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Darkness |Damián x Jon|

-29-

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-La verdadera batalla no está en los puños, sino en las decisiones del corazón.-

Damián estaba entrenando en la sala de combate, sus golpes resonando contra el saco de arena con precisión y fuerza. Cada impacto era una descarga, una manera de calmar la inquietud que le carcomía desde la discusión con Jon.

Porque no sabía en qué termino había quedado.

Se enfocaba en la repetición, en la rutina, en la disciplina que su abuelo le había inculcado desde pequeño. Golpe, bloqueo, patada. Repetir. Intentaba ahogar todo lo demás en ese ritmo constante, en esa vorágine de fuerza controlada.

El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de su concentración, y se giró para ver a Dick entrar con el ceño ligeramente fruncido, su expresión habitual de preocupación asomando en sus ojos azules.

-¿Has visto a Tim?-preguntó Dick, apoyándose contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados.

Damián dejó de golpear el saco y se quedó quieto un momento, reflexionando.

-La última vez lo vi cuando salió de patrulla anoche.- Respondió con frialdad, como si la pregunta no le hubiera perturbado en lo más mínimo.

Sin embargo, mientras decía esas palabras, algo en su mente hizo clic. Se enderezó de golpe, mirando a Dick con una creciente sensación de alerta.

El silencio que siguió fue inquietante. Ambos se quedaron quietos, como si el tiempo se hubiera detenido. Eran las siete de la tarde del día siguiente, y Tim no había regresado. Había salido a patrullar, pero no había señales de que hubiese vuelto. Damián maldijo internamente por no haberse dado cuenta antes; había estado tan inmerso en sus propios problemas que no había notado la ausencia de Tim

Sin decir una palabra más, Damián y Dick salieron disparados de la sala de entrenamiento, sus pasos resonando por los pasillos mientras corrían hacia el salón principal, donde ya estaban reunidos varios de los miembros de la familia. La tensión era palpable en el ambiente. Alfred y Jason estaban de pie junto a la chimenea, mientras Conner y Jon se encontraban cerca de la ventana, sus rostros reflejando la misma preocupación que Damián sentía ahora ardiendo en su pecho. Los demás estaban repartidos por el salón.

Nadie habló. El aire estaba cargado de incertidumbre y temor. Damián apretó los puños, furioso consigo mismo por no haber prestado atención antes. Dick apenas había alcanzado a decir lo que pasaba cuando Bruce entró por la puerta del salón, su expresión más sombría y determinada que de costumbre.

-Vamos a buscarlo de inmediato-ordenó Bruce con voz grave, sin admitir objeciones. No había tiempo que perder. Sabían que Tim podía cuidarse solo, pero la ciudad era peligrosa, especialmente de noche, y Tim llevaba fuera demasiado tiempo sin dar señales de vida. Bruce ya estaba repartiendo órdenes, organizando a cada uno de ellos para cubrir diferentes sectores de la ciudad.

Damián sintió un nudo en el estómago. El peso de la responsabilidad y la culpa se asentó sobre sus hombros mientras se preparaba para salir. No importaba cuántas veces pelearan o se distanciaran, Tim era su hermano, y la posibilidad de que algo le hubiese pasado lo llenaba de una furia fría que no podía controlar. Miró a Dick, y por un momento, ambos compartieron una mirada que lo decía todo: no podían permitirse perderlo.

Sin perder más tiempo, todos se pusieron en marcha. La mansión se vació rápidamente mientras cada uno tomaba sus respectivos vehículos y se lanzaban a las calles de Gotham, dispuestos a buscar hasta el último rincón si era necesario. Porque, aunque a veces no lo mostraran, la familia siempre era lo primero, y esta vez, Damián no descansaría hasta asegurarse de que Tim volviera sano y salvo.

-🦇-


Bruce ajustó su intercomunicador, la luz del atardecer tiñendo de naranja las calles de Gotham mientras sus órdenes resonaban con gravedad en los oídos de todos. Su voz, firme y controlada, se impuso sobre el zumbido del viento y los ruidos de la ciudad, alertando a cada uno de los héroes dispersos por diferentes zonas.

