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Era una tarde soleada, perfecta para pasar el día en el parque con Nil y Yoshi. Takemichi y Manjiro habían decidido llevar a sus hijos a jugar, disfrutar de la naturaleza y desconectar un poco de los preparativos de la boda.
Los niños corrían y reían, mientras sus padres los vigilaban con sonrisas cálidas. Takemichi estaba sentado en la hierba, viendo cómo Nil intentaba subir a los columpios mientras Yoshi corría tras su hermano con una risa contagiosa.
-¡Papá, mira!-gritó Nil, emocionado por lograr balancearse solo.
-¡Muy bien!-respondió Takemichi, sintiéndose orgulloso.
Después de un rato corriendo tras los niños, Takemichi sintió que necesitaba algo de agua. Le dio una palmada ligera en la espalda a Manjiro, que estaba sentado bajo un árbol.
-Voy a la fuente a beber agua, ¿vale?
Manjiro asintió, distraído mientras Yoshi se le enganchaba a la pierna.
Takemichi caminó hacia la fuente de agua, disfrutando de un pequeño momento de tranquilidad. Cuando llegó, notó que no estaba solo. Un hombre alto y atlético, que parecía haber estado corriendo por el parque, también estaba allí, respirando un poco agitado y limpiándose el sudor de la frente.
Takemichi inclinó la cabeza en un gesto de cortesía mientras comenzaba a beber. Sin embargo, notó que el hombre lo estaba mirando con una sonrisa.
-Día perfecto para correr, ¿verdad?-dijo el hombre con una voz relajada.
Takemichi sonrió de vuelta, un poco nervioso por la atención.
-Sí, está bonito el día- respondió de forma educada.
El hombre, notando la sonrisa nerviosa de Takemichi, pareció animarse un poco más.
-No te veo mucho por aquí. ¿Vienes seguido a este parque?-preguntó el corredor, inclinándose un poco hacia él, buscando más contacto visual.
Takemichi soltó una risa nerviosa, sin querer ser grosero. Él solo había ido a beber agua, no estaba preparado para que alguien coqueteara con él. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, el hombre dio un paso adelante, claramente interesado.
-¿Te gustaría tomar algo en el bar de la esquina?-ofreció el corredor, con una sonrisa que mostraba confianza.
Takemichi sintió que el aire se espesaba a su alrededor. No sabía cómo rechazar amablemente sin causar una escena incómoda. Antes de que pudiera responder, escuchó un susurro familiar detrás de él.
-Él no está disponible.
La voz de Manjiro era tranquila, pero firme. Estaba apoyado contra un árbol cercano, mirándolos con una expresión que, aunque serena, tenía un toque de posesión protectora. El corredor se tensó de inmediato al notar la presencia de Manjiro, su sonrisa desapareciendo rápidamente.
-Oh, yo… no sabía que…-El hombre balbuceó, claramente incómodo por la situación.
Manjiro caminó hacia Takemichi y, sin apartar la mirada del hombre, colocó una mano en la espalda de su pareja, un gesto sutil pero que dejaba en claro su relación.
-No te preocupes-dijo Manjiro, su tono todavía tranquilo, pero con un ligero filo-Solo te estoy diciendo que ya tiene compañía.
El corredor asintió rápidamente, con los ojos bien abiertos y claramente nervioso. No era difícil imaginar que, incluso sin saber quién era Manjiro, había captado la tensión en el aire. Dio un paso hacia atrás, murmurando una disculpa apresurada antes de salir corriendo en la dirección opuesta.
Takemichi soltó un suspiro, todavía un poco nervioso por lo que acababa de suceder. Manjiro lo miró con una sonrisa ladeada, claramente divertido por la situación.
-¿De verdad no puedes ir ni a beber agua sin atraer atención?-bromeó, su tono ahora relajado.
Takemichi se sonrojó un poco, dándole un pequeño golpe en el brazo a Manjiro.
-No es mí culpa. Solo estaba siendo amable.
-Lo sé...-dijo Manjiro, riéndose suavemente-Pero solo para que lo sepas, nadie más te llevará a tomar algo en un bar mientras yo esté cerca.
