22
En la casa de los Haitani, la habitación de Rindou estaba sumida en una atmósfera cálida y suave, iluminada apenas por la luz tenue que se filtraba a través de las cortinas. Bajo las mantas, el mundo exterior parecía lejano, inexistente.
Souta y Rindou estaban allí, acurrucados el uno contra el otro, compartiendo un espacio que parecía hecho solo para ellos. Bajo las suaves mantas, las caricias se intercambiaban con una ternura que contrastaba con la pasión creciente que ambos sentían. Las manos de Rindou recorrían suavemente la espalda de Souta, mientras sus labios se encontraban en besos lentos y profundos, explorándose mutuamente.
El ambiente se volvía cada vez más íntimo, con el calor de sus cuerpos acercándose más. Cada suspiro que compartían bajo las sábanas era un reflejo del deseo que había ido creciendo con el tiempo. Souta dejó escapar un pequeño jadeo cuando las manos de Rindou comenzaron a deslizarse con más intención, acariciando su piel con una mezcla de delicadeza y deseo.
-Rindou...-susurró Souta, apenas separando sus labios de los de él, sus ojos entrecerrados por la intensidad del momento.
Rindou sonrió contra los labios de Souta, manteniéndolo cerca mientras sus manos seguían dibujando líneas suaves sobre su cintura, invitándolo a más.
-Quédate conmigo-murmuró Rindou, su voz baja y cargada de deseo, mientras sus labios rozaban los de Souta en un susurro apenas audible, como si solo ellos dos pudieran escuchar el momento.
Souta soltó un suspiro entrecortado, sus ojos se entrecerraron mientras la tentación se deslizaba entre ellos. A pesar del calor creciente en la habitación, intentó mantenerse firme.
-Mañana tengo clases-replicó Souta, su tono débil, como si intentara aferrarse a una excusa que sabía que ya no tenía mucho peso.
Rindou rió suavemente contra su piel, inclinándose hacia su cuello mientras sus labios comenzaban a trazar un camino de besos lentos y ardientes, cada uno más profundo que el anterior.
-Joder... yo te llevaré-
murmuró el alfa contra su piel, su boca dibujando un rastro cálido por su cuello, justo donde el pulso de Souta se aceleraba con cada caricia.
Souta intentó decir algo, pero las palabras se ahogaron en su garganta cuando un escalofrío le recorrió el cuerpo. Sintió las manos de Rindou deslizarse por su cintura, sujetándolo con esa mezcla de fuerza y ternura que le hacía perder la razón. Su corazón latía cada vez más rápido, el calor de sus cuerpos bajo las mantas aumentando con cada segundo que pasaba.
Y entonces, sin previo aviso, las feromonas de Souta, propias de su naturaleza de omega, inundaron el ambiente, intensas y embriagadoras. El aroma dulce y tentador llenó la habitación, rodeando a Rindou y haciendo que su propio cuerpo respondiera con una urgencia que apenas podía controlar. Su erección, presionada contra el cuerpo de Souta, se hizo más notoria, causando una punzada de incomodidad que apenas logró contener. La necesidad crecía, palpando cada fibra de su ser.
Souta se removió bajo él, mordiéndose el labio con fuerza, intentando mantener algo de control.
-Pero...-intentó protestar, aunque su voz era un susurro apagado, atrapado entre la tentación y la razón.
Rindou se inclinó más sobre él, sus labios rozando su oreja mientras hablaba, su voz cargada de deseo y promesas incumplidas.
-Porfa... quédate-dijo con un tono que lo hacía irresistible, sabiendo que Souta ya estaba al borde de ceder.
Souta dejó escapar un jadeo cuando los dedos de Rindou se deslizaron bajo su ropa, primero acariciando su piel con suavidad, luego moviéndose con más seguridad hacia la parte trasera de sus pantalones, cruzando los límites de su ropa interior. El tacto de sus dedos era lento y tortuoso, rozando su entrada, húmeda y lista por el efecto de sus feromonas, y la mente de Souta comenzó a desvanecerse entre la necesidad y la urgencia.
-¿Juras madrugar?-logró preguntar Souta, aunque ya su voz era un suspiro, sus dedos aferrándose a la camisa de Rindou como si esa fuese su única ancla.
Rindou sonrió contra su cuello, sus labios aún rozando su piel mientras sus dedos se deslizaban suavemente dentro de él, estirándolo con cuidado. Souta se arqueó contra él, sintiendo la calidez y la presión, un gemido suave escapando de sus labios.
-Sabes que no hace falta que jure-respondió Rindou, su tono bajo y cargado de esa confianza que siempre lo caracterizaba.
Con destreza, Rindou movió sus dedos dentro de él, sintiendo la humedad envolviéndolos. Souta soltó un jadeo ahogado, sus caderas moviéndose instintivamente hacia él, buscando más contacto. El omega se retorció bajo su toque, su cuerpo respondiendo con ansias, y con una mano, se aferró más fuerte a la camisa de Rindou, como si eso pudiera contener el torrente de sensaciones que lo atravesaba.
