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𝗮𝗱𝗼𝗿𝗲 𝘆𝗼𝘂 𖹭.ᐟ milklove

03

bbyblu

El día amanece en el edificio Residencias Flora con un sol tímido que se cuela entre las cortinas de Milk como un intruso educado. Son las seis y media de la mañana de un domingo, y Milk Pansa está profundamente dormida en su cama, con la cara enterrada en la almohada y una pierna fuera de las sábanas. Tofu está acurrucado a su lado, como una bola de pelo naranja que ronronea con la regularidad de un motor pequeño. Es la imagen de la paz. La tranquilidad. La ausencia total de problemas.

Eso dura exactamente hasta que Tofu decide que ya ha dormido suficiente.

El gato naranja abre un ojo. Lo cierra. Lo abre de nuevo. Su cerebro de tres neuronas —todas ellas dedicadas exclusivamente a la comida y a la siesta— registra que su plato de alimento está vacío desde anoche y que su dueña, esa humana inútil que tiene el descaro de seguir durmiendo, no ha mostrado ninguna intención de remediar esta situación. Tofu considera sus opciones. Podría maullar. Podría saltar sobre la cara de Milk. Podría arañar la puerta del armario donde está guardada la bolsa de croquetas.

Pero Tofu, siendo un gato de inteligencia superior (al menos en su propia opinión), tiene un plan mejor.

Se levanta con la parsimonia de un anciano que acaba de despertar de una siesta de tres horas. Baja de la cama con un salto que, para su peso, debería ser imposible. Camina hacia la puerta del departamento con pasos sigilosos, apenas haciendo ruido sobre el suelo de madera. Luego, con la destreza de un ladrón profesional, se incorpora sobre sus patas traseras y utiliza una pata delantera para empujar el picaporte hacia abajo.

La puerta se abre con un click apenas audible.

Tofu sale al pasillo. La puerta se cierra detrás de él, dejándolo solo en el pasillo vacío del quinto piso. No hay nadie. Las luces automáticas están apagadas, ahorrando electricidad para el día. El silencio es absoluto.

Tofu camina dos pasos hacia el departamento de enfrente. Levanta una pata. Toca la puerta del 5D con su almohadilla suave.

Toc.

Espera.

Nadie responde.

Toc. Toc.

Nada.

Tofu emite un pequeño maullido. No es un maullido de urgencia, sino más bien un maullido de "sé que estás ahí, no te hagas la dormida". Luego, porque Tofu es un gato que no conoce el significado de la palabra "rendirse", se pone en posición de SENTRY (patas traseras firmes, patas delanteras apoyadas en la madera) y comienza a rascar la puerta con una determinación que solo los gatos naranjas pueden poseer.

Dentro del departamento 5D, Love Pattranite está en el suelo, rodeada de cajas a medio desempacar, con una taza de café que se está enfriando lentamente y el cabello más despeinado que el nido de un pájaro. Lleva desde las cinco de la mañana tratando de encontrar sus zapatillas de deporte favoritas (las rosa pastel) entre el caos de su mudanza. Todavía no las ha encontrado. Está empezando a pensar que tal vez las dejó en el viejo departamento, o tal vez las empacó en la caja equivocada, o tal vez el universo las ha absorbido en una dimensión paralela donde las zapatillas rosa pastel son ilegales.

Escucha el rasguido en la puerta y frunce el ceño.

─ ¿Quién...? ─murmura, levantándose del suelo con un gemido─. Son las seis y media de la mañana, ¿quién puede estar tocando mi puerta a esta hora?

Se acerca a la entrada, mira por la mirilla, y ve... nada. La mirilla está a la altura de los ojos de una persona, no de un gato. Lo único que ve es el pasillo vacío. Pero el rasguido continúa, insistente, acompañado de un maullido grave.

Love abre la puerta.

Tofu está allí, sentado en el umbral, con la dignidad ofendida de un rey que ha sido ignorado durante demasiado tiempo. Levanta la cabeza, la mira con sus ojos amarillos, y maúlla con un tono que claramente dice "ya era hora, humana lenta".

