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Evil [MikeTake]

°•9•°

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Takemichi-¿Qué…?-Su voz salió en un susurro ahogado.

Chifuyu-Sí… sí, yo creí… es decir, no podía creer que fuera cierto.

Takemichi-¡Chifuyu, me tomaste por loco!-La sala entera se sumió en un silencio tenso-¡Yo siempre confié en ti!

Chifuyu-Lo siento…-Se limpió los ojos con las mangas, evitando su mirada.

Takemichi-¡Quiero la verdad!-Chifuyu negó con la cabeza-¡Chifuyu! ¡Me da igual lo que hablaste con mis padres! ¡Quiero que me digas la verdad!

Taiju y Draken observaban la escena en completo silencio. Sabían que esto era importante. Que debían saberlo. Pero Chifuyu se negaba a hablar. Manjiro también estaba allí.
Por supuesto, Takemichi era el único que podía verlo.

Chifuyu-Si… si lo hago…

Takemichi-Chifuyu, te juro…
-Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. ¿Qué pasó en su pasado?
¿Por qué no recordaba nada?-Te juro que para mí… dejarás de existir.

Hinata-Takemichi, cálmate.

Takemichi-¡No, no me calmo! ¡No sé qué ha sido de mí ni de mi adolescencia!

El silencio volvió. Pero esta vez, parecía asfixiante.
La habitación se volvió más fría. Incluso Mikey parecía impaciente y ansioso.

Chifuyu-Solo… quiero que me perdones-Tomó aire con dificultad antes de soltarlo.
-Ojalá nunca… hubiera escuchado a tus padres…-Takemichi sintió su estómago encogerse-Tú… eras novio de Sano Manjiro.

Takemichi-¿Eh?-Sus ojos se abrieron con sorpresa.

Chifuyu-En el sótano… guardaste una caja con todos sus regalos para que tus padres no los tiraran. Porque tú ibas a volver. Pero…

Takemichi ya no esperó a escuchar más. Se levantó de golpe y corrió hacia el sótano. Todos se pusieron de pie tras él. Abrió la puerta de un empujón, provocando un chirrido oxidado. Encendió la luz y bajó rápidamente, sus ojos recorriendo cada rincón del lugar.

Y entonces la vio.

La caja de sus recuerdos.

Takemichi-Dios santo…-Tomó entre sus manos un pequeño peluche cubierto de polvo.

No sabía por qué, pero sintió cómo sus brazos se encogían instintivamente. Hasta que, sin pensarlo, llevó el hocico del pequeño animal a sus labios y lo besó suavemente.


El humano

y

la bestia

El amor de dos pequeños niños.


Takemichi caminaba por su patio, jugando con una pelota. La lanzaba contra la pared para que rebotara de vuelta, atrapándola una y otra vez. Pero en uno de los rebotes, la pelota se desvió hacia la carretera. Corrió a recogerla y, al levantar la vista, notó un parque al otro lado de la calle.

Allí, un niño de cabello rubio estaba sentado solo en un banco.

Takemichi-¿Por qué estás solo?-preguntó mientras se sentaba a su lado.

Manjiro-¿Y a ti qué te importa?-alzó la mirada, encontrándose con unos brillantes ojos azules que le sonreían.

Takemichi-Porque nadie debería estar solo.

Manjiro-Bueno, pues yo sí.

Takemichi-¡Entonces yo me quedaré contigo!

Manjiro-No…

Takemichi-¡Yo cuidaré de ti!
-Sin previo aviso, rodeó con sus brazos al otro niño, pegándolo a su cuerpo.

Manjiro-¡Oye, vete a la mierda!-Pero Takemichi no quería dejar solo a Mikey.

Su abuelo siempre le decía que las personas que estaban solas solían ser las más especiales.

Manjiro-¡Que no quiero ser tu amigo! ¡Y deja de llorar!

Takemichi-¡Eres muy cruel! ¡Yo solo quiero ser tu amigo!

Manjiro-¡Pero yo no puedo tener amigos! Soy diferente a los otros niños. Ni siquiera sé si puedo llamarme niño…

Takemichi-¡Da igual, todos merecen amor!

Manjiro-¡Cállate, eres muy molesto!-gruñó-Takemichi sollozó con más fuerza.

El rubio comenzó a sentirse incómodo. Le habían enseñado que el sufrimiento de los demás no debía afectarle, que era algo natural.

Pero con Takemichi…

Con él era diferente.

¿Por qué no podía ignorarlo?

¿Por qué no lo mataba?

Manjiro-¡Joder, cállate ya!
-Takemichi agachó la cabeza y continuó sollozando. Manjiro apretó los puños con frustración.

Manjiro-Vale… te dejaré ser mi amigo-Takemichi levantó la vista con los ojos brillando por las lágrimas, una sonrisa iluminando su rostro. Sin pensarlo, se lanzó a sus brazos.

Los días pasaron, y Takemichi integró a Mikey en su grupo de amigos. Al principio, los demás se sentían intimidados por el rubio, pero poco a poco descubrieron que no era tan aterrador como parecía.

