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¡Somos padres!

💍Preparativos💍

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Manjiro miró a Takemichi y, con una sonrisa traviesa, le dijo:

-Oye, ¿por qué no vamos a esa tienda que Izana nos recomendó? Dice que tienen trajes y vestidos increíbles.

Takemichi asintió, sabiendo que el momento de elegir qué usar en la boda se acercaba. Sin embargo, en su interior, estaba un poco nervioso. Manjiro, siempre lleno de energía, sugirió que antes de salir, debían hacer algo divertido.

-Vamos a jugar piedra, papel o tijera para decidir quién se pone el vestido y quién el traje -propuso con una sonrisa de desafío.

Takemichi rió nervioso, pero aceptó. Era típico de Manjiro querer añadir un toque de diversión a todo. Ambos se prepararon, manos en alto, listos para jugar. La primera ronda terminó en empate. Lo mismo sucedió en la segunda, la tensión aumentaba. Finalmente, en la tercera ronda, Takemichi perdió. Soltó un suspiro, mientras Manjiro reía con una mirada triunfante.

-Parece que te tocará el vestido, Takemitchi-

Takemichi, resignado aceptó su destino.

Al día siguiente, Takemichi fue a la tienda con Chifuyu y Emma para buscar el vestido ideal. Emma, siempre con su mirada dulce pero crítica, observaba atentamente cada vestido que le mostraban. Después de un rato de búsqueda, sus ojos se iluminaron al encontrar uno en particular.

El vestido que eligieron era de un color azulado, casi blanco. Tenía los hombros caídos, dejando verlos con elegancia, y se ajustaba perfectamente a la cintura de Takemichi. A medida que bajaba, el vestido se abría con suavidad, como los pétalos de una flor que se despliegan con gracia. Emma y Chifuyu intercambiaron miradas, ambos sonriendo con aprobación.

-Te ves increíble -dijo Emma, mientras Chifuyu asentía con una sonrisa cómplice.

Takemichi, mirándose en el espejo, no pudo evitar sonrojarse, pero también sonrió. Sabía que, aunque este no fuera el tipo de atuendo que esperaba llevar, estaba rodeado de personas que lo apoyaban.


Takemichi abrió la puerta de casa y apenas dio un paso dentro, Nil y Yoshi corrieron hacia él con una explosión de risas y energía, abrazándolo con fuerza.

-¡Papá, papá!-gritó Nil, riendo mientras trataba de hablar-. ¡Papá nos está ganando en la batalla de cosquillas!

Yoshi, todavía con la risa en la garganta, se aferró a Takemichi también, asintiendo con entusiasmo. Takemichi los abrazó a ambos, sintiendo el calor de sus pequeños cuerpos y la alegría que irradiaban. Levantó la mirada y, justo en el umbral de la puerta, estaba Manjiro, apoyado con aire relajado y una sonrisa traviesa dibujada en su rostro.

-¿Qué tal?-preguntó Manjiro con su tono calmado, sus ojos brillando con curiosidad.

Takemichi sonrió, recordando el vestido que acababa de elegir con Chifuyu y Emma.

-Es...precisó-respondió con una ligera risa, sabiendo que Manjiro ya tenía en mente la imagen perfecta.

Manjiro se separó del marco de la puerta, su sonrisa creciendo mientras se acercaba lentamente. Sin previo aviso, extendió las manos hacia Takemichi.

-Bueno, ahora es tu turno en la batalla de cosquillas.

Antes de que Takemichi pudiera reaccionar, Manjiro lo rodeó y empezó a hacerle cosquillas en los costados, con Nil y Yoshi riendo y uniéndose al ataque. Takemichi intentó defenderse, pero la risa lo venció rápidamente.

-¡Ya, ya!-suplicó entre risas, tratando de apartar a Manjiro, pero era imposible.

La casa se llenó de risas, los niños corriendo alrededor, y Takemichi riendo sin poder detenerse. En ese momento, rodeado de su familia, Takemichi no pudo evitar sentir una profunda felicidad.

-💍-

Manjiro y Takemichi estaban sentados en la mesa de la cocina, el ambiente impregnado de emoción mientras hablaban sobre los preparativos de su boda. El aroma del café recién hecho llenaba la habitación, y aunque ambos tenían personalidades diferentes, en ese momento compartían el mismo objetivo: hacer que su boda fuera un evento inolvidable. Con Nil y Yoshi jugando en la sala bajo la supervisión de Emma, los dos tenían tiempo para centrarse en los detalles más importantes.

