20
Se trasladaron al salón, donde el ambiente se sentía más relajado. Aun así, había una mezcla de incomodidad y curiosidad en el aire mientras se acomodaban en el sofá, listos para hablar después de tantas semanas sin contacto.
Tony comenzó a contarle sobre los eventos en Italia, los proyectos en los que había estado trabajando y las reuniones interminables. Peter lo escuchaba, asintiendo de vez en cuando, hasta que se dio cuenta de que Tony llevaba un traje blanco impecable, como salido de una revista de moda. El traje le quedaba perfectamente ajustado, resaltando su elegancia natural, y el reloj de oro en su muñeca brillaba con cada movimiento de su mano. Su cabello estaba perfectamente peinado, y su presencia llenaba el salón con una seguridad y sofisticación que Peter reconocía como parte de la esencia de Tony.
Fue en ese momento que Peter se dio cuenta de su propio aspecto. Allí estaba él, con un pijama de velocirraptores, sentado en el sofá con el cabello probablemente desordenado y enredado, dándole ese aire de "nido de pájaro" que definitivamente no era el estilo más elegante. Trató de disimular la incomodidad que sintió de pronto, cruzando los brazos en un intento de mantener la compostura.
Tony, que parecía leer cada pensamiento en su rostro, dejó escapar una pequeña sonrisa al darse cuenta de la comparación que Peter estaba haciendo en su mente. Sin embargo, no dijo nada y continuó hablando de Italia, como si nada fuera fuera de lo común.
-Bonito pija por cierto
-Me lo regalo mi Tía
-Tiene buen gusto
-Siendo sincero....-carraspea
-Me siento como un desastre a tu lado-Tony dejó escapar una risa genuina y miró a Peter con suavidad.
-¿Sabes? Creo que el look te queda perfecto. Al final del día, no estoy aquí para verte en traje-dijo, pasando su mano por el hombro de Peter-Estoy aquí porque tú eres... tú, tal como estás-La sinceridad en las palabras de Tony hizo que Peter sonriera y relajara los hombros.
Tony se inclinó lentamente hacia Peter, acercándose hasta que sus rostros apenas estaban separados. Con ese tono de voz que siempre lograba desarmarlo
-Tú eres perfecto con cualquier cosa que lleves puesta.
Antes de que Peter pudiera procesar las palabras, sintió los labios de Tony encontrarse con los suyos en un beso lento y cálido, un beso que parecía borrar el tiempo que habían estado separados. Peter dejó que el momento lo envolviera, sintiendo cómo Tony se acomodaba sobre él, haciéndolo recostarse contra el sofá con una suavidad que le hizo sentir mariposas en el estómago.
Tony continuó el beso, profundo y lleno de una pasión contenida. Se acomodó sobre el regazo de Peter, moviéndose lentamente, dejando que sus caderas se balancearan de manera suave y rítmica, generando una calidez que ambos habían anhelado en silencio durante esos meses de distancia.
En el silencio cálido del salón, sus cuerpos se encontraron sin prisas, guiados por un anhelo profundo y callado. Tony, encima de Peter, se movía con una elegancia tranquila, sus manos recorriendo su pecho, mientras dejaba que el deseo se volviera un lenguaje suave y cercano. Con cada movimiento, sentía a Peter llenándolo, como si la distancia que los había separado desapareciera, dejándolos ahora entrelazados en una cercanía que borraba cualquier duda o tristeza.
Peter, sosteniendo a Tony entre con sus manos, sintió cómo ese calor inicial en sus vientres se transformaba en un fuego que crecía con cada toque, cada mirada compartida. Tony inclinaba la cabeza, susurrando palabras entrecortadas de deseo y placer, cada sílaba encendiendo un chispazo en su propio interior, como si el momento los envolviera en llamas suaves y reconfortantes.
La pasión se volvió entonces una danza compartida, donde cada roce, cada respiración y cada suspiro se fundían en un ritmo íntimo y único. En ese instante, el mundo entero se redujo a sus latidos y al calor de sus cuerpos, dejándolos envueltos en un abrazo que sellaba el amor que aún florecía entre ellos, llenando la noche de una belleza que solo ellos compartían.
Después de un tiempo, cuando el ritmo de sus respiraciones se calmó y el calor entre ellos comenzó a transformarse en una sensación de profunda tranquilidad, Tony tomó la mano de Peter y, con una sonrisa, lo condujo hacia la habitación. La casa estaba en silencio, y el eco de sus pasos suaves sobre el suelo parecía el preludio de un descanso que ambos necesitaban.
Una vez en la habitación, se deslizaron bajo las sábanas, y Tony, sin soltar a Peter, se acurrucó a su lado, dejando que el peso del día se desvaneciera en esa cercanía tan simple y tan esperada. Estar allí, en el espacio de Peter, rodeado de su aroma, le hizo sentir que había vuelto a un refugio que había añorado más de lo que había admitido.
