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Evil [MikeTake]

°•14•°

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Hinata-¿Takemichi, estás bien?-La voz de Hinata lo sacó de sus pensamientos.
Takemichi parpadeó un par de veces antes de girar la cabeza hacia ella.

Takemichi-Sí… Es que… ¿qué hace Taiju aquí?-Hinata titubeó.

Hinata-Oh… él…

Takemichi ya lo sabía.
Sabía perfectamente por qué Taiju estaba allí. Quería realizar un ritual, un ritual para romper el lazo que lo unía a Mikey, uno que se había formado a través de la ouija. Si lo lograban, Mikey quedaría atrapado en la casa. Sin forma de salir.

Sin forma de volver a él.

Chifuyu-Es para asegurarse de que estás bien-Chifuyu le sonrió, con esa expresión que antes solía tranquilizarlo.

Pero ahora solo le producía una sensación amarga en el estómago.

Takemichi-Ah…-forzó una sonrisa-Bueno, eso me tranquiliza.

Mentira.

Siempre mentiras.

Siempre diciéndole qué hacer.

Sin preguntarle su opinión.

Siempre sofocándolo.

Según su padre: "Tienes que destacar para ser alguien."
Pero… ¿y si él no quería destacar?

Según su madre: "No importa si no te gusta, tienes que hacerlo para ser mejor. Si no, nunca llegarás a nada." Pero… ¿a dónde se suponía que quería llegar?

Hace años asumió que había nacido para cumplir expectativas ajenas. Porque lo hacían por su bien. Porque eran su familia.
Porque la familia sabe lo que es mejor para ti. ¿Verdad?
Ciego por esa palabra.

Familia.

¿Por qué no se dio cuenta antes? Sus propios padres fueron capaces de hacer que olvidara a la persona que amaba. A sabiendas de lo fuerte que eran sus sentimientos.

Eso no es amor.

Eso es manipulación.

Eso es control.

Y lo peor de todo…

Es que las personas que supuestamente lo estaban ayudando…Eran las mismas de las que no podía confiar.

Taiju-Oye, Takemichi-La voz grave de Taiju lo sacó de sus pensamientos. Takemichi levantó la vista y lo observó.

Taiju-¿Has tenido más visiones?-El silencio se instaló en la habitación.

Manjiro apareció detrás de él. Lo sentía. Podía percibirlo incluso antes de que hablara.

Manjiro-Dile que no-Takemichi respiró hondo.

Takemichi-No…

Taiju- ¿Y algo extraño?
-Manjiro inclinó la cabeza, susurrándole

Manjiro-Solo voces.
-Takemichi cerró los ojos por un segundo.

Takemichi-Solo he escuchado algunas voces. Alguna que otra cosa moviéndose.

Taiju-¿Sabes más o menos a qué hora jugasteis con la ouija?-Takemichi frunció el ceño.

Takemichi-No… ¿Por qué esa pregunta?

Taiju-Curiosidad-El silencio se hizo aún más pesado.

Era extraño. ¿En serio nadie notaba que él no estaba discutiendo? ¿Que no les estaba gritando? ¿Que no les estaba reclamando? Era como si todos esperaran que simplemente aceptara lo que le decían. Que actuara como el niño obediente que siempre fue. Taiju extendió una mano para tocar su hombro. Pero no llegó a hacerlo. Un cuchillo se levantó en el aire. Y salió disparado. Cortando la piel de su mano en un tajo profundo.

Baji-¡No me jodas! ¿Otra vez con los objetos voladores?
-Hina y Kazutora se levantaron de golpe para ayudar a Taiju con su herida.

Takemichi no se movió.
No reaccionó. Solo se quedó ahí, quieto. Como si su cuerpo no le respondiera.

Chifuyu-¿Ves?-Chifuyu lo tomó del rostro, obligándolo a mirarlo a los ojos.

Chifuyu-No es bueno que estés con él-Su tono de voz era suave, casi desesperado.
-Puede dañarte a ti también. No es bueno.

¿Y vosotros sí? Takemichi quiso gritarles. Quiso preguntarles si ellos sí eran "buenos" para él. Si podían decidir por él. Si lo conocían lo suficiente para saber qué era lo mejor. Vale… que Chifuyu intentara meterse en su vida era algo que podía entender.

Era su primo.

Siempre estuvo allí.

Incluso si su apoyo fue una mentira.

Pero… ¿los demás?

¿Qué derecho tenían ellos?

Para juzgarlo.

Para decidir.