Love se queda congelada por un segundo. Luego, su cara se ilumina con una sonrisa que podría derretir la Antártida.

─ ¡TOFU! ─grita, arrodillándose para estar a su altura─. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo saliste? ¿Te escapaste? ¿Tu mamá sabe que estás aquí?

Tofu maúlla de nuevo, pero esta vez es un maullido más suave, casi contento. Se acerca a Love y frota su cabeza contra su mano, exigiendo caricias. Love se las da, acariciándolo detrás de las orejas con la suavidad experta de quien ha acariciado miles de gatos antes.

─ Eres un pequeño fugitivo, ¿sabes? ─dice Love, rascándole la barbilla─. Un pequeño y gordo fugitivo que no debería estar en el pasillo solo. ¿Y si te pierdes? ¿Y si alguien te roba? ¿Y si te comes algo que no debes?

Tofu no parece preocupado por ninguna de esas posibilidades. De hecho, está tan cómodo en el umbral de Love que se tumba panza arriba, mostrando su vientre peludo como una ofrenda.

─ Increíble ─ríe Love─. Te he visto dos veces en mi vida y ya me muestras la panza. ¿Así de fácil eres, Tofu? ¿Con todos eres así? ¿O soy especial?

Tofu ronronea en respuesta. Especial. Definitivamente especial.

Love está a punto de tomar a Tofu en brazos para llevarlo de vuelta al departamento de Milk cuando se da cuenta de que no sabe exactamente qué puerta es la de Milk. La número 5C. Lo recuerda por el número, pero en el pasillo del quinto piso hay dos puertas a cada lado: 5A y 5B a la izquierda, 5C y 5D a la derecha. Love vive en 5D. Milk vive en 5C. Es la puerta que está justo al lado, a solo unos pasos.

Love camina los tres pasos que la separan de la puerta de Milk y levanta la mano para tocar. Pero antes de que sus nudillos rocen la madera, se detiene. Piensa. Son las seis y media de la mañana de un domingo. Milk probablemente está durmiendo. Milk es alguien que se toma sus rutinas muy en serio, y las rutinas incluyen dormir hasta tarde los fines de semana.

Love duda. Por un lado, quiere devolver a Tofu sano y salvo a su dueña. Por otro lado, no quiere ser esa vecina molesta que toca a las seis y media de la mañana. Es un dilema.

─ ¿Qué hago, Tofu? ─le pregunta al gato, como si él pudiera darle una respuesta.

Tofu la mira. Luego, sin previo aviso, levanta una pata y golpea la puerta de Milk con una fuerza sorprendente para un gato de su tamaño.

─ ¡TOFU! ─Love trata de detenerlo, pero Tofu ya ha golpeado la puerta tres veces seguidas, con la determinación de quien sabe exactamente lo que quiere y no va a dejar que nada se interponga en su camino.

Love escucha un ruido dentro del departamento. Un golpe. Una maldición apenas audible. Pasos.

La puerta se abre.

Milk está allí. No, Milk no está "allí". Milk está allí en el sentido más literal de la palabra: está en el umbral, con el cabello en un desorden que parece un nido de pájaro después de una tormenta, los ojos entrecerrados por la luz del pasillo, y un pijama de ositos que probablemente no ha cambiado desde la última vez que Love la vio. Tiene una expresión que es mitad sueño, mitad confusión, y un cien por ciento de "¿qué está pasando?".

─ ¿Love? ─murmura Milk, con la voz ronca por el sueño─. ¿Qué...? ¿Cómo...? ¿Por qué estás...?

Love sonríe. Es una sonrisa que intenta ser neutral, pero que en realidad es todo lo opuesto. Es una sonrisa de "sé que esto es raro pero también es adorable".

─ Buenas noches... quiero decir, buenos días ─dice Love, señalando el suelo─. Tu gato tocó mi puerta. Literalmente. Se paró en dos patas y golpeó con su manito. Y luego tocó tu puerta. Es un gato muy... proactivo.

Milk mira hacia abajo. Tofu está sentado entre las dos, con la cola enroscada alrededor de sus patas, mirándolas con una expresión que claramente dice "y ahora qué".

