27
¿Y si alguien ha estado mintiéndote desde el principio?
-No todos los que huyen lo hacen por cobardía; algunos solo intentan salvar lo que queda de sí mismos-
Tim
Llegamos al hotel hace dos días.
Ahora estoy en la terraza con Jason. La noche es tranquila, el aire fresco, y él está apoyado en la barandilla, fumando. El humo sube lento, perdiéndose en la oscuridad.
No hablamos durante un rato, no hace falta. Hasta que de repente...
-¿Estaría bien que follara con Roy?
a...
Parpadeo.
Una vez.
Dos.
-¿Perdón?
Jason no me mira. Da otra calada, tranquilo, como si acabara de preguntarme la hora.
-¿Que si estaría bien que follara con Roy?-Lo observo unos segundos.
-Eso no es una pregunta que debas hacerme a mí-respondo.
-Ya, pero tú piensas más estas cosas.
-¿Eso es un cumplido.?-Se encoge de hombros.
-Uno sutil.
-¿Por qué lo preguntas?
-No me fío.
-Y es entendible.
-Es más la situación...
-¿Crees que te va a utilizar?
-No. No creo que el pueda manipularme.
-Vale, no te fías-añado-pero eso quizás no es suficiente para evitar que te guste-Jason suelta una pequeña risa, sin humor.
-No me gusta.
-¿Seguro?.
-Me llama la atención-Se queda en silencio unos segundos más, mirando al frente-No es fácil-dice al final.
-¿Cuando es fácil?-respondo.
-¿Tú qué harías en mi lugar?
No me lo pienso demasiado.
-Yo confío en Roy-Jason gira un poco la cabeza hacia mí, como si no esperara una respuesta tan directa.
-¿Así sin más?
-No sin más-digo-Pero sí-Se queda en silencio, dándole otra calada al cigarro.
-¿Por qué?-Me apoyo también en la barandilla, mirando al frente.
-Porque podría haberse ido -respondo-Y no lo hizo-Porque no tiene nada que demostrar-añado-
Y aun así se queda. Se mete en todo esto, en medio de gente que no es la suya-Jason baja la mirada un segundo.
-Eso no lo hace de fiar automáticamente.
-No-admito-Pero lo acerca bastante.
Y yo creo que-continúo-no te estarías haciendo esa pregunta si no confiaras un poco en él-Jason resopla.
-¿Y si me equivoco?-dice al final.
-Entonces te equivocas- respondo-Como todos. Pero no elegir...también es elegir.
La siguiente base a la que vamos tiene un nombre que no me gusta ni un poco.
"Boca de Lobo"
Y está tachada en rojo.
Eliminada.
Eso significa dos cosas: o no queda nada o quedó algo tan malo que decidieron borrarlo del mapa.
Aun así vamos.
Porque ya estamos demasiado metidos en esto como para dejar pasar una posibilidad.
El viaje son cuatro horas.
Cuatro horas de carretera, curvas y conversaciones a medias mientras el paisaje se vuelve cada vez más seco, y más marron. Yo tengo un sueño horrible encima. De ese que se te mete detrás de los ojos y no sale aunque hayas dormido.
Intento mantenerme despierto.
Fracaso.
Pego unas cuantas cabezadas.
Cuando me quiero dar cuenta, el coche ya está parado.
Y estamos caminando.
Subiendo una cuesta por un sendero rocoso que parece el maldito Gran Cañón. Todo es piedra, desnivel y calor seco.
Miro arriba.
Error.
La cuesta parece no terminar nunca.
-¡Por dios, me suda hasta la raja del culo!-se queja Lys.
-Qué fino-escucho decir a Pamed.
-Es parte de su encanto-dice Benji con total tranquilidad.
Benji pasa saltando un pequeño muro de piedra como si esto fuera una excursión divertida y no una subida infernal hacia una posible base secreta.
Yo soy el siguiente.
Lo paso con menos elegancia y más ganas de tumbarme directamente en el suelo.
Más adelante, Jason resopla como si estuviera reconsiderando todas sus decisiones vitales. Roy camina cerca de él con cara de estar disfrutando demasiado del sufrimiento ajeno.
-A mi me duele la espalda-Dice Joel.
Conrad parece perfectamente bien, lo cual me irrita un poco.
Jon y Damián siguen raros. Separados y otra veces parecen volver a juntarse. Como si cada uno caminara en su propia guerra privada pero no quisieran estar lejos del otro.
Clark va delante junto a Dick, revisando el mapa.
-Según esto ya no queda mucho-dice Dick.
-¿Mientes para que no nos desanimemos?-murmura Wally.
-¿Me llamás mentiroso?
-Sí.
Cuando llegamos al lugar donde supuestamente debería estar la base...no hay nada.
O eso parece.
Solo roca.
Piedra erosionada, pequeñas grietas, matorrales secos creciendo donde pueden y un desnivel enorme que da bastante vértigo si miras demasiado tiempo hacia abajo.
El viento pega fuerte aquí arriba. Arrastra arena fina y hace que moleste a los ojos.
-Como hayan caído muchas rocas encima de la entrada no la vamos a encontrar-murmura Wally, aún intentando recuperar el aliento.
-Puede-dice Benji-Oh puede ser una entrada secreta.
-Tú tienes demasiada energía para haber subido esta mierda-gruñe Lys.
-Pues yo solo veo piedras-dice Nate.
-Porque alguien quería que parecieran solo piedras-responde Jason.
Tiene sentido.
Demasiado.
Así que empezamos a investigar la zona.
Nos dispersamos, pero sin alejarnos demasiado.
Revisamos grietas, desniveles, paredes de roca. Buscamos cualquier cosa rara: marcas, estructuras artificiales, algo que rompa el patrón natural.
Mike y Conner empiezan a mover piedras más grandes entre ellos.
Roy golpea algunas superficies con la culata del arma, escuchando el sonido.
-Si suena hueco avisad-dice Dick.
Jon se queda quieto un momento, observando algo. Pero no dice nada.
Yo voy revisando una pared de roca con la mano, sintiendo irregularidades.
Nada.
Polvo.
Más polvo.
Hasta que escucho a Benji desde unos metros más abajo.
-Eh...¿esto es normal?
Todos levantamos la cabeza.
Todos dejamos lo que estamos haciendo.
Porque Benji, por norma general, puede exagerar mucho pero cuando pone esa voz suele significar que de verdad ha encontrado algo.
-¿Qué pasa?-pregunta Clark, acercándose primero.
Benji sigue agachado junto a la pared rocosa.
-Esto no parece una piedra.
Me acerco también.
Al principio no lo veo.
Solo roca.
Polvo.
Más roca.
Hasta que me agacho.
Hay una línea. Muy fina.
Demasiado recta.
Paso la mano por encima y siento el borde. Suave. Artificial.
-Joder...-murmuro.
Jason se agacha al otro lado.
-Puerta-dice casi al instante.
Dick aparta unas ramas secas y entonces lo vemos mejor. No es una pared. Es algo escondido dentro de la pared. Camuflado.
Tan bien integrado con la roca que desde lejos sería imposible verlo.
-Boca de Lobo-dice Roy por lo bajo-
Muy sutiles no eran.
Conrad prueba a empujar.
No se mueve.
Mike mete fuerza.
Nada.
-¿Bloqueada?-pregunta Pamed.
Dick se agacha, limpiando una zona concreta con un trapo.
-No-dice-Electrónica-No querían que cualquiera entrara.
Dick señala algo apenas visible entre la suciedad.
Un panel.
Pequeño.
Oculto.
-O alguien tenía acceso...-dice.
El viento sopla otra vez entre las rocas. Más fuerte. Y por un momento tengo la sensación absurda de que este sitio no está vacío.
-Mierda...-Esa es la voz de Jon que se ha quedado completamente quieto.
-¿Jon?-pregunta Clark.
Él tarda un segundo en reaccionar.
-¿Sí?
-¿Qué te pasa?
-No lo sé....-Se toca la cabeza un momento-Pero siento que ya he estado aquí.
Damián y aunque siguen enfadados...Por primera vez en horas, parece olvidar la rabia.
Porque Jon no lo dice como alguien confundido. Lo dice como alguien que lo siente de verdad.
-Quizas es el calor...-Dice Jon mientras se pasa una mano por el pelo.
-O el terreno-Dice Lena quien hace una hora se quitado las trenzas para recogerse el pelo en un moño-A mi también...Es como si el olor se me metiera en el cerebro y me diera un Deja vu.
-Bien, no perdamos el tiempo-Dick conecta algo al panel. Un móvil que no es el suyo personal.
La pantalla parpadea. Y entonces...Un sonido metálico resuena bajo nuestros pies.
Lento y pesado.
Como algo enorme que lleva demasiado tiempo sin moverse.
Y la pared empieza a abrirse cuando termina de abrirse con un sonido lento, metálico, pesado.
Como si algo enorme estuviera despertando.
El aire que sale de dentro es frío. Mucho más frío de lo que debería después del calor de fuera. Y huele raro.
No a podrido...Más bien a metal viejo, humedad y algo químico que se quedó impregnado en las paredes hace años.
Nadie habla durante unos segundos.
Solo miramos.
