Fin
Era el día del cumpleaños número 18 de Tim, y la mansión Wayne estaba llena de la mayoría de los miembros de la Batifamilia.
Aunque las celebraciones no eran lo más común en esa casa,
Bruce había hecho un esfuerzo por organizar algo sencillo pero significativo para Tim. Claro, nada demasiado llamativo-Bruce no era exactamente la persona más expresiva del mundo-pero se notaba el cariño en los pequeños detalles.
Había una mesa llena de aperitivos, una tarta de chocolate, y el ambiente era relajado, con risas y bromas por todas partes.
Dick, siempre el más animado del grupo, había traído su propio altavoz para poner música, y desde que llegó no paraba de bromear con Jason y Steph. Jason, por su parte, parecía estar más interesado en comerse toda la comida de la fiesta que en hacer bromas, aunque cada tanto lanzaba alguna réplica sarcástica hacia Dick.
-Oye, Tim-dijo Dick, acercándose con una sonrisa enorme-Feliz cumpleaños, hermanito. Espero que te guste tu regalo-Le entregó una caja alargada y delgada, envuelta en un papel azul brillante.
Tim abrió la caja con curiosidad y se encontró con un bastón Bo completamente personalizado, con su insignia en el centro.
-¡Es increíble!-exclamó Tim, realmente impresionado- ¿Cómo lograste que quedara tan... genial?
-Bueno, tengo mis contactos -respondió Dick, guiñándole un ojo-Ahora no tienes excusa para decir que soy tu hermano favorito
-¿No es porque ya lo había roto en una pelea la semana pasada?-intervino Jason, mientras mordía una galleta-
Admitámoslo, era hora de un reemplazo. Y no va con segundas.
Tim rodó los ojos. Esa dinámica siempre existía entre ellos, y aunque Jason se burlara, también estaba disfrutando del ambiente.
-Yo también te traje algo-dijo Steph, dándole una caja más pequeña-Es algo un poco más... sentimental.
Tim la abrió y encontró un llavero con la insignia de Red Robin, pero lo más sorprendente era la pequeña fotografía que estaba dentro. Era de una de sus primeras misiones juntos. Tim no pudo evitar sonreír al verla.
-Steph...-dijo, tocado por el gesto-Muchas gracias, es perfecto.
-Ya sabes, quería darte algo que te recordara lo lejos que has llegado... y que siempre tendrás a la familia aquí-respondió Steph con una sonrisa.
Mientras tanto, Bruce observaba desde la distancia, con esa mirada discreta y una leve sonrisa. No era de los que mostraban abiertamente su afecto, pero se acercó a Tim con una pequeña caja en las manos.
-Esto es de mi parte-dijo Bruce, entregándole el paquete.
Tim lo abrió y encontró un reloj de pulsera clásico, pero al tocarlo se dio cuenta de que tenía más funciones de las que aparentaba. Era un reloj personalizado, con algunas de las herramientas que usaban en el campo de batalla, escondidas en su interior.
-Es increíble, Bruce-Tim estaba claramente impresionado-Muchas gracias.
Bruce asintió levemente, como si estuviera tratando de minimizar el gesto, aunque en su interior sabía que el regalo significaba mucho más.
Jason, en su estilo típico, se acercó con una caja de cartón, más grande que las demás.
-Este es el mío-dijo con una sonrisa astuta.
Tim miró a los demás, claramente preocupado, y Jason soltó una carcajada.
-Vamos, no es nada que explote... esta vez.
Cuando Tim abrió la caja, encontró una chaqueta de cuero negra, de estilo militar, con detalles rojos en las mangas.
-Pensé que te vendría bien algo que no fuera tan... formal-dijo Jason-Además, el cuero siempre queda bien. Te hará parecer un poco más rudo, que a veces lo necesitas.
Tim sonrió, sabiendo que eso era lo más cercano a un cumplido que podía esperar de Jason.
-Gracias, Jay -dijo, probándose la chaqueta.
La tarde continuó entre risas, bromas y anécdotas de viejas misiones. Incluso Alfred, en su estilo siempre cortés, había preparado su famoso té para acompañar la tarta de cumpleaños. La Batifamilia estaba reunida, y aunque sus vidas estaban llenas de caos y peligro, en ese momento, todo parecía estar en calma.
Llegaron Wally y Conner, un poco tarde pero con grandes sonrisas y energía de sobra. Ambos estaban listos para unirse a la celebración de Tim, y como era de esperarse, traían regalos únicos que encajaban perfectamente con sus personalidades.
-¡Tim! ¡Perdona la tardanza! -dijo Wally, apareciendo en un abrir y cerrar de ojos junto a la mesa de regalos- Es que, ya sabes, hay mucho tráfico... o eso diría si no fuera tan rápido-Le guiñó un ojo.
Conner llegó detrás de él, sonriendo de manera relajada, como siempre.
-Felices 18, Tim-dijo Conner, dándole un abrazo
Tim sonrió al verlos a ambos. Se sentía aliviado de que sus dos amigos más cercanos finalmente hubieran llegado.
Wally fue el primero en extenderle un paquete pequeño, envuelto de manera descuidada, como si lo hubiera hecho corriendo a último minuto.
-Aquí tienes, espero que te guste-dijo Wally, dando pequeños saltos de emoción.
Tim, intrigado, abrió el regalo para encontrar unos auriculares de alta tecnología, especialmente diseñados para bloquear el ruido y aislar el sonido, algo perfecto para esos momentos en los que Tim necesitaba concentrarse sin interrupciones.
-¡Son increíbles, Wally!-dijo Tim, riendo-Esto es justo lo que necesito para cuando tú y Conner deciden armar jaleo.
-Lo sé, pensé que te vendrían bien para ignorarnos mejor -bromeó Wally, sonriendo.
Conner, por su parte, se acercó con un paquete más grande, pero claramente emocionado por lo que estaba por entregarle.
-Mi turno-dijo Conner, entregando el paquete envuelto de forma impecable.
Tim lo abrió con cuidado, encontrando en su interior un set completo de entrenamiento personalizado, con el logo de Red Robin en el pecho y detalles en rojo y negro, sus colores característicos. Pero lo mejor era que el material estaba hecho con una aleación especial resistente al daño, algo perfecto para las misiones de alto riesgo.
-¡Esto es... impresionante!-
dijo Tim, sorprendido por el nivel de detalle-¿Dónde conseguiste algo así?
Conner se encogió de hombros, con una sonrisa satisfecha.
-Es secreto... y pensé que te vendría bien algo que te protegiera un poco más la próxima vez que salgamos en una misión.
-Te lo agradezco mucho-dijo Tim, tocando el material.
-Solo asegúrate de no romperlo en la primera misión, ¿eh?-dijo Conner, bromeando.
La fiesta continuó un poco más, con Wally y Conner poniéndose al día con los demás mientras Tim seguía abriendo algunos regalos.
El segundo regalo de Bruce fue un coche.
Conforme la noche avanzaba, uno a uno empezaron a retirarse. Dick fue el primero en despedirse, asegurando que tenía una patrulla más tarde. Steph y Jason siguieron poco después, y finalmente, solo quedaron Tim y Damián, ya que Bruce se había retirado a su despacho.
Tim, sintiéndose relajado y satisfecho, decidió ir a su habitación para ponerse cómodo. Se estaba quitando los zapatos cuando escuchó un golpe suave en la puerta.
-Adelante-dijo, asumiendo que sería Alfred, pero para su sorpresa, era Damián.
Damián entró en la habitación, con una expresión más seria de lo habitual. Sostenía una caja en las manos, envuelta de manera sencilla.
-Feliz cumpleaños-dijo Damián, su tono neutral pero con una pizca de algo que Tim no lograba descifrar.
-¿Un regalo de tu parte?
-preguntó Tim con una sonrisa divertida-Pensé que no eras del tipo que hace regalos.
Damián rodó los ojos, pero caminó hacia él y le extendió la caja.
-No te acostumbres-dijo con ese tono seco pero no hostil.
Tim abrió la caja, y sus ojos se iluminaron al ver lo que había dentro: una pequeña colección de libros antiguos de Stephen King, perfectamente conservados.
-No puede ser...-dijo Tim, sorprendido-¿Cómo sabías que me gustaban?-Damián se encogió de hombros, su expresión más relajada de lo habitual.
-Te he escuchado hablar sobre él un par de veces. Pensé que te gustaría.
Tim miró los libros con una mezcla de asombro y gratitud. No esperaba algo así de Damián, y mucho menos que fuera un gesto tan considerado. Cerró la caja suavemente, y sin pensarlo demasiado, se inclinó y le dio un pequeño beso en la mejilla.
-Gracias, Damián...me encanta-Damián se quedó inmóvil por un segundo, sorprendido por el gesto.
-De nada-dijo, su voz más suave de lo habitual.
La luz de la noche se filtraba débilmente por la ventana, iluminando suavemente la habitación en la mansión Wayne. Tim, agotado por una larga noche de patrulla y un día intenso de estudios, dormía profundamente en su cama, envuelto en sus mantas, en busca de un descanso merecido.
El eco de una puerta cerrándose con suavidad apenas resonó en el cuarto cuando Damián, recién salido de la ducha, caminó hacia la cama de Tim. Su pelo aún un poco húmedo, llevaba solo una camiseta ligera y pantalones de algodón. Observó el perfil relajado de Tim, sintiendo una especie de alivio al verlo tan tranquilo después de un día tan pesado.
Omega
Omega
Omega
Omega
Sin hacer ruido, Damián se deslizó bajo las mantas y se acercó a Tim. De inmediato, sintió el suave y adictivo aroma que siempre rodeaba a Tim, una fragancia que parecía tener el poder de calmar cada rincón de su ser. Con un suspiro, Damián se acomodó, rodeando con un brazo la cintura de Tim, y permitió que su cabeza descansara cerca de su cuello, aspirando el dulce aroma del omega que tanto le atraía.
Mío
Mío
Mío
Mío
Tim, medio dormido, reaccionó al sentir la calidez de Damián junto a él. Sin abrir completamente los ojos, se movió ligeramente, buscando ese calor familiar que lo tranquilizaba. Con un pequeño murmullo, se acurrucó aún más contra el pecho de Damián, dejando escapar un suspiro profundo mientras su nariz rozaba el cuello del alfa, disfrutando de su aroma.
Damián sintió el suave aliento de Tim contra su piel y una ligera sonrisa apareció en su rostro. Se mantuvo en silencio, cuidando cada movimiento para no despertar a Tim. Simplemente se quedó ahí, inmóvil, deleitándose en la paz del momento, en la conexión silenciosa que compartían bajo el tenue resplandor de la madrugada.
La cena benéfica estaba en su apogeo, llena de conversaciones elegantes, música suave, y luces cálidas que reflejaban el brillo de los trajes y vestidos de los invitados. Bruce había insistido en que todos asistieran, pese a sus protestas, se habían resignado a pasar la noche entre caras desconocidas y un ambiente de estricta formalidad.
Tim, de pie junto a una mesa decorada con velas y arreglos florales, se sentía cada vez más incómodo. Su estómago emitía un cosquilleo molesto, como un runrún que no lo dejaba en paz, mientras observaba a Damián. Había una joven omega de cabello castaño que le sonreía y se inclinaba demasiado cerca, tocándole el brazo y riendo con un tono de voz demasiado dulce para su gusto. Tim apretó los labios, intentando disimular su incomodidad, aunque era evidente que su mirada se endurecía cada vez que el omega hacía un gesto coqueto.
Runrún
Runrún
Runrún
Por su parte, Damián sentía una presión en el pecho cada vez que alguien se acercaba a Tim. Cada alfa que intercambiaba palabras con él hacía que esas espinas imaginarias se clavaran más profundo. Los veía hablarle con sonrisas que él encontraba irritantes, y se mordía la lengua para no intervenir.
Eventualmente, los dos se encontraron junto a la mesa de bebidas, y Damián, con una expresión de seriedad y me importa una mierda, lanzó una indirecta.
-¿Te estás divirtiendo, Tim? Parece que tienes mucha... atención esta noche-Tim alzó una ceja y, con una sonrisa contenida, respondió
-Oh...Lo mismo podría decir de ti-Damián bufó, sus ojos se estrecharon un poco mientras cruzaba los brazos.
-¿Celoso? No tienes de qué preocuparte, ¿o sí?-Tim respondió en un tono casi inocente:
-¿Yo? Claro que no. Pero parece que tú te has vuelto muy popular. Felicidades.
Ambos se miraron por un instante, con esa tensión que parecía estar a punto de romperse.
-Pues yo voy a seguir a lo mío-Dijo Tim
-Bien.
Pero cuando el reloj marcó las doce, Damián no pudo más. Aprovechando un momento en que los demás estaban distraídos, tomó a Tim de la muñeca y, sin darle tiempo a protestar, lo arrastró por el pasillo hasta encontrar el baño.
Empujó la puerta de uno de los cubículos y, sin decir una palabra, metió a Tim dentro, cerrando la puerta detrás de ellos. Tim lo miró con un ceño fruncido.
-¿Qué?-Suelta Tim. Damián se cruzó de brazos, mirándolo con una mezcla de molestia y necesidad.
-Estoy cansado de que dejes que se te toquen. ¡Apestaras a ellos!-Tim entrecerró los ojos, con una pequeña sonrisa de autosuficiencia.
-Ah ¿entonces sí estabas celoso? Y yo que pensé que te importaba poco-Damián rodó los ojos y suspiró, frustrado.
