38
El reloj en el escritorio de Yoko marca las 10:37 p.m., y su habitación está cubierta de apuntes, libros abiertos y hojas garabateadas con fórmulas y esquemas. Lleva horas encerrada en el estudio que Faye mandó a diseñar especialmente para ella en la mansión, pero en este momento todo le parece un caos.
Con un suspiro frustrado, Yoko tira el lápiz al escritorio y apoya la cabeza sobre sus brazos cruzados. La fecha de su examen final de periodismo está peligrosamente cerca, y aunque ha estudiado sin parar, siente que nada de lo que hace es suficiente.
El suave sonido de pasos firmes se acerca desde el pasillo, y unos segundos después, la puerta se abre lentamente.
─Fresita, ¿sigues aquí? ─Faye asoma la cabeza, con una ceja arqueada al ver el desastre que reina en la habitación.
─Estoy estudiando. ─La voz de Yoko suena apagada, casi derrotada. Ni siquiera levanta la cabeza para mirarla.
Faye entra y cierra la puerta detrás de ella. Lleva un elegante conjunto de seda que parece demasiado formal para estar en casa, pero en su rostro hay una mezcla de preocupación y ternura que suaviza toda su imagen. Se acerca al escritorio y se inclina para mirar a Yoko, quien sigue con la cabeza enterrada en sus brazos.
─Yoko. ─Faye le acaricia suavemente el cabello─. ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
─No sé... ─Yoko murmura sin moverse─. Siento que todo el día.
Faye suspira y se sienta en el borde del escritorio, desplazando algunos papeles con cuidado.
─Has estado trabajando demasiado. Necesitas un descanso.
─No puedo, Faye. ─Finalmente, Yoko levanta la cabeza y la mira con ojos cansados─. Si no estudio, voy a reprobar, y si repruebo, todo esto será un desastre.
Faye entrecierra los ojos, evaluando la situación. Entonces, sin previo aviso, se levanta y toma a Yoko de la mano.
─Ven conmigo.
─¿Qué? ¡Faye, no! No tengo tiempo para esto. ─Yoko intenta resistirse, pero Faye es firme, aunque su agarre es delicado.
─Confía en mí. Solo serán diez minutos.
Antes de que Yoko pueda seguir protestando, Faye la guía fuera de la habitación.
La lleva hasta el jardín trasero, donde la brisa nocturna acaricia suavemente las flores. Bajo el cielo estrellado, Yoko se detiene, un poco confundida. Frente a ellas hay una manta extendida sobre el césped con cojines y una pequeña bandeja con té y frutas frescas.
─¿Qué es esto? ─pregunta Yoko, sorprendida.
─Un descanso. ─Faye sonríe y la invita a sentarse─. Solo unos minutos para que respires, Yoko. No puedes dar lo mejor de ti si estás agotada.
Yoko duda al principio, pero finalmente se sienta en la manta. Faye se coloca a su lado, sirviéndole una taza de té.
─Quiero que cierres los ojos y respires profundamente ─dice Faye con suavidad─. Vamos, inténtalo.
Yoko la mira con desconfianza, pero hace lo que le pide. Inhala profundamente, dejando que el aire fresco llene sus pulmones, y luego exhala lentamente. Lo hace varias veces, y poco a poco siente cómo la tensión abandona su cuerpo.
─¿Mejor? ─pregunta Faye, observándola con una sonrisa tierna.
─Sí... un poco. ─Yoko abre los ojos y toma un sorbo de té─. Gracias, Faye. Esto es lindo.
Faye se recuesta ligeramente sobre los cojines, mirando las estrellas.
─Eres muy dura contigo misma, Yoko. Siempre das lo mejor de ti, y eso es algo que admiro profundamente. Pero también necesitas cuidarte. No quiero que te desgastes.
Yoko se queda en silencio, mirando a Faye. Aunque siempre la ve como una mujer fuerte y en control, hay algo en su tono esta noche que la conmueve.
─Lo siento por ser tan dramática ─dice Yoko, con una pequeña risa nerviosa.
Faye se incorpora y le toma la mano.
─No te disculpes. Es importante para ti, así que es importante para mí. Pero prométeme algo.
─¿Qué?
─Prométeme que, después de cada hora de estudio, tomarás un descanso, aunque sea de diez minutos. Y que si te sientes abrumada, vendrás a buscarme.
Yoko asiente, sus ojos brillando con gratitud.
─Lo prometo.
Faye sonríe y se inclina para besarla suavemente en la frente.
─Bien. Ahora, come algo y luego volvemos al estudio. Te ayudaré con lo que necesites.
─¿Tú? ¿Ayudarme? ─Yoko la mira con incredulidad, riendo─. Faye, ni siquiera sabes la diferencia entre un lead y un reportaje.
Faye finge estar ofendida, pero su sonrisa traiciona su diversión.
─Entonces enséñame. Soy buena aprendiendo rápido.
Ambas ríen, y el estrés que Yoko sentía horas antes parece desvanecerse un poco. Mientras comparten el té y las frutas bajo las estrellas, Yoko se siente agradecida de tener a Faye, quien siempre sabe exactamente cómo calmar su tormenta.
estuve pensando y creo que este fic va a finalizar alrededor de los 50 capitulos
disfruten mientras puedan
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