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Darkness |Damián x Jon|

-26-

x_girl_fox_x

Espero no estar haciendo los capítulos demasiado largos y pesados.
🫠

-EL
MOMENTO
QUE DA MÁS
MIEDO ES
SIEMPRE
JUSTO
ANTES DE
EMPEZAR-

Estaba sentado en la mesa de la cocina, disfrutando de la tranquilidad del hogar y del tiempo que pasaba con mi madre. Las risas suaves y el calor hogareño es algo que sin duda reconforta el corazón. Llevábamos un rato hablando de varias cosas y yo era consciente de que en algún momento tendríamos que hablar de lo que estaba pasando.

-Entonces, ¿cómo va todo?-preguntó mi madre, mientras terminaba su taza de café.

-Todo lo bien que puede ir, supongo-respondí, encogiéndome de hombros-Damian...

El sonido de una explosión interrumpió mi respuesta. Fue tan fuerte que la casa entera tembló, y por un instante, el mundo pareció detenerse. Mi madre y yo nos quedamos en silencio, mirándonos fijamente, ambos esperando que lo que acabábamos de escuchar no fuera real.

Los segundos se alargaron, cada uno lleno de una tensión que cortaba el aire. El sonido de la explosión aún resonaba en mis oídos, un eco lejano que se mezclaba con el silencio mortal que había caído sobre la ciudad.

-Jon... -la voz de mi madre era apenas un susurro, cargada de preocupación.

No necesitaba decir más. Nos levantamos de golpe, y ambos corrimos hacia la puerta. La abrí de un tirón, y el mundo que nos esperaba afuera estaba lejos de ser el mismo que habíamos dejado hacía apenas unos minutos. Una columna de humo se alzaba en el horizonte, cerca de donde estábamos, y antes de que pudiera reaccionar, otra explosión sacudió la tierra, aún más cerca que la primera.

El caos estalló a nuestro alrededor. Los gritos de la gente llenaron el aire mientras los ciudadanos comenzaban a correr en todas direcciones, buscando desesperadamente un lugar seguro. El suelo bajo nuestros pies vibraba con la fuerza de las detonaciones, y podía sentir el calor y la presión en el aire, como si la ciudad entera estuviera a punto de desmoronarse.

-¡Mamá, tenemos que irnos!-dije, mi voz firme, aunque por dentro sentía un nudo de miedo formarse en mi estómago.

Mi madre asintió rápidamente, sus ojos reflejando la misma preocupación que sentía yo.

-Vamos a casa de Bruce-le sugerí, consciente de que la Mansión Wayne era uno de los lugares más seguros en ese momento.

-De acuerdo-dijo ella, sin titubear, confiando en mi decisión.

Sin perder un segundo, me agaché para que pudiera subirse a mi espalda. Sentí sus brazos rodear mi cuello con fuerza, y en un abrir y cerrar de ojos, despegamos del suelo. Volamos por encima de la ciudad, el panorama desde arriba era devastador. Los edificios destrozados, las calles llenas de escombros y personas corriendo en pánico formaban una imagen que no se me olvidaría fácilmente.

Aterrizamos en la entrada de la Mansión Wayne, donde la tranquilidad del lugar contrastaba fuertemente con el caos que habíamos dejado atrás. Dejé a mi madre suavemente en el suelo, asegurándome de que estuviera bien.

-Quédate aquí. Voy a echar un vistazo por si alguien necesita ayuda-Le dije, mi tono firme pero preocupado.

-Ten cuidado, Jon-me pidió, sus ojos reflejando todo el temor de una madre.

Asentí, dándole una sonrisa tranquilizadora antes de despegar de nuevo. Volé rápidamente de regreso hacia el lugar de la explosión. Desde el cielo, podía ver los destrozos. Varias calles estaban arrasadas, y los escombros cubrían las aceras y la calzada. El olor a humo y polvo lo cubría todo, haciendo que el aire fuera casi irrespirable.

Aterrizando entre los restos de lo que había sido una calle concurrida, me encontré con un grupo de personas atrapadas bajo los escombros de un edificio derrumbado. Sus gritos de ayuda me llegaron claros, superando el caos circundante.

-¡Aguanten! ¡Voy a sacarlos de aquí!-les grité, usando mi fuerza para levantar una gran viga que bloqueaba su salida.

Con un esfuerzo considerable, logré mover los escombros lo suficiente para que la gente pudiera salir. Una familia de cuatro, dos niños pequeños incluidos, lograron liberarse, con los rostros llenos de gratitud y alivio.

-Gracias... gracias...- murmuraban una y otra vez mientras los guiaba hacia una zona segura.

Sin detenerme, seguí buscando a otros que pudieran necesitar ayuda. Encontré a una mujer mayor atrapada en su coche, el cual había sido aplastado por la caída de un poste. Con cuidado, lo levanté y la saqué del vehículo, llevándola a un lugar seguro. Cada persona que encontraba estaba más asustada que la anterior, pero hacer lo que podía para ayudarlos me daba una sensación de propósito en medio del caos.

Finalmente, después de haber ayudado a varios heridos y evacuado a tantas personas como pude, me permití un segundo para respirar. La situación estaba lejos de estar controlada, pero al menos, algunas vidas habían sido salvadas. Con un último vistazo a la devastación a mi alrededor, me preparé para regresar a la mansión.

Me pregunto si mi padre y el de Damián estarán bien. Seguramente estén ayudando a la gente y eso me tranquiliza un poco. Pero yo ya me he arriesgado viniendo aquí sin mi uniforme de superboy y simplemente colocándome la capucha de mi sudadera.


Estaba entrenando en la Batcueva, el único lugar donde mi mente lograba encontrar algo de paz. El sonido rítmico de mis golpes contra el saco de boxeo era un alivio, ahogando cualquier pensamiento no deseado. Pero algo estaba mal, podía sentirlo en el aire. Había una tensión latente, un silencio en la Mansión Wayne que no era habitual.

¿Jon no llevaba mucho tiempo fuera ya?