-Esto ha sido un error. No podemos asumir que solo irían tras Damián. Todos somos un blanco fácil, y subestimarlos nos ha llevado a esto. Mantengan los ojos abiertos y no bajen la guardia-dijo Bruce, con la voz cortante. Cada palabra cargada con la culpa de no haber anticipado un ataque como este.

Todos estaban desplegados por toda la ciudad, buscándolo sin descanso. Las luces de la ciudad proyectaban sombras alargadas mientras el cielo se oscurecía, y la urgencia crecía con cada minuto que pasaba. El tiempo parecía alargarse de manera insoportable, cada calle, cada rincón de Gotham revisado sin éxito. El miedo y la preocupación se entrelazaban en los gestos y miradas de todos, aunque nadie decía nada. Tim era uno de los suyos, y la posibilidad de que estuviera herido o algo peor era un peso insoportable.

Los minutos se convirtieron en horas. El sol se había escondido ya, dejando paso a una noche sin estrellas, cuando Alfred rompió el silencio con un mensaje que resonó en todos sus intercomunicadores.

-ha llegado un vídeo a casa-la advertencia en la voz de Alfred los alertó de que algo no estaba bien

Sin perder tiempo, todos se dirigieron a la mansión, sus corazones palpitando con ansiedad. Al llegar, encontraron a Alfred esperándolos en el salón principal, con un semblante tenso y preocupado. Les indicó el monitor donde un video estaba listo para ser reproducido.

Bruce fue el primero en acercarse, pulsando play sin dudar. En la pantalla apareció Tim, su imagen descompuesta por las interferencias, atado a una silla. Estaba golpeado, con signos claros de tortura: cortes, moretones y sangre. Había intentado mantener la compostura, pero su respiración agitada y la expresión de dolor en sus ojos eran inconfundibles. Todos los presentes sintieron un nudo en el estómago.

El silencio era sepulcral, roto solo por la respiración contenida de cada uno de los héroes en la habitación. Luego, apareció un hombre de rostro desconocido, con una sonrisa siniestra y una mirada cargada de arrogancia.

-¿Están disfrutando el espectáculo?-dijo, con una voz que resonaba llena de burla y desprecio-Esto es muy simple. Si quieren que su querido Robin regrese a salvo, tendrán que hacer un intercambio. Damián Wayne por Tim Drake. Nada más, nada menos. Tienen veinticuatro horas para decidir. La ubicación les llegará a este dispositivo en cuanto confirmen. No intenten nada estúpido.

El video terminó abruptamente, dejando la pantalla en negro. El silencio que siguió fue como un peso que cayó sobre todos ellos. Cada uno procesaba lo que acababa de ver a su manera: algunos con rabia, otros con miedo, y otros, como Bruce, con una frialdad calculadora. Todos los ojos se volvieron hacia él, esperando su respuesta.

Bruce apretó los puños, su mandíbula tensa mientras contenía la ira que se arremolinaba en su interior. Se obligó a mantener la calma, sus pensamientos ya girando frenéticamente en busca de una estrategia.

-Mantengamos la calma-dijo con firmeza, mirando a cada uno de ellos-No vamos a hacer ese intercambio. Tim no es negociable, y no entregaremos a Damián. Vamos a recuperarlo, pero con nuestros propios términos.

La pantalla del ordenador se iluminó de nuevo, mostrando un mapa de Gotham con un punto de ubicación marcado en una zona industrial casi a las afueras de la ciudad, un área en ruinas y prácticamente desierta. Era el lugar indicado para la entrega, un punto estratégico que favorecía una emboscada. Bruce lo señaló mientras continuaba hablando.

-Es aquí. Un viejo complejo industrial. Es un lugar perfecto para tender una trampa, así que vamos a asegurarnos de que esta sea la última vez que intentan algo como esto. Todos saben lo que tienen que hacer. Prepárense, armen lo necesario y pónganse sus trajes. Nos encontramos en la entrada en veinte minutos. No hay margen para errores.

Damián asintió, aunque el nudo en su estómago no desaparecía. Sabía que esto no era culpa suya, pero el peso de ser el objetivo no dejaba de atormentarlo. Sin embargo, ahora no había tiempo para dudas. Se giró, listo para prepararse, al igual que todos los demás. Esta vez, no solo irían a rescatar a Tim; irían a dejar claro que nadie, absolutamente nadie, se metía con su familia sin pagar las consecuencias.

