Truyen3h.Co

Monster [ConnerxTim]

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-El pasado no vuelve para castigarte, vuelve para que lo escuches-

Tim

Cuando encontramos a Wally siento que, por fin, puedo volver a respirar.
No del todo. Pero sí lo suficiente como para que el pecho deje de dolerme.

Porque todavía faltan dos personas.

Benji y Joel.

Todos sabemos que cada minuto cuenta. Mike y Conner agachan la cabeza cerca del lugar donde encontramos a Wally. Inspiran despacio.

Están siguiendo el rastro.

Mike está nervioso. Ya le a gruñido dos veces a Conner y el por supuesto que se los ha devuelto.

Le gusta Benji.

Aprieto el móvil entre los dedos.
Vibra. Lo saco tan rápido que casi se me cae. Solo es una actualización de ubicación.

Nada más.

Respiro.

Vuelve a vibrar un minuto después.

Otra localización.

Roy y Jason.

Después otra.

Pamed.

Lys.

Artemis.

Información.

Ninguna voz diciendo que los han encontrado. Levanto la cabeza y el bosque parece interminable.
Las linternas iluminan los troncos más cercanos, pero unos metros más allá todo vuelve a convertirse en oscuridad.

Que estén bie, por favor.

Sé que Joel sabe defenderse.
Sé que Benji también.
Los he visto entrenar.

Sé que no son personas que caigan fácilmente. Lo sé. Pero hay una voz dentro de mi cabeza que no deja de repetirme otra cosa.

Son humanos y sus enemigos no dejan de ser licántropos. No importa cuántas armas lleven, no importa cuánto hayan entrenado. Una diferencia de fuerza así nunca deja de existir.

El móvil vuelve a vibrar.

Lo miro otra vez con la esperanza absurda de leer un nombre...Pero la pantalla vuelve a mostrar únicamente otra posición del mapa.

Damián

Me apoyo en el lomo de Jon para ayudarme a subir por un tramo de piedras que no tengo ni idea de qué demonios pintan aquí. Son enormes, irregulares, como si alguien las hubiera dejado caer siglos atrás y el bosque hubiera decidido tragárselas poco a poco. La humedad las vuelve resbaladizas y tengo que clavar bien las botas para no acabar rodando cuesta abajo.

El pelaje de Jon está tibio pese al frío de la noche. Noto cómo sus músculos trabajan bajo mis manos mientras me impulsa lo justo para que alcance la siguiente roca.

Detrás de mí, Sol ni siquiera parece esforzarse. De un salto elegante aterriza varios metros más arriba, apoyando apenas las patas antes de volver a impulsarse.

-Joder...-murmuro cuando siento que la noche empieza a pasarme factura.

Las piernas pesan.

Los hombros también.

Y llevo demasiadas horas con la adrenalina haciendo funcionar un cuerpo que ya debería haberse rendido hace bastante. Jon gira la cabeza hacia mí. Sus ojos azules brillan incluso bajo la escasa luz de la luna.

-Tranquilo...aguanto una hora más.

Miro a Sol.

También acaba de bostezar.

Seguimos avanzando.

Primero entre rocas. Luego el terreno vuelve a llenarse de raíces gruesas y arbustos que nos arañan. El aire es frío, húmedo y cada respiración deja una pequeña nube blanca delante de nosotros.

Solo se escuchan nuestras pisadas y el roce de las ramas. Empezamos a descender por el otro lado de la ladera cuando todo cambia.

Jon se detiene de golpe.
El pelo de su lomo se eriza.
Las orejas se levantan.
Un gruñido grave empieza a salirle del pecho.

Sol reacciona exactamente igual.

Las patas se le tensan, el hocico apunta hacia delante y enseña lentamente los dientes.

Se han puesto en alerta.

Yo también me quedo inmóvil.

Saco las dos dagas casi por reflejo.
El metal brilla apenas un instante bajo la luna. Empiezo a mirar alrededor.

Derecha.

Izquierda.

Detrás.

Arriba.

Nada.

Solo árboles.

Demasiado silencio.

Demasiada oscuridad.

-¿Qué...?

No termino la pregunta.

Porque Jon avanza muy despacio bordeando una roca enorme cubierta de musgo, yo lo sigo mientras el corazón empieza a golpearme contra las costillas.

Un paso.

Otro.

Y entonces lo veo.

Un lobo.

Muerto.

Está tumbado de lado entre los helechos. Es enorme. El pelaje marrón oscuro está cubierto de barro y hojas pegadas por la humedad. Tiene un corte profundo que le cruza la cara, pasando justo por encima de uno de los ojos.

Tim

Se ha encontrado a uno de los lobos muerto,.y yo suelto el aire despacio.
No sé si sentirme más tranquilo más nervioso o directamente vomitar.

Porque un lobo muerto significa que alguien consiguió defenderse. Pero también significa que hubo un enfrentamiento.

Y si hubo un enfrentamiento...No quiero imaginarlo, no debo imaginarlo.

Conner se detiene de golpe unos metros por delante.

Levanta ligeramente la cabeza.

Inspira despacio.

Una vez.

Luego otra.

El pecho se le expande mientras intenta separar cientos de olores distintos que para mí no son más que aire frío mezclado con tierra húmeda.

Yo sigo automáticamente la dirección hacia la que está mirando.

No veo nada.

Solo árboles.

Rocas.

Oscuridad.

La luna apenas consigue atravesar las copas de los pinos y dibuja sombras largas que hacen que todo parezca igual.

Los lobos leen el bosque de otra manera. Donde yo solo veo tierra...
Ellos encuentran historias enteras.

Un olor.

Un rastro.

Un miedo.

Una dirección.

Sin poder evitarlo bostezo. La mandíbula me cruje al abrirse.
Llevo tantas horas despierto que siento las ideas como si estuvieran nadando en barro.

Mi cuerpo está empezando a reclamar descanso de verdad.

Los párpados parecen de piedra.

Y aun así...Sigo andando.

Un paso.

Luego otro.

Ignorando cada protesta de mi cuerpo.

Roy

Queda una hora para que den las seis de la mañana.

Una.

Y siento que, en cuanto me siente cinco minutos en cualquier sitio, voy a entrar en coma. La mochila se me clava en los hombros y el cuello me duele de llevar tantas horas girando la cabeza buscando cualquier movimiento entre los árboles.

-¡Mueve el culo, Harper!-escucho a Jason desde atrás.

Resoplo mientras intento subir otro tramo del camino de tierra. La pendiente parece no terminar nunca. Cada paso hace que las botas resbalen un poco sobre la grava húmeda.

Detrás de mí oigo sus pasos y mezclado con ellos, las patas de Lena adelantándome con una facilidad insultante.

La loba prácticamente trota mientras nosotros vamos arrastrando el alma.

-Ya sé que te encanta mirarme el culo-digo entre respiraciones-pero tienes que entender que estoy reventado-Jason suelta una risa por la nariz.

-Créeme, ahora mismo tu culo es lo último que estoy mirando.

-Eso duele.

-Estoy mirando cómo vas a tardar media hora en subir una cuesta.

-Qué poco romanticismo.

-¿Romanticismo? Lo que tengo son ganas de tirarte cuesta arriba para llegar antes.

Lena gira la cabeza un instante, como si estuviera juzgándonos a los dos por seguir hablando semejantes tonterías a esas horas.

-Mírala-digo señalándola-Hasta ella piensa que eres un borde-Jason arquea una ceja.

-No. Está pensando que eres tú el lento.

Lena mueve la cola una sola vez antes de seguir avanzando.

Resoplo otra vez.

-Juro que cuando encontremos a Benji y a Joel voy a dormir tres días seguidos.

-Dos.

-Tres.

-Dos, porque Tim no te va a dejar-No puedo evitar soltar una risa cansada.

-Es verdad...

-Y tú te levantaras y harás justo lo que el te diga.

-Porsupuesto ¿Tú has visto los ojazos que tiene? Y cuando se pone modo líder ufff

-Si Conner te escucha te arrancará la cabeza.

-¿Me protegerás?

-No.

-Pues Tim seguro que sí.

-Tim es demasiado bueno.

-Tú también lo eres. Es más eres un osito de peluche.

-Callate y tirate cuesta abajo.

-Mejor me engancho en tú espalda y me terminas de subir.

Seguimos caminando.

El cielo empieza a aclararse muy despacio entre las copas de los árboles. No es amanecer todavía, pero la oscuridad ya no es completamente negra. Todo adquiere un tono gris azulado que deja distinguir mejor los troncos y las piedras del camino.

Pamed

Estamos bajando por un saliente de roca con una pendiente lo bastante pronunciada como para que un paso en falso signifique acabar rodando varios metros cuesta abajo.

El terreno está húmedo. Las piedras se mueven bajo las botas y la tierra cede en algunos puntos.

Conrad se detiene de golpe.

Levanta el hocico.

Inspira profundamente una vez.

Luego otra.

Todo su cuerpo se tensa.

No hace falta que me diga nada.

Ha olido algo.

Se gira hacia mí y se coloca a mi lado, pegando el costado al mío para que pueda apoyarme mientras terminamos de bajar sin matarnos en el intento.

-¿Qué has encontrado?-murmuro.

Cuando por fin alcanzamos la parte baja, Conrad sale disparado hacia una abertura entre las rocas que casi pasa desapercibida. Parece una pequeña cueva formada por un derrumbe antiguo.

Lo sigo.

Agachándome para entrar.

Y entonces...

Los veo.

-Madre mía...-Siento una piedra bajar lentamente por mi garganta.

Benji está apoyado contra la pared de roca, completamente pálido. La camiseta está empapada de sangre y respira muy despacio, con el pecho subiendo apenas unos centímetros cada vez.

A su lado está Joel.

Tiene una mano apoyada sobre la pierna se ve que ha intentando hacer presión, pero la sangre sigue filtrándose entre los dedos y cayendo al suelo en pequeñas gotas oscuras.

Los dos levantan la vista cuando entro.

Ninguno habla.

Solo respiran.

Conrad suelta un aullido tan fuerte que la cueva entera parece vibrar.

Un sonido largo.

Desesperado.

Pidiendo ayuda.

Me dejo caer de rodillas inmediatamente.

La mochila golpea el suelo.
Las manos me tiemblan mientras abro el compartimento del botiquín.

Vendas.

Gasas.

Desinfectante.

Rápido.

Rápido.

-Eh...eh...ya estamos aquí...-digo sin saber siquiera a cuál de los dos estoy hablando-Tranquilos...ya estamos aquí.

Ninguno responde.

Hay demasiada sangre.

Demasiada.

Conrad vuelve a aullar.

Esta vez la respuesta llega.

Muy lejana.

Otro aullido.

Después otro.

Nos han oído.

Gracias.

Vuelvo a mirar a Benji.

Un zarpazo enorme le cruza las costillas. La ropa está abierta y la sangre sigue saliendo lentamente por uno de los extremos de la herida.

-Joder...-Me arrodillo a su lado-
Joder, Benji...

Con las manos temblando, saco una de las dgas, un bote de desinfectante y termino de rasgar la camiseta para dejar la herida completamente visible.

El corte es profundo.

No alcanza a ver hueso.

Gracias.

Pero ha abierto mucha piel.

Mucha.

Cojo varias gasas. Las presiono directamente sobre la herida.
Benji aprieta los dientes, todo su cuerpo se tensa, pero no se queja.

Ni un solo sonido.

-Lo sé... lo sé...-murmuro mientras aumento la presión para intentar detener la hemorragia-Aguanta un poco más.

