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Monster [ConnerxTim]

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No soy un acosador.

Lo juro.

Pero es que la vida me empuja a ser curioso, y más cuando yo simplemente había salido a correr un rato esta mañana temprano y me encuentro con Conner saltando la valla de la antigua casa donde antes vivía un señor que murió cuando yo era un niño.

Ni me acuerdo de su nombre.

Me debato mentalmente unos segundos mientras camino lentamente hacia la valla y el lugar por donde él ha saltado. Algo dentro de mí me dice que me pire, que esto no es asunto mío, que lo deje en paz y siga corriendo como si nada. Pero hay otra parte, la parte curiosa, que me ruega que entre, que averigüe qué demonios está haciendo Conner aquí tan temprano. Esa curiosidad es la que siempre me ha metido en problemas, y no es sorpresa que al final le haga caso.

Así que lo hago.

Salto la valla, con todo el silencio posible. Y aterrizó sin hacer mucho ruido, me tomo un momento para escanear el lugar. La casa es de piedra gris que ha estado abandonada por años. Nadie se ha atrevido a entrar desde que el viejo dueño falleció. Las ventanas están cubiertas de polvo, las persianas desvencijadas, y la puerta principal apenas se sostiene sobre sus bisagras oxidadas. No debería haber nada interesante aquí...pero Conner está adentro.

¿Por qué?

¿Por qué?

Me pregunto una y otra vez.

Me pegué al muro, intentando hacerme lo más pequeño posible. Mi corazón latía con tanta fuerza que lo escuchaba en mis oidos. Me sentía ridículo, como un crío pillado en plena travesura, pero era lo único que podía hacer en ese momento. Si me descubría ahora...

¿Que digo?

No, no eso no es una opción...

Escucho a Conner moverse por la planta baja.

¿Qué estaba haciendo aquí?

¿Qué había venido a buscar en esta casa abandonada?

Estaba claro que no era una simple casualidad.

¿Quien se volaría específicamente en esta casa?

¿Por qué el lo haría?

¿Exploración urbana a las 7:40 de la mañana?

Cuando una de las puertas se abrió con un leve chirrido, me aplasté aún más contra la pared, respirando lo menos posible.

¿Busca algo?

Por Dios que no sé aún asesino y yo como un idiota allá caído en su trampa.

Luego no escucho nada y con lentitud me asomo por una de las ventanas rotas.

Ha subido a la planta de arriba.

Y yo aprovecho para tranquizarme.

Ni sé cuántos minutos pasan hasta que sale. Veo su sombra proyectándose en el suelo mientras avanzaba con calma. Contuve el aliento. Estaba a tan solo unos pasos de mí y, si giraba un poco la cabeza, podría verme perfectamente. Pero no lo hace. En su lugar, sigue caminando hasta la valla, que vuelve a saltar con la misma agilidad que antes.

Cuando sus pasos se desvanecen en la distancia, me permito exhalar, mi cuerpo temblando ligeramente por la tensión.

Miré la puerta de la casa, que aún estaba entreabierta, y no pudo evitar sentir que algo me empujaba a entrar. Conner ya se había ido, pero ¿por qué había estado aquí? Tenía que saberlo. Mi curiosidad era más fuerte que mi sentido común. Sin pensarlo dos veces, crucé el umbral.

El interior de la casa era aún más tétrico de lo que imaginaba. El aire estaba viciado, húmedo, y había una capa de polvo cubriendo todo. Los muebles, lo poco que quedaba de ellos, estaban podridos o rotos, esparcidos por el suelo como si un tornado hubiera pasado por allí. No había señales de vida. Caminé despacio por el pasillo, inspeccionando cada rincón, pero no había nada interesante a simple vista.

¿Qué demonios buscaba Conner aquí?

Decidí subir las escaleras. Mis pasos resonaban en el silencio, cada crujido de la madera parecía un trueno en medio del vacío. Me movía despacio, casi con miedo, sintiendo cómo la casa parecía observarme, como si las paredes mismas supieran que no debía estar allí.

¡Pues vámonos! Dijo mí lado coherente y que buscaba la supervivencia.