De repente, escuché pasos apresurados bajando por las escaleras de la cueva. Me giré para ver a Lois Lane acercándose. Su expresión era una mezcla de preocupación y urgencia, lo cual encendió una alarma en mi interior. No era común que Lois bajara a la Batcueva, y mucho menos con esa cara.

-Damián, necesito hablar contigo-dijo, su tono serio y sin rodeos, algo que siempre admiré en ella.

-¿Qué sucede?-pregunté, deteniendo mi entrenamiento de inmediato.

-Hubo unas explosiónes en la ciudad-dijo, las palabras saliendo rápidas, como si no pudiera permitirse perder ni un segundo-Jon me trajo a la Mansión para estar a salvo, pero él volvió para ayudar a la gente. No ha regresado aún.

Unas explosiónes en la ciudad. Mi mente comenzó a correr con posibilidades, y ninguna de ellas era buena. Mi primer instinto fue reaccionar, actuar. Jon estaba en peligro, y si algo le pasaba mientras yo estaba aquí, entrenando, jamás me lo perdonaría.

-Voy a buscarlo-respondí automáticamente, ya caminando hacia el traje que siempre estaba listo para salir a la acción.

Pero antes de que pudiera dar un paso más, Alfred apareció en la entrada de la cueva, su rostro calmado, pero su postura firme.

-Lo siento, joven amo, pero no puedo permitir que salga en este momento-dijo, su tono tan respetuoso como siempre, pero cargado de una autoridad innegable.

Lo miré, incrédulo. ¿Alfred, de todos los que podían detenerme, me estaba diciendo que no?

-¡Alfred, no hay tiempo para esto! -repliqué, la frustración creciendo dentro de mí-Jon está ahí afuera, y podría estar en peligro. Debo ir a ayudarlo.

-Entiendo su preocupación, Damian, pero debemos considerar la posibilidad de que esto sea una trampa-contestó Alfred, con una calma que contrastaba con mi creciente ansiedad- Su madre podría estar involucrada, y sabemos que ella haría cualquier cosa para atraparlo. No podemos arriesgarnos.

Las palabras de Alfred hicieron que una fría realidad cayera sobre mí. Sabía que Talia era capaz de muchas cosas, y usar una situación como esta para atraparme no estaba fuera de su alcance. Es más quizás la había provocado ella. Pero la idea de quedarme aquí, esperando mientras Jon estaba en peligro, me resultaba insoportable.

-¡No puedo quedarme aquí sentado mientras él está afuera!-grité, sintiendo la ira mezclarse con el miedo- Si algo le pasa y yo no hago nada, ¿cómo se supone que voy a vivir con eso?

Alfred se mantuvo firme, su rostro mostrando una mezcla de comprensión y resolución.

-Señor Damian, entiendo sus sentimientos, pero su seguridad también es una prioridad-dijo, su voz más suave ahora-Estoy seguro de que el joven Jonathan sabe cuidarse. Debemos confiar en él.

Quería seguir discutiendo, quería empujar a Alfred a un lado y salir corriendo de la cueva, sin uniforme, me daba igual pero sabía que no era tan simple. Si esto realmente era una trampa de mi madre, y yo caía en ella, no solo pondría en peligro a Jon, sino a todos los demás.

Los minutos se convirtieron en horas, cada segundo que pasaba sentía que la desesperación dentro de mí crecía. Caminaba de un lado a otro, incapaz de mantenerme quieto. Alfred intentó calmarme, me ofreció té y palabras de aliento, pero ninguna de ellas lograba apagar el fuego que ardía en mi interior. Cada sonido que escuchaba en la mansión me hacía girar la cabeza, esperando ver a Jon aparecer por la puerta, pero el tiempo seguía pasando, y la angustia crecía.

Finalmente, dos horas después, escuché la puerta principal abrirse. Me detuve en seco, mi corazón martillando en mis oídos. Salí del salón con la velocidad que solo la desesperación puede otorgar, y cuando llegué al vestíbulo, lo vi. Jon estaba ahí, sano y salvo, sus ropas ligeramente sucias, pero él estaba bien.

Cuando su madre lo dejo libre de sus brazos sin pensarlo, corrí hacia él y lo abracé con fuerza, mis brazos rodeándolo con tanta firmeza que casi le corté la respiración. No me importaba. En ese momento, todo lo que importaba era que estaba bien.

-Estás bien?.-dije, el alivio inundándome mientras lo abrazaba.

Jon me devolvió el abrazo, pero cuando me separé para verlo bien, la preocupación en su rostro me hizo enfurecer. La idea de que él hubiera estado en peligro, y que yo no hubiera estado allí para ayudarlo, me enfurecía.

-¿En qué demonios estabas pensando?-comencé a decir, mi tono subiendo con cada palabra-Podrías haber muerto, y yo no habría podido hacer nada. ¡Eres un idiota por arriesgarte así!

Jon se quedó mirándome, sorprendido por mi explosión de emociones. No solía perder el control, pero en ese momento, todo el miedo y la preocupación que había estado conteniendo durante esas dos horas salió de golpe.

-Damian, tenía que ayudar a esas personas-respondió Jon, su voz calma, como si eso justificara todo- No podía simplemente quedarme de brazos cruzados.

-¡Y tú no podías haber esperado al menos un minuto para que yo fuera contigo!-le repliqué, la ira aún burbujeando dentro de mí- ¡Si algo te hubiera pasado...

Me detuve, sin poder terminar la frase. El solo pensamiento me hacía sentir enfermo. La ira, el miedo, la impotencia, todo se mezclaba en una tormenta de emociones que no sabía cómo manejar.

Jon se acercó de nuevo, poniendo una mano en mi hombro, su toque calmante, pero no suficiente para apagar el incendio dentro de mí.

-Estoy bien, Damian. Estoy aquí, y estoy bien-dijo, su voz suave, intentando tranquilizarme.

Asentí, aunque por dentro aún me sentía revuelto. No quería seguir discutiendo, pero tampoco podía ignorar lo cerca que quizás habíamos estado de algo terrible. Jon estaba bien, pero la sensación de vulnerabilidad que había sentido no desaparecería tan fácilmente.