Levanto un segundo la vista.

Joel sigue apoyado contra la pared.

La pierna derecha está completamente manchada de sangre. El pantalón está desgarrado desde el muslo hasta casi la rodilla y la herida sigue empapando la tela.

-Joder...joder...

Intento no entrar en pánico.

No sirve de nada.

Uno respira.

El otro también.

Eso es lo importante.

Conrad vuelve a lanzar otro aullido, todavía más largo que el anterior.
Y esta vez la respuesta llega mucho más cerca.

Varios aullidos.

Muchos.

Vienen hacia nosotros.

Papá siempre estuvo delante para recibir el primer golpe. Creo que mi hermano tiene miedo porque empieza a comprender que algún día ese lugar será suyo-Conner

Carta que nunca fue enviada

Dick....

Fuiste el proyecto más difícil de mi vida.

También el más importante.
Muchos creerán que intenté convertirte en un monstruo.

Se equivocan.

Los monstruos nacen.

Las armas se construyen.

Y tú sobreviviste a cada golpe de martillo.

Hubo noches en las que pensé que morirías, otras en las que deseé que me odiaras un poco más. Porque el odio mantiene vivo a un hombre cuando todo lo demás desaparece.

Siempre quise que un día fueras mejor que yo.

No más bueno.

Mejor.

Más inteligente.

Más rápido.

Más inevitable.

Y, sobre todo quería que un día te enfrentaras a mí.

Que me miraras sin compasión.
Que me rompieras los huesos uno por uno con las mismas manos que yo enseñé a pelear.
Que utilizaras cada técnica que aprendiste conmigo para destruirme.

Que no dudaras.

Que no sintieras culpa.

Porque ese día habría sabido que ya no eras mi alumno.

Eras mi sucesor.

Y yo habría aceptado perder.

Con orgullo.

Porque significaría que por fin habías entendido que el mundo nunca premia a los buenos.

Premia a los que sobreviven.

Pero hay una posibilidad que me inquieta.

Una sola.

Que alguien consiga enseñarte algo que yo jamás quise.

Compasión.

Si eso ocurre...Todo lo que construí desaparecerá contigo.

Y, curiosamente...

Esa sería la única derrota que jamás podría evitar.

-Acer

Dick

Miro desde una de las sillas a Wally dormir.

La habitación está casi a oscuras. Solo entra un poco de luz por la rendija de las cortinas, suficiente para dibujar el contorno de su cara. Respira despacio. Ya no tiembla por el frío y moedo. Tiene las manos vendadas, varios arañazos repartidos por los brazos y el pelo todavía algo húmedo.

Cierro los ojos un instante.

No.

No quiero pensar....Pero mi cabeza decide viajar sola.

Hasta él.

Acer.

Su voz sigue siendo igual de nítida que el primer día.

La primera vez que me rompió un hueso durante un entrenamiento me dijo: Ahora aprenderás por qué el dolor es un maestro más útil que la compasión.

No recuerdo haber odiado tanto a alguien.

Grite y llore.

Y el no sintió ni un grano de pena.

-Levantate

-¡No puedo!

-Solo e sun hueso roto. Tienes más para seguir en pie.

-¡Jodete!-Y el se arrodilló delante de mí.

-¿Qué harás me mataras?

-¡Te romperé todos los huesos!

Nunca lo hice.

Después de derrotarme por décima vez seguida, me tendió la mano.

No quiero que seas fuerte. Quiero que seas inevitable.

Cuando aprendí a pelear contra tres personas a la vez, sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Ya empiezas a parecerte a lo que imaginé.

Después de encerrarme una semana por besar a una chica, apoyó la mano sobre el marco de la puerta antes de irse.

-Las decisiones de diez minutos pueden perseguirte toda la vida.

-Supongo que entonces tú te arrepientes todos los días de tú vida de haber sacado de la calle.

-No. Es de las mejores decisiónes de mi vida.

Una vez, mientras me enseñaba a vendar una herida con una sola mano, habló como si estuviera explicando la ley de la gravedad.

El día que dependas de otra persona para salvarte, ya estarás muerto.

Una tarde en la que apenas podía mover los brazos después de entrenar.

Entró en la cocina.

Preparó comida.

La dejó delante de mí.

Hay que cuidar aquello que tanto cuesta construir.

Durante años quise creer que aquello era cariño.

Que, a su manera, me quería.

Hoy sé que no.

No estaba cuidándome a mí.

Estaba cuidando su obra.

Cuando me enseñó a torturar dijo:

Las palabras salen antes cuando la otra persona cree que todavía puede salvarse.

Cuando aprendía a mentir corrigió mi expresión.

La mejor mentira nunca sale de la boca. Sale de los ojos.

Una noche, mientras apagaba la luz de mi habitación, dijo algo que nunca he conseguido olvidar.

Algún día dejarás de necesitarme. Ese será el único momento en el que sabré que he hecho bien mi trabajo.

Abro los ojos.

Wally sigue dormido.

Tiene una mano fuera de la manta.
Sin pensarlo demasiado me levanto y vuelvo a cubrirla.

Siempre decía que depender de alguien era sinónimo de debilidad.
Y, sin embargo...Si esta noche Wally no hubiera dependido de nosotros...
Quizá no estaría respirando.

Acer me enseñó a romper huesos.

A disparar.

A mentir.

A torturar.

A sobrevivir.

Pero jamás me enseñó lo único que realmente merece la pena aprender.

Querer a alguien.

Preocuparte hasta el punto de no poder respirar cuando desaparece.
Buscarlo durante horas sin pensar en el cansancio. Sentarte a su lado toda la noche solo para asegurarte de que sigue respirando.

Eso no me lo enseñó él.

Eso me lo enseñaron ellos.

Mi familia.

Están muertos por su culpa...

Mis amigos.

Los que no volví a ver...

Wally.

Quién sabías que sería mi talón de Aquiles.

Ojalá me estés viendo desde el infierno, Acer. Ojalá supieras que todo aquello por lo que sacrificaste una vida entera...

Ha fracasado.

Porque pienso destruir hasta el último rincón de lo que ayudaste a construiste.

Y voy a hacerlo utilizando exactamente todo lo que tú me enseñaste.

Cada golpe.

Cada estrategia.

Cada mentira.

Cada lección.

La diferencia es que tú creaste un arma para sembrar miedo.

Y yo he decidido convertirla en un escudo para las personas que amo.

Esa va a ser tu derrota más grande.

Te continúo la pesadilla manteniendo el tono inquietante y simbólico.

Jon

Estoy caminando entre cadáveres.

Humanos.

Lobos.

Niños.

Niñas.

Mujeres.

Hay cuerpos por todas partes.

Algunos todavía tienen las manos extendidas hacia alguien que ya no está. Otros permanecen abrazados entre sí, como si hubieran intentado protegerse hasta el último segundo.

Huele a sangre, humo y tierra mojada.

Respira.

Me digo a mí mismo.

Corre.

Un paso.

Luego otro.

No mires.

No pienses.

Es un sueño.

No pueden hacerte daño.

¡Tienes que vivir!

Me giro de golpe.

Delante de mí hay una mujer.

Es más alta que yo.

Tiene el pelo largo, completamente enredado, y la ropa cubierta de barro y sangre seca. Su rostro está lleno de pequeñas heridas, pero sus ojos...Sus ojos están tan vivos.

Demasiado vivos.

Da un paso hacia mí.

Luego otro.

Y antes de que pueda retroceder, sus manos sujetan mis hombros con fuerza.

No duele.

No puede doler.

Es un sueño.

No puede hacerme daño.

Pero aun así...

Tengo miedo.

Muchísimo.

-¡No dejes que te atrapen!-grita.

Su voz rompe el silencio como un trueno.

-¿Quién me atrevo a preguntar?

Siento la ansiedad subir desde el estómago hasta la garganta.

No puedo respirar.

-¡Corre y pelea si es necesario!

Aprieta mis hombros todavía más.
Tiene lágrimas en los ojos.

-¡Eres lo único que he podido salvar hasta ahora!

¿Salvar?

¿De qué?

Quiero preguntárselo.

No puedo.

Ella me gira bruscamente.

Y me empuja.

Empiezo a correr.

Las piernas se mueven solas.

El suelo desaparece bajo mis pies.

Y entonces...Todo cambia.

Ya no corro sobre dos piernas.

Corro sobre cuatro.

Soy un lobo.

El viento golpea mi hocico, mis patas saltan por encima de cuerpos destrozados.

Escucho gruñidos.

Veo otros lobos peleando.

Algunos caen.

Otros siguen avanzando.

El bosque entero parece una guerra.

Intento llegar a alguien.

No sé a quién.

Solo sé que tengo que hacerlo.
Entonces una fuerza invisible me golpea.

Caigo.

Y cuando intento incorporarme...

Veo mis manos.

Otra vez humanas.

Empiezan a hundirse.

No en tierra.

En agua.

Agua negra.

Helada.

Algo tira de mí hacia abajo.

Cada vez más.

No puedo moverme.

No puedo respirar.

Abro la boca.

Solo entra agua.

Y justo cuando siento que voy a ahogarme...

Abro los ojos.

Estoy en un refugio.

Pequeño.

Las paredes son de piedra, una lámpara de aceite ilumina apenas la estancia. Huele a humo y a humedad.

Delante de mí hay un hombre.

La cabeza completamente rapada, los ojos negros. Tan negros que parecen un pozo sin fondo. No dice nada durante unos segundos.

Solo me observa.

Como si ya supiera quién soy.

Da un paso.

Luego otro.

Apoya una mano sobre mi hombro.

Está fría.

-Prepárate.

Su voz es tranquila.

Demasiado tranquila.

-¿Para qué?-pregunto casi sin voz.

Él no responde a la pregunta.

Solo hace otra.

-¿Qué estás dispuesto a sacrificar?

Niego con la cabeza inmediatamente.

-No quiero sacrificar nada.

El hombre sonríe. Pero no hay alegría en esa sonrisa.

Solo una tristeza inmensa.

-No quiero perder a nadie.

Como la de alguien que ya conoce el final de la historia.

-Entonces todavía no entiendes el precio.

Se inclina apenas hacia mí.

Y susurra:

-Tu padre morirá por ti.

Siento que el mundo entero deja de moverse.

-No...

Mi voz apenas existe.

-No.

El hombre no aparta la mirada.

-Puedes impedirlo.

Mi corazón empieza a latir con violencia.

-¿Cómo?

Él levanta lentamente una mano.
Y señala hacia la oscuridad que hay detrás de mí.

-Corre...

La lámpara se apaga.

Todo desaparece.

Y vuelvo a caer.

No siento el golpe.

Solo el cambio.

Cuando mis pies tocan el suelo, estoy de pie en medio de un bosque de pinos gigantescos. Los troncos son tan anchos que necesitarían varias personas para rodearlos. Las copas apenas dejan pasar la luz de una luna enorme que tiñe todo de un azul pálido.

El aire huele a resina, atierra húmeda y a nieve, aunque no haya nieve. El bosque está completamente inmóvil.

Ni un pájaro.

Ni el viento.

Ni un solo insecto.

Entonces escucho unos pasos a mi derecha.

Lentos.

Seguros.

Me giro.

Y ahí está.

El enorme lobo blanco.

El mismo.

El de los ojos dorados.

Su pelaje parece reflejar la luz de la luna y, aun así, no proyecta sombra alguna. Camina despacio hasta detenerse a pocos metros de mí.

-¿Sabrás ser un buen alfa cuando llegue el momento?-Me pregunta otra vez.

