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Evil [MikeTake]

°•13•°

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Takemichi podía verlos.

A él y a Mikey, tirados en el pasto, uno frente al otro, sus cuerpos alineados, sus manos enlazadas, mirándose en silencio.

El aire movía la hierba a su alrededor, creando un sonido suave y relajante, un eco de la calma que compartían en ese instante.

Manjiro-Realmente...

Takemichi-No me arrepiento de nada.

Su voz sonaba firme.

Decidida.

Sus ojos reflejaban seguridad, incluso si el mundo entero parecía estar en su contra.

Takemichi-Te quiero. Y ellos, algún día, tendrán que aceptarlo.

Mikey entrecerró los ojos, llenos de algo oscuro, algo peligroso.

Manjiro-Takemichi... si tus padres te hacen daño, te aseguro que los mataré-Se inclinó hacia él?, su frente tocó la de Takemichi, el menor cerró los ojos, sintiendo el calor de su piel, soltó su mano para esconderse en su pecho.

Refugiándose en su olor.

En su abrazo.

Takemichi-¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?-Lloriqueó, sintiendo los brazos de Mikey apretarlo más fuerte.

Como si intentara fundirlo en su propio ser.

Manjiro-El mundo es cruel... está lleno de gente de todo tipo.

Porque él lo sabía mejor que nadie, porque él era la prueba viviente de lo cruel que podía ser el mundo.

Takemichi.

Takemichi.

¡Takemichi, despierta!

Sus ojos se abrieron de golpe. El mundo a su alrededor era diferente.

El pasto desapareció.

El cielo se desvaneció.

En su lugar, vio a su primo.

A Chifuyu y a los demás.
Todos lo miraban con preocupación, Takemichi parpadeó, tratando de comprender, se incorporó, sintiendo el colchón firme bajo su cuerpo. Para su sorpresa, estaba vestido.
Y la cama...La cama estaba hecha. Como si nunca se hubiera acostado en ella.

Chifuyu-¿Estás bien?

Takemichi-Sí...-Pero su voz tembló.

No estaba seguro de si decía la verdad.

Chifuyu-¿Entonces por qué estás llorando?

Takemichi-¿Eh?-Levantó la mano y la llevó a su mejilla.
Estaba húmeda, empapada de lágrimas.

Takemichi-Oh... No lo sé.

No lo recordaba.

Pero su pecho dolía.

Y su corazón pesaba demasiado. Chifuyu lo abrazó, Takemichi sintió su calor, el apretón de sus brazos, sabía que su primo se sentía culpable, seguramente, Chifuyu pensaba que lo odiaba.

Pero no era así.

Porque al igual que él...

Chifuyu también había sido manipulado.

Takemichi-Voy a dar un paseo-Intentó sonreírles.

Pretender que todo estaba bien, se levantó de la cama, se colocó una chaqueta encima del chándal gris que llevaba puesto, se puso las zapatillas y salió de la casa.

El maizal se alzaba frente a él.

Oscuro.

Tranquilo.

El viento soplaba con fuerza cuando entró en él, tuvo que levantar las manos para protegerse la cara. El aire se enredaba en su cabello, haciéndolo bailar alrededor de su rostro.

Y entonces, de repente…

El viento se detuvo.

Todo quedó en un silencio sepulcral y unos brazos se envolvieron alrededor de su cintura, lo abrazaron con fuerza, Takemichi sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero no de miedo, era una sensación extraña.

Familiar.

Se giró lentamente.

Y, sin pensarlo, correspondió al abrazo.

Se aferró a Mikey.

Lo sintió.

Fuerte.

Real.

Los brazos del rubio lo apretaron aún más, como si temiera que volviera a desaparecer. Takemichi no podía odiarlo, por más que lo intentara, por más que supiera lo que había hecho.

No podía.

Porque lo amaba, y Mikey lo sabía, por eso se quedó callado, aunque no lo dijera,
él también se sentía mal, no por lo que había hecho, sino por lo que había perdido.

Por lo que el destino les había arrebatado.

Takemichi y Mikey siempre tuvieron obstáculos, pero el que entró en forma de mentira... Fue lo suficientemente grande como para separarlos.

Y ahora estaban aquí.

Aferrados el uno al otro.

Como si intentaran recuperar algo que ya no existía.

O tal vez…

Como si nunca lo hubieran perdido.

Takemichi caminaba de regreso a la casa con las mejillas levemente teñidas de rojo. Sus labios aún hormigueaban, habían estado besándose durante casi una hora, como si fueran dos adolescentes desesperados por recuperar el tiempo perdido, las manos de Mikey aún parecían grabadas en su piel, apretando su culo, atrayéndolo contra su cuerpo con una necesidad ardiente. Ese simple contacto le trajo recuerdos.

De otras noches.

De otras veces.

De cómo Mikey lo tomaba sin reservas, de cómo su piel ardía al roce de sus caricias. Un escalofrío le recorrió la espalda, y sin darse cuenta, abrazó más fuerte el cuello de Mikey mientras caminaban juntos.

El mayor no decía nada.

Solo sonreía.

A veces, parecía que quería robarle el aire, dejando a Takemichi jadeando, con la respiración entrecortada.

Lo besaba hasta que su mente quedaba en blanco, hasta que su cuerpo temblaba, y ahora, en este instante, Takemichi deseaba que esos besos no hubieran terminado, que nunca se hubieran detenido, pero su breve burbuja de felicidad se rompió al escuchar una voz dentro de la casa, la voz de Taiju. Takemichi se detuvo en seco.

Su expresión cambió.

Frunció el ceño.

¿Qué demonios hacía él aquí?

Sin hacer ruido, se acercó sigilosamente a la puerta, apoyando la espalda contra la pared para escuchar mejor. Dentro, el tono de la conversación era tenso.

Taiju-Entiendo lo que tratáis de decirme, pero... ¿qué dirá Takemichi?

Chifuyu-No... él dirá que no. Está claro-El tono de su primo era firme.

Decidido.

Casi desesperado.

Chifuyu-Ya recuerda quién es... pero yo no puedo aceptar que mi primo se quede con un jodido demonio.

El estómago de Takemichi se encogió. Dentro de la casa, todos comenzaron a comentar al mismo tiempo, afirmando las palabras de Chifuyu.

Dándole la razón.

Estaban de acuerdo.

Takemichi sintió como si su pecho se encogiera.

¿Por qué?

¿Por qué tenían que separarlos otra vez?

Él no quería.

No ahora.

No después de recordar todo.

No después de recuperar lo que una vez le fue arrebatado.

Entonces, el ambiente cambió.

El aire se volvió denso.

Frío.

Takemichi dejó escapar un leve suspiro y vio cómo el vapor se condensaba frente a su rostro.

Un escalofrío subió por su columna.

Y entonces...

Sintió un susurro justo en su oído.

Cálido.

Oscuro.

Peligroso.

Manjiro-Matémoslos-Takemichi sintió cómo su cuerpo se tensaba.

No necesitaba girarse para saber que Mikey estaba justo detrás de él. Podía sentirlo.
Como si su sombra lo envolviera, como si su voz se filtrara en sus pensamientos.
Su respiración quedó atrapada en su garganta, Mikey no estaba preguntando.

No estaba sugiriendo.

Estaba afirmando.

Como si la decisión ya estuviera tomada.

Como si el destino de todos dentro de esa casa ya estuviera sellado.

Takemichi cerró los ojos por un segundo.

El frío se intensificó.

Su corazón latía descontrolado.

Pero cuando abrió los ojos otra vez…No dijo que no.

Porque, en el fondo, tampoco sabía si quería detenerlo.

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