02
El departamento de Milk Pansa en el quinto piso del edificio "Residencias Flora" lleva exactamente un año siendo su refugio. Un año de rutinas perfectamente calibradas, de silencios reconfortantes, de saber exactamente dónde está cada cosa y cuándo va a ocurrir cada evento. Un año de vivir con Tofu, su gato naranja de tres años que pesa más de lo que debería y que ahora mismo está tumbado panza arriba en medio de la sala, con las cuatro patas apuntando al techo, roncando suavemente.
Milk lo mira desde el sofá, donde está trabajando en su computadora portátil con una taza de té verde humeando a su lado. El gato parece una alfombra peluda y naranja. Una alfombra que respira. Una alfombra que, según la veterinaria más bonita que Milk haya visto jamás, está perfectamente sana.
Han pasado ocho días desde la visita a "Patas y Sonrisas". Ocho días desde que Love le dijo "me gustaría volver a verte". Ocho días durante los cuales Milk ha leído el mensaje de texto de Love exactamente sesenta y tres veces.
El mensaje sigue ahí, en su teléfono, como una prueba irrefutable de que no fue un sueño: "Hola Milk, soy Love, la veterinaria de Patas y Sonrisas. Este es mi número por si Tofu tiene algún síntoma extraño (o si estornuda otras tres veces jajaja). Cuídense mucho. Fue un placer conocerte. 🐱"
Milk ha pensado en responder. Lo ha pensado mucho. Ha escrito y borrado mensajes al menos una docena de veces. "Hola Love, gracias por revisar a Tofu". Demasiado formal. "Oye Love, Tofu sigue sin estornudar". Demasiado extraño. "Me gustó conocerte también". Demasiado sincero. Demasiado. Todo es demasiado. Así que no ha respondido nada. Ha dejado el mensaje ahí, flotando en el vacío digital, como una promesa que ninguna de las dos se ha atrevido a concretar.
Hoy es sábado. Los sábados son los días favoritos de Milk porque no tiene reuniones, no tiene correos urgentes, no tiene que fingir una normalidad que no siente frente a sus compañeros de trabajo en las videollamadas. Los sábados puede quedarse en pijama todo el día, comer directamente de la nevera si le da pereza calentar la comida, y ver series hasta que sus ojos le pidan clemencia.
Tofu también ama los sábados porque los sábados Milk le da atún de lata como premio por "haber sobrevivido otra semana". No hay lógica en esto, pero Tofu no la cuestiona.
Son las once de la mañana cuando Milk escucha el primer ruido.
Es un ruido sordo, como algo pesado siendo arrastrado por el pasillo. Luego otro. Luego voces. Varias voces, algunas masculinas y graves, otras más agudas. Milk frunce el ceño y mira hacia la puerta de su departamento como si pudiera ver a través de ella.
─ ¿Qué es eso? ─le pregunta a Tofu, aunque Tofu no responde porque sigue durmiendo panza arriba.
Milk se acerca a la puerta con pasos sigilosos, como si fuera una espía en territorio enemigo. Apoya la oreja contra la madera fría y escucha. Hay risas. Hay instrucciones: "más a la izquierda", "cuidado con esa caja", "no, ahí no, en la habitación del fondo". Son voces de hombres, probablemente mudanceros, y una voz femenina que Milk no alcanza a distinguir bien.
Alguien se está mudando al departamento de enfrente.
El departamento 5D ha estado vacío desde que Milk llegó hace un año. Lo sabe porque ha pasado frente a esa puerta cientos de veces y nunca ha visto una luz encendida, nunca ha escuchado un ruido, nunca ha olido comida cocinándose. El 5D ha sido un agujero negro en su mapa mental, una incógnita, un espacio vacío que Milk había aprendido a ignorar.
Pero ahora ya no está vacío.