Me quedé en silencio, incapaz de encontrar las palabras adecuadas. Sabía que necesitaba calmarme, que necesitaba dejar ir la rabia, pero en ese momento, todo lo que podía hacer era quedarme junto a él, asegurándome de que realmente estaba ahí, seguro. Y aunque mi mente seguía trabajando a mil por hora, tratando de procesar todo lo que había sucedido, me obligué a aceptar que, por ahora, lo más importante era que Jon había regresado. Y que, por alguna razón, ese hecho lograba calmar, aunque fuera un poco, la tormenta que rugía dentro de mí.


El viaje de regreso a la ciudad estaba teñido por un silencio tenso. Kaldur conducía el primer coche, mientras Wally y Dick discutían en murmullos sobre la situación, pero nadie lograba apartar la vista del horizonte, donde una columna de humo gris se alzaba sobre la ciudad. Era evidente que algo grave había sucedido.

-¿Eso es... humo?-preguntó Tim, su voz apenas un susurro, cargada de incredulidad.

-Parece que la situación es peor de lo que pensábamos- respondió Kori, con los ojos entrecerrados mientras miraba el horizonte.

Jason, sentado en el asiento trasero junto a Tim, se inclinó hacia adelante, apoyando un brazo en el respaldo del asiento del conductor.

-Sea lo que sea, no pinta bien. No esperaba ver algo así al regresar-comento Dick

Chico Bestia, que normalmente siempre tenía un comentario alegre o alguna broma, se quedó en silencio, mirando por la ventana con los ojos abiertos de par en par. Su usual energía estaba apagada, reemplazada por una preocupación palpable.

Cuando finalmente se adentraron más en la ciudad, los efectos de las explosiones se hicieron más evidentes. Las calles estaban llenas de escombros, coches volcados, y edificios destrozados. El paisaje urbano que conocían estaba irreconocible.

-Joder...-murmuró Conner, apretando el puño sobre su rodilla. Sentía el nudo en su estómago apretarse cada vez más, la angustia mezclándose con una impotencia creciente.

Raven, que estaba en el coche detrás de ellos con Cyborg, sintió la oleada de emociones que emanaba de todos. Las energías del miedo, la preocupación y el dolor flotaban en el aire, casi como una neblina invisible que se filtraba en sus pensamientos. Cerró los ojos y respiró hondo, intentando mantener la calma en medio del caos que sentía a su alrededor.

-Cyborg, debemos estar preparados para lo peor-dijo Raven, su tono grave pero controlado.

-Estoy en ello, Raven respondió Cyborg, con su ojo cibernético brillando mientras escaneaba el área-Pero creo que está claro que la cosa bien no va a estar.

A medida que se acercaban a la Mansión Wayne, el tráfico se volvió imposible de atravesar con los vehículos. Las calles estaban bloqueadas, llenas de coches abandonados y personas intentando escapar o regresar a sus hogares.

-Vamos a tener que caminar desde aquí-anunció Dick, mientras el coche se detenía en una calle llena de escombros.

-Parece que sí....-dijo Wally, intentando animar a los demás-No será un paseo en el parque, pero... bueno, al menos tenemos piernas fuertes.

Sin embargo, su intento de humor no logró romper la tensión. .

-Todos, con cuidado-ordenó Kaldur con autoridad- La situación en la ciudad es grave, y no sabemos si hay más peligro....

Bajaron de los coches, y un silencio aún más denso cayó sobre ellos. El suelo estaba cubierto de polvo y pequeños fragmentos de escombros crujían bajo sus botas. La vista de las calles destrozadas solo aumentaba la sensación de desolación en el grupo.

-Esto es horrible...-murmuró Kori, sus ojos brillando mientras observaba la destrucción a su alrededor.

-Vamos, debemos seguir adelante-dijo Aqualad, tomando la delantera con Dick a su lado.

Con cada paso que daban, la boca se les secaba más, y el nudo en el estómago crecía. Tim miraba a Jason, buscando un poco de la seguridad, pero incluso Jason parecía estar perdido en sus pensamientos, sus ojos fijos en el camino adelante.

Al doblar una esquina, se encontraron con un agente de la policía local, que estaba cubierto de polvo y con un aspecto tan cansado como ellos se sentían.

-¡Oigan!-gritó el agente al verlos-Si están buscando un lugar seguro, las autoridades están evacuando a las personas hacia la estación central y el estadio de la ciudad. Están reuniendo a los heridos y los están atendiendo allí.

Dick se adelantó, levantando una mano en señal de agradecimiento.

-Gracias, agente. Pero ya tenemos un lugar seguro donde ir-dijo, su tono firme pero agradecido-El agente asintió

-Buena suerte, entonces- respondió el agente antes de regresar a sus tareas.

El grupo siguió caminando, el silencio entre ellos solo interrumpido por el sonido de los escombros bajo sus pies. El camino hacia la mansión se hacía cada vez más difícil, no solo físicamente, sino emocionalmente, con cada imagen de destrucción que veían.

Finalmente, la imponente estructura de la Mansión Wayne se alzó frente a ellos, un recordatorio de la estabilidad que una vez tuvieron. Pero mientras subían la colina hacia la entrada, sabían que lo que había sucedido en la ciudad había cambiado todo, y que el camino que tenían por delante no sería fácil.


Al llegar a la Mansión Wayne, el ambiente ya estaba cargado de tensión. El grupo entró rápidamente, aliviados de haber llegado a un lugar seguro, pero conscientes de que la paz no duraría mucho. Dentro, Bruce, Clark, Barry, Damián, Jon y linterna verde estaban esperándolos en el salón principal, sus rostros mostrando una mezcla de gravedad y determinación. No había necesidad de palabras preliminares; todos sabían que la situación era crítica.

-Talia Al Ghul es la responsable de las explosiones y la destrucción en la ciudad-informó Bruce con voz firme, sus ojos fríos y calculadores mientras analizaba a su equipo- Sabíamos que estaba planeando algo, pero no esperábamos que atacara tan directamente.