-Amar es un salto al vacío, con la esperanza de que alguien esté ahí
para atraparte-

Jason se sentía atrapado en una vorágine de emociones que le carcomía por dentro mientras ajustaba su máscara y revisaba sus armas. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Tim atado a esa maldita silla volvía a su mente, más vívida y dolorosa. Las marcas en su piel, los golpes que habían dejado su rostro hinchado y la expresión de dolor contenida, eran como cuchillas atravesándole el alma. Tim siempre había sido fuerte, demasiado terco para rendirse, pero verlo así lo hacía sentirse impotente, y esa impotencia se convertía en una rabia abrasadora que apenas podía contener.

Jason cerró los puños con tanta fuerza que sintió sus uñas clavarse en las palmas. El sudor frío recorría su espalda mientras el enojo hervía dentro de él. Quería gritar, golpear algo, hacer cualquier cosa para liberar esa ira que lo estaba consumiendo. Pero todo lo que podía hacer era apretar los dientes y seguir preparando su arsenal. Porque la única forma de calmar esa tormenta era enfrentarse a quienes se habían atrevido a ponerle una mano encima a Tim.

Voy a matarlos. se repetía una y otra vez, como un mantra. Ni siquiera intentaba convencerse de lo contrario. Era una promesa. No le importaban las reglas de Bruce, ni sus estúpidos códigos sobre no cruzar la línea. Jason ya había cruzado esa línea hacía mucho tiempo, y no tenía intención de retroceder ahora. Los culpables iban a pagar con sangre, porque esa era la única moneda que entendían.

Mientras insertaba una bala en el tambor de su pistola, pensó en todas las veces que había estado en la posición de Tim, en esas noches de dolor y tortura donde lo único que lo mantenía en pie era la promesa de venganza. Tim no se merecía esto, no después de todo lo que había pasado, no después de todas las veces que había probado su valía.

-Voy a hacerlos pagar -murmuró Jason entre dientes, sus ojos ardiendo de odio. Cada bala que cargaba, cada cuchillo que guardaba, era una promesa. No solo iba a rescatar a Tim, iba a asegurarse de que los que le habían hecho esto supieran lo que era el verdadero miedo.

No le importaba lo que Bruce dijera, ni sus planes cuidadosos y sus advertencias de no dejarse llevar. A la mierda con eso. La imagen de Tim torturado estaba grabada a fuego en su mente, y lo único que podía aplacar su furia era la idea de tener a esos bastardos suplicando por sus vidas, rogando por un perdón que Jason jamás les concedería.

Las reglas estaban hechas para romperse, y nadie, ni siquiera Bruce, iba a detenerlo esta vez. Ajustó la correa de su arma y se aseguró de que todo estuviera en su lugar antes de dirigirse a la entrada. En su mente, las caras de los hombres que aparecerían esa noche ya estaban marcadas con una cruz. No habría piedad. No habría compasión.

Era solo cuestión de tiempo antes de que esos hijos de puta entendieran el error que habían cometido al tocar a uno de los suyos.


-No puedes controlar a quien amas, pero puedes elegir cómo amar.-

Jon abrió la puerta de la habitación de Damián con cautela, encontrando a su novio ajustando la última parte de su traje, su rostro tenso, como si estuviera a punto de quebrarse. Jon se acercó y se plantó delante de él, bloqueando su camino, decidido a que Damián lo escuchara.

-Esto no es tu culpa, Damián- insistió Jon, su voz calmada pero firme.

Damián apretó la mandíbula, sin mirarlo, sus manos temblando apenas perceptiblemente mientras ajustaba los guantes de su traje.

-Lo sé-contestó, con un tono seco, carente de toda convicción.

-Damián, no es tu culpa.

Fue como si esas palabras fueran un detonante. De repente, Damián estalló, su rabia y frustración desbordándose en cada palabra que salía de su boca.

-¡Odio a mi madre! ¡La odio a ella y a todo lo que está planeando!-gritó, su voz quebrándose por la furia y la impotencia-Odio no poder matarla ahora mismo, odio que todo lo que toca se convierta en sufrimiento. Y ahora, por su culpa, Tim está sufriendo y no puedo...