¡Una mierda! Dijo mí lado sin miedo.

Cuando llegué a la planta de arriba, me encontré con varias puertas cerradas. La luz de la mañana comenzaba a filtrarse por las ventanas de una de las habitaciones de la derecha, proyectando sombras largas y tenebrosas sobre el suelo polvoriento. Parecía un cuadro sacado de una película de terror, pero algo dentro de mí me empujaba a seguir.

Abrí una de las puertas con cautela. Dentro, solo había más muebles cubiertos de polvo, viejos restos de una vida que ya no existía. No encontré nada fuera de lo común, solo desolación y un silencio que me ponía cada vez más nervioso. ¿Qué estaba buscando aquí? Y, peor aún, ¿qué había encontrado Conner? ¿Quizás escondido?


Mientras recorría la última habitación, un recuerdo me golpeó de repente. Wally me contó una vez que, cuando el viejo dueño murió, los chavales del pueblo se colaban en esta casa para hacer fiestas, beber y follar.

No encontraba nada que explicara la presencia de Conner, así que decidí salir de la casa.

Justo cuando gire para saltar por una de las esquinas de la casa me encontré de frente con Conner. Mi corazón dio un salto, y sin poder evitarlo, retrocedí bruscamente. Lo último que esperaba era toparme con él justo cuando creía que se había ido.

-¿También paseas por aquí? -soltó una risa, su tono despreocupado, como si no le sorprendiera en lo más mínimo verme aquí.

Me quedé sin palabras por un momento, mi mente aún intentando procesar lo que acababa de pasar.

-Ehh...sí-murmuré, sintiendo el calor subir a mi rostro.

-Esa respuesta no suena muy convincente-dijo Conner, con una sonrisa ladeada, claramente disfrutando del momento.

Yo apenas podía mantener la calma, mi mente corría a mil por hora, y antes de que pudiera detenerme, las palabras salieron de mi boca

-¿Y tú por qué has vuelto?-Lo interrumpí, intentando desviar la conversación antes de que comenzara a hacer preguntas que no quería responder. Sabía que había metido la pata colándome aquí, pero no iba a ser el único que tuviera que justificarse.

Conner levantó una ceja, como si mi intento de desviar la atención no hubiera pasado desapercibido para él.

-No eres muy sigiloso, ¿sabes?-Respondió con tono casual, como si no le importara lo más mínimo que yo hubiera estado siguiéndolo o espiándolo.

Me quedé paralizado un segundo. No esperaba que lo dijera tan directamente, pero claro, no había sido tan cuidadoso como creía.

Que vergüenza más grande.

-Ah-respondí, intentando sonar despreocupado, aunque por dentro todo en mí gritaba nerviosismo- Bueno... yo ya me voy-solté apresuradamente, queriendo escapar de la situación incómoda.

Me giré rápidamente y comencé a caminar hacia la valla para saltarla, con el único objetivo de salir de allí lo más rápido posible.

-¿Vas a irte así, sin más?-La voz de Conner me detuvo. No sonaba molesto, sino como si estuviera genuinamente curioso de por qué había decidido largarme tan rápido- Después de tomarte tantas molestias en seguirme, ni siquiera me das una buena excusa.

Vergüenza subiendo al 69%

Me detuve a mitad de camino, mis manos ya sobre la valla, pero incapaz de moverme. ¿De verdad me estaba siguiendo el juego? Lentamente me giré, sin saber qué responder. Todo en él parecía relajado, como si estuviera a punto de soltar un comentario sarcástico, pero en sus ojos había algo más, una chispa de interés, de expectativa.

-No te he seguido-dije, aunque sabía que no sonaba convincente ni para mí mismo-Solo... estaba por aquí, y te vi entrar...

Conner soltó una risa baja, cruzando los brazos sobre su pecho mientras se apoyaba casualmente contra la pared de la casa.

-¿Solo por aquí, eh?-Su tono estaba cargado de burla, pero de alguna manera no se sentía cruel. Era más bien como si se estuviera divirtiendo conmigo-Claro, claro... porque esta es la ruta más común para un paseo matutino, ¿verdad?

Sentí el calor subir a mi rostro.

