°•20•°
Manjiro descendía con suaves besos por el vientre de Takemichi, sintiendo su piel arder bajo sus labios, escuchando cómo se deshacía entre sus manos, cómo sus suspiros llenaban de gozo su alma corrompida. Veía cómo se retorcía cuando su mano acariciaba esa zona tan sensible, mientras la timidez hacía que Takemichi escondiera su rostro con uno de sus brazos.
Takemichi-Manjiro…-susurró con su voz melódica, capaz de descongelar el corazón del demonio-Yo…
El de ojos azules aún tenía recuerdos que aparecían abruptamente, imágenes claras de Mikey y él juntando sus rostros con ternura, rozando sus narices en un dulce beso esquimal, mirándose como si fueran lo único existente en el mundo y uniéndose en un beso que les devolvía la vida.
Takemichi-Te amaré-juró con firmeza-Te amaré aunque duela, te amaré en mil vidas más, sin importar lo que venga.
Esas palabras hicieron que Manjiro se detuviera unos segundos antes de subir nuevamente para encontrarse con el rostro de Takemichi aún oculto por su brazo. Con suavidad, retiró aquel brazo para que sus miradas se encontraran.
Manjiro-Entonces-dijo, tomando una de las manos de Takemichi y besándola con devoción-yo te entrego mi corazón. Te pertenece, para destruirlo o amarlo, pero es tuyo, solo tuyo.
Takemichi llevó sus manos hacia las mejillas del mayor, sosteniéndolas suavemente unos instantes antes de atraerlo hacia él, eliminando la distancia entre ellos. Cerró los ojos y dejó que sus labios se unieran.
Takemichi tuvo otro vago recuerdo, esta vez de cuando asistía a la iglesia. Recordaba claramente la fuerte voz del cura resonando en aquel frío templo, erizándole la piel con cada palabra pronunciada.
-Recordad estas palabras: los diablos no hacen acuerdos, no hablan con sinceridad. No creáis nada de lo que os digan.
Takemichi se preguntó si alguna vez el cura se había cruzado realmente con un demonio.
-Es inútil negociar con ellos, no lo hagáis. Son despiadados, abusivos y escurridizos. Ellos mienten, siempre tratarán de engañaros.
Pero entonces, ¿por qué al mirar a Mikey sentía tanta calidez? ¿Por qué creía en cada palabra que salía de sus labios? ¿Por qué se sentía más vivo que nunca junto a él?
Chifuyu-¿Qué tal has dormido?-La voz de su primo sacó a Takemichi de sus pensamientos.
Takemichi-Bien...-mintió, recordando la noche anterior, llena de pasión bajo las sábanas, su cuerpo ardiendo contra el de Mikey.
Chifuyu-Oye... ¿te apetecería dar una vuelta?-Takemichi dudó unos segundos, pero finalmente accedió.
Caminaron juntos por aquella acera desgastada por los años, reviviendo memorias, como cuando eran las fiestas del pueblo y se quedaban hasta muy tarde.
Akkun-¡Joder! He vuelto a fallar-dijo dejando la escopeta sobre el mostrador.
Izana-Ja, qué pringado-dijo mientras bebía su chocolate caliente.
Takemichi-Tranquilo, algún día mejorarás.
Manjiro-¿Cómo tú?
Takemichi-Soy mejor que tú, seguro.
Manjiro-Nunca me has visto disparar.
Takemichi-Porque nunca lo has hecho-El rubio de ojos grises se acercó, invadiendo su espacio personal-Además, seguro que te ganaría.
Manjiro-¿Me estás retando, Takemichi?
Takemichi-Quizás...
Manjiro-Bien-dijo alejándose-Quien más patitos derribe hará que el otro obedezca sus órdenes durante una semana.
Takemichi-Luego no te arrepientas de esas palabras-advirtió agarrando otra escopeta.
Chifuyu-Verás...-suspiró.
Izana-¿Apostamos tú y yo también, Kakucho?