Jon se acercó más, atrapando las mejillas de Damián entre sus manos, obligándolo a mirarlo. Los ojos verdes de Damián, normalmente tan impenetrables, estaban nublados por el odio y la culpa. Jon sostuvo su mirada con una determinación tranquila, con la certeza de que, aunque todo parecía desmoronarse, aún quedaba esperanza.

-Vamos a rescatar a Tim-dijo Jon con firmeza, su voz baja y cargada de convicción-Y todo va a estar bien.

Damián soltó el aire que había estado conteniendo, el peso de sus emociones escapando con cada respiración entrecortada. Sus hombros se relajaron ligeramente, y sus manos dejaron de temblar.

-Jon...-susurró, su voz quebrada por la vulnerabilidad- ¿Puedo besarte?

Jon asintió sin dudarlo, y en segundos los labios de Damián estaban sobre los suyos. Fue un beso lleno de desesperación y necesidad, un refugio momentáneo en medio del caos. Jon sintió el dolor de Damián en cada movimiento, la furia, el miedo y, sobre todo, el amor que compartían, un ancla en medio de la tormenta.

-🦸🏻-

Mientras tanto, en una habitación cercana, Conner caminaba de un lado a otro, tratando de contener el impulso de salir volando y arrasar con todo aquel que se hubiera atrevido a lastimar a Tim. El pensamiento de Tim, su Tim, atado y herido, le arrancaba un dolor visceral, como si le hubieran arrancado los pulmones y ahora le costara respirar. Sentía cada latido como un puñal clavándose más profundo, una mezcla de ira y terror que apenas podía controlar.

No puedo quedarme aquí sin hacer nada. pensó, su mente llena de imágenes de Tim sufriendo. No sabía cuánto más podía soportar la espera. Estaba seguro de que podría acabar con todos los responsables si se lo permitían, si tan solo le dieran la oportunidad. Pero sabía que no sería tan fácil. Esto no era una batalla simple, no era solo cuestión de fuerza. Tim necesitaba algo más que su ira descontrolada, necesitaba que pensaran y actuaran con estrategia.

Clark entró en la habitación en ese momento, notando el temblor de furia contenida en los músculos tensos de Conner.

-Respira, Conner-le dijo Clark, su voz calmada pero firme, una guía en medio del caos que se arremolinaba en la mente de su hijo.

Conner soltó un gruñido, sus manos cerrándose en puños a los costados.

-No puedo...-susurró, con la voz rota y los ojos brillantes de impotencia- Siento que me han arrancado los pulmones. No puedo pensar, no puedo respirar sabiendo que Tim está ahí, sufriendo. No puedo quedarme quieto...

Clark asintió, recordando un dolor similar, una desesperación que lo había consumido en el pasado.

-Sé cómo te sientes-dijo suavemente, su mirada llena de empatía- Cuando secuestraron a Lois, sentí exactamente lo mismo. Como si el mundo entero se desmoronara a mi alrededor y no pudiera hacer nada para detenerlo. Pero, Conner, la desesperación no va a salvar a Tim. Lo traeremos de vuelta, lo prometo.

Las palabras de Clark atravesaron el caos que nublaba la mente de Conner, dándole un momento de claridad en medio de su tormenta interna. No estaba solo. Tenía a su padre, a su familia, y todos harían lo imposible para traer a Tim de vuelta. Conner asintió, con la mandíbula apretada, decidido a seguir adelante. Tim iba a regresar con ellos, y se aseguraría de que nadie volviera a lastimarlo jamás.

-Amar no es cuestión de ganar o perder; es cuestión de seguir intentándolo.-

El ambiente estaba tenso, y el aire parecía cargado de electricidad mientras todos aguardaban en sus posiciones, esperando la señal de Bruce para iniciar la operación de rescate. Jason y Conner habían terminado formando equipo, una decisión que Bruce había tomado sin considerar las emociones complicadas que los unían; ambos estaban enamorados de la misma persona

Jason mirada fija en la entrada del edificio abandonado donde retenían a Tim. Su mente no dejaba de imaginar todas las maneras en las que haría pagar a los secuestradores. Mientras tanto, Conner se mantenía en silencio, su mirada igual de feroz y decidida, pero con una tristeza contenida. Era un silencio pesado, incómodo, y finalmente Jason decidió romperlo.

