final
Las manecillas del reloj marcan las 8:17 PM cuando Milk se presenta frente a Dolce, con las palmas sudorosas y un ramo de... algo que podría ser flores. En realidad son hierbas aromáticas atadas con una cinta (romero, tomillo y menta, según el vendedor ambulante que le aseguró "a las chicas les encanta lo práctico").
─Respira ─se ordena a sí misma, justo cuando la puerta se abre.
Love aparece en el marco, iluminada por la tenue luz dorada del local. Lleva un vestido sencillo de algodón y —Milk se ahoga— un pequeño delantal con corazones.
─Llegaste justo a tiempo ─dice Love, mordisqueando su labio inferior de una manera que debería ser ilegal.
─Sí, bueno, yo... ─Milk extiende el ramo de hierbas como si fuera un sable de luz─. Para ti. Son comestibles. Por si las dudas.
Love acepta el regalo, oliéndolo con una sonrisa genuina.
─Huele a... ¿pollo asado?
─¡No! Es... ─Milk revisa mentalmente la lista del vendedor─ aromático y versátil.
─Me encanta ─Love lo guarda tras su oreja como si fuera una gardenia, y Milk siente que sus rodillas podrían colapsar en cualquier momento.
. . .
La pastelería está transformada: las mesas empujadas a un costado, un mantel a cuadros en el centro, y dos velas (¡reales!) derritiéndose peligrosamente cerca de un montón de servilletas de papel.
─¿Hiciste todo esto? ─pregunta Milk, tocando una vela y retirando los dedos rápidamente cuando siente el calor.
─Sí ─Love gira en su dirección y oh Dios, hay harina en sus pestañas─. Bueno, Ciize ayudó. Hasta que le dije que era una cita y se fue muy rápido.
Milk asiente, demasiado concentrada en no mirar los hombros desnudos de Love (¿por qué nadie le advirtió que los delantanes de corazones tienen hombros al aire?).
Love sirve dos porciones de un pastel que parece perfecto... hasta que lo corta y el relleno rosado se esparce como lava.
─Se suponía que fuera un corazón ─explica Love, hundiendo el tenedor con fuerza─. Pero se derritió.
─Como yo cuando te veo ─responde Milk antes de que su cerebro pueda detenerla.
El silencio que sigue es tan denso que hasta las velas dejan de crepitar.
Love abre y cierra la boca.
─Eso fue...
─Horrible, lo sé ─Milk entierra la cara en las manos.
─Adorable ─corrige Love, y le toma las muñecas para separarlas de su rostro─. Eres la persona más extraña que he conocido.
Mikk espera sentir vergüenza, pero hay algo en la forma en que Love la mira (como si fuera un cupcake recién horneado) que la hace sentirse... valiente.
─Y tú eres la persona más bonita que he visto ─dice, y esta vez no suena como un disco rayado, sino suave, segura.
Love se sonroja exactamente como Milk soñó que lo haría: desde las mejillas hasta la punta de las orejas, como si alguien hubiera vertido grenadina sobre ella.
─Eso no es justo ─protesta Love─. Yo soy la que te hace sonrojar a ti.
─El juego cambió ─Milk sonríe, tomando su mano sobre la mesa─. Ahora somos dos desastres.
Todo iba perfectamente (si ignoras que Milk derramó agua en su propio regazo y Love olvidó cómo funcionaban los tenedores) hasta que...
─¿Huelo algo quemado? ─pregunta Milk, arrugando la nariz.
Love gira hacia la cocina y grita.
─¡El pan de banana!
Ambas corren, chocan en el marco de la puerta (Milk termina con la nariz enterrada en el cuello de Love, lo cual no es completamente desagradable), y llegan justo para ver las llamas lamiendo la bandeja olvidada.
Love reacciona primero: toma el extinguidor y pum, una nube blanca cubre todo. Cuando el polvo se asienta, están empapadas, el pan es historia, y...
─Las velas ─susurra Milk, señalando el mantel ahora literalmente en llamas.
Love resopla y, en un movimiento que Milk jamás olvidará, arroja su vaso de agua sobre la mesa. El fuego se apaga con un ssss patético.
Se miran.
─Esto es lo peor ─dice Love.
─Lo mejor ─corrige Milk.
Y entonces, entre el olor a quemado y la harina en sus cabellos, Love la besa.
Es rápido, es dulce, y sabe a azúcar glass y desastre. Cuando se separan, Milk tiene manchas de extinguidor en la nariz y Love no puede dejar de reír.
─¿Qué fue eso? ─pregunta Milk, atontada.
─Contraataque ─responde Love, y la besa de nuevo.
. . .
Afuera, escondidas tras los arbustos, Namtan, Film y Leo (con prismáticos) susurran:
─¿Crees que se den cuenta del micrófono que pusimos? ─pregunta Film.
─Shhh ─silba Namtan─. Esto es más interesante que mi novela.
Dentro, Milk y Love siguen entre risas y besos torpes, sin notar el dispositivo grabando cada palabra... ni el futuro lleno de dulces (y desastres) que les espera.
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