dieciocho
El sol entra con suavidad por la ventana del living, tiñendo todo de un dorado suave. La radio suena bajito con una melodía alegre mientras Yoko pasea por el departamento con Love en brazos, balanceándola al ritmo de la música.
─Hoy estás de buen humor, ¿eh? ─le dice Yoko, acariciándole la pancita.
Love da una patadita con emoción y emite un chillido agudo, casi como si intentara cantar. Faye sale de la cocina con las mangas de la camisa arremangadas y el cabello recogido, llevando una taza de café que deja en la mesa antes de acercarse a las dos.
─¿Qué pasa con esta señorita tan escandalosa?
Love la ve venir y se agita, moviendo los bracitos con desesperación. Faye sonríe y se acerca hasta apoyar la frente contra la de ella.
─Ya, ya… ¿qué es esa emoción? ¿Quieres a tu mami?
Yoko la mira de reojo con una sonrisa leve.
─Te habla a ti.
Faye se gira, ladeando la cabeza.
─¿Ah, sí?
─Sí. A ti.
En un impulso tierno, Faye toma a Yoko de la cintura y la besa, sin miedo esta vez. Es un beso suave, sin apuro, de esos que dicen más de lo que se animan a decir en palabras. Yoko le responde con la misma ternura, con una mano aún sujetando a Love y la otra en la nuca de Faye.
Cuando se separan, escuchan un chillido agudo y feliz. Love las mira con ojos brillantes, dando manotazos al aire como si intentara aplaudir. Las dos se ríen.
─¿Qué fue eso? ─pregunta Yoko, sorprendida─. ¿Se emocionó?
─Parece que sí… ─responde Faye, mirando a su hija con ternura─. Es una romántica como nosotras.
Yoko asiente, apretando más a Love contra su pecho.
─No me molesta que nos vea así. De hecho… me gusta. Quiero que crezca sabiendo lo que es el amor. Que lo reconozca cuando lo vea.
Faye la observa en silencio por un momento, con los ojos brillosos, antes de besarla otra vez, esta vez más cortito, pero igual de sentido.
─Entonces vamos a mostrárselo todos los días.
Love chilla de nuevo, como si estuviera de acuerdo.
Y entre risas, besos y manitos pequeñas estiradas al aire, el hogar se llena un poco más de esa cosa tibia que no necesita nombre, pero que todos entienden apenas pisan ese lugar: amor.
. . .
El reloj marca las cinco de la tarde cuando suena el timbre. Faye y Yoko, aún en ropa cómoda, se miran un segundo antes de que Faye se levante del sofá, donde jugaba con Love entre cojines. Al abrir la puerta, encuentra a Nok con su portafolios habitual y una expresión neutral, aunque con un dejo de expectativa.
─Hola ─saluda Nok─. ¿Molesto?
─Nunca ─responde Faye, dejándola pasar─. Justo estábamos todas en casa.
Yoko se acerca con Love en brazos, sonriendo como siempre. Love la reconoce y le extiende los brazos. Nok le acaricia una manito y luego toma asiento.
─Vengo con noticias importantes sobre el caso ─empieza, sacando unos papeles─. Ya tenemos respuesta definitiva del tribunal de familia.
Faye y Yoko se sientan frente a ella. El ambiente se pone más tenso, como si el aire de la sala se volviera más denso.
─¿Qué dicen? ─pregunta Yoko en voz baja.
Nok entrelaza los dedos.
─La adopción ha sido aprobada… pero con una condición. Dado que estamos en un sistema regido por jerarquía alfa-beta-omega, se exige que la unidad adoptiva sea compuesta, al menos, por un alfa y un omega. Y, por temas legales de estabilidad, deben vivir juntas oficialmente. No es necesario que estén casadas, pero sí registradas como convivientes ante el sistema.
Faye parpadea.
─¿Y eso no cuenta ahora?
─No ─niega Nok con amabilidad─. Legalmente ustedes figuran con domicilios separados. Necesitamos que al menos una modifique su dirección y la registre en el sistema como lugar de convivencia conjunta. Una vez hecho eso, el papeleo avanza sin problema.
Silencio.
Yoko baja la mirada hacia Love, que ahora juega con los cordones de su blusa. Faye, en cambio, mantiene la vista en Nok.
─¿Y si no lo hacemos?
─Entonces la custodia legal quedaría en manos de un solo tutor ─responde Nok con tacto─. Y en casos donde no hay vínculo matrimonial o de convivencia formal, usualmente se le otorga a quien figura en el domicilio principal donde reside el menor.
Faye frunce el ceño. No quiere ni pensar en dividir lo que tienen.
─Entonces… ¿nos están diciendo que tenemos que vivir juntas oficialmente?
─Sí. Si están dispuestas a hacerlo, podemos iniciar ese trámite de inmediato.
Nok las observa en silencio. No presiona. Solo espera.
Faye mira a Yoko. La omega levanta la vista, y sus ojos se encuentran. No hay duda, no hay miedo. Solo una tranquilidad suave y compartida.
─Yo no tengo dudas ─dice Faye.
─Yo tampoco ─responde Yoko, con una sonrisa pequeña.
Nok asiente, sonriendo también, como si hubiera esperado esa respuesta todo el tiempo.
─Perfecto. Les enviaré la documentación esta misma noche. Con eso, Love estará un paso más cerca de ser suya oficialmente… aunque ya sabemos que en el corazón, hace tiempo que lo es.
. . .
Una semana después, la ciudad brilla bajo un cielo despejado mientras el camión de mudanza descarga las últimas cajas frente a una casa blanca de dos pisos, con jardín al frente y árboles jóvenes en el patio trasero.
Yoko carga una caja ligera entre los brazos, mientras Faye sale del vehículo con Love en una mochila frontal, asegurada contra su pecho. La bebé mira a su alrededor con los ojos bien abiertos, como si entendiera que este nuevo lugar es importante.
─No puedo creer que compráramos una casa ─murmura Yoko, bajando los escalones de la entrada.
─Nuestro hogar ─corrige Faye con una sonrisa, abrazando a Love con una mano y a Yoko con la otra─. Tiene cinco habitaciones, jardín, y una cocina donde te voy a ver bailar mientras cocinas.
Yoko suelta una risa.
─Cinco habitaciones es demasiado…
─¿Demasiado? Piensa en la cantidad de bebés que podemos tener ─dice Faye con tono juguetón─. Love no va a ser hija única por mucho tiempo.
─¡Faye! ─Yoko se ríe, sonrojada─. Una cosa a la vez, por favor.
Faye le da un beso suave en la mejilla.
─Primero la fiesta de Love, lo prometo.
Adentro, las cajas se acumulan en la sala mientras ambas empiezan a repartir cosas por los espacios. Sobre una mesa, ya hay recortes de papel, globos, y un cuaderno con ideas para la decoración del primer cumpleaños de Love. Faye escribe “Tarta con forma de oso” mientras Yoko apunta “Invitar a Film y sus mamás”.
Love, ahora gateando a toda velocidad, se aferra al dobladillo del pantalón de Faye y lanza un gritito de emoción. Faye la alza en brazos y la eleva al aire mientras Love se ríe a carcajadas.
Yoko se detiene un momento y las observa. La risa de Love, el brillo en los ojos de Faye, la calidez del nuevo hogar. Algo en su pecho se llena.
─Estamos aquí ─murmura para sí─. Las tres. De verdad.
Faye se acerca y la besa sin palabras, con una dulzura lenta. Love aplaude con sus manitas como si celebrara el momento.
Afuera, cae el atardecer, y adentro empieza una nueva vida.
Juntas.
En casa.
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