Tony respiró profundamente, dejándose envolver por el olor cálido y familiar que era tan característico de Peter, el mismo que ahora volvía a impregnar su propia piel. Se dio cuenta de lo mucho que extrañaba esa sensación, esa calma que solo encontraba en los brazos de él, en el espacio compartido en sus noches juntos. Era como si, por fin, todo encajara.
Peter lo rodeó con sus brazos, atrayéndolo aún más cerca, y Tony, con una sonrisa adormilada, apoyó su cabeza sobre el pecho de Peter, cerrando los ojos y dejándose arrullar por el latido constante y reconfortante de su corazón. En la oscuridad, ambos se dejaron llevar por la paz de ese instante, sintiendo que, finalmente, estaban exactamente donde debían estar.
Cuando Peter se despertó por la mañana, el lado de la cama donde Tony había estado estaba vacío. Parpadeó, aún medio adormilado, y se estiró, escuchando vagamente voces provenientes del salón. Reconoció enseguida el sonido suave y calmado de su tía hablando, junto con la inconfundible risa de Tony. Sonrió para sí mismo, dejando escapar un suspiro mientras se acomodaba un poco más entre las sábanas, disfrutando de la sensación de tranquilidad que llenaba la casa.
Se quedó así un rato, disfrutando de ese momento silencioso, mientras la luz de la mañana entraba suavemente por la ventana. No tenía prisa por levantarse, y aunque estaba intrigado por saber de qué estarían hablando, dejó que esos minutos pasaran despacio, escuchando el eco lejano de sus voces.
A las diez y media, finalmente decidió salir de la cama. Caminó hacia el salón y, al llegar, los encontró a ambos sentados cómodamente en el sofá, cada uno con una taza de café en la mano. Tony estaba relajado, riendo abiertamente por algo que su tía acababa de decir, y su tía parecía genuinamente encantada con su compañía, como si fuera la cosa más natural del mundo que Tony Stark estuviera en su salón esa mañana.
Peter los observó desde el umbral, sin interrumpir, mientras una calidez le llenaba el pecho.
-Buenos días...-Peter salió de la habitación y se dirigió a la cocina.
Se sirvió un vaso de leche y comenzó a calentarla para prepararse un Colacao, agarrando también un bollo para acompañar. Cuando todo estuvo listo, se dirigió al salón y se sentó en la mesa junto a su tía y Tony, que aún parecían inmersos en una animada conversación.
-¿De qué hablais?-preguntó Peter con curiosidad, llevándose el vaso de Colacao a los labios.
Su tía, con una sonrisa divertida, levantó un viejo álbum de fotos que Peter reconoció al instante. Era el de su infancia, repleto de fotos desde su primer cumpleaños hasta la primaria. Peter bufó, sintiendo el calor subirle al rostro mientras se peinaba nerviosamente el cabello con los dedos, tratando de disimular su incomodidad.
-Oh, no ese álbum no-
murmuró, aunque ya sabía que no había vuelta atrás.
Tony, con una sonrisa traviesa, se inclinó un poco más hacia él y, sin perder la oportunidad de bromear, dijo
-Para que sepas, algunas ya les he hecho una foto. Y planeo escanearlas también, no vaya a ser que desaparezcan-Peter gruñó en respuesta, completamente avergonzado.
-¡Oh, por favor! Esas fotos no están hechas para ser compartidas.
Su tía rió suavemente, divertida por la reacción de Peter, mientras Tony miraba cada foto con el interés de alguien que acababa de descubrir un tesoro.
Peter estaba completamente avergonzado.
La situación no podía ser más surrealista: allí estaba él, siendo llevado como un saco de patatas sobre el hombro de Tony en su traje de Iron Man, mientras este sobrevolaba la ciudad con total seguridad. Por más que intentaba racionalizarlo, ser cargado así en plena misión era algo que no encajaba del todo con la imagen que él quería proyectar.
Había estado peleando contra unos terroristas en otro edificio cuando una de las bombas estalló, lanzándolo hacia las ventanas y al vacío. Justo cuando había comenzado a prepararse para lanzar una telaraña y aferrarse a algo, Tony apareció, atrapándolo antes de que pudiera hacer otra cosa. Ahora, él estaba siendo transportado en pleno vuelo, con el viento golpeándole la cara y la situación haciéndolo sentir... bueno, algo incómodo.
-Solo te estoy ayudando, Peter-dijo Tony. Peter bufó, mirando el suelo que se veía lejano bajo ellos.
-Puedo usar mis telarañas, ¿sabes? Soy Spider-Man.-Tony soltó una risa
-Claro que puedes, pero admitámoslo, esto es mucho más eficiente. Además, me ahorras la preocupación de que alguna de esas telarañas falle en plena caída libre.
-Eso nunca pasa-respondió Peter, cruzando los brazos mientras intentaba ignorar lo irónico de la situación
Y sabía que Tony estaba disfrutando el momento, y aunque no lo admitiera en voz alta, a Peter le aliviaba saber que alguien estaba allí para ayudarlo en esos momentos donde todo se complicaba más de lo planeado.