─ Tofu ─dice Milk, con una voz que va subiendo de tono mientras procesa la situación─. ¿Cómo...? ¿Cómo saliste? ¡Yo cerré la puerta! ¡Lo juro por mi vida! La cerré con llave y todo. Es un gato. Los gatos no abren puertas con llave. Los gatos no abren puertas. Punto.

─ Eso no es cierto ─la corrige Love, con una sonrisa de complicidad─. Los gatos abren puertas. Te sorprendería lo que pueden hacer cuando están motivados.

─ ¿Motivados? ¿A qué? ¿A escapar? ¿A molestar a las vecinas?

─ Tal vez quería verme. ─Love dice esto con una ligereza que sugiere que está bromeando, pero sus ojos brillan con algo que no es broma─. Tal vez le caí bien.

Milk mira a Tofu. Tofu la mira de vuelta. Si los gatos pudieran sonreír de manera sarcástica, Tofu lo estaría haciendo.

─ Tofu ─dice Milk, y suena a advertencia.

Tofu parpadea.

─ No puedo creer que hayas hecho esto ─continúa Milk, agachándose para recoger al gato─. ¿Qué clase de gato eres? ¿Un espía? ¿Un agente doble? ¿Un traidor?

Tofu ronronea mientras Milk lo sostiene en brazos. No parece arrepentido en absoluto.

─ Creo que le gusté ─dice Love, todavía sonriendo─. Los animales suelen quererme. Es mi superpoder.

Milk la mira. Love está en el pasillo con su pijama —un conjunto de satén azul cielo con lunares blancos, que le queda perfectamente y que la hace parecer una estrella de cine en lugar de alguien que acaba de despertar—, el cabello suelto y brillante, los ojos aún brillantes de sueño pero no menos radiantes. Love está radiante incluso a las seis y media de la mañana. Love es radiante en cualquier circunstancia.

Milk, en cambio, se siente como un monstruo del pantano de la Laguna Negra.

─ ¿Me puedes hacer un favor? ─dice Love de repente.

─ ¿Cuál?

─ ¿Puedes esperar un segundo? No te muevas.

Love desaparece dentro de su departamento y vuelve a aparecer treinta segundos después, sosteniendo dos tazas de café humeantes. Le ofrece una a Milk.

─ Antes de que te vayas a enojar con Tofu por haberme despertado, o conmigo por estar en tu pasillo a esta hora, piensa que si no hubiera sido por él, no estaríamos tomando café juntas ahora mismo. Eso es algo bueno, ¿no?

Milk toma la taza. El café está caliente, perfecto, con una espuma ligera que indica que Love tiene una cafetería de verdad, no una de esas de cápsulas que Milk usa para sobrevivir.

─ ¿Tienes una máquina de café profesional? ─pregunta, sorprendida.

─ Mi papá me la regaló cuando me gradué. Dice que sin café no hay veterinaria que funcione.

─ Tu papá tiene razón.

─ ¿Qué dices? ¿Quieres entrar a tomar café conmigo mientras Tofu me cuenta cómo logró escapar?

Milk duda. Tiene el pijama puesto. Tiene el cabello hecho un desastre. Tiene a Tofu en brazos, que la está mirando con una expresión de "vamos, acepta, necesito más atenciones de la veterinaria bonita". Y Love está allí, sonriendo con esa sonrisa infinita, ofreciéndole café y compañía y algo que Milk todavía no sabe cómo llamar.

─ Son las seis y media de la mañana ─dice Milk.

─ Lo sé. Es la hora perfecta para el café. La hora perfecta para empezar el día. La hora perfecta para todo, si me preguntas a mí.

─ ¿Tú siempre eres así por las mañanas?

─ ¿Así cómo?

─ Tan... energética. Tan feliz. Tan madrugadora.

Love se ríe. Esa risa suave y musical que Milk recuerda perfectamente.

─ Sí, siempre soy así. Es una maldición. No puedo evitarlo. Mi mamá dice que nací con una batería extra.

─ Debe ser agotador.

─ Para ti, tal vez. Para mí, es lo único que sé hacer.