Cada movimiento de los dedos de Rindou dentro de él provocaba que Souta soltara suaves gemidos, su cuerpo arqueándose en respuesta a la presión constante que el alfa ejercía sobre su interior. La habitación se llenó del sonido de sus respiraciones entrecortadas, de las sábanas deslizándose sobre sus cuerpos y de la creciente tensión que los rodeaba.
Souta sabía que había perdido esa pequeña batalla de la voluntad, pero en ese momento, no le importaba. Estaba en los brazos de Rindou, sintiendo la intensidad de sus caricias y el calor de su deseo envolviéndolo por completo, dejándose llevar por la corriente que solo ellos dos compartían.
Después de unos minutos, cuando Rindou sintió que el cuerpo de Souta estaba completamente preparado, sus movimientos cuidadosos se volvieron más intencionados. Con una sonrisa suave y llena de deseo, deslizó los pantalones de Souta por debajo de sus rodillas, dejándolos caer en el suelo. El omega, ya completamente entregado a las sensaciones, soltó un suspiro entrecortado, su piel ardiendo bajo el toque del alfa.
Rindou se apartó brevemente para colocarse un preservativo, sus ojos nunca alejándose del cuerpo de Souta y el simple pensamiento de lo que venía lo embriagaba. El aroma dulce y embriagador de las feromonas de Souta lo envolvía, haciendo que su propio deseo aumentara. Se recolocó entre las piernas de Souta, sintiendo la suavidad de la piel de su omega bajo sus manos mientras las acariciaba con devoción.
Con una respiración profunda, Rindou rozó la punta de su miembro contra la entrada húmeda de Souta, provocando un suave roce que hizo que ambos se tensaran momentáneamente. Souta jadeó, su cuerpo respondiendo instintivamente al contacto, las sensaciones recorriéndolo en oleadas de placer anticipado. Rindou disfrutó de esa fricción, sintiendo cómo el omega se retorcía ligeramente bajo él, buscando más.
Finalmente, con un suave gemido de satisfacción, Rindou comenzó a hundirse en su interior, la presión apretada y cálida rodeándolo lentamente mientras se adentraba más en Souta. El omega soltó un gemido ahogado, su cuerpo arqueándose de gusto al sentir a Rindou llenándolo por completo.
El placer se desbordó entre ambos, envolviéndolos en una burbuja de intimidad que parecía detener el tiempo.
Cada movimiento de Rindou dentro de Souta provocaba que el omega se retorciera de placer, sus gemidos suaves y entrecortados llenando la habitación. Las manos de Souta se aferraron con fuerza a las sábanas, mientras sus caderas se movían instintivamente hacia Rindou, buscando más de esa deliciosa fricción.
Rindou, completamente embriagado por el olor y el sonido de Souta, comenzó a moverse con más ritmo, asegurándose de que ambos disfrutaran cada segundo, cada roce, cada susurro entre sus cuerpos.
Después de ese remolino de placer, tras una hora acurrucados entre las mantas, intercambiando caricias suaves y susurros, Rindou y Souta finalmente se levantaron para limpiarse y poner algo de orden en la habitación. Con la calidez aún presente entre ellos, se vistieron con ropa cómoda, dejando atrás la intensidad de los momentos previos.
Ahora, ambos estaban en el amplio y lujoso salón de la casa de los Haitani, cómodamente instalados en el sofá de cuero. El ambiente había cambiado completamente, volviéndose relajado y casi doméstico. Frente a ellos, la pantalla mostraba una serie de zombis, el sonido de los gemidos y gruñidos de las criaturas ficticias llenando el aire.
Rindou, recostado con el brazo alrededor de Souta, tomaba un puñado de dulces de una bolsa que tenían entre los dos. Souta, aún acurrucado contra su pecho, mordisqueaba uno mientras sus ojos seguían atentos la acción de la serie. Aunque la escena en la pantalla era de caos y supervivencia, ellos se encontraban en una burbuja de tranquilidad.
-Estos zombies corren demasiado rápido-comentó Souta, masticando un trozo de una patata, su tono desenfadado mientras veía cómo los personajes en la serie corrían frenéticamente por sus vidas.
Rindou rió suavemente, metiendo otro dulce en su boca.
-Sí, parece que olvidaron las reglas clásicas-respondió, sus dedos jugando distraídamente con uno de los rizos de Souta, acariciándolo suavemente- Pero al menos es entretenido.
Souta asintió, disfrutando tanto de la serie como del calor que emanaba de Rindou. Era uno de esos momentos en los que nada más importaba, donde el mundo exterior quedaba relegado a un segundo plano. Solo estaban ellos, los dulces y la ficción de una invasión zombi que, en ese momento, se sentía lejana.
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