-¿Y tú? No dejabas de mirar a los que se me acercan-Tim se acercó un poco más, sintiendo cómo el ambiente se volvía denso.
-Quizá porque tú también parecías disfrutar la atención-Dijo Tim desafiante como siempre.
Sin decir más, Damián lo atrajo hacia sí y lo besó con ferocidad, como si estuviera marcando un territorio que nadie más tenía derecho a reclamar. Era suyo. Mío. Mío. Mío. Tim, atrapado por ese impulso, enrolló sus dedos en el cabello de Damián, tirando suavemente mientras respondía al beso, profundizándolo.
Damián se dejó caer en la taza del inodoro, tirando a Tim para que se sentara sobre él. Tim se coloca lo mejor posible, sus piernas a cada lado de Damián, y comenzó a mover suavemente su cintura, creando una fricción entre ellos que arrancó un gruñido bajo de Damián.
Tim bajó las manos hasta la nuca de Damián, moviendo sus caderas lentamente, casi en un juego tortuoso, mientras sentía el latido acelerado de ambos.
-¿Aún crees que tengo que preocuparme?-susurró Tim, respirando contra los labios de Damián.
Damián respondió, aferrándose más fuerte a su cintura y dejando escapar una sonrisa.
-Sabes que no.
A medida que el roce entre ellos se volvía más intenso, el ambiente dentro del pequeño cubículo se llenaba de calor y necesidad. Tim, aún con sus manos enredadas en el cabello de Damián de ide soltarlo y comenzó a levantar su cuerpo, deshaciendo con cuidado los botones de sus propios pantalones, deslizándolos con la prisa contenida de quien sabe que cada segundo cuenta. Damián, observando cada movimiento con ojos verdes oscurecidos de deseo, hizo lo mismo con los suyos, desabrochándolos rápidamente para liberar la creciente erección que sentía.
Tim volvió a colocarse sobre él, guiando cuidadosamente a Damián dentro de el. Sintió cómo su cuerpo se iba adaptando, llenándose en una conexión que parecía arder más allá de lo físico, y dejó escapar un suspiro ahogado mientras comenzaba a moverse lentamente sobre él.
Los labios de Damián volvieron a encontrar los de Tim, besándolo con una mezcla de urgencia y ternura, mientras sus manos se aferraban a sus caderas, marcando un ritmo que ambos parecían entender sin necesidad de palabras. Tim cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación y el calor, sintiendo cómo sus movimientos se volvían más intensos, su cuerpo estremeciéndose cada vez que se hundía sobre Damián.
La respiración de ambos se aceleraba, y la tensión se acumulaba en el aire, sus cuerpos fundiéndose en un compás perfecto.
La tarde estaba en calma, el sonido del viento apenas se filtraba por las ventanas de la mansión Wayne. Tim había decidido pasar un rato en el salón, hojeando unos informes en la mesa de centro. Todo parecía tranquilo, hasta que escuchó la puerta cerrarse de golpe y pasos pesados resonar en el suelo de mármol. No necesitaba mirar para saber quién era.
Damián entró en la habitación con el ceño fruncido, sus ojos verdes brillando con esa intensidad oscura que solo significaba una cosa: estaba enfadado. Tim suspiró, preparándose mentalmente para lo que estaba por venir. Había visto ese humor antes, y sabía que lo que fuera que lo estuviera irritando, lo dirigiría hacia él.
-¿Qué pasa ahora?-preguntó Tim, sin apartar la vista de los papeles. Intentaba mantener la calma, pero su instinto ya le decía que algo no iba bien.
Damián no respondió de inmediato. En su lugar, cruzó la habitación con pasos decididos, y cuando finalmente se detuvo, estaba de pie frente a Tim, mirándolo con una mezcla de enojo y algo más profundo, algo que Tim había aprendido a reconocer como celos.
-he visto el video-soltó Damián, su tono bajo pero cargado de irritación.-Con Conner
Tim levantó una ceja, alzando la mirada hacia Damián sin mostrar ningún indicio de sorpresa. Sabía perfectamente a qué se refería, pero no tenía la intención de entrar en ese juego tan fácilmente.
-¿Y qué?-dijo con un tono desafiante-Conner es mi amigo.
Damián dio un paso más cerca, su presencia abrumadora y su olor llenando el aire a su alrededor. Tim podía sentir la tensión creciente entre ambos, pero se negaba a ceder ante ella.
-Amigo, claro-Damián bufó, cruzando los brazos sobre el pecho-Es evidente que quiere algo más, Tim. Lo he visto claramente. Se le caía la baba por ti.
-¿De verdad estamos hablando de esto?-Tim se levanta, dejando los papeles en la mesa y enfrentándose directamente a Damián- No tienes derecho a estar celoso. Conner es... Conner. Es un buen amigo. No está interesado en mí de esa forma, y aunque lo estuviera, no es asunto tuyo.
El alfa gruñó suavemente, su mandíbula apretándose. Damián nunca había sido del tipo que compartiera, y eso se intensificaba cuando se trataba de Tim. El hecho de que Conner estuviera cerca, riendo y bromeando con Tim, había encendido una chispa peligrosa en Damián.
Puto video...
Pero ellos en ese video simplemente estaban en la pista de patinaje riendo.
-No es asunto mío, ¿eh?-murmuró, dando un paso más hacia Tim, reduciendo la distancia entre ambos a apenas unos centímetros-¿Desde cuándo? Porque, según recuerdo, eres mío. Lo hemos dejado claro muchas veces ya.
Tim sintió cómo el calor subía por su cuello ante la cercanía de Damián. Su respiración se aceleró involuntariamente, pero no estaba dispuesto a retroceder. Había una parte de él que disfrutaba desafiando a Damián, aunque sabía lo que eso provocaba.
-¿Tuyo?-repitió Tim, su voz suave pero afilada-Es gracioso, porque no recuerdo haber firmado ningún contrato. Ni siquiera me has marcado, Damián. Y mientras no lo hagas, no soy de nadie
Sin miedo al éxito.
Damián apretó los dientes, su autocontrol colgando de un hilo. El aire entre ellos era espeso, cargado de tensión, de celos, y de algo mucho más primitivo. No podía soportar que Tim le recordara esa falta de marca, ese pequeño detalle que separaba la posesión completa de un simple acuerdo.
-No necesitas que te marque para saber que me perteneces a mí-gruñó Damián, su voz baja y amenazante mientras se inclinaba más cerca, hasta que su aliento chocaba contra los labios de Tim- tu cuerpo lo dice. Eres mío.
Tim abrió la boca para responder, para lanzar alguna réplica afilada, pero no le dio tiempo. En un rápido movimiento, Damián lo empujó suavemente contra la pared ¿Cuando se había movido? atrapándolo entre sus brazos. Tim sintió cómo su cuerpo se tensaba al sentir la dureza del alfa contra él, y ese maldito olor a menta y chocolate llenando todo a su alrededor. El calor entre ellos se disparó, y antes de que pudiera decir algo, Damián lo besó con una intensidad que lo dejó sin aliento.
El beso no fue suave, ni dulce. Fue una mezcla de rabia, de necesidad, y de un deseo que había estado acumulándose entre ambos durante mucho tiempo. Tim trató de resistir, pero su cuerpo traicionó su mente. Sus manos se enredaron en el cabello de Damián mientras respondía al beso, dejándose llevar por la pasión que se desataba entre ambos.
Antes de que pudiera procesarlo, Damián lo empujó suavemente hacia el suelo, haciendo que ambos cayeran sobre la alfombra del salón. Tim sintió cómo el calor del cuerpo de Damián lo envolvía mientras sus labios seguían devorando los suyos, con una urgencia que lo dejó sin aliento. El roce de la alfombra contra su espalda apenas se notaba comparado con el fuego que recorría su piel con cada toque de Damián.
-Damián...-susurró Tim entre besos, intentando recuperar algo de control, pero sus palabras se perdieron en el aire cuando Damián bajó sus manos por su cintura, aferrándose a él con una posesividad que lo dejó sin opciones.
El alfa apenas le dio tiempo para pensar. Todo lo que quedaba en la mente de Tim era la sensación del cuerpo de Damián presionando contra el suyo, la alfombra suave bajo ellos, y el calor abrasador que los envolvía a ambos. Cada roce, cada beso, era una declaración de quién estaba al mando en ese momento.
-Voy a asegurarme de que no vuelvas a pensar en Conner de esa manera-murmuró Damián contra su oído, mientras sus manos recorrían la piel de Tim con una precisión calculada.
Tim cerró los ojos, dejándose llevar por el deseo y el ardor que corría entre ambos. Sabía que en ese momento no había vuelta atrás, que una vez más, Damián lo había empujado hasta el límite de su control y lo había derrumbado. Pero también sabía que, aunque nunca lo admitiría, era en esos momentos de caos y deseo donde realmente se encontraba.
Hacerlo en la alfombra a Tim le estaba gustando más de lo que pensaba.
Estaban enredados, sus cuerpos entrelazados, una mezcla de deseo y pasión contenida durante demasiado tiempo. Tim, con su respiración agitada, se aferraba a los brazos de Damián, sintiendo el calor y la fuerza del alfa contra él. Cada beso era más profundo que el anterior, cada caricia más insistente.
Damián, normalmente tan controlado, ahora parecía perderse en los gemidos suaves de Tim, en la manera en que su cuerpo se arqueaba bajo el suyo, cediendo a cada movimiento, a cada presión. La tensión entre ellos estallaba como un globo en este tipo de discusiones, liberándose en cada beso y cada roce. Los labios de Damián recorrían el cuello de Tim, dejando rastros de calor en su piel sensible. Tim gimoteaba, el sonido suave de su voz resonando en la habitación, mezclándose con el latido acelerado de su propio corazón.
Cuando los colmillos de Damián rozaron el cuello de Tim, una descarga recorrió su cuerpo. Tembló, pero no por miedo, sino por la intensidad de lo que sentía. Su cuerpo, a pesar del instinto de autopreservación, se ofreció más, inclinando la cabeza hacia un lado para darle a Damián más espacio, confiando en él, sabiendo que nunca lo marcaría sin su consentimiento.
Damián lo sintió, esa confianza ciega que Tim depositaba en él, y fue lo que lo mantuvo anclado a la realidad. Aunque sus instintos de alfa gritaban que lo reclamara, que lo hiciera suyo, se contuvo, tomando el control justo antes de cruzar esa línea. En lugar de morder, dejó un beso suave en la piel de Tim, asegurándole silenciosamente que, aunque la pasión los consumiera, él siempre respetaría sus límites.
Tim, aún temblando, exhaló un suspiro entrecortado, sus manos deslizándose por los hombros de Damián, atrayéndolo más cerca, como si intentara fundirse con él. Sabía que aquello que compartían era peligroso y complicado.
Era una fresca mañana de otoño cuando Tim se despertó al sonido leve del viento que azotaba las ventanas de la mansión Wayne. El sol apenas había salido, iluminando tenuemente la habitación. Tim, aún envuelto en las sábanas, se desperezó con lentitud, sintiendo el calor de la cama que lo invitaba a quedarse unos minutos más. Sin embargo, una vibración suave en su mesita de noche llamó su atención. Era su teléfono, y al verlo, una sonrisa pequeña y tímida apareció en sus labios: un mensaje de Damián.
¿Estás despierto? Quiero que pases el día conmigo.
Oh...
Cierto...
Era su cumpleaños número 17, y aunque Damián no era del tipo que mostrara afecto abiertamente, para Tim, ese mensaje era su manera de hacerlo. Sin pensarlo dos veces, Tim se levantó y empezó a vestirse. Sabía que no podía negarse. Siempre había algo entre ellos, una conexión silenciosa que ambos comprendían sin necesidad de palabras, y aunque no lo admitiría fácilmente, Tim siempre se sentía atraído hacia Damián en esos momentos íntimos, aunque fueran tan simples como este.
Bajó las escaleras despacio, disfrutando el aroma del café recién hecho y el sonido relajante del crujido de las tostadas en la cocina. Al llegar, se encontró con Dick, quien preparaba el desayuno en su usual estilo caótico. La cocina era un completo desastre: migajas por todos lados, utensilios esparcidos, y Dick con su camisa a medio poner, luciendo como si acabara de despertar de una siesta improvisada en el sofá.
-¡Me dueles!-se escuchó el grito dramático de Dick, quien accidentalmente había dejado caer un pedazo de huevo frito al suelo.
Tim se llevó una mano a la frente y no pudo evitar soltar una carcajada. Dick siempre encontraba la manera de convertir una tarea sencilla en un espectáculo.
-¿Qué te duele, Dick?-
preguntó Tim, con un tono burlón, mientras se acercaba a la barra para tomar una tostada recién salida de la tostadora.
-¡La vida, Tim! ¡La vida!-
respondió Dick, llevándose las manos al pecho como si hubiera sufrido una tragedia griega-¡Y este huevo frito que se me acaba de caer!
Tim rodó los ojos, divertido por el drama de su hermano mayor. Mientras tanto, Damián entraba silenciosamente en la cocina. Su presencia siempre imponente llenaba el espacio, aunque no dijera nada. Vestía con ropa sencilla, pero su porte era inconfundible. Se acercó a Tim y, sin decir una palabra, lo miró de forma intensa, como si esperara una respuesta.