Su voz no sale de su boca. Resuena directamente dentro de mi cabeza.
Trago saliva. Las palabras de la científica vuelven de golpe.

"Los recuerdos parecen transferirse a través de la sangre."

Los déjà vu.

Las voces.

Los sueños.

Todo.

Levanto la vista hacia él.

-Queréis venganza...-El lobo no responde-Los recuerdos se pasan a través de la sangre...-murmuro casi para mí mismo-Queréis que sobreviva...porque si no soy yo quien destruya a nuestro enemigo...

Las palabras se quedan suspendidas entre nosotros.

Entonces un aullido rompe el silencio.

Lejano.

Tan profundo que hace vibrar el suelo bajo mis pies.

Después otro.

Y otro más.

Como si todo el bosque estuviera respondiendo a una llamada antigua.

Aprieto los puños.

-Pero...me decís que corra porque sabéis que yo moriré después de mi padre-Noto cómo la garganta se me cierra-¿Por qué yo?-Mi voz se rompe-Conner es la mejor opción.

El lobo inclina apenas la cabeza.
Durante unos segundos no dice nada. Luego da un paso hacia mí.
Sus ojos dorados parecen atravesarme.

-¿Quién eres?-pregunta.

Parpadeo.

Conozco esa pregunta.

Y recuerdo la respuesta que me dió el entonces.

Respiro hondo.

-Un alfa...-Mi voz apenas es un susurro-como tú.

Lena

Me levanto de golpe.

El aire entra de golpe en mis pulmones, como si hubiera estado demasiado tiempo bajo el agua.

Durante un segundo no sé dónde estoy.

La habitación del hotel aparece poco a poco frente a mí, las cortinas cerradas, la luz tenue que se cuela por los bordes.

El silencio.

Pero la sensación sigue ahí.
Como si una flecha me hubiera atravesado el pecho de lado a lado.

No duele.

Y, sin embargo...Me obliga a llevarme una mano al esternón.

Cierro los ojos y vuelvo a escucharla.

La loba negra.

Siempre ella.

Siempre la misma.

Su voz grave.

Serena.

Como si llevara siglos esperando que alguien respondiera a sus preguntas.

-¿Pelearás por tu alfa?

-Sí.

Recuerdo haber contestado sin dudar.

-¿Lo seguirás ciegamente?

-Sí.

-¿Obedecerás cada una de sus órdenes?

-Sí.

-¿Morirías por tu alfa?

-Sí.

Entonces la loba se acercó despacio.

Hasta quedarse frente a mí.
Podía sentir el calor de su respiración.

Su olor.

Bosque mojado.

Tierra.

Lluvia.

-¿Quién eres?

-Una omega...-Tragué saliva-como tú.

Y entonces...Algo atravesó mi espalda.

Como una lanza.

Entró por detrás.

Salió por delante.

No hubo sangre.

Solo una presión insoportable.

La palabra vuelve sola a mi cabeza.

"Los recuerdos se transfieren a través de la sangre."

Eso dijo aquel doctor.

Aquella científica.

Aquellos vídeos.

Me froto la cara.

Cada día me cuesta más convencerme de que todo esto son sueños.

Porque ya no lo parecen.

Joder. Son memorias.

¿Pero quién me las transfirio?

El suelo está frío bajo los pies descalzos.

¿Cuando?

Cruzo la habitación y entro en el baño.

Abro el grifo.

El agua helada me golpea la cara.

Respiro.

Otra vez.

Levanto la cabeza.

El espejo me devuelve una imagen cansada. Tengo el pelo completamente suelto, ondulado por las trenzas que me hago prácticamente todos los días. Las mechas claras destacan incluso con la luz blanca del baño.

Sonrío un poco.

Siempre me recuerdan por qué me las hice. Porque cuando me transformo...También tengo manchas en el pelaje.

Me parecía bonito que ambas versiones de mí compartieran algo.
Qué pensamiento tan infantil. Se me escapa una risa por lo bajo, y luego pienso que quizá no sea tan infantil.
Recuerdo perfectamente que un dia Artemis me preguntó que porque blancas y no de colores.

-Pues dejaré de raparme y me las haré contigo.

Le respondí que el rapado también le quedaba bien.

Sé que le atraigo. No hace falta que lo diga.

Lo huelo.

Las feromonas cambian.

El ritmo de su corazón también.

Las pequeñas cosas. Y tengo que admitir algo que solo puedo decirme a mí misma.

Él también me gusta.

Me gusta cómo sonríe, cómo intenta hacerse el duro y cinco minutos después está ayudando, cómo siempre acaba colocándose entre los demás y el peligro.

Pero...No me atrevo a besarlo. Y se que el quiere, se que no me va a rechazar.

Suspiro otra vez.

Miro el reloj.

Cinco de la tarde.

Hemos llegado al hotel a las siete de la mañana. Y hasta que Joel y Benji estuvieron fuera de peligro...
Nadie quiso irse a dormir. Creo que eran casi las diez cuando por fin toqué la cama.

Mi cuerpo todavía me pide seguir allí. Dormir otras diez horas.
Olvidarme de todo.
Pero mi cabeza...

Mi cabeza necesita moverse.

Necesita cansarse.

Así que me cambio de ropa.

Mallas negras.

Una sudadera ligera.

Me hago una coleta alta.

Salgo al pasillo todavía medio dormida y camino hacia el gimnasio del hotel. Quizá correr una hora no solucione nada.

Pero al menos...

Durante esa hora...

Las voces de mis sueños tendrán que correr detrás de mí para alcanzarme.

Jason

-Veo que no soy el único que tiene problemas de sueño-digo cuando veo a Lena entrar por la puerta del gimnasio.

Lleva el pelo recogido en una coleta alta y todavía tiene esa cara de quien ha dormido horas suficientes para sobrevivir, pero no para descansar de verdad.

-Sí...-suspira.

No añade nada más. Se dirige directamente a una de las cintas de correr, la enciende y empieza caminando despacio.

Yo vuelvo a girarme hacia el saco de boxeo.

Respiro hondo.

Y lanzo otro puñetazo.

El cuero cruje.

Otro.

Después otro.

El sonido sordo de cada impacto llena el gimnasio casi vacío.

¿Nos están vigilando? Resoplo por la nariz. Qué pregunta más estúpida.
Claro que sí.

Alesha no es de las que dejan respirar a su presa.

Es una cabrona.

Puñetazo.

Disfruta arrinconando.

Puñetazo.

Atacando.

Patada.

Doblegando.

No busca ganar en un solo asaltó. Busca que el otro sepa que ha perdido. Y le da exactamente igual lo que les pase a Ryven o al traidor de San. Si tiene que utilizarlos para conseguir lo que quiere, lo hará sin pestañear.

Y seguro está cabreada porque estamos encontrando cosas que no deberíamos encontrar.

Golpeo otra vez el saco.

Esta vez con más fuerza.

Las cadenas vibran sobre mi cabeza.

Miro de reojo a Lena.

Ya ha dejado de caminar.

Ahora trota.

Y apenas parece haber empezado.
La resistencia de los licántropos sigue pareciéndome una broma pesada de la naturaleza.

Vuelvo a concentrarme en el saco.

Uno.

Dos.

Tres golpes.

Pienso en Alesha.

Tiene que tener miedo.

Tiene que haber alguna noche en la que mire hacia una puerta antes de acostarse. Alguna noche en la que cualquier ruido le haga abrir los ojos.

Porque Dick existe y está de nuestro lado de las trincheras.

Él sabe pensar como ellos.

Moverse como ellos.

Anticiparse.

Ojalá no consiga dormir tranquila nunca más. Ojalá cada vez que cierre los ojos piense que quizá esa sea la noche en la que alguien atraviese su puerta.

No para vengarse.

Para terminar lo que empezó hace años.

Golpeo el saco con el codo.

Después con la rodilla.

Vuelve balanceándose lentamente hacia mí.

Y, por supuesto...No podemos olvidarnos de Roy.

Una sonrisa se me escapa sin permiso.

Con un arco en las manos da miedo.

Mucho.

Tiene una velocidad de tiro absurda.

Cargar.

Apuntar.

Disparar.

Otra flecha.

Otra.

Otra.

Todo antes de que la mayoría haya terminado de levantar el arma. Más de una vez me he quedado mirándolo entrenar como un idiota.

Recordando...Mi pobre manzana.

Pobre e inocente.

Jamás pidió formar parte de aquel ataque enemigo. Resoplo una risa.

Joder.

Quiero besarlo.

No un beso rápido. No uno de esos que duran dos segundos. Quiero callarlo cuando empiece a hablar demasiado.

Quiero discutir con él solo para verlo poner esa cara de "te estás pasando" volver a sentarme enfrente mientras habla de cualquier serie o libro durante media hora.

Quiero que siga llamándome borde.
Y poder seguir fingiendo que me molesta.

Lanzo otro puñetazo.

El saco se aleja varios centímetros.

-Estás pensando demasiado-dice Lena sin dejar de correr.

La miro.

-¿Tanto se nota?-Ella sonríe y se da un par de toques en la nariz.

-Os odio

-Ademas golpeas así cuando no sabes qué hacer con lo que sientes.

-¿Que eres psicóloga?

-No. Soy un detector de mentiras.

Bajo la mirada hacia mis nudillos.
Después vuelvo a golpear el saco.
Esta vez un poco menos fuerte.

-Pues espero que el saco tenga paciencia.

-No-Lena suelta una pequeña risa-Espero que la tenga Roy.

-Joder...

Damián

Estoy comiéndome un tazón de cereales mientras en el móvil tengo puesta una serie.

Los personajes hablan.

La trama avanza.

Pero mi cabeza está en cualquier otro sitio.

La cocina está casi vacía. La luz de la tarde entra por la ventana y el silencio del hotel resulta extraño después de tantos días de gritos, carreras y disparos.

Me llevo otra cucharada a la boca.

Joder.

Esto me sabe a gloria.

Escucho la puerta y veo aThomas entra con esa sonrisa tranquila que siempre lleva encima.

-Buenas.

Levanto una mano a modo de saludo sin apartar demasiado la vista del móvil.

Él abre la nevera. Se queda unos segundos mirándola.

-Joder...qué raro-Levanto una ceja.

-¿El qué?

Cierra la nevera despacio.

-¿Y Jon?

Bufó sin darme cuenta.

Vuelvo a mirar la pantalla.

-Durmiendo.

Thomas coge media barra de pan, empieza a prepararse un bocadillo enorme y, cuando termina, se sienta justo delante de mí.

-¿Seguís enfadados?

-No-La respuesta sale demasiado rápida.

Él me mira unos segundos.

-Damian. ¿Puedo hablarte con confianza?

Me tomo mi tiempo. Mastico los cereales y los trago. Y termino respondiendo con un simple:

-Ujum.

Thomas deja el bocadillo sobre la mesa.

-Creo que estás tratando a Jon como a un enemigo.

La cuchara se queda quieta dentro del cuenco.

-Es él quien no se comunica.

-¿Y tú crees que no quiere hacerlo?

Levanto la vista. Thomas no tiene intención de discutir.

-Odio no saber qué le pasa-admito al fin, removiendo los cereales sin necesidad-Sé que tiene pesadillas, pero...parece que le hacen daño de verdad.

Recuerdo cómo despertó.

Temblando.

Llorando.

Con esa mirada perdida como si hubiera dejado una parte de sí mismo dentro de aquellos sueños.

Y no puedo hacer nada.

Absolutamente nada.

