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𝗺𝗮𝘇𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

49 (final)

bbyblu

El sol cae lento detrás del horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y lavanda. El jardín trasero de la mansión está bañado en esa luz suave que parece un susurro. Las flores respiran a la par del viento. Yoko está sentada sobre una manta, con una taza de té entre las manos, sus piernas cruzadas, su cabello recogido con descuido. Faye la mira desde el marco de la puerta, sin hacer ruido. Como si no quisiera romper esa escena perfecta. Como si tuviera miedo de que todo fuese un sueño.

Pero no lo es.

Se acerca despacio, se sienta a su lado y Yoko sonríe sin necesidad de palabras. Faye sostiene su mano, entrelazando los dedos con cuidado. Luego la mira, sin apartar la vista de esos ojos oscuros que tanto ha aprendido a leer.

─¿Sabes…? ─murmura Faye─. Durante años sentí que vivía en un laberinto.

Yoko parpadea, girando apenas el rostro.

─Uno sin salida ─continúa Faye─. Iba y venía entre muros invisibles. Obligaciones. Expectativas. La idea de que debía ser fuerte todo el tiempo. Que no podía mostrarme frágil. Que no podía… amar a nadie.

Aprieta suave la mano de Yoko, como si necesitara recordarse que está ahí.

─Me sentía perdida. Incluso cuando tenía todo. Incluso cuando creía tener el control. Era como caminar en círculos, rodeada de muros altos que yo misma había construido.

Hace una pausa. Respira.

─Pero entonces llegaste tú.

Su voz tiembla apenas.

─Y de alguna forma, con tus pasos pequeños, tus silencios, tus gestos dulces… derrumbaste todo. No lo hiciste con fuerza. No lo hiciste empujando. Solo caminaste conmigo. Y por primera vez… el laberinto tuvo una salida.

Yoko no puede evitarlo. Sus ojos se llenan de lágrimas suaves, silenciosas. No de tristeza, sino de algo más hondo. Amor. Sanación. Libertad.

─Contigo encontré la libertad ─dice Faye, inclinando la frente contra la de ella─. No quiero ser otra cosa. No quiero estar en otro lugar. Solo contigo.

Yoko se lanza a sus brazos, la abraza como si lo hubiera esperado toda su vida. Faye la envuelve con el mismo cuidado de siempre, pero también con la seguridad de quien por fin se ha encontrado a sí misma.

El cielo sigue tiñéndose de rosa. Las flores se mecen. La brisa las abraza.

Y el laberinto, finalmente, queda atrás.

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