Un pasillo desciende hacia abajo. Estrecho al principio, iluminado únicamente por nuestras linternas.
Clark es el primero en reaccionar.
-Mismo protocolo descendente-dice Clark.
Jason y Marcus ya están cargando el arma.
Roy hace lo mismo.
Y como siempre, los que van delante son los que mejor reaccionan rápido.
Primero bajan Jason y Roy, apuntando hacia ambos lados. Jason delante, Roy ligeramente detrás cubriendo ángulos. Sus linternas recorren las paredes mientras avanzan despacio.
Tras ellos van Clark, Niko y Mike, preparados por si algo aparece demasiado cerca.
Conrad, Sol y Nate van después, atentos a cualquier sonido raro.
Yo bajo un poco más atrás junto con Conner y Damián. Conner no deja de mirar alrededor y, aunque intenta parecer tranquilo puedo ver sus nervios
Jon no se pega al grupo, pero tampoco se aleja. Camina como si estuviera intentando recordar algo que tiene justo al borde de la memoria.
Detrás vienen Pamed y Benji, discutiendo en voz baja sobre quién debería haber encontrado antes la puerta.
-Técnicamente la encontré yo-dice Benji.
-Técnicamente casi te caes primero.
-Eso es irrelevante.
Más atrás avanzan Wally y Dick, porque Dick sigue conectado a un pequeño dispositivo intentando entender el sistema mientras Wally le ilumina.
-No te me mueras-le dice Wally.
-No es el plan.
-¿El plan incluye sustos innecesarios?
-Siempre.
Lys, Marcus, Niko, Caleb, Vanya y Artemis cierran el grupo, vigilando que nadie quede atrás.
El pasillo sigue bajando.
Y bajando.
Más profundo de lo esperado. Las paredes cambian. Ya no son roca natural.
Ahora son hormigón.
Viejo.
Agrietado.
Con marcas de humedad y números apenas visibles pintados en algunas puertas laterales.
No hay luz.
No hay sonido.
Solo nuestros pasos.
Hasta que llegamos a una zona más amplia. Y lo primero que vemos...Son marcas.
Muchas.
Viejas.
Pero no lo suficiente.
Y algunas...No parecen humanas.
La primera puerta se abre con un chirrido grave, lento, como si el propio metal llevara años resistiéndose a moverse.
Y detrás se abre una gran cúpula.
Me quedo quieto unos segundos.
Es enorme.
La luz de nuestras linternas apenas alcanza a iluminarlo todo de golpe. El techo se curva muy por encima de nuestras cabezas, reforzado con vigas metálicas ennegrecidas por el tiempo. El eco de nuestros pasos rebota por el espacio vacío de una forma incómoda, demasiado amplia.
Huele a humedad vieja, metal oxidado y algo químico que parece haberse quedado impregnado en las paredes después de décadas.
Las celdas llaman la atención al instante. Son enormes, y parecen reforzadas. Los barrotes son gruesos, deformados en algunos puntos como si algo hubiera intentado doblarlos desde dentro. Algunas puertas están medio arrancadas. Otras completamente abiertas.
En una veo marcas.
Arañazos profundos.
Hay mesas esparcidas por todas partes; Algunas volcadas, otras rotas por la mitad, estanterías tiradas en el suelo, carpetas abiertas, hojas convertidas en una pasta húmeda irreconocible después de años.
-Se les escapó un experimento-Dice Dick
-Eso parece...-Dice Roy quien está en mi lado izquierdo.
-Sí...-Escucho a Jon detrás de mí.
Y entonces veo los huesos.
Al principio solo uno. Blanquecino bajo la luz de la linterna. Luego más.
Un esqueleto apoyado contra una pared, parcialmente cubierto por restos de tela podrida. Otro dentro de una de las celdas. Fragmentos dispersos por el suelo.
-Que asco da está gente-Dice Benji.
-Por una vez estamos de acuerdo-
Mike sigue hacia adelante
-¿Eso es que quieres que vaya contigo?-dice mientras empieza a seguirlo.
Nos dispersamos poco a poco.
Roy, Sol, Conner y yo avanzamos hacia una sala lateral cuya puerta permanece entreabierta.
Y el contraste me da mala espina.
Aquí dentro todo está intacto.
Cubierto de polvo, sí. Una capa gruesa que se pega a los dedos y hace estornudar a Sol casi al instante. Pero intacto.
Las mesas siguen rectas. Las sillas colocadas. Archivadores cerrados.
Como si nadie hubiera llegado aquí cuando todo explotó.
O como si esta parte hubiese quedado olvidada.
La luz de mi linterna recorre lentamente una mesa metálica larga.
Y ahí los veo.
Discos.
Decenas.
Apilados.
Etiquetados a mano.
Roy agarra uno.
Le pasa la manga por encima, quitando parte del polvo.
La palabra aparece.
ADN
Se hace un pequeño silencio.
-¿Nos lo llevamos?-Pregunta Roy.
-Sí.
Conner ya está revisando otros.
-Este pone Sujetos compatibles.
Sol coge uno más.
-Registro de evolución.
Mi pulso se acelera.
-Tal vez no exista el para siempre. Pero si existe algo parecido, quiero que tenga sus ojos-
Damián
Espero que todos los discos que hemos metido en bolsas y tirados a los maleteros tengan algo importante.
Algo más que tortura.
Algo más que pruebas médicas escritas como si aquellas personas no hubieran tenido nombre, ni familia, ni miedo.
Porque alguien eligió a esas víctimas.
Alguien decidió que sus vidas valían menos que una hipótesis.
Miro a Jon de reojo. Va mirando por la ventana desde hace rato.
Demasiado callado.
Demasiado lejos.
Parece el niño de El sexto sentido. Como si estuviera viendo cosas que el resto no vemos. Como si escuchara algo o a alguien.
Y sé que no soy el único que lo nota.
Clark también lo ha mirado raro un par de veces. Conner igual.
Pero nadie dice nada.
Supongo que todos esperan lo mismo: Que Jon dé el paso.
Que hable.
Que diga qué demonios le pasa.
Pero no lo hace.
Y a mí ya me duele enfadarme.
Así que cierro los ojos.
Decido dormir. Cuatro horas se hacen más cortas así.
No sé cuánto tiempo pasa hasta que alguien me toca el hombro.
Me despierto de golpe.
Girándome rápido.
Es Jon.
-Hemos parado para repostar y comer algo...-dice-o si quieres ir al baño.
Parpadeo un par de veces. La cabeza aún me pesa por el sueño.
Dejo de mirarlo y miro por la ventanilla.
Una gasolinera.
De esas de carretera. Viejas. Con luces amarillentas que iluminan demasiado poco y hacen que todo parezca más biejo de lo que realmente está.
-¿Tú no vas a salir?-pregunto mientras agarro la maniqueta.
-Estoy bien-levanta una botella de agua.
-Lo decía para que me hicieras compañía.
-Ah...perdón.
Y se baja rápido del coche y yo hago lo mismo.
Primero vamos al baño.
El aire de fuera está frío, pero agradezco salir del coche. Veo a Roy y Jason saliendo de la gasolinera con sándwiches en la mano y refrescos.
-Tio en serio si yo me tomo una Coca cola por la noche. Me cagaría.
-Exagerado
-No, no en serio tendrías que parar el coche.
Jason parece fingir que no le hace gracia. Pero claramente sí.
Más allá, en unos bancos del área de descanso, Dick y Wally ya están comiéndose unos bocadillos mientras hablan de algo demasiado bajo como para entenderlo. Wally mueve mucho las manos al hablar. Dick lo mira como si el resto del mundo no importara demasiado.
Entro al baño.
Y Jon rápidamente le da la espalda al espejo. Entro, hago pis y salgo para lavarme las manos.
Él no se ha movido.
Ni un centímetro.
El agua sale fría.
Y intento contar mentalmente.
No puedo más.
-¿Me vas a decir qué coño es lo que ves?.
-¿Qué?
-Qué es lo que te pasa.
Se queda callado. Veo su garganta moverse cuando traga saliva.
De repente sus ojos se vuelven brillantes....Y su cara se sonroja un poco.
-Que estoy muy asustado...-Dice al final y la primera la grima se le escapa.
Se limpia las de más lágrimas rápido, como si le diera vergüenza que las vea. Y siento algo feo en el pecho.
-Y no sé si estoy perdiendo la cabeza.
Entonces dejo de pensar.
O mejor dicho, dejo de intentar analizarlo todo como si pudiera resolverlo antes de sentirlo.
Porque verlo así me desarma.
Avanzo un paso y luego otro.
Y antes de que pueda arrepentirme o pensar demasiado en lo enfadado que sigo estando, simplemente lo rodeo entre mis brazos.
Jon se queda quieto. Tan quieto que por un segundo pienso que quizá me va a apartar.
Pero no lo hace.
Su respiración se corta apenas un instante antes de volverse irregular. El calor de su cuerpo me golpea enseguida. Está demasiado caliente, incluso para alguien como él. Le noto el corazón acelerado a través de la sudadera, rápido, nervioso, casi desesperado.
Le paso una mano por la espalda lentamente.
