Fin
Tony no era un amante del deporte; nunca lo había sido, y ahora mismo estaba seguro de que nunca lo sería. Todo empezó porque Peter le había mencionado que su universidad pronto tendría un partido importante contra otras universidades. Tony, con una sonrisa burlona, había hecho el comentario de que seguramente Peter era malísimo jugando, provocando que el joven levantara las cejas, medio ofendido.
-¿Malísimo? Para nada. La verdad es que soy bastante bueno-respondió Peter, con un tono de desafío que solo incentivó el lado competitivo de Tony.
-¿Ah, sí? Pues, cuando quieras, me lo demuestras- contestó Tony, aferrándose a su orgullo.
Esa respuesta fue todo lo que Peter necesitó para retarlo. Así que, después de tomarse el día libre en el trabajo porque para eso era el jefe, después de todo, a las nueve y media de la mañana Tony se encontraba en una cancha de baloncesto cerca de la casa de Peter. Vestido con una sudadera y pantalones de chándal, Tony observó a Peter, quien iba con una sudadera roja y unos pantalones cortos negros, preparándose para el juego con una sonrisa llena de confianza.
-¿Estás listo para perder?-
preguntó Peter mientras botaba el balón con facilidad.
-No subestimes a un hombre mayor y experimentado, chico-respondió Tony, alzando una ceja y tratando de sonar seguro.
Peter sonrió, lanzando el balón al aire y tomando la delantera con una velocidad que casi lo dejó atrás. Sin mucho esfuerzo, empezó a driblar, moviéndose con una agilidad impresionante. Tony intentó bloquearlo, pero Peter se escabullía como si fuese agua entre sus dedos.
-¿Te pasa algo, viejo?-Peter lo provocaba, lanzándole miradas pícaras cada vez que lograba evitar que Tony se acercara al balón.
-Más respeto, Parker-Gruñó el omega-No eres tan bueno, es solo…gracias a tus poderes arácnidos.
-¿Eso es una excusa?-Se rió Peter, deteniéndose un segundo para mirarlo directamente a los ojos.
-Quizás…pero yo soy mayor, tú tienes más energías
-replicó Tony, medio sin aliento. Peter sacudió la cabeza, negando.
-No eres un viejo, simplemente estás… ¿cómo decirlo? Desentrenado.
Tony le mostró el dedo en medio, decidido a robarle el balón. Y después de varios intentos, finalmente consiguió arrebatárselo… o al menos eso pensó. En el fondo, no estaba seguro si Peter había decidido ser amable y dejar que se la quitara disimuladamente.
En cuanto tuvo el balón en las manos, Tony echó a correr hacia la otra canasta sin mirar atrás.
-¡Eso es trampa!-gritó Peter, y, sin darle tiempo a reaccionar, lo alcanzó en un segundo, envolviendo su cintura para detenerlo en seco.
La fuerza de Peter lo dejó atónito; lo sujetaba con una facilidad pasmosa mientras Tony intentaba avanzar sin éxito.
-No hay manera de que tengas tanta fuerza-gruñó Tony, mientras Peter se reía.
-Gracias a una pequeña araña, ¿recuerdas?-
respondió Peter, sosteniéndolo con firmeza. Tony sentía que ya no era solo una cuestión de fuerza o deporte; Peter lo superaba, y aunque le costara admitirlo, empezaba a apreciar esa habilidad más de lo que debería.
Tony no podía negar que estaba empezando a frustrarse.
Estaba perdiendo, y no por pocos puntos.
Peter estaba jugando con él, literalmente levantando el balón sobre su cabeza y riéndose de su estatura cada vez que Tony intentaba alcanzarlo. Peter lo sostenía en la palma de su mano, estirando el brazo hacia arriba, y Tony soltaba un gruñido de frustración.
La sonrisa confiada de Peter, con ese brillo pícaro en los ojos, hacía que una sensación de mariposas se instalara en el estómago de Tony, acelerando su pulso.
En un impulso, decidió jugar un poco sucio. Se puso de puntillas y, con una rapidez que ni él sabía que poseía, se acercó y le dio un beso fugaz en los labios. El efecto fue instantáneo: el brazo de Peter, antes tenso, se destensó por completo y se dobló ligeramente, dándole a Tony el momento perfecto para dar un pequeño salto y quitarle el balón. Corrió hacia la canasta y, con una mezcla de suerte y habilidad, lanzó la pelota. Para su sorpresa, entró limpiamente en el aro.
Peter lo miró, claramente impresionado, pero ahora mucho más determinado. La diversión brillaba en sus ojos.
La siguiente vez que Peter le vaciló con el balón, Tony ya estaba listo, observando sus movimientos. Decidió volver a su táctica. Se acercó rápidamente, y esta vez, se enganchó a su cuello, dándole unos besos suaves en los labios, y luego, sin aviso, bajó lentamente hacia su cuello. Sintió el temblor en Peter, cómo su atención se desvanecía del juego, y, por un segundo, creyó que había ganado otra vez.
Peter, sin embargo, respondió con rapidez, mandando el balón a otro sitio mientras lo sujetaba con firmeza por los muslos. Pero Tony, que tenía ya el plan calculado, se zafó y salió corriendo en busca del balón, dejándolo detrás, todavía descolocado.
Con una sonrisa triunfante, volvió a lanzar el balón a la canasta y, por segunda vez, encestó. Tony levantó los brazos, celebrando su victoria momentánea mientras Peter lo miraba, entre divertido y sorprendido.
-¿Quién es el desentrenado ahora, Parker?-le lanzó con una sonrisa de desafío, disfrutando por completo de haber sorprendido al Alfa.
Sentados en el jacuzzi del penthouse, Tony observaba a Peter con una sonrisa juguetona. El calor del agua y los chorros creaban una atmósfera perfecta, casi mágica, para dejarse llevar. Los dedos de Peter se movían con destreza bajo el agua, y Tony cerró los ojos un momento, dejándose llevar por el placer suave y electrizante que sus caricias provocaban. El agua se volvía su aliada, amplificando cada toque, cada movimiento sutil, hasta el punto de hacerle perder el aliento.
Peter había demostrado ser más que habilidoso, explorando el juego y la diversión del agua de maneras que Tony no había anticipado. Los breves momentos en que él desaparecía bajo el agua, solo para reaparecer y arrancarle suspiros con sus besos y caricias, eran inigualables. La sensación de la calidez, el murmullo de las burbujas, y el contacto de sus manos en su piel provocaban una mezcla de risas y suspiros ahogados que Tony intentaba controlar, sin mucho éxito.
Cuando Peter emergió finalmente, con una sonrisa de satisfacción y los ojos brillantes, Tony lo observó con un deseo renovado.
Apoyó sus manos en el borde del jacuzzi, respirando profundamente, y dejó que sus caderas se meciesen con la corriente, dejándose llevar por el ritmo. Peter respondió de inmediato, acercándose para seguir sus movimientos, sincronizándose hasta hacer que cada sensación fuera más intensa.
Era un momento de complicidad y cercanía, donde el tiempo parecía detenerse, permitiéndoles disfrutar cada segundo. Tony, sintiéndose completamente inmerso en el momento, sabía que esos instantes con Peter, en esa intimidad profunda, eran únicos.
Después de salir del jacuzzi y secarse, Tony y Peter, relajados y con una calma plena, se instalaron en el amplio sofá. Tony pidió una pizza sin mucho debate —mitad margarita, mitad pepperoni, sus favoritos— y se acomodaron entre risas y bromas mientras esperaban la entrega.
Con el control remoto en la mano, Peter comenzó a hacer zapping, pasando rápidamente por diferentes géneros mientras Tony lo observaba de reojo, entretenido por su indecisión.
-¿Qué te apetece ver?-
preguntó Tony, dejando caer su brazo por el respaldo del sofá y acercándose un poco más a Peter.
-Algo relajado… o divertido, tal vez-Peter continuaba pasando de película en película, hasta que se detuvo en una comedia romántica, pero inmediatamente cambió de canal, fingiendo no haberla considerado.
Tony se rió, estirando una mano para detener el control remoto.
-Vamos, esa te gusta y lo sabes. Además, es ideal para una noche de pizza en el sofá.
Peter resopló, fingiendo protesta, pero se rindió y eligió la comedia romántica sin más objeciones. Justo en ese momento sonó el timbre y Tony se levantó para recoger la pizza, regresando al sofá con una caja caliente que llenó el aire de un aroma delicioso.
Ambos se sirvieron una porción, y entre risas y algún comentario sarcástico sobre la trama de la película, se dejaron llevar por la simplicidad del momento. Era un pequeño oasis de paz, rodeados del suave sonido de sus risas y el sabor de la pizza compartida, disfrutando de la tranquilidad de estar juntos sin ninguna prisa
Peter salió de la universidad con la mente en mil cosas cuando, de repente, escuchó un suave maullido cerca de la acera.
Al bajar la mirada, se encontró con un gato blanco, delgado y sucio, mirándolo con ojos grandes y brillantes.
Peter no pudo evitar sonreír mientras se agachaba, llamándolo con un "pspsps" típico.
El gato, sorprendentemente confiado, movió la cola alegremente y se acercó, maullando con entusiasmo. A Peter le dio ternura la forma en que el pequeño felino parecía buscar compañía y, tras un segundo de duda, decidió llevarlo consigo.
Bueno, solo será temporal. pensó mientras acariciaba su pelaje enmarañado. Caminó de regreso a su casa con el Gato en brazos, aunque sabía que no podía quedarse por mucho tiempo. Recordó la fuerte alergia que su tía May tenía a los gatos y a los perros, lo que le hacía casi imposible respirar si se acercaba demasiado a uno de ellos. Pero, al menos, se encargaría de bañarlo antes de llevarlo a otra casa.
Una vez en casa, llevó al gato al baño, llenó la bañera con un poco de agua tibia y comenzó a darle un baño delicado. El gato, sorprendentemente tranquilo, se dejó hacer mientras Peter lo enjabonaba, quitándole toda la suciedad acumulada. Después, lo envolvió en una toalla, secándolo con cuidado hasta que el pelaje blanco volvió a verse suave y esponjoso.
Ya limpio y algo más presentable, Peter decidió llevarlo al penthouse de Tony. Mientras caminaba hacia allí con el gato entre sus brazos, pensó que, si alguien podía ofrecerle un hogar al felino, sería Tony. Al menos, allí estaría seguro, y Peter estaría tranquilo de que su nuevo amigo peludo tuviera un buen lugar donde quedarse.
Mientras caminaba hacia el penthouse de Tony, Peter empezó a decir en voz baja una lista improvisada de nombres para la gata:
-Qué te parece Luna? ¿O Snow? ¿O tal vez Blanca?- Pero la gata no reaccionaba. Finalmente, probó con otro nombre-¿Y si te llamo Nieve?-Al oírlo, la gata soltó un maullido suave, como si le estuviera dando su aprobación. Peter sonrió, sintiendo que ese nombre encajaba perfectamente.
Antes de llegar, se detuvo en una tienda de mascotas. Dentro, se acercó al mostrador y le preguntó a la empleada qué le recomendaría para una gata que parecía haber pasado días en la calle. La mujer le mostró varias opciones de comida rica en proteínas para que Nieve pudiera recuperarse y volver a estar fuerte. También le recomendó algunas camitas pequeñas y sencillas. Peter eligió una camita mullida y un collar azul para que no se perdiera, pensando en que sería un detalle bonito para su nuevo peludo amigo. Al salir de la tienda, llevaba la bolsa con todo lo necesario para hacer sentir a Nieve como en casa.
Cuando llegó al penthouse, usó la llave que Tony le había dado y subió, sabiendo que él estaría en una reunión por un rato más. Entró en silencio y comenzó a organizar las cosas en un rincón donde sabía que la gata no molestaría. Colocó la camita junto al ventanal, dejando la comida y el agua a un lado. Al ver a Nieve instalarse y explorar el nuevo espacio, Peter sonrió, ya pensando en cómo convencer a Tony para que se quedara con ella.
Mientras acariciaba suavemente el lomo de la gata, repasó mentalmente sus argumentos.
Tony cierra la puerta y se queda mirando a Peter, que está sentado en el sofá con la gata blanca acurrucada en sus brazos, ronroneando felizmente. Al ver la expresión de sorpresa en el rostro de Tony, Peter se reincorpora y lo saluda con un nervioso:
-Ey, hola-Tony entrecierra los ojos, mirando a la gata y luego a Peter, con una mezcla de desconcierto y curiosidad.
-¿Y... esto?-dice Tony, señalando a la gata con un gesto de la mano. Peter sonríe un poco, acariciando suavemente la cabeza de la gata mientras esta le devuelve una mirada tierna.
-Bueno, te explico. Iba caminando hacia casa y me la encontré. Estaba muy delgada, sucia, y… no sé, se acercó sin miedo, como si estuviera buscando a alguien que la cuidara. Peter suspira y mira a Tony con ojos suplicantes-Pensé que podría traerla aquí-Tony lo observa con los brazos cruzados, resistiéndose a la ternura en el rostro de Peter.
-¿Y por qué aquí? Podrías haberla llevado a un refugio, ¿no?-Peter baja la mirada, algo avergonzado.
-Sí, pero…Los refugios seguramente estan llenos, y pensé que aquí, contigo, estaría bien cuidada. Además-añade-tu casa es lo suficientemente grande como para que no moleste.
-Tony suspira, pero una sonrisa comienza a asomar en sus labios, yo me encargaré de sus cosas y venir a jugar con ella y todo eso
-¿Sabes lo que estás pidiendo, Peter? Quedarse con una gata no es algo temporal. Es un compromiso, y, además-dice, señalando el pelaje blanco de la gata-esto va a significar pelo en todas partes. ¿Estás preparado para eso?-Peter asiente con entusiasmo.
-Lo sé, pero es que… mira esos ojitos-Levanta a la gata, que maúlla suavemente-Solo mírala. Ella ya decidió que quiere quedarse contigo-
Tony suspira y niega con la cabeza, pero sus ojos delatan que está cediendo.
-Bien, entonces… ¿tiene nombre? Porque si me vas a convencer, por lo menos tendrá que tener uno-Peter sonríe triunfante, acariciando a la gata.
-Pensaba en llamarla Snow, ¿qué te parece? Es simple, pero va bien con su color-Tony mira a la gata, que parpadea lentamente hacia él, como si también estuviera aprobando el nombre.
-Snow…-replica Tony, haciéndose el pensativo-
Bueno, supongo que ya no hay nada que hacer. Snow será, entonces. Pero si me llena la casa de pelos, te hará responsable a ti, Parker-
Peter ríe y se levanta para darle un abrazo.
-¡Gracias, Tony! No te vas a arrepentir. Snow será una gran compañera, ya lo verás.
Tony suspira. Al final, no podía resistirse a Peter… ni a Snow.