Thomas suspira.

-Normal-Frunzo el ceño-Tiene que tener una ansiedad increíble-Da un mordisco al bocadillo antes de continuar-Él será el siguiente después de su padre. Todos lo miramos y pensamos que lo seguiríamos al infierno si hiciera falta. Y eso el lo sabe. Si su padre muere...será él quien tenga que tomar las riendas. Y ya ni siquiera es dirigir una manada-continúa Thomas-Es sentir que todo el mundo espera que estés a la altura del hombre que te ha criado. Que no falles, no dudes, que seas fuerte incluso cuando te estés rompiendo por dentro-Baja un momento la mirada-¿Tú no estarías asustado?

No respondo.
Porque la respuesta es evidente.

-Claro que sí. Pero se que si está pasando algo que me está haciendo daño lo hablaría.

-Jon no solo tiene miedo de morir, Damian. Tiene miedo de no ser suficiente, de decepcionar a su padre, de decepcionaros a todos.
Y probablemente...De decepcionarte a ti.

-Nunca subestimes todo lo que has sobrevivido para llegar hasta aquí-

Wally

Dick me está ayudando a bañarme.
Y eso que le he dicho veinte veces que estoy bien.

Bueno...Que estoy bien es mentir un poco. Tengo agujetas hasta en músculos que no sabía que existían. Me duelen los hombros, la espalda, las piernas y las manos todavía escuecen por las heridas y el frío de anoche.

Pero puedo moverme.

Solo que muy despacio.

Aun así, él ha decidido que eso no importa. Ha dicho que ya estaba decidido y cuando Dick toma una decisión...Es más fácil discutir con una pared.

Ahora estoy sentado dentro de la bañera mientras el agua caliente me llega por encima de la cintura. El vapor llena el cuarto de baño y empaña el espejo.

Detrás de mí, sentado en el pequeño poyete de obra, está él.

Y sí...Estoy nervioso. Muchísimo.
No porque haga nada raro. Precisamente porque actúa con una naturalidad que me desarma, mete la mano en el agua para comprobar la temperatura.

-¿Quema?-Niego con la cabeza.

-No...está bien-Asiente satisfecho.

Después coge una esponja, la humedece y echa un poco de jabón.
El olor llena enseguida el baño.

Limpio.

Fresco.

Me recuerda al olor de la ropa recién lavada. Dick empieza por el hombro izquierdo, pasa la esponja despacio, sin apretar apenas. Como si tuviera miedo de hacerme daño, cuando llega a uno de los arañazos, reduce todavía más la presión.

-¿Aquí?

-No duele.

-Mentiroso-Se me escapa una sonrisa.

-Solo un poco-Él resopla por la nariz.

-Ya.

Continúa limpiando el brazo.
Después el cuello, la espalda, cada movimiento es tranquilo. Sin prisas.
De vez en cuando aparta con los dedos algún mechón de pelo mojado que se me queda pegado a la nuca.

No habla mucho.

Y, curiosamente, ese silencio resulta cómodo. Solo se escucha el agua moviéndose cada vez que levanta la esponja.

Cuando termina con la espalda, coge el cabezal de la ducha y deja caer un chorro de agua templada para retirar el jabón.

El calor hace que los músculos se relajen un poco. Cierro los ojos y pienso en qué me parece mentira que Dick sea capaz d rematar gente con las mismas manos que me cuida.

Dick deja el cabezal otra vez en su sitio y ye pasa una toalla pequeña por una de las manos, con cuidado.
Secando entre los dedos para no rozar demasiado las heridas.

-Gracias...-Él tarda unos segundos en contestar.

-No me las des.

-¿Por qué?-Se encoge ligeramente de hombros.

-Porque cuando quieres a alguien, estas cosas no se hacen esperando un gracias.

Me quedo callado. No sé muy bien qué responder. Así que simplemente dejo que termine de ayudarme y
mientras el agua caliente sigue cayendo sobre mis piernas cansadas...Pienso que hay personas capaces de hacerte sentir protegido sin necesidad de decir una sola palabra.

-¿Tú cómo lo llevas?

Mi voz sale mucho más baja de lo que esperaba. Dick deja la esponja unos segundos dentro del agua.
No hace falta que especifique a qué me refiero. Los dos sabemos perfectamente de quién estoy hablando.

Él tarda unos segundos en responder. Los suficientes para que el silencio vuelva a llenar el baño.

-Hay días en los que siento que ya no tiene ningún poder sobre mí-Hace una pausa y después suspira-Y otros...en los que descubro que sigo reaccionando exactamente como él quería que reaccionara.

Lo miro por encima del hombro.
Tiene la mirada perdida en algún punto del agua.

-Maneras de pensar que siguen apareciendo en mi cabeza aunque él lleve muerto mucho tiempo. Es como quitar una mala hierba. Arrancas una...y descubres que debajo había diez raíces más.

No sé qué decir. Porque nunca he vivido algo parecido. Lo peor que he pasado en mi adolescencia era aguantar maestro que te hablaban como una mierda y algun compañero que se metía conmigo.

-¿Sabes qué es lo peor?-continúa y yo niego con la cabeza-Que durante mucho tiempo pensé que, si alguna vez echaba de menos algo de él, significaría que estaba loco-Me giro un poco más para poder verlo mejor.

-¿Lo echas de menos?

Dick tarda en contestar.

Mucho.

-No a él exactamente. Echo de menos haber tenido la oportunidad de tener a alguien que me quisiera como un padre. A veces confundía que me alimentara o me curara una herida con cariño. Era un niño... necesitaba creer que había algo de afecto en todo aquello.

Jon

Me levanto y siento que no he descansado nada. Es como si hubiera dormido durante horas para nada. Tengo la cabeza embotada, los ojos pesados y una sensación rara en el cuerpo, como si hubiera corrido una maratón mientras dormía.

Ya hay varias personas levantadas.
Algunos me saludan con la mano y yo les devuelvo el saludo moviendo apenas la cabeza.

No tengo fuerzas para mucho más.
Es más...Me siento mareado. Al entrar en el salón particular que tenemos para nosotros, veo a Artemis y a Dom desayunando.

Han llenado la mesa de platos, tazas y algún paquete de galletas abierto.

-Vaya cara...-dice Dom nada más verme.

-Siento que me ha pasado un tren por encima-Artemis empuja un plato hacia mí.

-¿Quieres?-Encima hay varios dulces.

Asiento y cojo uno de chocolate.
En cuanto le doy el primer bocado cierro los ojos un segundo.

Joder.

Me sabe a gloria.

Como si mi cuerpo llevara horas pidiendo azúcar sin que yo me hubiera dado cuenta.

Me dejo caer en el sofá. Desde ahí veo pasar a Damian hablando con su hermano. No presto demasiada atención, pero alcanzo a escuchar algo sobre que la siguiente base está bastante lejos y que quizá siga activa porque en el mapa no tiene ningún color marcado.

Resoplo, mientras me dejo caer hacia un lado y me tapo la cabeza con un cojín. No quiero pensar.
Artemis y Dom empiezan a discutir sobre qué van a cocinar por la noche.

-Yo sigo diciendo que unas buenas habas con jamón.

-Como no hagas tú las habas...

-Las hago encantado.

En el pasillo alguien se echa a reír.
Creo que es Conner.
Está vacilando a Nate por el pelo.

-Tío, pareces un arbusto despeinado.

-Es estilo.

-Es abandono.

-Dejame estoy recién levantado.

Me gustaría tener es energía que ahora mismo tiene ellos. Pero me es imposible.

-¿Puedo?

El corazón me da un pequeño salto.
Me quito el cojín de la cabeza. Damian está de pie delante del sofá.
Mirándome.

-¿Eh?

-Sentarme.

-¡Ah! ¡Claro!

Me incorporo enseguida y le hago sitio. Él se deja caer a mi lado, lo primero que me llega es su olor.
Huele a haber estado hace un rato en la cocina.

A tostadas.

A cereales.

A Puleva de fresa.

Y debajo de todo eso...

Ese olor limpio que siempre deja la ducha caliente.

No sé por qué.

Pero me tranquiliza.

-¿Cómo estás?-me pregunta.

-He tenido días mejores-Él me observa unos segundos.

-Parece que tienes resaca-No puedo evitar sonreír un poco.

-Los lobos no podemos tener resaca.

-Pues debes ser otro nombre, porque esa cara da miedo.

Resoplo una risa. Estoy demasiado cansado para responderle. Así que, casi sin pensar, dejo caer lentamente la cabeza sobre su regazo.

La tela de su pantalón todavía conserva un poco del calor de su cuerpo. Cierro los ojos.

-¿Seguro?-pregunta en voz baja.

-Mmmm...-Siento cómo sus dedos empiezan a perderse entre mi pelo.

Despacio.

Con cuidado.

Sin buscar nada más que apartarme algunos mechones de la frente. La tensión que llevo acumulando desde hace días parece aflojarse un poco.

Solo un poco.

Pero suficiente para que mi respiración se vuelva más lenta.

Damian suspira.

-¿Te apetece ver una película esta noche?-Abro un ojo para mirarlo.

-¿Una mala o una buena?

-Una mala.

-¿Para qué?

-Porque te suelen gustar-No puedo evitar reírme.

-Entonces supongo que está decidido.

Noto cómo su mano se detiene un instante sobre mi cabeza. Después vuelve a acariciarme el pelo.

Tim

Después de cenar nos reunimos todos en el salón principal del hotel.
Las mesas se apartan hacia un lado y cada uno va ocupando un sitio casi por costumbre. Algunos siguen con una taza de café en la mano. Otros llevan refrescos o botellas de agua. Benji y Joel también están presentes, aunque los dos tienen prohibido hacer esfuerzos.

-Nuestra siguiente parada se llama Nido del Cuervo-digo y la rodeo en el mapa enorme que tenemos en la pared. La carretera desaparece a mitad del recorrido y el resto del camino vuelve a convertirse en senderos forestales.

-Tiene pinta de estar a tomar por culo-Dice Conrad

-Está a unas siete horas de aquí.

Escucho algún resoplido, pero nadie protesta.

-Hay una cosa que nos preocupa.
Casi todas las instalaciones tienen anotaciones. Algunas están tachadas en rojo, otras aparecen marcadas como destruidas. Incluso varias tienen comentarios escritos a mano. Pero esa...No. El nido del Cuervo no tiene ninguna marca.

Varias personas intercambian miradas. No hace falta decir en voz alta lo que todos estamos pensando.

-Tampoco queremos sacar conclusiones antes de tiempo-añade Clark-No tenemos ninguna prueba de que continúe operativa. Solo sabemos que, comparada con las demás bases, es la única que no presenta ninguna anotación.

-Mañana descansaremos y pasado mañana saldremos a las siete de la mañana.

Intentaremos llegar antes de que anochezca para tener horas de luz suficientes si finalmente decidimos entrar.

-Joel y Benji-Dice Clark-Vosotros hos quedáis

-Predecible-Dice Benji dice Benji mirando a Joel.

-Tu yo juntos osito-Le dice Joel en un tono exageradamente coqueto.

Roy

Quizás hoy debería estar descansando. Después de todo lo que ha pasado tendría sentido quedarme en la cama hasta la hora de comer.

Pero, por primera vez en muchos días...He dormido bien. De verdad.
Sin el sonido de una alarma de emergencia metiéndose en mis sueños.

Así que, a las doce de la mañana, ya estoy en el campo de entrenamiento del hotel. El arco descansa entre mis manos como si llevara toda la vida ahí.