Milk mira por la mirilla. La mirilla tiene un ángulo limitado, pero alcanza a ver el pasillo y parte de la puerta de enfrente. Hay dos hombres con uniforme azul cargando un sofá enorme, del tipo que parece imposible de meter por una puerta. Detrás de ellos, una silueta femenina da indicaciones con los brazos.
Milk no puede ver el rostro. Solo ve el cabello largo, oscuro, cayendo sobre una camiseta blanca. Ve unos jeans ajustados. Ve unas zapatillas de deporte de color rosa pastel.
Zapatillas rosa pastel.
Milk ha visto esas zapatillas antes. Las vio hace ocho días, en la clínica veterinaria, cuando una mujer de sonrisa infinita y hoyuelos perfectos caminaba hacia ella con la confianza de quien sabe exactamente quién es y qué quiere.
─ No puede ser ─susurra Milk.
─ ¿Puede ser qué? ─pregunta una voz detrás de ella.
Milk da un salto tan violento que casi se cae. Gira y se encuentra con Tofu, que se ha despertado y ahora la mira con sus ojos amarillos, las orejas ligeramente inclinadas en señal de "estás siendo rara, incluso para ti".
─ Tofu, no me asustes así.
Tofu parpadea lentamente. Es su única respuesta.
Milk vuelve a mirar por la mirilla. La silueta femenina ha desaparecido. Los mudanceros están entrando con otra caja. El pasillo se vacía por un momento y Milk puede ver el número en la puerta de enfrente: 5D.
─ No puede ser ─repite.
Pero no lo dice con miedo. Lo dice con algo que se parece sospechosamente a la esperanza.
Las horas pasan. El ruido de la mudanza continúa, intermitente, como una sinfonía desafinada de golpes, arrastres y voces. Milk intenta trabajar, pero su concentración está por los suelos. Cada vez que escucha un ruido en el pasillo, su cabeza se gira automáticamente hacia la puerta. Cada vez que alguien habla, agudiza el oído para intentar distinguir si esa voz femenina es quien ella cree que es.
─ Esto es patético ─se dice a sí misma─. Es una vecina nueva. Podría ser cualquier persona. Podría ser una señora mayor con diez gatos. Podría ser un estudiante universitario ruidoso. Podría ser un hombre con un perro que ladra todo el día. Las probabilidades de que sea Love son mínimas. Las probabilidades de que sea Love son ridículamente bajas. Así que deja de pensar en Love. Love no va a mudarse a tu edificio. Love va a seguir siendo una veterinaria bonita que conociste una vez y a la que nunca más vas a ver porque eres incapaz de responder un mensaje de texto.
Eso es lo que Milk se dice.
Pero no se lo cree.
Porque en el fondo, en algún lugar profundo de su pecho, hay una vocecita que susurra: "¿Y si sí? ¿Y si es ella? ¿Y si el destino existe?"
Milk ignora a esa vocecita. La vocecita es tonta. La vocecita le ha causado problemas antes, como aquella vez que la convenció de que podía aprender a tocar la guitarra viendo tutoriales en YouTube (no pudo) o aquella otra vez que la convenció de que el chico del supermercado le sonreía porque le gustaba (le sonreía a todo el mundo, era su trabajo).
La vocecita no es confiable.
A las seis de la tarde, el ruido cesa. El pasillo queda en silencio. Milk exhala, no sabe si con alivio o con decepción. Ha pasado todo el día con el corazón en un puño, y ahora que la mudanza ha terminado, debería sentirse tranquila. Debería volver a su rutina. Debería cenar, ver un capítulo de su serie, y dormir.
Eso es lo que debería hacer.
En lugar de eso, espera hasta que el sol se ha puesto por completo y las luces del pasillo se encienden con su resplandor amarillento. Luego se acerca a la puerta, abre un par de centímetros, y asoma la cabeza con la cautela de un animal asustado.
El pasillo está vacío.
Pero la puerta del 5D está cerrada. Y por debajo de esa puerta, se filtra una línea de luz cálida. Alguien está dentro. Alguien está en casa.