Tony no podía negar que la pequeña gatita había cambiado su rutina de maneras que jamás imaginó. Cada mañana se despertaba con un suave maullido, ya había adoptado una costumbre de dormir junto a él, ocupando justo el espacio vacío que Peter solía llenar. Y aunque el ronroneo matutino y los ojos brillantes de la gatita al despertar eran una compañía cálida, no lograban reemplazar el vacío que Tony sentía desde que Peter había vuelto a sumergirse en el torbellino de los exámenes.
Mientras Peter pasaba largas horas en la universidad y estudiando Tony encontró en la gata una distracción inesperada, algo que podía cuidar y que lo mantenía atento. Al mediodía, cuando tomaba sus descansos del trabajo, la alimentaba y la peinaba con una paciencia que nunca creyó tener. El cuidado de la pequeña se volvió una rutina relajante, y ver cómo sus ojos se entrecerraban con cada suave pasada del cepillo lo hacía sonreír.
A veces, Peter se escapaba un rato de sus estudios para pasar tiempo con ellos. Tony esperaba esos momentos ansiosamente; ver a Peter en su terraza, cepillando también a la gata con dedicación, le recordaba cuánto deseaba que las cosas volvieran a ser como antes de los exámenes. Los instantes en que podían conversar sobre cosas simples mientras veían la ciudad desde las alturas del penthouse se convirtieron en lo más esperado de su día. Pero cuando Peter se iba, y la noche se cernía sobre él y la gata, el silencio y la soledad regresaban, y con ellos, la inevitable sensación de añoranza.
Por supuesto, el tiempo también pasaba factura. Tony extrañaba mucho más que las charlas y los momentos compartidos. Después de casi cuatro semanas sin estar de esa manera con Peter, la necesidad empezaba a hacerse notar en su cuerpo y en su mente. Aunque lograba distraerse con el trabajo y los cuidados de snow, cada vez le costaba más ignorar esa sensación de vacío. Su cuerpo empezaba a reaccionar de una forma que lo hacía recordarle, con insistencia, lo cerca que estaba su próximo celo. No es que no pudiera soportarlo, pero era frustrante. La falta del contacto de Peter y la ausencia de su aroma se volvieron más pesadas con cada día que pasaba.
Había lavado las sábanas días atrás, y la ausencia del olor del alfa en ellas le hizo sentir más que nunca lo mucho que lo echaba de menos. Esa simple fragancia, cálida y reconfortante, era algo que había comenzado a asociar con el descanso y la paz. Sin embargo, ahora que el olor había desaparecido, la cama parecía más fría, y el penthouse, aunque aún acogedor, carecía de esa energía que Peter traía consigo cada vez que cruzaba la puerta.
Tony comenzaba a resignarse. Sabía que los exámenes no durarían para siempre y que pronto Peter volvería a estar con él como antes. Pero cada vez que la gata se acomodaba en su regazo o se frotaba contra él buscando atención, la sensación de soledad se mezclaba con la ternura, y no podía evitar pensar que ese pequeño ser se había convertido en un consuelo.
Tony, habiendo pasado semanas extrañando la presencia de Peter, finalmente decidió pedirle que viniera a su penthouse. Se preparó para recibirlo, emocionado y expectante, sabiendo que la conexión entre ambos iba más allá de las palabras.
Cuando Peter llegó y cruzó el marco de la puerta, Tony se dejó llevar por la emoción, sus gestos llenos de deseo. Ambos se encontraron en el sofá, disfrutando de la compañía del otro después de tanto tiempo. Tony tomó la iniciativa, llevándolos a un ritmo pausado y compartido. Peter, sosteniéndolo con delicadeza, siguió el compás del Omega, apoyándolo y complementando cada gesto.
Tony recordaba vívidamente la última vez que había intentado pasar el celo de Peter junto a él. Era una experiencia intensa, llena de energía y emociones desbordadas que, en algún punto, se volvió un reto físico. Peter, llevado por su instinto, había puesto todo de sí, y aunque ambos disfrutaron de la cercanía, la fuerza incontrolable de Peter había dejado huella. La cama había crujido bajo ellos, y Tony acabó en una silla de ruedas por un día entero, con la mandíbula adolorida y el cuerpo exhausto.
Por más de 50 veces, Peter se disculpó con Tony, entre preocupado y culpable. Pero Tony, con esa calma y comprensión que siempre tenía hacia él, lo tranquilizó, asegurándole que no había problema, que lo entendía. Sabía que ese lado instintivo y poderoso formaba parte de lo que él amaba en Peter.
Peter estaba en el sofá junto a su tía, viendo una película en una noche tranquila. De repente, ella pausó la película y se giró para mirarlo. Extrañado, Peter frunció el ceño y preguntó:
-¿Por qué has parado la peli?
-Ella se acomodó, respiró hondo y, con una expresión cálida y serena, respondió:
-Quiero tener una conversación contigo-Su tía tomó su mano y continuó
-Sé que estás creciendo, Peter, que quizás llegue el día en que decidas irte de casa, que encuentres otro lugar, que quieras una vida distinta… y dejes este sitio.
-Peter abrió la boca, listo para decir algo, pero ella levantó la mano, sonriendo suavemente.
-Eso no significa que dejes de importarme, ni que este deje de ser tu hogar. Solo quiero que sepas que aquí siempre tendrás un lugar al que volver.
Mientras la escuchaba, Peter comenzó a darse cuenta de lo que quizás ella intentaba decir. Tal vez su tía veía hacia el futuro, imaginando que su relación con Tony podría llevarlo a mudarse algún día, a construir algo nuevo. No tenía claro si hablaba así porque sentía que la relación estaba avanzando o si simplemente era una charla para hacerle saber que, sin importar dónde terminara, siempre tendría un hogar con ella.
Aquel momento le dejó claro que su tía comprendía más de lo que él pensaba. Y, aunque aún no tenía planes inmediatos de irse, se sintió profundamente agradecido y conmovido por la manera en que ella estaba dispuesta a aceptar y apoyar los pasos que él tomara, sean cuando sean.
🕷️🔩
Mientras pasaban los meses, Peter sentía que cada día su relación con Tony cobraba una dimensión nueva, intensa y profunda, como si fuera una montaña rusa de emociones que nunca se detenía.
Lo que había comenzado como una chispa de verano, una aventura con promesas sin intenciones de volverse tan significativas, ahora se había convertido en un amor envolvente, de esos que desafían las estaciones y las certezas.
Había días en que todo parecía perfecto: el simple acto de estar juntos, de reír en las noches sin fin, de susurrarse cosas tontas y preciosas al oído, haciendo que el mundo pareciera un lugar seguro y cálido.
Pero también estaban los otros días, aquellos en los que la distancia, el orgullo, y las diferencias parecían como olas inmensas dispuestas a llevarse todo a su paso. Las dudas, los celos, las inseguridades comenzaban a aparecer cuando menos lo esperaban, y aunque ambos intentaban ignorarlas, de algún modo se colaban entre ellos, tensando el ambiente, envenenando los momentos de paz.
Tony, acostumbrado a tener el control y la estabilidad en su vida, luchaba por encontrar su equilibrio en una relación tan apasionada y a veces impredecible.
Peter, con su espíritu joven y su mirada soñadora, quería entregarse sin reservas, pero a veces se sentía pequeño ante la magnitud del mundo de Tony, ante su experiencia y la realidad de lo distintos que eran.
Hace poco, tuvieron una de esas peleas que sacuden hasta los cimientos de una relación. Todo comenzó cuando Tony empezó a alejarse otra vez, absorto en el trabajo, esa carga constante que parecía envolver su vida. Peter, al principio, intentó ser comprensivo; después de todo, sabía que Tony era alguien dedicado, un perfeccionista que siempre quería estar un paso adelante. Pero a medida que pasaban los días, la paciencia de Peter comenzó a desgastarse.
Mientras Tony navegaba en sus ocupaciones, Peter estaba en su propio torbellino, con exámenes finales a la vuelta de la esquina y sus clases para el carnet de conducir. Ambas cosas lo tenían al límite, y el apoyo de Tony, que usualmente era un bálsamo, esta vez se sentía distante, como un eco que apenas llegaba. Después de cinco días así, sin respuestas claras, solo breves mensajes sobre lo cansado que estaba por el trabajo, Peter explotó.
La discusión fue de esas que no se olvidan. Los dos alzaron la voz, cada uno más alto que el otro, lanzando palabras que solo dejaban marcas. Pero Tony, ya desgastado y quizás sin filtrar su frustración, dejó salir comentarios más duros, palabras que él sabía que podrían herir, y lo hicieron. Peter sintió que era demasiado, y cuando la pelea terminó, tomó una decisión impulsiva: recogió a Snow y se fue a casa.
Pasaron tres días en los que ninguno de los dos se comunicó. Peter trataba de convencerse de que había hecho lo correcto, pero en el fondo sentía el vacío de no tener a Tony cerca. Fue en el tercer día cuando escuchó un golpe en la puerta.
Tony estaba allí, con los ojos llenos de arrepentimiento, y sin decir mucho al principio, solo pidió perdón.
Era una tarde nublada cuando Tony, con el corazón palpitante y la mente enredada en pensamientos, decidió tomar el teléfono y marcar el número de Peter.
Las últimas semanas habían sido un caos en su cuerpo: náuseas matutinas, mareos repentinos y esa fatiga extraña que lo hacía sentir agotado al mediodía.
Al principio, pensó que el estrés de sus proyectos y las largas horas eran los culpables, pero los síntomas seguían apareciendo, y ese día, después de otro episodio de vómitos, ya no pudo ignorarlo más.
Cuando Peter escuchó la preocupación en la voz de Tony, no dudó. Se puso su traje de Spider-Man en cuestión de segundos, dejando libros, apuntes y exámenes a un lado. No importaba nada más en ese momento que estar allí para Tony. A través de los rascacielos, llegó al penthouse en un tiempo récord, su mente girando entre la preocupación y un nudo de nervios que crecía con cada salto y balanceo.
Al llegar, Tony lo estaba esperando en el balcón, y su expresión reflejaba algo que Peter rara vez veía en él: vulnerabilidad. Se acercaron, y antes de que Peter pudiera decir una palabra, Tony exhaló con fuerza, como si estuviera liberando un peso enorme.
-He estado sintiéndome... mal últimamente-dijo Tony, cruzando los brazos y desviando la mirada, visiblemente incómodo-No sé cómo decir esto sin sonar...dramático, pero… creo que podría estar… embarazado.
Peter se quedó en silencio un segundo, sintiendo cómo una oleada de calor subía por su pecho. Respiró hondo, tratando de organizar sus pensamientos, mientras Tony continuaba.
-Sé que parece una locura, pero he estado vomitando, me siento cansado... todo encaja, ¿no?-Tony lo miró con una mezcla de ansiedad y expectativa, buscando en él una especie de seguridad.
Peter intentó recuperar la calma y, tragando nervios, le explicó cómo funcionaba el predictor, ese pequeño aparato que parecía sostener las respuestas a tantas preguntas. Pero mientras lo hacía, sentía cómo su voz temblaba ligeramente, los nervios traicionándolo.
Mientras Tony estaba en el baño, haciéndose la prueba, Peter daba vueltas fuera, tratando de calmar la cascada de pensamientos que se arremolinaban en su mente. Intentaba racionalizarlo todo: el dinero no sería un problema porque Tony tenía más que suficiente, pero… ¡él todavía estaba en la universidad! Y aunque adoraba a Tony y la idea de formar una familia algún día no le parecía descabellada, ¿ahora? Era como si su vida se estuviera lanzando a una nueva dimensión para la que no estaba ni remotamente preparado.
Cuando Tony salió del baño con la prueba en la mano, miró a Peter y respiró profundamente.
-Bueno, van a ser unos seis minutos de espera…-Peter asintió, nervioso, y ambos se sentaron en el borde del sofá.
Se quedaron en silencio un momento, antes de que Peter no pudiera resistirse más y rompiera la quietud con una risa nerviosa.
-¿Sabes? Esto es como cuando vas al médico para que te digan que estás bien, pero en el fondo esperas que te digan que tienes algo raro para justificar lo mal que te sientes-bromeó, frotándose las manos. Tony soltó una carcajada suave, tratando de relajar la tensión.
-Sí...-Tony arqueó una ceja con su humor característico- Si te soy sincero yo también estoy nervioso, creo que casi esperaba que fuera una indigestión por comer demasiado sushi o algo así.
Peter dejó salir un suspiro largo.
-No es que no quiera… ya sabes, algún día. Pero, ¿ahora?-se rió, mirando a Tony-Creo que nos falta un poco de… planificación.
-Oh, definitivamente-Tony puso los ojos en blanco, riéndose-Si llego a estar embarazado, ya podemos ir buscando una cama reforzada y un grupo de apoyo para padres caóticos.
Ambos estallaron en una risa nerviosa y se miraron en silencio, sintiendo una mezcla de miedo y alivio.
Cuando el temporizador del móvil de Tony finalmente sonó, ambos se quedaron en silencio, con los corazones latiendo a mil por hora. Tony tomó aire y miró la prueba, sintiendo cómo el peso de la incertidumbre se aligeraba mientras leía el resultado. Al final, levantó la vista y soltó un suspiro de alivio.
-Es negativo-Tony sonrió, dejando caer la prueba en la mesa con una mezcla de alivio y risa-No estoy embarazado.
Peter dejó escapar una carcajada nerviosa, pasando una mano por su cabello, claramente relajado.
-Oh, menos mal-Le brillaban los ojos de pura emoción y alivio- Ya me veía poniendo una cuna junto a la cama y pidiéndole a May que me enseñe a cambiar pañales-Tony se echó a reír, imaginando la escena.
-Sí, porque con toda la tecnología Stark, seguro que habría diseñado un robot para eso-bromeó, aún sonriendo.
Peter respiró aliviado, y con una sonrisa genuina miró a Tony a los ojos.
-No es que no quiera… algún día. Solo… necesitamos tiempo, ¿no?
Tony le tomó de la mano, apretándola suavemente.
-Exacto...A nuestro tiempo-dijo, y ambos compartieron una sonrisa.
Tony estaba acurrucado en la cama, rodeado de almohadas y envuelto en mantas, mientras Peter se inclinaba sobre él con una taza de té caliente en las manos. La fiebre le había golpeado con fuerza, y su voz sonaba débil mientras intentaba protestar por enésima vez.
-Peter, de verdad, deberías estar estudiando…-
murmuró, entrecerrando los ojos mientras intentaba acomodarse sin éxito. Peter negó con una sonrisa mientras le pasaba la taza de té.
-Ya te lo he dicho...ahora mismo me importas más que ese examen. Además, lo llevo bien, puedo hacer esto y estudiar después-dijo, pasando suavemente la mano por el cabello de Tony para tranquilizarlo.
Tony suspiró y, aunque trataba de disimularlo, era evidente que se relajaba un poco cada vez que Peter estaba cerca. Snow, parecía entender la situación, y cada vez que Peter se movía, ella lo seguía por todo el penthouse, maullando suavemente como si también estuviera cuidando de Tony.
Peter se dedicó todo el fin de semana a mimarlo: asegurándose de que bebiera suficientes líquidos, preparando comida ligera y revisando constantemente su temperatura.