Inspiro.

Tenso la cuerda.

Suelto.

La flecha silba en el aire.

Clac.

Centro.

Otra.

Centro.

Otra.

Centro.

Cuando termino la serie, alrededor del punto rojo apenas queda espacio. Las flechas forman un círculo casi perfecto.

Sonrío satisfecho.

-Veo que estás entretenido.

Me giro y veo a Jason. Las manos en los bolsillos. La expresión de quien ya viene pensando alguna tontería.

-Ey...

Él mira la diana.

Después me mira a mí.

Y niega despacio con la cabeza.

-No has metido ni una.

Suelta una risa mientras se acerca al banco donde hay varios cuchillos de lanzamiento.

-Lo he hecho aposta.

-Ya, claro.

Escoge uno. Ni siquiera parece apuntar demasiado.

Lo lanza.

Tac.

Centro.

Levanto una ceja.

-¿Te acuerdas de tu manzana?-
Jason resopla.

-Te estarás haciendo viejo.

-¿Jason?

-Tranquilo...a todos nos pasa.

Coge otro cuchillo. Lo hace girar una vez entre los dedos y vuelve a lanzarlo.

Otro impacto.

Muy cerca del centro.

Mientras él continúa, camino hasta la diana para recuperar mis flechas.
Voy sacándolas una por una, la madera cruje un poco con cada tirón.

-¿Y tú?-pregunto sin girarme.

-¿Yo qué?

-¿No te haces viejo?

-Yo estoy en la flor de la vida-No puedo evitar sonreír.

-¿Insinúas tener mejor puntería que yo?-Guardo otra flecha en el carcaj.

-Seguro que hoy sí-Me doy la vuelta.

-¿Quieres apostar quién da más en la diana?-Jason cruza los brazos.

-¿Apostar el qué?-Me encojo de hombros.

-Tú sabrás.

Sonrío.

-Yo ya sé lo que te voy a pedir-Él arquea una ceja.

-Eso suena peligrosísimo.

-Un poco-Jason termina sonriendo también.

-Bien.

Señala los cuchillos.

-Pero yo tiraré con esto.

-Hecho.

Nos colocamos uno al lado del otro.
Le cedo el primer turno. Jason respira hondo y lanza.

Tac.

Centro.

Segundo.

Muy cerca.

Tercero.

Centro otra vez.

El cuarto se desvía apenas unos centímetros. El quinto queda rozando el borde exterior del círculo central. Cuando termina, ladea la cabeza satisfecho.

-Nada mal....Me toca.

Coloco una flecha.

La cuerda se tensa.

Todo el ruido desaparece.

Solo existe la respiración.

La distancia.

La diana.

Suelto.

La flecha atraviesa el aire y se clava exactamente en el centro.

Otra.

Centro.

La siguiente golpea la parte trasera de la anterior.

Después otra.

Y otra.

Las flechas terminan prácticamente tocándose unas a otras.

Jason silba despacio.

-Vale...-Mira la diana, luego vuelve a mirarme.

-Empiezo a entender por qué la pobre manzana no tuvo ninguna oportunidad-No puedo evitar reírme.

-¿Entonces he ganado?-Él suspira con un dramatismo exagerado.

-Técnicamente...Sí-Se mete las manos en los bolsillos y me señala con un dedo-Pero como la apuesta todavía no estaba cerrada...Voy a fingir que esto ha sido un amistoso.

Me echo a reír.

-Qué mal perder tienes.

-Soy competitivo.

-¿Y qué me vas a pedir como recompensa?-Hago como que me lo pienso.

-Mmmm...-Sonrío de lado-Quizá a ti en mi cama.

Jason se queda completamente quieto. Luego resopla una risa.

-Eso no suena precisamente a un castigo.

-No he dicho que lo fuera.

-Qué listo eres.

-Pero eso ya lo sabías, además Intento rodearme de buena compañía.

-Y casualmente esa buena compañía soy yo.

-No veo a nadie más por aquí-Jason niega con la cabeza, divertido.

-No puedes soltar una frase así y quedarte tan tranquilo-Me encojo de hombros.

-¿Por qué no?

-Porque no-Levanto una ceja.

-¿Eso significa que aceptas?-Él da un paso más hacia mí hasta quedarse a menos de un metro.

-Significa...-Hace una pausa solo para hacerme esperar-que deberías haber especificado cuándo.

No puedo evitar sonreír.

-Entonces no has dicho que no.

-No pongas palabras en mi boca.

-¿Puedo poner otra cosa?

Él me mira unos segundos. Después se lleva una mano a la cara, negando despacio con la cabeza.

-Cada día eres más descarado.

-Es que me motivas mucho.

Benji

Cuando llaman a mi puerta, estoy tumbado boca arriba contemplando el techo, debatiendo seriamente si el esfuerzo de moverme vale la pena.

Cada respiración profunda me recuerda el zarpazo que casi me abre en canal. Está limpio, vendado, y Dom insiste en que tuve suerte, pero mi cuerpo aún no me ha perdonado. Hasta girarme duele.

-Pasa-digo.

La puerta se abre y aparece Mike. No me sorprende.

Entra y cierra la puerta.

-¿Cómo estás?

-Como si un lobo gigante intentara arrancarme las costillas-Mike me mira con seriedad.

-Eso es lo que ha pasado.

-Era humor.

-Ya. Pero no me parece gracioso.

-Necesitamos trabajar tu concepto de comedia.

Se acerca a la cama e intento incorporarme. Mala idea. El costado protesta inmediatamente y se me escapa una mueca de dolor.

Mike da dos pasos rápidos.

-No.

-Puedo sentarme solo.

-Ya lo estoy viendo.

-Qué borde.

Me ayuda a recostarme contra las almohadas. Sus manos apenas me tocan, como si temiera hacerme daño, y cuando termina no se aparta demasiado.

Lo miro.

Él me mira.

Silencio.

-¿Has venido a verificar personalmente que sigo respirando?

-Sí.

La respuesta es tan inmediata que me deja sin broma preparada.
Mike baja la mirada.

-Cuando sonó la alarma...Sabía que estabas en problemas.

-¿Sí?

-Sí. Tienes un don para molestar a la gente.

-Lo sabes de primera mano.

Hay algo en su expresión que hace que se me olvide hasta el dolor del costado.

-Mike...

Él empieza a inclinarse hacia mí.

Despacio.

No es difícil entender qué está haciendo.

Y mi cuerpo, que hace cinco segundos se quejaba porque respirar era demasiado esfuerzo, de repente decide que tiene energía suficiente para ponerme nervioso.
Sus ojos bajan un instante hacia mi boca. Los míos hacen exactamente lo mismo.

-No quiero que esto sea por lo que ha pasado-murmuro.

Mike se detiene.

-No lo es.

-¿Estás seguro?

-Sí-Se acerca apenas un poco más-Llevo queriendo hacerlo desde antes de que casi te mataran.

-Qué romántico.

-Benji.

-Perdón.

Me río por lo bajo y me arrepiento inmediatamente cuando el costado tira.

-Joder...

Mike se aparta al instante.

-¿Ves?

-Estoy bien.

-No, no lo estás.

-Puedo besarme estando herido.

-Eso no lo he discutido.

-Entonces acércate.

Mike niega con la cabeza, pero vuelve a acercarse. Esta vez apoya una mano al lado de mi cuerpo, sin cargar peso sobre mí.

-No va a pasar nada más.

Levanto una ceja.

-¿Nada?

-Estás herido.

-Tengo un zarpazo, no noventa años.

-Me da igual.

-Qué poco espíritu aventurero.

-Ayer casi te pierdo. No voy a hacerte daño hoy porque tú seas incapaz de estarte quieto.

Eso me calla.

Mike vuelve a inclinarse.

Esta vez no hago ninguna broma.

Nuestros rostros quedan tan cerca que siento su respiración contra mi piel, y por primera vez desde que entró, parece que deja de estar tenso.

-Solo esto-murmura.

-Solo esto-repito.

Y pienso que quizá pueda sobrevivir unos días sin hacer ninguna estupidez.

Aunque con Mike tan cerca...

Va a ser un sacrificio considerable.

-Un alfa que necesita que todos se arrodillen no tiene una manada. Tiene prisioneros-Clark

Tim

El Nido del Cuervo está a unas siete horas.

Siete horas si las carreteras están en buen estado, si no tenemos que desviarnos por imprevistos y si nadie decide atacarnos por el camino.

Nos levantamos antes del amanecer, aunque realmente creo que algunos ni siquiera han dormido. Cuando bajo al aparcamiento todavía hace fresco y los coches están cubiertos por una capa fina de humedad matutina. El aire huele a tierra húmeda y a metálico. Los maleteros están abiertos y hay bolsas, mochilas y cajas de munición repartidas por el suelo mientras cada uno revisa su equipo con una precisión casi ritual.

Esta vez vamos más preparados para una base que creemos está activa.

No significa que lo esté.

Eso intento repetirme mientras reviso las correas de mi mochila por tercera vez.

El Nido del Cuervo no aparece marcado en los archivos. Ni rojo como las bases eliminadas ni con ninguna indicación de abandono. Simplemente tiene un nombre, unas coordenadas y nada más. Un espacio vacío donde debería haber información.

Y después de todo lo que hemos descubierto, ese vacío me da bastante más miedo que una enorme palabra diciendo PELIGRO.

Clark organiza los grupos mientras nosotros cargamos. Su voz es baja pero firme, cortando el tenso silencio del amanecer.

Él viene.

Conner también.

Jon, Damian y yo.

Mike, Sol, Conrad y Pamed.

Lena, Nate y Ray.

Roy y Jason.

Marcus, Niko, Caleb y Artemis.

Wally y Dick.

Somos muchos.

Precisamente porque no sabemos qué vamos a encontrarnos.

Lois se queda con Vanya, Thomas, Lys y Rhea. Alguien tiene que permanecer aquí por si nuestra ausencia es exactamente lo que están esperando para atacar. Joel y Benji ni siquiera entran en discusión. Los dos están heridos y esta vez nadie va a permitir que intenten hacerse los héroes.

-Munición revisada-escucho decir a Marcus mientras pasa a mi lado con una caja pesada.

-Dos veces-responde Niko desde el otro lado del aparcamiento.

-Tres.

-Eso ya es obsesión.

-Eso es querer volver.

Sigo organizando mi propia mochila, mis dedos moviéndose con memoria muscular.

Botiquín pequeño con vendas, antibióticos y analgésicos, dos cargadores adicionales para mi pistola, linterna de alta intensidad con filtro rojo, baterías de repuesto, navaja multiusos con hoja de acero inoxidable, agua, barritas energéticas y geles de alto valor calórico, comunicador con canal encriptado y auricular.

Voy tachando mentalmente cada cosa mientras la coloco en compartimentos específicos.

Esta vez también llevamos ropa diferente. Nada de camisetas normales o ropa casual. Todos vestimos pensando en movimiento y protección. Pantalones tácticos gruesos, con refuerzos en rodillas y cadera, resistentes a enganchones y rozaduras. Botas altas con suela antideslizante para terreno irregular y protección de tobillo. Camisetas transpirables de secado rápido debajo y prendas oscuras con tratamiento antirreflectante encima. Algunos llevan chalecos tácticos ligeros con placas balísticas; los humanos, especialmente, llevamos más protección.

Yo termino de ajustar el mío, sintiendo el peso familiar distribuido uniformemente sobre mi torso.

Conner me mira desde el otro lado del maletero abierto.

-Estás apretándolo demasiado.