Kakucho-No.
Izana-Jo, qué aburrido-dijo haciendo un puchero.
Takemichi había sentido su orgullo hundirse; él era bueno en ese juego, pero Mikey resultó ser un experto absoluto, logrando diez aciertos consecutivos mientras él apenas conseguía cinco.
Manjiro-En tu cara-sonrió con superioridad.
Takemichi-Pero...
Chifuyu-Eso te pasa por hablar de más.
Takemichi-Pero Chifuyu, tú sabes que soy bueno en este juego.
Chifuyu-Sí, pero basta que lo digas para que falles.
Takemichi-Esto no acaba aquí, Sano. Te ganaré.
Chifuyu-Como digas, pero vamos a comer algo. Son las doce de la noche y muero de hambre.
Chifuyu-Sabes, recuerdo cuando decíamos que al crecer montaríamos nuestra propia pastelería aquí-dijo mirando un local ahora en ruinas.
Takemichi-Sí…-Metió las manos en sus bolsillos-
Akkun decía que sería el mejor peluquero-Sintió tristeza al recordar el destino que había sufrido su amigo: trabajando como peluquero para otra persona, sin llegar a tener su propio local.
Chifuyu-Izana decía que él prefería recorrer el mundo, que quería ser alguien conocido, no quedarse como un don nadie.
Takemichi-Siempre pensó en grande.
Chifuyu-Y Kakucho siempre le decía que para eso hacía falta dinero, pero a Izana nunca le preocupó.
Takemichi-¿Qué habrá sido de ellos?-preguntó con nostalgia.
Chifuyu-Izan es futbolista profesional y se casó con Kakucho-Takemichi sintió una oleada de emociones y sonrió al recordar a esos dos amigos.
Continuaron su recorrido por el pueblo, y los recuerdos seguían llegando con fuerza a la mente de Takemichi.
Manjiro-¿Qué me harás hoy para cenar?
Takemichi-Mmm-miró hacia otro lado-¿croquetas y papas?
Manjiro-Me gusta.
Izana-Kakucho, algún día tú serás quien me prepare la cena.
Kakucho-¿Es que tú no tienes manos?
Izana-Shhh, calma, mujer.
Kakucho-¡No me llamas así!
¿Cómo pudo olvidarlo todo
¿No les dolió a sus padres verlo sin recuerdos?
¿Qué más secretos le ocultaron?
¿Qué más había perdido?
Todas esas preguntas se quedaron flotando, sin respuesta, en su mente.
2:32
Hina bajaba aquellas escaleras con algo de pesadez. Odiaba despertar en mitad de la noche y no tener agua en la habitación. Cuando llegó a la cocina, agarró una de las botellas y se giró para volver a las habitaciones, pero se detuvo al escuchar pasos detrás de ella, haciéndola voltear rápidamente.
Hina-¿Hola?-No recibió ninguna respuesta. Sintió su corazón acelerarse y rápidamente se dirigió hacia la habitación.
Tenía miedo. Antes hubiese pensado que era simplemente la madera crujiendo, pero ahora sabía que podía ser otra cosa, algo que antes no creía pero que ahora estaba a su alrededor. ¿Por qué tuvo que bajar sola?
Escuchó nuevamente pasos tras ella, y a mitad de las escaleras se detuvo, girándose lentamente para encontrarse con su difunta abuela sonriéndole desde la planta baja. Su respiración se entrecortó y sintió sus ojos picar por las lágrimas. Sabía que no era real, debía seguir subiendo, aunque deseaba con fuerza bajar y abrazarla. Con todo el pesar de su alma, continuó ascendiendo.
Cuando estaba por llegar al segundo piso, sintió cómo una mano agarraba su tobillo con fuerza. Al bajar la mirada lentamente vio a su abuela tirada en las escaleras, mirándola con dolor.
-¿Por qué no vienes?-Susurró aquella figura.
