epílogo
Tres meses después.
El cartel de Dolce brillaba bajo el sol de mediodía, pero ahora con una adición en letras rosadas: "Especialidad de la casa: Galletas 'Torpeza Feliz' (creadas por nuestra pastelera favorita y su novia desastre)".
Dentro, el local bullía de actividad. Love decoraba un pastel de dos pisos con precisión quirúrgica, mientras Milk —con un delantal que decía "Peligro: Novia Distraída"— intentaba (y fallaba) hacer corazones de glaseado.
─Creo que el tuyo parece más un riñón ─observó Love, acercándose por detrás para rodearla con sus brazos.
─Es abstracto ─defendió Milk, sintiendo cómo el calor de Love contra su espalda le nublaba el juicio─. Como ese cuadro de... ese tipo que pintaba cosas raras.
─Picasso ─rió Love, apoyando la barbilla en su hombro.
─Ese mismo.
En la esquina, Ciize observaba el escenario mientras cobraba a una clienta.
─¿Siempre son así? ─preguntó la mujer, señalando a la pareja.
─Peor ─respondió Ciize con un suspiro─. Ayer se quedaron mirándose por cinco minutos porque Milk dijo que los ojos de Love brillaban "como estrellas... pero comestibles".
. . .
Había sido en esa misma pastelería, una semana después del incidente del extinguidor. Milk, cubierta de harina, había tomado las manos de Love con una determinación que solo el terror amoroso puede dar.
—Ya no quiero sonrojarme sola —había dicho—. Quiero que lo hagamos juntas. Como... como equipo.
Love, en un movimiento que demostraba cuán bien la entendía, había respondido:
─¿Como compañeras de repostería... con beneficios de probar cremas?
─Exactamente ─Milk había asentido tan fuerte que se le cayó el gorro de chef.
. . .
El timbre de la puerta sonó y entró June, seguida de Mewnich (que llevaba un cartel de "Team Yujin" claramente robado de algún fansite).
─Trajimos refuerzos ─anunció June, colocando seis cafés en la mesa─. Porque alguien nos contó que hoy es el gran debut de las galletas Milk.
─¿Quién les di... ─Milk giró hacia su prima, que silbaba inocente─. ¡Namtan!
─¡Fue Leo! ─gritó Namtan desde la cocina, donde "ayudaba" a Film a llenar bombas de crema (y básicamente creando un campo minado diabético).
El caos era perfecto. Las galletas de Milk —aunque asimétricas— se vendieron en dos horas (principalmente a fans de Love que venían a ver a "la novia torpe"). Entre risas, besos con sabor a frosting y algún que otro incendio menor, habían encontrado su ritmo.
. . .
Con las luces apagadas y el local en silencio, Milk y Love se sentaban en el mostrador, compartiendo un batido con dos pajillas.
─¿Sabes qué? ─dijo Milk, jugueteando con el cordón del delantal de Love─. Pensé que sería más difícil dejar de ponerme nerviosa contigo.
Love ladeó la cabeza. ─¿Y no lo es?
─No. Porque ahora sé que cuando me trabo, tú completas mis frases. Cuando tiro algo, tú lo limpias. Y cuando digo estupideces... ─hizo una pausa, sonrojándose─, te gustan.
Love le acarició la mejilla, dejando un rastro de crema batida.
─Eres mi desastre favorito ─susurró antes de besarla, lenta y dulcemente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo.
Y afuera, bajo las estrellas (que Milk jamás volvería a comparar con ojos, promesa), el cartel de Dolce seguía brillando.
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