-No.

Se acerca, sus botas haciendo un sonido suave sobre el asfalto húmedo. Tira de una de las correas laterales.

-Sí.

-Conner.

-Tim.

Afloja ligeramente una de ellas, sus dedos moviéndose con una delicadeza que contradice su tamaño.

-Necesitas respirar.

-Respirar está sobrevalorado.

-Hasta que dejas de hacerlo.

Lo miro. Él sonríe, mostrando ese pequeño diente torcido que siempre me desarma.

Idiota.

A pocos metros, Roy está revisando su arco con una concentración casi religiosa. Pasa los dedos por la cuerda, comprobando la tensión con un ojo entrenado, y después inspecciona las flechas una por una antes de guardarlas en el carcaj. Lleva otro más pequeño con diferentes puntas preparado en el maletero.

Jason, a su lado, parece una armería con piernas. Pistolas en muslo y cadera, cuchillos en vaina y en botas, y estoy bastante seguro de que lleva más cosas que prefiero no preguntar dónde ha guardado.

-¿Cuántos cuchillos necesitas?-le pregunta Roy sin apartar la vista de su arco.

-Sí.

Roy se queda mirándolo, una ceja levantada.

-Esa respuesta no tiene sentido.

-Para mí sí.

-Veras como nos pare la poli-Dice
Artemis quién comprueba su rifle de francotirador con movimientos precisos mientras Caleb termina de organizar varios botiquines grandes.

Nate discute con Pamed porque este último quiere llevar una cantidad absurda de comida.

-Son siete horas-dice Nate, señalando la pila de latas y paquetes.

-Exacto.

-No siete días.

-¿Y si tengo hambre?

-Te comes un bocadillo.

Pamed lo mira como si acabara de insultar a toda su familia.

-Yo no sobrevivo siete horas con un bocadillo.

Sol pasa entre ellos cargando una bolsa con equipamiento electrónico.

-Dejadle llevar comida. Prefiero eso a escucharlo quejarse durante todo el viaje.

-Gracias.

-No era un cumplido.

Cierro mi mochila con un chasquido firme y miro hacia Jon. Está junto a Damian, ambos en silencio. Jon lleva ropa negra, botas y una mochila bastante más pequeña porque si tiene que transformarse acabaremos cargando nosotros con casi todo lo suyo.

Parece tranquilo.

Pero ya sé distinguir cuándo simplemente está intentando parecerlo. La forma en que sus dedos juegan con la cremallera de su mochila, el ligero temblor en su respiración.

Damian también. Y por cómo lo observa de vez en cuando sé que tampoco se lo está creyendo.

Mike y Conrad llevan todavía menos equipaje. Ellos seguramente serán de los primeros en transformarse si necesitamos rastrear algo.

Lena está haciéndose una trenza con movimientos rápidos y eficientes. Nate se acerca por detrás.

Poco a poco todo queda preparado.

Armas.

Munición.

Agua.

Comida.

Botiquines.

Mantas.

Incluso llevamos bidones extra de combustible. Porque siete horas de distancia significa que no podemos permitirnos depender de encontrar una gasolinera cuando la necesitemos.

Clark revisa cada vehículo antes de permitir que cerremos los maleteros. Comprueba los niveles de aceite, agua, la presión de los neumáticos.

Conner aparece a mi lado y me da un pequeño golpe con el hombro, su peso sólido y reconfortante.

-Deja de pensar.

-No estaba pensando.

-Tu cara de estar pensando da miedo.

-Tengo una única cara.

-No. Tienes como quince. Esa es la de "voy a imaginar cincuenta maneras diferentes en las que todo puede salir mal".

-Cincuenta y tres.

-Sube al coche.

Antes de hacerlo miro hacia el hotel.

Lois está junto a la entrada hablando con Clark. Vanya y Rhea siguen comprobando algunas cosas en una tableta. Thomas ayuda a Lys a meter dentro parte del equipo que dejamos.

Y en alguna habitación están Joel y Benji.

Ellos serán nuestra retaguardia.

Nosotros iremos hacia delante.

Subo al coche.

La primera parada la hacemos después de dos horas.

Y sinceramente, cuando Clark pone el intermitente y veo que los coches empiezan a desviarse uno detrás de otro, creo que mi espalda podría ponerse a llorar de felicidad si tuviera esa capacidad.

El área de descanso resulta ser básicamente un mirador gigante construido en uno de los laterales de la montaña. Hay un aparcamiento de grava, varias mesas de madera repartidas bajo unos árboles y una barandilla que separa el terreno de una caída considerable. Desde allí se ve un valle enorme atravesado por una carretera diminuta, montañas cubiertas de bosque y, muchísimo más lejos, algo que parece un río brillando bajo el sol.

En cuanto Conner abre la puerta prácticamente me tiro fuera.

-Joder...-Estiro los brazos por encima de la cabeza.

Me cruje la espalda.

-Eso ha sonado fatal-dice Mike bajándose detrás de mí.

-Ha sonado maravilloso.

-Ha sonado a jubilación anticipada.

-Soy joven.

-Tu columna tiene sesenta-Dice Damián bajándose.

Jon baja detrás de él bostezando y se estira de una forma bastante más exagerada. Levanta los brazos, arquea la espalda y después sacude los hombros.

Conner lo mira.

-Pareces un gato-Jon levanta el dedo corazón-Un gato grande-rectifica Conner.

-Y tú pareces gilipollas.

-Eso no cambia cuando me transformo.

Los demás coches empiezan a vaciarse. Pamed es el primero que abre uno de los maleteros.

-Han pasado dos horas-dice Nate.

Pamed saca una bolsa.

-Exactamente.

-Has desayunado antes de salir.

-Eso pertenece al pasado.

Sol se acerca.

-¿Qué tienes?

Pamed abre la bolsa.

-Bocadillos.

-Dame uno.

Nate los mira a los dos.

-Hace treinta segundos te estabas burlando de él.

-Y ahora tengo hambre.

-Sois unos vendidos.

Pamed le lanza un bocadillo.

Nate lo atrapa.

-Gracias.

-Hipócrita-murmura Ray al pasar.

Mientras tanto Roy se ha acercado a la barandilla.

-Hostia...-Jason llega detrás.

-Bonito-Roy gira lentamente la cabeza hacia él.

-¿Eso es todo?

-¿Qué quieres que diga?

Roy abre los brazos señalando el paisaje.

-Mira eso. Montañas. Bosques. El valle. El río.

Jason observa unos segundos.

-Hay muchos árboles.

Roy se queda mirándolo.

-Tienes el alma de una piedra.

-Una piedra atractiva-Suelta Wally

-Eso sí-Confirma Roy

-¿Wally?-Dice Dick

Jason tarda medio segundo en girarse.

-¿Qué has dicho?-Roy ya está caminando hacia las mesas.

-Nada.

-Harper.

-He dicho que tienes pinta de piedra.

-No has dicho eso.

-Problemas auditivos. La edad.

-A Dick le pasa también.

-¿Wally te has despertado gracioso o es que en el desayuno te has comido un payaso?

Lena, Conrad y Mike están haciendo algo bastante más sensato.

Estiramientos.

Mike tiene una pierna apoyada sobre una de las mesas mientras inclina el cuerpo hacia delante.

Pamed lo ve.

-Como te abras más acabas haciendo el espagat.

-Eso no es un espagat.

-¿Puedes hacerlo?

Mike levanta la cabeza.

-Sí.

Pamed deja el bocadillo.

-Demuéstralo.

-No.

-Cobarde.

-Estoy estirando.

-Cobarde flexible.

Conrad empieza a reírse.
Mike le lanza una mirada.

-Tú cállate.

Cerca de los coches, Artemis y Caleb revisan el mapa mientras Marcus come unas galletas. Niko aparece con una botella de agua.

-¿Cuánto queda?

-Cinco horas aproximadamente-
respondo.

Marcus deja de masticar.

-¿Cinco?

-Sabías que eran siete.

-Sí, pero cuando dices "quedan cinco" suena muchísimo peor.

-¿Qué quieres que diga? ¿Trescientos minutos?

Marcus lo mira horrorizado.

-Tim, tienes un talento especial para empeorar las cosas.

-Gracias.

-No era un cumplido.

-Lo acepto igualmente.

Damian se sienta en una mesa.
Jon aparece inmediatamente a su lado con un paquete de galletas.

-¿Quieres?

-¿De qué son?

Jon mira el paquete.

-Chocolate.

-Dame.

Le ofrece una.
Damian coge tres.
Jon mira su mano.

-Eso es robar.

-Denúnciame.

-Tim.

Los dos me miran. Yo estoy abriendo una botella de agua.

-No pienso intervenir en el caso de las galletas.

-Eres inútil como autoridad-dice mi hermano.

-No soy autoridad.

-Precisamente.

Conner se deja caer en el banco a mi lado. Tiene un bocadillo enorme entre las manos.

-¿Quieres?

-¿Qué lleva?

Mira dentro.

-Jamón, queso, tomate...creo que Pamed ha metido medio supermercado.

Pamed levanta la cabeza desde la otra mesa.

-¡La preparación salva vidas!

Nate señala su bocadillo.

-Esto tiene tres tipos de queso.

-¡Exactamente!

-¿Para qué?

-¡Para sobrevivir!

Roy intentando hacerle una foto a Jason con el paisaje detrás mientras Jason amenaza con tirarle el móvil montaña abajo.

-¡Quieto!

-Como hagas esa foto...

-Es para el recuerdo.

-Te voy a crear yo un recuerdo traumático.

-Sonríe.

-Estoy sonriendo.

-Eso parece una amenaza.

-Porque lo es.

La cámara suena.
Roy mira la foto.

-Perfecta.

Jason intenta quitarle el teléfono.
Roy sale corriendo alrededor de una mesa.

-¡Tienes doce años!

-¡Y tú eres lento!

-¡Como te coja...!

-¡Eso suena prometedor!

Hasta Clark se ríe.
Yo también.

Wally

La siguiente hora de viaje resulta bastante más tranquila.

Quizá demasiado.

Nate, Dom y Marcus van detrás y los tres han caído dormidos en algún momento de los primeros veinte minutos.

Me giro para mirarlos.

-Parecen muertos-Dice Dick

-No digas eso.

-Dormidos.

-Mejor.

Vuelvo a colocarme bien.

El paisaje lleva un rato siendo prácticamente el mismo: carretera, árboles, alguna montaña a lo lejos y señales que aparecen cada muchos kilómetros. La música está baja para no despertar a los tres de atrás y yo ya he mirado el móvil tantas veces que hasta eso me aburre.

Así que miro a Dick.

-Vamos a jugar a algo.

Él aparta los ojos de la carretera apenas un segundo.

-¿A qué exactamente?

-Preguntas.

-¿Preguntas?

-Sí. Una tú, una yo.

-¿Qué tipo de preguntas?

Me encojo de hombros.

-Lo que quieras.

Acepta.

Y yo decido empezar fácil.
Muy fácil. Porque hay algo que nunca se me olvida cuando hablamos del pasado.

Que su vida adolescente no es como la mía.

Ni esa etapa absurda en la que haces cosas que años después recuerdas a las tres de la mañana y quieres darte una patada a ti mismo.

Mientras otros adolescentes descubríamos qué coño hacer con nuestras vidas, él estaba aprendiendo cosas que ningún niño debería saber.

Así que no quiero convertir esto en un juego de "¿te acuerdas de cuando...?" donde todas mis preguntas terminen recordándole algo que nunca tuvo.