Para actuar como si él no tuviera voz ni voto en todo esto. Los miró a todos. Uno por uno. Y en su pecho creció algo nuevo. Algo que nunca antes había sentido con tanta claridad.

Rabia.

Aquí tienes tu texto corregido y con más detalles para mayor profundidad y fluidez: Mikey frunció el ceño  Odiaba ver a Takemichi así. Cada vez más hundido en esa tristeza que parecía anidar en su interior. Aferrándose a él.
Asfixiándolo. Sabía que no solo era tristeza.

Había algo más.

Rencor.

Ira.

Sentimientos que, tarde o temprano, se desatarían como un ciclón. Uno que arrasaría con todo a su paso.
Realmente quería matarlos.

A todos.

Pero quería que Takemichi tomara la decisión. Que fuera él quien dijera "sí."
La cena transcurrió en un silencio incómodo. Takemichi apenas habló.
Apenas comió. Apenas reaccionó. Cuando terminó, ayudó a recoger la mesa y murmuró un "buenas noches" antes de desaparecer escaleras arriba. Se metió en su cuarto, cerró la puerta, se deslizó bajo las sábanas y e acurrucó en posición fetal.

Temblando.

Llorando en silencio.

El colchón se hundió levemente a su lado.

No necesitó abrir los ojos para saber quién era.

Manjiro-Puedo hacerlo yo, si quieres.

La voz de Mikey sonó suave.

Peligrosamente suave.

Como una promesa.

Como un pacto.

A Mikey no le importaba matar por él. Lo haría sin dudar. Pero quería que Takemichi lo dijera. Quería escuchar esas palabras de sus labios.

Un "hazlo."

Un "acaba con ellos."

Pero lo único que escuchó fue un sollozo.

Takemichi-Es que... No sé cómo sentirme...-Su voz era un susurro quebrado.

Se abrazó las rodillas con más fuerza, hundió la cara en sus brazos. Y lloró más fuerte.

Manjiro-Yo haré lo que tú decidas

Hizo una pausa.

Luego susurró:

Manjiro-Pero no pienso dejar que me separen de ti otra vez-El silencio se instaló en la habitación.

Cargado de pensamientos y decisiones no dichas.
Mikey no interrumpió.
Sabía que Takemichi estaba procesándolo todo.
Que cada recuerdo.
Cada traición.
Cada mentira.
Cada verdad a medias.
Estaban cayendo sobre él como una avalancha.

Sabía que Chifuyu haría lo imposible por separarlos.
Él mismo lo había dicho en el salón. ¿Por qué no huir?
¿Qué importaba si hacían el ritual? Mikey quedaría atrapado en la casa.
Encerrado en un lugar donde Takemichi no podría verlo.

No podría sentirlo.

Porque una semana atrás…

Takemichi había dicho su nombre.

Lo había susurrado en la oscuridad.

Lo había llamado.

Manjiro Sano.

Y ahora estaban atados.

Juntos.

Para siempre.

Takemichi-Mikey...-Su voz fue apenas un aliento entre las sábanas. Mikey giró la cabeza.

Manjiro-¿Sí?-Takemichi sacó la cabeza de entre las mantas. Sus ojos estaban hinchados.

Takemichi-¿Puedes hacer que me duerma?

Mikey no dijo nada.

No necesitaba hacerlo.

Simplemente deslizó sus dedos por los rizos oscuros de Takemichi.

Peinándolos con calma.
Dibujando círculos lentos sobre su cuero cabelludo.
Takemichi suspiró. Sus párpados se cerraron.
Su respiración se volvió más pausada. Más lenta. Más profunda.

Takemichi-Gracias...-Y entonces, el sueño lo atrapó.
Takemichi estaba agotado.

Mentalmente.

Físicamente.

El estómago se le cerraba.

No comía lo suficiente.

Su cuerpo se sentía pesado.

Como si cada movimiento le costara el doble. Mikey, de alguna forma, había logrado que comiera un par de veces. Pero no podía obligarlo. Sabía que si lo hacía, solo lo haría sentir peor. Podía verlo con claridad.

Cómo el estado mental de Takemichi se volvía más frágil. Como un cristal a punto de romperse. Mikey no podía permitirlo.

No podía perderlo.

No otra vez.

Nunca más.

Aferrándose a él.

Asfixiándolo.

Sabía que no solo era tristeza.

Había algo más.

Rencor.

Ira.

Sentimientos que, tarde o temprano, se desatarían como un ciclón. Uno que arrasaría con todo a su paso.
Realmente quería matarlos.

A todos.

Pero quería que Takemichi tomara la decisión. Que fuera él quien dijera "sí."

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