Milk cierra la puerta suavemente, sin hacer ruido. Apoya la espalda contra la madera y cierra los ojos. Su corazón late tan rápido que puede sentir los latidos en las muñecas, en las sienes, en la garganta.
─ Soy una idiota ─susurra─. Una idiota que está espiando a su nueva vecina como si fuera una acosadora.
Tofu, que se ha acercado a la puerta, la mira con una expresión que claramente dice "sí, lo eres".
─ Cállate.
Tofu maúlla. No se calla.
Milk decide que lo mejor que puede hacer es distraerse. Cocinar. Cocinar es una buena distracción. Cocinar requiere concentración, precisión, seguir instrucciones. Es básicamente como trabajar, pero con comida al final. Milk abre la nevera, saca los ingredientes para una pasta simple —tomates cherry, albahaca, ajo, aceite de oliva— y se pone a picar con un cuchillo que sostiene con más firmeza de la necesaria.
Los tomates cherry son pequeños y redondos. Hay que cortarlos por la mitad. Milk los corta con una precisión quirúrgica, uno por uno, contando en silencio para mantener su mente ocupada. Uno, dos, tres, cuatro... Diecisiete, dieciocho, diecinueve...
Cuando termina de picar todo, la pasta está casi lista. El agua hierve en la olla, burbujeante y ruidosa. Milk echa la pasta, remueve, pone un poco de sal. El ritual de la cocina la calma, como siempre. Hay algo en seguir pasos, en crear orden a partir del caos de los ingredientes, que le recuerda que tiene control sobre al menos una parte de su vida.
Son las ocho de la noche cuando Milk termina de cenar. La pasta estaba buena, aunque un poco demasiado salada porque no midió bien la cantidad. Tofu ha recibido su ración de atún y ahora está lavándose la cara con una pata, sentado en medio de la sala con la dignidad de un rey que acaba de ser servido.
Milk está lavando los platos cuando escucha un sonido en el pasillo.
No es un golpe. No es un arrastre. Es un maullido.
Un maullido que no viene de Tofu.
Milk cierra el grifo. Se queda inmóvil, con las manos aún mojadas, escuchando. El pasillo está en silencio nuevamente. Pero no, no del todo. Hay un ruido muy leve, como algo rozando la madera.
─ ¿Tofu? ─dice Milk, mirando hacia el gato.
Tofu está a tres metros de distancia, todavía lavándose la cara. No ha maullado.
El maullido se repite. Es más claro esta vez. Viene de la puerta. Viene de AFUERA de la puerta.
Milk se seca las manos en el delantal, se acerca a la puerta, y mira por la mirilla.
Su corazón deja de latir.
Love está en el pasillo.
No, no puede ser. Es una alucinación. Es un espejismo provocado por el cansancio y la obsesión. Love no puede estar en el pasillo de su edificio, a solo un metro de su puerta, vestida con un hoodie gris y pantalones cortos, con el cabello suelto sobre los hombros, cargando... ¿una caja de pizza?
Love está cargando una caja de pizza.
Y está arrodillada en el suelo, acariciando algo.
Milk enfoca mejor. Hay un gato en el pasillo. Un gato naranja, grande, de pelaje brillante. Un gato que se parece peligrosamente a Tofu, pero que no es Tofu porque Tofu está dentro de su departamento, lavándose la cara con la indiferencia que lo caracteriza.
Es otro gato naranja.
El gato está recostado contra la puerta de Love, panza arriba, mientras Love lo acaricia con la suavidad de quien ha acariciado miles de animales antes. El gato ronronea tan fuerte que Milk puede escucharlo a través de la puerta.
─ Eres un amor ─dice Love, con esa voz cálida y dulce que Milk recuerda perfectamente─. ¿De dónde has salido, precioso? ¿Tienes dueño? ¿O eres un vagabundo guapo?
El gato maúlla como respuesta.