-La Liga de las Sombras ha estado operando en la ciudad durante semanas, infiltrándose en varios puntos estratégicos -agregó Clark, cruzando los brazos sobre su pecho- creemos que lo de hoy fue solo el comienzo de su ataque.

Un murmullo de preocupación recorrió al grupo, pero todos mantenían su compostura, sabiendo que necesitaban enfocarse en lo que venía.

-Wally y Barry-continuó Bruce, volviéndose hacia los velocistas- Necesito que ambos se pongan sus trajes y hagan una inspección por toda la ciudad. Revisen cada calle, cada rincón, y asegúrense de que no haya más gente poniendo explosivos o trampas. No podemos permitir que esto se repita.

-Entendido-respondió Barry con un asentimiento serio.

-Lo haremos lo más rápido posible, Bruce-añadió Wally, aunque su mente ya estaba enfocada en la tarea

Los velocistas se dieron la vuelta para dirigirse a cambiarse, pero antes de que Wally pudiera entrar al baño, sintió una mano que tiraba de su brazo. Se giró para encontrarse con la mirada intensa de Dick, quien lo estaba llevando hacia su habitación con una urgencia que no podía ignorar.

-Dick, ¿qué pasa?-preguntó Wally, aunque en el fondo ya tenía una idea de lo que quería decirle.

Una vez dentro de la habitación, Dick cerró la puerta y se acercó a Wally, su expresión preocupada. Sabía que Wally estaba acostumbrado a situaciones peligrosas, pero esta vez era diferente. Había algo en el aire, una sensación de peligro inminente que lo hacía sentirse inquieto.

-Solo... ten cuidado, ¿de acuerdo?-dijo Dick, sus palabras cargadas de una preocupación genuina que rara vez mostraba tan abiertamente.

Wally sonrió, intentando aliviar la tensión.

-Oye, sabes que soy el tipo más rápido del mundo, ¿verdad?-respondió, su tono juguetón intentando levantar el ánimo- Estaré de vuelta antes de que te des cuenta.

Pero la sonrisa de Wally no logró disipar la preocupación en los ojos de Dick. Habían pasado por mucho juntos, y aunque Wally siempre hacía que todo pareciera fácil, Dick sabía lo peligrosa que era esta misión. Thalía no era una amenaza común; jugaba sucio y era impredecible.

-Lo digo en serio, Wally-insistió Dick, acercándose aún más hasta que sus frentes casi se tocaban-No me hagas preocuparme por ti.

Wally, viendo la seriedad en los ojos de Dick, sintió que su corazón se aceleraba un poco. Por un momento, todo lo que sucedía fuera de esa habitación desapareció, y solo quedaron ellos dos. Asintió lentamente, prometiendo en silencio que haría todo lo posible por regresar sano y salvo.

-Volveré, te lo prometo-murmuró Wally, su tono ahora más suave.

Dick lo miró durante un segundo más, como si quisiera asegurarse de que Wally entendiera lo importante que era para él. Luego, sin decir una palabra más, se inclinó y lo besó, un gesto breve pero cargado de emoción. El beso era una mezcla de cariño, preocupación y una promesa de que todo estaría bien.

Cuando se separaron, Dick soltó un suspiro y dio un paso atrás.

-Ve-dijo finalmente, aunque su voz estaba cargada de una mezcla de emociones.

Wally asintió, sintiendo un calor en su pecho que lo impulsó a salir rápidamente de la habitación. Sabía que tenía una misión que cumplir, y lo haría con todo el cuidado del mundo, no solo por él, sino por Dick. Se cambió rápidamente en el baño, poniéndose su traje con la eficiencia que solo la experiencia le otorgaba.

Al salir de la mansión y comenzar a correr hacia la ciudad, el beso de Dick aún ardía en sus labios, dándole la fuerza y determinación que necesitaba.

-Conner, Clark, y Jon encargaos de los escombros para que los coches puedan pasar-Los tres asintieron-pero cuando caiga la noche os quiero a los tres aquí.

-¿Y nosotros?-Pregunto Dick vosotros os quedáis aquí mejor refiriéndose a todos los demás

-¿Qué?¿en serio?-Se quejo Damián

-Sí. Mañana por la mañana os dare a vosotros las tareas que tenéis que hacer, pero mientras tanto os quiero aquí.

Wally y Barry volvieron unos veinte minutos después alegando que había ayudado un par de personas. Le dijeron a Bruce que por ahora no había rastro de nadie poniendo ninguna bomba o trampa.

Bruce les asignó habitaciones a los demás mientras ellos estaban fuera y Alfred amablemente los guía hasta las habitaciones asignada.


Había sido un trabajo agotador, más mental que físico, asegurándose de que cada calle estuviera libre de trampas, de que no hubiera más explosivos ni señales de peligro inminente. Pero ahora que la tarea estaba completa, solo quería una cosa: descansar.

Nunca se acostumbraria a ver cadáveres.

Al entrar en el vestíbulo principal, se encontró con Alfred, quien parecía estar esperándolo.

-Señor Wally, el señor Grayson me pidió que le entregara esto -dijo el mayordomo con su acostumbrada cortesía, extendiéndole un conjunto de ropa limpia-Imaginó que querría cambiarse a una ropa completamente limpia-Wally sonrió, sintiendo un calor reconfortante.

-Gracias, Alfred-respondió mientras agarraba la ropa.

-El baño de la planta baja está libre si desea asearse antes de descansar-agregó Alfred con una leve inclinación de cabeza.

Wally asintió, su cuerpo agradecido por la oportunidad de deshacerse del polvo y la suciedad que había acumulado durante la misión. Se dirigió al baño, cerrando la puerta tras de sí. Una vez dentro, dejó escapar un suspiro largo y cansado. Se despojó de su traje, que estaba cubierto de polvo y rastros de la ciudad devastada, y se metió bajo el chorro de agua caliente. El agua se llevó no solo la suciedad, sino también algo del estrés acumulado.