Tim mordió su tostada lentamente, saboreando cada crujido, mientras mantenía el contacto visual con Damián. Sabía que el chico estaba esperando su respuesta al mensaje que le había enviado, pero le gustaba prolongar ese momento, disfrutar del pequeño juego que siempre había entre ellos.
Finalmente, tras un momento de silencio, Tim habló mientras aún masticaba la tostada.
-De acuerdo, Damián, pasaré el día contigo-Los ojos de Damián brillaron levemente, una señal sutil de que, aunque no lo admitiría, la respuesta de Tim le gustaba.
En lugar de responder con palabras, simplemente asintió, satisfecho. Era su forma de agradecer, sin necesidad de decirlo.
-¿Y?....-dijo Tim, levantándose con su tostada aún en la mano-Entonces, ¿cuál es el plan?-Damián lo miró seriamente por un momento, pero Tim podía ver la ligera curva en la comisura de sus labios.
-Pues....Solo quédate conmigo-dijo finalmente.
Dick, quien había estado observando la interacción desde su rincón de desastre en la cocina, soltó un exagerado suspiro.
-Aaaaah, el amor joven-Tim se ahoga con la tostada-Me duele, Dami. ¡Me dueles por no elegirme a mi en tu cumpleaños!
-Tú te fuiste con Wally en el tuyo
-Pero...
-Pero nada
-Damiiiii
-Basta
-¡Soy el más as divertido!
-¿Desde cuándo yo elijo por divertida que sea una persona?
Tim los miro con una sonrisa apenas visible, le dio un leve empujón a Damián en el hombro mientras pasaba a su lado, dirigiéndose hacia la puerta.
-Vamos. Este es tu día.
Damián lo siguió sin decir nada, aunque Tim notó cómo el alfa se relajaba a su lado. Salieron de la mansión y caminaron hacia los jardines, disfrutando del aire fresco y la tranquilidad de la mañana. A lo lejos, los árboles comenzaban a perder sus hojas, y el sol de otoño coloreaba el cielo con tonos cálidos.
Pasaron el día juntos, alejados de la agitación habitual de la mansión Wayne. Jugaron con los perros, entrenaron un poco en el gimnasio privado, y compartieron una comida sencilla en el jardín. Era un día sin grandes eventos, pero para ambos, era exactamente lo que necesitaban. Cada pequeño momento, cada mirada intercambiada, construía esa conexión que ambos sabían que estaba ahí, aunque rara vez la discutieran.
Al final del día, cuando el sol comenzaba a ponerse, Tim y Damián se sentaron juntos en el borde de una de las fuentes del jardín. El cielo se había teñido de un rosa suave, y una brisa ligera sacudía las hojas a su alrededor.
"Gracias por hoy," dijo Damián en voz baja, apenas lo suficiente para que Tim lo escuchara.
Tim, sorprendido por la rareza de esas palabras, sonrió y le dio un pequeño golpe en el brazo a Damián. "Sabes que no tienes que agradecerme, ¿verdad? Siempre estaré aquí."
Damián no respondió, pero Tim pudo sentir que el alfa estaba más cerca de él de lo habitual. Y en ese silencio compartido, bajo el cielo que se oscurecía lentamente, ambos se quedaron quietos, disfrutando de la tranquilidad y de la simple presencia del otro.
No necesitaban nada más.
Si Damián ya era celoso en su forma humana, ni hablar de cuando se transformaba en lobo. No era algo que hacíamos con frecuencia, el cambiar de forma, pero recuerdo una vez que Superman sugirió la idea de salir a correr por el bosque.
Yo era pequeño, un lobo de un gris oscuro, como la punta de un lápiz. Tenía un par de manchas negras repartidas por el cuerpo y una de mis patas traseras era completamente blanca hasta el tobillo. Nada fuera de lo común, pero suficientemente distintivo. Damián, por otro lado, era un lobo negro, tan oscuro como su padre, pero a diferencia de Bruce, él tenía esos ojos verdes que destacaban en su pelaje. Verlo en su forma de lobo era tan intimidante como en su forma humana, pero yo ya estaba acostumbrado a su actitud.
La cuestión es que, ese día en particular, estaba jugando con Wally. Wally, en su forma de lobo, era diferente a todos los demás. Más pequeño que la mayoría, tenía un pelaje rojizo con manchas blancas, y su naturaleza juguetona seguía siendo la misma. Estábamos correteando por el bosque, jugando a pillarnos y revolcarnos por el suelo. Todo iba bien hasta que, de repente, Wally detuvo su carrera de golpe, y yo, sin darme cuenta, choqué con él, casi saltándolo en el proceso.
¡Wally, qué haces! pensé en ese instante, sin entender qué había pasado.
No tardé mucho en darme cuenta de por qué se había detenido. Frente a nosotros, observándonos con esos ojos verdes resplandecientes, estaba Damián. Un lobo negro, algo más grande que Wally y yo, pero con una presencia que hacía parecer que fuera el doble de tamaño. Lo peor es que conocía esa mirada en su rostro: celos. Sí, estaba celoso, y no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que la razón de su mal humor era que yo había estado jugando con Wally.
Wally, siendo Wally, rápidamente se escondió detrás de mí, su pequeña figura intentando ocultarse lo mejor posible. Yo me giré para ver a Damián de frente, que en lugar de dirigirse a mí, soltó un bajo gruñido hacia Wally. Genial, estúpidos alfas, pensé para mis adentros. No podía creer que Damián estuviera haciendo una escena solo,
porque Wally y yo estábamos jugando.
Sin embargo, aunque entendía lo territorial que podía ser Damián, no iba a dejar que el ambiente se arruinara por su mal humor. Le lancé un gruñido bajo, como una advertencia. Sabía que no le haría nada a Wally, pero esos celos tenían que parar.
¿De verdad? le dije mentalmente ¿Estás celoso porque jugamos? Es solo Wally.
Damián me miró, con esos ojos que siempre parecían querer demostrar que tenía todo bajo control. Pero yo lo conocía mejor que nadie. Así que decidí romper el mal rollo y hacer lo que mejor sabía hacer cuando Damián estaba en uno de sus estados de ánimo complicados. Con movimientos lentos y relajados, me acerqué a él, dejando que mi pelaje rozara el suyo. Me froté cariñosamente contra él, moviendo mi cabeza por su cuello en un gesto de paz.
Vamos, Damián. Pensé . Los alfas pueden ser todo lo duros que quieran, pero nadie se resiste a unos buenos mimos.
Y como esperaba, poco a poco Damián comenzó a corresponder. Primero, su cuerpo se relajó, y luego me devolvió el gesto, frotando su cabeza contra la mía. Su gruñido se convirtió en un leve suspiro, y su cola dejó de estar tensa. Sabía que con ese simple gesto había desarmado su celosa fachada. Para cuando Damián finalmente estaba tranquilo, miré a mi alrededor y noté que Wally ya no estaba.
¿Wally? pensé, extrañado.
Fue entonces cuando lo vi. En lugar de haberse marchado, Wally estaba corriendo por el claro, pero ahora, con Dick detrás de él, los dos rodando por el suelo en una especie de pelea amistosa. Dick, siendo el lobo blanco y enorme que era, ya se había abalanzado sobre Wally, quien, a pesar de ser pequeño, se movía rápido para esquivarlo.
¿Ves? No hacía falta todo ese drama pensé, divertido, mientras observaba cómo Dick y Wally revolcaban entre ladridos.
Damián, por su parte, me lanzó una mirada de reproche, pero no dijo nada.
Tim y Damián estaban sentados frente a frente en la sala de la mansión Wayne. Entre ellos, un tablero de ajedrez con las piezas dispuestas y la tensión creciendo. No era la primera vez que jugaban, pero esa tarde había algo diferente en el aire. Tal vez era el hecho de que ambos sabían lo que estaba en juego.
-Bien, ya conoces las reglas-dijo Damián, cruzándose de brazos mientras miraba el tablero- El que pierda tendrá que hacer lo que el otro diga.
Tim se inclinó hacia adelante y asintió. Aunque sabía que Damián era un excelente jugador de ajedrez, había ganado algunas partidas en el pasado y estaba dispuesto a probar suerte nuevamente.
-No te confíes, aún no has ganado.
Damián soltó un leve bufido, moviendo su primer peón con una precisión que parecía planificada desde hacía años.
La partida comenzó de manera tranquila, ambos moviendo sus piezas con la típica cautela de dos rivales bien equilibrados. Tim era metódico en sus movimientos, estudiando cada posición, cada jugada de Damián como si estuviera leyendo un libro. El ajedrez no era solo un juego de estrategia para ellos, era una batalla de mentes, una demostración de quién podía prever más movimientos por adelantado.
-¿Estás seguro de que no quieres rendirte ahora?-dijo Damián con su típico tono arrogante mientras movía un caballo para presionar una de las piezas de Tim-te ahorrarás la humillación.
Tim rodó los ojos, moviendo una torre en respuesta.
-Ni en tus sueños.
El juego continuaba, y las piezas se desplazaban lentamente por el tablero. La apertura fue típica: movimientos de peones, desarrollo de caballos, pero pronto se convirtió en un juego más agresivo. Damián comenzó a desplegar una serie de ataques calculados, empujando a Tim a la defensiva. Los alfiles de Damián se movían con precisión, mientras que las torres se desplegaban para controlar el centro del tablero.
Tim logró resistir por un tiempo, evitando las trampas más obvias de Damián y manteniendo sus piezas a salvo. Incluso, en un movimiento brillante, logró capturar uno de los caballos de Damián, lo que le dio una breve ventaja.
-Parece que subestimaste mi torre-comentó Tim con una sonrisa satisfecha.
Pero Damián no se inmutó. Simplemente sonrió de manera enigmática.
-Nada de lo que haces me sorprende. Todo es parte del plan.
Tim frunció el ceño. Sabía que cuando Damián usaba ese tono, algo grande se avecinaba. Y efectivamente, en los siguientes movimientos, el juego comenzó a inclinarse a favor de Damián. Movía sus piezas con una confianza que dejaba claro que había estado calculando cada una de las jugadas de Tim desde el principio.
Las piezas caían poco a poco. Primero un peón de Tim, luego un alfil, y antes de que pudiera reaccionar, Damián había colocado su reina en una posición peligrosa. Tim retrocedió con su rey, intentando ganar tiempo, pero cada movimiento solo lo acercaba más a la trampa que Damián le había tendido.
-Estás en problemas, Tim-
dijo Damián, su sonrisa arrogante creciendo a medida que veía cómo su plan tomaba forma.
Se había confiado demasiado en la apertura, y ahora estaba pagando el precio. Aún así, intentó mantenerse en el juego, calculando sus propias jugadas con rapidez.
Pero Damián ya había visto todas las posibles salidas de Tim. Cada movimiento que intentaba hacer, Damián lo bloqueaba con precisión militar. La reina de Damián se movió nuevamente, y en menos de dos turnos, Tim vio lo inevitable.
-Jaque mate-anunció Damián, colocando su reina a dos espacios del rey de Tim, rodeado por sus peones y sin salida.
Tim se quedó mirando el tablero, su mente revisando los últimos movimientos. Se dio cuenta de que no había forma de escapar. Había caído en la trampa de Damián, y ahora, lo que fuera que Damián tuviera planeado, tendría que aceptarlo.
-Mierda...-Fue lo que dijo Tim
Damián se recostó en su silla, cruzando los brazos con una sonrisa triunfante.
-Te lo he dicho. Al final, siempre gano.
Sabía que Damián era un excelente jugador, pero había esperado al menos una victoria más antes de perder.
-Está bien...ehhh-dijo Tim, inclinándose ligeramente hacia él-Lo prometido es deuda. ¿Qué es lo que quieres que haga?
Damián lo miró fijamente, sus ojos verdes brillando con una mezcla de diversión y algo más que Tim no logró descifrar de inmediato. Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa, vio cómo la sonrisa de Damián cambiaba ligeramente. Había algo en esa expresión que lo puso en alerta de inmediato. Con Damián, nunca se sabía qué podía estar planeando.
Vamos a hacer algo diferente.
Tim sintió cómo el ambiente en la habitación cambiaba de inmediato. Se enderezó en su silla, mirándolo con una mezcla de sospecha y curiosidad, pero con los nervios creciendo en su estómago.
-¿Qué clase de "algo diferente"? -preguntó, tratando de mantener su tono casual, aunque la creciente tensión era evidente.
Damián jugueteó con una de las piezas de ajedrez entre sus dedos, su mirada nunca apartándose de Tim.
-probar algo contigo-dijo Damián lentamente, saboreando cada palabra-
Algo... un poco más atrevido. Digamos que tengo curiosidad por ver cómo reaccionarías a algunas cosas. Algo más... sadomasoquista.
Tim casi se atraganta con su propia saliva al escuchar esas palabras. Abrió los ojos con sorpresa y, de inmediato, sintió cómo su rostro se calentaba. El mero hecho de imaginar lo que Damián estaba sugiriendo hizo que su mente se llenara de imágenes demasiado explícitas, demasiado rápidas para procesar.
-¿Qué?-balbuceó Tim, claramente nervioso-¿Estás bromeando, verdad?-Su risa salió nerviosa, pero al ver la expresión seria de Damián, se dio cuenta de que, por desgracia, no estaba bromeando.
Damián dejó la pieza de ajedrez y se inclinó hacia él, reduciendo la distancia entre ambos de manera deliberada. Sus ojos verdes estaban fijos en Tim, y el tono de su voz bajó un poco más, lo suficiente como para hacer que Tim se sintiera atrapado en ese momento.