Love se ríe. Esa risa suave, musical, que Milk ha escuchado en sus sueños al menos tres veces esta semana.
─ No me sirve de mucho que me maúlles, no te entiendo. Pero me imagino que tienes hambre. ¿Quieres un poco de pizza? No sé si los gatos pueden comer pizza, pero... bueno, a quién engaño, los gatos pueden comer cualquier cosa si están lo suficientemente hambrientos.
Milk observa todo esto desde la mirilla, conteniendo la respiración, como si Love pudiera sentir su mirada a través de la madera y el metal. Sabe que debería abrir la puerta. Sabe que debería salir, decir "hola", reconocer que Love es su nueva vecina. Es lo normal. Es lo que haría cualquier persona normal.
Pero Milk no es normal. Milk es alguien que tarda diez minutos en prepararse mentalmente para hacer una llamada telefónica. Milk es alguien que cruza la calle para no tener que saludar a un conocido. Milk es alguien que, en este momento, está espiando a su vecina a través de la mirilla como una acosadora.
─ Esto es patético ─murmura para sí misma.
Tofu se acerca a la puerta. Huele la rendija inferior. Sus orejas se mueven. Sabe que hay otro gato al otro lado. Sabe que hay Love. Y Tofu, que ha conocido a Love solo una vez, que ha pasado solo quince minutos en su presencia, empieza a maullar.
No es un maullido cualquiera. Es un maullido insistente, casi desesperado, el maullido de un gato que sabe exactamente quién está al otro lado de la puerta y quiere que entre.
─ Tofu, cállate ─le ordena Milk en un susurro.
Tofu no se calla. Tofu maúlla más fuerte.
Y al otro lado de la puerta, Love deja de acariciar al gato naranja y levanta la cabeza.
─ ¿Ese es un gato? ─dice Love, como si hablara sola─. ¿Hay un gato en el departamento de enfrente?
Milk quiere morir. Quiere que el suelo se abra y la trague. Quiere ser transportada a otra dimensión donde los gatos no traicionan a sus dueños de esta manera.
Love se levanta del suelo con un movimiento grácil, la caja de pizza en una mano, y se acerca a la puerta de Milk. Milk ve cómo su silueta se hace más grande en la mirilla, cómo sus rasgos se vuelven distinguibles: los ojos grandes y brillantes, los labios que esbozan una sonrisa, los hoyuelos que aparecen cuando sonríe.
Love toca la puerta.
Toc, toc, toc.
Tres golpecitos suaves, casi tímidos, como si Love no quisiera molestar pero tampoco pudiera evitar la curiosidad.
El corazón de Milk late tan fuerte que cree que Love debe escucharlo desde el otro lado.
─ ¿Hola? ─dice Love─. ¿Hay alguien? Es que escuché un gato y yo soy veterinaria, así que no puedo ignorar un maullido. Es como una maldición profesional. Si no atiendo a un gato que maúlla, me salen canas. ¿Puede abrir?
Milk se queda congelada. No puede mover los pies. No puede mover las manos. No puede hacer nada excepto mirar fijamente la puerta y preguntarse por qué el universo la odia tanto.
─ ¿Señora? ¿Señor? ¿Dueño del gato? ─insiste Love.
Tofu maúlla otra vez. Esta vez es un maullido de impaciencia, como si estuviera diciendo "abre la puta puerta, humano inútil".
Milk cierra los ojos. Respira hondo. Una vez. Dos veces. Tres veces.
Luego, con las manos temblando, gira el picaporte y abre la puerta.
Love está allí.
Está allí, a menos de medio metro de distancia, con el cabello oscuro cayendo en ondas sobre sus hombros, con los ojos marrones abiertos de par en par, con la caja de pizza en una mano y la otra mano todavía manchada de pelos de gato naranja.
Love la mira.
Milk la mira.
El tiempo se detiene. Literalmente. Milk jura que el tiempo se detiene y que el universo entero contiene la respiración mientras Love procesa lo que está viendo.
