03
Al día siguiente, Milk llegó a la universidad con una bolsa de papel marrón cuidadosamente doblada entre sus brazos, el corazón latiéndole un poco más rápido de lo normal. Había tardado más de media hora en decidir si llevar o no ese manga. Más de una vez lo metió y sacó de su mochila mientras pensaba: ¿Y si me lo lanza en la cara? ¿Y si piensa que soy una acosadora?
Pero ahí estaba. Caminando por los pasillos como si no llevara el equivalente a una confesión silenciosa entre las manos.
Divisó a Love junto a las escaleras del edificio de Artes. Rodeada de sus amigas, con la mochila cruzada sobre el pecho y esa expresión que usaba como escudo. La misma que tenía desde que Milk la había visto en la convención: distante, seria, como si la estuviera vigilando.
Milk tragó saliva, acomodó su chaqueta y se acercó con pasos tranquilos.
─Hola ─dijo con una sonrisa suave.
Love la miró apenas. No saludó. No sonrió. Solo asintió con la cabeza, como si esa mínima cortesía fuera suficiente.
─¿Podemos hablar? Un momento. Sola.
La menor dudó, observó de reojo a sus amigas, y luego asintió una vez más. Se apartaron unos pasos del grupo, quedando junto a la ventana, entre clases que comenzaban y otros estudiantes que pasaban sin mirar.
─¿Qué quieres? ─preguntó Love, con los brazos cruzados.
Milk alzó la bolsa con ambas manos, como si ofreciera un regalo de paz.
─Quería darte esto.
─¿Qué es?
─Un manga ─dijo simplemente─. Lo compré hace tiempo y pensé que... tal vez te gustaría.
Love dudó. La miró fijamente. Después de unos segundos, tomó la bolsa y sacó el contenido: un tomo cuidadosamente envuelto en plástico, con una ilustración suave en la portada y un título escrito en cursiva: Can I Kiss You?
Milk carraspeó, un poco nerviosa.
─No sé mucho de este género... pero lo vi en una lista de recomendaciones y pensé que tal vez te interesaba. No es nada raro ni nada, solo... me pareció lindo.
Love no respondió. Se quedó mirando la portada por largos segundos, como si no pudiera creer lo que tenía entre las manos. Como si acabaran de arrancarle un secreto del pecho.
─¿Dónde lo encontraste? ─preguntó, en un susurro.
─¿El manga? Lo vi en una tienda en línea. Busqué cosas parecidas a otras que tengo y apareció. ¿Por qué?
La menor no dijo nada. Una parte de ella quería pensar que era una casualidad, una coincidencia tonta del destino. Pero otra parte —una más sensible, más herida y más pequeña— no podía evitar emocionarse.
Ese manga... Ella lo había mencionado en una cuenta privada, donde hablaba de cosas que no se atrevía a decir en voz alta. Ahí, una vez, confesó que su sueño era que alguien se lo regalara. Que quería compartirlo con una persona especial.
Y ahora... Milk se lo entregaba, sin saberlo, como si el universo hubiera escuchado ese deseo y se lo pusiera en las manos.
─Gracias ─dijo, por fin, con la voz un poco quebrada.
Milk la miró, sorprendida por el tono.
─No es nada ─respondió─. Y... de verdad. No voy a decirle a nadie. No voy a andar por ahí gritando que te vi en la convención ni que haces cosplay ni que lees manga. Es tu pasatiempo. Y está bien.
─Es que pensé que... ibas a burlarte ─confesó Love─. Que ibas a contarlo todo. Que... ibas a pensar que soy ridícula.
─¿Por qué pensaría eso? ─preguntó Milk, con una media sonrisa─. Si fuera ridículo, también me estaría riendo de mí misma. Y yo me lo tomo en serio. Me gusta. Me hace feliz. ¿A ti también te hace feliz, no?
Love asintió en silencio.
─Entonces no es ridículo ─concluyó la mayor.
La menor bajó la mirada hacia el manga de nuevo, como si ahora pesara más en sus manos. Y antes de que Milk pudiera decir algo más, sintió unos brazos rodeándola brevemente. Un abrazo inesperado, torpe, pero genuino.
─Gracias ─repitió Love, contra su cuello.
Milk se quedó congelada un segundo, luego sonrió, muy suave, y apoyó una mano tímida en la espalda de ella.
─De nada.
Cuando Love se separó, le dio un beso en la mejilla, rápido, casi como si quisiera borrarlo en el mismo segundo.
─Es lo más bonito que me han regalado ─murmuró─. Te debo una.
Guardó el manga en su bolso con mucho cuidado, casi con reverencia. Y sin decir nada más, regresó a su grupo de amigas, dejando a Milk con la mejilla tibia y el pecho a punto de explotar.
No había sido un beso en los labios.
Pero algo había empezado ahí.
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