En cada pausa, cuando Tony se quedaba dormido o simplemente descansaba, Peter se sentaba a su lado, repasando en voz baja sus apuntes y acariciando a Snow, quien no se despegaba de él.
Cuando Tony abría los ojos y lo veía allí, sonreía levemente, a veces apenas susurrando:
-Eres… demasiado bueno conmigo. Sabes que estaré bien, ¿verdad?-Peter sonreía de vuelta, ajustando las mantas alrededor de Tony.
-Lo sé, pero me gusta cuidarte. No tienes que preocuparte. Además, Snow también está en modo enfermera, así que tienes doble protección.
La gata, como si entendiera, se acomodaba en el borde de la cama, vigilante. Tony miraba a Peter y a la gata, sintiendo que, incluso en medio de la fiebre y el malestar, tenerlos allí era la mejor medicina. Y aunque intentó protestar algunas veces más, al final se rindió, permitiéndose descansar mientras Peter y Snow lo cuidaban, llenando el penthouse de una tranquilidad reconfortante que lo hacía sentir afortunado.
Tony estaba sumido en el papeleo de la mañana, apenas consciente del tiempo, cuando Pepper entró en su oficina con una expresión tensa y un periódico en la mano.
Lo dejó frente a él sin decir una palabra, y Tony vio el titular en letras grandes y llamativas: "El Joven Amante de Stark: Identifican al Enigmático Compañero del Multimillonario."
Un frío le recorrió la columna mientras leía el artículo. Las fotos mostraban a Peter, algunas captadas de lejos y otras de eventos públicos donde habían asistido juntos. Tony dejó escapar una maldición por lo bajo, inmediatamente agarrando su teléfono y marcando el número de Peter, deseando que aún no hubiera visto nada.
En ese momento, Peter estaba en medio de sus clases en el instituto, pero la noticia no había tardado en llegar a sus compañeros. Al sonar el timbre del recreo, fue rodeado casi instantáneamente por varios estudiantes, todos hablando a la vez:
-¡¿Es cierto que estás saliendo con Tony Stark?!
-¿Cómo os conocisteis?
-¿Él te compra cosas caras?
-¿Te lleva a cenas elegantes?
Peter, abrumado, trató de apartarse, pero las preguntas no paraban. Las chicas más insistentes le lanzaban miradas de curiosidad y envidia, mientras algunos chicos se reían, haciendo comentarios que no ayudaban a calmar la situación.
Afortunadamente, Ned y MJ notaron el caos y se abrieron paso entre la multitud.
-¡Vamos, vamos! Dejad a Peter en paz-dijo Ned, plantándose a su lado con firmeza.
MJ agarró a Peter del brazo y le dio una mirada de apoyo, echando un vistazo fulminante a los demás estudiantes.
-No hará declaraciones -soltó, tirando de Peter hacia una esquina del pasillo, donde había menos ruido.
Peter, agradecido sacó el móvil de su bolsillo al ver que Tony había intentado llamarlo varias veces.
-¿Estás bien?-preguntó Tony, sin perder tiempo en formalidades.
-Definitivamente, no-
murmuró Peter, echando un vistazo hacia los pasillos llenos de miradas curiosa-Alguien filtró algo, ¿verdad?
-Sí. Estoy trabajando en solucionarlo, pero…lo siento, Peter.
-Está bien, Tony. Por suerte, tengo buenos amigos.
Tony suspiró aliviado al escucharlo, aunque el peso de la situación seguía ahí.
Después de una mañana agotadora, Peter apenas había logrado salir de cada clase sin sentirse agobiado.
Miradas, susurros, y preguntas lo habían seguido como una sombra por todos los pasillos. Se sentía como si estuviera atrapado en una especie de pesadilla pública de la que no podía escapar.
Lo único que quería era llegar a casa, alejarse de las miradas y sumergirse en el silencio.
Pero al salir de la universidad, la realidad le golpeó aún más fuerte.
Una multitud de paparazzi esperaba junto a la salida, sus cámaras apuntadas hacia él y los flashes chispeando como un enjambre de abejas furiosas. Las preguntas volaban sin cesar, entrelazándose en un mar de voces que apenas podía entender.
-¡Peter! ¿Es verdad que estás en una relación con Tony Stark?
-¿Cómo empezó todo?
-¿Te mudaste ya con él?
-¡Mira aquí, Peter!
Peter apretó los dientes, intentando mantenerse calmado mientras trataba de avanzar, pero el caos de las cámaras y los gritos lo desbordaban.
-¿Os habéis acostado ya?
-¿tendréis hijos?
Justo cuando estaba a punto de rendirse, vio una figura familiar al borde de la multitud. Tony, vestido con su traje y gafas oscuras, lo miraba con expresión preocupada desde un coche estacionado cerca de la salida.
Al verlo, Tony bajó del coche y caminó hacia él con una firmeza que parecía dividir la multitud en dos, como si estuviera tallando un camino en medio del tumulto.
-Vamonos-dijo, alzando un brazo protectoramente mientras se acercaba.
Peter suspiró de alivio al sentir la mano de Tony en su hombro, y sin dudarlo, se dejó guiar hasta el coche. Tony lo escoltó con firmeza, bloqueando las cámaras con su cuerpo y sin decir una palabra a los paparazzi.
Una vez dentro del coche, el ruido de los flashes y las voces se apagó al cerrar las puertas. Peter soltó un suspiro, inclinándose en el asiento, sintiendo como si toda la tensión del día se desvaneciera de golpe.
-¿Estás bien?-preguntó Tony, mirándolo con una mezcla de preocupación y cariño.
Peter asintió, dándole una sonrisa cansada.
-He tenido días mejores...Y no pensé que este día podría mejorar, pero tú has conseguido hacerlo-Tony le sonrió de vuelta
En el coche, mientras avanzaban por la ciudad, Tony miraba a Peter con una mezcla de molestia y determinación. Tras unos segundos de silencio, suspiró y decidió explicarle la situación:
-La empresa que filtró las fotos es una de esas revistas de tabloides sin ética-Tony apretó los dientes al decirlo, y su mirada se endureció un instante-Ya tengo a mi equipo trabajando para erradicar todas las copias que podamos, pero…-hizo una pausa, evidentemente frustrado-será difícil cortar la noticia completamente. Esto ya se a expandió demasiado.
Peter lo escuchó atentamente y asintió. Entendía que Tony estaba molesto, pero él mismo no podía hacer más que aceptar la situación. Le dio un apretón en el hombro a Tony y le habló con calma.
-En la universidad, todos ya lo saben-dijo Peter, dejando escapar una risa nerviosa-
Hoy ha sido un completo caos.
Tony soltó un gruñido, y el aroma agrio de su frustración llenó el aire del coche, haciéndole saber cuánto le afectaba esto. Peter, percibiéndolo, decidió que era momento de calmarlo un poco.
-Tony, tranquilo-Intentó tranquilizarlo, acercándose un poco más-Seguramente, después de unas semanas, esto va a pasar. La gente se distrae con otra cosa.
Tony dejó escapar un suspiro, su expresión suavizándose un poco.
-Eso espero-Volvió a mirarlo, sus ojos aún llenos de preocupación-No quería que tu vida se volviera más complicada por mi culpa. Soy alguien que siempre está en las noticias, y no es fácil esquivar todo esto.
Después de la conversación con Tony, Peter suspiró mientras desbloquea su teléfono y veía el bombardeo de notificaciones y solicitudes en sus redes sociales. Mensajes de personas desconocidas llegaban uno tras otro: felicitaciones, comentarios sobre lo "lindo" que se veía en las fotos, incluso algunas ofertas de entrevistas. Con un suspiro resignado, cambió todas sus cuentas a privadas, esperando que eso disminuyera la avalancha.
A la hora de la comida, Tony y él se sentaron en la mesa, un breve respiro de la tensión del día, con la tele de fondo y entre bocado y bocado, Peter envió un mensaje rápido a su tía, contándole lo que estaba pasando. Le pidió que no respondiera a ninguna pregunta de la prensa y se mantuviera en silencio sobre el asunto.
Al terminar de comer, Peter se dirigió a su mochila para ponerse al día con los deberes. A pesar de la distracción de lo que estaba ocurriendo, se concentró en sus deberes. Al terminar, salió al salón, donde Snow lo recibió feliz, ronroneando y rozándose contra sus piernas.
Con una sonrisa, Peter se arrodilló para acariciar a la gata, quien ahora formaba parte de esta peculiar familia. Jugaron un rato, Snow persiguiendo una cuerda que movía de un lado a otro, mientras Tony, sentado cerca, se concentraba en algunos papeles de trabajo.
A la mañana siguiente, Tony se levantó más tiempo de lo habitual para prepararle el desayuno a Peter y llevarlo a la universidad. En el trayecto, miró de reojo a Peter y con un tono serio le dijo:
-Intenta llevarlo con normalidad. Ignora cualquier pregunta y no respondas a nada ¿Vale?
-Lo sé, tranqui-Peter asintió, con una leve sonrisa de comprensión, aunque la situación le ponía un poco nervioso. Cuando llegaron a la universidad, Tony le dio un rápido piquito como despedida.
Después, Tony se dirigió a un pequeño café en el centro de la ciudad, donde Pepper ya lo esperaba. Se sentó frente a ella y, después de pedir el desayuno, comenzaron a hablar de los compromisos del día.
-Tienes varias reuniones esta tarde-empezó Pepper, hojeando su tablet con calma-y necesitamos revisar algunos informes de las nuevas maquinarias-Tony asintió mientras daba un bocado a su croissant. Pero entonces, en un tono casi casual, Pepper lo miró con una leve sonrisa.
-Y dime, ¿en algún momento tienes planeado decirle a Peter que quieres casarte con él?
Tony se atragantó de inmediato, soltando una tos entre sorprendida y avergonzada mientras intentaba recomponerse.
-¿Qué...?-murmuró, tomando un sorbo de agua para calmarse-No hagas esas bromas, Pepper.
-No es ninguna broma, Tony. -Pepper se inclinó un poco hacia él, entre divertida y segura de sus palabras-Lo estoy oliendo, y no solo ahora. Es cada vez que te quedas mirando a la nada, perdido en algún pensamiento...o quizás fantaseando.
Tony la miró, algo incómodo, cruzándose de brazos en un intento de defensa.
-No estoy fantaseando con Peter, si es eso lo que estás insinuando.
Pepper soltó una risa suave.
-Por favor, Tony, no soy tonta. Lo veo cada vez que estais juntos y, cuando estais separados, tienes esa cara de aburrimiento y quiero ver ya a mí arañita-Tony rodó los ojos, pero no pudo evitar que una pequeña sonrisa se escapara.
-¡¿Por qué demonios has alquilado un spa entero solo para nosotros dos todo el fin de semana?!-Tony, que estaba apoyado casualmente en la pared, con los brazos cruzados y una sonrisa enigmática, se encogió de hombros como si la respuesta fuera la más simple del mundo.
-Porque lo necesitamos, Peter. Después del estrés de estas semanas, creo que nos merecemos un poco de paz. Además-añadió con una pequeña sonrisa traviesa-
pensé que te vendría bien un poco de relajación.
-Tony, con lo que habrás pagado, podríamos haber tenido una quedada normal, ya sabes, una cena, tal vez un paseo por el campo algo así-Tony se acercó, sin perder la sonrisa, y le colocó una mano en el hombro.
-Peter-dijo en un tono tranquilo-hay veces en la vida en las que vale la pena darse un lujo-Peter suspiró.
-Está bien, está bien. Supongo que si ya está todo listo, no tiene sentido que me queje-Lo miró con cariño y agregó en un tono suave- Gracias, Tony-El Omega se acerca para rozar sus labios en un beso ligero.
-No tienes que agradecerme nada. Solo relájate y disfruta del fin de semana conmigo, ¿vale?
El lugar estaba rodeado de naturaleza, se alzaba como un refugio de calma, apartado del bullicio de la ciudad. La entrada tenía una gran puerta de cristal esmerilado, y la suave música ambiental los envolvía en un ambiente sereno.
Al entrar, el aroma a aceites esenciales de lavanda y eucalipto se mezcló con el sonido lejano de una fuente de agua. Peter se quedó embelesado observando el lugar, y Tony, con una leve sonrisa en los labios, le pasó el brazo por los hombros y lo guió hacia la recepción, donde les dieron la bienvenida. Les entregaron albornoces de un blanco impecable y suaves pantuflas, y luego los dirigieron a una suite privada.
La habitación era amplia, iluminada por grandes ventanales que dejaban ver un jardín de bambú en el exterior. En el centro había una cama cubierta con sábanas de algodón egipcio, mientras que en una esquina se encontraba un jacuzzi listo para usar, con una pequeña bandeja de frutas frescas y una botella de champaña esperando en una cubitera. Tony sonrió, satisfecho, mientras Peter miraba todo con una mezcla de sorpresa y emoción.
-¿No es demasiado?-
preguntó Peter, todavía procesando lo que veía.
-Nada es demasiado para nosotros, Peter-respondió Tony con una sonrisa-Tu ponte cómodo y disfruta.
Comenzaron el día con un masaje relajante. Dos terapeutas los esperaban en una sala ambientada con velas aromáticas y sonidos de la naturaleza. Peter y Tony se recostaron en las camillas, uno junto al otro, y sintieron cómo las manos expertas de los terapeutas liberaban cada tensión acumulada. Peter cerró los ojos, perdiéndose en la sensación de relajación que invadía cada músculo; a su lado, Tony dejaba escapar suspiros de alivio, disfrutando al máximo.
Después del masaje, pasaron a un baño de vapor, una sala íntima de mármol que emanaba un calor suave, casi envolvente. Se sentaron en un banco de piedra, y Peter, aún con gotas de sudor en la frente, miró a Tony con una expresión de agradecimiento.
-Esto es increíble. No tenía idea de lo mucho que necesitaba esto-admitió en un ronroneó.
-Sabía que lo disfrutarías-
respondió Tony, dándole una palmada en el muslo-Y te ves increíble con el pelo mojado, por cierto.
-¿Qué clase de piropo es ese?
-Soy muy original.
Luego llegó el momento del jacuzzi en la suite privada. Al sumergirse en el agua caliente, sintieron cómo las burbujas y los chorros relajaban aún más sus músculos. Peter se acomodó al lado de Tony, apoyando la cabeza en su hombro, sintiéndose en paz. La vista del jardín de bambú le daba al momento un toque de serenidad casi irreal.
-Este es el tipo de fin de semana que deberíamos repetir-comentó Peter, cerrando los ojos mientras Tony acariciaba su brazo.
-Entonces vamos a hacer de esto una tradición-respondió Tony, dándole un beso en la frente.
-Era coña
Disfrutaron de una cena ligera en el balcón, bajo las estrellas. Unos platos de sushi y ensaladas frescas les esperaban, junto con un par de copas de vino blanco.