Al terminar, se secó rápidamente y se puso la ropa que Alfred le había entregado, disfrutando de la sensación de la tela suave contra su piel limpia.

Cuando salió del baño, Wally recordó que Alfred le había indicado cuál sería su habitación para esa noche. Se dirigió hacia allí, pero mientras caminaba por el pasillo, una mano salió de la nada y lo agarró por la muñeca, tirando de él con fuerza hacia una puerta abierta. Wally soltó un pequeño grito de sorpresa antes de ser arrastrado al interior.

-¡Dick!-exclamó, su corazón acelerándose no solo por el susto, sino también por la repentina cercanía.

Dick sonrió de esa manera suya, mezcla de picardía y encanto.

-¿Tan feo soy?-preguntó, aunque su sonrisa indicaba que es muy consciente de lo que está haciendo.

Wally puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar sonreír. Había algo en la forma en que Dick lo miraba, con esa mezcla de diversión y algo más profundo, que siempre lograba desarmarlo.

-Sí, pero ya debería estar acostumbrado a tu horrible cara-respondió Wally, cruzándose de brazos, pero sin poder ocultar el brillo en sus ojos.

Dick se acercó un poco más, su sonrisa suave pero con un toque de picardía.

-Sabes... estuve pensando-comenzó, su voz baja y suave-Después de todo lo que hemos pasado hoy... creo que deberíamos pasar la noche juntos.

Wally arqueó una ceja, divertido por la propuesta de Dick, aunque su corazón comenzó a latir un poco más rápido ante la idea. Dick siempre tenía esa habilidad para mezclar lo serio con lo juguetón, haciendo que cualquier situación pareciera menos pesada.

-¿Interesante, eh? ¿Y cómo sería eso?-preguntó Wally, siguiéndole el juego, aunque no pudo evitar sentir una pequeña ola de emoción recorrerlo.

Dick se inclinó un poco más, sus labios casi rozando los de Wally mientras hablaba.

-Digamos que tengo algunas ideas... pero necesitarás estar cómodo para disfrutarlas-dijo con esa voz grave que hacía que el corazón de Wally se acelerara aún más.

Wally se rió, aunque sintió un calor agradable invadiendo su cuerpo. No había forma de decir que no a Dick, no cuando le hablaba de esa manera.

-Está bien, Grayson, tienes mi atención-respondió Wally, fingiendo una seriedad que ambos sabían que no podía mantener-Pero antes de que esto se vuelva demasiado interesante... ¿puedo al menos saber qué ideas tienes en mente?

Dick lo miró, y por un segundo, el tono juguetón se desvaneció, reemplazado por una mirada más intensa.

-Quiero que te quedes conmigo esta noche, Wally-dijo Dick, esta vez sin rastro de broma-No solo para... eso. Solo quiero tenerte cerca.

Wally sintió que su corazón se derretía un poco. Dick era muchas cosas, pero en momentos como este, cuando bajaba sus defensas y dejaba ver lo mucho que le importaba, era imposible no sentir lo mismo.

-Eso suena... perfecto- respondió Wally, su voz suave mientras se acercaba más a Dick, aceptando su propuesta sin ninguna duda.

Dick sonrió, esta vez con una calidez genuina. Tiró de Wally hacia la cama y lo hizo sentarse junto a él, sin decir nada más, solo disfrutando de la compañía del otro.

Wally se recostó contra el colchón, sintiendo cómo la tensión de la misión comenzaba a desvanecerse por completo. No había lugar en el que prefiriera estar, ni compañía mejor que la de Dick en ese momento. Y mientras se acomodaban en la cama, la seguridad de la cercanía del otro les permitió finalmente relajarse.

Antes de quedarse dormido, Wally sintió el brazo de Dick rodeándolo, y no pudo evitar sonreír.

El sol apenas comenzaba a asomarse sobre la devastada ciudad, revelando un paisaje de destrucción y caos. Los edificios, antes majestuosos y llenos de vida, ahora estaban reducidos a escombros y ruinas. El aire estaba impregnado de un olor acre a humo, polvo y algo más sombrío, más desolador. La ciudad, otrora vibrante y llena de esperanza, ahora se asemejaba a un campo de batalla abandonado.

Kaldur, Cyborg, Raven, Kori, Wally, Barry, Aqualad y Chico Bestia estaban en el corazón de la ciudad, donde la devastación era más evidente. Se movían con cuidado entre los restos de lo que alguna vez fueron hogares, oficinas y tiendas, cada paso era una confirmación de la magnitud del ataque. Las explosiones habían sido devastadoras, y ahora les tocaba a ellos hacer lo que podían para aliviar el sufrimiento que había quedado.

Cyborg, con su fuerza mejorada y sus sensores avanzados, era fundamental para mover los escombros más pesados. Usaba sus brazos cibernéticos para levantar vigas de acero y bloques de concreto, revelando a veces pequeños espacios donde podrían haber sobrevivientes o, en muchos casos, cuerpos atrapados. El sonido de su tecnología al activarse y desactivarse era constante, mezclándose con los susurros y lamentos de la ciudad herida.

-Hay más escombros de los que imaginé-comentó Cyborg, su voz resonando por sus altavoces mientras movía una enorme losa de cemento

-Sí...-respondió Kaldur, con su rostro impenetrable, aunque en sus ojos se veía el peso de la responsabilidad-Cada persona que ayudemos es una victoria en medio de esta tragedia.

Kori, flotando a unos metros por encima del suelo, usaba sus poderes para derretir y desintegrar los metales retorcidos que bloqueaban el acceso a algunas áreas. Su rostro, normalmente lleno de calidez y alegría, estaba marcado por la seriedad y el dolor. A veces se detenía, sus ojos brillando con lágrimas que se contenían, al ver los cuerpos sin vida que se encontraban debajo de los escombros.

-Cada vida que se perdió aquí... -murmuró, su voz temblando ligeramente mientras desintegraba otro obstáculo- Todo esto es tan...injusto.

