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𝗴𝗮𝗻𝗴𝘀𝘁𝗮 𖹭.ᐟ fayeyoko

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bbyblu

Faye está en cuclillas en el suelo, con una correa en una mano y una galleta para perros en la otra, mientras Sunny corretea por la habitación, completamente desinteresado en colaborar.

─Sunny, ven aquí. ─La voz de Faye tiene un tono de mando que solía infundir respeto en sus subordinados, pero el pequeño cachorro simplemente la ignora y sigue mordiendo una de sus zapatillas.

Yoko, sentada en el sofá, no puede contener la risa.

─Creo que no puedes intimidarlo como haces con todo el mundo, Faye.

Faye la mira con una mezcla de frustración y resignación.

─No estoy tratando de intimidarlo, Yoko. Solo quiero que venga. Este cachorro es un caos andante.

─No es un caos, es un bebé ─responde Yoko, levantándose y acercándose a Faye. Se agacha y toma a Sunny en brazos con facilidad, acariciándolo detrás de las orejas─. ¿Ves? Solo necesitaba un poco de cariño.

Faye observa la escena, cruzando los brazos con una ceja arqueada.

─Claro, porque todo el mundo te escucha cuando haces eso.

─Tal vez deberías intentarlo tú también. ─Yoko le lanza una mirada traviesa antes de colocar a Sunny sobre el sofá y engancharle la correa.

─¿Estás lista? ─pregunta Faye, levantándose y agarrando las llaves del auto.

─Claro, pero tú eres la que necesita paciencia hoy. Es su primera visita al veterinario, así que no esperes que se porte como un santo.

Faye suelta un suspiro, pero asiente.

─Está bien. Lo que sea por él y por ti.

El camino hacia el veterinario es una mezcla de risas y caos. Sunny parece fascinado con sacar la cabeza por la ventana, pero Faye insiste en mantenerlo dentro del auto por seguridad. Mientras tanto, Yoko no para de documentar el momento con su teléfono.

─Mira qué lindo se ve con su bandana ─dice Yoko mientras toma otra foto.

─Sí, adorable. Ahora, ¿puedes asegurarte de que no muerda el cinturón de seguridad? ─responde Faye, concentrada en la carretera.

Cuando llegan a la clínica, Sunny parece emocionado al principio, moviendo la cola mientras explora el lugar. Sin embargo, cuando la veterinaria entra en la sala con una jeringa en la mano, la actitud del cachorro cambia por completo.

─Está bien, Sunny. No pasa nada ─dice Yoko, sujetándolo con cuidado mientras Faye lo observa con el ceño fruncido.

─¿Por qué parece tan dramático? Ni siquiera le han tocado.

La veterinaria sonríe con paciencia.

─Es normal. Los cachorros pueden ser un poco sensibles en su primera visita.

Finalmente, con un poco de esfuerzo y muchos mimos de Yoko, logran completar la consulta. Sunny recibe sus vacunas, una revisión completa y una galleta como premio, lo que parece calmarlo un poco.

De regreso en casa, Sunny está agotado por toda la experiencia y se queda dormido en el regazo de Yoko en cuanto llegan al sofá.

─Lo hiciste bien, Sunny. ─Yoko acaricia suavemente su pelaje mientras Faye se sienta a su lado, apoyando la cabeza en el respaldo del sofá.

─¿Lo hizo bien? Yo creo que fui yo la que tuvo que aguantarlo todo ─dice Faye, cerrando los ojos por un momento.

Yoko sonríe y se inclina hacia ella, dejando un beso en su mejilla.

─Tú también lo hiciste bien, Faye. Admito que me encanta verte tan involucrada con él.

Faye abre un ojo y la mira con una sonrisa ladeada.

─Lo hago por ti, ya lo sabes.

Yoko sonríe, apoya la cabeza en el hombro de Faye y susurra:

─Lo sé. Por eso te amo tanto.

Mientras Sunny duerme plácidamente, Faye no puede evitar mirar a Yoko con una expresión suave. Su mundo puede ser complicado, pero momentos como este hacen que todo valga la pena.

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