Sintió cómo la fuerza en su tobillo aumentaba y de pronto esa sensación desapareció, siendo reemplazada por el ardiente dolor de golpes en su cuerpo. ¿Había caído por las escaleras? Por mucho que gritaba, no escuchaba su propia voz. Intentó levantarse, pero el dolor se lo impedía.
El Diablo no hace acuerdos.
Manjiro-Hola~-Escuchó una voz cantarina que la hizo quedar estática y muda.
No, no, por favor, suplicaba interiormente, rezando porque fuera solo una pesadilla, pero todo era demasiado real para ser así.
Manjiro-Dime, Hina-chan…-Escuchó cómo se acercaba desde atrás-¿Cómo te gustaría morir, lentamente o rápidamente?
Es inútil, no lo hagas, es soberbio intentarlo.
Hina levantó sus ojos llenos de lágrimas que miraron a aquel ser con súplica. Sabía que no importaba cuánto rogara por su vida, su destino ya estaba alineado con la muerte. Hubiera querido despedirse de Yuzuha.
Es despiadado.
Manjiro-¿Por qué no respondes?-preguntó acuclillándose delante de ella-¿Quieres que yo elija por ti?
Es abusivo, escurridizo.
Se preguntaba qué pasaría después de su muerte, cómo se sentirían sus padres, cómo no podría cumplir su promesa de ir con Naoto al parque de atracciones en su cumpleaños, ni casarse algún día con Yuzuha.
Manjiro-Quizás pueda perdonarte...
Hinata-Por favor…-dijo mientras trataba de levantarse.
Manjiro-Pero deberás darme tu patética alma.
Hinata-¿Eh?-murmuró logrando sentarse.
Manjiro-Nada es gratis, querida-Los ojos de la chica se cruzaron con aquellos oscuros como la noche.
La mano del azabache se movió hacia ella. Cerró los ojos con miedo, pero cuando aquella mano acarició su mejilla, el punzante dolor desapareció. Su estómago se revolvió al ver la sonrisa de aquel ser, y un pensamiento intrusivo apareció en su mente; no podía negar el atractivo del hombre frente a ella.
Él nunca será el príncipe azul.
Manjiro-Debe ser de una manera especial-dijo bajando su mano por aquel blanquecino cuello, hasta el borde de su pijama.
Hinata-¿Es-especial?
Manjiro-Sí, Hina-chan-susurró acercándose a ella- especial.
No vale la pena, cariño.
¿Cómo podía sentirse tan bien algo tan sucio? Nunca pensó en engañar a Yuzuha, mucho menos con un hombre, con el causante de las desgracias y miedos que los rodeaban. Pero la carne era débil. Manjiro sabía cómo hablar, dónde tocar para hacer que cualquier persona cayera por él.
¿Lo hacía para quedarse con Yuzuha y no morir?
Sí, también era el miedo a morir lo que hacía que los humanos hicieran cualquier cosa.
Una vez completamente desnuda sobre aquel frío suelo de madera, sintió cómo su piel se erizaba cuando las manos del contrario se alejaron. Al mirar a su alrededor no vio a nadie. Intentó reincorporarse, pero algo emergió de debajo de la madera, atrapando su cuerpo nuevamente contra el suelo.
La verdad es que él miente.
Observó cómo aquello que la sujetaba comenzaba a llenarse de espinas que se clavaban lentamente en su piel, adornándola con hilos rojos de sangre. La desesperación y el dolor la hicieron gritar, pero nadie podía oírla, solo aquel ser frente a ella.
Emma-Eres cruel, hermano-dijo acercándose y abrazándolo desde atrás.
Manjiro-Mira quién habla.
Emma-Yo no la he torturado.
Manjiro-No físicamente-replicó fríamente-¿Qué haces aquí?
Emma-Solo quería estar contigo un rato-susurró, apretándose más en el abrazo con su hermano.
Emma quería a Mikey más que a ella misma. Daría su vida por él.
Él fue el único que no la trató como alguien débil.
Que no la miró como un estorbo.