─ ¿Milk? ─dice Love, y su voz es un susurro de incredulidad.
─ ¿Love? ─responde Milk. Su voz es un graznido de pollo moribundo.
─ ¿Tú vives aquí?
─ ¿Tú vives aquí?
─ Yo pregunto primero.
─ Yo también.
Se quedan mirándose fijamente durante lo que parece una eternidad. Los ojos de Love recorren el rostro de Milk como si estuviera buscando algo, alguna señal, alguna pista de que esto no es un sueño. Los ojos de Milk, por su parte, están fijos en los hoyuelos de Love, en esa sonrisa que se está formando lentamente, como el amanecer después de una noche larga.
Love es la primera en reaccionar.
Su cara se transforma. La sorpresa da paso al reconocimiento, y el reconocimiento da paso a una alegría tan pura y tan brillante que Milk siente que necesita gafas de sol. Love sonríe con todos los dientes, con los ojos, con el alma. Sus hoyuelos se hunden profundamente en sus mejillas.
─ ¡NO PUEDE SER! ─grita Love.
Milk se encoge. Love es muy ruidosa. Love es extremadamente ruidosa. Y Milk vive en un edificio donde el sonido viaja más rápido que la luz.
─ ¿Me mudé al departamento de enfrente a ti? ¿Tú? ¿Milk? ¿La del gato naranja que estornudó tres veces? ─Love está tan emocionada que la caja de pizza se tambalea en su mano.
─ Sí... eso parece... ─murmura Milk.
─ ¡ESTO ES EL DESTINO! ¡TIENE QUE SER EL DESTINO! ─Love da un pequeño salto en el lugar, como una niña que acaba de recibir el regalo que más quería─. ¿Tú crees en el destino, Milk? Porque yo antes no creía, pero ahora... ahora empiezo a creer. ¿Cómo explicas esto? ¿Cómo explicas que nos conozcamos hace una semana y ahora seamos vecinas?
Milk no puede explicarlo. Milk no puede explicar nada porque su cerebro se ha quedado en blanco. Solo puede mirar a Love, que está allí, en su pasillo, con su hoodie gris y sus zapatillas rosa pastel y su sonrisa infinita, y pensar que tal vez, tal vez, el universo no es tan cruel como ella creía.
─ Vine a desempacar ─dice Love, como si eso explicara algo─. Me mudé hoy. Todo el día con cajas. Estoy agotada. Por eso pedí pizza. Y salí al pasillo a esperarla porque el repartidor no encontraba el edificio y entonces apareció este gato... ─señala al gato naranja que sigue recostado contra su puerta─ y me distraje y luego escuché a Tofu maullar y... bueno... aquí estoy.
─ Aquí estás ─repite Milk, como un eco.
─ ¿Y Tofu? ¿Está bien?
─ Sí. Está bien. Sigue sano. No ha estornudado más.
─ Me alegra. Me alegra mucho.
El silencio vuelve a instalarse entre ellas. Pero no es incómodo. Al menos, Milk no lo siente incómodo. Es un silencio lleno de posibilidades, de preguntas que ninguna de las dos sabe cómo formular.
─ ¿Tú vives sola? ─pregunta Love.
─ Sí. Con Tofu.
─ ¿Y tu familia?
─ En otra ciudad.
─ ¿Y amigos?
─ Tengo una amiga. Se llama Film. Vive en este edificio también. En el segundo piso.
Love abre los ojos más de lo que ya los tenía abiertos. Su boca se abre ligeramente. Hay algo en su expresión que Milk no sabe interpretar, una mezcla de sorpresa y de... ¿reconocimiento?
─ ¿Film? ─repite Love, como si estuviera probando la palabra─. ¿Film... cómo? ¿Film de apellido?
─ Film... no sé su apellido. Siempre le digo solo Film. Es mi mejor amiga desde la universidad.
─ ¿Es una chica? ¿Como de nuestra edad? ¿Cabello largo, risa muy escandalosa, siempre está comiendo algo?