Tony y Peter aterrizaron juntos en la azotea de un edificio cercano, donde Tony dejó a Peter en el suelo. Ambos se tomaron un momento para observar el caos a su alrededor: los terroristas se movían entre los edificios, armados hasta los dientes, y las explosiones y disparos resonaban en la distancia. Sin decir una palabra, se miraron y compartieron un breve asentimiento; sabían que era momento de trabajar en equipo.
-¿Planes?-preguntó Peter, ajustándose la máscara y ya comenzando a calcular sus movimientos.
-Tú te encargas de los francotiradores en las alturas. Yo me ocuparé de los vehículos armados y las entradas principales-
respondió Tony, escaneando el área con los sensores de su traje.
Peter asintió, y sin perder un segundo, lanzó una telaraña hacia un edificio cercano y comenzó a balancearse, rápido y silencioso, entre las estructuras. Identificó a un grupo de francotiradores apostados en una azotea y, con movimientos rápidos, les lanzó una ráfaga de telarañas, inmovilizándolos antes de que pudieran reaccionar. Con una sonrisa, saltó hacia el siguiente grupo, asegurándose de mantener el ritmo.
Mientras tanto, Tony volaba a ras del suelo, dirigiéndose hacia los vehículos blindados de los terroristas. Activó sus repulsores y disparó una serie de rayos que impactaron contra las llantas y motores, inmovilizando los vehículos y obligando a los ocupantes a salir desarmados. Con cada explosión controlada y cada disparo preciso, Tony mantenía el terreno despejado para que Peter pudiera moverse sin preocuparse por los refuerzos.
En cuestión de un rato, los dos habían reducido significativamente el número de enemigos, moviéndose con precisión y eficiencia. La combinación de la agilidad y estrategia de Peter con la tecnología y fuerza de Tony les permitió hacer retroceder a los terroristas, quienes, ante la ofensiva, comenzaron a replegarse.
Finalmente, después de neutralizar a los últimos enemigos, Peter y Tony se encontraron en la planta baja de uno de los edificios, donde los últimos terroristas, viéndose acorralados, habían tirado sus armas en señal de rendición. Ambos compartieron una mirada de satisfacción mientras el sonido de las sirenas de la policía se hacía cada vez más fuerte en la distancia.
-Buen trabajo, compañero-
dijo Tony, levantando su mano para chocar los puños con Peter. Peter sonrió, devolviéndole el gesto.
-¿Ves? Te dije que puedo cuidarme solo-Tony soltó una risa ligera.
-Quizás...
Peter había llegado a la casa de Tony un poco antes de la hora acordada. Había pasado directamente a la sala, esperando encontrar a Tony ocupado con alguna de sus investigaciones, pero, en lugar de eso, se encontró con alguien más: el Capitán América.
Pero no el Capitán América que él había imaginado siempre. El Alfa fuerte y poderoso que admiraba desde niño, la imagen de disciplina y control que había sido para él un símbolo... ahora estaba frente a él, pero de un modo completamente inesperado. Steve Rogers, el Capitán América, no solo estaba allí, sino que, como descubrió rápidamente, era un Omega. Uno que, además, parecía tener la curiosidad de un periodista y una energía que Peter no sabía cómo manejar.
-Así que tú eres Spider-Man -dijo Steve con una sonrisa. Antes de que Peter pudiera siquiera asentir, el Omega comenzó a hacerle un torrente de preguntas, invadiendo su espacio personal con una mezcla de emoción y curiosidad.
-¿Cómo funcionan exactamente esas telarañas? ¿Las haces tú mismo? ¿Qué tipo de entrenamiento tienes? ¿Te tomas algún tiempo de descanso? ¿Luchas solo en Nueva York? -Las preguntas caían una tras otra, sin un respiro, y Peter apenas lograba asentir o responder de forma breve antes de que la siguiente pregunta se lanzara al aire.
Peter estaba tan sorprendido que apenas podía encontrar las palabras. La intensidad de Steve era abrumadora. Lo que más lo desconcertaba era la cercanía; Steve se inclinaba hacia él, entrando casi en su espacio personal mientras lo observaba con ojos llenos de interés, evaluando cada una de sus reacciones con una sonrisa que, de alguna manera, lograba mezclar amabilidad y emoción.
&Ehm... bueno, sí, yo hago las telarañas. Es... complicado de explicar-
respondió Peter, tratando de mantener la calma mientras retrocedía un paso.
-¿Complicado? Seguro que puedes explicarlo, vamos. Me gustaría saber todos los detalles, ¡no sabía que eras tan joven! Y eso que ya manejas una tecnología tan avanzada. ¿Tony te ha ayudado?
-No, bueno, no siempre... es algo que desarrollé yo mismo, desde que empecé-
explicó Peter, aún abrumado.
Su visión de Steve había cambiado completamente. Lo que una vez había sido una imagen de fuerza inquebrantable ahora era... bueno, un Omega lleno de entusiasmo y curiosidad que lo tenía en una especie de interrogatorio amistoso.