Manjiro, por su parte, comenzó a sentirse cómodo con ellos. Se dio cuenta de que, a su manera, disfrutaba de su compañía. Takemichi le enseñó cosas que nunca había experimentado antes:A reconocer las diferentes formas de las nubes.

A mirar el cielo estrellado sin miedo.

A disfrutar de un chocolate caliente.

A recibir y dar afecto.

A disfrazarse para las festividades

Y en tan solo un año, Takemichi logró lo impensable. Mikey se enamoró de él.
Por supuesto, Manjiro no lo aceptó de inmediato. ¿Cómo podía enamorarse de un simple humano? Pero con el tiempo comprendió que Takemichi había aparecido en su vida por una razón.
Tal vez para impedirle hacer el mal. Tal vez para guiarlo por el buen camino.

No lo sabía.

Lo único que tenía claro era que eran completamente diferentes. Y le aterraba hacerle daño. Pero nunca sucedió. Porque Takemichi tenía la extraña habilidad de calmarlo, de apaciguar los impulsos que ardían en su interior.

No importaba si lo hacía con su voz o simplemente tomando su mano.

Esa pelota no se desvió por casualidad.

Manjiro lo supo en el momento en que reflexionó sobre todo.

Nunca había creído en el destino.

Hasta ese día.

Takemichi estaba por cumplir 12 años.

Mikey tenía su regalo listo.

Era un collar con un pequeño sol colgando de la cadena.

Y tenía otro más, pero ese lo guardaría para cuando subieran a su habitación.
Esperó pacientemente a que todos los invitados se fueran.
Cuando sus padres empezaron a recoger, lo tomó de la muñeca y lo llevó escaleras arriba. Se sentaron en el borde de la cama.

Manjiro-Quiero darte mi otro regalo-Se inclinó un poco más hacia él.

Takemichi-Oh… sí… ¿Cuál?

Manjiro-Primero, cierra los ojos-Takemichi obedeció sin dudar.

Sintió el roce cálido de sus labios sobre los suyos.

No se apartó.

No hasta que Mikey lo hizo.

Al abrir los ojos, llevó la yema de sus dedos a sus labios, sintiendo el calor que aún persistía.

Takemichi- Oh…-Sus mejillas se tornaron de un rojo intenso.

Manjiro-¿Te ha gustado?

Takemichi-Todo lo que me ofreces me gusta-Sonrió.

Por supuesto, ese no fue su único beso.

Joder, bendita inocencia.
Eso era lo encantador de Takemichi. Lo fue cuando lo besó por primera vez, y también lo fue cuando le enseñó a masturbarse.
Manjiro nunca había recibido educación sobre esos temas. Sus padres no le hablaban de nada. Así que Takemichi, con su naturalidad y ternura, le ayudó a descubrirlo.

Takemichi-Lo que hacemos está mal…-murmuró con timidez.

Manjiro-¿El qué?

Takemichi-Ya sabes… somos dos hombres.

Manjiro-¿Y?

Takemichi-¡Está mal!

Manjiro-¿A ti te gusta o no?
-Las mejillas del ojiazul ardieron y desvió la mirada.

Takemichi-Sí…-Manjiro tomó su rostro entre sus manos y le dio un pequeño beso.

Manjiro-Entonces, ¿cuál es el problema?

Takemichi-Mis padres… no lo aprobarían.

Manjiro-Sinceramente, tus padres no me importan-Takemichi suspiró.
y se abrazó al mayor.

Lo quería.

Siempre le hacía ver las cosas con más claridad. Cuando Takemichi cumplió 15 años, Mikey le pidió que fuera su novio. Lo hizo en aquel río donde siempre se bañaban juntos.

Takemichi-¿Tú… yo… quieres que sea tu novio?

Manjiro-Sí-Takemichi no respondió. En su lugar, se inclinó y lo besó.

Manjiro-¿Eso es un sí?

Takemichi-Sí…-Por desgracia, sus padres los descubrieron besándose.

Le prohibieron ver a Mikey.
Pero Takemichi tenía buenos amigos. Inupi, Koko, su primo Chifuyu, Kakucho e Izana lo cubrían, diciendo que lo traerían de vuelta al anochecer.

Manjiro-Deberías venir a vivir conmigo.

Takemichi-Aún soy menor de edad. Mis padres tienen mi custodia hasta que cumpla 18.

Manjiro-Uff…-Lo rodeó con sus brazos, pegándolo contra la pared y lo beso con ganas.

Manjiro-Eso es demasiado.

Takemichi-Lo sé…-Sus brazos rodearon su cuello.
El móvil de Takemichi sonó. Era Kakucho.

Takemichi-Ya es la hora…
-Se dieron un par de besos antes de separarse.

Se verían al día siguiente.

Chifuyu-Esto ya parece una novela.

Takemichi-Sep.

Izana-Oye, ¿y si os pillan?

Takemichi-No lo sé… ni siquiera quiero pensarlo.

Koko-Sinceramente, no entiendo por qué está mal.

Izana-Cosas de adultos.

Inupi-Que les jodan.

Koko-Sí, que les jodan.

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