-Lo primero es la fecha-dijo Takemichi, abriendo su libreta con una lista de pendientes que Emma le había ayudado a preparar-Queremos que sea un día especial para todos, pero sin que interfiera demasiado con la rutina.

Manjiro asintió, con el mentón apoyado en su mano. Era evidente que estaba concentrado.

-Deberíamos evitar fechas en las que todo el mundo esté ocupado. Izana mencionó que primavera es perfecta, ni muy frío ni muy caluroso, ¿qué te parece?

Takemichi reflexionó un momento. La primavera era ideal: la estación de los nuevos comienzos, cuando todo florece.

-¿Qué tal mediados de abril?-sugirió Takemichi-Así tenemos suficiente tiempo para organizar todo sin apurarnos.

Manjiro sonrió, satisfecho con la propuesta.

-Abril suena perfecto. Será un buen momento para reunir a todos.

Con la fecha elegida, Takemichi anotó el día en su libreta. Ese sería el primer paso hacia la ceremonia que ambos soñaban.

Establecer el presupuesto

Manjiro dijo que el dinero no era un problema pero Takemichi dijo;

-No quiero que todo sea un derroche-Manjiro tomó un sorbo de su café.

-Vaaaaaale. Izana me comentó que el catering y el lugar se llevan la mayor parte del presupuesto, así que podríamos priorizar eso. Aunque no es un...

-Manjiro.

Después de discutir durante un rato, acordaron un presupuesto que les permitiría tener una boda hermosa y bien organizada, sin exagerar en los detalles extravagantes.

-¿¡Una colchoneta!?

-¡Para los niños!

-Ya...los niños.

-💍-

-Ahora, hablemos del estilo-dijo Takemichi- ¿Cómo te imaginas la boda? ¿Algo formal o más relajado?

Manjiro se encogió de hombros, relajado.

-No quiero nada demasiado elegante. Quiero que sea algo en lo que todos se sientan cómodos. Algo que refleje lo que somos.

Takemichi asintió. Le gustaba la idea. Ambos habían vivido momentos intensos en sus vidas, y ahora querían algo que les recordara la tranquilidad que habían alcanzado juntos.

-Podríamos optar por algo al aire libre, un estilo rústico pero moderno-sugirió Takemichi-. Con muchas luces colgantes, mesas de madera, y flores sencillas pero bonitas.

Manjiro sonrió, imaginando el lugar.

-Sí, me gusta. Algo íntimo, pero donde todos puedan relajarse.

-💍-

-¿Qué piensas sobre la ceremonia?-preguntó Takemichi, consciente de que esto era un tema que podían ver desde diferentes perspectivas.

Manjiro se quedó pensativo. Ambos provenían de entornos diferentes, pero sabían que la ceremonia debía reflejar su unión.

-Creo que deberíamos hacer algo simbólico, algo que hable de lo que hemos vivido juntos -dijo Manjiro, sus ojos brillando al pensar en los recuerdos compartidos-No algo demasiado tradicional, pero que incluya un ritual que represente el viaje que hemos hecho.

Takemichi sonrió, conmovido.

-Podríamos hacer una ceremonia con amigos cercanos, donde cada uno tenga la oportunidad de decir unas palabras o hacer un gesto simbólico. Algo pequeño, pero significativo.

Manjiro asintió, satisfecho con la idea.

-Eso me gusta. Que sea algo personal.

-💍-

La siguiente tarea era menos emocionante, pero igual de importante.

-No podemos olvidarnos de la documentación-dijo Takemichi, revisando los requisitos.

Ambos sabían que había una serie de trámites que tenían que hacer para que todo fuera legal. Aunque la burocracia no era algo que ninguno disfrutara, Emma les había facilitado una lista con todo lo necesario: certificados de nacimiento, registros de residencia, y otros documentos.

-Emma dice que tenemos que llevar todo al ayuntamiento antes del próximo mes-dijo Takemichi-Ella puede ayudarnos a revisar todo.

Manjiro hizo una mueca, no le gustaban esos trámites, pero sabía que era un paso necesario.

-Lo haremos cuanto antes para quitárnoslo de encima.

-💍-

Después de un largo rato repasando documentos, era hora de algo más divertido: la lista de invitados.

-Vale, ¿a quién invitamos?- preguntó Manjiro, con una sonrisa traviesa.

Takemichi se echó a reír. Sabía que esto podía convertirse en un debate interesante.