Milk se queda mirándola. No sabe por qué, pero tiene la sensación de que Love acaba de decir algo importante. Algo que Milk debería recordar. Algo que Love no le ha dicho a muchas personas.

─ Bueno ─dice Milk, antes de que su cerebro pueda arrepentirse─. El café se está enfriando. ¿Entramos?

Love sonríe con tanta fuerza que sus ojos se arrugan en las comisuras. Abre la puerta de su departamento de par en par y hace un gesto dramático con el brazo, como un anfitrión de un restaurante de lujo.

─ Después de usted, señorita.

Milk entra en el departamento de Love con Tofu en brazos y una taza de café en la mano. Es la primera vez que pisa un espacio que no es el suyo en... ¿cuánto tiempo? Meses, probablemente. Años, quizás. No recuerda la última vez que entró en la casa de un conocido.

El departamento de Love es un caos ordenado. Cajas por todas partes, algunas abiertas con su contenido a medio desempacar, otras apiladas en las esquinas como torres de cartón. Los muebles son modernos, de líneas limpias, pero aún no están colocados en su sitio definitivo. Hay una lámpara de pie que parece perdida en medio de la sala, un sofá que aún conserva el plástico protector en un brazo, y una estantería vacía esperando ser llenada de libros y recuerdos.

Pero hay algo que destaca en medio de todo el desorden: una pared llena de fotografías. Polaroids, principalmente. Imágenes de Love con animales, Love con amigos, Love con su familia. Love riendo. Love abrazando perros. Love con un gato en los hombros. Love sosteniendo un conejo. Love con un pájaro en la mano. Love en la playa. Love en la montaña. Love en todas partes, siempre sonriendo.

─ ¿Te gusta? ─pregunta Love, notando que Milk mira las fotos.

─ Es... impresionante. ¿Todos esos animales son pacientes tuyos?

─ Algunos. Otros son de la calle. Los rescato cuando puedo. Es una enfermedad. No puedo ver un animal necesitado y no hacer algo al respecto.

─ Eso es... ─Milk busca la palabra correcta─. Es bonito. Es muy bonito.

Love se ruboriza ligeramente. Es la primera vez que Milk ve a Love ruborizarse. Le gusta. Le gusta mucho.

─ Bueno, siéntate donde quieras ─dice Love, señalando el sofá con el plástico en un brazo─. No está totalmente desempacado, pero es cómodo. Lo prometo.

Milk se sienta en el sofá, colocando a Tofu a su lado. Love se sienta a su lado, suficientemente cerca como para que Milk pueda sentir su calor, pero no lo bastante como para ser incómodo. Toman café en silencio durante un momento. Es un silencio que no pesa, que no exige ser llenado con palabras. Un silencio que Milk encuentra sorprendentemente agradable.

─ ¿Sabes qué? ─dice Love, rompiendo el silencio con suavidad─. Esto es mejor que el café solo. Desempacar es aburrido. Pero desempacar con compañía es... no sé, se hace más llevadero.

─ ¿Quieres ayuda? ─pregunta Milk antes de darse cuenta de lo que está diciendo.

Love la mira con los ojos abiertos de par en par.

─ ¿En serio? ¿Ayudarías a una desconocida a desempacar sus cosas a las seis y media de la mañana de un domingo?

─ Eres mi vecina. Y la prima de Film. Y... ─Milk busca una razón lógica, pero solo encuentra una honesta─. Y me caes bien.

Love sonríe. Es una sonrisa más pequeña que las anteriores, más íntima, como una promesa susurrada.

─ Me caes bien tú también, Milk. Me caes bien desde que entraste a mi consultorio con Tofu y mirada de pánico.

─ Fue un momento humillante para mí.

─ Fue el mejor momento de mi semana.

Milk no sabe cómo responder a eso. En lugar de intentarlo, se levanta y camina hacia una de las cajas etiquetada como "COCINA - FRÁGIL".

─ ¿Dónde quieres que ponga esto?

Love se levanta también, se acerca a la caja, la abre y comienza a sacar platos envueltos en papel de burbujas. Juntas, sin necesidad de muchas palabras, empiezan a desempacar. Milk coloca los platos en el armario mientras Love decide la ubicación de cada cosa. Tofu observa desde el sofá, claramente aprobando el giro que ha tomado la mañana.