-¿Comida favorita?

Dick me mira de reojo.

-¿Esa es tu gran pregunta?

-Estoy calentando.

-No tengo.

-Aburrido. Di una que por lo menos te guste más que las demás

-Bocadillo de tortilla y patatas.

-Eso mejora bastante la respuesta.

-Mi turno.

-¿Primer beso?

Giro la cabeza hacia él.

-¿Perdón?

-Primer beso.

-¿Eso es calentamiento para ti?

-Has dicho lo que quisiera.

-A los catorce.

-¿Con quién?

-Eso son dos preguntas.

-Wally.

-Una chica que se llamaba...¿Emma?+Dick asiente lentamente.

-¿Dónde?

-Tres preguntas.

-Contesta.

Me río.

Vale.

Ya entiendo cómo va a ser esto.

Yo estoy intentando hacer preguntas básicas para no meterme en terreno complicado y este cabrón ha decidido hacerme un interrogatorio.

-Detrás del gimnasio del instituto.

-¿Fue bueno?

-Dick.

-Pregunta legítima.

-Fue horrible. Chocamos los dientes.

Se ríe.

-No te rías.

-Lo siento.

-No lo sientes.

-No.

Me quedo mirándolo un momento.

-Mi turno. ¿Dulce o salado?

-Salado.

-¿Playa o montaña?

-Eso son dos preguntas.

-Ah, ¿ahora existen las normas?

-Por supuesto.

-Montaña o playa.

-Montaña.

-Bien.

Dick espera.

-¿Ya?

-Sí.

-Tus preguntas son una mierda.

-Mis preguntas respetan tu intimidad.

-Yo no he pedido eso.

Me quedo callado.

Él tampoco añade nada.

Vale.

Entonces puedo preguntar un poquito más.

-¿Qué cosa te habría gustado hacer de adolescente?

Mierda. Quizá me he pasado. Pero Dick no parece molesto. Piensa durante unos segundos.

-No sé.

-Puede ser cualquier tontería.

-Supongo que...ir a la universidad.

Lo miro.

-¿En serio?

-Sí. Quejarme de profesores. Suspender algo porque no estudié. Copiar deberes. Tener compañeros a los que odiar sin que intentaran matarme.

Se me escapa una risa pequeña.

-Te habría ido fatal socialmente.

-¿Por qué?

-Porque tienes cara de delegado.

-Vete a la mierda.

-Seguro que te presentabas voluntario.

-No.

-Y recordabas al profesor que había deberes.

Dick gira la cabeza hacia mí con auténtica ofensa.

-Retira eso.

-Jamás.

-Eso ha sido cruel.

Me río mientras él niega con la cabeza.

-Mi turno.

Ya estoy arrepintiéndome.

-Venga.

-¿A qué edad perdiste la virginidad?

Abro mucho los ojos.

-¡Dick! ¿Qué clase de interrogatorio es este?

-Uno interesante.

-Yo te pregunto si prefieres playa o montaña y tú quieres mi historial sexual.

-Correcto.

-No estamos jugando al mismo juego.

-Nunca especificaste las reglas.

Tiene razón.

Maldito sea.

-Diecisiete-murmuro.

-¿Dónde?

-Otra vez estás haciendo preguntas extra.

-¿Dónde?

Resoplo.

-En casa de ella.

-¿Sus padres estaban?

-No.

-¿Estabas nervioso?

-Muchísimo.

-¿Cuánto duraste?

-¡Se acabó el juego!

Dick se echa a reír. Tengo que taparme la boca para no hacer lo mismo demasiado fuerte y despertar a los tres de atrás.

-Eres imbécil.

-Has dicho que respondías.

-No he dicho que fueras a realizar una investigación criminal sobre mi adolescencia.

-Me interesa. Y que sepas puedes preguntarme cosas así que también fui al insti ¿eh?

-¿Donde vivías de pequeño?

-En una caravana.

-Bua, ¿En serio?

-Sí.

-Mola, pero seguro da claustrofobia.

-¿Te metías en muchas peleas?

-Mmm no.

-¿Quiénes eran tus mejores amigos?

-Arthur, Jaime y Philip.

-¿Los echas de menos?

Silencio.

1

2

3

4

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-Sí.

-¿Primera novia?

-No me acuerdo...Es decir, sé que me lié con unas cuantas pero yo iba a mi bola.

-¿Ni siquiera de tú primera vez?

-Fue una mierda...Creo que era con Violet...Era unos años mayor que yo, de esas tías que ves y dice. Wo. Follemos y se fue. No sabía no que había pasado.

-Joder, que mierda. Pregunta.

-¿Seguro?

-Sí.

-¿Alguna vez te escapaste de casa?

-Tres veces.

-¿Tres?

-La primera llegué hasta el final de la calle-Dick se ríe.

-Tenía doce años.

-¿Y las otras?

-Una con quince porque estaba castigado y unos amigos iban a una fiesta. La otra con dieciséis.

-Eras un delincuente pésimo.

-No todos recibimos formación profesional-Eso le saca otra sonrisa.

-¿Te emborrachaste alguna vez antes de los dieciocho?

-Sí.

-¿Cuántos años?

-Dieciséis...o quince.

-¿Vomitando?

-Por todas partes.

-¿Tus padres se enteraron?

-Mi madre me encontró dormido en el baño-Dick se empieza a reír.

-No tiene gracia.

-Tiene muchísima gracia.

-Pensé que iba a morir.

-Probablemente ella también pensó en matarte.

-Más o menos.

Roy

Llevamos a Pamed, Conrad y Nate atrás.

Conrad y Pamed están cada uno con un auricular puesto, compartiendo el móvil entre los dos para ver una serie. De vez en cuando uno protesta porque el otro mueve demasiado la pantalla, pero llevan un buen rato sorprendentemente tranquilos.

Nate está sobado como un muerto.

Tiene la cabeza apoyada contra la ventanilla, la boca ligeramente abierta y una postura que mañana le va a destrozar el cuello.

Jason es quien conduce ahora.

Yo voy en el asiento del copiloto, con una pierna doblada y el codo apoyado contra la puerta. Fuera solo pasan árboles, carretera y kilómetros de absolutamente nada.

Hasta que Jason habla.

-¿Puedo preguntarte algo?

Giro la cabeza hacia él.

-Claro.

Mantiene los ojos en la carretera.

-¿Los has perdonado?

No necesito preguntar a quiénes.
Aun así, tardo unos segundos en contestar.

-¿A mi madre y a Oliver?

-Sí.

Miro por la ventanilla. Los árboles pasan convertidos en manchas verdes.

Mi madre.

Oliver.

Dos heridas completamente diferentes que, de alguna forma, acabaron enseñándome la misma lección: que querer a alguien no garantiza que esa persona vaya a pensar en tí.

-Mi madre siempre decía una cosa-murmuro-A nadie le importamos, Roy. Puedes fallar una y otra vez y el mundo no va a girar distinto. Así que haz lo que tengas que hacer.

Jason frunce ligeramente el ceño.

-¿Y eso qué quiere decir?

-Quiere decir...

Me quedo pensando. Nunca había intentado explicarlo en voz alta.

-Que mi madre estaba convencida de que nosotros no importábamos. Que si nadie esperaba nada bueno de ti, tampoco tenías obligación de ser bueno. Podías equivocarte, hacer daño, desaparecer...daba igual. El mundo seguiría girando.

Juego con una costura del pantalón.

-Era su forma de justificar muchas cosas-Jason guarda silencio.

-Cuando eres pequeño no entiendes eso-continúo-Solo escuchas a tu madre decirte que a nadie le importas y la crees. Porque es tu madre. Si ella dice que el mundo no te echaría de menos, ¿por qué ibas a pensar lo contrario?.

-Eso es una mierda para decirle a un niño.

-Sí-Sonrío sin ganas.

-Pero durante mucho tiempo pensé que era una especie de consejo. Como..."sé libre, que le den a todo". Luego crecí y entendí que realmente significaba "no esperes que nadie venga a salvarte. Ni siquiera yo".

Jason aprieta un poco las manos sobre el volante.

-¿Entonces los has perdonado?

Miro hacia delante.

-Creo que sí.

-¿Crees?

-Perdonar no es despertarte un martes y decir: estupendo, ya no me importa-Jason suelta una risa muy pequeña.

-Supongo que no.

-Mi madre...Merecía volver a sentirse querida y protegida. Pero lo pienso y digo ¿No había más hombres? Me siento mal cuando los odio.

-No deberías.

Lo miro.

-Jason, soy un egoísta..Pero puedo entender que mi madre era una persona hecha polvo sin pensar que todo lo que hizo estaba bien. Creo que ahí está la diferencia.

Jason asiente despacio.

-¿Y Oliver?-Ahí sí que se me escapa una risa seca.

-Ese es más complicado.

-¿Por qué?

-Porque de mi madre era hijo. Con Oliver...yo elegí confiar. Lo admiraba muchísimo. Cuando él me miraba y decía que podía hacerlo, yo me lo creía. Y cuando te falla alguien al que has puesto tan arriba...-Levanto una mano y la dejo caer-La caída es bastante larga.

-Lo sigues odiando.

-Otras veces lo echo de menos. Otras quiero verlo y preguntarle por qué coño no fui suficiente. Y después me enfado conmigo mismo porque sé que esa no debería ser la pregunta.

-No-Jason responde inmediatamente-No debería serlo.
Que alguien te falle no significa que tú no fueras suficiente-Me quedo observándolo unos segundos.

-Joder.

-¿Qué?

-De vez en cuando dices cosas emocionalmente sanas y me asustas.

-Cállate.

Me río. Desde atrás Pamed levanta un dedo sin quitarse el auricular.

-¡Bajad la voz!-Dijo Nate mientras se recomodaba. Jason mira por el retrovisor.

-¿Quieres ir andando?

-Qué agradable conductor.

Sonrío y vuelvo a mirar por la ventanilla.

-No sé si he perdonado completamente a Oliver-digo después de un rato-Pero no quiero pasarme la vida esperando...Se que Oliver me busco por lo menos los primeros meses. Pero se que después ellos pensaron "es mayor sabrá cuidarse". Jason, mi madre no se equivoco cuando me decía aquellas cosas. Sólo nos tenemos a nosotros mismo. Todos quieren aferrarse a su propia felicidad.

-Eso es muy...maduro de tu parte Roy.

-¿Sorprendido?

-Mucho.

Me quedo unos segundos en silencio antes de añadir:

-Pero lo pienso bien y mi madre se equivocaba.

-¿Sí?

Apoyo la cabeza contra el asiento.

Miro un instante hacia atrás. Pamed y Conrad compartiendo una serie.
Nate durmiendo como si llevara muerto tres días.

Después miro a Jason.

-Resulta que sí hay gente a la que le importa si vuelves a casa.

Jason no dice nada. Pero veo cómo una pequeña sonrisa le tira de una esquina de la boca.

Y creo que esa es una de las cosas que más me gustan de él.

Lena

Artemis lleva por lo menos diez minutos metiéndose con Niko. Y lo peor es que Niko sigue respondiéndole.

Ese es su primer error.

-¿Estás preocupado?-pregunta Artemis desde el asiento de atrás.

Niko ni siquiera levanta la vista del móvil.

-No.

-Seguro.

-Sí.

-Porque tu princesa se ha quedado allí solita...-Niko levanta la cabeza lentamente.

Se está refiriendo a Vanya

-Está con Lois, Thomas, Lys y Rhea.

-Pero sin ti.