No puedo verlo así y quedarme quieto. El baño es pequeño. La luz fluorescente del techo parpadea de vez en cuando con ese zumbido molesto que parece amplificar el silencio entre nosotros.
Noto a Jon. El leve temblor de sus hombros. Cómo aprieta la tela de mi chaqueta sin darse cuenta.
-No quiero que nadie muera...-dice finalmente, con la voz rota-Me aterra dormir...Me asusta pensar que me odias...No sé qué hacer...
Frunzo el ceño sin poder evitarlo.
¿Pero con qué?
¿Qué demonios está pasando dentro de su cabeza para que llegue a este punto?
Porque esto no son pesadillas normales.
Esto parece otra cosa.
Algo que lo está persiguiendo.
Algo que no me está contando.
-Jon...-Digo con toda la tranquilidad que puedo tener-Respira.
Noto cómo el pecho le sube y baja demasiado rápido.
Lo separo apenas unos centímetros para mirarlo bien.
Tiene los ojos brillantes. La piel algo húmeda cerca de las pestañas. Le paso el pulgar por debajo del ojo, limpiando lo que queda de una lágrima.
-No te odio-le digo primero. Porque necesito que eso le quede claro antes de cualquier otra cosa-Estoy enfadado contigo. Mucho. Me has estado evitando, mintiéndome y actuando raro. Pero no te odio.
La palabra se queda flotando entre nosotros.
Odiar.
Ni siquiera cerca.
Apoyo la frente un segundo contra la suya antes de apartarme apenas.
-Y ahora mismo me importa una mierda mi enfado.
El fluorescente vuelve a parpadear.
Fuera alguien ríe. Se escucha una puerta cerrarse de golpe y el motor de un coche arrancando.
Todo parece demasiado cotidiano para este momento.
-Pero necesito que me digas qué coño pasa-murmuro-Porque esto no eres tú teniendo pesadillas sin más.
Le paso una mano por el pelo, apartándole algunos rizos de la cara.
-¿Qué ves? ¿Por qué te da tanto miedo dormir?
Lo abrazo otra vez sin pensarlo demasiado.
Más fuerte esta vez.
Jason
-A veces cuidar es quedarse, incluso cuando irse sería más fácil-
Acabamos sentándonos en una de las mesas metálicas del área de descanso.
De esas incómodas, algo frías, que parecen hechas para que nadie quiera quedarse mucho rato. La luz amarillenta de la gasolinera cae rara sobre todo, demasiado tenue en unas partes y demasiado fuerte en otras. Los coches están aparcados a unos metros, algunos del grupo entrando y saliendo del baño o de la tienda como si esto fuera una parada cualquiera y no una pausa entre sitios cada vez más jodidos.
Roy está sentado frente a mí.
Un sándwich a medio comer en una mano, refresco en la otra.
Y está hablando.
De un libro.
Porque resulta que, por alguna razón que todavía no entiendo, a ambos nos gusta el mismo libro. O al menos parte del mismo.
-Te juro que ese personaje estaba escrito para sufrir-dice, moviendo un poco la mano mientras habla-O sea, el autor literalmente dijo "voy a destruir emocionalmente a este hombre".
-Se lo buscó un poco-respondo.
Roy me mira como si acabara de insultar a alguien importante.
-No puedes decir eso.
-Claro que puedo.
-Jason, estaba traumatizado.
-Y tomó decisiones estúpidas.
-Porque estaba traumatizado.
-No es excusa.
Roy resopla.
-Tienes cero empatía.
-Tengo muchísima. La gasto selectivamente.
Eso le hace reírse.
Y mierda.
Tiene una risa bonita.
De esas que no son exageradas ni forzadas. Le sale natural, un poco grave, algo cansada, como si se permitiera relajarse solo ciertos momentos.
Miro hacia otro lado un segundo.
Error.
Porque cuando vuelvo a mirarlo... me fijo demasiado.
En sus ojos.
No sé exactamente qué tienen.
No son solo el color.
Es la forma en la que miran.
Como si siempre estuviera pensando algo más de lo que dice. Como si tuviera un chiste preparado o una mala idea rondándole la cabeza. A veces parecen cansados. Otras demasiado atentos.
Y cuando le da la luz amarillenta de la gasolinera...Se ven absurdamente bonitos.
Como si alguien hubiera puesto demasiado detalle donde no hacía falta.
Mierda.
Mierda.
Porque creo que esto ya no es solo atracción.
Ni tensión.
Ni curiosidad.
Y eso me pone nervioso. Porque conozco este tipo de sensación.
La parte jodida no es sentir algo.
La parte jodida es darte cuenta de que empiezas a imaginarte cosas.
Conversaciones largas.
Más paradas como esta.
Volver a buscarlo aunque no haga falta. Que se siente delante de mí y el día deje de parecer tan insoportable.
Y eso da miedo.
Porque Roy todavía podría largarse.
Porque apenas hace un par de meses que lo conozco. Porque aún no sé cuánto de él es real y cuánto es supervivencia.
-¿Me estás escuchando?-pregunta de repente.
Parpadeo.
-Sí.
-Mentira-dice, sonriendo un poco-Te has ido a Saturno.
Le doy un trago al refresco.
-Pensaba.
-¿En qué?
Lo miro unos segundos.
Demasiados.
-En que hablas mucho.
Roy se ríe otra vez.
-Pues me callaré-dice Roy.
Lo dice con esa media sonrisa de imbécil encantador que claramente sabe que está exagerando.
Y no sé por qué me molesta la idea.
Quizá porque, aunque hable hasta por los codos...Me gusta escucharlo.
-Yo no he dicho eso-respondo casi al instante.
Roy alza una ceja.
-Parecía que te estabas quejando.
-Pues te has equivocado.
Se queda mirándome unos segundos. De esos segundos incómodos en los que siento que me está leyendo demasiado bien.
Que sepas que si me puedes leer la mente....Me encantaría besarte.
Mentira te daré un puñetazo si te acercas.
La luz amarillenta de la gasolinera le cae sobre la cara. Tiene una pequeña sombra debajo de los ojos por el cansancio, el pelo algo despeinado del viaje y llevar la ventana abierta.
Y sigue mirándome.
Como esperando algo.
¿Me estás leyendo la mente?
¿Eres un traidor?
Como si supiera perfectamente que estoy escondiendo una frase que no quiero decir.
Roy da otro mordisco al sándwich.
-A ver-dice mientras mastica-
Explícate.
Resoplo.
-No me molestaba.
-Ah.
-Solo...-frunzo un poco el ceño-
hablas mucho.
-Eso ha sonado casi cariñoso.
-No te emociones.
-Ya, ya-dice-Tsundere emocional.
-No sé qué significa eso.
-Mentira.
-Vale, sí sé qué significa y te callas.
Eso le hace reír otra vez.
Y joder.
Otra vez esa sensación rara.
Roy apoya un codo sobre la mesa y me mira un segundo más.
-¿Entonces no quieres que me calle?
-No especialmente.
-Vale-dice-Entonces seguiré molestándote.
Hay personas que llegan a tu vida y hacen tanto ruido que cuando callan...el mundo parece demasiado silencioso-Mike
Te quiero incluso cuando me enfadas. Incluso cuando eres un idiota. Incluso cuando haces que quiera estrangularte y besarte al mismo tiempo-Damián
A veces creo que sobrevivir no es ser fuerte. Es simplemente encontrar a alguien que te haga querer quedarte un día más-Roy
Hay heridas que no sangran. Solo hacen eco cuando te quedas solo-Dick
No quiero salvar el mundo si después no tengo con quién volver a casa-Jon
La tristeza no siempre llega gritando. A veces se sienta a tu lado y aprende a hablar con tu voz-Pamed
Hay gente que parece tormenta hasta que descubres que solo querían que alguien se quedara bajo la lluvia con ellos-Wally
No sé rezar, pero si existiera algo allá arriba... le pediría volver a encontrarte en todas las vidas-Jason
No eres mi calma. Eres el motivo por el que el caos ya no me da tanto miedo-Tim
-No me importa cuántos años tengas o cuánto crezcas. Siempre voy a verte como el niño que me seguía a todas partes-Conner
Conner
Mi hermano está perdiendo esa esencia que tenía él.
Quizás simplemente crecer hace estas cosas raras donde de repente miras a alguien que llevas amando toda la vida y notas algo distinto.
No menos él.
Nunca menos él.
Pero parece estar tan lejos.
Lo noto incluso antes de verlo.
Porque no necesito mirarlo para saber cómo está. Puedo olerlo.
El miedo tiene un olor que odio en los míos. Más amargo. Más pesado. Se pega al cuerpo como si no quisiera irse nunca. Y Jon lleva días oliendo así, mezclado con agotamiento y algo parecido a la tristeza.
Miro un segundo por el retrovisor.
Va mirando por la ventana otra vez.
Demasiado callado.
Demasiado quieto.
Como si estuviera en otro sitio.
Y me duele.
Porque Jon nunca fue un niño quieto.
Jon era...demasiado.
Demasiado ruido.
Demasiada curiosidad.
Demasiada energía.
Un dolor de cabeza.
Mi dolor de cabeza.
Recuerdo cuando éramos pequeños y yo apenas empezaba a correr en mi forma de lobo.