─ Oye ─dice Love, mientras desenvuelve un juego de tazas de colores─. ¿Cómo conociste a Film?

─ En la universidad. Éramos compañeras de clase.

─ ¿Y cómo se hicieron amigas?

Milk se queda en silencio por un momento. La historia es más complicada de lo que parece.

─ Yo era muy callada ─dice finalmente─. Me costaba hablar con la gente. Me costaba todo. Un día, en una clase de literatura, tuvimos que hacer un trabajo en parejas. Me quedé sin pareja. Film también. El profesor nos juntó. Ella empezó a hablar, y hablar, y hablar, y yo no podía seguirle el ritmo. Pero ella no se rindió. Siguió hablando hasta que un día empecé a responder. Y luego empecé a reírme de sus chistes. Y luego... bueno, el resto es historia.

─ ¿Eras tímida?

─ Más que tímida. Ansiosa. Socialmente ansiosa. Todavía lo soy.

Love deja la taza que está sosteniendo. Se gira hacia Milk con una expresión seria, suave, atenta.

─ Gracias por decírmelo ─dice Love─. No todo el mundo confiesa cosas así.

─ ¿No es obvio?

─ Para mí no. Para mí eres solo... una persona que se toma su tiempo. No hay nada malo en eso.

─ ¿No te molestó que no te respondiera el mensaje?

─ ¿Qué mensaje?

─ El que me enviaste después de la consulta. El que decía que te llamara si Tofu estornudaba otra vez.

Love parpadea.

─ Oh, ese mensaje. No, no me molestó. Pensé que estabas ocupada. O que tal vez no querías hablar conmigo. Pero no me molestó. No todo el mundo responde los mensajes. Es normal.

─ No es normal. Es que soy muy mala para... para las conversaciones.

─ ¿Con quién? ─pregunta Love.

─ ¿Con quién qué?

─ ¿Con quién eres mala para las conversaciones? ¿Con todo el mundo? ¿O solo conmigo?

Milk siente que la sangre se le sube a las mejillas. Love ha hecho una pregunta trampa. Una pregunta que Milk no sabe cómo responder sin decir demasiado.

─ Con todo el mundo ─dice finalmente─. Pero contigo... contigo es diferente.

─ ¿Diferente cómo?

Milk traga saliva. Puede sentir que su corazón late contra las costillas.

─ Contigo quiero responder ─dice. Y no sabe si eso tiene sentido, si Love lo va a entender, si está diciendo demasiado o demasiado poco.

Love la mira. Sus ojos marrones, cálidos, brillantes, la miran como si ella fuera la única persona en la habitación.

─ Me alegra ─dice Love─. Porque yo quiero que me respondas. Quiero que hables conmigo. Quiero que me cuentes cosas. Quiero... ─hace una pausa, como si estuviera eligiendo las palabras con cuidado─. Quiero ser una de esas personas con las que te sientas cómoda. ¿Crees que podamos lograr eso?

─ No sé ─responde Milk honestamente─. Pero quiero intentarlo.

Love sonríe. Y Milk siente que el mundo se detiene un segundo solo para mirarlas.

La mañana avanza entre cajas y conversaciones. Descubren que a Love le encanta el té de frutas, pero que solo bebe café cuando necesita "energía extra para cirugías complicadas". Descubren que Milk tiene una colección de libros de ciencia ficción que ocupa toda una estantería. Descubren que Tofu, cuando se siente cómodo, ronronea tan fuerte que se escucha desde el otro lado de la habitación.

Love coloca sus tazas de colores en el estante. Milk dobla una caja vacía y la aplana para reciclarla. Es una coreografía simple, natural, como si hubieran estado haciendo esto juntas durante años.

─ Sabes ─dice Love en un momento─, Film siempre habla de ti. Dice que eres la persona más leal que conoce. Que siempre estás ahí para ella. Que no importa lo que pase, tú siempre respondes sus mensajes a las tres de la mañana.

