1
El rastro que seguía no era solo suyo, sino de una verdad más antigua que la luna llena que lo iluminaba en sus noches de desaparición
Siempre he pensado que la familia Kent es rara. No me refiero a la clase de "raro" que es incómodo o torpe, sino a algo más profundo, más misterioso.
Como cuando ves un personaje en las películas de terror y dices ¡Joder que pintas tienes este! O un ¡Joder este tiene que ser el asesino!
Pues ellos igual.
Hace un año que se mudaron a una cabaña en medio del bosque, justo cuando empecé a trabajar de camarero en el único restaurante decente del pueblo.
Algunas personas murmuraban sobre ellos.
Yo tambien...pero con Damián, mi hermano pequeño.
¿Quién en su sano juicio se mudaría a una cabaña en mitad del bosque, con solo un camino de tierra largo y solitario para llegar? decían.
Y yo me preguntaba lo mismo.
Es decir...
¡Es aterrador!
Los bosques de Canadá pueden ser preciosos, pero también aterradores. Más si escuchas algún oso.
Ahora mismo estoy viendo la cabaña desde el otro lado del lago. La madera oscura y algo vieja que la conforma contrasta con la calma y la frialdad del agua que la rodea, mientras las luces cálidas en su interior parecen prometer un refugio seguro, una promesa de calor que casi puedo sentir desde aquí.
Los árboles que rodean la cabaña son altos, imponentes, como guardianes que han estado ahí durante siglos, protegiéndola de intrusos, del paso del tiempo. Pero desde aquí, a la distancia, todo parece tan frágil, como si ese brillo cálido pudiera apagarse en cualquier momento, dejándome solo con el frío que comienza a colarse bajo mi piel.
-¿Que haces aquí?-Doy un brinco girándome rápidamente me encuentro con Conner.
Mi corazón casi se queda en pause.
Esta cerca...
Quizás a unos 8 pasos.
Es más alto de lo que imaginaba, y eso me hace sentir pequeño de repente, como si la distancia que nos separa no fuera solo física. Su cabello ondulado cae ligeramente sobre su frente y un poco de los lados, ya que está un poco rapado.
Mi mirada se detiene un segundo en sus ojos. Son de un azul intenso, de esos que pueden atravesarte sin esfuerzo, y noto cómo me examina también.
Su piel es clara, pero sin llegar a parecer frágil; más bien, tiene un tono saludable, como alguien que ha pasado tiempo al aire libre. Viste una sudadera cómoda y unos pantalones negros deportivos, sus deportivas son negras y están algo desgastadas, pero parece que no le importa.
Mis ojos suben de nuevo hasta su rostro, y por un momento, me pregunto si él puede escuchar lo rápido que late mi corazón o ver lo mucho que estoy intentando mantenerme calmado.
Joder....
Que exagerado soy.
-Yo...Bueno, suelo pasear a veces por el bosque.
-Ah...
-Bueno...Voy a seguir con mi paseo.
-Vale, adiós
-Adios.
Y rápidamente vuelvo hacia mí casa a encerrarme en mi cuarto y por supuesto que le cuento a Damián lo que me acaba de pasar.
El se ríe de mí por ser pillado.
Según parece, la cabaña era propiedad del abuelo de los Kent, lo que, en teoría, explicaba algo.
Y yo no me atrevo a pisar más el bosque.
Investigué un poco.
Conner tiene mi misma edad que yo 22, aunque yo nací unos meses antes. Su hermano, Jon, tiene la misma edad que mi hermano, Damian. Ambos tienen 17 años.
Según Damian, Jon es un chaval "algo raro". Sí, comparten clases. Pero que más que nada es tímido.
Damián me cuenta hace que dos semanas, se estaba peleando con Ronnie, el tonto de clases, y partió un bate que tenía en una de sus manos.
Wo...
Conner, al poco de llegar se hace muy buena fama entre las chicas y esa fama la sigue manteniendo
Hoy estoy tomando mi descanso en la terraza del bar. Por fin el sol ha salido después de dos días grises, de lluvia y nubes interminables. El calor en la piel es una bendición. Entonces los veo.
Conner está con Yaima.
Los observo desde mi mesa, disimuladamente, pero suficiente para entenderlo todo en cuestión de segundos.
Están en una cita, y no me cabe duda de que terminará en cama.
La forma en que él se inclina hacia ella, cómo ella se ríe, incluso los silencios entre ellos tienen ese aire cargado de intención.
Y ahí estoy yo, a metros de distancia, con un zumo a medio terminar y mi teléfono en la mano, viendo cómo todo se desenvuelve como una película en la que no fui invitado a actuar.
Ni quiero actuar.
Paso de tríos.
Pero entonces, ocurre.
Que vergüenza joder...
Nuestras miradas se encuentran por un segundo, fugaz y eléctrico. Como si una silla se hubiese movido de golpe, haciéndome saltar. Mi cuerpo reacciona antes que mi mente, aparto la vista rápidamente y mis ojos regresan a la pantalla de mi teléfono, aunque no estoy realmente mirando nada. Solo intentando calmar el nudo que se ha formado en mi estómago, como si esa conexión, tan breve, hubiera desencadenado algo que prefiero no reconocer.
Joder, que nervios más tontos...
A veces me pregunto si Conner está al tanto de que yo desconfío de el, que él sabe que yo sé que oculta algo.
Y lo peor es que creo que él disfruta con esa sensación, como si fuera un juego al que solo él sabe las reglas.
¿Que esconden?
¡Porque sé que ocultan algo!
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen3h.Co