No importaba dónde fuera.
Él iba detrás.
Siempre.
Con esas piernas pequeñas que a veces apenas podían seguir el ritmo de mis patas cuando me emocionaba demasiado corriendo por el bosque.
Se caía.
Se llenaba de barro hasta las rodillas.
Resoplaba enfadado.
Pero seguía.
Siempre seguía.
-¡Espérame!-me gritaba desde atrás con esa voz chillona que tenía de pequeño.
Y yo gruñía.
A propósito.
Porque me hacía gracia.
Pero al final acababa volviendo.
Porque si tardaba demasiado en aparecer él se ponía nervioso.
A veces terminaba subiéndolo encima de mi lomo. Se agarraba al pelaje de mi cuello con las manos pequeñas, hundiendo los dedos entre el pelo para no caerse.
Yo me quejaba.
Le gruñía.
Hasta le enseñaba los dientes algunas veces.
Y a él le daba igual.
Se reía.
Como si yo fuera incapaz de hacerle algo. Y supongo que el sabía que no le haría daño.
Porque nunca podría.
Recuerdo el calor de su cuerpo apoyado contra mí en invierno. Cómo escondía las manos frías entre mi pelaje y me usaba directamente de calefactor sin pedir permiso.
Recuerdo cómo apoyaba la barbilla entre mis hombros mientras yo caminaba. O cómo se quedaba dormido encima de mí algunas tardes.
Mamá decía que éramos ridículos.
Que parecía que nos hubieran cosido el uno al otro.
Y también decía algo más.
Que teníamos un vínculo irrompible.
Uno de esos raros. De los que ni siquiera necesitan palabras. Porque algunas personas simplemente...se sienten.
Como si una parte de ti supiera dónde está la otra aunque no la veas.
Y se que decía la verdad
Lo siento.
Siento que algo no está bien.
Miro otra vez por el retrovisor.
El amanecer le da en media cara. La luz naranja entra por la ventana y aun así parece cansado.
Y me parte algo dentro del pecho.
Porque llevo toda la vida sabiendo cuándo mi hermano necesita algo.
Aunque no lo diga.
Aunque lo esconda.
Aunque intente sonreír.
Y ahora mismo...Mi hermano está asustado.
Mucho.
Y lo peor de todo...Es que no tengo ni puta idea de cómo ayudarlo esta vez.
Recuerdo cuando llegó a casa llorando porque unos chavales más mayores se metían con él en los pasillos del instituto.
Aún tendría...¿once? ¿doce?
Era pequeño.
No pequeño de edad solamente.
Pequeño de cuerpo.
Y demasiado bueno para un mundo donde los niños ya aprenden pronto a ser crueles.
Lo encontré sentado en la cocina, con los ojos rojos y los hombros encogidos como si quisiera hacerse todavía más pequeño. Mamá le acariciaba el pelo mientras papá intentaba mantener la calma, pero yo ya podía olerlo.
El miedo.
La vergüenza.
Esa tristeza amarga que se te queda pegada cuando alguien consigue hacerte sentir menos.
No recuerdo ni terminar de escucharlo. Solo recuerdo enfadarme. Y recuerdo esos pasillos al día siguiente.
Los encontré.
A los tres.
Más altos.
Más mayores.
Mucho más idiotas.
Me expulsaron.
Claro que me expulsaron.
Porque cuando eres un adolescente grande, fuerzas sobre humana y con muy mala hostia, aparentemente no está bien dejar claro quién no debe volver a tocar a tu hermano pequeño.
Mamá me echó la bronca y papá también.
Jon lloró cuando se enteró de que me habían expulsado.
No porque estuviera enfadado.
Porque se sentía culpable.
Recuerdo perfectamente cómo entró en mi habitación esa noche con los ojos hinchados.
-No quería que te castigaran...
Como si eso me importara.
Me daba igual.
Absolutamente igual.
Porque esos chavales nunca volvieron a mirar donde estábamos nosotros.
Ni a mí.
Ni a él.
Y haría lo mismo otra vez.
Mil veces.
También recuerdo las noches después de películas de terror.
Cuando se colaba en mi habitación fingiendo que iba "solo a coger algo".
Mentira.
Siempre mentira.
Se metía debajo de las mantas como si fuera su derecho de nacimiento.
-No tengo miedo-decía.
Y luego me agarraba la camiseta cuando se apagaban las luces.
Le decía que era un pesado.
Pero acababa dejando que se quedara. Porque, sinceramente dormía mejor sabiendo que estaba ahí.
O aquella vez que decidí probar el tabaco por pura curiosidad.
Una tontería adolescente. Me creyó el tío más imbécil del mundo. Entró en mi cuarto oliéndolo enseguida..
-¿Estás fumando?
Yo me hice el interesante.
Error.
Se enfadó.
Muchísimo.
Más de lo esperado.
Recuerdo perfectamente cómo me quitó el paquete de las manos.
-¡Eso mata! ¡Eres idiota!
Y yo riéndome porque estaba demasiado indignado para tener quince años.
-Pareces mamá.
-Pues alguien tiene que hacerlo porque claramente tú no piensas.
Estuvo dos días enfadado conmigo.
Dos.
Sin hablarme casi y fue horrible.
Porque aunque nunca se lo diría...
El silencio de Jon siempre ha sido una de las pocas cosas capaces de ponerme nervioso.
Ahora está más callado que nunca.
Pero siempre intenté que supiera algo:
Que mientras yo estuviera aquí nadie iba a hacerle daño sin pasar primero por encima de mí.
Tim
Cada uno de nosotros coge un ordenador.
Auriculares.
Folios.
Bolígrafos.
Y empezamos.
La sala del hotel, que normalmente usaría alguien para conferencias aburridas o reuniones de empresa, ahora parece otra cosa.
Los portátiles están repartidos por las mesas. Cables cargando por el suelo. Vasos de café a medio terminar. Comida basura acumulándose porque ninguno tiene demasiadas ganas de parar a comer algo de verdad.
Fuera ya es de noche.
Dentro solo se escucha el sonido de teclados, respiraciones y el ruido bajo de vídeos reproduciéndose dentro de los auriculares.
Y, de vez en cuando...
Un:
-Joder...
Sonidos de boli.
-Mierda.
Sonido de tecldo
-Que asco de gente.
Dick va rápido, absurdamente rápido, organizando carpetas y desencriptando cosas como si su cerebro funcionara diez pasos por delante del resto.
Jason está reclinado en la silla, auricular puesto, libreta en mano, apuntando nombres y fechas con una concentración que nunca me imaginé en el.
Roy, a su lado, parece menos serio hasta que ves su cara. Porque está escribiendo mucho más de lo que dice.
Wally hace pausas cada poco para mirar a Dick o preguntar cosas que probablemente todos queremos preguntar pero no sabemos formular.
Conner está unas mesas más allá, los brazos cruzados durante algunos vídeos porque claramente hay cosas que le están costando ver.
Jon parece agotado, y aun así sigue mirando.
Damián no se separa mucho de él esta vez.
Clark y Lois revisan informes más antiguos, cruzando fechas y nombres.
Pamed se quita un auricular de golpe después de un vídeo.
-Voy a matar a alguien si no salgo a qué me dé el aire.
Nadie la detiene cuando sale.
Porque todos entendemos el sentimiento.
Yo abro otro archivo.
Otro vídeo.
Pantalla negra unos segundos.
Después una sala blanca.
Un hombre sentado.
Atado.
Escucho una voz.
Fría.
Como si estuviera hablando de una planta y no de una persona. Empiezo a escribir.
Sujeto masculino. Día 12. Reacción estable.
Paso el bolígrafo rápido por el folio.
Al lado tengo otros llenos.
Nombres.
Fechas.
Compatibilidades.
Palabras repetidas demasiado:
rechazo
agresividad
mutación
fallo sistémico
Probar en otra base.
Me froto un ojo.
Me duele la cabeza otra vez.
Pero seguimos.
Porque quizá entre cientos de horas de tortura grabada...Hay algo útil.
Algo que explique quién sobrevivió.
Qué salió mal. O qué demonios seguimos persiguiendo realmente.
Y aunque nadie lo diga en voz alta...
Todos estamos pensando lo mismo.
Esperemos que esto sirva para algo.
¿Y si alguien ha estado manipulando cada decisión que tomas?
Roy
Clark nos obliga a irnos a la cama sobre las dos de la mañana.
Literalmente obliga.
Porque si fuera por algunos-mirando a Tim, Dick y probablemente Jason aunque no quiera admitirlo-seguiríamos viendo vídeos hasta las seis y desayunando trauma.
Yo encantado.
Me duele la espalda, tengo sueño y siento que llevo demasiadas horas viendo cosas que preferiría no recordar jamás.
Así que recojo mis cosas y me voy hacia mi habitación.
Abro la puerta.
Entro.
Y justo cuando voy a cerrarla...Una mano la empuja. Jason. Se mete dentro como si fuera la suya.
Yo lo miro.
Él me mira.
Silencio.
-Paso de ir hasta la mía-dice simplemente.
Y deja caer la mochila en el suelo.
¿Está es su manera de ligar conmigo?
Porque si es así...Qué mono.