Envuelto en la tranquilidad de la noche, Tony se acercó a Peter con una ternura inusitada. La luz suave que se filtraba desde el balcón arrojaba un brillo cálido sobre sus pieles, y el silencio se llenaba de miradas y caricias que hablaban más que cualquier palabra. Con una suavidad infinita, Tony deslizó sus dedos por el rostro de Peter, que lo miraba con una mezcla de amor y emoción, sintiendo el peso de cada momento compartido entre ellos.
El beso que se dieron fue lento, exploratorio, como si se descubrieran de nuevo, con una paciencia que ambos agradecían en silencio. El ritmo era pausado, dejando que la noche y la intimidad de la habitación los envolviera, creando una atmósfera en la que el tiempo parecía detenerse. La conexión entre ellos se sentía más profunda que nunca, como si en cada suspiro y cada roce reafirmaran lo que sentían el uno por el otro.
Cada gesto, cada caricia era un recordatorio de todo lo que habían vivido juntos y de lo mucho que se apreciaban. Se tomaron su tiempo, disfrutando de cada segundo y de la cercanía compartida, permitiéndose ser vulnerables y abiertos.
La noche avanzó mientras se dejaban llevar por el deseo y el cariño que se tenían, disfrutando de esa cercanía que solo ellos dos entendían.
🕷️
El domingo por la tarde, mientras disfrutaban de las últimas horas de su escapada al spa, Tony y Peter se encontraban sentados juntos en el balcón, observando el atardecer y el reflejo de los colores cálidos en el horizonte. Tony tomó suavemente la mano de Peter, mirándolo con una expresión seria y a la vez cargada de cariño.
-Peter, he estado pensando... -comenzó Tony, buscando las palabras adecuadas-Quiero estar contigo en tu próximo celo, pasar ese momento juntos.
Peter, sorprendido, giró la cabeza para mirarlo. Sabía cuánto significaba esa propuesta, y parte de él deseaba con toda su alma aceptar
-No creo que sea una buena idea-respondió Peter con sinceridad, retirando suavemente su mano-No quiero hacerte daño. La última vez...-Su voz se apagó, recordando los días posteriores, el dolor de Tony y el peso de haber cruzado ciertos límites sin poder detenerse.
Tony suspiró, entendiendo el miedo de Peter. Aunque una parte de él había esperado esa respuesta, no pudo evitar la pequeña punzada de decepción.
-Sé que fue difícil la última vez-admitió Tony-Pero hemos aprendido, y puedo preparar todo para que sea seguro. Confío en que podemos hacerlo.
Peter negó con la cabeza, con una mezcla de frustración y cariño en su rostro.
-No quiero arriesgarme a hacerte daño-Tony agarro su mano otra vez, esta vez con más determinación, mirándolo con una mezcla de ternura y firmeza.
-Te respeto, Peter, y respeto tu preocupación. Pero, pase lo que pase, quiero que sepas que estoy aquí para ti, en cada momento.
-Sé que fue difícil la última vez-admitió Tony-Pero hemos aprendido, y puedo preparar todo para que sea seguro. Confío en que podemos hacerlo.
Peter negó con la cabeza, con una mezcla de frustración y cariño en su rostro.
-No quiero arriesgarme a hacerte daño-Tony agarro su mano otra vez, esta vez con más determinación, mirándolo con una mezcla de ternura y firmeza.
-Te respeto, Peter, y respeto tu preocupación. Pero, pase lo que pase, quiero que sepas que estoy aquí para ti, en cada momento.
Con el paso de las semanas, la vida pareció encontrar un equilibrio entre momentos tranquilos y otros llenos de intensidad.
Tanto Peter como Tony se adaptaron poco a poco a la rutina y al ajetreo de la atención pública, bueno Tony ya estaba hecho, pero que Peter se agobiara lo agobiaba y aunque a veces la presión era fuerte, se las arreglaron para disfrutar de su relación de manera casi normal.
-Oye, Tony, ¿qué te parece si vamos al arcade?
Tony, sin pensarlo mucho. Al llegar, se encontraron rodeados de luces de neón, el sonido de las máquinas y la energía despreocupada del lugar. Peter los llevó directamente a la máquina de Street Fighter II, una clásica de enfrentamientos. Ambos se prepararon, seleccionando a sus personajes.
Desde el comienzo de la primera partida, Peter dominó el juego. Tony intentaba seguirle el ritmo, pero cada movimiento del alfa parecía anticipar el suyo. El marcador empezó a sumar puntos a favor de Peter, y el ceño de Tony se frunció.
-Te odio-Gruño Tony
-Mientes
-No. No miento
-Ah...Entonces no tendré más piedad.
Y cumplió con su palabra. Tony intentó tener más terreno, pero Peter parecía imbatible, y cada vez que perdía una partida, Tony se picaba más y más, exclamando
-¡No puede ser! Eso ha sido pura suerte-Peter reía cada vez que veía a Tony picarse un poco más, y respondía con un tono burlón
-No es suerte, es habilidad. Ya te lo dije, soy invencible en Street Fighter.
Tony se mordió el labio, concentrado, decidido a ganar al menos una partida.
Cuando comenzó la siguiente ronda, Peter decidió bajar un poco el ritmo. Observó a Tony, completamente concentrado, con el ceño fruncido y una expresión determinada en su rostro. Peter sonrió internamente, enternecido por el esfuerzo y la dedicación de Tony.
Decidió dejarle ganar poco a poco, y simulando pequeñas fallas en sus movimientos.
Al final, la barra de vida de Peter se agotó, y Tony logró el golpe final. La pantalla explotó en luces y sonidos de victoria, y Tony levantó los brazos en triunfo, sonriendo de oreja a oreja.
Peter fingió sorpresa, abriendo los ojos como si realmente estuviera impresionado.
-Vaya… parece que mejoras ¿Quién lo diría?
-¡Te lo dije!-Peter asintió, mordiéndose el labio para no reír, fingiendo respeto por la victoria de Tony.
-Supongo que tendré que ponerme serio en la próxima partida, entonces.-Tony se cruzó de brazos y lo miró desafiante, todavía lleno de orgullo.
Había algo adorable en ver a Tony tan feliz por ganarle, aunque solo fuera una vez.
Peter subió al penthouse de Tony casi dando saltos, con una sonrisa enorme que parecía iluminarle el rostro. Aquel día estaba lleno de una energía especial, la satisfacción de haber pasado el examen de conducir lo hacía sentirse como si estuviera en la cima del mundo.
Al llegar a la puerta, tocó y esperó apenas un segundo antes de que Tony abriera. Sin poder contenerse, Peter levantó las manos en señal de victoria y exclamó, casi sin poder contener la risa:
-¡Lo logré! ¡Por fin tengo mi carnet de conducir!
Tony, con una sonrisa en el rostro, le dio una mirada llena de orgullo. Lo había estado esperando, y aunque ya había intuido que Peter lo conseguiría, verlo tan emocionado le calentaba el corazón.
-Sabía que lo lograrías-Tony lo miró con un brillo en los ojos-¿Y cómo piensas celebrarlo? Porque esto definitivamente merece una buena celebración-Peter se encogió de hombros, tratando de actuar tranquilo, aunque su emoción era evidente.
-No sé… Pensé que tal vez podrías dejarme conducir uno de tus coches. Ya sabes, para practicar un poco más. -Peter le guiñó un ojo, medio en broma, medio en serio.
Tony soltó una risa y le pasó un brazo por los hombros, llevándolo hacia el interior del penthouse.
-Ah, muy listo. Así que ya empezamos con las peticiones. Bueno, tal vez pueda hacer algo al respecto.
-Peter sonrió ampliamente y le dio un abrazo impulsivo, sin poder contener su felicidad-¿Volverás en perfecto estado?
-Prometido.
A Peter siempre le sorprendía la actitud relajada de Tony respecto a sus coches. No importaba cuánto lujo o exclusividad rodeara esos vehículos, Tony parecía indiferente a los riesgos de dejarlos en manos de Peter.
Podían ser deportivos italianos, ediciones limitadas o incluso modelos personalizados; para Tony, prestarle uno de sus preciados coches a el no parecía gran cosa. Nunca le daba advertencias ni parecía asustado de que pudiera rayarlos, golpear un espejo o incluso regresar sin unonde los espejos
Para Peter, era un gesto que decía mucho más de lo que parecía. Era un nivel de confianza y despreocupación que todavía, después de todo este tiempo, le impresionaba.
Sabía que, en el fondo, lo que realmente le importaba a Tony era Peter. Su vida, su bienestar, su compañía. Los coches eran reemplazables, y aunque eran una pasión para él, no significaban nada al lado de la seguridad del alfa.
Este pensamiento siempre lo hacía sonreír y sentir una calidez especial, como un recordatorio de que, en medio de todo, tenía a alguien que lo ponía por encima de cualquier posesión, sin importar su valor.
A veces, Peter incluso pensaba en bromear sobre si alguna vez llegaría a raspar uno de los coches solo para ver si Tony reaccionaba. Pero al final, prefería mantener intacto ese detalle
A través de la llamada, Tony suspiró, intentando una vez más hacer entrar en razón a Peter.
-Vamos, Peter. Quiero pasar el celo contigo-Peter bufó, la incredulidad en su tono era evidente.
-Tony, es peligroso, ya lo hemos intentado antes. No quiero hacerte daño.
Tony, sin embargo, no se rindió. Nunca se rendía a la primera. Su voz sonaba cálida, firme, como si estuviera dispuesto a intentarlo sin importar los obstáculos.
-Lo sé, pero podemos intentarlo...Si en cualquier momento es demasiado, haremos lo que digas-Hubo un silencio breve, y entonces Peter cedió.
-Vale, está bien. Pero te advierto: si el primer día pasa algo, si te hago daño, te irás y me dejaras con los supresores, ¿entendido?
Tony sonrió, casi pudiendo imaginar la mirada seria de Peter al otro lado de la línea.
-Trato hecho.
Cuando llegó el día del celo de Peter, Tony ya había preparado todo. Había alquilado un apartamento aislado, asegurándose de que tuvieran privacidad y espacio para ambos sin interrupciones. Con cada detalle pensado y con provisiones necesarias para esos días, Tony se encontraba mentalmente listo, aunque su corazón latía rápidamente.
En cuanto Peter entró al lugar, se sintió como si un cambio sutil pero poderoso tomara el control de la atmósfera. Las feromonas de Peter comenzaron a llenar el aire, intensas y embriagadoras, envolviendo el espacio y despertando en Tony una reacción profunda e instintiva. Intentó mantener la calma, pero pronto sintió cómo su cuerpo respondía de forma inevitable, liberando también sus propias feromonas, queriendo igualar y atraer la atención de su alfa.
Peter, con la mirada ligeramente nublada y una expresión posesiva, dejó claro que estaba comenzando a sucumbir al impulso de proteger y reclamar. A pesar de todo, llevaba puesto el collar anti-mordida, una condición que ambos habían acordado para mantener el control, por mucho que su instinto le indicara lo contrario.
El primer acercamiento entre ellos fue lento, cada uno midiendo sus reacciones y sintiendo el impacto de la presencia del otro. Tony apenas podía resistirse a acercarse a él, sentir sus manos firmes y los susurros bajos de Peter, quien se mostraba cauteloso pero lleno de deseo. Sin embargo, cada pequeño contacto, cada caricia entre ellos, hacía que el ambiente se volviera más tenso y cargado de anticipación.
La mirada de Peter reflejaba una mezcla de autocontrol y deseo reprimido. Parecía debatirse entre la necesidad de proteger a Tony y la pasión que estaba al borde de desbordarse.
Peter me sostenía con una fuerza que hablaba de deseo y de un amor feroz, empujándome contra cualquier superficie que encontrara, cada movimiento reflejando su instinto.
A veces gruñía en frustración cuando sus labios descendían por mi cuello y se encontraban con el collar, ese límite que habíamos establecido. Pero en sus ojos, en cada suspiro, encontraba algo más profundo, una devoción que me hacía rendirme a él.
Sentía su presencia llenando cada rincón de mí, un hilo que era tan intenso como dolorosamente placentero, un recordatorio de que solo a mí me entregaba esa pasión. Y, en medio de ese ímpetu, en cada movimiento, encontraba consuelo, sintiéndome más suyo que nunca, confiando en cada impulso que nos conectaba, sabiendo que en ese instante éramos todo lo que necesitábamos.
Cuando Peter volvió a sí mismo, su mirada estaba llena de preocupación, como la de un cachorro que teme haber hecho algo mal. Sus ojos se fijaron en algunas marcas en la piel de Tony, y casi de inmediato sus labios empezaron a formar una disculpa.
-Tony... yo... no quise… lo siento, no quería...
-murmuró, sus palabras temblando de remordimiento.
Pero Tony le dedicó una sonrisa cálida, colocando una mano sobre la de Peter para tranquilizarlo. Se inclinó hacia él, dejando que sus dedos acariciaran suavemente su rostro mientras lo miraba con una mezcla de ternura y diversión.
-Tranquilo-dijo Tony, suavizando el tono de su voz-Me ha gustado. No tienes que preocuparte por eso. Cada marca es un recuerdo de lo que compartimos-Peter explotó en vergüenza y desvío la mirada-Confío en ti, ¿sabes? Y me encanta que puedas ser así conmigo. No te tortures por cosas que ambos disfrutamos.
Peter asintió, sin poder evitar la sonrisa que se escapaba de sus labios. Se inclinó hacia Tony, tomándolo en un abrazo suave, encontrando un consuelo profundo en sus palabras.
🕷️🔩
Tony y Peter ya ni siquiera se preocupaban por esconder sus acciones. Habían quedado en el parque una tarde de primavera, cuando el aire olía a tierra recién mojada y a flores. Había una serenidad especial en el ambiente; las hojas de los árboles jugaban con la brisa y dejaban que los rayos del sol se filtraran en parpadeos de luz y sombra.
Peter llegó primero, eligiendo un rincón tranquilo bajo un árbol frondoso. Minutos después, Tony apareció con una sonrisa y el libro que habían elegido en común, algo que los tenía enganchados desde hacía semanas. Tony se acomodó a su lado, sin necesidad de decir mucho; bastaba con la compañía silenciosa. Ambos se estiraron sobre la manta que Peter había traído y abrieron el libro, pasando las páginas al mismo ritmo, a veces intercambiando miradas de complicidad.
El sol estaba en su punto más alto y envolvía el parque en un cálido resplandor dorado, haciendo que todo se sintiera pausado y perfecto. Tony cerró el libro y lo dejó a un lado, inclinándose para apoyarse en el hombro de Peter. La calidez del sol y la compañía de Peter lo invitaron a cerrar los ojos, y Peter, sintiendo el peso de la cabeza de Tony, pasó un brazo por sus hombros, acomodándolo mejor.
El omega dejó escapar un suspiro contento y, con un leve toque de ironía, dijo:
-¿Sabes? Este plan de leer y quedarnos dormidos al sol puede que sea uno de mis favoritos-Peter sonrió, acariciando el brazo de Tony con suavidad, dejándose llevar también por el calor y la tranquilidad del momento.