─ Sí... ¿la conoces?
Love suelta una risa. No es la risa suave y musical de antes. Es una risa de incredulidad, de "no me lo puedo creer", de "el universo está jugando conmigo".
─ ¿Si la conozco? ─dice Love, secándose una lágrima imaginaria─. ES MI PRIMA.
─ ¿QUÉ? ─Milk siente que el suelo se mueve bajo sus pies.
─ Film es mi prima. Prima hermana. Hija de la hermana de mi madre. Nos criamos juntas casi. Ella es la que siempre me manda memes de perros a las tres de la mañana. La que una vez se tiñó el cabello de verde y su mamá casi le da un infarto. ESA Film. ¿ESA Film es tu mejor amiga?
Milk no puede hablar. Solo asiente con la cabeza, con la mirada perdida, con la mente tratando de procesar esta información imposible.
─ O sea... ─dice Love, lentamente, como si estuviera resolviendo un problema matemático complejo─. Tú eres Milk. Milk es la mejor amiga de Film. Film es mi prima. Y tú eres mi vecina. Y antes fuiste mi paciente. Y tu gato se llama Tofu y estornudó tres veces.
─ Eso es.
─ Y estamos aquí. En el pasillo. Hablando de esto.
─ Sí.
─ El mundo es muy pequeño, Milk.
─ Muy pequeño.
Love se queda mirándola durante unos segundos. Luego, su sonrisa se vuelve más suave, más íntima, como una caricia.
─ Me alegra mucho que seamos vecinas ─dice Love, y esta vez no hay euforia en su voz, solo una calidez sincera─. Me alegra mucho que estés ahí, al otro lado de esa puerta.
Milk siente algo en el pecho. Algo cálido. Algo que no sabe cómo llamar. Algo que tal vez, tal vez, es la respuesta a una pregunta que nunca se ha atrevido a hacerse.
─ También me alegra ─dice Milk, y esta vez su voz no tiembla tanto.
Tofu se acerca a la puerta, huele a Love a través del umbral, y maúlla. No es un maullido de queja ni de hambre. Es un maullido suave, casi un ronroneo con vocalización. Es el maullido de un gato que reconoce a alguien especial.
Love se agacha a la altura de Tofu, aunque él sigue dentro del departamento, y le habla como si pudiera entenderla.
─ Hola, gordo hermoso. ¿Te acuerdas de mí? Soy la veterinaria que te revisó la nariz. Me dijeron que estás sano. ¿Puedes creer que tu mamá pensó que tenías cáncer? Qué tonta, ¿no?
─ Te escucho ─dice Milk, ofendida.
─ ¡Era un cumplido! Es que te preocupas mucho por él. Me parece... lindo. Es lindo que te preocupes tanto.
Milk no sabe si Love se refiere a Tofu o a ella. Decide no preguntar.
─ Bueno, me tengo que ir ─dice Love, incorporándose─. La pizza se va a enfriar y el gato de la puerta se va a comer mi porción si no la guardo.
Mira hacia el gato naranja que sigue recostado contra su puerta. El gato parpadea lentamente, como diciendo "sí, sí, vete, el pasillo es mío ahora".
─ ¿Ese no es tuyo? ─pregunta Milk.
─ No. Apareció hoy. Será un vecino de otro piso. O un callejero. Pero está muy gordo para ser callejero.
─ Como Tofu.
─ Como Tofu. Los gatos naranjas son todos iguales. Gordos y con un solo cerebro compartido.
Love se ríe de su propio chiste. Milk sonríe. Es una sonrisa pequeña, casi invisible, pero está ahí.
─ ¿Vas a estar ahí? ─pregunta Love antes de irse.
─ ¿Dónde?
─ En tu departamento. En tu vida. Si necesito algo... ¿puedo tocar tu puerta?