Manjiro-Deja de llorar.
Emma-Pe-pero duele-
Manjiro frunció el ceño.
Manjiro-Vamos.
Emma-No quiero seguir luchando.
Manjiro-¡Levanta y pelea, joder!
Su hermano no era misericordioso, le daba igual que fuese una chica o un chico. Aunque sabía que no la estaba golpeando con todas sus fuerzas, cosa que ella agradecía.
Manjiro-Si quieres que te tomen en serio tienes que aguantar, ser tú la que no tenga piedad. Da igual si llora, si suplica, tú solo debes pensar en ti, ¿entiendes?
Emma-Sí...
Claramente eso le fue imposible porque cuanto más crecía, más se daba cuenta de las cosas. Mikey siempre la defendía de aquellos que se burlaban por sus debilidades y carencia de poderes. Entonces se dio cuenta: no podía ponerse ella por delante de Mikey. Sabía que su hermano también podía ser débil y para eso estaría ella, para apoyarlo en sus momentos de debilidad. Pero no era tan fácil ver a su hermano llorar. Ella vio y aprendió de él cómo no compadecerse de nadie.
Manjiro-Vamos, mátalo-Dijo mirando al chico que los miraba con súplica en el suelo.
Emma-Y-yo no puedo...-La impotencia era grande, sentía lástima por aquel humano.
Manjiro-Hazlo, si no, nunca nadie te tomará en serio.
Emma sintió una punzada en el pecho recordando las crueles palabras de los demás, cómo la miraban como algo sin valor, cómo la pisoteaban, dejando su orgullo por los suelos. Esa noche mató a su primera víctima. Aprendió también a jugar a su propia manera, una que era muy divertida.
No sentía nada al destrozar familias, al hacer sufrir a personas. No sentía nada al ver a esa chica desangrarse en el suelo, ni sentía nada al hacer que Ken sufriese por traicionar sus principios. Después de todo no le pueden echar la culpa a ella; ella no los obliga a tener sexo, a traicionar a sus familias y las cosas que aman. Lo hacen porque son débiles, porque no tienen la suficiente fuerza para negarse.
Ken-Debemos detener esto entre nosotros-Dijo en un tono totalmente serio, pero sin el suficiente valor para mirarla a los ojos.
Emma-¿Por qué? Ya hemos caído-Dijo mientras estiraba su mano para colocarla encima de la de Draken. Vio cómo su cuerpo se tensaba, cómo su aura temblaba.
Ken-Pero...-Dijo apartando su mano.
Ken-Yo no... quiero seguir engañándome a mí mismo. Me confesaré y después el padre Kaoko decidirá. Supongo que me echará de la iglesia... No diré tu nombre, así que no te preocupes.
Emma-¿En serio?-Dijo algo desconcertada.
¿Cargaría él con toda la responsabilidad?
Ken-Sí.
Emma-Pero yo...-Dijo con fingida tristeza.
Emma-Siento cosas por ti.
Ken-Lo siento-La rubia sentía que esto era un difícil reto.
Emma-¿Tú no sientes nada por mí?-Dijo mientras lentamente se levantaba y se sentaba a su lado, invadiendo su espacio personal.
Ken-No debería-No quería mirar esos ojos dorados que le hacían sentir débil.
Emma-Pero...
Ken-Eres una bella mujer-Dijo interrumpiéndola-Has sido mi primera vez en muchas cosas, me has hecho experimentar y descubrir nuevas sensaciones, pero simplemente no es nuestro momento.
Como psicóloga ha hablado con muchas personas que temían a la muerte, ya fuera por una enfermedad terminal o por enfrentarse a una operación que decidiría su destino. Siempre supo qué decir, cómo calmarlos y darles fuerza, pero ahora que es ella quien enfrenta una muerte inminente, no sabe qué pensar ni qué sentir.
Manjiro-¿Ahora sabes lo que se siente cuando no puedes estar con la persona que amas?-Hinata simplemente asiente, comprendiendo profundamente que las decisiones que había tomado no eran las correctas.