Había algo reconfortante en saber que no necesitaban esconderse, en poder disfrutar de la compañía mutua bajo la luz del día y en un espacio tan sencillo como el parque.
🕷️🔩
Peter y Tony estaban sentados en la terraza del penthouse, cada uno inmerso en sus pensamientos después de una larga semana.
Tony, con su habitual estilo despreocupado, miraba la puesta de sol como si no existiera ningún problema en el mundo.
Peter, en cambio, estaba más pensativo de lo común.
Era uno de esos días.
-¿Sabes, Tony? A veces siento que… que tú y yo estamos en lugares totalmente diferentes.
Sí.
Estaba en uno de esos días.
¿Tendrá algo que ver la prensa?
Seguro.
-Tú, con tu vida resuelta y millonaria, y yo… apenas con mi vida universitaria y mis exámenes-Tony levantó
una ceja.
-¿Estás diciendo que soy… inalcanzable?
-Creido
-Tu me subes el ego. Responde a la pregunta ¿Si o no?
-No-Peter suspiró-estoy diciendo que…a veces me parece que lo nuestro no tiene sentido. Y aun así, no puedo evitar…querer que funcione.
-Ah…Tal vez tú no puedas vernos juntos, pero yo sí.
🕷️
-¿Por qué siempre tienes que ser tan dramático?-le dijo Tony, cruzando los brazos.
-¿Dramático? Yo no soy el que se enfrenta a robots asesinos como si fuera una competencia de ajedrez-
respondió Peter y Tony bufó.
-Y yo no soy el que se balancea por los edificios, yendo a los exámenes con el traje arrugado.
-Eso es porque tú nunca llevas el traje arrugado.
-Exactamente, Parker. Elegancia ante todo. Podrías aprender algo de mí-Tony dijo, guiñándole un ojo.
-Tengo mi propopio estilo
-¿Y como se llama?
-Es secreto
-A veces me gusta el estilo secreto. Te ves sexy.
🔩
Peter y Tony habían decidido pasar una tarde tranquila en el parque, pero justo cuando se estaba poniendo cómodo en el césped, alguien comenzó a gritar desde un banco cercano.
-Oh no… no puede ser- murmuró Peter al ver a Deadpool corriendo hacia ellos, vistiendo un ridículo disfraz de abejita.
-¡Amigos míos!-gritó Deadpool-Necesito que os unáis a mi misión secreta para atrapar al ladrón de galletas del parque-Tony suspiró.
-No sé qué es más ridículo, si el disfraz o la misión.-
Deadpool se ofendió, señalando su atuendo.
-Este es un uniforme de trabajo, Tony. Profesionalismo ante todo.
Peter simplemente se echó a reír mientras Deadpool insistía en contarles todo sobre su absurda. Estaba borracho.
-misión secreta.-Dijo Peter siguiendole el rollo
-Mision super secreta-
Susurro inclinándose entre ambos.
🕷️
Finalmente, después de mil y una discusiones, bromas y momentos de duda, Peter y Tony lograron sincronizarse. Los dos, sentados bajo las estrellas, compartieron un momento de silencio, sintiéndose al fin en paz con todo.
-¿Sabes qué?-dijo Tony, acariciando la mano de Peter-Por todas las cosas que somos y que no somos… esto es lo que quiero-Peter sonrió, apoyándose en él.
-¿Te estás poniendo cursi?
-No
-Sí
-Que no
-Me gusta cuando eres cursi
- A mí no.
🔩
Mientras Tony y Peter compartían un beso en una cafetería, apareció su querido amigo Deadpool con una bandeja de pasteles y se sentó junto a ellos.
-Oh, no os cortéis por mí-dijo con una sonrisa, mirando la escena como si fuera un fan-Solo quiero asegurarme de que están practicando el amor verdadero.
Peter se rió.
Tony pensó que compartían la misma neurona.
-¿Qué haces aquí?-Deadpool se encogió de hombros.
-Solo asegurándome de que Stark no te trate mal.
-¡Nunca lo trato mal!
-¡Recuerda, Parker, si necesitas un héroe de verdad, sabes dónde encontrarme!
-Siempre lo recuerdo
-¡No le sigas el rollo!-Tony lo miró, exasperado.
-¿No le das libertad de expresión? ¿No le te deja expresarse?
-Pues...
-¡Peter!
-Es broma, es broma. Gracias Wade pero ahora mismo estoy perfectamente.
-Gracias, pero creo que puedo manejarlo.
Tony estaba decidido.
Había pasado meses dando vueltas a la idea, pensando en el momento perfecto y en cómo lograr que fuera un recuerdo inolvidable.
Le había pedido a Pepper que lo ayudara con los detalles, y aunque inicialmente se había sentido incómodo con la idea de exponer su vulnerabilidad romántica, al final supo que nadie lo entendería mejor que ella.
-¿Así que, por fin vas a hacerlo?-dijo Pepper con una sonrisa, tras escuchar todo el plan de Tony. -¿Pedirle matrimonio a Peter Parker?-Tony respiró hondo, asentando mientras intentaba controlar el torbellino de emociones que lo atravesaba.
-Sí, creo que es hora. He aprendido mucho gracias a él…Es el primer paso para formalizar lo que siento, de un modo en que Peter sepa que esto es serio, para siempre.
Pepper lo ayudó a preparar cada detalle. Buscaron juntos el anillo perfecto, algo que fuera elegante pero no excesivo, algo que Peter pudiera llevar en cualquier ocasión. Pepper sugirió un modelo de platino con un pequeño grabado interno que dijera “Mi héroe,” y Tony sonrió, pensando en lo simbólico que sería.
Luego llegó el turno de escoger el lugar. Tony sabía que Peter prefería lugares más sencillos, pero esa noche quería algo especial, algo que fuera tan memorable como sus sentimientos. Finalmente, eligió un restaurante elegante, conocido por su vista panorámica de la ciudad y su ambiente íntimo. Había reservado una mesa junto a la ventana, donde podrían disfrutar de la iluminación de la ciudad y el cielo nocturno, sin ser interrumpidos.
-Y las palabras-murmuró Tony, hablando más para sí que para Pepper mientras imaginaba cómo iniciar la propuesta-Tengo que pensar en algo que realmente le haga entender lo mucho que significa para mí-Pepper sonrió y le puso una mano en el hombro.
-Habla desde el corazón. Peter va a entender lo que sientes, incluso si no tienes un discurso perfecto. Recuerda que él también te conoce mejor que nadie.
Esa misma tarde, Tony se paró frente al espejo, practicando las palabras que quería decirle. Se decía que hablaría de cómo Peter había cambiado su vida, de cómo le recordaba lo que era la vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la fuerza. De cómo, con él, había descubierto un lado tierno de sí mismo que pensaba que nunca vería. A cada palabra que practicaba, sentía una mezcla de nervios y emoción.
Finalmente, al llegar el viernes, decidió hacer la llamada a Peter.
-Hola, ¿Estás ocupado esta noche?-le preguntó Tony, tratando de sonar despreocupado mientras el corazón le latía a mil por hora-Peter, del otro lado, soltó una risita, que Tony reconoció al instante.
-No, la verdad es que no. Estoy en casa… ya en pijama, para serte sincero-Tony se rió suavemente.
-Perfecto, porque quiero tener una cita nocturna contigo. Esta noche, a las ocho. Ponte algo elegante, te envío la ubicación.
-¿Una cita nocturna?- La sorpresa en la voz de Peter era evidente, pero Tony podía escuchar también la emoción contenida.
-Sí, de repente-añadió Tony antes de colgar, sin darle oportunidad de preguntar más.
🔩
Peter pasó el siguiente rato cambiándose y eligiendo cuidadosamente algo elegante pero cómodo. Al llegar al restaurante, el maître lo guió a la mesa donde Tony lo esperaba, con una sonrisa que irradiaba calidez y serenidad.
Cuando Peter se acercó, Tony se levantó para recibirlo y lo tomó de la mano, entrelazando sus dedos como siempre hacía cuando quería que Peter supiera lo importante que era para él.
La cena comenzó entre charlas ligeras, Tony sonreía con algo de nervios y hacía todo lo posible para no revelar demasiado antes de tiempo. Después del primer plato, se armó de valor, tomó suavemente las manos de Peter y lo miró a los ojos.
-Peter… quiero decirte algo importante-Su voz se volvió seria, y Peter lo miro alzando una ceja.
-Desde que te conozco, mi vida ha cambiado de maneras que nunca imaginé. Antes de ti, mi mundo estaba lleno de logros, pero vacío en muchos sentidos. Eres… eres la primera persona que me ha hecho sentir que tengo algo realmente importante que perder-Peter entreabrió los labios para decir algo, pero Tony continuó, con una suavidad que casi nunca mostraba.
-Sé que hay días en los que es difícil. Días en los que parece que estamos en mundos distintos. Pero también sé que, a pesar de eso, tú eres quien quiero a mi lado, siempre. No solo para los días felices, sino para los difíciles, para los absurdos, para todos. Quiero que esto sea para siempre.
Con esas palabras, Tony sacó la pequeña caja del bolsillo de su chaqueta, abriéndola para revelar el anillo que había elegido con tanto cuidado. La mirada de Peter pasó del anillo a Tony, y sus ojos brillaron con una mezcla de asombro y emoción.
-Peter Benjamin Parker, ¿me darías el honor de compartir esta vida conmigo, de ser mi esposo?
Peter respiró hondo, su mirada emocionada y algo temblorosa. Entonces, sonriendo ampliamente, asintió, sin poder contener la felicidad en sus ojos.
-Sí, Tony. Claro que sí-Y lo beso como si quisiera robar el aire.
Peter Parker había sentido que el peso del último año de universidad lo aplastaba más de lo que le gustaría admitir.
Artes no era tan fácil.
Las horas de estudio, los proyectos acumulados y las prácticas obligatorias le dejaban apenas tiempo para respirar.
Pero, extrañamente, había encontrado una especie de refugio en su trabajo a tiempo parcial en su cafetería favorita.
Era un lugar acogedor, con luces cálidas, música tranquila y el aroma constante de café recién hecho. Aunque al principio había aceptado el trabajo por necesidad, ahora se sentía genuinamente feliz de estar allí.
También estaban sus días como Spider-Man. Por ejemplo ayer después de terminar su turno en la cafetería, no había pasado mucho tiempo antes de que su sentido arácnido se activara.
Había un accidente en una calle cercana: un autobús había quedado atrapado entre dos vehículos tras una mala maniobra. Sin dudarlo, Peter dejó su mochila en un callejón y se puso el traje.
-¡Vamos, chicos, salid de aquí con calma!-gritó mientras ayudaba a evacuar a los pasajeros.
Las telarañas volaban, sujetando piezas del autobús que amenazaban con caer, mientras Peter organizaba el caos con precisión. Incluso logró tranquilizar a una niña asustada, asegurándole que todo estaría bien.
Más tarde, en otro incidente, un ladrón intentó huir con la caja registradora de una tienda de conveniencia. Peter lo alcanzó en cuestión de segundos, colgándolo de un poste de luz con un ingenioso juego de telarañas.
-¿Sabes qué va mejor con un atraco? No hacerlo-bromeó antes de entregarlo a la policía.
Las clases de hoy habían sido....intensas, y todavía tenía 2 trabajos. Pero al mirar el reloj, vio que tenía tiempo suficiente para descansar un rato antes de sumergirse en sus estudios.
Pero entonces paso.
Cita nocturna.
Tony siempre encontraba formas de sorprenderlo, de hacerle olvidar por un rato el estrés y las responsabilidades.
Optó por una camisa azul claro y unos pantalones oscuros, lo suficientemente elegantes para lo que suponía sería otra noche inolvidable con Tony.
Al llegar al restaurante indicado, Peter fue recibido por un maître que lo llevó hasta una mesa junto a la ventana. Allí estaba Tony, radiante en un traje perfectamente ajustado, con una sonrisa que, como siempre, hacía que el corazón de Peter diera un vuelco.
Ahora, ¿qué estás tramando, Stark?
🕷️
Peter se esforzó al máximo para aprobar todos sus exámenes finales. Cuando decidió estudiar artes, nunca imaginó que se enfrentaría a disciplinas tan diversas como pintura, escultura, fotografía, diseño gráfico y otros retos creativos. Los últimos exámenes eran más un test de resistencia que de conocimiento.
Su tía May estaba incluso más emocionada que él cuando supo que se casaría ese mismo verano. Claro, cuando tu pareja es increíblemente rica, todo parecía avanzar a la velocidad de la luz.
Desde el sofá, Tony lo observaba con una sonrisa, acariciando a Snow, quien ronroneaba felizmente en su regazo.
-Parece que te va a explotar la cabeza-bromeó, estirándose cómodamente.
-¡Es que no entiendo por qué tengo que aprender tantas cosas que seguro solo usará una persona que se dedique exclusivamente a la escultura!-exclamó Peter, frustrado, con varios libros y apuntes desordenados frente a él.
-¿No me harás una escultura?-Tony arqueó una ceja, divertido.
-Claro, de telarañas
-Ah, bueno… Eso sí sería original-Tony rió suavemente, disfrutando de la tormenta creativa de su prometido.
Más de una vez, Tony había bromeado diciéndole que no pasaba nada si las cosas en artes no iban bien, que siempre podía ser su "mantenido." Peter solía responder con una mirada indignada o el dedo medio, pero en ese momento, mientras repasaba frenéticamente sus apuntes, no le parecía tan mala idea.
-¿Me pintarás en un lienzo, al menos?-preguntó Tony con un brillo pícaro en los ojos.
-Sí-replicó Peter sin alzar la vista.
-¿En serio? Porque estoy preparando la habitación del fondo para ti-Peter alzó la mirada, confundido.
-¿Qué estás qué?-Tony encogió los hombros con aire despreocupado.
-Tu tía está harta de que pintes en casa. En esa habitación no pasará nada si manchas las paredes o el suelo-Peter suspiró y dejó caer la cabeza sobre sus apuntes.
-¡Deja de comprarme cosas! -exclamó con un tono mezcla de frustración y cariño.
Tony sonrió ampliamente y negó con la cabeza.
-Jamás.
Peter gruñó bajo su aliento y volvió a centrarse en sus notas, aunque no pudo evitar sonreír un poco.
Por mucho que se quejara, saber que Tony siempre pensaba en su comodidad le hacía sentir cálido por dentro.
🕷️
La tarde estaba cargada de tensión mientras Peter se dirigía a casa. Aún sostenía el sobre que contenía sus resultados en la mano, cerrándolo y abriéndolo nerviosamente mientras subía las escaleras. Respiró hondo antes de abrir la puerta.
Dentro, May y Tony estaban esperando con una mezcla de emoción y nerviosismo. May estaba sentada en el sofá, Snow en su regazo, mientras Tony estaba apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados, luciendo su habitual sonrisa despreocupada que esta vez traicionaba una pizca de ansiedad.