-No estoy bromeando-dijo Damián con una calma inquietante-Quiero saber cómo reaccionarías si te pusiera en una situación donde no tuvieras el más mínimo control. Ya sabes, experimentar un poco. Algo más intenso.
Tim sintió que el corazón le palpitaba rápidamente en el pecho. No era que la idea en sí misma lo asustara... bueno, quizás un poco, pero lo que lo ponía realmente nervioso era la intensidad con la que Damián lo miraba. Sabía que Damián era intenso en todo lo que hacía, y ahora se estaba dando cuenta de lo que significaba cuando aplicaba esa intensidad a sus... deseos.
-No sé si esto es... lo mío-dijo Tim, intentando no sonar tan nervioso como se sentía, pero sus manos se apretaban involuntariamente en el borde de la mesa.
Damián esbozó una pequeña sonrisa, claramente disfrutando de la incomodidad de Tim. No era la primera vez que lo veía nervioso, pero esta vez era diferente. Estaba claro que Tim no esperaba eso.
-Pensé que te gustaba un poco el peligro.
-Esto es... diferente-dijo Tim rápidamente, sintiendo que su voz se volvía más aguda de lo que le gustaría-En el campo, claro, pero esto es... personal.
Damián se levantó de su silla, caminando lentamente alrededor de la mesa. Tim lo siguió con la mirada, intentando no parecer tan nervioso como realmente estaba, pero Damián lo tenía acorralado emocionalmente. Finalmente, se detuvo detrás de él, inclinándose ligeramente para susurrarle al oído.
-Piénsalo de esta manera-dijo Damián con una voz suave, pero cargada de intención-Yo gano, tú pierdes. Y ahora tienes que cumplir tu parte del trato.
Tim cerró los ojos un momento, respirando profundamente mientras intentaba calmar sus nervios. No podía negar que había una parte de él que estaba modo curiosidad, aunque el hecho de que Damián lo hubiera puesto en esta posición le causaba una mezcla de vergüenza y, sí, un poco de curiosidad.
-Yo... no sé si estoy preparado para eso -admitió Tim, sintiendo que sus palabras apenas lograban salir con claridad.
Damián se inclinó un poco más cerca, su aliento cálido rozando la piel de Tim, lo que lo hizo estremecer ligeramente.
-Solo tienes que confiar en mí, Tim -dijo Damián suavemente-. Sabes que nunca te haría daño. Pero la decisión es tuya. Siempre lo ha sido.
El silencio que siguió fue denso. Tim no sabía cómo responder. Su mente era un torbellino de pensamientos y emociones, y por un momento, deseó no haber perdido esa partida de ajedrez.
Dos días después, Tim estaba de pie frente a la puerta de una habitación de hotel que lo hacía replantearse todas sus decisiones recientes.
El hotel estaba situado en una zona discreta de la ciudad, lejos de miradas curiosas, con una fachada minimalista y sin ningún cartel que anunciara lo que ocurría en su interior.
Damián le había enviado la ubicación hace varias horas y el no pudo evitar sentirse un tanto nervioso. El lugar estaba hecho para personas que buscaban experiencias específicas, lo cual solo aumentaba su nerviosismo.
Cuando finalmente decidió entrar en la habitación, su corazón latía a mil por hora. La primera impresión fue impactante. La habitación estaba lejos de ser un cuarto de hotel tradicional. Las paredes estaban revestidas con un suave terciopelo rojo oscuro, lo que creaba una atmósfera casi teatral, cargada de misterio y de algo prohibido. La iluminación era tenue, provista por algunas lámparas de pared con bombillas cálidas, que lanzaban sombras suaves por toda la habitación y resaltaban ciertos objetos con intención.
El centro de la habitación estaba dominado por una cama king-size, rodeada de gruesas cadenas de metal que colgaban del techo a cada lado, un detalle que dejaba claro que aquella no era una cama cualquiera. Las sábanas eran de un negro brillante, posiblemente de satén, que contrastaba con el color rojo de las paredes y el metal oscuro. Había también un par de grilletes acolchados sujetos a las esquinas de la cama, claramente diseñados para ser cómodos pero resistentes. Tim tragó saliva al verlos.
Al lado de la cama, sobre una pequeña mesa de madera pulida, descansaban varios artículos que dejaban poco a la imaginación. Cuerdas de seda, esposas de cuero, vendas para los ojos e incluso un par de paletas de diferentes tamaños, cada una cuidadosamente alineada. A un lado, sobre una cómoda de aspecto antiguo, había una serie de botellas y aceites, algunos perfumados, otros claramente diseñados para reducir cualquier incomodidad.
En el rincón de la habitación había un espejo de cuerpo entero, ligeramente inclinado, de modo que ofrecía una visión completa de todo lo que ocurría sobre la cama. Justo al lado, había un pequeño banco tapizado en cuero negro, con correas que colgaban de los laterales, como una invitación silenciosa a probarlo.
Mientras Tim intentaba asimilar cada detalle, escuchó la puerta abrirse detrás de él. Damián entró con paso seguro, todo lo contrario a él, cerrando la puerta y mirándolo directamente a él. Al verlo allí, observando la habitación con mezcla de nerviosismo y curiosidad, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
-¿Demasiado?-preguntó Damián con un ligero toque de diversión.
Tim tragó saliva, intentando mantener la compostura. No estaba seguro de cómo responder. Todo era nuevo, y aunque sentía sus nervios a flor de piel, no podía negar que la atmósfera también tenía un efecto en él.
-No… no sé-respondió finalmente, sus palabras apenas un susurro-Es… más de lo que imaginaba-Damián se acercó y extendió una mano hacia Tim y lo guió hacia la cama, sus ojos verdes fijos en los de él.
-Si no quieres seguir...
-Espero que sepas lo que haces.
-Claro que sí.
Tim asintió, permitiendo que sus nervios se suavizaran poco a poco mientras se entregaba a la experiencia que Damián había preparado con tanto cuidado.
La tarde comenzó con una atmósfera un poco tensa, cargada de expectativas y de algo que Tim no terminaba de descifrar. Damián, desde el primer momento, había tomado el control de la situación de una manera firme, guiando a Tim por cada rincón de la habitación, explorando todas las posibilidades que el lugar ofrecía. Al principio, Tim intentó resistir, con su natural tendencia a desafiar y probar los límites.
Lo primero que usaron fueron las esposas de cuero, suaves pero firmes, que Damián aseguró alrededor de las muñecas de Tim, uniendo sus manos por encima de su cabeza mientras lo hacía recostarse en la cama. Al principio, Tim gruñó, tratando de liberarse, moviéndose y tironeando con fuerza, pero Damián simplemente le lanzó una mirada con una sonrisa.
-¿Sabes que no te vas soltar?-murmuró, sin apartar sus ojos de él.
Tim bufó, pero ese desafío en los ojos de Damián no le dio otra opción. Podía sentir cómo la fuerza de Damián lo envolvía, cómo cada vez que intentaba moverse, él volvía a fijar su posición con una calma irritante y, a la vez, misteriosamente seductora.
-Ya joder...-gruñó Tim.-Se nota que quieres ponerme las cosas difíciles-Damián se inclinó y susurró, apenas rozando el lóbulo de su oreja.
-De eso se trata.
Y así comenzó. Damián probaba cada elemento de la habitación, explorando con precisión, alternando entre las esposas y las cuerdas de seda para inmovilizar a Tim en diferentes posiciones, permitiendo que se moviera apenas lo suficiente para sentir la frustración de no poder hacer nada más.
Cada intento de Tim de ganar control se topaba con una pared inquebrantable. Damián simplemente lo mantenía en su lugar, colocando una mano firme en su hombro o en su cadera, asegurándose de que él comprendiera exactamente quién estaba al mando.
En un momento, lo guio hacia el pequeño banco tapizado en cuero negro, asegurando sus tobillos y muñecas con las correas. Tim, en su naturaleza rebelde, luchaba contra las ataduras, moviéndose, empujando, gruñendo con frustración.
-¿Nunca te rindes?-Pregunto Damián
-Jodete-Le gruñó.
Damián respondió colocando una mano en su cuello, justo donde la presión era suficiente para recordarle su posición, sin hacerle daño, pero dejándole claro quién estaba a cargo.
-Relájate, Tim. Recuerda quién ganó esa partida-
murmuró Damián, sus ojos fijos en él, llenos de esa intensidad que Tim ya conocía tan bien.
-Mimimi....-A pesar de su resistencia, Tim no podía negar que había algo en esa firmeza que lo dejaba desarmado, vulnerable de una manera que nunca había experimentado. Era como si cada vez que intentaba tomar el control, Damián lo volviera a su lugar, recordándole el acuerdo tácito que ambos habían aceptado.
A medida que la tarde avanzaba, los dos hacían una breve pausa para comer. La habitación estaba en un silencio cómodo, y Tim, aunque todavía un poco agitado, se permitió disfrutar del momento. Damián había pedido un par de platos ligeros y una botella de agua y algún otro refresco,
colocándolos en la pequeña mesa de la esquina.
El olor de ambos mezclados...
Dios...
Todo era tan remolino.
-Nunca pensé que tú, de todas las personas, fueras tan…organizado para algo como esto-dijo Tim desde su posición, mirando los platos.
-¿De verdad quieres que te suelte para que puedas bromear sobre esto?-preguntó, alzando una ceja con esa expresión que Tim reconocía como un desafío.
Tim solo rió, pero en cuanto intentó acercarse a Damián con un poco de atrevimiento, él lo detuvo, colocando una mano en su cuello nuevamente, manteniéndolo en su lugar.
-Te cuesta mucho ser obediente y no desafiante ¿verdad?-Tim soltó un pequeño gruñido-Hoy no tienes el control, Tim. Y si sigues insistiendo en retomar el mando, solo va a hacer esto más difícil para ti.
Tim sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Era algo tan sutil, pero tan efectivo. Esa mano en su cuello, la mirada de Damián, la calma absoluta con la que lo dominaba. Y eso que Damián en si era muy feral. No podía hacer nada más que asentir, aceptando momentáneamente su papel. Era nuevo para él, sentirse así de expuesto, pero la manera en que Damián manejaba la situación hacía que, de algún modo, todo se sintiera... bien.
Después de la pausa, retomaron lo que habían dejado. Damián lo llevó frente al espejo de cuerpo entero, manteniendo sus manos atadas al frente, lo suficiente para que pudiera ver cada detalle de su expresión. Tim trató de desviar la mirada, un tanto avergonzado por la situación, pero Damián, como siempre, no se lo permitió.
-Mírate-ordenó Damián, su voz baja pero firme-Quiero que veas lo que yo veo.
Tim, sin poder negarse, obedeció. Y ahí estaba, frente al espejo, completamente vulnerable, bajo el control de alguien más. Aunque su instinto le pedía luchar, una parte de él, una que apenas comenzaba a aceptar, se sentía atraída por esa experiencia.
La tarde continuó, y Damián probó cada rincón de la habitación con él, cada elemento que pudieran usar. Tim intentaba retomar el control cada vez que creía poder, resistiéndose, retorciéndose, hasta soltando uno que otro gruñido, pero Damián, sin perder la calma, lo detenía, lo reposicionaba, recordándole suavemente que él había perdido la partida, y por lo tanto, debía aceptar lo que venía.
Finalmente, cuando la tarde empezó a caer y la luz suave del atardecer se colaba por las cortinas, Damián lo liberó. Tim se dejó caer en la cama, agotado y sorprendido por lo que había experimentado, mientras Damián se sentaba junto a él, con una expresión tranquila y satisfecha.
-¿Ves?-dijo Damián, colocando una mano en su cintura-Puedes ser obediente cuando quieres.
-Dejame-Dijo y se inclinó mordiendo su hombro.
Tim estaba concentrado en sus deberes universitarios cuando el teléfono sonó, rompiendo la tranquilidad de la tarde. Miró la pantalla y vio el nombre de Bruce parpadeando. Sintió una leve inquietud en el pecho al responder.
-¿Bruce?-preguntó mientras acomodaba el teléfono en su oído, levantándose del escritorio y estirando un poco la espalda.
-Tim, te necesitamos en las afueras de la ciudad-
respondió Bruce con un tono urgente, compartiendo una ubicación. Tim reconoció el lugar; un pequeño pueblo casi abandonado, ubicado más allá de los límites de Gotham. Las primeras nevadas habían cubierto todo, y un escalofrío le recorrió la espalda.
-¿Qué pasa?-pregunta Tim, cogiendo una chaqueta más abrigada y poniéndose unas botas mientras revisaba el mapa de la ubicación.
-Te lo explicaré al llegar, pero no te entretengas en ponerte el uniforme. No es necesario esta vez
Tim asintió, aunque Bruce no podía verlo, y salió rápidamente, con cada paso en la nieve recordándole lo extraño de la situación. El viaje fue breve, pero la tensión no lo abandonaba mientras se acercaba al lugar marcado en su teléfono.
Al llegar, lo primero que notó fue el absoluto silencio del pueblo, interrumpido solo por el crujir de la nieve bajo sus pies. Todo a su alrededor parecía inmóvil, como si el lugar entero hubiera quedado congelado en el tiempo. Los edificios, algunos en ruinas, estaban cubiertos de nieve, y una leve bruma cubría las calles vacías.
Bruce apareció a lo lejos, caminando hacia él desde un callejón, y Tim apresuró el paso hasta que ambos quedaron frente a frente.