Raven, flotando en su característico campo oscuro, extendía su empatía para buscar entre los escombros cualquier señal de vida. Su habilidad para sentir el dolor de los demás era una bendición y una maldición. Cada alma que tocaba la desgarraba un poco más, pero también la impulsaba a seguir adelante.

-Hay tanto sufrimiento... -susurró, su voz quebrándose mientras señalaba hacia una dirección donde sentía una presencia débil-Alguien sigue con vida bajo esos escombros

Wally y Barry, usando su velocidad, se movían como destellos entre los edificios derrumbados, buscando y rescatando sobrevivientes a un ritmo que nadie más podía igualar. A veces solo encontraban cuerpos sin vida, y la desesperación se asentaba en sus corazones, pero otras veces lograban sacar a alguien, herido pero vivo, y eso les daba la fuerza para continuar.

-¡Aquí!-gritó Wally, mientras levantaba cuidadosamente a una mujer mayor atrapada bajo los restos de lo que parecía haber sido una cafetería-Está viva, pero apenas respira. Necesitamos asistencia médica, ¡rápido!

Barry apareció a su lado en un parpadeo, tomando a la mujer y llevándola a un lugar seguro en segundos. Wally lo siguió, sus ojos recorriendo el caos a su alrededor.

Aqualad, trabajando junto a Kaldur, usaba sus habilidades para controlar el agua y apagar pequeños incendios que aún ardían en algunas áreas. Sabía que las llamas, aunque pequeñas, podrían reavivarse y causar más daño, así que trabajaba con precisión y determinación. Su rostro estaba marcado por la concentración, pero también por el dolor de ver tanto sufrimiento.

-Nunca había visto algo así-dijo Aqualad, su voz apenas audible mientras sus manos manipulaban el agua con destreza-Este nivel de destrucción es... abrumador.

-Lo es-respondió Kaldur, su voz firm

Chico Bestia, usando su capacidad de transformación, se convertía en animales pequeños para entrar en los espacios más reducidos, buscando a aquellos que pudieran estar atrapados y fuera del alcance de los demás. Cada vez que encontraba a alguien, su corazón se hundía un poco más, pero no dejaba que la desesperación lo venciera.

-¡Por aquí, encontré a un niño! -gritó mientras se transformaba de vuelta en su forma humana para ayudar a sacar a un pequeño atrapado bajo los escombros- ¡Está herido, pero sigue con nosotros!


Mientras tanto, Dick, Tim, Damian, Batman y Jason se habían dividido para investigar las zonas donde se creía que habían detonado las explosiones. Con los sentidos agudos y la experiencia de Batman liderando, buscaban pistas que pudieran llevarlos a entender mejor los planes de Talia y la Liga de las Sombras.

-El patrón de estas explosiones está diseñado para causar el máximo daño... Incluso para el mismo que las hace de donar

-O sea que sean inmolado-Dick

-Sí. Y es como si quisieran que viniésemos hacia aquí en un primer lugar cosa que no hicimos.

-¿Estás diciendo que esto es solo una distracción?-preguntó Jason, su voz dura mientras pateaba un pedazo de concreto a un lado.

-Es posible-respondió Batman, sus ojos brillando con una mezcla de ira y preocupació-Talia nunca hace nada sin un propósito mayor.

Damian, manteniendo una distancia prudente, observaba en silencio. Aunque su corazón estaba lleno de rabia, sabía que tenía que mantener la calma y concentrarse en la misión. Su madre había causado todo esto, y aunque sus sentimientos eran complejos, no podía dejar que eso nublara su juicio.

-No podemos permitir que continúe con esto-dijo Damian finalmente, su voz fría como el acero-Debemos detenerla antes de que cause más destrucción.

Quiero matarla...

Quiero matar a mí madre...

Tim, siempre analítico, estaba revisando los restos con un dispositivo especializado, buscando señales de los explosivos que se habían usado.

-Estas bombas... -murmuró, ajustando su dispositivo- Están diseñadas con una precisión casi quirúrgica. Esto no fue solo un ataque, fue un mensaje.

-Sí. "El de darme a Damián"-respondió Dick

-Pero esa no es una opción-Se escucho la voz de Bruce.


En otra parte de la ciudad, Conner, Jon y Clark estaban encargados de retirar los enormes escombros que los demás no podían mover. Su fuerza combinada les permitía levantar y desplazar los bloques más grandes, liberando áreas donde otros héroes podrían buscar sobrevivientes. Cada vez que levantaban un pedazo de escombro, lo hacían con la esperanza de encontrar a alguien vivo, aunque cada vez era más difícil mantener esa esperanza.

-Hay tantos escombros...- murmuró Conner mientras levantaba una viga de acero retorcida-¿Cuántas vidas se han perdido aquí?

-Demasiadas-Respondió Clark, su voz pesada por la culpa

Jon, quien aún estaba aprendiendo a lidiar con la magnitud de este tipo de situaciones, se mantenía concentrado, usando su visión de rayos X para localizar cuerpos entre los escombros.

-Papá, aquí hay alguien-dijo de repente, su voz cargada de urgencia mientras señalaba hacia un montón de escombros a su derecha.

Clark se movió rápidamente hacia donde Jon había indicado, levantando los restos con facilidad. Debajo, encontraron a una joven mujer, apenas consciente pero viva. Conner se acercó rápidamente y la sacó con cuidado.

-Está respirando, pero necesita atención médica inmediata- dijo Conner, su voz tensa mientras veía el estado de la mujer-La llevaré a un lugar seguro.

Mientras el equipo continuaba su trabajo, el peso de la tragedia se hacía cada vez más evidente. A medida que el día avanzaba y el sol alcanzaba su cenit, los héroes seguían luchando contra la devastación, moviendo escombros, ayudando a los heridos y haciendo lo que podían para devolver algo de esperanza a la ciudad. Sabían que la batalla estaba lejos de terminar, pero mientras quedara una vida por salvar, continuarían su lucha.