-¡Por fin llegas!-exclamó May, poniéndose de pie. Peter levantó el sobre como si sostuviera un tesoro invaluable.
-Todavía no lo he abierto-
respondió, tragando saliva.
-¿En serio?-Tony arqueó una ceja, dando un paso hacia él.
-Sí
-¿Y qué esperabas, un público?-bromeó. Peter rodó los ojos, pero una sonrisa nerviosa se asomó en sus labios.
-Quizas-dijo, rompiendo finalmente el sobre.
May y Tony se inclinaron hacia adelante, como si quisieran leer las palabras antes que él. Los ojos de Peter recorrieron las líneas rápidamente, y entonces, una explosión de emoción se dibujó en su rostro.
-¡Me graduó!-gritó, levantando el papel en alto.
May dio un salto de alegría y lo abrazó.
-¡Sabía que lo lograrías! Estoy tan orgullosa de ti, Peter. ¡Tan orgullosa!-dijo, mientras Snow saltaba al suelo, desconcertada por el alboroto.
-Sabía que lo harías, genio. Pero ahora me debes una pintura, ¿recuerdas?-
bromeó, antes de tirar de él para un abrazo más fuerte de lo que Peter esperaba.
-Pienso prepara tu comida favorita para celebrarlo. Y Tony trajo un postre caro que no entiendo cómo puede valer tanto, pero se ve delicioso-Tony hizo un ademán casual.
-Lo mejor para el graduado.
-¿Y si suspendía?
-Seria tú premio de consolación
-Tu pensando en todo
La boda de Peter y Tony estaba tomando forma poco a poco, y la emoción entre ambos aumentaba con cada detalle que iban afinando. Habían decidido casarse en una ceremonia íntima, sin demasiados adornos, pero con todos los elementos que hicieran del evento algo memorable, algo que los representara como pareja.
En los días previos al gran día, Tony y Peter se encontraron organizando todos los detalles: el lugar, el menú, la música, la lista de invitados. Aunque la decisión sobre la ubicación fue rápida —un elegante y moderno salón con una vista espectacular— lo que realmente ocupó su atención fue la elección de los trajes. En cuanto Peter vio el lugar donde Tony había decidido llevarlo para elegir su atuendo, un elegante atelier con trajes de diseño exclusivo, su estómago dio un vuelco.
Tony ya había hecho su selección rápidamente, un traje blanco de corte impecable, clásico pero con un toque moderno que resaltaba sus mejores características. Pero Peter... Peter no había podido dejar de pensar en lo caro que iba a ser todo eso.
Cuando entraron al probador, Peter miró el espejo, observando su reflejo mientras se ajustaba el traje negro que había elegido. Era algo más sencillo que el blanco de Tony, pero aún así, lo hacía ver increíble. El traje le quedaba perfecto, ajustándose a su cuerpo de manera que le hacía sentirse más seguro, más maduro.
Tony lo observaba desde el marco de la puerta del probador, sonriendo con una expresión llena de admiración y algo más. Cuando Peter terminó de ajustar el traje, se giró hacia él, viéndolo a los ojos en el espejo.
-Este... este traje me gusta-dijo Peter, pero la sonrisa de Tony se desvaneció ligeramente cuando añadió-Pero, es muy caro.
Tony se acercó, su tono relajado y confiado, mientras acariciaba el cuello de su traje blanco.
-Te dije que lo que fuera para ti tendría que ser perfecto-respondió con una sonrisa pícara-¿Qué importa el precio? -Peter soltó un suspiro y lo miró por encima del hombro.
-Te odio por ser rico-dijo, en un tono que sonaba más a broma que a resentimiento.
Tony se acercó más, poniendo una mano sobre el hombro de Peter y acercando su rostro al suyo.
-No me odiaras cuando mi fortuna sea tu fortuna-dijo con una sonrisa burlona.
Peter frunció el ceño, aún con los ojos fijos en su reflejo.
-¿No me vas a hacer separación de vienes?-
preguntó, alzando una ceja.
Tony se echó atrás, mirando a Peter con una ligera sonrisa de diversión.
-No-Peter lo miró, entrecerrando los ojos mientras reflexionaba. Luego, soltó una risa suave.
-¿Cómo sabes que todo este tiempo no he sido un interesado en tu fortuna, eh? -dijo, dándole un toque de provocación, en broma, pero con una pizca de duda en su voz.
Tony no titubeó ni un segundo.
-Porque no te veo como alguien interesado en eso. Te importa más lo que somos juntos que lo que tengo. Eso es lo que me atrae de ti-
respondió, sin perder el contacto visual con Peter.
Peter se quedó en silencio por un momento, procesando sus palabras. Después, soltó un suspiro, mirando el traje una vez más.
-Vale, supongo que ese es un buen punto-dijo, finalmente cediendo-Aunque no puedo negar que me gustaría tener la misma confianza que tú al gastar dinero...
Tony sonrió y dio un paso más cerca de Peter, acariciando su rostro con suavidad.
-No necesitas mi fortuna, Peter-dijo suavemente, antes de dar un suave beso en su mejilla
🕷️
Tony se despertó con el sol filtrándose por las cortinas y un leve murmullo viniendo del baño. Con una sonrisa perezosa, se estiró, disfrutando del calor que aún quedaba en las sábanas donde Peter había estado. Finalmente, se levantó y se dirigió hacia el baño, empujando ligeramente la puerta para encontrar a Peter frente al espejo y snow durmiendo a sus pies.
Peter estaba inclinado hacia adelante, mirando su reflejo con una expresión de concentración, moviendo su cabello de un lado a otro.
-¿Qué haces?-preguntó Tony, apoyándose en el marco de la puerta con los brazos cruzados, sus ojos brillando con diversión.
Peter, sin apartar la mirada del espejo, respondió:
-Estoy decidiendo qué peinado me haré para la boda.
Tony alzó una ceja, conteniendo una carcajada mientras Peter volvía a mirar su móvil, pasaba una foto y empezaba a peinarse de otra manera.
-¿De verdad? ¿A las…-miró su reloj-siete de la mañana estás practicando peinados?
Peter lo ignoró, inclinando la cabeza y moviendo el cabello hacia atrás.
-Es importante. Quiero que quede perfecto-Frunció el ceño, giró la cabeza hacia otro ángulo y luego suspiró con frustración-Este tampoco. ¿Por qué nunca se pone como quiero?
Tony no pudo contenerse más y soltó una carcajada, resonante y genuina, que hizo que Peter lo mirara con un gruñido.
-¿De qué te ríes?-preguntó, cruzándose de brazos, aunque sus mejillas empezaban a sonrojarse.
Tony se acercó, poniéndose detrás de él, mirándolo a través del espejo mientras sus manos descansaban en los hombros de Peter.
-De ti, Parker. Pareces un adolescente intentando impresionar en su primer baile-Peter le lanzó una mirada de advertencia a través del reflejo.
-Esto es serio, Tony. Es nuestra boda.
-Cariño, podrías llevar el pelo como si hubieras salido de una tormenta y seguirías viéndote bien
-Eso lo dices para que no me sienta mal.
-Si tanto te preocupa, contrata a alguien que se encargue de peinarte ese día-Peter bufó, volviendo a mirar su cabello en el espejo.
-Eso sería admitir la derrota.
-Tony lo miró con una sonrisa y negó con la cabeza.
-Eres increíble-Le dio una palmada en el hombro antes de girarse para salir del baño-Avísame cuando encuentres "el peinado perfecto," aunque creo que todos te quedan bien.
Mientras salía, Peter murmuró algo inaudible, pero Tony no necesitó oírlo para saber que probablemente seguía en su pequeña batalla con el espejo.
🔩
Esa misma mañana, a la hora del almuerzo, Tony y Peter se dirigieron a uno de los restaurantes más exclusivos que Tony poseía en la ciudad.
Habían agendado una cita para probar el catering que los chefs de Tony habían preparado específicamente para su boda. Mientras conducían, Peter miraba por la ventana con aire pensativo, aún repasando los peinados que había practicado esa mañana.
-¿Sigues pensando en el peinado?-preguntó Tony con una sonrisa burlona, sacándolo de sus pensamientos.
-No...
-¿Entonces?
-es que quiero aportar
-Creo que no lo entiendo
-Que lo está pagando tu todo
-Ah...Bueno, eso no es verdad
-Sí, sí lo es
-Ayer compraste tú el helado-Peter bufa. Tony rie mientras maniobraba el coche hacia el estacionamiento del restaurante-Y creo...que yo tampoco ayudo para reducir el presupuesto.
-¿Presupuesto? Cariño, ya sobrepasamos cualquier cosa parecida a un presupuesto en cuanto reservamos el lugar.
-¿Qué?
-Relájate, todo está bajo control. Confía en mí, soy un profesional en esto-Peter suspiró, pero no pudo evitar sonreír. Tony tenía una manera de hacer que todo pareciera más fácil de lo que era.
Al entrar al restaurante, un elegante maître les dio la bienvenida y los condujo a una mesa reservada exclusivamente para ellos. Frente a la mesa había una larga fila de platillos cuidadosamente preparados, cada uno dispuesto en vajilla impecable, decorado con pequeños detalles artísticos.
-Wooo-murmuró Peter, mirando la cantidad de comida.
-Es nuestra boda, Parker. Si vamos a hacer esto, lo haremos bien-Tony se inclinó hacia él y le susurra-Además, estos son mis mejores chefs. No puedes quejarte.
Los cocineros, con chaquetas blancas impolutas y expresiones orgullosas, comenzaron a explicar cada plato con detalle. Desde entradas delicadas como tartaletas de caviar y ensaladas con flores comestibles, hasta platos principales como filete Wellington y opciones veganas cuidadosamente elaboradas.
Peter tomó un pequeño bocado de una tartaleta mientras escuchaba las explicaciones.
-Esto está...delicioso-dijo con los ojos brillando mientras saboreaba el caviar. Tony asintió satisfecho, probando un poco de carpaccio.
-¿Ves? Mis chefs no fallan. Aunque...-Le guiñó un ojo al chef principal-creo que podemos añadir algo más casual. Quizás mini hamburguesas de lujo o sliders-Peter se rió entre dientes.
-¿Mini hamburguesas?
-Claro, Parker. Hay que tener algo para todos los gustos-Tony sonrió, claramente disfrutando de las expresiones de Peter mientras probaba cada plato.
Después de unos cuantos platos más, llegaron a los postres. Peter tomó un pequeño bocado de un pastelito de chocolate relleno de caramelo salado y dejó escapar un suspiro de placer.
-Definitivamente, este tiene que estar-Declaró mientras señalaba el pastelito. Tony asintió, pero antes de que pudiera responder, el chef principal intervino.
-También tenemos una opción de postre especial. Un pastel de bodas personalizado, con sabores que representan a cada uno de ustedes.
Peter arqueó una ceja, intrigado.
-¿Sabores que nos representen?
El chef explicó que habían diseñado un pastel con un nivel de chocolate oscuro intenso para Tony y una capa de vainilla ligera y frutal para Peter, combinados con un toque de limón para balancear.
Tony sonrió ampliamente.
-Me gusta cómo piensas. Parker, ¿qué dices?-Peter asintió, impresionado.
-Suena genial
Después de más de una hora probando y seleccionando, Tony y Peter finalmente se decidieron por el menú completo. Mientras salían del restaurante, Tony pasó un brazo por los hombros de Peter.
-¿Ves? Esto no es tan difícil. Solo disfruta el proceso-
Peter suspiró con una sonrisa cansada.
-Sí, pero ahora tengo que encontrar un traje que me permita moverme después de comer tanto-Tony rió, apretando ligeramente su hombro.
-Te verás espectacular, aunque lleves una bolsa de papel.
🔩🕷️🔩
Al entrar en el penthouse, Tony cerró la puerta tras ellos y lanzó las llaves a la mesa cercana. Sin perder tiempo, se giró hacia Peter con una sonrisa traviesa.
-¿Sabes?-dijo mientras se desabrochaba lentamente el cinturón de su pantalón-
Creo que deberíamos hacer algo de deporte. Algo que realmente queme calorías.
Peter alzó una ceja, divertido, aunque ya sabía a dónde iba esa conversación.
-¿Deporte?-repitió con un deje de incredulidad-
Después de todo lo que hemos comido, ¿no prefieres una siesta?
Tony no respondió rápidamente. En lugar de eso, avanzó hacia Peter, tirando el cinturón a un lado y deslizándose sobre su regazo, obligándolo a sentarse en el sofá. Sus manos firmes rodearon el rostro de Peter mientras sus labios encontraban los suyos en un beso lento, profundo, lleno de promesas. Peter no pudo evitar soltar un suspiro contra sus labios, ya que ese tipo de determinación en Tony siempre lograba desarmarlo.
-Esto cuenta como deporte, ¿no?-susurró Tony entre besos, su voz cargada de deseo.
Peter sonrió, pero antes de que pudiera responder, sintió las manos de Tony desabrochando su camisa, los dedos hábiles trabajando con rapidez mientras sus labios se movían hacia su mandíbula y luego hacia su cuello. La camisa cayó al suelo, olvidada en el calor del momento. Peter, sin perder tiempo, dejó que sus manos encontraran la cintura de Tony, tirando suavemente de él para acercarlo aún más.
El ambiente comenzó a cargarse de electricidad mientras el ritmo de sus movimientos se aceleraba. Tony deslizó sus manos hacia los hombros de Peter, acariciándolos antes de moverse hacia su pecho. Cada toque era una invitación, un recordatorio de la conexión que compartían. El calor entre ellos aumentaba con cada roce, con cada beso que dejaba Tony en el cuello y la clavícula de Peter.
Tony aspiró profundamente, inhalando el aroma único de Peter, ese que siempre lograba encenderlo. El olor lo envolvía, lo hacía sentir completo, vulnerable y al mismo tiempo, más fuerte. Deslizó sus labios hacia el hueco del cuello de Peter, dejando pequeños besos mientras sus manos bajaban hacia su cintura, deslizándose por la hebilla del cinturón de Peter.
-No tienes idea de lo que me haces sentir-susurró Tony, su voz quebrándose ligeramente mientras continuaba explorando cada rincón del cuerpo de Peter.
Peter gimió suavemente, inclinándose hacia él, permitiendo que Tony tomara el control. Pero cuando las manos de Tony buscaron más abajo, Peter no pudo evitar reaccionar, sujetando las caderas del omega con firmeza, como si temiera que se desvaneciera. El Omega, sintiendo esa fuerza característica del alfa, sonrió contra su piel.
-Déjame a mí esta vez, Parker-murmuró con una mezcla de dulzura y autoridad que dejó a Peter sin palabras.
Tony comenzó a moverse hacia abajo, dejando un rastro de besos en el pecho y el abdomen de Peter. Cada movimiento era calculado, cada caricia diseñada para elevar la temperatura entre ellos. Cuando finalmente lo sintió completamente, el cuerpo de Tony se tensó momentáneamente, adaptándose a la presencia de Peter en su interior.
