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Sonata nocturna | GonKilluGon

Cuatro

YamilethWithY

No iba a dejar pasar por alto la mirada cautelosa y divertida que le empezó a brindar el muchacho apenas se paró a su lado. Sus labios se alzaron en una sonrisa ladina cuando descubrió esa reacción.

—Ya que al parecer tú no planeas hacerlo, me presentaré yo. Killua Zoldyck, hermano mayor de las dos señoritas que conociste hace un momento —impostó con solemnidad volteándose hacia él para extenderle la mano.

Gon intercaló miradas entre su rostro y su brazo. Decidiendo finalmente por aceptar el apretón, sin dejar de mirarlo a los ojos.

—Gon Freecs. Hermano mayor de Retz.

—Hace un rato fue bastante incómodo ¿no? Que mujer tan vulgar y entrometida. Desde un principio pensé que no auguraba cosas buenas —mencionó con tono avinagrado.

—Sí, no acostumbra a respetar opiniones, pero creo que realmente jamás se le va a quitar. —Se encogió de hombros.

—Tu simpleza se refleja incluso en tu forma de hablar. —Killua alzó una ceja con leve diversión.

Gon dejó escapar una risita con toques nerviosos.

—Me lo suelen decir a menudo. Yo pienso qué ¿en verdad vamos a complicarnos incluso en la forma de hablar? No tiene sentido.

—Piensas mucho las cosas, eh.

—No realmente. Retz dice que soy impulsivo y que es como si no me importaran las consecuencias. Bueno, hay veces en las que hablo antes de darme cuenta y cometo un error de algún modo...

Killua cubrió su boca con su mano para reprimir una risa. Gon sonrió al darse cuenta. Era la segunda vez que no era totalmente capaz de mantener la compostura con algún comentario suyo y eso le divertía de cierta forma.

—Escuché que te la pasaste sentado durante casi todo el baile.

—Exactamente. No tenía fijo mi interés en actividades tan superficiales. —Alzó el mentón con orgullo.

Gon abrió su boca levemente con asombro ante el hecho que creyó descubrir. Se acercó a Killua lo suficiente y en tono cómplice le susurró:

—¿No sabes bailar?

Los ojos azules se abrieron más en un gesto de ofensa y se volteó a mirarlo indignado.

—¡Claro que sé! Solo no estoy interesado.

—¿Te da vergüenza?

—Insisto, no estoy interesado en ese tipo de actividades.

Gon aún no estaba satisfecho con esas respuestas y el instinto impulsivo que tantas veces su hermana le recordaba, emergió con fuerza y curiosidad implacable.

—Quiero comprobarlo.

—¿Qué? —Killua lo miro con confusión. Gon le brindó su sonrisa más legítima y le extendió la mano, solo que esta vez no era para un saludo.

—Qué tal bailas. Si no aceptas creeré que bailas mal.

La expresión de Killua se deformó con aún más confusión. Lo miro fijamente a los ojos, seguramente esperando descubrir la broma detrás de esa propuesta tan particular.

—No creo que sea apropiado —respondió después de comprobar cuánta verdad había detrás de la expresión coqueta que le brindaba el otro.

Un semblante tan similar al de todas esas muchachas que alguna vez estuvieron tras él, pero con un toque único, divertido y audaz complementándolo. Quizá era ese complemento lo que actuó como imán y le permitió quedarse.

—¿Y qué si es apropiado o no? —Sus ojos brillaban con ansias. Un ansia emocionante por romper las reglas, romper estigmas y aventurarse.

Killua fue alguien que durante toda su infancia y adolescencia estuvo atascado en una monotonía insípida basada en seguir reglas; reglas de etiqueta, reglas de género, reglas de jerarquías. A lo único que se negó fervientemente fue a contraer matrimonio. Gon poseía ese espíritu audaz y valiente que tanto le atraía. Sus inexistentes ganas de aceptar los estándares que debería estar siguiendo al pie de la letra, lo llamaban con potencia, como invitándole a formar parte de su mundo.

Simplemente, Gon se está convirtiendo en lo que Killua quiso ser.

Y Killua es aquella perfección que Gon alguna vez soñó con alcanzar.

Su pequeña rebelión empezó durante su adolescencia. Como primogénito siempre estuvo rodeado de expectativas altas. Clase tras clase, reunión tras reunión. Siempre siguiendo una rutina impuesta por su padre y tía Mito para que en el futuro pudiera liderar correctamente a la familia. Sin embargo, parecía que nunca estarían contentos. Nada era suficiente; ni la magnitud de su léxico, ni su manera de caminar, ni sus modales, ni sus habilidades. Así es como vió en Killua la imagen que durante su infancia quiso representar.

Tomó su mano, entrelazando sus dedos. La duda era latente, sin embargo, era eclipsada por toda la seguridad de Gon. Fue él quien afirmó sus agarres y acomodó las posiciones. Aún con la música llegando en tono suave hasta ellos, siguieron su ritmo. Una sonata lenta que se acomodaba al movimiento de sus cuerpos. No hubo choques, ni tropiezos. Ambos tuvieron su momento de perfección con el lento vaivén de sus cuerpos sincronizados y la música armonizando de fondo.

—Así que en realidad Killua Zoldyck baila bastante bien, eh —comentó divertido una vez que sus dedos perdieron totalmente el contacto del otro.

—Ya lo había insinuado —se jactó—. Debo admitir que me impresionaste, Gon. No sabía que podías bailar así.

—No soy como todos me tachan. —Killua supo reconocer un tono aliviado escondido en su voz.

—Igual no es costumbre mía guiarme de opiniones ajenas. Formulo mis criterios basados en mi propio juicio y decreto que Gon Freecs es una persona entrañable de modales imperfectos, pero con un enorme carisma que es capaz de eclipsar cualquier defecto.

—En otras palabras, te agrado, aunque sea medio torpe y simple —simplificó, riendo por la manera en que el otro lo había expresado.

—Sí, exacto —respondió fingiendo que en ese momento sus mejillas no estaban azoradas y teñidas de un leve rosa.

Ambos reconocieron la química que tenían. La manera en como la simpleza se acoplaba a la perfección. De este pensamiento surgió la idea de un futuro donde quizá pudieran tener una convivencia más allá de la amistad, pero fue tan ridícula y efímera. Una imagen de un futuro imposible que duró solamente un miserable segundo.

—La luna está muy hermosa hoy ¿no crees? —Gon susurró con suavidad, alzando la mirada, ahora bañada por el brillo lunar, apretando discretamente sus uñas contra su palma.

Killua de pronto se sintió atascado. Enfocó su vista hacia donde Gon señalaba y de inmediato estuvo totalmente de acuerdo con la afirmación, sin embargo, cualquier frase quedó presa en su garganta; dejando a ambos atrapados en un silencio espeso y casi abrumador.

—Me gustó conocerte, Gon. Espero plenamente que en el futuro podamos coincidir en otras actividades.

—Podría invitarte a comer un día. —Su sonrisa tenía cierto toque forzado casi imperceptible.

—Sería maravilloso. Por mi parte, planificaré una cena en mi casa para ti quizá en unos días.

—Estamos de acuerdo, entonces. —Y se dio por terminada la conversación.

Ambos se miraron por última vez, sus comisuras vacilando en una sonrisa tímida. Luego, Killua volvió a incluirse en la fiesta y no volvieron a interactuar por el resto de la noche.

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