-No es como si tuvieras un motivo mejor-me defendí-¿Qué hacías tú aquí tan temprano? Esta casa no es exactamente el lugar ideal para... lo que sea que estés haciendo.

-A veces uno necesita un poco de espacio, ¿no?-respondió con un tono casi despreocupado, pero sus ojos seguían fijos en los míos, como si estuviera evaluando cada una de mis reacciones-Y este lugar tiene su encanto, ¿no crees? Desierto, tranquilo, sin curiosos que se cuelen por ahí.

76%

-Sí, bueno, no parece que hayas venido aquí solo a buscar tranquilidad...-dije, manteniendo la mirada en la suya.

No sabía por qué, pero me sentía incapaz de apartar los ojos, como si en cualquier momento fuera a descubrir algo más. Algo que él no estaba dispuesto a revelar fácilmente.

-¿Qué crees que vine a hacer, entonces?-preguntó, inclinándose un poco hacia adelante, su sonrisa más suave pero igualmente enigmática.

-No lo sé, pero... este lugar no parece precisamente el sitio para una meditación matutina-le respondo, intentando mantener el control de la situación, aunque cada vez era más evidente que él tenía las riendas.

Conner se quedó en silencio un segundo, como si estuviera considerando mi respuesta. Luego, sin previo aviso, se enderezó y comenzó a caminar lentamente hacia mí. Mi corazón empezó a latir aún más fuerte.

-Tal vez te lo cuente algún día... si dejas de espiarme- dijo al pasar a mi lado, sus palabras cargadas con una mezcla de burla y desafío.

Lo vi saltar la valla con la misma facilidad que antes, y esta vez, no me molesté en seguirlo. Estaba claro que él controlaba el juego, y yo solo había sido un espectador accidental en su misterio.

Me quedé allí, junto a la valla, con el corazón acelerado y un montón de preguntas que no podía responder. Algo estaba pasando con Conner, y no estaba seguro de si quería descubrirlo o si debía alejarme antes de que las cosas se complicaran aún más.


Estoy sentado en el banco frente al instituto, esperando a que Damián termine su recuperación de ciencias. Ha estado atrapado en ese examen durante más de una hora, y aunque sé que es algo importante para él, no puedo evitar sentirme terribles aburrido mientras lo espero. Miro alrededor, dejando que mi mente vague un poco, hasta que mi atención se fija en el parque que está justo al lado.

Una parejita está sentada en el césped, a la sombra de un árbol, completamente absorta el uno en el otro. No pueden tener más de 16 o 17 años, y están tan cerca que parece que el mundo a su alrededor ha dejado de existir. Se están riendo, sus manos se tocan de vez en cuando, y de repente, ella se inclina hacia él, hasta que sus labios se encuentran en un beso tímido, pero lleno de esa intensidad juvenil que parece tan lejana para mí.

Los observo por un momento, no porque quiera ser intrusivo, sino porque me hacen pensar en algo que hace mucho no siento. Esa sensación de las mariposas en el estómago, el nerviosismo alegre que acompaña el primer beso, el contacto accidental que te hace sentir que el corazón te va a explotar. Esas mariposas que yo solo sentí una vez... y fue con un chico que ya ni siquiera vive en este pueblo.

Recuerdo cómo me sentí aquella vez, como si todo tuviera un sentido nuevo y emocionante. Fue tan real, tan intenso, pero terminó antes de siquiera poder empezar algo más profundo. Él se mudó, y con su partida, todo lo que alguna vez sentí, todas esas ilusiones, quedaron congeladas en el tiempo. Desde entonces, no he vuelto a sentir lo mismo por nadie. Es como si algo dentro de mí se hubiera apagado.

Y entonces sucedió lo de mis padres.

Todo cambió aquel día. Murieron en un ataque de oso en un camping. Damián y yo no estábamos con ellos por pura suerte. Habíamos decidido no ir a esa salida familiar, algo que hasta hoy no sé si agradecer o lamentar. Nos quedamos en casa mientras ellos se fueron a lo que se suponía sería una escapada tranquila en el bosque, pero lo que ocurrió fue una tragedia que nadie vio venir.