-¿Y bien? ¿Qué pasa?-Bruce suspiró y miró hacia el horizonte, como evaluando las palabras que usaría.
-El jefe de policía nos pidió ayuda. Ha habido movimientos extraños de vehículos militares por aquí, y al investigarlo… encontramos algo preocupante-Bruce se detuvo, observando a Tim, como si dudara en decirle lo siguiente-Damián… está aquí, y parece haber entrado en un estado feral.
Tim sintió cómo un escalofrío le recorría la piel, erizándole el vello de la nuca. Un estado feral era algo serio, una pérdida de control primitiva y peligrosa, donde el instinto superaba a la razón. Apretó los puños, intentando procesar lo que Bruce le acababa de decir.
-¿Cómo?...-preguntó Tim, sin poder disimular la preocupación en su voz.
-No lo sabemos con certeza. Los militares estaban haciendo pruebas en la zona, y creemos que algo lo desestabilizó....Necesito que mantengas la calma y, si logras acercarte a él, quizás puedas hacerlo regresar en sí. Pero recuerda, en este estado… no suelen reconocer a nadie.
Tim asintió lentamente, su mente trabajando a toda velocidad. Respiró hondo y miró a Bruce, decidido.
-Está bien. Dime dónde lo vistes por última vez.
Bruce le señaló un edificio en ruinas en la periferia del pueblo, y Tim comenzó a caminar hacia allí, sintiendo el peso de la nieve y el silencio a su alrededor. Sabía que el Damián que iba a encontrar no sería el mismo de siempre. Al llegar al edificio, se quedó en la entrada, observando el interior oscuro y el eco de sus pasos. Sabía que debía actuar con cautela, pero también confiaba en que, en algún lugar profundo, Damián aún lo reconocería.
Bueno, eso le hacia creer su Omega.
-Damián…-susurró en el frío, esperando que su voz pudiera alcanzarlo más allá de ese instinto feroz que lo dominaba.
Nada...
Mientras Tim avanzaba por los pasillos oscuros y en ruinas, su mente no dejaba de divagar. Se preguntaba por qué Bruce había decidido llamarlo a él y no a otro miembro del equipo. Quizás había comenzado a sospechar que había algo entre él y Damián, algo que, aunque ninguno de los dos había definido. ¿Eran algo? sí, pero sin nombre. No eran oficialmente pareja, y sin embargo, había algo profundo y poderoso que los unía, algo que Bruce seguramente había percibido.
De repente, un sonido casi imperceptible lo alertó, pero fue demasiado tarde. Antes de que pudiera reaccionar, una fuerza brutal lo empujó contra el suelo, inmovilizándolo. Sintió el peso firme de un cuerpo sobre él y el frío de la nieve colándose entre su ropa, pero, sobre todo, sintió ese aroma familiar, intenso y salvaje, que llenaba el aire alrededor.
Su mirada se encontró con los ojos de Damián, brillando con una intensidad que jamás había visto antes. Había algo primitivo y peligroso en su mirada, y los colmillos de Damián asomaban apenas bajo sus labios, listos para morder, como si no pudiera contenerse. Sus manos apresaban las muñecas de Tim con una fuerza que casi dolía, manteniéndolo firmemente contra el suelo.
El corazón de Tim latía desbocado. Sabía que estar frente a un alfa en estado feral era, sin duda, una de las situaciones más peligrosas en las que podía encontrarse. Sin embargo, trató de calmarse recordando que llevaba el collar antimordida, lo cual al menos evitaba que Damián pudiera joderlos de manera irremediable.
-Damián...-murmuró, tratando de alcanzar algún vestigio de reconocimiento en sus ojos-Soy yo, Tim.
Damián gruñó en respuesta, y su agarre se tensó aún más, como si el instinto lo obligara a imponerse. Tim notaba cómo la respiración de Damián se volvía más pesada, su cuerpo tenso como un resorte a punto de soltarse, pero aún así mantuvo su mirada firme, intentando no mostrar el miedo que amenazaba con consumirlo.
-Estoy aquí para ayudarte. No te dejaré solo-susurró Tim, con un tono firme y calmado
Por un instante, Tim creyó ver un destello de reconocimiento en los ojos de Damián, aunque pronto fue reemplazado por el brillo salvaje que lo dominaba. Pero no se rindió. Con cada palabra, cada movimiento sutil, intentaba llegar a la parte de Damián que aún recordaba quién era.
Las fosas nasales de Damián se dilataban mientras absorbía el aroma de Tim, y sus ojos parecían perforar el alma del omega, como si estuviera analizándolo hasta la última fibra. Durante unos segundos, el alfa no hacía más que mirarlo, sus manos apoyadas a ambos lados de la cabeza de Tim, y, aunque el aire seguía tenso, Tim comenzó a sentir que su vida no corría un peligro tan inminente.
Sintiéndose audaz, deslizó una mano hacia el pecho de Damián y comenzó a acariciarlo en círculos suaves, evitando cualquier zona cercana a su boca y esos colmillos que parecían afilados como cuchillas. Al menos, no estaba dispuesto a tentar tanto al destino.
Para su sorpresa, Damián comenzó a ronronear, y el sonido reverberante llenó el aire. Tim no pudo evitar reír suavemente, sintiendo cómo su confianza crecía al notar que Damián no lo atacaba.
-No eres más que un cachorrito...-susurró, con una sonrisa burlona.
Pero su frase quedó a medias cuando Damián movió su mano en un instante, pasando de apoyarla en el suelo a agarrar a Tim en un agarre firme y tirarlo hacia su regazo. Tim sintió un pequeño tirón mientras Damián lo sentaba sobre sus piernas, posicionándolo sobre sus muslos y rodeándolo con su brazo en una posesión clara. Con una mano en su cabello, Damián le arqueó la cabeza hacia atrás, dejando su cuello completamente expuesto.
Tim era más consciente que nunca de dónde estaba sentado, del lugar donde las manos de Damián se anclaban en su cadera y su cabello, del pecho de Damián presionado contra el suyo, de la forma en que cada fibra de sus cuerpos parecían acoplarse en esa posición. El mareo de la proximidad lo invadió, pero Tim se sintió orgulloso de no haber perdido el conocimiento, a pesar de lo rápido que le latía el corazón.
Sin embargo, lo que sucedió después casi lo derrumba. Damián, con una suavidad inesperada, frotó su rostro contra el de Tim, rozando sus labios y narices con cada movimiento, en una caricia tan íntima que casi parecía un secreto entre ellos.
Por Dios, que nadie esté viendo esto. pensó Tim, casi sonrojado.
Pero su deseo se rompió en mil pedazos cuando una risa familiar y divertida resonó en la entrada.
-¡Ves, te lo dije! ¡No lo destrozaría!-La voz de Dick era claramente divertida, y Tim sintió cómo se le tensaba cada músculo.
-Joder... -murmuró Jason desde atrás, su tono entre la sorpresa y la burla.
Tim se quedó congelado un segundo, sintiendo cómo el calor le subía a las mejillas. De todas las situaciones en las que podrían haberlos encontrado, esta definitivamente se llevaba el premio.
Bruce se acerca con cautela, y Tim escucha cómo le informa en voz baja que ya había llamado a Bárbara, quien estaba en camino con unos tranquilizantes. En teoría, todo parecía estar bajo control, así que Jason, Dick y Bruce comenzaron a acercarse, suponiendo que Damián ya estaba reconectado con su parte humana y que la situación había dejado de ser peligrosa.
Pero justo en ese momento, el abrazo cariñoso de Damián cambió en un instante, transformándose en una prisión de acero. Tim sintió la posesividad casi tangible en el aire mientras el alfa lo apretaba con una fuerza arrolladora contra su pecho. Apenas pudo contener un quejido de sorpresa, y su cuerpo temblaba al compás de los gruñidos profundos que resonaban en el pecho de Damián.
Bruce, Dick y Jason se detuvieron en seco, intercambiando miradas de preocupación antes de retroceder unos pasos con una precaución renovada. Tim, entre tanto, comenzó a ver puntos en su visión, sintiéndose al borde del desmayo. Justo antes de perder el conocimiento, la tensión en el brazo de Damián se liberó, permitiéndole caer sobre el pecho del alfa, jadeando y tomando grandes bocanadas de aire mientras intentaba recuperar el aliento y estabilizarse.
-¡¿Estás loco?!-exclamó, tan pronto como tuvo suficiente aire en los pulmones para formar palabras.
Damián simplemente resopló, esa expresión de suficiencia que Tim conocía tan bien apareciendo en su rostro.
-Sí, sí, me alegro de que estés orgulloso de ti mismo-
murmuró Tim, rodando los ojos mientras intentaba calmar su respiración acelerada-¡Podría haber muerto!-enfatizó, aunque sabía que exageraba, mientras Damián parecía pavonearse, satisfecho de haber captado toda la atención del omega.
Bruce observó la escena con una expresión neutral y, sin perder la calma, comentó...
-Bueno, supongo que eso responde a la pregunta de si te dejará ir o no.
Jason soltó una pequeña carcajada, encogiéndose de hombros con una mirada burlona.
-Una princesa en apuros
-añadió, sin ocultar su tono de diversión ante la incomodidad de Tim.
Tim frunció el ceño y le lanzó una mirada feroz.
-Púdrete-gruñó, su voz cargada de irritación. Damián también centró su atención en Jason, y sus ojos adquirieron un brillo amenazante, como si no tolerara la más mínima provocación que pudiera molestar a Tim.
Dick intervino, dando una palmadita en el hombro de Jason y mirándolo con advertencia.
-No tientes a tu suerte-le susurró a Jason, con una sonrisa, sabiendo bien cómo podía escalar la situación.
Jason alzó las manos en señal de rendición, pero no sin una sonrisa pícara en el rostro, mientras Tim intentaba recuperar la calma y Damián mantenía su mirada fija en los otros, claramente sin intención de soltar al omega.
Cuando Bárbara finalmente llegó, llevaba consigo un pequeño maletín con el calmante que Bruce había solicitado. Se acercó con cuidado, y tras un intercambio de miradas silenciosas, el equipo trabajó en conjunto para distraer a Damián lo suficiente como para que Bárbara pudiera administrarle el tranquilizante. Tim casi vuelve a ser asfixiando. Aunque hubo un momento de tensión en el que Damián casi se resistió, el efecto comenzó a surtir rápidamente, y el alfa fue relajando su agarre sobre Tim, quedándose finalmente quieto y respirando de manera profunda y pausada.
Tim, aún con el corazón latiéndole rápido, observó a Damián con una mezcla de alivio y preocupación. Bruce, viendo que Damián ya estaba bajo el efecto del tranquilizante, se volvió hacia él con una expresión pensativa.
-Voy a trasladaros a ambos a una de mis cabañas-anunció Bruce, en tono decidido-Será un lugar seguro mientras él se recupera.
Tim suspiró, frotándose el puente de la nariz mientras intentaba procesar todo lo que había sucedido.
-Podríamos esperar y ver si al despertar vuelve a su estado normal…-sugirió Tim, aunque una parte de él sabía que era poco probable.
Bruce negó con la cabeza, con una seriedad que reflejaba su experiencia en situaciones difíciles.
-Es mejor prevenir que curar, Tim. En la cabaña estarán más seguros, y podrás estar a su lado si necesita ayuda.
Tim asintió, sin dejar de observar a Damián, quien ahora dormía tranquilamente gracias al tranquilizante. A pesar de la preocupación que sentía, no podía evitar sentir un toque de calma al saber que, al menos por el momento, la situación estaba bajo control.
Bruce le entregó a Tim su móvil antes de que partieran hacia la cabaña, dándole una mirada firme y alentadora.
-Si en algún momento te sientes incómodo o asustado, llámame de inmediato. No tardaremos en llegar, ¿de acuerdo?
Tim asintió, intentando proyectar una confianza que no sentía del todo. Una vez llegaron a la cabaña, un refugio aislado y acogedor entre los bosques nevados, Dick y Jason ayudaron a Tim a dejar a Damián en el amplio sofá de la sala, donde podría descansar mientras el efecto del tranquilizante seguía activo. Antes de marcharse, Dick le dio un fuerte abrazo a Tim, sonriendo con un dejo de preocupación.
-Buena suerte. Estoy seguro de que él volverá en sí en cuanto te tenga cerca-dijo, tratando de tranquilizarlo.
Cuando Tim finalmente se quedó solo, se dejó caer en un sillón individual, el silencio de la cabaña acentuando el peso de la situación. Sacó su móvil y comenzó a investigar sobre los estados ferales en alfas, buscando respuestas que pudieran prepararlo para cualquier cosa que pudiera suceder cuando Damián despertara.
Información sobre el Estado Feral en Alfas
Después de un rato, Tim encontró información relevante sobre la fase feral en alfas. El estado feral era un comportamiento instintivo y primitivo, desencadenado generalmente por estrés extremo, amenazas percibidas o condiciones que alteran el equilibrio emocional y físico del alfa. En este estado, el alfa solía responder únicamente a sus impulsos más básicos, como proteger y reclamar lo que percibía como suyo.
Duración del Estado Feral: El tiempo de duración era variable. En algunos casos leves, podía durar unas pocas horas, pero en otros, los alfas podían permanecer en este estado durante días, especialmente si la causa del episodio no había sido resuelta. La presencia de una figura cercana, podía reducir significativamente la duración y la intensidad del estado.
La mitad de los casos terminan mal. Muchos alfas han perdido completamente la humanidad y han atacado a sus compañeros.