Antes de que Steve pudiera hacerle alguna otra pregunta, Peter aprovechó una pausa para mirar alrededor, buscando a Tony como si su vida dependiera de ello.
-¿Tony está en casa?-preguntó, tratando de sonar casual, aunque sabía que no lo había logrado del todo. Steve sonrió, como si hubiera adivinado su incomodidad.
-Sí, está en su oficina. Seguramente no te esperaba tan temprano, pero no te preocupes, llegará en un momento.
Peter soltó un suspiro de alivio, aunque no pudo evitar preguntarse cómo iba a poder lidiar con Steven. Había venido esperando una tarde tranquila con Tony, pero ahora tenía a un intenso Omega a medio metro de distancia, observándolo con una intensidad.
🕷️
Peter apenas estaba tratando de responder a las interminables preguntas de Steve cuando escuchó un carraspeo detrás de ellos. Al volverse, vio a Tony en el umbral de la puerta, observándolos con una expresión que Peter no sabía identificar, aunque sus ojos estaban ligeramente entrecerrados mientras miraba a Steve.
-¿Por qué estás tan cerca de mi invitado, Steven?-
preguntó Tony, con un tono tranquilo, pero cargado de intención.
Steve se encogió de hombros con una sonrisa despreocupada, manteniendo su postura relajada a pesar de que había dado un paso extra hacia Peter.
-Es que este chico es muy interesante, ¿sabías? Además, huele genial-
comentó Steve, mirándolo de arriba abajo con aprobación, como si examinara algo fascinante.
Tony, sin perder la compostura, dejó que una ligera sonrisa asomara en sus labios.
-Pues...mantente alejado de él, ¿Entendido?-Su tono era afable, pero había una nota firme en sus palabras que no dejaba dudas.
Steve le lanzó una mirada juguetona a Tony y se echó a reír, alzando las manos en un gesto de rendición.
-Tranquilo, todo para ti, Tony.
Peter, que había estado observando el intercambio con un rubor creciente en las mejillas, rió nerviosamente, sin saber si quería desviar la mirada o seguir mirando la escena, que ahora parecía una mezcla entre cómica e incómoda. Finalmente, carraspeó, intentando romper la tensión en el ambiente.
-Entonces... ¿cómo va tu día, Tony?-preguntó Peter, con una sonrisa que intentaba disimular el sonrojo en su rostro.
Tony, notando el nerviosismo de Peter, le sonrió con suavidad y dio un par de pasos más hasta colocarse junto a él, con una mano en su hombro en un gesto tranquilizador.
-Ahora que estás aquí, mucho mejor-respondió Tony, guiñándole un ojo.
Steve, sin perder el tono relajado, se cruzó de brazos, observándolos con una sonrisilla.
-Bueno, no quería interrumpir, solo quería conocer un poco mejor al famoso Spider-Man. Pero ya veo que aquí sobro.
Steve le lanzó una última sonrisa amistosa y se apartó un poco, dándole a Peter un respiro.
-Bueno, fue un placer conocerte, Peter. Eres incluso más interesante de lo que me habían contado.-
Steve le guiñó un ojo antes de mirar de reojo a Tony y añadir-Quizás algún día puedas mostrarme esas habilidades con las telarañas en acción. Peter sonrió, algo incómodo pero halagado.
-Claro, Steve. Será un placer.
-Tony, no perdiendo la oportunidad, se colocó entre ambos, ocupando el espacio con una presencia protectora que a Peter le pareció divertida y, de algún modo, reconfortante.
Celoso
-¿Listo para lo que teníamos planeado?-preguntó Tony, girándose hacia él con una sonrisa cómplice. Peter asintió, sintiéndose mucho más cómodo con Tony cerca.
-Claro.-Steve observó la escena y se rió.
-Está bien, está bien, os dejo tranquilos. Solo quería saludar-dijo, alzando las manos en un gesto de retirada.Antes de irse, Steve le lanzó una última mirada a Tony.
-Trátalo bien, Tony. Que seguro que no eres el único interesado en el. Tony le dedicó una media sonrisa que no dejaba dudas sobre sus intenciones.
-No te preocupes, Steve. Lo sé. Pero es mío
Cuando Steve finalmente salió de la habitación, Peter dejó escapar un suspiro, dejando que sus hombros se relajaran.
-Ese fue... el Capitán América.
-Sí.
-Y... es un Omega. No me lo esperaba.-Tony solto una carcajada, mirándolo con un brillo divertido en los ojos.
-Sí, bueno, Steve puede sorprender a cualquiera. Y parece que tú también le has llamado la atención-Peter sonrió, aún algo ruborizado.
-Bueno, supongo que me he llevado la aprobación del Capitán-Tony soltó un gruñido y Peter alzó una de sus cejas.
-Como si necesitáramos una aprobación, ¿No?
-Sí. Además seguro que luego haríamos lo que nos diese la gana.
-Correcto-Y después agarró una de sus manos-Venga, vamos. Tenemos toda la tarde por delante, y pensé que podríamos hacer algo especial.