Los detalles nunca fueron claros, pero lo que sabemos es que un oso atacó el campamento donde estaban. No sobrevivieron.

Desde entonces, todo lo que sentía por tener pareja, por enamorarme de alguien, quedó anulado. Era como si esa parte de mí se hubiera cerrado para siempre. Damián y yo terminamos viviendo con nuestra abuela, y el dolor de perder a nuestros padres se quedó con nosotros durante mucho tiempo. No tenía espacio para esas cosas. Los días pasaban entre adaptarme a la nueva realidad y tratar de cuidar de mi hermano, asegurándome de que no se desmoronara por completo.

Nuestra abuela fue lo mejor que nos pudo haber pasado en ese momento. Nos acogió con el amor incondicional que solo ella sabía dar, pero también tenía sus propios problemas. Con el tiempo, su salud empezó a decaer, y el año pasado, falleció también. No sé cómo lo hice, pero traté de ser fuerte para Damián. Desde entonces, todo lo relacionado con enamorarme, con tener a alguien a mi lado, dejó de ser importante para mí. No es que no quiera sentir algo por alguien otra vez, es solo que... no me ¿sale?.

Miro nuevamente a la pareja en el parque, ahora más absortos el uno en el otro. Me pregunto si alguna vez volveré a sentir algo así. Si mi corazón volverá a reaccionar ante alguien como lo hizo esa única vez. Pero la verdad es que, después de todo lo que ha pasado, parece un lujo que no puedo permitirme. Mi vida ha sido demasiado complicada, llena de pérdidas que no he podido procesar del todo.

Damián es lo único que importa ahora. Mi hermano ha sido mi prioridad desde que éramos pequeños, y ahora más que nunca. Él todavía tiene esa chispa de juventud, esa posibilidad de enamorarse, de sentir lo que esos dos en el parque están sintiendo. Él todavía tiene tiempo, pero para mí... ya no sé si alguna vez podré volver a abrirme a alguien.

Joder...soy igual de dramático que mi madre...o eso decía mi abuelo.

Dejo escapar un suspiro, alejando esos pensamientos mientras mi mirada se fija en la entrada del instituto, esperando ver salir a Damián. Lo que sea que deba pasar conmigo y mis sentimientos tendrá que esperar.

Aunque tampoco soy el típico hermano que está encima del suyo todo el rato. Respeto su espacio.

-Ey-mi mirada gira rápidamente hacia la derecha y lo veo a él, a Conner.

Oh, no. No otra vez.
Espero que no me diga otra vez que lo estoy siguiendo, porque después de la vergüenza que pasé el otro día, llevo una semana entera sin acercarme. La curiosidad la apagué con un extintor. Lo último que quiero es que piense que sigo espiándolo.

-Hola-le devuelvo el saludo, intentando sonar tranquilo.

Conner se detiene junto a mí, esa confianza natural irradiando de él como siempre.

-¿También esperando a tu hermano?-me pregunta, con una sonrisa casual.

-Sí...-respondo, alzando los hombros-Por lo visto, Damián no es tan bueno en ciencias como él pensaba. Suspendió su último examen antes de las vacaciones de Navidad, y hoy tiene la recuperación.

-Oh... Jon también ha tenido problemas con mates-dice, cruzando los brazos.

-Joder, no me extraña. Las mates son una mierda- respondo de inmediato, sin filtro, y me doy cuenta de lo brusco que he sonado justo cuando Conner suelta una carcajada. Es una risa genuina, y por un segundo, me siento un poco más relajado.

Pero entonces el silencio se instala entre nosotros. Insoportable, incómodo.
Empiezo a jugar con las mangas de mi sudadera, una señal inequívoca de que estoy nervioso. No sé qué más decir.

Y luego, sin pensarlo demasiado, las palabras salen de mi boca.

-Lo siento-Digo con los nervios floreciendo en mi estomago-Por seguirte... Seguro que te has sentido incómodo. No lo volveré a hacer.

Conner se queda en silencio un segundo, sus ojos azules fijos en los míos, y siento que mi cara se está calentando de nuevo. Joder, esto no podría ir peor. Pero luego, sin previo aviso, suelta algo que me deja sin palabras.