Comportamiento Común: Los alfas en fase feral tendían a volverse increíblemente posesivos y protectores. Podían reconocer instintivamente a las personas cercanas a ellos, pero podían ser hostiles o agresivos con cualquier otro que percibieran como una amenaza para su omega o su territorio. Los gruñidos y la necesidad de contacto físico constante con la pareja seran comunes, así como una actitud territorial intensa.
Cómo Tratar con un Alfa en Estado Feral:
1. Evitar confrontaciones: Los alfas en estado feral son extremadamente reactivos, por lo que es importante evitar cualquier comportamiento que pueda interpretarse como un desafío.
2. Calma y paciencia: Mantener un tono calmado y hablar con suavidad puede ayudar a tranquilizar al alfa.
3. Contacto físico gradual: A veces, el alfa necesitará el contacto para sentirse en control. Se recomienda permitir que el alfa lo inicie, para evitar despertar reacciones agresivas.
4. Evitar la soledad: La presencia de la pareja ayuda al alfa a reconectar con su lado racional. En algunos casos, permanecer cerca y ofrecer calma a través de un contacto físico relajante puede facilitar su recuperación.
Tim suspiró profundamente, leyendo la información una y otra vez, intentando grabarse cada detalle. Sabía que Damián era fuerte, pero también sabía que su presencia podría hacer la diferencia. Se preparó mentalmente para lo que estaba por venir, consciente de que, aunque era un desafío, también era una prueba de la conexión única que compartían.
Tim había decidido investigar la cabaña, explorando cada rincón mientras esperaba a que Damián despertara. La decoración era rústica, con muebles de madera y un ambiente acogedor que contrastaba con la tensión en el aire. Mientras revisaba el espacio, notó cómo la luz se filtraba a través de las ventanas, iluminando los detalles del lugar.
Damián despertó en un instante, con un aturdimiento salvaje que lo hacía parecer un depredador recién salido de su letargo. Sus sentidos estaban más agudizados que nunca, y su instinto lo llevó a escuchar cada pequeño sonido a su alrededor.
Cuando percibió la presencia de Tim en la planta de arriba, su cuerpo se movió con la agilidad de un verdadero cazador.
En un instante, saltó desde el suelo y se deslizó hasta la habitación, atrapando a Tim con una rapidez que lo dejó sin aliento. En un parpadeo, Damián lo redujo contra el colchón, atrapándolo con su peso. Tim lo miró, y lo primero que se le ocurrió fue:
-Veo que estás muy cabreado.
Las palabras salieron de su boca antes de que pudiera pensar mejor, y aunque no estaba seguro de si Damián lo entendía, su instinto le decía que era mejor hablar. Sin embargo, a medida que Damián lo apretaba con fuerza, Tim sintió un leve dolor en su muñeca. Dejó escapar un pequeño gimoteo, incapaz de contenerse ante la presión.
Damián estaba desbordando su olor, una mezcla intensa de protección y posesividad que llenaba la habitación. Tim sintió que su orgullo se desvanecía rápidamente; no tenía sentido aferrarse a él en ese momento. Consciente de lo que significaba para un alfa en estado feral, decidió ceder.
Mostrando su cuello de manera instintiva, Tim se entregó a Damián, dispuesto a mantener la calma. Al ver el collar antimordida que llevaba puesto, Damián gruñó, el sonido reverberando en el aire y resonando en el pecho de Tim.
-No me voy a ir-
susurró Tim, intentando suavizar la tensión-Estoy aquí, solo quiero ayudarte.
Damián se detuvo un momento, su mirada fija en el collar como si evaluara su significado. A pesar de la ferocidad en su comportamiento, había un destello de reconocimiento en sus ojos, una chispa que sugería que, en el fondo, aún había una conexión entre ellos. Sin embargo, la intensidad de su aroma seguía siendo abrumadora, y Tim sintió que su corazón latía con fuerza.
Finalmente, con un movimiento brusco, Damián aflojó su agarre, permitiendo que Tim tomara aire nuevamente. Pero en lugar de dejarlo ir, se mantuvo cerca, su rostro aún a centímetros del de Tim, como si necesitara asegurarse de que realmente estaba allí y que no había ningún peligro.
Con el tiempo, la cabaña se convirtió en un refugio tanto físico como emocional para Tim y Damián. La rutina que se estableció entre ellos era intensa y a menudo descontrolada, marcada por la ferocidad de Damián y la aceptación de Tim. A medida que los días pasaban, Damián se movía con una confianza salvaje, utilizando su fuerza para llevar a Tim a la posición que deseaba, y a veces se sentía como si Tim fuera una extensión de sí mismo.
Durante el sexo, la energía entre ellos se transformaba en algo visceral. Damián lo agarraba, lo apretaba y lo sometía con una fuerza que, aunque intimidante, despertaba una parte de Tim que no podía ignorar. Había algo en la manera en que Damián reclamaba su cuerpo que lo hacía sentir vivo, incluso si dolía.
Tim sabía que debía pedirle a Bruce que le proporcionara pastillas anticonceptivas, ya que Damián, en su instinto primario, siempre hacía su nudo. El dolor era intenso, pero a la vez había una mezcla de placer en la entrega total de esos momentos.
A veces, Tim se encontraba deseando que Damián le quitara el collar antimordida. Había sentido las ansias de Damián por marcarlo, y aunque había una parte de él que se sentía halagada por esa posesividad, sabía que el collar le proporcionaba una capa de protección. Sin él, Tim no tenía dudas de que ya habría sido marcado, y aunque eso era parte de su dinámica, no estaba del todo listo para dar ese paso.
Ahora, mientras se duchaban juntos, Tim masajeaba suavemente el cabello de Damián, disfrutando de los momentos en que el alfa parecía relajarse. El agua caliente caía sobre ellos, y Tim podía sentir cómo la tensión en los músculos de Damián se desvanecía poco a poco.
-Estás más tranquilo hoy-
murmuró Tim, sintiendo el agua resbalar por sus cuerpos. Damián cerró los ojos, disfrutando del masaje.
-A veces me siento... más yo -respondió Damián con un tono grave, casi un susurro.
A veces, esos momentos de claridad eran un alivio, pero Tim también notaba que, en otras ocasiones, Damián podía perderse por completo en su instinto primario. En esos momentos, Tim era solo un objeto de deseo, y la mirada en los ojos de Damián se tornaba peligrosa.
Después de la ducha, se secaron con toallas grandes y suaves. La cabaña estaba tranquila, con el sonido de la chimenea crepitando en el fondo. Tim preparó un café mientras Damián se acomodaba en el sofá, y los dos disfrutaron de la calidez del lugar.
La noche había caído, y la cabaña estaba iluminada solo por el parpadeo de las llamas en la chimenea. El calor del fuego llenaba el espacio, creando una atmósfera íntima y acogedora que contrarrestaba la ferocidad latente en el aire. Tim y Damián estaban en el suelo, frente a la chimenea, la alfombra suave y cálida contrastando con la dureza de la situación que estaban a punto de vivir.
Damián, en un estado de conciencia más aguda, lo miraba con una intensidad que desbordaba tanto deseo como reconocimiento. Sus ojos, dos espejos de oscuridad y pasión, reflejaban la lucha interna entre su naturaleza salvaje y la conexión que compartían. Tim, sintiendo la electricidad en el aire, supo que esta noche sería diferente. Era un baile entre el instinto y la razón, un acto de entrega y posesión.
Damián se acercó, sus movimientos fluidos y seguros, como un depredador que sabe que tiene a su presa justo donde la quiere. Tim sintió cómo su corazón latía más rápido al anticipar el contacto, la promesa de lo que estaba por venir. Cuando Damián lo agarró de la cadera y lo atrajo hacia él, Tim dejó escapar un suspiro entrecortado, una mezcla de excitación y nerviosismo.
A medida que sus cuerpos se unían, el roce de la piel sobre la alfombra era tanto un acto de entrega como una declaración de guerra. Damián lo miró a los ojos, una chispa de ferocidad cruzando su mirada, y Tim sintió que su mundo se reducía a esos momentos, a ese contacto directo entre ellos. Cada movimiento de Damián era una afirmación de su poder, y cada gemido de Tim un recordatorio de su propia vulnerabilidad.
El sonido de las llamas crepitando proporcionaba una banda sonora primitiva, el eco de la naturaleza misma reflejando la intensidad de su encuentro. Damián, sintiendo el impulso de su instinto alfa, comenzó a moverse con una fuerza cruda, cada embestida empujando a Tim más cerca de la chimenea, como si estuviera reclamando no solo su cuerpo, sino también su alma.
La filosofía del momento no se perdió en Tim; era un acto primordial, una danza que había existido desde el inicio de los tiempos. La conexión entre ellos era más que física; era una unión de almas, una exploración del deseo y la intimidad. En cada empuje, en cada roce, sentía cómo se entrelazaban sus identidades, fusionándose en un solo ser en medio de la salvajidad.
-Eres mío-gruñó Damián, su voz resonando con la autoridad de un alfa que sabía que estaba reclamando su territorio, y, sin embargo, había una vulnerabilidad en su declaración que Tim no podía ignorar.
-Y tú eres mío-respondió Tim, su voz apenas un susurro, pero firme, desafiando el caos que se desataba entre ellos. En ese momento, supo que lo que compartían era sagrado, que en la brutalidad de su deseo también había un refugio, un lugar donde podían ser completamente ellos mismos sin juicios.
A medida que la intensidad de su conexión aumentaba, Damián se convirtió en un torbellino de deseo, sus movimientos más agresivos. Tim podía sentir la batalla interna que libraba Damián: la lucha entre el alfa que quería reclamarlo por completo y el chico que anhelaba que Tim lo viera por quien realmente era.
El fuego crepitante, las sombras danzantes y el calor que los rodeaba se convertían en parte de su historia, un relato de amor y lucha que transcendía el tiempo. Tim se aferró a Damián, sintiendo cómo su cuerpo se movía al unísono con el del alfa, cómo sus almas chocaban y se fundían en una única entidad.
Y cuando finalmente alcanzaron la cúspide, el clímax se sintió como una explosión de estrellas en el universo, un momento en que todo lo que eran y lo que podían ser se unió en una explosión de pura energía y emoción. En ese instante, comprendieron que su conexión era más profunda de lo que jamás habían imaginado, y la salvajidad de su deseo se convirtió en un testimonio de su amor.
Los días que siguieron a aquella noche intensa fueron un cambio notable en la dinámica de Tim y Damián. Aunque la naturaleza feroz de Damián seguía presente en su interior, parecía haber encontrado un equilibrio entre su instinto salvaje y su humanidad. Ya no gruñía ni sujetaba a Tim con la misma ferocidad que antes; en lugar de eso, compartían momentos de calma y conexión. Damián parecía más consciente de sí mismo y de su entorno, mostrando destellos de la persona que Tim había llegado a conocer.
Una mañana, mientras esperaban en el porche de la cabaña, el aire fresco de la montaña los envolvía. Tim disfrutaba de la tranquilidad del lugar, pero su mente estaba en otra parte. Había decidido que era momento de avisar a Bruce sobre la mejora de Damián. Sacó su móvil y, tras un breve intercambio, le envió un mensaje a Bruce.
Bruce, Damián está mejor. ¿Puedes venir a recogernos? -escribió. La respuesta llegó rápidamente
Estoy en camino. Estaré allí en menos de una hora.
Tim guardó el móvil y se volvió hacia Damián, quien estaba apoyado en la barandilla del porche, mirando hacia el bosque cubierto de nieve. Había una tranquilidad en su postura que le hacía sentir aliviado. Se acercó y se acomodó a su lado.
-Bruce ya viene para acá -dijo Tim con una sonrisa.
Damián lo miró de reojo, una ligera sonrisa en su rostro, aunque su expresión era seria.
-Gracias por quedarte a mi lado, Tim-respondió, su voz baja pero firme-Sé que no es fácil tratar con alguien en un estado feral.
Tim sintió que su corazón se aceleraba ante la sinceridad de Damián. Sabía lo difícil que había sido para ambos lidiar con esos momentos, y escuchar su agradecimiento lo hizo sentir que había valido la pena cada segundo.
-De nada....-contestó Tim, apoyando su cabeza en el hombro de Damián, disfrutando de la calidez que irradiaba el alfa.
Damián se quedó en silencio, y por un momento, el mundo exterior se desvaneció. Sabía que lo que compartían no era solo una fase; era un lazo profundo que habían construido a través de la adversidad y la vulnerabilidad.
La mansión Wayne estaba tranquila, con el sonido de las risas y diálogos de una serie de televisión resonando en el salón. Tim y Damián estaban acurrucados en el sofá, envueltos en mantas. La luz de la pantalla parpadeaba, proyectando sombras en sus rostros. Tim se encontraba riendo ante una escena particularmente graciosa, mientras Damián lo miraba con una leve sonrisa, disfrutando del momento.
-No puedo creer que sigas riéndote de esto-dijo Damián, alzando una ceja con diversión.
-Es que es muy bueno, ¡mira su cara!replicó Tim, señalando la pantalla.
Damián dejó escapar una risa baja, pero cuando el episodio terminó, Tim se inclinó hacia él, buscando su calidez. Sin embargo, Damián, sintiéndose juguetón, le dio un empujón suave y lo alejó un poco.
-Eres un nerd de estas series-dijo Damián, sonriendo, y Tim le lanzó una almohada.