Juntos, se dirigieron a la sala principal, dejando atrás el pequeño encuentro con Steve. La casa se llenó de la calidez de sus risas y el eco de sus pasos, mientras la tarde prometía ser un tiempo para ellos dos, sin interrupciones ni distracciones.
Tony se giró hacia Peter con una chispa en los ojos, esa mirada que prometía algo inesperado.
-He estado trabajando en algo-dijo Tony, en ese tono que siempre despertaba la curiosidad del alfa-y pensé que hoy podríamos ser los primeros en probarlo. ¿Te apuntas?-Peter arqueó una ceja, con una sonrisa entre curiosa y divertida.
-Claro, pero....¿De qué se trata? ¿Es algo peligroso?
-Quizás un poco-admitió Tony con una sonrisa-pero contigo al lado, estoy cubierto, ¿no?
Peter rió, encantado de esa emoción que Tony siempre le transmitía. Dejó que lo guiara a través de un pasillo y hasta una puerta cerrada que Peter no había notado antes. Tony la abrió con un toque en el panel, revelando un amplio salón con pantallas, sistemas de control y algo que parecía un holograma gigante en el centro.
-Bienvenido al corazón de la Stark Tech. O como me gusta llamarlo: el simulador de realidades extremas-dijo Tony con una reverencia teatral.-Peter miró el espacio, fascinado.
-Esto es...¡Muy guai! ¿Qué es lo que hace?
Tony caminó hasta una consola, introdujo un código y, en un instante, el entorno cambió. De repente, estaban en medio de una selva tropical, con árboles altos, sonidos de aves y una cascada en la distancia. Era tan real que Peter sintió el impulso de tocar las hojas a su alrededor.
-¿Esto es una simulación?preguntó, asombrado-Tony asintió, complacido al ver la reacción de Peter.
-Sí, pero no cualquier simulación. Es interactiva. Podemos explorar, escalar, incluso enfrentarnos a algunos desafíos... o a lo que se nos ocurra-Le lanzó una mirada provocadora-
¿Quieres probar?
Peter no dudó ni un segundo.
-¡Claro que sí!
Ambos se adentraron en la selva simulada, moviéndose entre la vegetación y admirando el realismo de cada detalle. En un momento, Tony activó un obstáculo, y una serie de plataformas apareció sobre una especie de pantano. Peter, sin pensarlo, saltó de una a otra, deslizándose y balanceándose con facilidad. Tony, por su parte, usaba sus propios gadgets y habilidades, demostrando que no se quedaría atrás.
El tiempo pasó volando mientras corrían, competían y reían juntos. Entre brincos y acrobacias, Peter se daba cuenta de lo natural que se sentía todo a su lado, como si ambos se complementaran a la perfección en esta aventura improvisada.
Finalmente, después de un buen rato de exploración, la simulación se desvaneció y ambos se encontraron nuevamente en la sala. Estaban sudando y respirando con dificultad, pero con sonrisas que reflejaban pura alegría.
-¡Esto ha sido genial!-dijo Peter, tratando de recuperar el aliento.
Tony lo miró con una expresión satisfecha y, antes de que Peter pudiera decir algo más, lo atrajo hacia él y le dio un beso suave y agradecido.
-Gracias
-No hace falta que las des. ¡Incluso me he sentido como en el Mario Bros!-Le dio un ligero golpe en el hombro.
-Aun así gracias...
-Bueno, alguien tiene que ser tu compañero de aventuras, ¿no?
Con una última carcajada, ambos salieron de la sala, a comer algo.
Tony y Peter se fueron al sofá cómodamente en el sofá, rodeados del tenue sonido de la película y el aroma dulce del vino que Tony había servido con especial cuidado. Al ver a Peter dar su primer sorbo, Tony sonrió, notando el brillo en los ojos del joven alfa, quien parecía experimentar cada sabor de una manera tan expresiva que lo hizo reír suavemente.
-¿Demasiado dulce para ti, Parker?-bromeó Tony, observándolo con esa mirada entre divertida y curiosa que tanto disfrutaba.
-No, no... es perfecto. Aunque tú eres el experto aquí- respondió Peter, sonriendo y tomando otro sorbo, mirándolo con un brillo especial en los ojos. -Oye, creo que puedo acostumbrarme a estos gustos caros-Tony levantó una ceja, con esa expresión de sorpresa fingida que tan bien manejaba.
-Eso espero, Parker. Si vas a estar por aquí mucho más tiempo, tendrás que empezar a disfrutar de estas cosas-Peter se rió y le dio un suave empujón en el hombro, acercándose un poco más.
-Reconoce que te encanta tenerme por aquí y enseñarme cosas caras, para tener mejores gustos-Tony alzó su copa en un pequeño brindis, mirándolo a los ojos.
-Entonces, brindemos por eso. Por nuevos gustos-
Ambos tomaron un sorbo, y mientras la película avanzaba Peter se acaba su copa
Y de repente la copa quedó sobre la mesa, girando a mirar al Omega...mirarlo con una sonrisa que escondía algo más. Se fue acercando, hasta que sus labios apenas rozaron la piel de Tony, susurrándole al oído
-Quizás...podemos brindar por nosotros.-Tony sintió un ligero escalofrío recorrerle el cuerpo. Sonrió de medio lado, sin perder su calma característica.