El calor los envolvía como una segunda piel, y el tiempo parecía detenerse mientras sus cuerpos se sincronizaban. Tony marcaba el ritmo, moviéndose con una mezcla de suavidad y urgencia, dejando que el placer guiara cada uno de sus movimientos. Peter lo sostuvo firmemente, ayudándolo a moverse mientras gemidos y suspiros llenaban la habitación.
La intensidad del momento creció hasta que ambos alcanzaron el clímax, sus cuerpos temblando al unísono. Tony se dejó caer sobre el pecho de Peter, su respiración entrecortada mientras trataba de recuperar el aliento. Peter lo rodeó con sus brazos, manteniéndolo cerca mientras el calor de sus cuerpos comenzaba a disiparse.
-Definitivamente, este es mi tipo de deporte favorito-
murmuró Tony con una sonrisa perezosa, su voz aún cargada de satisfacción.
Peter rió suavemente, acariciando la espalda de Tony.
-Creo que el mío también -respondió antes de dejar un suave beso en el cabello de Tony.
La tarde era tranquila, en el penthouse.
Peter estaba sentado en el sofá con su portátil, mientras Tony se acomodaba a su lado con un iPad. Entre ellos, una pila de revistas de viajes se apilaba en la mesa de café, mostrando imágenes de playas paradisíacas, montañas majestuosas y ciudades históricas.
-Vale, Parker-dijo Tony, rompiendo el silencio-
Tenemos que decidir esto ya. No quiero que nos casemos sin saber a dónde nos iremos después.
Peter levantó la mirada del portátil, arqueando una ceja.
-¿En serio? Tienes contactos en medio mundo. Podríamos decidirlo el día antes y aun así tendríamos un avión privado esperándonos-Tony le lanzó una mirada burlona, aunque sus ojos brillaban con diversión.
-Claro, pero esto es diferente. Es nuestra luna de miel. Necesita ser perfecta.-Peter suspiró, dejando el portátil a un lado. Sabía que no ganaría esa discusión.
-De acuerdo, ¿qué tienes en mente?-preguntó mientras tomaba una de las revistas.
Tony sonrió, deslizando el dedo por la pantalla de su iPad.
-Bueno, estaba pensando en Maldivas. Playas, villas sobre el agua, privacidad total. Podríamos desconectar del mundo, y tú podrías usar esos bañadores ajustados que me vuelven loco.
Peter rodó los ojos, aunque no pudo evitar reírse.
-¿Qué tal un safari en África? Siempre he querido ver leones y elefantes de cerca-
Tony hizo una mueca, fingiendo horror.
-¿Un safari? ¿Con polvo, bichos y sin aire acondicionado? No, gracias.
-¿Entonces?-Tony deslizó una imagen de París en el iPad y la mostró.
-La ciudad del amor. Podríamos hospedarnos en una suite con vista a la Torre Eiffel, comer croissants frescos todas las mañanas y pasear por el Sena. Muy romántico, ¿no crees?
Peter lo miró pensativo, pero no del todo convencido.
-París suena genial, pero... ¿no es demasiado típico? ¿Qué tal algo menos convencional, como Japón? Podríamos explorar Tokio, probar sushi auténtico y visitar templos antiguos.
Tony levantó una ceja, considerando la idea.
-Japón suena interesante. Tecnológico, pero también cultural. Podría ver qué gadgets nuevos hay por allí mientras tú exploras los templos.
-¡O podríamos hacerlo juntos!-añadió Peter rápidamente. Ambos se miraron, y Tony se inclinó hacia Peter con una sonrisa pícara.
-¿Sabes qué? Me gusta tu idea, Parker. Japón podría ser perfecto. Entre los templos, la tecnología y la comida, sería un viaje inolvidable.
Peter sonrió ampliamente, sintiendo un pequeño triunfo al haber ganado la discusión.
-Entonces, ¿Japón?-Tony asintió, pero luego hizo un gesto con la mano.
-Pero con una condición: después de Japón, hacemos una pequeña escala en Bora Bora. Necesito unas fotos nuestras en una villa sobre el agua para envidiar al mundo.
-Siempre tienes que añadir algo extra, ¿verdad?
-Por supuesto. Soy Tony Stark. Extra es mi segundo nombre.
Peter estaba sentado en el borde de un edificio, dejando que la brisa nocturna acariciara su rostro mientras observaba las luces de la ciudad. Había sido una noche tranquila en su patrulla como Spider-Man, sin mayores problemas hasta ahora. Mientras balanceaba sus piernas y tomaba un respiro, un murmullo llamó su atención.
En la plaza de abajo, una pareja discutía con una energía contenida pero evidente. Peter, siendo quien era —y algo curioso—
inclinó la cabeza y usó sus sentidos mejorados para escuchar. No estaba espiando realmente, solo... investigando. Después de todo, estaban en un lugar público.
La chica rubia cruzó los brazos, su postura rígida mientras hablaba en un tono más elevado.
-¡No me importa pagar las cosas, de verdad! ¿Por qué siempre tienes que hacer esto más grande de lo que es?-dijo, frustrada, mientras la otra chica, de cabello negro, negaba con la cabeza.
-Porque no quiero que me trates como si no pudiera valerme por mí misma, eso es todo. ¡Deberíamos pagar a medias, como siempre!replicó la de cabello oscuro, claramente incómoda.
Peter dejó escapar un suspiro, balanceándose hacia atrás un poco en su posición. Aquella conversación le sonaba demasiado familiar. ¿Cuántas veces había tenido una discusión similar con Tony? Bueno, tal vez no con esa intensidad, pero el tema del dinero siempre era un punto delicado entre ellos.
La chica rubia frunció el ceño, claramente ofendida.
-No se trata de eso. Yo puedo y quiero hacerlo. Si tengo más posibilidades, ¿por qué no ayudarte? No es algo que deba avergonzarte-La otra chica soltó una risa amarga, dando un paso atrás.
-No lo entiendes. ¡No quiero que esto se vuelva una relación donde una persona lo pone todo y la otra solo acepta! Quiero que sea equitativo, incluso si a veces significa que tengamos que ajustar las cosas.
Peter bajó la mirada al suelo, apoyando los codos en las rodillas. Podía sentir lo complicado que era ese debate. Para Tony, pagar cosas para él era casi un reflejo. Pero para Peter, a veces era difícil aceptar que alguien quisiera hacerlo todo por él. No era solo un tema de dinero, sino de orgullo y de querer sentirse igual en la relación. Había discutido más de una vez con Tony por querer pagar su parte, aunque sabía que para Tony aquello no tenía el mismo peso.
-¡No estoy tratando de controlarte!-protestó la rubia, tirando las manos al aire.
-¡Pero lo sientes como si fuera un deber tuyo!-replicó la otra, exasperada.
Peter dejó escapar otro suspiro. A veces, en una relación, ambos lados tenían que aprender a ceder. Con Tony, había aprendido que no todo era blanco o negro. Y aunque Tony podía ser increíblemente testarudo, también había encontrado maneras de hacer que las cosas fueran un poco más equitativas.
Finalmente, la rubia tomó un respiro profundo y suavizó su tono.
-Solo quiero que sepas que esto no cambia cómo me siento por ti. Si algo te falta, yo quiero ayudarte. Eso es todo. No es una obligación, es porque me importa.
La de cabello negro asintió lentamente, bajando la mirada.
-Lo sé. Pero también quiero sentir que puedo hacer mi parte. Es importante para mí.
Peter esbozó una pequeña sonrisa. Tal vez la pareja estaba resolviendo las cosas. A veces, una conversación difícil podía abrir espacio para que ambos entendieran mejor los límites y expectativas del otro.
Mientras Peter se preparaba para lanzarse hacia su próxima parada, no pudo evitar pensar que, tal vez, al llegar a casa, debería agradecerle a Tony por siempre estar dispuesto a entender sus inseguridades... incluso si eso significaba discutir un poco de vez en cuando.
🕷️
Tony entró en la habitación de Peter, cerrando la puerta tras de sí con un suave clic. El sonido de las bisagras resonó en el silencio de la tarde.
Peter estaba agachado frente a una caja, doblando cuidadosamente una camiseta que parecía demasiado vieja como para merecer ese nivel de atención.
Había algo profundamente humano y conmovedor en cómo Peter trataba sus pertenencias, como si cada una tuviera un valor que iba más allá de lo material.
-¿Vas a seguir mirando, o me vas a ayudar?-dijo Peter sin levantar la vista, aunque la sonrisa en su tono era evidente.
Tony dio un paso hacia adelante, con las manos en los bolsillos de sus pantalones perfectamente planchados. Su mirada estaba fija en Peter, pero no en las camisetas, ni en las cajas, ni siquiera en la habitación que poco a poco se iba vaciando. No, estaba viendo a Peter. Realmente viéndolo.
-¿Sabes?-comenzó Tony, su voz más baja de lo habitual-Cuando todo esto empezó… tú y yo… pensé que sería algo pasajero. Algo que el tiempo consumiría como hace con todo lo demás.
Peter se detuvo, girando lentamente para mirarlo. Había algo en el tono de Tony que lo hizo dejar lo que estaba haciendo.
-Tony…
-Déjame terminar-
interrumpió el omega suavemente, alzando una mano. Se acercó más, sus zapatos resonando ligeramente contra el suelo -Toda mi vida he creído que el amor era un contrato. Algo que firmabas con términos y condiciones, con cláusulas para protegerte del dolor. Pero contigo… contigo todo eso desaparecio. No hay términos, no hay condiciones. Tú me haces creer en el para siempre, Peter-soltó una risa nerviosa, como si estuviera admitiendo algo que había guardado en su pecho durante demasiado tiempo-Y si soy honesto, eso me asusta. Pero al mismo tiempo, no quiero vivir de otra manera. No quiero un día sin ti, sin esta locura, sin tus telarañas por toda la casa.
-Eso paso una vez y fue un accidente...
-Te amo-Peter lo miró, su corazón latiendo tan fuerte que pensó que Tony podía escucharlo. Dio un paso hacia él, su sombra mezclándose con la de Tony en el suelo.
-Tú me completas, Peter-
continuó-Eres el único contrato que estoy dispuesto a firmar sin condiciones. Y te prometo, aquí y ahora, que no importa lo que venga, no importa lo que pase, yo voy a estar contigo. Siempre.
La habitación quedó en silencio, salvo por el leve crujido del suelo bajo los pies de Peter mientras cerraba la distancia entre ellos.
-¿Por qué siempre tienes que decir cosas como esa cuando estoy intentando no llorar? -murmuró Peter, su voz quebrada por una risa nerviosa.
Tony sonrió, un gesto lleno de calidez y seguridad. Extendió una mano y la apoyó en la mejilla de Peter, sus dedos acariciando suavemente su piel.
-Porque sé que es lo que necesitas oír, aunque no lo digas.
Peter cerró los ojos, dejando que las palabras de Tony se hundieran en él como un ancla en el océano. Cuando volvió a abrirlos, había una luz nueva en ellos, un brillo que Tony reconoció como el reflejo de todo lo que él mismo sentía.
-Entonces espero que estés preparado para cumplir esa promesa-dijo Peter, con una sonrisa temblorosa
Y en ese momento, entre cajas, recuerdos y un amor que parecía destinado a durar para siempre, ambos se dieron cuenta de que no importaba dónde estuvieran. Mientras estuvieran juntos, ya estaban en casa.
🍒🍔
Ahora después se encontraban en la entrada del penthouse, rodeados de cajas llenas de las pertenencias de Peter.
Era el momento de integrar sus vidas en un solo espacio, y aunque la tarea parecía abrumadora, ambos estaban decididos a hacerlo juntos.
Comenzaron con lo más esencial: la ropa. Tony abrió el enorme armario empotrado que dominaba una pared de la habitación.
-Bienvenido al paraíso del espacio-dijo Tony, haciendo un gesto amplio hacia los estantes y cajones perfectamente organizados.
-Sí-Responde sacando una pila de sudaderas de una caja-Esto es como comparar un vestidor de película con mi humilde cajonera.
-Por lo menos no tendremos discusiones por espacio.
Sudaderas y camisetas: Fueron dobladas, colgadas y guardadas en un estante bajo. Jeans y pantalones de chándal: Colgados cuidadosamente en perchas acolchadas
Trajes especiales de Spider-Man: Peter insistió en tenerlos guardados en una sección discreta, detrás de una pared corrediza. Tony, por supuesto, le prometió instalar un sistema de seguridad ahí.
Mientras trabajaban, Tony sacó una camiseta vieja y gastada, levantándola con dos dedos.
-¿De verdad quieres que esto sobreviva a la mudanza?-
Peter le quitó la camiseta de las manos, fingiendo indignación.
-Eso es historia. Esa camiseta tiene batallas ganadas-Tony rodó los ojos.
El baño era un espacio amplio y elegante, con estanterías de mármol y un espejo que ocupaba toda una pared. Peter miró con cierta inseguridad las cajas llenas de sus productos de aseo.
Cremas y colonias: Tony organizó las colonias de Peter en un estante superior, al lado de las suyas. Las cremas para la cara y las manos fueron colocadas en un cajón más bajo.
-Tienes más cremas de las que esperaba-comentó Tony, alzando una ceja mientras sacaba un bote tras otro.
-¡Cuido mi piel!-se defendió Peter-Ser Spider-Man es muy desgastante-Tony rió mientras organizaba los productos con precisión quirúrgica.
Cepillos de dientes y demás artículos básicos: Fueron colocados en un compartimento doble junto al lavabo. Tony incluso compró un nuevo soporte para los cepillos, que combinaba con el diseño minimalista del baño.
Peter tenía una caja llena de libros, cuadernos y herramientas para sus estudios. Tony lo llevó a una esquina del penthouse donde había montado un pequeño estudio.
Libros, Libros de texto y cuadernos: Tony instaló una nueva estantería exclusivamente para los materiales de Peter. Este último colocó los libros con cuidado, organizándolos por asignaturas.
Ordenador y tablets, tablet y accesorios: Fueron instalados en un escritorio ergonómico que Tony había elegido para Peter.
-¿Sabías que este escritorio tiene un soporte ajustable para tus piernas?-comentó Tony mientras ajustaba la altura.
-A veces pienso que eres un aficionado a las compras.
En la sala, Snow daba vueltas curiosa alrededor de las cajas restantes. Tony y Peter se turnaron para abrirlas.
Artículos decorativos: Peter sacó varias fotografías y pequeños adornos que le recordaban a su vida en Queens. Tony le cedió una estantería completa para sus recuerdos.
-perfecto-dijo Peter, colocando una foto de él y su tía May junto a una de él con Ned y MJ.
Juegos y cómics: Tony designó un mueble bajo para guardar la colección de cómics y videojuegos de Peter.
-Espero que te des cuenta de que tenemos la consola más cara del mercado, cortesía de mí, así que no hay excusas para no ganarme en Mario Kart-dijo Tony con una sonrisa traviesa.
-¡Pienso aplastarte!