-¿Me acabo de quedar sin admirador secreto?-dice, con una sonrisa juguetona en el rostro.

Mi rostro se enciende al 100% en ese instante.

-¡Yo no soy ningún admirador secreto! Eso se lo dejo a las chicas con las que te lías-respondo, demasiado rápido, y al segundo me arrepiento. Genial, Tim, ahora pareces celoso.

-Ooooh-responde él, alargando la palabra con un tono burlón-veo que eres un buen stalker.

-¡Oh, Dios, no me llames así! -exclamo, sintiendo que mi cara está ardiendo de la vergüenza.

Conner se ríe de nuevo, claramente disfrutando de mi incomodidad.

-¿Entonces cómo te llamo?-pregunta, su tono travieso.;

-Tim-respondo rápidamente, tratando de mantener la calma. No quiero darle más razones para chincharme.

-¿No puede ser "pequeño acosador"?-suelta, y yo casi me atraganto con mi propia saliva.

Dios santo de mi vida

Dios santo de mi vida

-¡No!-respondo de inmediato, sintiendo que estoy perdiendo el control de la conversación.

-¿Y qué tal "paparazzi"?- pregunta, inclinándose un poco hacia mí, con esa sonrisa maliciosa en el rostro.

-No-repito, tratando de sonar firme, pero es difícil cuando siento que mi cara sigue ardiendo.

-¿Acosador de película?- insiste, y veo cómo sus ojos brillan con diversión.

-¡No, por Dios!-exclamo, ya desesperado. Esto está yendo de mal en peor.

Conner se ríe nuevamente, claramente disfrutando del momento. Parece que se divierte haciéndome sentir incómodo, pero hay algo en su expresión que me hace pensar que no lo hace con mala intención. De hecho, parece que de alguna manera está intentando hacerme relajarme, aunque su método sea un poco retorcido.

-Está bien, está bien-dice finalmente, levantando las manos en señal de paz- Tim, entonces. Pero aún creo que hay algo de admirador secreto en ti-su tono es provocador, pero esta vez su sonrisa es más suave, menos burlona.

-Te prometo que no lo soy-respondo, intentando sonar más seguro, aunque me cuesta mantener la mirada en sus ojos intensos.

Conner me observa un momento más, y luego su expresión cambia ligeramente, como si hubiera algo más detrás de esa fachada de chico despreocupado.

-Sabes, no me sentí incómodo cuando me seguiste-dice de repente, con un tono más serio-Fue raro, sí, pero... no incómodo

Me quedo en silencio, sin saber cómo interpretar lo que acaba de decir. ¿Qué significa eso? Me mira como si esperara una reacción, pero no estoy seguro de qué decir.

-Aún así, no lo volveré a hacer-respondo finalmente, aunque una parte de mí siente que la conversación ha tomado un giro inesperado, algo que no puedo entender del todo.

Conner asiente, pero su sonrisa sigue ahí, como si estuviera guardando algún tipo de secreto. No estoy seguro de qué está pensando, pero el juego que había entre nosotros hace unos minutos parece haber cambiado de tono.

-Bien. Pero si lo haces, asegúrate de no ser tan evidente la próxima vez-dice, guiñándome un ojo antes de girarse para mirar hacia la entrada del instituto.

-Eres...-digo, tratando de encontrar las palabras mientras él me observa con esa sonrisa confiada que me pone de los nervios.

-¿Increíble? Ya lo sé- interrumpe Conner, hinchando el pecho con una exagerada expresión de orgullo, claramente disfrutando del juego.

-No iba a decir eso...- respondo, rodando los ojos, pero es inútil

-¿Entonces era guapo?- pregunta con un brillo travieso en sus ojos, inclinando la cabeza ligeramente hacia un lado.

-No-respondo rápidamente.

-¿Atractivo?-insiste, con una sonrisa aún más amplia, disfrutando cada momento de mi incomodidad.

-No-repito.

-¿Fabuloso, entonces?-continúa, alzando las cejas como si estuviera realmente considerándolo.

-Idiota-respondo, intentando no reírme, aunque es imposible no notar lo mucho que disfruta molestándome.