Peter no respondió de inmediato, solo deslizó sus manos sobre los hombros de Tony, bajando lentamente hasta su pecho.
-Quizás... deberías relajarte y dejar que te lo enseñe- Su tono juguetón estaba mezclado con una seguridad nueva, una que hizo que Tony sintiera una extraña vulnerabilidad.
Tony rió suavemente, dejándose llevar, y después de un suspiro profundo, se dio vuelta, quedando de espaldas como Peter quería.
-Muy bien, te toca mostrar cosas. Aunque... no prometo no devolverte el favor.-Peter se inclinó sobre él, besando su cuello suavemente mientras sus manos exploraban su cuerpo con ternura y firmeza.-No hace falta que lo prometas, Tony. Creo que... ya has hecho más de lo que imaginaba posible.
Tony cerró los ojos, disfrutando del momento, dejándose llevar en esa noche que parecía no tener fin.
Era la mañana de Reyes, y Peter caminaba con prisa, el aire frío de enero le daba energía mientras pensaba en el regalo que tenía planeado para Tony. La emoción se reflejaba en sus pasos apresurados, y no podía evitar sonreír ante la idea de sorprenderlo.
Primero, había escogido una pulsera de plata que, según decían, traía buena suerte. Tenía un pequeño dije en forma de búho, símbolo de sabiduría y protección, algo que Peter consideraba perfecto para Tony, como un amuleto que pudiera llevar con él en cualquier lugar. Pensaba en cómo luciría en la muñeca de Tony, el brillo de la plata reflejando un toque de elegancia sencilla.
El segundo regalo era algo que le había llevado tiempo encontrar: una sudadera de Jurassic Park, una pieza exclusiva que sabía que a Tony le encantaría, especialmente después de que habían pasado tardes viendo las películas juntos. Era una prenda que representaba esos momentos compartidos y los pequeños placeres que disfrutaban.
Y el último regalo era el más personal. Peter había pasado días cosiendo una funda para el móvil de Tony. Era sencilla, pero cada puntada llevaba el cariño y el cuidado con el que la había hecho, y esperaba que Tony valorara el detalle de algo hecho con sus propias manos.
Mientras se apresuraba por la calle, una sonrisa cálida no abandonaba su rostro. Sabía que a Tony le encantarían sus regalos, pero más que los objetos, lo que Peter realmente quería era regalarle la alegría de sentirse querido y apreciado.
Tony se despertó con la luz suave de la mañana filtrándose por las cortinas. Al darse la vuelta en la cama, se dio cuenta de que estaba solo, y en su lugar, su móvil mostraba una notificación. Lo tomó con curiosidad y sonrió al leer el mensaje que había recibido de Peter:
Lo siento por irme sin despertarte, pero tenía que ir a buscar tu regalo. Además, te veías muy mono durmiendo.
Tony soltó una pequeña risa, imaginando a Peter escabulléndose en silencio para no despertarlo. Había algo dulce en la manera en que Peter parecía siempre pensar en esos pequeños detalles, dejando que el momento tuviera esa esencia de sorpresa y encanto.
Por un instante, Tony miró el mensaje otra vez y se quedó pensando. El simple gesto le recordaba por qué estaba tan enamorado de él.
El regalo de Tony para Peter era, como siempre, una muestra de su estilo y generosidad. Tony había escogido con cuidado tres chándals de marca, sabiendo que Peter apreciaba la comodidad en su día a día, pero también quería asegurarse de que luciera genial. Los colores y el diseño eran elegantes y modernos, perfectos para alguien que vivía entre las calles de Nueva York y las alturas como Spider-Man.
Junto con los chándals, Tony incluyó dos pares de Converse, las clásicas zapatillas que sabía que Peter adoraba. Había optado por los colores favoritos de Peter: un par en rojo y otro en negro. Sabía que las zapatillas se convertirían rápidamente en las favoritas de su joven héroe.
Y para el toque final, algo mucho más especial: un nuevo ordenador de último modelo. Tony conocía bien las dificultades que Peter enfrentaba para equilibrar su vida de estudiante, sus investigaciones y su papel como héroe. Este ordenador no solo era una herramienta avanzada, sino también una manera de recordarle a Peter que alguien estaba ahí para apoyarlo, facilitándole el camino.
Tony esperaba con anticipación la reacción de Peter al abrir cada uno de los regalos, sabiendo que le daría un poco de felicidad y que, sobre todo, le recordaría cuánto lo valoraba.
Tony llegó a la casa de Peter con anticipación, sonriendo al ver a May abrir la puerta con una calidez que lo recibía como si fuera parte de la familia. Ella le dio un abrazo amable y una sonrisa.
-Peter todavía no ha llegado, salió a hacer un intercambio de regalos con sus amigos-le explicó May, con una mirada de complicidad. Tony asintió, sin perder su propia sonrisa.
