarnos de que él esté a salvo. No tenemos tiempo que perder.

Asentí, entendiendo la gravedad de la situación. Si Talia estaba involucrada, eso significaba problemas serios, y el bienestar de Damian era nuestra prioridad.

-¿Están todos listos?-preguntó Dick, girándose para asegurarse de que nadie quedara atrás.

El grupo asintió, todos sabían que el momento de relajarse había terminado y que la misión ahora era regresar lo más rápido posible. Mientras nos dirigíamos a los coches, sentí la tensión crecer de nuevo en Conner, que caminaba en silencio a mi lado. De repente, lo vi desviarse hacia Tim, su rostro mostrando una mezcla de determinación y ansiedad.

-Tim, ¿puedo hablar contigo un momento?-Le pidió, su voz baja pero urgente y yo deje de ser una vieja costilla.

-Si sientes que tienes que decir algo, dilo. Quizás después te arrepientas de no haberlo hecho-

Mientras metía la última bolsa en el maletero, sentí a Conner acercarse. No necesitaba mirarlo para saber que estaba ahí; su presencia siempre había sido difícil de ignorar. Pero en ese momento, el peso de todo lo que había pasado, y lo que estaba por venir, me mantenía enfocado en lo que tenía que hacer. Nos esperaban en Gotham, y el tiempo era un lujo que no podíamos permitirnos.

_Tim, ¿puedo hablar contigo un momento?-su voz me alcanzó, baja, llena de una urgencia que me hizo detenerme.

Me giré hacia él, intentando mantener una expresión neutral. No era fácil después de todo lo que había sucedido entre nosotros, después de las decisiones que había tomado en las últimas horas. Pero el estrés de la situación actual, y la necesidad de llegar pesaban más que cualquier otra cosa en mi mente.

-Conner, no es un buen momento-le respondí, tratando de mantener la calma.

Vi la decepción y la súplica en sus ojos, y por un instante, me sentí atrapado. Conner nunca había sido fácil de ignorar, y ahora no era diferente. Su expresión era tan vulnerable, tan llena de arrepentimiento, que algo dentro de mí cedió, a pesar de lo que sabía que debía hacer.

Dejé escapar un suspiro, sabiendo que no podía decirle que no, no cuando me miraba así.

-Está bien, pero rápido-acepté, resignado.

Lo seguí unos pasos lejos del coche, lo suficiente para que los demás no nos oyeran. El silencio entre nosotros era pesado, lleno de todo lo que había quedado sin decir en las últimas semanas.

-Tim, yo...-comenzó Conner-Solo quiero disculparme. He sido un idiota, lo sé. Te he tratado mal y... lo lamento tanto. De verdad, lo siento.

Sus palabras me golpearon, removiendo algo profundo dentro de mí que había estado intentando enterrar desde hace tiempo. No quería sentir nada en ese momento, quería mantenerme enfocado en lo que tenía que hacer, en la misión. Pero ahí estaba Conner, con su arrepentimiento, y no pude evitar sentir cómo mi corazón se estrujaba, como si alguien lo apretara con alambre de espino.

Lo miré, viendo el dolor y la sinceridad en sus ojos, y sentí un nudo formarse en mi garganta. Había querido oír esas palabras durante tanto tiempo, pero ahora que las escuchaba, ya no sabía qué hacer con ellas. El tiempo y las circunstancias habían cambiado demasiado.

Sin decir nada, me giré, alejándome de él. No porque quisiera lastimarlo, sino porque no tenía las palabras adecuadas. Todo lo que sentía en ese momento estaba demasiado enredado para poder explicarlo. Y sabía que cualquier cosa que dijera solo complicaría más las cosas.

Caminé de regreso al coche, sintiendo su mirada en mi espalda, pero no me detuve. Me metí en el asiento, cerrando la puerta detrás de mí, tratando de contener el torbellino de emociones que amenazaba con desbordarse.

-Todo bien-Prgunto Chico bestia

-Sí-Dije lo más tranquilo que puede

Mientras el coche arrancaba y nos alejábamos del pueblo, me obligué a mantener la vista al frente, concentrándome en la carretera, en la misión. Pero por dentro, todo estaba lejos de estar en orden. El silencio en el coche solo amplificaba lo que estaba pasando dentro de mí. Cada kilómetro que recorríamos parecía alargar la distancia entre nosotros, pero no lo suficiente como para borrar lo que sentía.

Conner había hablado desde el corazón, y aunque parte de mí quería perdonarlo, otra parte no podía olvidar lo que había pasado, el dolor que había sentido. Sabía que el viaje a Gotham sería largo, más ahora, y que el silencio entre nosotros no haría más que dejar que esas emociones continuaran fermentando. Pero por ahora, no había nada más que pudiera hacer, excepto seguir adelante y esperar que el tiempo, de alguna manera, trajera consigo alguna respuesta.

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