Si volviera a reencarnar, no se arrepentiría de haberlos conocido. No lamentaría haber hablado con Takemichi, aunque probablemente haría las cosas de manera diferente. Ahora entiende que los arrepentimientos no sirven de nada. Con un profundo suspiro, cierra los ojos, esperando tranquilamente que su verdugo termine con su existencia, aceptando finalmente que la muerte es simplemente el testimonio final de que hubo vida.
Cuando el corazón de la joven deja de latir, él se marcha de aquel lugar, asegurándose de que su amada sea la primera en encontrar el cuerpo, siendo también la próxima destinada a morir.
Hina-¡No! ¡No le hagas daño a ella!-grita aquella alma atrapada entre lágrimas, desesperada y angustiada.
Manjiro-No estorbes-dice con frialdad, haciendo desaparecer su presencia- Deberías agradecérmelo; pronto estareis juntas.
Así, cuando el sol comienza a despuntar, él entra en la habitación de la castaña, quien dormía plácidamente. Se acerca a las cortinas y las abre con suavidad.
Yuzuha-Oye, es muy temprano para…-dice mientras se gira hacia la ventana, pero no ve a nadie allí-¿Hina?-pregunta confundida. La puerta hace un ruido chirriante, captando nuevamente su atención.
Se queda inmóvil durante unos segundos antes de levantarse de la cama y colocarse las zapatillas. Sale lentamente al pasillo, aún sumido en oscuridad, pero eso no detiene sus pasos cautelosos.
Yuzuha-¿Hina, estás ahí?-pregunta con voz suave, sin obtener respuesta. Se detiene al inicio de las escaleras al notar un extraño bulto cubierto con una manta en el suelo del piso inferior. Comienza a descender lentamente, sintiendo cómo su corazón se acelera con cada paso.
Con mano temblorosa, se inclina para tomar la manta. Sabe que no debería mirar, pero algo la empuja a descubrir qué hay debajo. Al levantar lentamente la manta, su respiración se detiene por completo.
Un grito desgarrador se escucha por toda la casa, haciendo eco por los pasillos hasta las habitaciones, despertando a todos bruscamente. Algunos bajan rápidamente, encontrando la aterradora escena de Yuzuha abrazando el cuerpo sin vida de Hina, llorando desconsoladamente.
Yuzuha-¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!?-repite una y otra vez, sin encontrar respuestas-¡Lo siento! ¡Lo siento!-su llanto es desgarrador.
Takemichi contempla la escena con el corazón oprimido, sintiendo una tristeza profunda. Lágrimas caen también por sus mejillas al observar la desesperación de la joven, aunque recuerda con amargura que ellas no pensaron en su sufrimiento cuando decidieron separarlo de Mikey.
Una hora después, el cuerpo de Hina es retirado. Según las primeras impresiones, murió por desangramiento a causa de múltiples heridas sufridas al caer por las escaleras. El informe médico forense tendría que confirmarlo después.
Yuzuha parece ausente del mundo que la rodea, con el corazón roto en mil pedazos. Takemichi siente empatía hacia ella y decide preparar un chocolate caliente, pensando que quizá el calor le brindará algún tipo de consuelo.
Takemichi-Toma-dice suavemente, colocando la taza frente a ella, que levanta la vista brevemente para luego mirar nuevamente el chocolate.
Yuzuha-Gracias…-responde con voz quebrada.
Chifuyu-¿Creéis que...?-pregunta preocupado a Baji y Kazutora.
Baji-No sé… todo indica que se cayó por las escaleras-responde con seriedad.
Chifuyu-Pero también pudo haberla empujado.
Kazutora-Si es así, no deberíamos quedarnos solos.
Baji-¿Crees que eso realmente lo detendrá?
Kazutora-No, pero morir en compañía es mejor que hacerlo solos.
Baji no responde, pero su silencio es una clara aceptación de aquella inquietante verdad.
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