Takemichi sonrió, dejando que la tensión se disipara. Sabía que, aunque Manjiro a veces podía ser un poco territorial, todo venía de su deseo de proteger lo que habían construido juntos. Con una sonrisa más amplia, se giró para volver hacia donde estaban los niños, tomando la mano de Manjiro en el camino.
Manjiro y Yoshi caminaban por el estacionamiento del supermercado, de regreso al coche después de una rápida compra. Yoshi, siempre lleno de energía, saltaba alrededor de su padre, haciendo preguntas sin parar.
-¿Papá, qué haremos cuando lleguemos a casa?-preguntó Yoshi mientras sostenía una pequeña bolsa de compras en sus manos.
-Podemos darle una sorpresa a tu papá Takemichi y cocinar algo, ¿qué te parece?-respondió Manjiro, sonriendo al ver la emoción en el rostro de su hijo.
Yoshi asintió emocionado, agarrando con fuerza la bolsa. Manjiro le dio una sonrisa ligera mientras caminaban hacia el coche, pero de repente, notó una figura familiar en la distancia. Al principio no estaba seguro, pero a medida que se acercaban, el rostro de la mujer frente a ellos se volvió inconfundible:
Era la madre de Takemichi.
Puta
Mierda
El corazón de Manjiro se aceleró ligeramente, aunque su expresión permaneció fría y neutral. Llevaba años sin verla y, honestamente, no había deseado este encuentro. La mujer miraba fijamente, primero a él y luego a Yoshi, con una mezcla de sorpresa y algo más difícil de descifrar en su mirada. Manjiro sintió la incomodidad crecer en el aire.
-Yoshi, dame la mano-le dijo suavemente, intentando mantener la calma en su voz. Yoshi obedeció sin cuestionar, sintiendo también el cambio de atmósfera.
Cuando pasaron al lado de ella, la madre de Takemichi dio un paso adelante y, de repente, extendió la mano, deteniéndolos.
-Espera-dijo, su voz firme pero temblorosa al mismo tiempo-¿Cómo está Takemichi?
Manjiro se detuvo en seco, manteniendo la calma exterior mientras apretaba ligeramente la mano de su hijo. Miró a la mujer sin emoción, sus ojos duros y su expresión inmutable. Durante un breve momento, no dijo nada, permitiendo que el silencio se colara entre ellos antes de finalmente responder.
-Eso ya no es asunto tuyo-dijo con una frialdad que no buscaba ocultar.
Los ojos de la madre de Takemichi se entrecerraron ligeramente, como si estuviera lidiando con la incomodidad de sus propias emociones. Pero aún así, replicó.
-Es mi hijo, Manjiro. Siempre lo será.
Control
Tenía
Qué
Mantener el control.
Antes de que Manjiro pudiera responder, Yoshi, que hasta entonces había estado mirando con curiosidad, levantó la vista y preguntó con inocencia.
-¿Ella es mi abuela?
El silencio que siguió fue espeso, casi palpable. Manjiro pudo sentir la tensión crecer entre ellos mientras los ojos de la mujer se movían de él a Yoshi, y luego de vuelta a Manjiro. Por un instante, pareció sorprendida, casi como si no supiera qué decir. Pero antes de que pudiera articular una respuesta, Manjiro habló.
-No, no lo es.
El tono de Manjiro fue tajante, dejando claro que no había espacio para más discusión. Yoshi, aún sosteniendo la mano de su padre, miró a la mujer con una expresión confundida pero no hizo más preguntas. En su corta vida, Yoshi había aprendido a confiar en las respuestas de su padre, aunque no siempre las entendiera del todo.
La madre de Takemichi, visiblemente afectada por la respuesta de Manjiro, abrió la boca como si fuera a decir algo más, pero no salió ningún sonido. Manjiro no le dio más oportunidad.
Mientras se alejaban, el silencio entre Manjiro y su hijo permaneció. Pero una vez que estuvieron lo suficientemente lejos y subieron al coche, Manjiro se giró hacia Yoshi, le dio una pequeña sonrisa y le revolvió el cabello.
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