No digo nada todavía. Solo me cruzo de brazos y lo observo mientras se quita la sudadera como si nada.
-¿Así entras en las habitaciones de la gente ahora?-pregunto.
-Solo en las que me dejan entrar.
-No te he dejado.
-No me has echado.
Punto para él. Se deja caer sobre la cama.
Me siento en el borde de mi cama, mirándolo.
-¿Roncas?-pregunto.
-No.
-Si roncas te grabo.
-Si me grabas tu móvil hará balconin.
-Me tendrás que comprar uno nuevo.
-O no
Tim
Se me cae el bolígrafo de la mano.
Golpea la mesa con un sonido seco antes de rodar unos centímetros sobre los papeles llenos de anotaciones.
-¿Tim?-Escucho a Conner que seguramente ha escuchado el salto que ha dado mi corazón.
La científica del vídeo sigue hablando.
La imagen tiene mala calidad, algo granulada. Lleva una bata blanca, el pelo recogido deprisa y unas ojeras horribles. Parece agotada, como si llevara demasiado tiempo despierta.
Pero habla con seguridad.
Demasiada.
Como alguien convencido de estar descubriendo algo importante.
Detengo el vídeo.
Retrocedo.
Le doy otra vez.
>Hemos llegado a una hipótesis relevante...
Anoto rápido.
Hipótesis ADN / sangre
La mujer continúa.
>Los recuerdos parecen transferirse a través de la sangre.
Mi cabeza empieza a unir cosas demasiado rápido.
Jon dijo...
"Siento que ya he estado aquí."
Y Lena también dijo algo....
"A mi también...Es como si el olor se me metiera en el cerebro y me diera un Deja vu."
Me inclino hacia delante.
Subo el volumen.
La voz de la científica llena los auriculares.
>No hablamos de memoria completa. Más bien fragmentos. Impresiones. Respuestas emocionales. Lugares reconocidos sin experiencia previa.
Y de repente todo empieza a darme muchísimo miedo.
¿A cuántas personas se le ha podido transmitir el ADN? ¿Es solo entre lobos? ¿Puede ser de lobos a humanos?.
-Eh...-mi voz sale más baja de lo esperado-Creo que todos deberíais escuchar esto.
Poco a poco todos acaban alrededor de mi ordenador.
>Las pruebas actuales indican que la transferencia de recuerdos parece producirse principalmente entre sujetos lobunos.
Todos se quedan callados.
>No hablamos de recuerdos completos. Son fragmentos. Impresiones sensoriales. Reconocimiento espacial sin experiencia previa.
Miro de reojo.
Jon está quieto.
Demasiado quieto.
Lena también parece algo incómoda.
La doctora sigue hablando.
>Sin embargo, deseamos comenzar pruebas con humanos. Existe la posibilidad de que la sangre lupina pueda inducir memoria parcial o conductas heredadas.
-Qué puto miedo-Suelta Pamed
-Muchísimo-murmura Wally.
La científica continúa.
>En sujetos compatibles, la sangre parece comportarse como un archivo biológico.
Pauso el vídeo.
-¿Creéis que se han ido pasando información a través del ADN?-pregunta Roy.
Nadie responde inmediatamente.
Porque la idea da demasiado mal rollo.
-Puede ser...-digo al final.
Y entonces Dick habla.
Su voz es más seria de lo normal.
-Creo que el verdadero problema...-
empieza-es que imaginad que nosotros conseguimos matar al líder de esto-Se cruza de brazos.
-¿Y si a través de la sangre pueden seguir guardando todos esos planes? No hemos terminado de ver todos los vídeos-continúa-¿Y si consiguieron pasar toda la información que ellos querían?
Jason frunce el ceño.
-¿Como una copia de seguridad humana?
-Peor-dice Dick-Una que ni siquiera sabe que tiene la información encima.
-¿Como no van a saber que tienen esa información encima?-pregunta Benji-se supone que les han metido recuerdos.
-Vale...imaginaos esto-dice al final-
Imaginad que solo hay una forma concreta de desbloquear esos recuerdos. Pueden escoger a cualquier persona. Cualquier manada. Llevarla a cualquier laboratorio, meter esa información, devolverla a su lugar de origen, apuntar quién es, qué tiene y luego ir a por ella cuando lo necesiten.
-Como esconder un disco duro dentro de alguien-murmura Wally.
-Mulas humanas-añade Roy.
Noto cómo algo se me aprieta en el pecho.
Porque eso abre demasiadas posibilidades.
Demasiados años.
Demasiadas personas.
Demasiadas manadas.
-Pero cualquier licántropo no les puede valer-dice Artemis de repente-Yo he visto un vídeo donde les hacían radiografías del cerebro.
Dom levanta la cabeza al instante.
-¿Radiografía?-dice-Creo que te refieres a una Resonancia Magnética o a una Tomografía Computarizada.
Artemis frunce el ceño.
-¿No es lo mismo?
-Qué va.
Dom deja el bolígrafo encima de la mesa y se reclina un poco en la silla.
-Una radiografía normal sirve sobre todo para huesos. Como fracturas, dientes, tórax usa radiación, pero no te enseña bien el cerebro-Hace un gesto con las manos-La Tomografía Computarizada, o TAC, también usa rayos X, pero hace imágenes por capas. Es más detallada. Se usa mucho para hemorragias, golpes, tumores...cosas rápidas. Y luego está la Resonancia Magnética-
continúa-Esa usa imanes potentes y ondas de radio. No radiación. Te enseña muchísimo mejor tejidos blandos, conexiones, inflamación... el cerebro se ve mucho más detallado-Frunce un poco el ceño mientras piensa-Si estaban buscando compatibilidades neurológicas o cambios en la estructura cerebral seguramente era resonancia.
Todos lo miramos.
Porque nadie esperaba esa explicación tan específica.
-¿Cómo coño sabes eso?-pregunta Roy.
Dom se encoge de hombros.
-He estudiado un poco de medicina.
-"Un poco" dice-murmura Jason.
Caleb se ríe por lo bajo.
-Ha estudiado bastante más que un poco.
-¿Y eso qué significa?-pregunta Mike, volviendo al tema importante.
Dom tarda un segundo.
-Que probablemente no les valía cualquiera. Buscarían cerebros compatibles-dice-O gente capaz de aguantar lo que intentaban meterles.
Quizá todavía haya gente ahí fuera
sin tener ni idea
de lo que lleva dentro.
-Hay razones por las que ciertas historias siguen dando miedo-
Wally
Joel, Benji y yo habíamos salido a correr.
Yo especialmente me había agobiado de estar sentado escribiendo cosas y mirando pantallas durante horas. Entre vídeos de tortura, teorías raras sobre ADN y Dick desbloqueando archivos como si fuera un hacker salido de una película. Tenia la cabeza demasiado llena.
Necesitaba moverme.
Aire.
Dick quiso venir.
Pero también sé cuándo está cansado aunque finja que no. Había madrugado para entrenar, luego ponerse con más vídeos, contraseñas y cosas que seguramente solo él entiende.
Parecía un mapache....uno muy guapo.
Así que cuando abrí la puerta de la habitación diciendo que estaria bien y que descansará. Joel pasaba por el pasillo con Benji detrás, fue casi automático.
-¿Salís?-preguntó Benji.
-Voy a correr antes de que me tire por una ventana.
-Qué casualidad-dijo Joel-Nosotros también.
Y ahora estamos aquí.
Corriendo por un sendero que ellos vieron en el mapa, rodeados de árboles y ese aire frío de montaña que al principio te pega fuerte en los pulmones pero luego casi agradeces.
Benji corre demasiado cerca.
-Oye, ¿crees que si mueres Dick me dejará quedarme con algunas de tus sudaderas?-pregunta de repente.
-No.
-¿Ni una?
-Ni media.
Joel resopla una risa.
-Dick da miedo-dice Benji muy serio-Si te pasa algo probablemente me culpe a mí.
-Te culparía aunque no fuera culpa tuya-dice Joel.
-¡exagerados!
-Pero es verdad. Está loco y enamorado.
-No está loco.
-Es un loco inteligente.
-No entiendo cómo puedes hablar tanto mientras corres.
-Tengo talento-responde Benji.
-¿Qué tal está Dick?-pregunta Joel de repente.
Lo pienso unos segundos.
-Cansado-admito-Pero cuando se obsesiona con algo ya sabes cómo es.
-Toxico-dice Benji.
-No lo es.
-Mucho-añade Joel-El otro día me miró como si fiese su próxima víctima porque te invité un donut y pensé que me iba a matar-No puedo evitar reírme.
-Sois unos exagerados
-Wally. Estás enamoradísimo y el amor es ciego.
Resoplo.
-Qué pesados sois.
-No has negado nada-dice Benji.
-Además-añade Joel-te mira como si fueras el último vaso de agua en el desierto.
Me tropiezo un poco.
-Callaos.
-¡Se ha puesto rojo!
-Estoy sudando.
-Excusas.
Seguimos corriendo un rato más.
En silencio esta vez.
Solo nuestras respiraciones, el sonido de las zapatillas golpeando la tierra húmeda y el viento moviendo las ramas por encima de nuestras cabezas.