La devastación en la ciudad era un recordatorio brutal de las consecuencias de la violencia, pero también era un testimonio de la resiliencia de los héroes, que, a pesar del dolor y la pérdida, seguían adelante, enfrentando la oscuridad con la esperanza de traer de vuelta la luz.


Tim se despertó con el sol de la tarde dándole de lleno en la cara, sus rayos cálidos indicaban que había dormido mucho más de lo que esperaba.

Mierda

El agotamiento acumulado por la investigación y las tareas de ayuda le habían pasado factura. Ni siquiera había comido como debería. Se incorporó lentamente, todavía con la cabeza embotada por el sueño profundo en el que había caído. Se pasó una mano por el cabello desordenado, tratando de despejarse, y decidió que una taza de café era lo que necesitaba.

MUY necesaria

Caminó por los pasillos en silencio, el eco de sus pasos apenas se escuchaba en la vasta mansión Wayne. Al girar la esquina hacia la cocina, su camino fue interrumpido por una figura familiar. Jason Todd estaba ahí, apoyado contra la pared con el móvil entre las manos, su chaqueta característica colgando despreocupadamente de sus hombros. Tim apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Jason se inclinara hacia él, levantando una mano para desordenar aún más su cabello, un gesto a la vez irritante y...algo más.

-Vaya, al fin despiertas, Bella Durmiente-soltó Jason con una sonrisa burlona-¿O acaso estabas esperando que un príncipe fuese a darte un beso?

Tim frunció el ceño, sintiendo cómo el calor subía a sus mejillas, ya fuera por la molestia o la vergüenza. Sin embargo, no se apartó. Jason ahora parecía tener esa capacidad de invadir su espacio personal sin previo aviso, y aunque siempre intentaba mantenerse firme, no podía evitar que su corazón diera un vuelco.

-Quizás solo intentaba soñar con algo mejor que tus bromas-replicó Tim, tratando de mantener la compostura.

Jason sonrió aún más, esa sonrisa que decía que disfrutaba molestar a Tim más de lo que debería. Con un toque suave pero firme, mantuvo la mano en su cabello, como si estuviera evaluando algo.

-Puede que tengas razón. Pero bueno, si necesitas a alguien que te mantenga despierto, ya sabes dónde encontrarme -dijo Jason, guiñándole un ojo antes de soltarlo finalmente.

La madre que me parió...

La madre que lo parió y el padre que lo hizo

Tim suspiró, viendo a Jason alejarse con su paso relajado. Intentó centrarse en el café que estaba a punto de preparar.


Tim después de su café se encontraba caminando por las calles destrozadas de la ciudad durante horas, su cuerpo todavía recuperándose de la breve siesta que había tomado.

Iba solo pero tampoco le preocupaba. Sus compañeros no deberían estar muy lejos de él y podían comunicarse por los transmisores de sus oídos.

Se adentró más en las zonas afectadas por las explosiones, buscando cualquier pista, cualquier rastro que pudiera darles algo más, el aire estaba denso con polvo, y el olor a humo persistente se mezclaba con el de la ceniza y los escombros.

Los edificios destrozados parecían fantasmas de lo que habían sido, sus estructuras esqueléticas proyectando sombras largas y amenazantes en el suelo. Tim mantenía sus sentidos alerta, sabiendo que el terreno era peligroso y que un mal paso podría ser fatal.

Mientras avanzaba cuidadosamente por un callejón lleno de escombros, sintió que el suelo bajo sus pies empezaba a temblar ligeramente. Mierda. Antes de que pudiera reaccionar, los escombros sobre su cabeza comenzaron a desmoronarse. Un estruendo llenó el aire, y Tim sintió cómo el suelo se hundía bajo él. Cayó unos metros hacia abajo, aterrizando pesadamente entre más escombros

Por suerte, no se había hecho daño en la caída, pero estaba desorientado. Se levantó rápidamente, su mente ya calculando las posibilidades de escapar antes de que más escombros cayeran. Intentó escalar por el montículo de piedras y vigas rotas que ahora bloqueaban su salida, pero sus botas resbalaron en los restos sueltos. Mientras intentaba encontrar un punto de apoyo, escuchó un crujido alto por encima de él. Miró hacia arriba justo a tiempo para ver un enorme pedazo de concreto desgajándose y cayendo directo hacia él.

Oh, que final más triste el mío.

El tiempo pareció detenerse, su corazón martillando en sus oídos mientras se preparaba para el impacto que nunca llegó.

-¡Tim! -la voz inconfundible de Conner retumbó justo cuando la enorme pieza de concreto fue detenida en el aire, a solo centímetros de su cabeza.

Conner había aparecido de la nada, su velocidad y fuerza asegurando que el peligro fuera contenido en el último segundo. Tim soltó un suspiro de alivio, sus piernas temblando mientras veía cómo Conner apartaba el gran escombro a un lado como si no pesara nada.

-¿Estás bien? -preguntó Conner, su voz todavía cargada de preocupación, aunque trataba de disimularlo con una de sus típicas frases-¿O estás practicando para unirse al club de superhéroes caídos?

-Estoy bien-respondió Tim, su voz más áspera de lo que pretendía- Solo... me he distraído, supongo.

Incomodidad era lo que los envolvía. Aún así, no pudo evitar sentir un cierto alivio de que Conner hubiera estado cerca.

Conner no dice nada simplemente estira su brazo ofreciéndole su mano para ayudarlo a salir del hoyo en el que había caído. Tim acepta el gesto, aunque su contacto fue breve, demasiado breve... Había sentido esa pequeña chispa que surgía cuando los dos se tocaban.

Una vez de pie, Tim se sacudió el polvo de su ropa, sin poder evitar sentirse algo expuesto bajo la mirada de Conner. El silencio se extendió entre ellos, pesado y lleno de todo lo que no estaban diciendo. Finalmente, Tim rompió el hielo.

-Gracias por salvarme...-dijo, casi en un susurro, mientras evitaba la mirada de Conner.

-Siempre lo haré, Tim. Lo sabes-respondió Conner con una pequeña sonrisa.