-Definitivamente a nuestros amigos más cercanos. No quiero que sea una boda enorme-dijo Takemichi-Quizá unas 50 personas.

Manjiro asintió.

-Estoy de acuerdo. Izana, Emma, Draken, Chifuyu, y el resto de la pandilla. Todos los que han estado con nosotros desde el principio.

Hicieron una lista inicial, asegurándose de incluir a las personas más importantes en sus vidas. No querían que la boda se sintiera abrumadora, solo cercana y significativa.

-¿Invitarlas a tus padres?

-No.

-Vale.

-💍-


Finalmente, llegó el momento de lo que probablemente sería una de las decisiones más importantes: el lugar para la recepción y el catering.

-Quiero que sea al aire libre, pero en un lugar que también tenga opción de un salón en caso de lluvia-dijo Manjiro-. No queremos que el clima arruine nada.

Takemichi asintió.

-Baji mencionó un lugar en las afueras, con un jardín enorme y un salón de estilo antiguo. Podríamos visitarlo el fin de semana.

Ambos estaban emocionados por ver el lugar. Además, sabían que elegir un buen catering sería esencial.

-Quizá comida japonesa combinada con algunos platos occidentales.-Manjiro sonrió, imaginando el festín.

-Suena perfecto.


El agua de la ducha caía sobre Takemichi, cálida y relajante, pero su mente estaba lejos de la comodidad de ese momento. Se apoyó en la pared, cerrando los ojos mientras los recuerdos lo invadían.

Pensaba en sus padres, en todo lo que habían esperado de él. Desde pequeño, siempre le habían inculcado la importancia de ser "perfecto". Terminar la escuela con honores, ir a la universidad, conseguir un trabajo respetable... todo lo que para ellos representaba éxito. Takemichi sabía que lo amaban, pero también sentía que nunca había sido lo suficientemente bueno para cumplir con esas expectativas.
En su corazón, siempre había sentido que ese camino no era para él.

Y luego llegó Manjiro.

Takemichi dejó escapar un suspiro al recordar cómo sus padres nunca habían aprobado su relación. Manjiro, con su espíritu libre, su vida al límite, su rechazo a las normas y su personalidad magnética, era todo lo que ellos no querían para su hijo. Sabían quién era, el líder de una pandilla, alguien con una reputación temida y respetada en las calles. Para sus padres, Manjiro simbolizaba el caos, el peligro y todo lo que podría arruinar la vida de Takemichi.

Pero Takemichi no pudo evitar enamorarse.

Recordó con nitidez la primera vez que habló sobre Manjiro con sus padres. El enojo, la decepción, las palabras duras que lo marcaron profundamente. Le habían advertido que estaba cometiendo un error, que ese tipo de vida no era para él, que acabaría arrepintiéndose. Pero el corazón de Takemichi latía por Manjiro. Cada mirada, cada momento que pasaban juntos, lo hacía sentirse más vivo que nunca. Manjiro, con todos sus defectos, lo hacía sentir completo.

Y entonces, cuando quedó embarazado, la reacción de sus padres fue aún peor.

Takemichi se estremeció bajo el agua al recordar ese día. Sus padres lo habían mirado con horror y preocupación, diciéndole que su vida estaba acabada, que arruinaría su futuro, que nunca sería feliz si seguía por ese camino. Le dijeron que estaba cometiendo el peor error posible, que no estaba preparado, que no tenía idea de lo que implicaba ser padre. Sus palabras fueron como cuchillos clavándose en su corazón. Había pensado que lo entenderían, que aunque fuera difícil al principio, acabarían aceptando la situación. Pero en lugar de apoyo, encontró rechazo.

Las lágrimas se mezclaron con el agua de la ducha. Todavía le dolía recordar esas palabras, aún sentía el peso de la decepción de sus padres. Había querido complacerlos durante tanto tiempo, ser el hijo perfecto que ellos imaginaban. Pero en el fondo, siempre había sabido que no podía seguir ese camino. Amaba a Manjiro, y amaba a sus hijos. Nil y Yoshi eran lo mejor que le había pasado, y aunque la vida no había sido fácil, no cambiaría nada de lo que había vivido.

En ese momento, Takemichi se dio cuenta de algo. Aunque sus padres nunca entendieran su decisión, él no se arrepentía. Había construido una vida diferente, una vida que no estaba en los planes que sus padres tenían para él, pero que lo hacía profundamente feliz. Había encontrado el amor, no solo en Manjiro, sino en sus hijos, y en la vida que había elegido.

