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La piscina climatizada brillaba bajo las luces del techo, creando un ambiente cálido y acogedor. El agua cristalina reflejaba el suave resplandor, invitando a relajarse y disfrutar de un momento perfecto entre amigos y parejas.
Ran y Rindou ya estaban en el borde de la piscina, sentados, mientras sus ojos se deslizaban lentamente hacia Nahoya y Souta, que aún se quitaban las camisetas donde habían dejado las toallas.
Los hermanos compartieron una mirada cómplice cuando vieron cómo sus omegas se quitaban las ropas con movimientos despreocupados. Nahoya, con su figura curvilínea pero firme, dejó caer la camiseta al suelo, revelando una silueta que hacía que los ojos de Ran se detuvieran un segundo más de lo necesario.
Souta, con una sonrisa inocente, dejó caer su camiseta, su cuerpo perfectamente hacia que Rindou no pudo evitar sonreír para sí mismo, admirando cada curva de su omega mientras se preparaban para entrar al agua.
-¿Te gusta lo que?-murmuró Ran con una sonrisa traviesa, dándole un pequeño codazo a Rindou.
Rindou asintió, sus ojos fijos en Souta mientras se quitaba los últimos restos de ropa, dejando al descubierto su piel clara y suave.
-Definitivamente-respondió, sin apartar la vista-No me canso de mirarlo.
Ambos alfas intercambiaron una sonrisa de satisfacción antes de que los omegas se dieran cuenta y se acercaran, lanzando miradas traviesas a sus compañeros.
Nahoya fue el primero en sumergirse en la piscina, el agua envolviendo su cuerpo mientras se deslizaba hacia el centro con un movimiento elegante, dejando que las gotitas resbalasen por su piel. Souta lo siguió, chapoteando juguetonamente mientras intentaba nadar más rápido que Nahoya, aunque sin éxito.
Ran y Rindou entraron al agua poco después, nadando hacia ellos con movimientos tranquilos.
Aunque ambos alfas estaban acostumbrados a ver a sus parejas, algo sobre ese momento en la piscina, el agua resbalando por sus cuerpos y el ambiente relajado, hacía que los detalles de sus formas parecieran aún más irresistibles.
Por su parte, Nahoya y Souta no se quedaban atrás. Mientras jugaban a salpicarse y nadar, no podían evitar fijarse en los cuerpos fuertes de sus alfas. Ran, con su torso definido y su altura imponente, destacaba incluso en el agua, mientras los músculos de Rindou se flexionaban suavemente con cada brazada. Souta se mordió el labio, echando una mirada furtiva a Rindou, disfrutando en silencio de la vista de sus hombros anchos y su espalda.
Ambos omegas compartieron una risa suave antes de ser sorprendidos por una ola de agua que Ran y Rindou les lanzaron. La competencia de salpicaduras comenzó, con risas y pequeños gritos, mientras los cuatro se sumergían en el juego.
Ran y Nahoya decidieron ver qué podía ahogar antes al otro.
Souta en cierto momento voló fuera del agua.
El ambiente se volvía cada vez más relajado, hasta que el cansancio y el calor del agua comenzaron a pasar factura.
Eventualmente, los cuatro decidieron salir del agua, y se dirigieron a las toallas extendidas en el suelo junto a la piscina.
Rindou y Souta se acurrucaron juntos después de comer algo, el omega recostando su cabeza en el pecho de su alfa, mientras Rindou lo rodeaba con los brazos, buscando el calor. Entre el cansancio del agua y la calidez de la atmósfera, ambos se quedaron dormidos en cuestión de minutos, sus respiraciones suaves y sincronizadas.
Mientras tanto, Ran y Nahoya, sentados y terminando de comer, intercambiaron una mirada cargada de algo más que simple diversión. Nahoya se mordió el labio inferior, sus ojos oscuros fijos en los labios de Ran. Sin decir una palabra, Ran se inclinó hacia él, y sus labios se encontraron en un beso suave pero cargado de deseo. Al principio, fue un gesto tranquilo, pero pronto la pasión se fue desbordando.
El beso se profundizó, sus lenguas jugando entre sí mientras sus cuerpos se acercaban más. Nahoya deslizó sus manos por la nuca de Ran, tirando suavemente de su cabello mojado mientras sus bocas se unían con más urgencia. Ran, sin dejar de besarlo, echó un rápido vistazo a Rindou y Souta, asegurándose de que seguían dormidos.
-Vamos a otro sitio-susurró Ran entre beso y beso, su voz ronca por el deseo.
Nahoya asintió, su respiración acelerada, y ambos se levantaron lentamente, tratando de no hacer ruido. Con pasos rápidos y silenciosos, se escabulleron hacia los baños, dejando atrás a sus compañeros dormidos. Cuando llegaron al baño, Ran cerró la puerta con un golpe suave, y antes de que Nahoya pudiera decir una palabra, se volvió hacia él y lo acorraló contra la pared, sus labios encontrándose de nuevo con una intensidad que había estado conteniendo.
El terremoto de pasión que había comenzado en la piscina ahora se desataba sin control.
Las luces suaves iluminaban las baldosas, mientras Ran y Nahoya se miraban con esa chispa intensa que crecía entre ellos desde el primer beso en la piscina.
Nahoya, de espaldas al mueble, dejó que sus manos recorrieran la superficie fría mientras sus labios se encontraban con los de Ran de nuevo, esta vez con una lentitud cargada de anticipación. Ran lo observaba con intensidad, deslizando sus manos por su espalda hasta que el se apoyó suavemente en el mueble, inclinando su cuerpo hacia adelante de manera natural.
La postura permitió a Nahoya inclinarse hacia él, dejando que su cuerpo formara una L sutil pero sugerente. La posición, cómoda para ambos, los envolvía en una sensación de cercanía que hacía que sus respiraciones se mezclaran con el sonido suave del agua goteando en la ducha.
Ran se colocó detrás de el, sus manos recorriendo los costados de Nahoya con ternura mientras se preparaban para lo que venía. La conexión entre ellos no era solo física, sino una mezcla de emociones, risas compartidas y momentos de cariño que ahora culminaban en esta intimidad silenciosa.
El movimiento entre ellos era lento, cada gesto cargado de un entendimiento tácito, sin prisas. El placer se entrelazaba con el cariño, y mientras avanzaban en la unión, ambos dejaban que los suspiros suaves y las caricias prolongadas llenaran el espacio.
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