Milk piensa en la pregunta. Piensa en los años de aislamiento, de evitar vecinos, de no querer molestar ni ser molestada. Piensa en cómo ha construido una vida entera alrededor de la evitación, y cómo ahora, de repente, alguien le está ofreciendo una alternativa.
─ Sí ─dice Milk─. Puedes tocar.
Love sonríe. Esa sonrisa que ilumina todo su rostro, que hace que sus ojos brillen y sus hoyuelos se hundan en sus mejillas.
─ Buenas noches, vecina.
─ Buenas noches, Love.
Love se gira y camina hacia su puerta. Antes de entrar, se vuelve una última vez.
─ Dile a Tofu que lo quiero.
─ Se lo diré.
Love entra en su departamento. La puerta se cierra con un clic suave.
Milk se queda parada en el umbral, mirando la puerta cerrada del 5D, con Tofu a sus pies, con el corazón latiéndole en la garganta, con una sonrisa que no puede contener.
─ ¿Escuchaste? ─le dice a Tofu─. Te quiere.
Tofu la mira. Sus ojos amarillos dicen: "a mí me quiere. A ti no te ha dicho nada".
─ Cállate.
Cierra la puerta. Apoya la espalda contra ella. Cierra los ojos.
Love es su vecina. Love es la prima de Film. Love está a solo unos metros de distancia, al otro lado del pasillo, desempacando cajas y comiendo pizza y probablemente acariciando a ese gato naranja que apareció de la nada.
El mundo es muy pequeño, piensa Milk. Muy, muy pequeño.
Más tarde, después de poner a Tofu en su cama (la cama de Tofu, que está al pie de la suya, aunque el gato siempre termina durmiendo en su almohada), Milk toma su celular. Hay tres mensajes. Uno es de Film, con un meme de un perro disfrazado de patata. Los otros dos son de Love.
El primero: "Ya se me enfrió la pizza. Culpa tuya. Pero valió la pena. 🍕"
El segundo: "En serio, Milk. Me alegra mucho que estés ahí. No sé por qué, pero me da la sensación de que vamos a ser muy buenas amigas. O algo más. No sé. Bueno, no leas la última parte. Borra eso de tu memoria. Solo lee hasta 'amigas'. Buenas noches. 🐱🧡"
Milk lee los mensajes cinco veces. Luego abre el archivo "Love.docx" y escribe:
"Love es mi vecina. Love es la prima de Film. Love me dijo 'me alegra mucho que estés ahí' y mi corazón hizo algo raro. Love dijo 'o algo más' y luego me pidió que lo borrara. No lo voy a borrar. No puedo borrarlo. Creo que no quiero borrarlo."
Guarda el archivo. Apaga el teléfono. Mira a Tofu, que ya está roncando sobre su almohada.
─ ¿O algo más? ─susurra─. ¿Qué quiso decir con 'o algo más'?
Tofu no responde. Tofu ronca.
Y en el departamento de enfrente, Love está acostada sobre un colchón en el suelo (porque aún no ha desempacado las sábanas), mirando el techo, con una sonrisa que no se le borra de la cara.
─ Prima ─murmura, enviando un mensaje de texto a Film─. ¿Por qué no me dijiste que tu mejor amiga es la chica más linda del universo?
Film responde al instante: "PORQUE QUERÍA QUE FUERA UNA SORPRESA. ¿YA LA VISTE? ¿LE GUSTASTE? ¿SE SONROJÓ? ¿SE TOCÓ EL PELO? ¿SE RÍO DE TUS CHISTES?"
Love sonríe y escribe: "Todo eso. Y más."
Film: "ESTE ES EL MEJOR DÍA DE MI VIDA."
Love apaga el teléfono. Cierra los ojos. Todavía puede ver la imagen de Milk en el umbral, con su pijama de ositos, con el cabello desordenado, con esa expresión de timidez y vulnerabilidad que la hizo sentir algo que no sabe cómo nombrar.
Algo que tal vez, tal vez, sea el principio de todo.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen3h.Co