Tim asintió, sin saber qué más decir. Había tantas cosas no resueltas entre ellos, y ahora no parecía ser el momento para resolverlas. No aquí, no en medio de tanta destrucción.

-Será mejor que sigamos con esto-dijo Tim, tratando de sonar profesional mientras apartaba la mirada.

-Sí, claro-respondió Conner dando unos pasos hacia atrás y alzando suavemente el vuelo-Ten cuidado.

Con un leve asentimiento, Tim comenzó a moverse de nuevo

Damián estaba en la Batcueva, con los puños apretados y la mandíbula tensa. Llevaba horas tratando de ayudar en la misión, analizando datos, revisando los informes de las explosiones, pero sentía que no estaba haciendo lo suficiente. Cada vez que intentaba involucrarse más, Bruce lo detenía, argumentando que era demasiado peligroso. Y eso lo enfurecía.

Finalmente, incapaz de contener su frustración, se acercó a su padre, que estaba revisando algunos archivos en la Batcomputadora.

-¿Por qué no me dejas ayudar, padre?-espetó Damián, su voz dura como el acero-Sé lo que está en juego. Puedo manejarme solo.

Bruce no apartó la mirada de la pantalla, pero Damián vio cómo su mandíbula se apretaba, un indicio claro de la batalla interna que libraba.

-No es una cuestión de si puedes manejarte o no, Damián. Es una cuestión de seguridad. Las explosiones no son lo único en lo que debemos preocuparnos. Tu madre te quiere de su lado y no puedo arriesgarme a que te capture otra vez.

Damián sintió cómo esas palabras encendían una furia profunda en su interior, una que había estado latente desde que había recuperado la conciencia de su tiempo bajo el control de su madre.

La oscuridad comenzó a arrastrarse de nuevo, como raíces venenosas enredándose en su mente, recordándole lo fácil que era caer en ella, lo fácil que sería dejarse llevar por la ira y el resentimiento.

-No soy un niño-gruñó, dando un paso más cerca de Bruce, con sus ojos verdes resplandeciendo de rabia- No puedes mantenerme alejado solo porque temes que me vuelvan a raptar. ¡Soy un Wayne! ¡Soy un Al Ghul! Puedo cuidarme solo.

Bruce finalmente se giró para mirarlo, su rostro inmutable, pero sus ojos mostraban preocupación.

-Precisamente porque eres un Al Ghul, Damián. Tu madre no se detendrá ante nada para recuperarte, y eso te pone en más peligro que cualquiera de nosotros. No puedo permitirme perderte otra vez.

-¿Perderme?-replicó Damián, su voz cargada de amargura-. ¡Me estás perdiendo ahora mismo, padre, con tus malditas restricciones! ¡Si no confías en mí....¡No quiero ser una carga o una debilidad!-El silencio en la cueva se volvió sofocante, cada palabra resonando en el espacio vacío.

Damián sintió la oscuridad presionando más fuerte, el peso de los miedos de su padre mezclándose con los suyos propios. Comenzó a sentirse atrapado, como si cada intento de liberar su frustración solo enredara más sus pensamientos en esa maraña de sombra y dolor.

De repente, la puerta de la cueva se abrió, y Jon apareció, con su expresión habitual de determinación mezclada con suavidad. Había escuchado suficiente para darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.

-¿Qué está pasando aquí?-preguntó Jon, su voz calmada, pero con una firmeza que no admitía discusión.

Bruce y Damián se giraron hacia él, la tensión aún palpable en el aire.

-No es asunto tuyo, Jon-dijo Damián, sin poder evitar sonar un poco áspero, aunque en el fondo sabía que Jon solo intentaba ayudar.

-Damián, lo es-insistió Jon, dando unos pasos más hacia ellos, sin mostrar miedo ante el evidente enojo de Damián-Sé que estás enfadado, pero tienes que entender que tú padre solo intenta protegerte.

Damián soltó una risa amarga.

-¿Protegerme?-repitió, con incredulidad-¡Me mantiene cautivo prácticamente! ¡Como si fuera alguien que no sabe cuidarse solo!

-Lo sé-dijo Jon, mirándolo a los ojos con esa calidez que siempre lograba calmarlo, aunque no quisiera admitirlo- Sé que es difícil, pero tu padre solo quiere lo mejor para ti. Y nosotros también. Todos estamos preocupados, y no es porque no confiemos en ti, es porque ya te capturaron una vez

Damián bajó la mirada, sintiendo cómo las palabras de Jon comenzaban a suavizar las garras de la oscuridad que se cernían sobre su mente. No era justo, sentía que le estaban robando la oportunidad de demostrar que el no le tenía miedo a su madre, que estaba con ellos.

Bruce, observando la reacción de Damián, se relajó un poco, consciente de que Jon había logrado algo que él no había podido: calmar a su hijo.

-Damián-dijo Bruce, su tono más suave ahora- no quiero detenerte. Pero debes entender que hay cosas en juego que van más allá de lo que puedes manejar solo. Tu madre... Talia está más decidida que nunca, y no puedo arriesgarme a que ella te haga daño.

Jon asintió, apoyando a Bruce en ese punto.

-Lo que queremos es que estés seguro, Damián. No estás solo en esto. Si trabajamos juntos, podemos encontrar una manera de lidiar con todo esto sin que nadie salga herido.

Damián respiró profundamente, tratando de despejar la nube de ira que aún lo envolvía. Las palabras de Jon le daban algo en qué apoyarse, un ancla que lo mantenía firme mientras luchaba contra la tentación de dejarse llevar por la oscuridad.

Finalmente, levantó la vista hacia su padre, con la mirada aún desafiante, pero más controlada.

-Bien....-cedió Damián, aunque su tono dejaba claro que no estaba completamente de acuerdo.

Bruce asintió, aceptando esa pequeña victoria. Jon le dio una suave palmada en el hombro a Damián, con una sonrisa tranquilizadora.

-Gracias-Dijo Jon

Damián asintió ligeramente y se marchó de ahí.

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