-¿Un idiota atractivo?- remata, inclinándose ligeramente hacia mí.

Estoy a punto de responderle, de decir algo ingenioso —aunque no estoy seguro de qué—, cuando escucho el sonido de las puertas del instituto abrirse y cerrarse con fuerza. Mi atención se desvía hacia la entrada y veo a Damián y Jon saliendo juntos, caminando hacia nosotros.

Me despido rápidamente de Conner con un movimiento de la mano, consciente de que Damián se dirige directamente hacia el coche. Es la excusa perfecta para salir de esta conversación antes de que me sonroje aún más. Mientras me giro para caminar hacia el coche, escucho a Jon murmurarle algo a Conner, pero no logro entender lo que dice.

Abro la puerta del coche, y Damián se sube al asiento del copiloto sin decir una palabra. Está más callado de lo normal, lo que me hace levantar una ceja. Me subo al asiento del conductor y me pongo el cinturón, esperando que sea él quien rompa el silencio, pero no lo hace.

Así que lo hago yo.

-¿Qué tal el examen?-le pregunto mientras enciendo el motor.

-Probablemente tenga un 10 -responde con una voz seca, como si no fuera gran cosa, aunque sé que para él lo es.

-Oh, eso es genial-digo, girando la cabeza hacia él, esperando verlo un poco más emocionado.

-Ya-responde de nuevo, con el mismo tono neutral, casi como si estuviera en otro planeta.

Algo está mal. Damián nunca es tan breve conmigo.

-¿Te pasa algo?-pregunto, frunciendo el ceño mientras pongo el coche en marcha, el silencio entre nosotros sintiéndose más denso de lo normal.

-Me ha invitado a su casa mañana para pasar la tarde -suelta de repente, con un tono más bajo de lo habitual, como si estuviera admitiendo algo que le incomoda.

-¿Quién?-pregunto, sorprendido por el cambio de tema.

-Jon...-dice, y por el rabillo del ojo veo cómo baja la mirada hacia sus manos.

-Ah...-respondo, intentando procesar la información-¿Y?

-He dicho que sí, y que tú me llevarías-agrega, aún sin mirarme directamente.

-No tengo problema en llevarte -digo, girando ligeramente la cabeza hacia él para medir su reacción- Pero... ¿quieres que me quede allí contigo?

-Y te vas a quedar allí-dice, esta vez con más firmeza, mirándome por primera vez desde que salió del instituto- Tú y yo sabemos que esa familia es rara, y no pienso morir solo.

-Claro, si nos secuestran, que nos secuestren juntos- respondo en broma, intentando aligerar la tensión, pero no puedo evitar sentir un pequeño nudo en el estómago. Damián sonríe levemente.

-¿Qué hacías hablando con Conner?-me pregunta, ahora con una expresión más curiosa.

-Sabe que lo he estado siguiendo en algunas ocasiones...-admito, sintiéndome un poco avergonzado de nuevo.

-Ou...-murmura Damián-Y lo curioso es que ni siquiera se ha enfadado-continuo, negando con la cabeza-Es más, ha bromeado con el tema, como si fuera divertido para él, diciendo que soy un acosador secreto o algo así.

-Ah...-Damián responde.

El silencio se instala entre nosotros por unos segundos, pero no puedo evitar sentir curiosidad.

-¿Y tú por qué le has dicho que sí a Jon?-pregunto, tratando de no sonar demasiado insistente, pero realmente quiero saber qué lo llevó a aceptar.

-Porque... Joder, me miraba como el típico cachorro abandonado que te encontrarías bajo la lluvia- dice finalmente, cruzando los brazos-Y sinceramente, me dio pena. Él no tiene muchos amigos... solo se junta con algunos dentro del instituto, pero fuera parece que está solo.

No esperaba esa respuesta.

-No sabía que tenías tan buena relación con él- comento, tratando de sondear un poco más la situación.

-No la tengo-responde Damián rápidamente-No es como si fuera Logan o Raven. Pero sí hablamos de vez en cuando.

-Me alegra saber que tienes un corazón blandito también hermanito.

-Que te den

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