Takemichi cerró los ojos de nuevo, esta vez con una sonrisa en el rostro. Las palabras de sus padres ya no tenían el mismo poder sobre él. Había encontrado su propio camino, y aunque no era el que ellos querían, era el correcto para él.

Mientras el agua de la ducha continuaba corriendo, Takemichi no podía evitar que otros recuerdos, mucho más vívidos y cargados de adrenalina, se filtraran en su mente. Eran memorias que lo hacían sonreír, incluso a pesar de la tensión que había sentido en esos momentos. Especialmente, pensaba en todas esas noches en las que Manjiro, con su espíritu temerario, se colaba en su casa.

Manjiro siempre había sido así: impulsivo, directo y sin miedo a nada.

Takemichi recordaba cómo, después de largas noches de salir con la pandilla, Manjiro aparecía en su ventana, tocando suavemente el cristal. Sabía que no debía, que sus padres jamás permitirían que alguien como él estuviera cerca, pero cada vez que escuchaba ese toque en la ventana, su corazón saltaba con una mezcla de emoción y nerviosismo.

Al principio, todo había sido inocente. Manjiro se escurría en su habitación para ver películas. Ambos se quedaban en la cama, compartiendo una manta, hablando en voz baja mientras alguna película en se reproducía de fondo. Pero la tensión siempre estaba ahí, creciendo entre los dos, hasta que las noches se transformaron en algo más.

Takemichi podía sentir aún la sensación de las primeras veces que se tocaron. Al principio, tímidos y nerviosos, sin saber muy bien qué hacer con esa energía que se acumulaba entre ellos. Pero luego, el deseo se volvía incontrolable. Se besaban con pasión, se tocaban con manos temblorosas pero ansiosas de descubrir el cuerpo del otro. Esos momentos eran suyos, robados a la realidad que los rodeaba, llenos de libertad y emoción.

Había una noche en particular que siempre lo hacía reír cuando la recordaba, aunque en su momento había sido un verdadero infierno. Manjiro había venido como de costumbre, entrando silenciosamente por la ventana. Todo iba bien hasta que escucharon el sonido de las llaves en la puerta principal. Sus padres habían llegado a casa mucho antes de lo previsto.

El pánico se había apoderado de ambos. Manjiro, sin tiempo para escapar, se escondió rápidamente debajo de la cama. Takemichi apenas tuvo tiempo para recomponerse, tratando de no parecer sospechoso cuando sus padres entraron a su cuarto para saludarlo. Su corazón latía a mil por hora, sintiendo cómo el cuerpo de Manjiro estaba justo debajo de él, respirando en silencio mientras el peligro de ser descubiertos estaba tan cerca. Fue una eternidad hasta que sus padres finalmente se fueron a dormir, y cuando por fin pudo soltar un suspiro de alivio, Manjiro salió de su escondite, riendo bajo pero con los ojos llenos de adrenalina.

-Casi me da un infarto-le susurró Takemichi en ese momento, mientras Manjiro lo abrazaba por detrás, besando su cuello para calmarlo.

-Tranquilo, siempre seremos más rápidos que ellos-le había respondido Manjiro con esa sonrisa confiada que siempre lo desarmaba.

Otro recuerdo lo llevó a una noche en particular, una que Takemichi jamás podría olvidar. Era tarde, y el aire estaba cargado de verano. Manjiro había llegado como siempre, pero esa noche había algo diferente. Ambos estaban inquietos, como si el calor de la noche y la cercanía se hubieran vuelto insoportables.

Después de unas cuantas horas juntos, besándose en la penumbra, Manjiro le había susurrado al oído:

-Ven conmigo esta vez. Solo por una noche.

Takemichi sabía que no debía hacerlo, pero esa noche no pudo resistirse. Con el corazón latiendo con fuerza y el cuerpo lleno de adrenalina, se levantó de la cama, abrió la ventana y se escabulló por ella. Saltó con cuidado, siguiendo a Manjiro por el jardín hasta la calle, donde lo esperaba su moto. El viento fresco en su rostro mientras aceleraban por las calles desiertas fue una sensación de libertad que nunca había sentido antes.

-¿Qué estamos haciendo?- preguntó Takemichi, aunque en el fondo sabía que ya no importaba.

-Viviendo-respondió Manjiro, su sonrisa iluminada por las luces de la ciudad.

Esa noche, Takemichi entendió que, aunque estaba desafiando todo lo que sus padres querían para él, lo hacía por una razón: porque con Manjiro, se sentía más vivo que nunca.

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