-No te interpongas en mi camino-soltó Jason sin mirarlo, su tono cargado de amargura-No me importa lo que Bruce haya dicho sobre no matar a nadie. Pienso acabar con cada uno de esos bastardos.

Conner se mantuvo en su sitio, su postura rígida, pero con la mirada clavada en el edificio.

-No voy a interponerme, Todd. Solo quiero recuperar a Tim. Y créeme, tampoco pienso tener piedad con ninguno de los que haya ahí dentro-respondió Conner, su voz baja, pero cargada de una amenaza palpable.

Jason soltó una risa seca, una mezcla de incredulidad y desdén. Giró la cabeza y lo miró de reojo, con esa expresión entre divertida y despreciativa que siempre había irritado a Conner.

-Mira que lo cuidas más ahora, cuando no sois nada, que cuando erais novios-comentó Jason con un tono burlón, pero también con una punta de resentimiento que no se molestó en disimular.

Conner lo miró, sus cejas frunciéndose. Sabía que Jason estaba jugando con él, tocando donde más dolía, pero no podía negar que aquellas palabras lo afectaban más de lo que quería admitir.

-Tú no lo entenderías- respondió Conner, su voz firme, pero había un temblor casi imperceptible que delataba lo difícil que era para él hablar de eso.

Jason chasqueó la lengua, como si no pudiera creer lo que estaba oyendo, y se cruzó de brazos, apoyándose contra una pared cercana.

-Claro que lo entiendo. Tim me lo contó una vez, ¿sabes? Me dijo que fuiste un orgulloso de mierda. Que todo se fue a la mierda por una maldita misión. Que si él no iba a hablar contigo, tú tampoco ibas a dar el paso.

Conner apretó los dientes, el comentario le caló profundo, removiendo recuerdos dolorosos. No podía negar lo que Jason decía. Había sido un idiota, un orgulloso que se había refugiado en su propia obstinación en lugar de dar el paso necesario para arreglar las cosas con Tim.

Jason se acercó un poco más, sus ojos azules perforando los de Conner con una mezcla de desafío y resentimiento.

-Si de verdad lo amases, nunca lo habrías dejado alejarse así. No lo habrías dejado llorar solo por tu orgullo. Por tu maldita incapacidad de admitir que habías cometido un error.

Conner sintió cómo las palabras de Jason le atravesaban como una lanza. Había un nudo en su garganta, una mezcla de rabia y arrepentimiento.

-Yo también lo pasé mal, ¿sabes?-dijo Conner, su voz quebrándose ligeramente, pero manteniendo la firmeza en sus palabras-No fue fácil para mí.

Jason lo miró por un largo momento, como si valorara si realmente creía en lo que Conner decía. Luego, suspiró, con un gesto de cansancio y resignación.

-Puede que lo pasaras mal, Conner, pero Tim lo pasó peor. Prefiriste quedarte en tu orgullo que ir a buscar a la persona que amas. Por tu culpa sufristeis los dos.

Conner no dijo nada más. Sabía que Jason tenía razón, y ese peso lo había estado cargando durante mucho tiempo. Pero ahora, mientras esperaban la señal para entrar y rescatar a Tim, solo tenía una cosa clara: no iba a perder otra oportunidad. No otra vez. No con Tim.

Jason mantuvo la mirada fija en Conner, midiendo cada una de sus reacciones, disfrutando a medias de la manera en que sus palabras parecían ir horadando lentamente la fachada de calma que Conner intentaba mantener. Jason tenía una manera única de irritar a la gente, y sabía que con Conner era aún más fácil. Las emociones de Conner eran como un libro cuando se trataba de Tim.

-¿Y si Tim me elige a mí?-preguntó Jason de repente, rompiendo el incómodo silencio que se había formado entre ellos. Era una pregunta lanzada a quemarropa, diseñada para golpear justo donde más dolía.

Conner apretó los puños, sintiendo la furia burbujear bajo su piel. Sus ojos se fijaron en Jason, pero trató de no dejarse llevar, de no mostrar cuánto lo estaba afectando. Respiró profundamente, conteniendo el torrente de emociones que amenazaba con desbordarse.