-Pues la próxima vez la veré con Conner
-Entonces yo sacaré la kritonita.
-No bromees con eso
-Tus comentarios tampoco son graciosos
Esa noche, Tim se encontraba en el baño, disfrutando de una ducha caliente mientras el vapor llenaba el espacio, creando un ambiente acogedor. Se esforzaba por ser lo más silencioso posible, permitiendo que el agua caliente relajara sus músculos y lo alejara del estrés del día. De repente, la puerta se abrió y Damián entró, aún con la mirada adormilada.
-¿Te importa?-preguntó Damián, su voz rasposa por el sueño.
-No, pero deberías haber llamado-respondió Tim.
Damián se encogió de hombros. Después de un minuto se metío en la ducha sin más preámbulos. El agua caliente caía sobre ellos, y Tim, aún procesando la llegada de Damián, giró su cuerpo para mirarlo.
-¿No deberías descansar?-
preguntó Tim.
-¿Por qué no me ayudas a estar más cansado?-
respondió Damián, su tono juguetón.
Tim sintió un escalofrío recorrerle la espalda al escuchar esas palabras. Sin aviso, Damián le indicó con un gesto que se girara, y Tim, sintiendo la autoridad en la voz de Damián, obedeció. En un instante, la atmósfera cambió, y la intimidad entre ellos se intensificó.
Damián comenzó a tocarlo suavemente, sus manos explorando la piel de Tim mientras el agua caía sobre ellos. Tim se dejó llevar por la sensación, sintiendo cómo el calor del agua y el calor de Damián se entrelazaban en una sinfonía de bienestar. La mezcla de agua y el contacto de las manos de Damián creó una experiencia envolvente que lo hizo sentir vivo.
A medida que la tensión entre ellos crecía, Tim se mordió el labio inferior, apoyando su frente contra las baldosas frías de la ducha. La sensación del agua y la cercanía de Damián lo envolvían, y cada toque de su alfa lo llevaba a un estado de paz y excitación. Damián, sintiendo el cambio en la energía de Tim, se acercó más, creando un ambiente cargado de conexión y deseo, un momento en el que todo lo demás desaparecía.
La intimidad de la ducha se convertía en un refugio, un lugar donde podían dejar de lado las tensiones del mundo exterior y concentrarse únicamente el uno en el otro. En ese instante, la cercanía era todo lo que necesitaban.
Una tarde, mientras Tim estaba en la cocina preparando un bocadillo, Damián entró con un gesto de molestia. Tim se volvió para ver qué ocurría.
-¿Qué te pasa?-preguntó Tim, notando la tensión en el aire.
-Nada-respondió Damián, pero su tono decía lo contrario.
En ese momento, Jason apareció en la cocina, sonriendo mientras le daba un ligero codazo a Tim.
-Oye, ¿puedo tomar algo?-preguntó Jason, ignorando la atmósfera tensa.
Damián frunció el ceño, y Tim notó cómo el alfa se tensaba al ver la familiaridad entre Jason y él. La chispa de celos brotó en la mirada de Damián, y Tim, tratando de aliviar la tensión, respondió con una sonrisa.
-Claro, Jason. Toma lo que necesites.
La mirada de Damián se volvió a Tim, sus ojos oscuros llenos de una mezcla de frustración y posesividad. Jason se fue sin notar el cambio en el ambiente, mientras Damián seguía mirando a Tim.
-No deberías ser tan amigable, menos con Jason-dijo Damián, casi en un susurro, y Tim alzó una ceja.
-¿Estás celoso?-preguntó, disfrutando de la provocación.
-No-replicó Damián, pero la incomodidad era evidente en su voz.
Sí.
Definitivamente Damián estaba en uno de sus días.
Una noche, después de una larga jornada de entrenamiento, Tim se encontró agotado y se metió en la cama. Damián entró poco después, y ambos se acurrucaron. Tim se dio la vuelta, apoyándose contra la pared, mientras Damián se quedó de lado, observándolo.
-¿Vas a dormir así?-preguntó Damián, entrecerrando los ojos.
-Es más cómodo-respondió Tim, tratando de ignorar el calor que emanaba de Damián.
Damián se movió más cerca, sus cuerpos casi tocándose, y Tim sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La cercanía siempre lo dejaba sin aliento.
-No puedes ocultarte-
murmuró Damián, y Tim se giró para mirarlo.
-No estoy ocultando nada-
replicó Tim, aunque el rubor en sus mejillas decía lo contrario.
Una noche, Damián decidió invitar a Tim a ver una película. Se acomodaron juntos en el sofá, la tensión entre ellos palpable. Mientras la trama avanzaba, Tim sintió la mano de Damián deslizarse sobre su muslo, pero no se atrevió a moverla.
-¿Sabes?-comenzó Damián, mirando a la pantalla- A veces creo que no te doy suficiente espacio.
-No me importa el espacio-respondió Tim.
-Quizás debas decirlo más a menudo-dijo Damián.
-Vale
-¿Vale?
-Damián.
-¿Qué?
-Te quiero cerca.
El desván de la mansión Wayne estaba lleno de polvo y cajas apiladas desde hacía décadas. Bruce había decidido, en un raro momento de disposición doméstica, que era hora de organizar todo lo que se había acumulado con los años.
Así que, allí estaban, todos juntos: Jason, Dick, Damián, Tim y el propio Bruce, repartiendo tareas y bromeando mientras intentaban hacer espacio en ese caos lleno de recuerdos.
-Oye, ¿alguien recuerda por qué guardamos tantas cajas de revistas viejas?-preguntó Dick, sosteniendo una caja que parecía estar a punto de desmoronarse.
Jason, siempre el sarcástico del grupo, soltó una risa mientras lanzaba una mirada a Bruce.
-Probablemente es alguna reliquia del pasado de Bruce. Quién sabe, tal vez cuando se aburra de ser Batman quiera ser coleccionista de antigüedades.
Bruce no reaccionó más que con una ligera sonrisa antes de volver a concentrarse en mover una caja especialmente pesada. Mientras tanto, Tim y Damián trabajaban juntos en una esquina más apartada del desván, organizando algunos viejos artefactos y otros recuerdos. La tensión entre ellos era palpable, algo que ninguno de los otros notó entre las bromas y el trabajo.
A lo lejos, Jason y Dick comenzaron a discutir sobre la mejor manera de mover un viejo baúl, y Bruce, entretenido con su tarea, dejó a Damián y Tim solos por un momento. En ese instante, Tim sintió que el aire se volvía más pesado, su corazón latiendo más rápido de lo normal. Era como si algo dentro de él estuviera pidiendo una respuesta, y ahora, con la oportunidad de estar solos, sentía que debía preguntarlo.
Tim se detuvo por un momento, su mano apretando ligeramente el borde de una caja que acababa de abrir. Sus ojos se desviaron hacia Damián, quien estaba concentrado en su tarea, con la frente ligeramente arrugada por el esfuerzo. Sabía que la pregunta que quería hacer podía cambiar todo entre ellos, para bien o para mal, pero no podía seguir guardándosela.
Damián, sintiendo el peso de la mirada de Tim sobre él, se giró, arqueando una ceja.
-¿Qué?-preguntó, con ese tono seco pero no del todo hostil.
Tim vaciló. Su mente era una tormenta de pensamientos, debatiéndose entre lo que debía y no debía decir. Apretó los labios, inseguro de si debía seguir adelante con lo que tenía en mente.
-¿Puedo... hacerte una pregunta?-dijo finalmente, su voz más suave de lo que esperaba.
Damián lo miró por un momento, claramente intrigado por la repentina seriedad en el tono de Tim. Bajó lo que estaba sosteniendo, limpiándose las manos del polvo en los pantalones y asintió.
-Adelante.
Tim respiró hondo, sintiendo cómo su corazón latía aún más rápido. Tenía tres palabras en su mente que no podía sacar: "¿Te gusto?". Pero dudaba. ¿Debía preguntar eso? ¿Realmente estaba preparado para escuchar la respuesta, fuera cual fuera? Giró la cabeza por un momento, mirando el caos a su alrededor, escuchando vagamente la discusión de Jason y Dick en la distancia. Su mente seguía girando en torno a la misma pregunta.
¿Y si solo lo empeora? ¿Y si me dice que no? Pero... ¿y si dice que sí?
No podía dejar de pensar en ello. Todo lo que había pasado entre ellos, las miradas, los roces, los momentos robados en los que sentía que Damián lo veía de una forma diferente. ¿Realmente lo veía así?
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad de debate interno, Tim decidió hablar.
-¿Yo... te gusto?-preguntó, casi en un susurro, como si el miedo de escuchar la respuesta fuera más fuerte que su deseo de saberla.
Damián se quedó quieto, claramente no esperando esa pregunta. Por un segundo, sus ojos se abrieron ligeramente, una expresión de sorpresa que rara vez se veía en él. Tim casi se arrepintió de haberlo dicho, sintiendo que su estómago se retorcía en nudos.
El silencio entre ellos era abrumador, pero finalmente, Damián inclinó ligeramente la cabeza, sus ojos verdes buscando los de Tim con una expresión seria, pero no dura.
-Pensaba que lo había dejado claro-respondió Damián, su tono bajo pero directo.
Tim parpadeó, sorprendido por la simplicidad de la respuesta. No había evasivas, no había un juego de palabras complicado. Damián simplemente lo dijo, como si fuera lo más obvio del mundo.
-¿Lo habías dejado claro?-repitió Tim, incrédulo, su corazón aún latiendo con fuerza.
Damián soltó un leve suspiro, como si fuera obvio para él y solo él. Se acercó un poco más, dejando la caja a un lado, hasta que solo había un paso entre ellos.
-Sí, Tim. ¿Crees que todo lo que ha pasado no significa nada?-preguntó Damián, su tono más suave de lo que Tim esperaba
Damián y Tim se quedaron en silencio un momento, el aire entre ellos lleno de tensión. Era como si algo se hubiera desatado en ese instante, algo que ninguno de los dos podía controlar del todo.
-No lo sé, Damián...-dijo Tim, apartando la mirada por un segundo, intentando ordenar sus pensamientos- Es decir, todo esto empezó por una apuesta. ¿Cómo iba a saber que no es solo eso para ti?
Damián lo miró fijamente, sus ojos verdes brillando con una mezcla de frustración y sinceridad. Tim siempre había sido complicado, y aunque le gustaba ese aspecto en él, también le resultaba exasperante. Sabía que Tim siempre estaba analizando cada cosa, siempre pensando demasiado. Y en este caso, eso era lo que lo estaba frenando.
-Las cosas siempre pueden cambiar, Tim-dijo Damián con voz firme-Sí, empezó como una apuesta, pero no puedes decirme que todo lo que ha pasado desde entonces no ha significado nada.
Tim frunció el ceño, todavía luchando con sus emociones.
-Ya, pero... no lo sé-repitió, inseguro.
Damián dio un paso más cerca, acortando la distancia entre ellos, su mirada clavada en la de Tim. Estaba cansado de ver cómo Tim dudaba de lo que estaba pasando entre ellos. Durante meses, había mantenido esos sentimientos bajo control, pero ya no podía hacerlo más.
-La respuesta es: Sí-dijo Damián de repente, con una firmeza que tomó a Tim por sorpresa.
Tim lo miró con los ojos abiertos de par en par, procesando las palabras. Estaba hablando de algo más que solo su atracción física, algo que había estado intentando entender en los últimos meses.
-¿Sabes que yo me estoy refiriendo a algo más que el sexo?-preguntó Tim, su voz temblando ligeramente.
Damián no apartó la mirada, sus ojos aún fijos en Tim, tan serios como siempre.
-Sí-Respondió sin dudar- Joder, llevo meses queriendo dejar una marca en tu cuello. No porque sea un impulso físico... sino porque te quiero a ti. Todo lo que eres.
Tim sintió como un nudo se formaba en su estómago. Por un lado, las palabras de Damián lo hacían sentir más expuesto de lo que había imaginado, pero por otro, ese reconocimiento de que todo lo que había pasado entre ellos era más que una simple apuesta le daba una extraña sensación de alivio.
-¿Y por qué no lo has hecho? -preguntó Tim en voz baja, su mirada bajando por un segundo, inseguro de si quería conocer la respuesta.
Es decir...
Podría podría haberlo he hecho
Aunque hubiese sido sin su consentimiento claro...
Pero después de todo era Damián.
El alfa soltó un suspiro profundo, como si estuviera soltando una carga pesada que había estado llevando durante mucho tiempo.
-Porque, por primera vez en mi vida, he querido hacer las cosas completamente bien-respondió Damián, su tono suave pero firme-Quería que fueras tú quien lo decidiera. No quería imponerte nada, aunque sé que a veces soy un imbécil posesivo.
Tim lo miró a los ojos, sorprendido por la vulnerabilidad que veía en Damián. ¿Acababa de escuchar lo que acababa de escuchar? Todo lo que veía en esos ojos verdes era verdad. Una verdad que Damián había estado ocultando bajo capas de orgullo y arrogancia.
-Nunca pensé que me lo pondrías así...-admitió Tim, su voz apenas un susurro.
-No suelo ser tan directo con este tipo de sentimientos- respondió Damián con una pequeña sonrisa irónica- Pero contigo...La cosa es diferente. No me importa ganar una pelea o tener la última palabra si al final tú no me crees. Quiero que lo entiendas de una vez, Tim. No es solo sexo, no es solo días pasando. Si hubiera sido así, me habría rendido hace mucho.