-Sobrevivirá-Artemis se lleva una mano al pecho.

-Qué frío. La pobre Vanya mirando por la ventana del hotel mientras llueve...

-No está lloviendo.

-Metafóricamente.

Yo me tapo la boca disimuladamente para no reírme.

-¿Puedes estar cinco minutos sin tocarme los cojones?

-Puedo.

Silencio. Dura aproximadamente cuatro segundos.

-¿Le has mandado un mensaje?

-Artemis.

-Eso es un sí.

Niko bloquea el móvil.
Demasiado tarde.

-¡Estabas hablando con ella!

-Estaba mirando la hora.

-La hora aparece sin desbloquearlo.

Sol suelta una carcajada desde mi lado. Ray también se ríe sin apartar demasiado la mirada del móvil que ambos comparten.

-Lo ha pillado-dice Ray.

-Traidores-murmura Niko.

Artemis parece encantado consigo mismo.

-¿Qué le has puesto? ¿ Cinco horas nos separan pero nuestros corazones permanecen unidos?

-Como sigas hablando voy a hacer que mis puños se fusionen con tu cara tu cara.

-Eso ha sonado a amenaza porque estás enamorado.

-Eso no tiene ningún sentido.

-Para mí sí.

Yo niego con la cabeza mientras vuelvo a mirar por la ventanilla.

-Déjalo respirar.

Niko me señala.

-Gracias.

-Aunque sí te digo la verdad me pareces muy mono.

-¡Lena!

No puedo evitar reírme. Artemis me ofrece la mano y chocamos los cinco.

-Sabía que eras de las mías.

-No te emociones.

Ray y Sol llevan una serie descargada en el móvil y, por lo que he podido entender durante la última media hora, ninguno de los dos está de acuerdo con absolutamente ninguna decisión de los personajes.

-Te estoy diciendo que ese tío es el malo-dice Sol.

-No es el malo.

-Tiene cara de malo.

-Eso no es una prueba.

-Ha asesinado a tres personas-Ray hace una pausa.

-Todavía no sabemos por qué.

-¿Necesitáis saber por qué?

-¡Gracias!-Sol me señala inmediatamente-¡Eso llevo diciéndole veinte minutos!

Ray resopla.

-En esta serie todo el mundo mata a alguien.

-Eso no mejora tu argumento-dice Artemis.

-Tú no la estás viendo.

-He escuchado suficiente.

Niko vuelve a mirar el móvil. Artemis lo detecta inmediatamente.

-¿Otra vez escribiendo a la princesa?

-Estoy buscando cuánto falta para llegar.

-Puedes preguntárselo a cualquiera.

-Quiero verlo yo.

-Mándale ubicación en tiempo real a Vanya. Seguro que está sufriendo.

-Te juro que cuando paremos...

-¿Me vas a pegar delante de Lena?

-Qué imagen quieres darle de ti.

-Me tapare los ojos.

-Yo solo digo que hay que dar buen ejemplo delante de las damas.

-Hace cinco minutos estabas llamando princesa a Vanya para molestar a Niko.

-Porque soy un hombre complejo.

-Eres gilipollas-dice Niko.

-También.

-Una generación sufrió para sobrevivir. La siguiente tendría que sobrevivir para terminar lo que aquella empezó-

Jon

Me he quedado dormido.

Mierda.

Lo sé incluso antes de comprender dónde estoy, porque ninguna parte de la realidad podría sentirse así.

Estoy caminando por un río de sangre.

Me llega casi hasta las rodillas. Está tibia. Espesa. Cada paso cuesta más de lo que debería y produce un sonido viscoso cuando saco las piernas para seguir avanzando, como si el propio río se resistiera a dejarme pasar.

Hay cadáveres.

Decenas.

Quizá cientos.

Lobos completamente transformados flotan entre cuerpos humanos. Otros se quedaron atrapados a medio camino entre ambas formas: brazos humanos terminados en garras, rostros deformados por hocicos que nunca terminaron de aparecer, cuerpos cubiertos solo parcialmente de pelo como testimonios mudos de una transformación incompleta.

No quiero mirar.

Pero mire donde mire hay alguno.

El lobo blanco camina a mi lado.

Silencioso.

Sus enormes patas atraviesan la sangre sin que parezca importarle. El pelaje blanco permanece inexplicablemente limpio, excepto por las patas, que se van tiñendo de rojo a medida que avanzamos, como si la tierra misma absorbiera el color de la vida derramada.

Los ojos dorados miran siempre hacia delante.

Nunca hacia mí.

¿Qué coño intenta decirme con esto?

Respiro por la boca.

Error.

El olor entra igualmente.

Es insoportable.

Hierro.

Ese olor metálico de la sangre multiplicado hasta ocuparlo absolutamente todo. Se mezcla con humedad, barro, pelo mojado, sudor y algo dulzón que mi cerebro reconoce antes de que yo quiera ponerle nombre.

Descomposición.

Me dan arcadas.

Lo peor es que puedo distinguirlos.

Sangre de lobo.

Miedo.

Dolor.

Muerte.

Todo mezclado en un perfume infernal que se adhiere a mis pulmones.

Se siente tan real que tengo que recordármelo.

Estoy dormido.

Estoy dormido.

Estoy...

-¿Jon?

Me giro tan rápido que la sangre salpica alrededor de mis piernas, creando ondas carmesí que se extienden hasta perderse de vista.

Conozco esa voz.

-¿Lena?

Está varios metros detrás.

Lleva la misma ropa con la que la vi antes de salir, las piernas manchadas de sangre hasta las rodillas, como si hubiera caminado mucho más tiempo que yo por este río de muerte.

Y no está sola.

A su lado hay una loba negra.

Enorme.

Sus ojos se clavan en mí mientras avanza junto a Lena, dos puntos de luz en la penumbra rojiza.

Mi lobo blanco se detiene.

La loba negra también.

Se miran.

No gruñen.

No enseñan los dientes.

Se reconocen.

Como si se hubieran encontrado antes, en otra vida, en otro sueño.

-¿Qué haces tú aquí?-pregunto.

Lena me mira como si acabara de hacerle la pregunta más absurda del mundo.

-¿Y tú? Se supone que estos son mis sueños.

-O tú te has metido en los míos.

-Espera...Tú... ¿también te pasa esto?

Lena asiente.

La expresión le cambia.

Deja de parecer sorprendida.

Ahora parece aliviada.

Y aterrorizada al mismo tiempo.

-Sí-Mira alrededor, sus ojos recorriendo los cuerpos flotantes.

-Pero, Jon...¿esto es real? ¿O eres un sueño? Después de lo que hemos visto en esos vídeos ya no sé qué pensar. No sé si mi cabeza está utilizando tu cara porque sabe que confío en ti. No sé si esto es un recuerdo. No sé si tú eres real.

Entiendo perfectamente ese miedo.
Porque yo tampoco sé si estoy hablando con Lena. Podría despertarme y descubrir que nunca estuvo aquí. Que mi cabeza inventó toda esta conversación, este oasis de comprensión en medio del horror.

Levanto lentamente una mano.

-Entonces comprobémoslo.

La dejo entre nosotros, una oferta de certeza en medio de la duda.

Lena mira mi mano.

Después mi cara.

Levanta la suya.

Y enlaza los dedos con los míos.

La siento.

Su piel.

Su temperatura.

La presión de sus dedos.

Aprieto ligeramente.

Ella hace lo mismo.

-Soy real-susurro-No estás loca.

Los ojos de Lena se llenan de lágrimas, pero no caen. Se quedan brillando, dos diamantes atrapados en el borde del precipicio.

-Tú tampoco.

No sabía cuánto necesitaba escuchar eso. Siento que algo dentro de mí se rompe.

Porque llevo días preguntándome si estoy perdiendo la cabeza.

Si esas voces son mías.

Si estoy imaginándolo todo.

Y ahora Lena está aquí.

Ella también los ve.

También los escucha.

También sueña con alguien que existió antes que nosotros.

Miro al lobo blanco.

Después a la loba negra.

Siguen observándose, dos estatuas de mito en un mar de mortalidad.

-Tengo miedo-admito, y las palabras salen más pesadas que el río que me rodea-Aprieto su mano-Dicen que mi padre va a morir.

Su expresión cambia inmediatamente, el terror dando paso a una determinación feroz.

-Yo lo impediré.

-¿Cómo?

No duda.

Ni siquiera un segundo.

-Mi vida por la de tu padre-Aprieta muchísimo más mi mano, hasta que mis huesos casi crujen-O por la tuya.

Se me congela la sangre.

-No.

-Jon...

-No.

Intento soltarla, pero ella mantiene nuestros dedos entrelazados como si fueran una sola cosa.

-No puedes decirme eso.

-Si llega el momento...

-¡No!

Mi voz retumba por todo el lugar, un trueno en el silencio carmesí. Incluso los cadáveres parecen estremecerse con el eco, como si despertaran por un instante de su sueño eterno.

-Lena, no sabemos si podemos cambiar el destino.

-Pero tenemos que intentarlo.

-¡Eso no significa cambiar una muerte por otra!

Ella me mira fijamente, sus ojos brillando con una luz que no me había visto antes.

-Soy omega.

-¿Y?

-Mi deber es proteger a mi alfa.

-Yo no soy tu alfa.

La loba negra levanta ligeramente la cabeza, un movimiento fluido y poderoso.

El lobo blanco hace lo mismo.

Lena mira hacia ellos.

Después vuelve a mí.

-Todavía no.

Esas dos palabras consiguen que el miedo me suba por la espalda como serpientes de hielo.

-No quiero eso.

-¿El qué?

-Que todos decidáis que vuestra vida vale menos que la mía porque algún día pueda ser alfa.

Lena abre la boca.

No la dejo hablar.

-Conner sería mejor que yo. Sol podría serlo. Cualquiera podría...

-Pero eres tú.

Miro al lobo blanco, cuya presencia parece llenar todo el espacio a pesar de su silencio.

-Yo no he elegido nada.

-Quizá ellos tampoco pudieron.

Señala con la mirada los cuerpos que flotan alrededor, un cementerio líquido de elecciones no tomadas.

Y entonces lo entiendo.

Este lugar.

Los cadáveres.

El río.

No me están enseñando poder.

Me están enseñando el precio.

-No quiero que nadie muera por mí-
digo, y mi voz se quiebra.

Lena acerca nuestras manos entrelazadas hacia su pecho, y siento el latido de su corazón contra mis nudillos.

-Entonces aprende a evitarlo.

Me quedo mirándola, perdido en la intensidad de su mirada. Un aullido rompe el silencio.

El lobo blanco.

La loba negra responde.

Los dos sonidos se mezclan hasta convertirse en uno solo que hace vibrar el río bajo nuestros pies, una melodía de dualidad que resuena en mis huesos.

Los cadáveres empiezan a moverse con la corriente.

Primero lentamente.

Después cada vez más rápido, como si el río despertara de su letargo y comenzara a fluir con propósito.

-Jon...-Lena aprieta mi mano. La corriente tira de nosotros, una fuerza invisible pero ineludible.

-¡No me sueltes!

-¡No pienso hacerlo!

La sangre empieza a subir.

Rodillas.

Muslos.

Cintura.

Los dos lobos continúan inmóviles frente a nosotros, testigos silenciosos de nuestra lucha.

Observándonos.

Esperando.

Y justo antes de que el río nos arrastre, escucho una voz.

No sé si pertenece al lobo blanco.

A la loba negra.

O a todos los muertos que nos rodean.

Esta vez, sobrevivir no será suficiente.

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