-No voy a dejar ir a Tim otra vez-respondió Conner con firmeza, su voz baja pero cargada de una determinación inquebrantable.

Jason soltó una risa amarga, una mezcla de burla y rabia contenida.

-Ya lo hiciste una vez. Lo dejaste ir-Jason se inclinó un poco hacia él, como si quisiera asegurarse de que sus palabras calaran aún más hondo-Y te aseguro que esa noche con Tim...-Jason hizo una pausa deliberada, disfrutando del ligero temblor en el semblante de Conner- No fue solo por rabia o despecho. Fue jodidamente increíble.

Conner sintió un pinchazo en el pecho, una mezcla de celos y culpa lo invadió, pero trató de mantener la compostura. Su mirada se volvió más afilada, y su voz, aunque tranquila, estaba teñida de dolor.

-Sé que me merezco ese dolor -dijo Conner, bajando un poco la cabeza. Se lo repetía a sí mismo, como un mantra. Sabía que había fallado, y ahora estaba pagando el precio por ello.

Jason soltó una carcajada seca, como si no pudiera creer la resignación de Conner. Pero había algo más en su risa, algo más oscuro y personal. Decidió ir aún más lejos, empujando a Conner hasta el borde.

-¿Sabes qué es lo mejor? Que fue conmigo. Conmigo, porque tú fuiste un cobarde y no supiste mantenerlo. Y, por cierto, Tim sabe exactamente lo que quiere y cómo hacerlo. -Jason sonrió con suficiencia, disfrutando de cada palabra, sabiendo que estaba tocando los puntos más sensibles de Conner-Tim es una maldita maravilla.

Hubo un largo silencio entre los dos. Conner respiró profundamente, intentando mantener la calma, pero las palabras de Jason eran una herida abierta. Sin embargo, en lugar de estallar, Conner se limitó a mirarlo, sus ojos brillando con una mezcla de tristeza y furia contenida.

-¿Sabes por qué dices eso, Jason?-preguntó Conner finalmente, su voz calmada, pero con un tono de desafío- Porque en el fondo sabes que Tim va a elegirme a mí. Y esa rabia que sientes, esa necesidad de presumir lo que pasó, solo es porque sabes que, al final del día, Tim no va a volver a ti.

Jason se quedó en silencio por un momento, sus ojos destellando con una mezcla de ira y algo parecido al miedo. Sabía que Conner tenía razón, pero no lo admitiría. No frente a él. En lugar de eso, simplemente chasqueó la lengua y apartó la mirada, su mandíbula tensa.

Jason soltó un bufido, cruzando los brazos con una mezcla de frustración y resentimiento. Miró a Conner de reojo, consciente de la seguridad con la que hablaba sobre Tim, esa convicción que parecía inquebrantable. Algo en la certeza de Conner lo irritaba más de lo que quería admitir, como si cada palabra fuera un recordatorio de algo que Jason no podía cambiar.

-No sabes si Tim te elegirá-dijo Jason, intentando aferrarse a la última gota de orgullo que le quedaba. Sus palabras salieron más duras de lo que pretendía, llenas de veneno y rabia contenida.

Conner lo miró con una calma casi exasperante, sin rastro de duda en su expresión. Sus ojos brillaban con esa mezcla de esperanza y amor que siempre llevaba consigo cuando pensaba en Tim.

-Sí lo sé, Jason-respondió Conner, con una certeza que hizo que las palabras resonaran como una sentencia- Mientras tú lo insultabas, yo soñaba con besarlo y protegerlo. No importa cuántas veces lo haya arruinado, siempre he querido lo mejor para él, incluso cuando no sabía cómo dárselo.

Jason apretó la mandíbula, sintiendo que sus propias palabras se volvían contra él. La furia latente se transformó en algo más doloroso, una mezcla de resignación y celos que lo devoraban desde dentro.

-Siempre serás el puto perro que le va detrás-espetó Jason, con una risa amarga y despectiva- Siempre el que lo sigue como un cachorrito necesitado.

Pero mientras las palabras salían de su boca, Jason no pudo evitar perderse en sus propios pensamientos. Una parte de él sabía que, por mucho que intentara negarlo, Tim y Conner estaban destinados a estar juntos. Era algo que había visto desde hacía mucho tiempo, algo que había intentado ignorar por su propio orgullo, por el dolor que cargaba en silencio.