-Lo sé, May. De hecho, he venido un poco antes... porque tengo algo para ti también.
-¿Para mí?-May se sorprendió, una risa amable escapando de sus labios-Tony, no era necesario.
-Sí, pero insisto-respondió Tony con una mezcla de cariño y determinación, señalándole que lo siguiera hacia la calle.
Al cruzar la puerta, May se encontró con un Toyota blanco reluciente, estacionado frente a la casa y brillando bajo la luz del sol. Su sorpresa fue evidente, y antes de que pudiera decir algo, Tony se volvió hacia ella con una sonrisa.
-Ese es para ti, May. Es tu regalo-dijo, y antes de que ella pudiera protestar, añadió- No acepto devoluciones.
Peter quien había llegado hace unos segundos había presenciado la escena de ellos saliendo por la puerta y Tony diciendo que será el regalo de su tía.
-¿¡Estás loco!?-preguntó, con una mezcla de incredulidad y asombro.
May, aún sin salir de su asombro, meneó la cabeza con una risa nerviosa.
-Tony, no puedo aceptar algo tan... tan grande. Es un coche, por el amor de Dios.
-Es solo un regalo, May. Algo práctico, y no acepto un "no" por respuesta-dijo Tony con firmeza, guiñándole un ojo.
Peter, que ya se había acercado, dejó escapar una risa mientras le daba a Tony un rápido beso en los labios como saludo.
-Bueno, parece que tampoco podré devolver mis regalos, ¿verdad?
-Exacto-respondió Tony, con una sonrisa triunfante.
May, luego de asentir en un intento por asumir la sorpresa, decidió probar su regalo y se subió al coche.
El coche se llenó de risas mientras May, con una sonrisa radiante, conducía su coche.
Cuando regresaron a casa, May no perdió el tiempo en corresponder a la generosidad de Tony. Ella le entregó un elegante abrigo negro que le quedaba perfecto, y al ver la expresión de aprecio genuino en el rostro de Tony, ella sonrió con satisfacción.
Luego, llegó el turno de los regalos de Peter. Tony notó una mezcla de emoción y nerviosismo en él mientras los sacaba cuidadosamente.
Al abrir la pulsera con el pequeño búho de plata, Tony dejó escapar un suave suspiro, tocando el búho con una sonrisa-Esto es increíble, Peter. Me encantará llevarlo.
Luego, Peter le entregó la sudadera de Jurassic Park. Tony sonrió, imaginándose cómo podrían verla juntos, y se la colocó sobre el hombro, disfrutando del calor del regalo.
Por último, Tony tomó la funda que Peter había cosido él mismo. Su estómago hizo una pequeña pirueta al ver el detalle y el esfuerzo en el regalo; este pequeño detalle significaba más para él que cualquier cosa comprada en tiendas. Se inclinó y le dio un beso en la mejilla a Peter, agradecido.
Peter, algo ruborizado, se encogió de hombros y trató de restarle importancia.
-bueno mis regalos al lado de los tuyos crecen sentir pobre
Cuando llegó al ordenador, Peter lo miró con una mezcla de asombro y ligera desaprobación.
-¿En serio? joder, no deberías haberte gastado tanto-protestó Peter, aunque una sonrisa le cruzaba el rostro.
Tony solo hizo un gesto de desinterés, como si el coste fuese apenas una pequeña raspadura en su cuenta.
-Es solo un ordenador, Peter. Algo útil y necesario para alguien que trabaja y estudia tanto como tú.
Con las risas y la calidez de sus regalos intercambiados, Tony, Peter y May disfrutaron de un día de Reyes. Cada uno sentía que el mejor regalo era, sin duda, la presencia y el cariño compartido entre ellos.
Peter se despertó con el sonido insistente de la alarma de su móvil, apagándola con un leve gruñido mientras maldecía el hecho de que las vacaciones de Navidad no fueran un poco más largas. Aún medio adormilado, se desperezó, escuchando el suave sonido de su tía May en la cocina, preparándoles el desayuno. Ella también tenía que madrugar, y eso le daba a la mañana un toque de rutina compartida.
Decidiendo ponerse algo cómodo y práctico, Peter eligió uno de los chándals que Tony le había regalado el día de Reyes. Era un conjunto negro con rayas en los laterales de los brazos y muslos, y, aunque era muy de su estilo, no pudo evitar observar los detalles. La calidad de la tela, cómo se ajustaba a su cuerpo, y al mirarse en el espejo frente a su cama, notó algo que le hizo entrecerrar los ojos.
-Vaya... -murmuró, en tono de broma y resignación mientras observaba cómo el chándal parecía realzar su figura, especialmente en la zona de los muslos y, claro, su culo.
Sacudiendo la cabeza, decidió que, después de todo, Tony sabía muy bien cómo elegir los regalos. Con una sonrisa que aún guardaba algo de la pereza matutina, salió de su habitación y se encaminó a la cocina, listo para enfrentar el día junto a su tía y el desayuno que tanto necesitaba para arrancar con energía.