El sendero empieza a cambiar poco a poco.
Primero el bosque se vuelve menos denso. Los árboles dejan más espacio entre ellos. La luz se cuela mejor entre las ramas y el aire empieza a sentirse distinto.
Más húmedo.
Más fresco.
Y entonces el sonido aparece.
Agua.
No un río pequeño.
Algo más grande.
Mucho más grande.
El sendero termina abriéndose de golpe y un enorme lago aparece delante de nosotros.
Gigante. Tan grande que durante un segundo parece más mar que lago.
El agua refleja el cielo grisáceo de la tarde como un espejo roto por pequeñas olas. El viento mueve la superficie lentamente, haciendo que la luz cambie de color cada pocos segundos.
-No sabía que en Elathra había algo así-dice Benji, frenando un poco.
Joel también se queda mirando.
-En el mapa tampoco sale.
También vemos un pequeño puerto. La madera del muelle está algo desgastada, torcida en algunos puntos por el tiempo y la humedad. Algunas tablas crujen cuando nos acercamos demasiado.
En uno de los laterales aparece una cabaña. Con la madera oscurecida por los años y una ventana rota cubierta a medias por algo que parece una manta vieja.
Nos acercamos al muelle, y acabamos sentándonos.
Las piernas nos agradecen el descanso casi al instante.
El agua es absurdamente cristalina.
Tanto que se ven peces nadando cerca de la superficie, moviéndose tranquilos entre sombras de piedras y plantas acuáticas.
Benji se inclina un poco hacia delante.
-Vale...esto da vibes de película donde claramente alguien muere.
-Gracias por romper el momento bonito-dice Joel.
-Solo digo que hay una cabaña misteriosa-Miro el lago otra vez y el viento me mueve un poco el pelo.
Nos quedamos ahí sentados un rato.
El muelle cruje un poco cada vez que alguno se mueve demasiado. El agua golpea suavemente la madera y el viento trae ese frío agradable que aparece después de correr mucho.
Benji está tirando pequeñas piedrecitas al lago.
Joel tiene los antebrazos apoyados sobre las rodillas.
Yo simplemente miro el agua.
Hasta que, obviamente, Benji rompe el silencio.
-Yo cuando era más joven eché un polvo en un sitio de estos.
Joel gira lentamente la cabeza.
-¿"Un sitio de estos" siendo un lago o una cabaña que claramente parece escenario de asesinato?
-Las dos cosas-dice Benji muy orgulloso.
-¿Qué edad tenías exactamente cuando decidiste que el peligro era sexy?
-Era jove...Quizas diciseis o diecisiete-dice-Era verano, y yo pensé "¿qué es lo peor que puede pasar?"
-Que te matara-digo.
-¡Pero no pasó!
Joel resopla.
-Benji, eres el motivo por el que existen las advertencias.
-Tú qué sabrás si seguro que de adolescente eras aburridísimo.
Joel tarda dos segundos en responder.
-Una vez me escapé de casa tres días.
-¿Qué?
Yo también lo miro.
-No te pega nada.
Joel se encoge de hombros.
-Me enfadé con mis padres. Cogí una mochila, me fui con unos amigos y acabamos durmiendo en una playa.
-Vale, eso sí tiene algo de aura de protagonista de peli indie-dice Benji.
-Volví porque me quedé sin dinero-
añade Joel.
-Ah. Ahí está la realidad.
No puedo evitar reírme un poco.
-¿Y tú?-pregunta Benji mirándome-
¿Tu gran rebeldía adolescente?
Lo pienso unos segundos.
-Una vez robé una señal de tráfico.
Silencio.
Joel levanta una ceja.
Benji se gira hacia mí lentamente.
-¿Una señal de tráfico?
-No fue mi mejor momento.
-¿Dónde está?
-En el garaje de mi padre.
Benji se ríe tan fuerte que casi se resbala del muelle.
-¡Sabía que escondías cosas!
-Mis amigos y yo habíamos bebido demasiados chupitos.
-Ah. Claro.
Benji sigue tirando piedras al agua como si no acabara de admitir que se acostó con alguien en una cabaña potencialmente embrujada.
-Vale, pero hablando de vergüenza real...-Dice Joel-¿alguna anécdota humillante adolescente?
-Tengo demasiadas-dice Benji al instante-Pero demasiadas.
-Empieza-digo.
Benji se lleva una mano al pecho.
-Vale. Una vez intenté impresionar a alguien haciendo skate.
-No sabes hacer skate.
-Exactamente.
-No...
-Sí.
Señala una cicatriz pequeña cerca de la barbilla.
-Esto fue culpa de un bordillo y de intentar parecer sexy.
-¿Resultado?-pregunto.
-Fractura emocional.
-¿Y física?
-Me abrí la ceja, me raspé media cara y el chico terminó saliendo con mi amigo.
Joel suelta una carcajada.
-Eso es tristísimo.
-Gracias por el apoyo emocional.
Joel se queda pensativo unos segundos.
-Vale, yo tengo una.
-A ver.
Se rasca un poco la nuca, claramente arrepintiéndose ya.
-Una vez intenté hacerme el interesante delante de una chica.
-Si me pasaba-dice Benji.
-Ella dijo que le gustaban los chicos misteriosos. Así que durante como dos semanas fingí que sabía tocar la guitarra.
-¿Cómo finges saber tocar guitarra?-Pregunto.
Joel mira el lago como si quisiera lanzarse.
-Veía tutoriales.
-No.
-Sí.
-¿Y qué pasó?
Joel tarda un segundo.
-Me pidió tocar algo delante de amigos.
Silencio.
-¿Y?
-Toqué mal una canción de Ed Sheeran. Y después se enteró de que literalmente llevaba dos semanas aprendiendo.
-Eso da vergüenza...Pero dentro de lo que cabe no da tanta vergüenza.
-Tu turno.
-No.
-Sí.
-No tengo cosas vergonzosas.
Los dos me miran como si acabara de mentir descaradamente.
Wally-dice Joel-Nadie sobrevive a la adolescencia limpio
Resoplo.
-Vale...una vez envié un audio llorando. A una chica.
-¿Llorando?
-No estaba llorando al principio.
-¿Qué pasó?
Me tapo la cara un segundo.
-Me rechazó.
-Ups...
-Y yo quise parecer maduro y decir algo profundo.
-¿Y?
-Me puse nervioso. ¡Y encima envié otro audio disculpándome por el audio!
Benji me da una palmada en el hombro.
-No te preocupes. Peor sería haberte caído intentando parecer sexy.
Pero cuando estoy a punto de decir algo más...Desde el final del muelle se escucha un gruñido.
Grave.
Bajo.
Tan profundo que siento cómo algo me vibra directamente en el pecho.
Nos giramos los tres a la vez.
Y ahí está.
Un enorme lobo marrón oscuro.
Grande. Igual de grande que Clark.
Está quieto al final del muelle, con las patas firmemente apoyadas sobre la madera vieja. El viento le mueve apenas el pelaje grueso mientras enseña los dientes lentamente.
No parece nervioso.
No parece asustado.
Sus ojos amarillentos nos miran fijamente.
Como si estuviera evaluándonos.
Como si ya hubiera decidido algo.
Se me corta un poco la respiración.
-Vamos, no me jodas...-murmura Benji-¿Tú quién coño eres?-Lo veo sacar la pistola de detrás de la cintura con movimientos rápidos.
Apunta.
El animal no se mueve.
Solo sigue enseñando los dientes.
Y entonces escucho ramas romperse.
Una.
Dos.
Tres.
Giramos apenas la cabeza.
Desde los árboles empiezan a salir otros tres lobos.
Uno negro con manchas grises. Otro más claro, casi rojizo. El último enorme, de un gris sucio que parece demasiado flaco para el tamaño que tiene.
Todos demasiado grandes.
Todos observándonos.
Todos callados.
No atacan.
Pero tampoco se van.
Benji traga saliva.
-Vale...esto ya no me hace gracia. Vamos a llamar a refuerzos.
Saca la alarma de emergencia.
Una barra metálica pequeña con un botón rojo en la punta.
La activa.
El sonido apenas se escucha aquí, pero sabemos que en los móviles del resto ya habrá saltado la alerta con nuestra ubicación exacta.
Mi corazón empieza a ir demasiado rápido.
Uno de los lobos gruñe.
Más cerca esta vez.
El marrón oscuro avanza un paso.
La madera del muelle cruje bajo sus patas.
El agua golpea suavemente debajo de nosotros.
-No hos movais-dice Joel en voz baja-No es el momento de empezar la persecución.
-Genial-murmura Benji sin bajar el arma-Porque claramente esta era mi forma favorita de morir.
-Chicos...-empiezo, sintiendo cómo el corazón me golpea demasiado fuerte contra las costillas-No tengo armas.
Benji no aparta la vista del lobo.
-Estás suspendido-dice-Y espero que aprendas si salimos vivos de esta.
-Lo siento...
Retrocedemos despacio.
Tabla a tabla. La madera del muelle cruje bajo nuestros pies mojados de sudor.
Pero el lobo sigue avanzando.
Lento y seguro.
Como si supiera perfectamente que tiene ventaja.
-No te disculpes-dice Joel.