Tim se quedó en silencio, sus pensamientos una maraña de emociones. El Damián que tenía frente a él no era el mismo con el que solía chocar en batallas verbales. Este Damián estaba siendo honesto, vulnerable incluso, y eso lo desarmaba.
-Entonces...-empezó Tim, mirando a Damián a los ojos- ¿Quieres marcarme? De verdad, quiero decir... no solo porque es lo que se espera, sino porque... quieres eso conmigo.
Damián asintió lentamente, sin apartar la mirada.
-Sí-respondió con un tranquilidad-Pero no voy a hacerlo hasta que tú también lo quieras. Porque no solo quiero que seas mío, quiero ser tuyo también, y que sea una decisión tuya, no algo impuesto.
Tim sintió cómo sus defensas caían lentamente, una a una, mientras las palabras de Damián resonaban en su mente. Había estado resistiéndose durante meses, convencido de que todo esto no podía ser real, de que Damián no podía ser su alfa. Pero ahora, las piezas encajaban. Todo lo que había pasado entre ellos, las peleas, las miradas, los momentos de silencio compartido... todo había estado llevándolos a este punto.
-Tienes razón...-murmuró Tim, sintiendo el calor subir por su rostro.
Damián se acercó un poco más, hasta que sus narices casi se rozaban.
-Entonces dime qué quieres, Tim-susurró, su voz más baja, cargada de intensidad-Porque estoy dispuesto a darte lo que sea, pero necesito saber que esto es lo que quieres.
Tim lo miró, su corazón latiendo tan rápido que apenas podía concentrarse. Respiró hondo, dejando que el momento lo envolviera.
-Lo quiero...-dijo finalmente, su voz temblorosa, pero segura- A ti.
Después de aquella conversación en el desván, Tim y Damián se sintieron más juntos que nunca. Sin embargo, había un aspecto de su relación que aún debían considerar. Tim sabía que Damián pronto tenía 17 años, y, aunque sus sentimientos eran profundos y sinceros, había algo que lo detenía. Quería que la marca, el símbolo de su unión, fuera especial y significativa. Así que, después de discutirlo con Damián, decidieron que no se marcarían hasta su cumpleaños. El número 18.
Y aunque Damián a veces insistía Tim nunca le permitió marcarlo.
Finalmente, llegó el día en que Damián cumpliría 18 años. Era un día soleado y cálido en Gotham, con la luz filtrándose a través de las ventanas de la mansión. Alfred estaba en la cocina, preparando un pequeño pastel para celebrar, y la atmósfera estaba impregnada de una mezcla de emoción y nerviosismo. Sin embargo, tanto Tim como Damián sabían que esa noche estarían solos en casa, lo que despertaba una anticipación electrizante en ambos. ¿Bruce, Dick y Jason? Digamos que estaban perdidos. Casualmente.
A medida que avanzaba la tarde, la emoción crecía. Alfred, siempre atento a las necesidades de la familia, se ofreció a dejar a los dos chicos solos para que pudieran disfrutar de un tiempo a solas, asegurándoles que no interrumpiría.
Y la casa se sumió en un silencio envolvente. Tim sintió un cosquilleo de nervios y emoción en su estómago. Sabía que este momento era significativo; sería la primera vez que Damián podría marcarlo, y aunque eso significaba un compromiso profundo, también le generaba una mezcla de miedo y deseo.
Tim estaba en su habitación, la puerta entreabierta, cuando escuchó los pasos de Damián acercándose. El alfa entró con una mirada intensa, los ojos verdes resplandeciendo con una chispa de emoción y determinación.
-Finalmente-dijo Damián, su voz grave y encantadora, mientras cerraba la puerta tras de sí-He estado esperando esto.
Tim se sintió como si su corazón latiera con fuerza en su pecho. El ambiente era pesado de expectativa; la luz del sol se filtraba suavemente a través de las cortinas, creando un halo reconfortante alrededor de ellos. La habitación estaba en calma, pero el aire vibraba con una energía palpable.
-Y eso que has sido insistente intentando adelantar los acontecimientos-respondió Tim, tratando de mantener la ligereza en su voz, aunque la tensión en su interior era casi insoportable.
Damián se acercó más, y Tim sintió cómo el espacio entre ellos se acortaba. Estaba consciente de cada movimiento, cada respiración, y de cómo la cercanía de Damián lo hacía sentir en llamas.
-No puedo esperar más-
susurró Damián, sus ojos fijos en los del omega. En un movimiento rápido, se inclinó hacia adelante, y Tim sintió un escalofrío recorrer su cuerpo cuando Damián le acarició la mandíbula con su mano.
El toque era suave pero firme, y el calor de su piel lo envolvió. Tim se encontró perdiéndose en la profundidad de esos ojos verdes, viendo no solo el deseo, sino también el amor y la vulnerabilidad que compartían.
Damián se inclinó más, su aliento caliente acariciando el rostro de Tim. Podía sentir los colmillos del alfa asomándose ligeramente, una señal del deseo que lo dominaba. No era solo un deseo físico; había una necesidad de unión, de reclamar lo que era de él.
-¿Estás seguro?-preguntó Damián, su voz baja y profunda, reflejando la seriedad del momento.
Tim tragó saliva, sintiendo que la tensión se acumulaba en el aire. Asintió lentamente, su corazón latiendo con fuerza en su pecho.
-Sí. Estoy listo-respondió, su voz casi un susurro, pero lleno de determinación.
Con una suavidad casi reverente, Damián llevó su mano a la parte posterior del cuello de Tim, atrayéndolo hacia él. Los corazones de ambos parecían latir al unísono mientras sus labios finalmente se encontraban. El beso era intenso, lleno de deseo y promesas silenciosas. Tim sintió cómo Damián lo envolvía, su cuerpo presionándose contra el de él mientras lo sujetaba con fuerza, como si temiera que pudiera escapar.
El roce de los colmillos de Damián sobre su piel lo hizo temblar, una mezcla de emoción y anticipación inundando su ser. Tim se sintió completamente expuesto y vulnerable, pero en el fondo sabía que estaba exactamente donde quería estar. El toque de Damián era posesivo, pero no era solo una afirmación de poder; era una promesa de amor.
Damián se separó un poco, sus ojos escaneando el rostro de Tim, buscando su aprobación. En ese momento, Tim sintió una oleada de emociones, un deseo abrumador de ser completamente suyo. Era un deseo que iba más allá del físico; era el deseo de compartir su vida, de construir algo significativo juntos.
-¿Listo?-preguntó Damián, su voz un murmullo grave que resonaba en el aire.
-Sí-respondió Tim, con confianza.
Damián, en un movimiento delicado pero decidido, dejó que sus colmillos acariciasen suavemente la piel del cuello de Tim. Tim sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, y en un instante, Damián encontró el lugar perfecto. La combinación del dolor agudo y el placer lo invadió mientras Damián marcaba su piel, creando un lazo que iría más allá de lo físico.
El momento se sintió eterno, como si el tiempo se detuviera en esa pequeña burbuja que habían creado juntos. Tim pudo sentir cómo el mundo exterior se desvanecía, dejando solo el calor de sus cuerpos, el roce de sus pieles y la conexión profunda que se estaba forjando entre ellos.
Finalmente, Damián se separó, dejando un pequeño espacio entre ellos, y miró a Tim, su expresión llena de satisfacción y ternura. Tim pasó sus dedos por el lugar marcado, sintiendo cómo una oleada de emociones lo envolvía.
-Ahora eres mío-dijo Damián, su voz llena de una profunda posesividad.
-Y tú eres mío-respondió Tim, sonriendo mientras sentía la calidez de la conexión que habían establecido.
En ese momento, Tim comprendió que no solo se trataba de la marca en su piel, sino de la unión de dos almas que se habían encontrado en medio de este mundo.
Después de la Marca
Los días posteriores a la marca fueron un torbellino de emociones y cambios para Tim y Damián. La conexión entre ellos se profundizó, y cada momento compartido parecía llevar consigo un nuevo significado. La marca en el cuello de Tim era un símbolo de su unión, y aunque era algo que ambos habían deseado, también era un recordatorio de la responsabilidad que ahora tenían el uno hacia el otro.
Había nuevos Sentimientos.
La mañana después de que Damián marcara a Tim, el sol se filtraba a través de las ventanas de la mansión Wayne, iluminando la habitación con una luz dorada. Tim se despertó con una sensación de calidez en el pecho y una sonrisa en los labios al recordar la noche anterior. Se pasó la mano por el cuello, sintiendo la marca que Damián había dejado. Era una sensación extraña, pero reconfortante, como si una parte de él hubiera encontrado su lugar.
Cuando Damián se unió a él en la cocina para el desayuno, Tim notó que el alfa parecía más relajado, como si un peso se hubiera levantado de sus hombros. Se sentaron juntos, disfrutando de la comida mientras intercambiaban miradas cómplices y sonrisas. La conversación fluía fácilmente, llena de bromas y momentos juguetones.
-¿Sabes? Ahora que estás marcado, tendré que ser más cuidadoso contigo-dijo Damián, inclinándose hacia Tim con una sonrisa.
-¿Cuidado?-replicó Tim, riendo-¿Te refieres a que ahora me protegerás más?
-Exactamente. Nadie debe acercarse a ti sin mi permiso -respondió Damián, su expresión seria, aunque Tim pudo ver la chispa de diversión en sus ojos.
-Estas de coña ¿Verdad?
-Sí....o quizás no
-¿Que seas ahora mi compañero te hace más idiota?
-¡Solo te cuido!
-Sí. Te hace más idiota.
A medida que pasaban los días, los celos ocasionales comenzaron a hacer su aparición. Un día, mientras Tim estaba en el jardín, se encontró con Jon, el hermano pequeño de Conner, quien había venido a visitar. La relación entre ellos era cercana, y Jon siempre había sido un poco más atrevido en sus bromas.
-Oye, Tim, ¿cuándo me vas a dejar un rato a Damián?-dijo Jon, riendo mientras lanzaba una mirada burlona.
Tim se rió, pero sintió un leve cosquilleo de celos al imaginar a Jon cerca de Damián. Sin embargo, cuando Jon mencionó que Damián era “el chico más genial”, sintió un calor en su pecho y se dio cuenta de lo posesivo que podía llegar a ser. Aunque sabía que Damián era solo suyo, la idea de que otros lo vieran como deseable le incomodaba.
Más tarde, cuando Damián se unió a ellos, Tim notó cómo el alfa tensaba ligeramente la mandíbula al escuchar a Jon hablar sobre él. La interacción fue cordial, pero la atmósfera estaba cargada de tensión. Cuando Jon se fue, Damián se volvió hacia Tim.
-¿Te gusta que otros te vean? -preguntó Damián, su voz grave y un poco más intensa de lo habitual.
-No, es solo...-Tim dudó, sintiendo que había tocado un tema delicado-Es solo Jon, ya sabes cómo es. Es tú mejor amigo.
Damián se acercó más, su mirada intensa y protectora.
-Lo es....ah, ya eres tú el...
-No lo estoy.
-Vale
-Damián, vete.
-Estoy bien aquí.
Algunos días después, Tim y Damián decidieron organizar una noche de películas. Alfred se había ido a dormir temprano, y la casa estaba en silencio, excepto por el sonido de las risas que salían del televisor. Se acurrucaron en el sofá, rodeados de palomitas y mantas.
La película elegida era una comedia, y ambos disfrutaban de los momentos graciosos, riendo juntos y disfrutando de la compañía. Sin embargo, en medio de una escena particularmente divertida, Damián se inclinó hacia Tim y lo abrazó con fuerza, sintiendo la necesidad de reafirmar su posesión.
-¿Te das cuenta de lo afortunado que eres?-dijo Damián.
Tim lo miró, sintiendo un escalofrío agradable recorrer su cuerpo.
-¿Yo? ¿Afortunado?-
preguntó Tim, sorprendido.
-Sí. Tienes a un alfa increíble a tu lado-respondió Damián con una sonrisa juguetona, pero había una seriedad en sus ojos que lo hizo sonreír.
-Adios mío, estúpidos alfas.
-Y yo también soy afortunado por tenerte a ti.
Una semana después, Tim notó que Damián a veces se perdía en sus pensamientos. Había momentos en que el alfa parecía distante, como si estuviera lidiando con algo interno. Tim, preocupado, se acercó a él.
-¿Damián, estás bien?-
preguntó, su tono suave mientras lo observaba.
-A veces pienso en todo lo que hemos pasado. No quiero decepcionarte-
respondió Damián, una sinceridad que lo derritió.
Tim sintió un nudo en su estómago. Se acercó y tomó la mano de Damián, entrelazando sus dedos.
-No tienes que ser perfecto, Damián-dijo Tim, su voz firme.
Damián asintió, sintiendo el apoyo de Tim. Esa conexión, ese lazo que habían construido, era más fuerte de lo que ambos habían imaginado.
A medida que pasaban los meses, la relación entre Tim y Damián evolucionaba y se profundizaba. Aprendieron a manejar esos celos, a disfrutar de los momentos de intimidad y a enfrentar juntos las inseguridades. La marca en el cuello de Tim se convirtió en un símbolo.
Cada día era una nueva oportunidad para construir su historia, y aunque el camino no siempre sería fácil, sabían que, juntos, podían enfrentar cualquier cosa. La confianza y el amor que estaban formando parecía. De hierro, y ambos estaban decididos a cuidar de esa conexión, pase lo que pase.
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