Antes de salir definitivamente para sus clases, Peter volvió a su habitación y, con una sonrisa traviesa, se detuvo frente al espejo. Posando para que el chándal resaltara aún más su figura, especialmente la forma en la que se ajustaba, levantó su móvil y tomó una foto de cuerpo completo. Se aseguró de que su pose resaltara el ajuste que Tony había conseguido con esos pantalones, y antes de enviar la foto, escribió un mensaje rápido:
"Me está perfecto 🩵"
Al darle a enviar, una pequeña sonrisa de satisfacción cruzó su rostro. Sabía que Tony recibiría el mensaje justo cuando estuviera tomando su primer café de la mañana, y podía imaginar la expresión que pondría al ver la foto.
Con una risa contenida, se giró y salió de la habitación, listo para echar el día, sintiéndose especialmente.
Apenas sentado en su primera clase, sintió el zumbido en su bolsillo y sacó el móvil discretamente para revisar el mensaje. Era de Tony, y al leerlo, una mezcla de sorpresa y satisfacción cruzó su rostro:
"Joder, qué buena elección hice, no me provoques, Parker. Buenos días, que te vaya bien en clase ❤️"
Un calorcito le recorrió el rostro, y tuvo que esforzarse para no sonreír de oreja a oreja. Guardó el móvil y decido concentrarme en clases
Son aburridas.
Mucho.
Ya sabéis entregando y corrigiendo deberes que nos habían mandado antes de las vacaciones.
Ned y yo compartimos solo una clase hoy. ¿Lo echo de menos? Sí.
MJ nos cuenta que tiene la regla y no quiere que le hablemos. Wo, mujeres y dolores menstruales...Mejor no me meto.
Ned y MJ hoy se han ido antes porque la última clase que tenían era ciencia si la profesora no había venido.
Finalmente, después de un largo día de clases, Peter salió al estacionamiento, ya mentalmente preparándose para el camino a casa. Sin embargo, lo primero que vio fue un coche lujoso y reluciente aparcado frente a la entrada, captando las miradas de todos los que pasaban. Y allí, apoyado con aire casual contra la puerta del conductor, estaba Tony, como si fuera lo más normal del mundo esperar a un estudiante universitario en un coche digno de una portada de revista.
Peter parpadeó, algo sorprendido, y se acercó lentamente, notando cómo sus compañeros lo miraban con curiosidad.
Eh... no me lo esperaba. Penso. Peter se acercó a Tony, quedando a solo dos pasos de él.
-¿Qué haces aquí?-Preguntó, tratando de sonar casual, aunque su corazón latía más rápido de lo habitual. Tony sonrió con esa chispa traviesa en los ojos.
-Invitarte a comer. ¿Te apetece?-Peter sonrió, asintiendo sin pensarlo dos veces.
-Claro
Tony abrió la puerta del coche con un gesto elegante, y Peter se acomodó en el asiento, apreciando los detalles lujosos y la comodidad del vehículo. La suave fragancia que llenaba el ambiente y la atmósfera relajada lograron que Peter se sintiera en una especie de sueño.
Mientras conducían hacia el restaurante, Tony rompía el silencio ocasionalmente, preguntándole cómo le había ido en clase y haciendo algún comentario sobre las miradas de asombro que habían recibido al salir de la universidad. A Peter no le pasó desapercibido cómo Tony siempre lograba que todo pareciera casual y sin esfuerzo.
Llegaron a un restaurante con una vista panorámica impresionante de la ciudad. Las ventanas del lugar capturaban cada detalle del paisaje urbano, y la suave música de fondo creaba el ambiente perfecto. Tony había reservado una mesa en una esquina privada, y Peter no pudo evitar sonreír, agradecido por el gesto.
-Espero que te guste el lugar-dijo Tony, acomodándose en su asiento-Pensé que podríamos probar algo nuevo.
Peter asintió, mirando el menú y comentando los platos con Tony. La conversación fluía naturalmente entre ellos, llena de bromas, risas y algunos comentarios en voz baja que lograban hacer sonrojar a Peter, especialmente cuando Tony mencionaba lo bien que se veía en el chándal.
Mientras comían, Tony le contaba anécdotas de sus viajes y proyectos, logrando que Peter se sintiera parte de cada aventura. Y cuando Peter compartió algunos de sus propios planes y sueños, Tony lo escuchaba con verdadera atención.
Después del almuerzo, Tony sugirió un breve paseo por la zona, y el joven alfa dijo que sí. Peter miraba el paisaje, sintiendo la calidez del sol y el agradable frescor del aire, y cada tanto sus miradas se encontraban, intercambiando sonrisas cómplices.
-¿Sabes?-Empieza el omega- Me alegra haber venido hoy-le dijo en voz baja, tomándolo de la mano por un instante. Peter asintió, sin querer soltar esa conexión, aunque fuera breve.
-A mí también-Ambos compartieron una sonrisa que decía más de lo que las palabras podían expresar.
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