Saca también la pistola.
Y del interior del bolsillo una navaja dándome la a mí.
-Sobrevive
El aire parece quedarse quieto un segundo.
Y entonces...El lobo se abalanza.
Todo pasa demasiado rápido.
Un borrón marrón oscuro.
Dientes.
Madera rompiéndose bajo las patas.
Benji dispara.
El sonido revienta el silencio del lago. La bala impacta en uno de los lados de la cabeza del animal y este suelta un ruido horrible antes de perder el equilibrio y caer al agua.
-¡AL AGUA!-grita Joel.
No lo pienso.
Salto.
El frío me golpea como una bofetada.
Demasiado frío.
El cuerpo se me paraliza un segundo antes de reaccionar.
Buceo todo lo hondo que puedo.
Recto.
Sin mirar atrás.
El agua cristalina se vuelve oscura unos metros abajo. Mis pulmones empiezan a quemar demasiado pronto y el sonido queda amortiguado, distante.
Subo cuando ya no puedo más.
Rompo la superficie jadeando.
Escucho gimoteos.
El lobo del muelle está retorciéndose de dolor mientras los otros tres se acercan a él, nerviosos, oliéndolo, rodeándolo.
Por un instante...Su compañero parece importarles más que nosotros.
Y Joel lo aprovecha.
-¡Nadad! ¡Ahora!
Benji ya está unos metros más adelante.
Yo intento seguirles.
La ropa pesa.
Muchísimo.
Las zapatillas son un maldito castigo. El agua parece tirar de mí hacia abajo.
Pero la adrenalina puede más.
Cuando por fin alcanzamos la orilla, Joel me agarra del brazo.
-Vamos, vamos, vamos...-Tira de mí hacia arriba.
Las piernas me tiemblan.
Todo pesa.
Pero corro.
Corremos.
Nos metemos entre los árboles.
Ramas golpeándome los brazos.
Respiración rota.
Tierra húmeda bajo los pies.
No sé cuánto tiempo pasa.
Dos minutos.
Cinco.
O treinta segundos.
Hasta que....Patas.
Detrás.
Muchas.
El sonido de ramas rompiéndose.
Demasiado cerca.
Benji se gira primero.
Levanta el arma.
Dispara.
Joel también.
Otro disparo.
El bosque se llena del eco.
-¡No dejéis de correr!-grita Joel.
Y entonces los veo.
Entre los árboles.
Sombras enormes moviéndose demasiado rápido. Más rápidas que nosotros. Mucho más.
El bosque entero parece haberse vuelto ruido.
Ramas rompiéndose.
Hojas aplastadas.
Nuestra respiración.
Disparos.
Corro.
Simplemente corro.
No pienso.
No puedo.
La ropa mojada pesa demasiado. Los pantalones se me pegan a las piernas y las zapatillas hacen ese sonido horrible de agua atrapada cada vez que piso mal.
Tengo frío.
Pero también demasiado calor.
La adrenalina lo mezcla todo hasta que solo existe el dolor de pecho y la necesidad absurda de seguir moviéndome.
-¡No mires atrás!-grita Joel desde algún lado.
Pero lo hago.
Y ojalá no lo hubiera hecho.
Porque entre los árboles veo movimiento..
El pelaje oscuro se mezcla con las sombras del bosque, pero los ojos brillan apenas un segundo cuando pasa entre troncos.
Corre demasiado rápido.
Muchísimo.
Mi corazón da un salto tan fuerte que me mareo.
Y entonces entiendo algo horrible:
No somos más rápidos.
Nunca lo hemos sido.
Pero...Los entrenamientos.
Joder.
Gracias a todos esos entrenamientos.
A correr hasta que las piernas temblaran.
A Marcus gritándome que dejara de mirar mis pies cuando corría.
A Dom haciéndonos repetir recorridos imposibles entre árboles.
A Dick enseñándome cómo aprovechar el terreno.
A aprender que en el bosque no gana quien más corre.
Gana quien mejor se mueve.
Así que empiezo a hacerlo sin pensar.
Mi cuerpo se adelanta al miedo; Salto un tronco caído,e impulso en una roca para cambiar de dirección, paso agachado bajo una rama demasiado baja.
No voy recto.
Nunca recto.
Zigzagueo.
Busco zonas cerradas donde algo tan grande tendría que reducir velocidad.
Aprovecho pendientes.
Raíces.
Árboles juntos.
Escucho otro disparo.
Benji.
Luego otro.
Joel.
Y entonces-
-¡Separémonos!-grita Joel.
-¡¿QUÉ?!-escucha a Benji protestar.
-¡AHORA!
Todo pasa demasiado rápido.
Joel gira hacia la izquierda.
Benji se acerca lo justo para empujarme el hombro.
-¡No mueras!
Y yo aprieto la navaja de Joel.
Luego desaparece entre árboles.
Y de repente...Estoy solo.
Completamente solo.
El bosque cambia cuando estás solo.
Se siente más grande.
Más hostil.
Cada sombra parece demasiado oscura.
Cada sonido demasiado fuerte.
Sigo corriendo hasta que las piernas me arden, hasta que siento un pinchazo horrible en el costado, hasta que respirar empieza a doler.
Y entonces veo unas rocas enormes.
Cubiertas de musgo.
Una grieta pequeña entre ellas.
Me meto...o me tiro.
Literalmente.
Casi resbalando.
Me escondo detrás de una roca grande y me hago pequeño.
Intentando ocupar el mínimo espacio. Intentando desaparecer.
El corazón me late tan fuerte que me duele el pecho.
No hagas ruido.
No hagas ruido.
Intento respirar más despacio.
Pero no puedo.
El aire entra demasiado rápido.
Temblando.
Me llevo una mano a la boca.
Y con la otra hago un rápido movimiento, sacando la hoja.
Parece ridícula al lado de un lado enorme. Pero es plata y eso a ellos los mata.
La aprieto tan fuerte que me duele la mano.
Silencio.
Escucho algo moverse.
Lejos.
Luego cerca.
Luego otra vez lejos.
Patas.
Olisqueando.
Las hojas moviéndose.
Trago saliva tan despacio como puedo.
No van a llegar.
El pensamiento aparece solo.
No van a llegar.
El grupo está lejos.
Todos demasiado lejos.
Y Joel y Benji...¿Qué pasa si uno ha caído? ¿Qué pasa si están escondidos igual que yo?
El pecho se me aprieta tanto que me mareo.
Voy a vivir.
Parece uno de esos momentos horribles de los que luego hablan otros.
Voy a vivir.
Ese momento donde alguien desaparece.
Y ya está.
Sin despedidas.
Sin tiempo.
Aprieto la navaja un poco más.
Voy a vivir.
Pienso en Dick.
En qué va a sufrir si muero.
Va a enfadarse.
Y casi me río.
Casi.
Pero entonces...Un crujido.
Justo delante de la roca.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Después...
Un resoplido.
Pesado.
Lento.
Como algo oliendo el aire.
Dejo de respirar.
Entonces lo veo.
El lobo aparece delante de la roca.
Respira fuerte, demasiado fuerte, y el vapor sale de su hocico mezclándose con el aire frío del bosque. Los ojos amarillentos se clavan en mí.
Directamente.
Como si hubiera sabido todo el tiempo dónde estaba.
No voy a morir.
No.
No.
No.
Todo pasa demasiado rápido.
Gruñe. Un sonido grave que parece vibrarme dentro del pecho.
Y se lanza. Yo retrocedo tan deprisa que casi me resbalo. El lobo intenta meter el hocico entre las rocas para alcanzarme, pero el hueco es demasiado estrecho para un cuerpo tan grande.
Aun así intenta entrar. Empuja.
Las piedras parecen temblar; escucho las uñas raspar roca, el sonido me pone la piel de gallina, retrocedo más. La espalda chocando contra otra piedra, las manos me tiemblan, tanto que casi se me cae la navaja.
-Mierda...mierda...mierda...-susurro sin darme cuenta.
Puedo ver los dientes. El olor salvaje que entra directo por la garganta y me revuelve el estómago.
Intenta morderme otra vez.
Pero no llega.
No cabe.
Piensa.
No te bloquees
El espacio entre las rocas es demasiado estrecho.
Tengo una mínima ventaja.
Pequeña.
Ridícula.
Pero algo. El problema es que yo también estoy atrapado. Porque hacia atrás apenas queda espacio.
Miro rápido.
Hay una salida.
Estrecha.
Al otro lado de las rocas.
No sé si voy a caber bien.
No sé si voy a tropezar.
No sé si el lobo va a rodear antes.
Pero es eso...O quedarme aquí esperando.
El animal vuelve a empujar.
Las piedras vibran otra vez.
Una cae cerca de mi pie.
El corazón me late tan rápido que siento que me voy a ahogar.
Así que retrocedo como puedo y me agachado. Con las manos resbalando un poco sobre la roca húmeda.
Intentando no pensar demasiado en lo que pasa si el lobo consigue rodear antes que yo.
Detrás escucho otro gruñido.
Más fuerte.
Más frustrado.
Y luego...El sonido de patas alejándose. No. No alejándose.
Rodeando.
-Joder...-susurro.
Y empiezo a moverme más rápido.