Cuando terminaron, Peter miró alrededor, sorprendido de lo bien que encajaban sus cosas en el espacio de Tony. Se dejó caer en el sofá, con Snow subiéndose a su regazo, mientras Tony se acercaba con dos vasos de limonada.
-Bueno, Parker, ahora sí es oficial. Este penthouse también es tu casa-dijo Tony, brindando con él. Peter levantó su vaso, sonriendo.
🍒🕷️
Peter, MJ, y Ned se encontraban en el vestíbulo del cine, esperando a que comenzara su película. Habían llegado temprano, así que aprovecharon para charlar mientras tomaban un par de refrescos y palomitas.
MJ, como siempre, estaba sentada con esa aura tranquila pero inquisitiva que la caracterizaba, mientras Ned ya había terminado la mitad de sus palomitas antes de que comenzara la película. Peter, por su parte, jugaba con la pajita de su bebida.
-Es algo increíble lo tuyo con Tony-dijo MJ, rompiendo el silencio y mirando a Peter con una mezcla de envidia y admiración-Quiero decir, ojalá tener una relación así. Parece de película-Peter rueda los ojos.
-¿De película-responde
tratando de no ponerse rojo.
MJ levantó una ceja y cruzó los brazos.
-Sí, Peter. De película. ¿Acaso crees que no nos damos cuenta? Un genio multimillonario que prácticamente te adora, y tú, el chico común que resulta ser...-la siguiente palabra la dice en voz baja-Spider-Man. Honestamente, es un cliché romántico, pero adorable-
Peter se pasó una mano por la nuca, incómodo.
-Bueno, sí...pero no todo es perfecto. Tenemos nuestras peleas y momentos raros. Como cuando discutimos sobre quién paga qué o… bueno, muchas cosas más
Ned soltó una carcajada, interrumpiéndolos.
-Por eso prefiero vivir solo. Nada de dramas, nada de peleas por quién se comió el último trozo de pizza. La paz absoluta. Además, ¿sabes lo caro que es un matrimonio? Es como invitar a todo el mundo a comer gratis. No, gracias-MJ rodó los ojos, claramente en desacuerdo.
-Por favor, Ned, no todo tiene que ser un drama. Tener a alguien con quien compartir la vida puede ser algo hermoso-Ned arqueó una ceja, levantando su refresco.
-Claro, si compartes la vida con alguien que no te quiera hacer ver documentales de tres horas o reorganizar todo tu armario.
Peter soltó una risa, viendo cómo sus dos amigos tenían un debate improvisado sobre las relaciones.
-Está bien, está bien, chicos -dijo, levantando las manos en un gesto de tregua-Cada quien con lo suyo. Yo estoy bien con Tony. ¿Perfecto? No. Pero, como dice MJ, es algo especial. Y Ned, si te hace feliz estar solo, entonces genial-MJ le sonrió, mientras Ned le guiñaba un ojo.
-Solo digo-añadió Ned-que tú te mereces un poco de paz después de todo lo que pasas como...ya sabes-hace el gesto de lanzar telarañas-Si Tony lo hace feliz, entonces tiene mi aprobación.
-Wooo, papá ned-dijo Peter, sintiendo un calorcito en el pecho.
El anuncio de la sala interrumpió su conversación, indicando que la película estaba por comenzar. Los tres se levantaron, recogieron sus cosas y caminaron hacia la sala, con una sonrisa en sus rostros, disfrutando de esos pequeños momentos de normalidad entre amigos.
La mañana de la boda llegó con un aire de nerviosismo y emoción. Peter estaba en una habitación luminosa, con grandes ventanas que dejaban entrar los rayos del sol.
Junto a él estaban MJ y Ned, sus dos mejores amigos, quienes no paraban de lanzarle comentarios para mantenerlo relajado. En un rincón, un estilista profesional estaba concentrado en darle el peinado que Peter había elegido: un quiff texturizado que combinaba elegancia y frescura, perfecto para la ocasión.
-¿Seguro que quieres ese peinado?-bromeó Ned mientras mordisqueaba una manzana-Yo digo que deberías hacerte algo más loco, como un mohawk. Total, Tony te dirá que si igual-Peter rodó los ojos, aunque no pudo evitar reír.
-Sí, Ned, un mohawk sería ideal para las fotos de la boda. Seguro que mi tía me mata y Tony tiene que cancelarlo todo.
MJ, que estaba sentada cruzada de piernas mientras revisaba su móvil, levantó la vista con una sonrisa.
-Déjalo, Ned. Este peinado le queda perfecto. Además, ¿quién necesita un mohawk cuando tienes esa cara?-dijo, haciendo que Peter se sonrojara.
El estilista, un hombre con gafas gruesas y manos rápidas, esbozó una sonrisa mientras trabajaba en el cabello de Peter.
-Tranquilo, Peter. Esto va a quedar espectacular. El quiff te da un aire sofisticado sin verte demasiado serio. Es moderno pero clásico, y combina perfecto con tu traje.
-Eso espero-respondió Peter, mirando de reojo el espejo frente a él-No quiero parecer un desastre en mi propia boda.
-Oh, por favor-dijo MJ-Que dramas eres cuando te lo propones.
-A menos que tropiece en el altar-añadió Ned con una sonrisa maliciosa-Aunque eso también sería muy tú.
-¡Gracias por el voto de confianza!-dijo Peter, lanzándole una almohada que Ned esquivó por poco.
Mientras el estilista seguía trabajando, Peter aprovechó para mirar su reflejo. El quiff texturizado iba tomando forma, con un volumen perfecto en la parte superior y los laterales peinados con precisión. Era justo lo que había imaginado: un peinado que reflejaba su personalidad, un equilibrio entre lo juvenil y lo elegante.
-¿Y qué tal se siente estar a punto de casarte con Tony Stark?-preguntó MJ, apoyando la barbilla en su mano y mirando a Peter con curiosidad.
Peter hizo una pausa antes de responder, una pequeña sonrisa asomando en sus labios.
-Es un poco surrealista. O sea, nunca pensé que estaría aquí, haciendo esto. Pero también...se siente bien. Como si todo en mi vida me hubiera llevado a este momento.
-Esa es la respuesta más cursi que he escuchado-dijo Ned, fingiendo limpiarse una lágrima-Pero también la más Peter Parker de todas.
Todos rieron, y Peter se relajó un poco más, disfrutando del momento con sus amigos. Una vez que el estilista terminó, Peter se miró en el espejo, satisfecho con el resultado. Su cabello estaba impecable, y el peinado le daba ese toque especial que lo hacía sentir listo para uno de los días más importantes de su vida.
-Perfecto-dijo el estilista, dando un paso atrás-Estás listo para deslumbrar, Peter.
-Gracias-respondió Peter, levantándose y girando hacia MJ y Ned-Bueno, ¿qué opinais?
-Te ves genial-dijo Ned, dándole un leve golpe en el hombro.
-Tony va a derretirse cuando te vea-añadió MJ con una sonrisa.
Peter tomó un respiro profundo, sintiendo cómo los nervios y la emoción se mezclaban en su pecho.
Estaba listo para dar el siguiente paso, y con sus amigos a su lado, todo parecía más fácil.
🍔🔩
Tony estaba en una de las suites más elegantes del hotel, con Pepper y Happy a su lado. Mientras se ajustaba el puño de su camisa blanca, su ceño estaba ligeramente fruncido, algo poco común para alguien tan seguro como él. Pepper, siempre perspicaz, lo observaba desde la esquina, una copa de agua en mano y una sonrisa juguetona en su rostro.
-¿Estás... nervioso, Tony?-
preguntó Pepper con un tono burlón que no se molestó en disimular.
Tony levantó la vista de su reflejo en el espejo y le lanzó una mirada que pretendía ser seria, pero que no logró ocultar del todo su inquietud.
-¿Yo? Nervioso. Por favor, Pepper. Soy Tony Stark. No sé lo que significa esa palabra.
-Claro, claro-respondió ella, acercándose y cruzando los brazos-Entonces, ¿por qué llevas cinco minutos ajustándote los mismos gemelos? Y eso que Happy los dejó perfectos hace rato.
Happy, que estaba sentado en un sillón cercano, leyendo un periódico, levantó la vista al escuchar su nombre y asintió.
-Lo hice, jefe. Están perfectos.
-Gracias, Happy, aprecio tu dedicación-dijo Tony rápidamente, girándose hacia el espejo una vez más y ajustando el nudo de su corbata blanca.
Pepper no pudo evitar reír, colocando la copa en la mesa. Se acercó un poco más, poniéndose justo detrás de él.
-Admítelo, Tony. Estás nervioso porque hoy te casas. Y no es cualquier boda, es tu boda con Peter. El chico que te tiene completamente descolocado desde que apareció en tu vida.
Tony se detuvo un momento, sus manos dejando de moverse mientras la observaba a través del reflejo del espejo.
-No estoy descolocado. Solo... quiero que todo salga bien. Es importante para él, ¿sabes?-Pepper levantó una ceja, claramente divertida.
-Claro. Es por eso que reservaste el lugar más exclusivo, contrataste a los mejores chefs, insististe en un diseño de flores que tardó semanas en concretarse y ensayaste tus votos como cinco veces anoche.
Happy no pudo contener una pequeña sonrisa mientras fingía seguir leyendo el periódico.
-Diez veces, si contamos cuando lo hizo frente al espejo-añadió, provocando que Tony se girara hacia él con los ojos entrecerrados.
-¿Tú también, Happy? Creí que eras mi aliado aquí.
-Solo digo la verdad, jefe-dijo Happy, encogiéndose de hombros-Y lo haces bien, para que lo sepas.
Tony suspiró y se pasó una mano por el cabello perfectamente peinado. Por un momento, toda su fachada de arrogancia se desmoronó, dejando entrever a alguien que, de verdad, quería que todo fuera perfecto.
-Es que... no quiero que piense que me lo tomo a la ligera. Esto es importante para mí, más de lo que puedo poner en palabras. Y sí, estoy un poco nervioso porque... bueno, él es increíble, y no quiero arruinar nada.
Pepper y Happy compartieron una mirada cómplice antes de que Pepper se acercara y le pusiera una mano en el hombro.
-Tony, no necesitas ser perfecto. Peter te ama por lo que eres, incluso con tus fallos y tus excentricidades. Hoy no se trata de que todo salga impecable. Se trata de ustedes dos y lo que significan el uno para el otro. Y créeme, él está tan emocionado como tú, aunque probablemente no quiera admitirlo.
Tony respiró hondo, dejando que las palabras de Pepper se asentaran en su mente. Finalmente, una sonrisa pequeña pero genuina apareció en su rostro.
-Gracias, Pep. Ahora, ¿puedo volver a parecer el multimillonario seguro de sí mismo que todos conocen y aman?
-Por supuesto-respondió Pepper, levantando las manos con una sonrisa-Pero no olvides que, incluso siendo Tony Stark, puedes permitirte estar un poco nervioso. Es tu boda, después de todo.
Happy cerró el periódico y se levantó, ajustando su chaqueta.
-Vamos, jefe. Es hora de que te conviertas oficialmente en el señor Stark-Parker.
Tony rió suavemente, relajándose un poco más mientras se colocaba la chaqueta del traje. Aunque no lo admitiría en voz alta, saber que tenía a Pepper y Happy a su lado hacía que todo fuera un poco más fácil. Mientras caminaban hacia la puerta, Tony murmuró:
-Stark-Parker tiene buen sonido. A Peter le va a encantar.
🕷️🔩
Peter estaba de pie en el altar, esperando a Tony. Llevaba un traje negro elegante que resaltaba su porte juvenil y sus nervios se notaban en cómo jugueteaba con los dedos mientras miraba a Ned y MJ, quienes le dedicaban sonrisas tranquilizadoras desde la primera fila de los invitados. Al fondo del salón, decorado con flores blancas y luces cálidas que creaban un ambiente íntimo y mágico, resonaba una suave melodía tocada por un cuarteto de cuerdas.
Los murmullos entre los invitados se apagaron cuando las puertas dobles del salón se abrieron y apareció Tony. Lucía un impecable traje blanco que brillaba bajo la luz, avanzando con seguridad y una sonrisa que no podía ocultar el leve brillo de emoción en sus ojos. Cada paso hacia Peter era como un latido más fuerte en el pecho de ambos. Tony parecía imperturbable, pero sus ojos reflejaban algo más profundo: un amor y un orgullo que eran imposibles de ignorar.
Cuando Tony llegó al altar, Peter sonrió ampliamente, aunque sus manos temblaban un poco. Tony lo notó y, discretamente, tomó su mano, apretándola con suavidad. Ese simple gesto bastó para calmar a Peter.
El oficiante, un hombre mayor con una voz cálida y pausada, dio inicio a la ceremonia.
-Estamos aquí reunidos para celebrar la unión de dos almas que, a pesar de sus diferencias y caminos únicos, han encontrado un hogar el uno en el otro. Tony y Peter, hoy sellan un compromiso basado en el amor, el respeto y la admiración mutua.
Los votos comenzaron con Tony, quien sacó una hoja doblada de su bolsillo, pero luego la guardó de nuevo.
-Pensé que podría escribir todo lo que siento por ti, Peter, pero sería insuficiente. Lo que tengo contigo no puede limitarse a palabras en un papel. Eres mi refugio en los días difíciles, la voz de mi consciencia cuando me pierdo y el único capaz de recordarme que, incluso siendo un genio multimillonario, tengo mucho por aprender. Prometo que estaré a tu lado, no solo en los momentos de éxito, sino también en los desafíos. Prometo no dejar que el peso de mi mundo te haga dudar de tu lugar en él. Y sobre todo, prometo amarte cada día como si fuera el primero. Tú eres mi todo.
Las lágrimas se acumulaban en los ojos de Peter, quien apretó la mano de Tony antes de comenzar sus propios votos. Sacó una hoja arrugada que claramente había escrito con prisa.
-Nunca pensé que alguien como tú, Tony, podría fijarse en alguien como yo. Pero lo hiciste. Me enseñaste a confiar, a arriesgarme, y a entender que el amor no tiene que ser perfecto para ser verdadero. Prometo cuidar de ti, incluso cuando estés insoportable. Prometo recordarte que eres humano y que está bien equivocarse. Y, sobre todo, prometo ser tu compañero, tu amigo, y tu familia, sin importar lo que pase. Te amo por lo que eres y por lo que somos juntos.
Un murmullo emocionado recorrió a los invitados cuando el oficiante los declaró esposos.
-Tony y Peter, por el poder que me ha sido otorgado, los declaro oficialmente unidos en matrimonio. Ahora pueden besarse.
Tony no perdió tiempo y acercó a Peter hacia él, uniéndose en un beso que fue recibido con aplausos y algunas risas emocionadas. Los flashes de las cámaras iluminaban el momento, pero para ellos no existía nada más que la certeza de que estaban exactamente donde debían estar.
El amor y la felicidad llenaron el salón cuando caminaron juntos por el pasillo central, ahora como una pareja oficialmente casada, hacia el inicio de su nueva vida juntos.
Fin
Pienso añadir un extra de aquí a unos días.
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