─ No siempre ─admite Milk─. A veces finjo estar dormida.

─ ¡Eres terrible!

─ Lo sé. Pero ella también finge estar dormida cuando yo la llamo.

─ Las dos son terribles.

─ Somos terribles juntas.

Love suelta una risa que resuena en el departamento vacío. Es una risa tan pura, tan genuina, que Milk siente que algo en su pecho se afloja. Algo que estaba tenso desde hacía años.

─ ¿Sabes qué? ─dice Love, recuperando el aliento─. Me alegra mucho que te hayas mudado a este edificio. No, espera. Que yo me haya mudado a este edificio. Que estés aquí. Que todo esto haya pasado.

─ ¿Todo qué?

─ Todo. Tofu estornudando. La clínica. El café. Las cajas. Tú en mi pasillo a las seis de la mañana. Todo.

Milk no sabe qué decir. No sabe cómo expresar lo que siente, porque ni siquiera ella misma lo entiende del todo. Solo sabe que Love está a su lado, en su departamento, sonriendo como si Milk fuera la mejor cosa que le ha pasado en mucho tiempo, y eso la hace sentir cálida. Cálida y aterrorizada al mismo tiempo.

─ Love ─dice, y su voz suena más firme de lo que esperaba─. Gracias.

─ ¿Gracias por qué?

─ Por ser así. Por no juzgarme cuando no sé qué decir. Por invitarme a café. Por tratar bien a Tofu. Por ser... tú.

Love la mira. Por un momento, algo se mueve detrás de sus ojos. Algo que Milk no sabe identificar.

─ ¿Puedo hacerte una pregunta, Milk?

─ Sí.

─ ¿Has besado a alguien antes?

La pregunta cae en el silencio como una bomba de agua helada. Milk parpadea, incapaz de procesar lo que acaba de oír.

─ ¿Qué?

─ Perdón, eso fue demasiado directo. Es que... no sé, te veo y me pregunto. No tienes que responder. Es una pregunta personal. Olvídalo.

─ No, no, está bien. Solo... ¿por qué preguntas eso?

Love se encoge de hombros. Sus mejillas se han vuelto ligeramente rosadas.

─ Porque las personas que son tímidas a veces no han tenido muchas experiencias románticas. O al menos, eso creo yo. Y quería saber si... ─hace una pausa─. No sé. Olvídalo. Fui demasiado lejos.

─ He besado a alguien ─dice Milk. Su voz es un susurro.─ Una vez. En la universidad. Un chico que ni siquiera recuerdo. Fue... incómodo.

─ ¿Y no has besado a nadie desde entonces?

─ No.

─ ¿No has querido?

Milk piensa en la pregunta. Piensa en todos los años de aislamiento, de evitar el contacto físico, de construir una fortaleza a su alrededor para que nadie pudiera entrar. Piensa en todas las veces que deseó tener el valor para decirle a alguien "me gustas", pero su voz no le respondía. Piensa en todas las noches en las que se preguntó si alguna vez encontraría a alguien con quien sentirse segura.

─ Nunca había encontrado a alguien con quien quisiera hacerlo ─dice finalmente.

Love la mira. Y en sus ojos hay algo que Milk no ha visto antes en nadie. Algo que la hace sentir desnuda y protegida al mismo tiempo.

─ ¿Y ahora? ─pregunta Love, en voz baja.

Milk siente el corazón latirle en la garganta. Sabe que Love está haciendo una pregunta que no quiere responder, pero que tampoco puede evitar.

─ Ahora no sé ─susurra─. Creo que... tal vez... ahora sí.

Love sonríe. Es una sonrisa tan suave, tan íntima, que Milk siente que el mundo se reduce a las dos. Solo a las dos. A Love y a ella.

─ Eso es un buen comienzo ─dice Love.

No se besan. No se abrazan. Pero algo ha cambiado en el aire entre ellas. Algo que ninguna de las dos sabe cómo nombrar, pero que ambas pueden sentir.

Tofu, desde el sofá, maúlla suavemente. Como si estuviera diciendo "por fin".

Milk y Love se miran. Y saben que nada va a volver a ser igual.

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