Quizá podría haberme quedado quieto. Escondido y esperando.
Pero el pensamiento dura poco.
Porque no.
No de verdad.
Porque si algo he aprendido viviendo rodeado de licántropos es que el tamaño no siempre es el problema.
La transformación sí.
Ahora está en forma de lobo. Pero ¿y si cambia a media forma? ¿Y si de repente tiene manos? ¿Brazos?
¿Dedos suficientes para meterlos entre las rocas y sacarme como si fuera un maldito conejo escondido?
La idea me pone el estómago del revés.
Aunque el espacio apenas me deja respirar bien. Aunque me arañe los brazos y espalda, aunque me tiemblen tanto los brazos que apenas noto los dedos.
La salida ya está cerca.
Puedo ver el bosque otra vez.
El aire.
Un hueco.
Solo tengo que salir y correr.
Solo...Escucho ramas romperse.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Levanto la cabeza. Y el corazón se me cae directamente al estómago.
Porque el lobo ya está ahí.
Mucho más rápido de lo que esperaba.
Está justo frente a la salida.
Esperándome.
Los ojos clavados en mí.
El pecho subiéndole y bajándole rápido. Y antes de que siquiera tenga tiempo de reaccionar...Se lanza.
Todo pasa demasiado deprisa.
Un salto enorme.
La pierna se me engancha mal contra una piedra y caigo sentado de golpe. El mundo parece detenerse un segundo.
La boca del lobo se abre.
Demasiado cerca.
Demasiados dientes.
Y entonces...
Chas.
El sonido de la mandíbula cerrándose me parece la cosa más terrorífica que he escuchado nunca.
Tan cerca que siento el aire moverse.
Instinto puro.
No pienso.
La mano con la navaja se mueve sola.
Un movimiento torpe.
Desesperado.
La hoja roza uno de sus ojos.
No profundo.
No suficiente.
Pero suficiente.
El animal retrocede soltando un gruñido furioso y sacudiendo la cabeza.
Casi se me cae la navaja.
Sé que probablemente ese proceso de curación absurdo que tienen haga que eso desaparezca muchísimo más rápido de lo que yo podría volver a hacerle algo parecido.
Pero da igual.
Porque esos dos segundos...Son míos y los aprovecho.
Me levanto como puedo porque es complicado con lo que me tiemblan las piernas.
Corre.
Corre.
Corre.
Corre.
Corre.
Corre.
No quiero morir aquí.
No sé dónde estoy.
No es una frase dramática.
Es literal. No tengo ni puta idea.
No sé por dónde llegar el camino principal, no sé hacia qué lado estaba el lago, no sé si he corrido en círculos o si estoy kilómetros más lejos de donde debería.
Solo sé una cosa.
Ya no escucho al lobo.
Ni las patas.
Ni ramas rompiéndose detrás de mí.
Ni ese gruñido que todavía siento metido dentro del pecho como si se hubiera quedado ahí.
Y eso tiene que significar algo bueno. ¿No? Así que sigo corriendo.
Porque parar me da más miedo.
Las ramas parecen acercarse demasiado. Las sombras entre árboles parecen moverse aunque seguramente no lo hagan. Cada crujido hace que mire rápido hacia atrás.
Corro o algo parecido.
Porque ya no creo que esto cuente como correr. Es más bien sobrevivir hacia delante; Las piernas me pesan demasiado, la ropa mojada del lago sigue pegada a mi cuerpo como una segunda piel helada, as zapatillas hacen un ruido horrible cada vez que piso mal sobre barro o tierra húmeda.
Los pulmones me arden tanto que siento que estoy respirando cuchillas. Y el flato...Joder el flato.
Cada pinchazo en el costado es como si alguien me estuviera clavando agujas largas entre las costillas.
Intento respirar mejor.
No puedo.
Me duele demasiado.
Tropiezo con una raíz.
Casi me voy al suelo.
Consigo agarrarme a un tronco.
Sigo.
Porque parar significa pensar y pensar significa empezar a imaginar cosas horribles.
Joel sangrando.
Benji atrapado.
El grupo buscándonos.
Las ramas me golpean la cara.
Una me raspa la mejilla.
No me importa.
Tengo demasiado frío.
Mi cuerpo dice basta.
Las piernas me tiemblan tanto que siento que si doy otro paso me voy a caer.y entonces lo veo.
Un árbol enorme. Viejo.
Las ramas bajas son gruesas, lo bastante escondidas, lo bastante altas.
Mi cerebro decide antes que yo.
Sube.
Me acerco casi tambaleándome.
La corteza raspa.
Intento agarrarme.
Resbalo.
Lo intento otra vez.
La navaja casi se me cae y me la meto rápido otra vez en el pantalón.
Subo.
Una rama.
Luego otra.
Las piernas protestan.
Pero sigo.
Porque...Porque debajo hay cosas con dientes. Subo un poco más.
Hasta que simplemente no puedo
El cuerpo no da más.
Encuentro una parte donde dos ramas gruesas se cruzan y prácticamente me dejo caer ahí.
Incómodo.
Muchísimo.
Una rama se me clava en la espalda.
Otra me obliga a mantener una pierna doblada de forma rara.
Pero sirve.
Más o menos.
La respiración tarda siglos en volver a ser lenta y pausada.
Poco a poco el silencio empieza a volver o lo que el bosque entiende por silencio.
El sonido de hojas moviéndose.
El viento.
Algún pájaro de la noche. Un crujido perdido que hace que me tense otra vez.
Entonces llega el frío, se mete dentro. La ropa húmeda empieza a congelarme literalmente la piel. Primero en la espalda. Luego en las mangas. Después en las piernas.
Tirito.
Estoy perdido.
Sin agua.
Sin comida.
Sin móvil útil.
Sin armas reales.
Solo una navaja.
Y completamente solo.
Pienso en Dick.
Sin querer.
Y algo me aprieta horrible dentro del pecho. Porque seguramente esté aterrado.
Me apoyo un poco contra el tronco.
Intentando ignorar el temblor.
Intentando no pensar demasiado.
Pero es imposible.
Me despierto porque siento que me voy a caer.
Ese segundo horrible donde el cuerpo se mueve solo mientras sueñas algo raro y de repente recuerdas que no estás en una cama.
Abro los ojos de golpe.
El corazón me dice ¡Seguimos vivos!. Tardo unos segundos en entender dónde estoy.
La noche ya se ha tragado todo.
Parpadeo varias veces, estoy tiritando, y no un poco. Las manos me duelen. Las miro y casi no puedo cerrar bien los dedos, están rígidos, entumecidos, helados. Intento mover los dedos.
Duele.
Todo me duele.
Las piernas.
La espalda.
Los brazos.
Hasta respirar duele.
Mierda.
Mierda.
¿Cuánto tiempo llevo aquí?
Miro alrededor.
Oscuridad.
Nada más.
Ni idea de la hora.
Ni idea de dónde estoy.
Pero una cosa sí tengo clara.
Necesito moverme.
Ya.
Porque si me quedo quieto más tiempo siento que voy a convertirme en un cubito de hielo con ansiedad.
Además...No creo que ya nos estén buscando esos lobos.
Y si ya saben que nos buscan los demás.... Seguro se han ido.
Así que bajo del árbol.
Con cuidado.
Porque bajar me cuesta una energía que no sabía que tenía. Las piernas me tiemblan tanto que casi resbalo dos veces. La corteza húmeda me raspa las manos congeladas y cada movimiento parece demasiado lento.
Cuando por fin toco suelo las rodillas casi se me doblan.
Vale
genial...
Empiezo a moverme.
Caminar.
Respirar.
Mis propias respiraciones saliendo blancas delante de mí.
Y entonces algo me agarra.
Dos manos.
Fuertes.
Desde atrás.
Una alrededor del brazo.
Otra del hombro.
Mi cuerpo entero se congela.
El corazón directamente se me para un segundo.
Y lo único que me sale es un ruido ahogado de puro susto mientras intento girarme de golpe.
La navaja sale casi sola.
No pienso.
No razono.
Solo giro el brazo con todo el miedo acumulado de las últimas horas y me preparo para clavarla.
Pero la persona detrás de mí me sujeta la muñeca.
Fuerte.
Rápido.
-¡Suélt...
Y entonces lo veo.
Dos ojos azules.
Muy azules.
Que reconozco incluso en mitad de la oscuridad. Incluso con el miedo todavía latiéndome en la garganta.
Se me corta el aire.
-Nunca pensé que me parecería tan guapo intentando apuñalarme.
La voz.
Joder.
La voz.
Y creo que algo dentro de mí directamente se cae al suelo del alivio. Porque el susto se convierte en calma y seguridad.
-Dick....-me sale más roto de lo que pretendía.
Yo entero tiemblo.
Dick sigue sujetándome la muñeca un segundo más antes de bajarla despacio.
-Sí...-dice-Asi me llaman.
Y después me abraza. Siento su calor tapar mi frío y yo empiezo a llorar.
-Pensaba que iba a...
-No lo digas-Y me aprieta más.
-¿Y Benji y joel?-Digo separándome de él.
-No lo sabemos....Pero hemos encontrado sangre. No sabemos si enemiga o de ellos.
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