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𝗵𝗼𝗺𝗲 𖹭.ᐟ fayeyoko

diecinueve

bbyblu

El jardín está decorado con guirnaldas de colores suaves, globos pastel y una mesa larga llena de bocadillos, cupcakes y una gran torta con forma de osito. Hay una pancarta blanca escrita a mano que dice: “Feliz primer cumpleaños, Love”, y justo debajo, una más pequeña que agrega: “Y bienvenida oficialmente a casa”.

Film corre por el césped con una corona de papel en la cabeza, riendo mientras arrastra a Love de la mano con toda la delicadeza que una niña de tres años puede ofrecer. Love, en su vestido blanco con bordes de encaje rosa, se tambalea dando pasos torpes, pero no suelta la mano de su nueva amiga.

Faye, con una camisa clara y el cabello recogido, ajusta los platos con precisión, aunque no puede dejar de mirar a Yoko del otro lado del jardín. Ella charla con Charlotte y Orm, sonriendo con suavidad mientras vigila a las niñas.

Nok llega poco después, con una carpeta en mano y una gran sonrisa.

─¿Puedo interrumpir? ─pregunta, levantando la carpeta.

Faye y Yoko se acercan. El corazón de Yoko late rápido, y Faye le toma la mano con firmeza.

─Ya es oficial ─dice Nok, entregándoles los papeles─. Love Lertprasert-Malisorn. Registrada legalmente como hija de ambas. Felicitaciones.

Yoko no puede evitar llorar en silencio, mientras Faye, por una vez, no disimula la emoción y la abraza con fuerza. En el fondo, Love lanza un chillido de alegría mientras Film le coloca la corona en la cabeza.

─Eres nuestra hija, amor ─murmura Yoko, alzando a Love entre sus brazos, mientras la bebé balbucea su propio idioma y le toma la cara entre las manos.

Faye besa la frente de ambas.

─Nuestra hija. Para siempre.

Todos los invitados aplauden mientras Engfa lanza un comentario desde la mesa:

─¡La próxima fiesta será por el segundo bebé, ¿no?! ─grita riendo, levantando su copa.

Charlotte le da un codazo, divertida, y todos ríen.

Yoko esconde el rostro en el cuello de Faye, avergonzada, mientras Faye solo sonríe y murmura:

─No está tan equivocada…

La música suena suave, los niños juegan y el sol cae lento sobre una casa que, más que ladrillos y ventanas, está hecha de vínculos, ternura y una certeza compartida:

Love nunca más estará sola.

. . .

La noche cae lentamente, y el ambiente cálido de la casa se mezcla con la calma que llega después de una larga jornada. Love ya está dormida, acurrucada en su cuna, con el sonido suave de su respiración llenando el espacio. Faye y Yoko están solas en el salón, rodeadas por las luces tenues de la casa, que iluminan suavemente los muebles y las paredes.

Ambas se encuentran en el sofá, una cerca de la otra, pero con una distancia que no es realmente distancia, sino solo la tranquilidad de un momento compartido en silencio. Faye observa a Yoko con atención, notando algo diferente en su comportamiento. Yoko sostiene una copa de vino, pero no la lleva a sus labios, como si estuviera perdida en sus pensamientos.

Faye, siempre tan perceptiva, siente que algo está en el aire. No puede evitar acercarse un poco más a Yoko, su presencia reconociendo el cambio en la atmósfera.

─¿Qué pasa, Yoko? ─pregunta con suavidad, su voz cálida y preocupada. La mirada de Yoko se cruza con la de ella, y hay algo en sus ojos que hace que Faye se sienta nerviosa, como si supiera que lo que viene no es algo sencillo.

Yoko suspira y se acomoda un poco más en el sofá, su mirada fija en el horizonte por un momento antes de girarse hacia Faye. La tensión en el aire se hace palpable, como si estuviera a punto de decir algo importante, algo que ha estado guardando.

─Faye… hay algo que necesito decirte ─comienza con voz suave, pero firme. Faye se inclina hacia ella, sin apartar la mirada.

─¿Qué pasa? ─responde, ahora un poco más preocupada. Yoko la mira fijamente, y por un instante, Faye siente que el mundo a su alrededor se detiene. Y entonces, con una leve sonrisa nerviosa, Yoko finalmente habla.

─Estoy embarazada ─dice, y aunque lo dice suavemente, la revelación es como un golpe suave pero certero.

Faye no se mueve al principio. Su mente procesa las palabras, intentando captar la magnitud de lo que acaba de escuchar. Luego, algo en su interior se relaja, como si ya lo supiera de alguna manera. El aroma de Yoko, más dulce y cargado de feromonas, le había dado pistas suficientes en los últimos días, pero escucharla decirlo en voz alta le da un giro completo a sus emociones.

Faye sonríe suavemente, sin apartar la vista de Yoko.

─Ya lo sospechaba ─responde con una leve risa, su tono tranquilo, pero con una mezcla de sorpresa y alivio.

Yoko, aunque sorprendida por la respuesta de Faye, no puede evitar sonreír también. El peso de las palabras se aligera, y la tensión se disuelve, reemplazada por una sensación cálida y acogedora. Las dos se quedan en silencio por un momento, dejándose envolver por la magnitud de lo que están compartiendo. Faye se acerca un poco más, rozando el brazo de Yoko con el suyo.

─¿Y cómo te sientes? ─pregunta Faye, su tono más suave, lleno de esa dulzura que solo ella sabe transmitir.

Yoko la mira, sus ojos brillando de emoción, mezcla de alegría y algo de nerviosismo.

─Un poco asustada, pero feliz ─responde con una sonrisa tímida. La verdad es que tiene miedo, pero sabe que no está sola en esto. Que tiene a Faye a su lado, y eso hace que todo parezca posible.

Faye toma la copa de vino que Yoko aún sostiene, la deja sobre la mesa y la toma por la mano, entrelazando sus dedos con los de ella.

─Lo haremos juntas ─afirma Faye, con una certeza que solo puede dar el amor verdadero.

Yoko asiente, y por un momento, las palabras sobran. Ambas se quedan ahí, simplemente sintiendo la conexión que las une, el futuro que están construyendo juntas, una vez más.

Y es en ese instante que todo parece encajar, como si el universo hubiera decidido que este era su momento.

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