epílogo
El primer aniversario estaba a la vuelta de la esquina, y Love, como la novia detallista que era, ya tenía todo listo.
Una carta escrita a mano en papel beige con flores bordadas en los bordes.
Unos regalitos envueltos con cintas: una polaroid de las dos con un marco personalizado, una cajita llena de papelitos con frases de amor, y una pulserita de hilo rojo con el nudo más firme del mundo.
Love sonreía sola mientras guardaba todo en su mochila. Estaba emocionada. Nerviosa, pero emocionada.
Milk, en cambio...
─No tengo ni puta idea de qué hacer. ─Se dejó caer de panza sobre su cama, el celular apoyado en la almohada con Namtan en videollamada y Ciize sentada a su lado de la cama.
─¿Y regalarle algo bonito? ─preguntó Ciize, comiéndose unas papas.
─¿Con qué dinero, Ciize? ¿Con mis ganas de vivir?
Namtan soltó una carcajada por el celular.
─Cocínale, hazle algo tú. Una canción, una carta, lo que sea. A ti se te da eso.
─¿Y si me sale cursi y me odia?
─¿Love odiarte por eso? Milk, literal tiembla cuando le agarras la mano. Se sonroja si le dices "bebé".
─Sí pero es nuestro aniversario. Quiero que sea especial.
Esa noche, Milk intentó escribirle una carta.
Después de veinte borradores y una hoja arrugada llena de tachones que decía "Te amo mucho pero no sé cómo decirlo sin sonar a tipo de Wattpad", se rindió.
Intentó dibujarla. Le salió con los ojos chuecos y el cuello raro.
─Parezco el hijo perdido de Shrek ─murmuró, frustrada, y tiró el dibujo.
Después fue por su guitarra.
Se sentó con ella en las piernas y empezó a componer.
Dos versos, una melodía.
Se le rompió una cuerda y se le llenaron los ojos de lágrimas.
─No puedo hacer nada bien ─susurró, abrazando la guitarra como si le doliera el alma.
Pero luego se levantó, se limpió las lágrimas y fue al supermercado más cercano.
Compró pasta, queso, crema, ajo.
Ese día iba a cocinarle.
Y con lo último que tenía en su cuenta, fue a la tienda de manga y compró el tomo que Love había estado esperando desde hacía semanas.
. . .
La noche llegó.
La mesa estaba puesta con velitas. El aroma a pasta con salsa blanca invadía el apartamento.
Milk, vestida con una camisa blanca que casi no usaba, se mordía las uñas mientras esperaba.
Cuando Love tocó la puerta, el corazón se le cayó a los pies.
Y volvió a subir cuando vio su carita feliz.
─Hola, mi amor ─le dijo Love, con una sonrisa inmensa.
─Hola, princesa.
Se abrazaron. Un beso, dos. Otro más largo. Y luego, sin soltarle la cintura, Milk le susurró:
─Feliz aniversario.
─Feliz aniversario.
La cena fue preciosa. Rieron, comieron, hablaron de tonterías.
Hasta que llegó el momento de los regalos.
Love sacó su mochila y le pasó la cajita.
Milk la abrió con las manos temblando.
Al ver la carta, los papelitos, la foto, la pulsera...
─Love... esto... esto es tan bonito.
─Me tomé semanas. Quería darte un pedacito de mi corazón.
Milk se mordió el labio, y de repente sintió la presión en el pecho.
No tenía nada igual para darle. Solo una cena, un manga...
Y el amor más grande que había sentido en su vida.
─Yo... ─suspiró─. Tenía muchos planes. Quise escribirte una canción. Una carta. Hasta dibujarte. Todo me salió mal. Me frustré mucho. Sentía que nada estaba a la altura.
Y este manga que te traje... no fue fácil. Sé que no tengo dinero. Que no soy la más romántica. Pero lo intenté. Y cociné, porque... no sabía cómo decirte con palabras todo lo que me haces sentir.
Le entregó el manga, envuelto en papel kraft.
Love lo abrió, y sus ojos se iluminaron como estrellas.
─¡Este! ¡¡Llevo semanas queriendo leerlo!! ¿Cómo supiste?
─Te escucho más de lo que crees.
Love dejó el manga a un lado, se puso de pie, y se acercó a Milk.
Le tomó la cara entre las manos.
Sus ojos, brillosos.
Su voz, temblorosa y dulce.
─Milk... tú ya eres mi mejor regalo.
No quiero cosas caras. No me interesa que seas la mejor escritora ni que me regales cosas de Pinterest. Tú me haces sentir amada. Y segura. Y feliz. Y si me cocinas, me besas, me abrazas y me miras como lo haces... Ya tengo todo lo que quiero. Espero que este sea solo el primero de muchos años contigo.
Milk, con los ojos cristalinos, la besó.
Un beso lento.
Otro más apasionado.
La abrazó con fuerza.
Se besaron contra la pared.
Se besaron en el sofá.
Entre risas, susurros y manos entrelazadas.
─¿Sabes qué quiero ahora mismo? ─preguntó Milk, pegando su frente a la de ella.
─¿Qué?
─Quiero que todo el mundo sepa que eres mi novia, quiero que lo gritemos si hace falta, quiero gritarlo desde la azotea del edificio.
Love se rió, toda sonrojada.
─Yo también te amo, mi ridícula favorita.
Y se besaron otra vez.
Y otra.
Y muchas más.
Porque así era su amor: torpe, dulce, lleno de esfuerzo y ternura.
Un amor que no necesitaba perfección.
Solo corazón.
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