Cada mirada de Conner hacia Tim, cada gesto de protección, cada maldito sacrificio, todo apuntaba a una sola cosa: Conner estaba dispuesto a darlo todo por Tim, y eso era algo que Jason, a pesar de todo, no podía cambiar. Había sido testigo de lo que significaban el uno para el otro, incluso cuando no estaban juntos. Había visto el amor en los ojos de Tim cada vez que hablaba de Conner, y aunque había tratado de convencerse de que podía ser diferente, en el fondo siempre supo que Tim nunca dejaría de amar a Conner.

Jason bajó la mirada, su mente llena de recuerdos y reproches silenciosos. Sabía que, por mucho que intentara desafiar a Conner, había cosas que estaban más allá de su control. Tim y Conner siempre encontrarían el camino de regreso el uno al otro, porque eso era lo que hacían. Era una verdad dolorosa, pero también inevitable. Jason soltó un suspiro resignado, incapaz de seguir luchando contra lo evidente.

-Supongo que yo soy el idiota que quiso cambiar lo inevitable-murmuró para sí mismo, apenas audible, mientras la amargura se asentaba en su pecho. Sabía que Conner tenía razón, y por primera vez, Jason no tuvo la fuerza para discutirlo.

-Te lo juro por encima mía no pasas
Y si quieres destrozarlo, me tumbas a mí primero.

De Bruce quien siempre quiso proteger a Tim-

El ambiente era tenso.
El equipo se preparaba para la misión. Bruce había dado la señal, y todos se movieron en silencio hacia sus posiciones, cada uno consciente de lo que estaba en juego. Tim era más que un compañero; era un hermano, un amigo, una parte indispensable del equipo.

En el interior del oscuro edificio abandonado en las afueras de la ciudad, Jason y Conner se mantenían agazapados, listos para el asalto. Sus respiraciones eran pesadas, llenas de furia contenida y determinación. Bruce los había colocado juntos, quizás por ignorancia o tal vez con la intención de controlar la situación, pero los dos sabían que apenas se sostenían al borde del abismo. Jason miró a Conner de reojo, recordando la conversación previa; su rabia seguía intacta, alimentada por el deseo de venganza.

Conner estaba nervioso, pero decidido. Tim era su alma gemela, y no había fuerza en el universo que lo detuviera de salvarlo. Sin embargo, la presencia de Jason lo incomodaba; había algo en el aura oscura del vigilante que lo ponía a la defensiva. Jason, por su parte, apretaba su arma con fuerza, sintiendo la fría determinación de acabar con cualquiera que se interpusiera en su camino.

-Mantén la calma, no queremos bajas innecesarias- susurró Conner, aunque sabía que sus palabras caerían en oídos sordos.

-Para ti, esto es rescatar a Tim. Para mí, es ajustar cuentas- respondió Jason con una sonrisa torcida y fría, la oscuridad reflejada en sus ojos.

Los intercomunicadores en sus oídos crepitaron con la voz de Bruce: Es la hora. Entren y saquen a Tim. Todos saldrán de ahí con vida.

Conner y Jason se lanzaron al frente, atravesando los pasillos oscuros del edificio con movimientos rápidos y precisos. Las puertas caían bajo el peso de sus golpes, y los guardias no tuvieron ni una sola oportunidad. Jason disparaba sin piedad, cada bala una sentencia de muerte. Un guardia trató de alzar su arma, pero Jason fue más rápido, vaciando su pistola en su pecho sin titubear. Sus ojos eran fríos, vacíos de compasión. Para él, estos hombres ya estaban muertos desde el momento en que pusieron las manos sobre Tim.

Conner, en contraste, usaba su fuerza sobrehumana para abrirse paso. Agarraba a los enemigos y los lanzaba contra las paredes como si fueran muñecos de trapo, tratando de no matarlos pero sin demasiada consideración por su bienestar. Había un único objetivo en su mente: llegar a Tim. Sin embargo, cuando vio cómo Jason disparaba a quemarropa a otro guardia, Conner se detuvo.

-Jason, basta-gritó Conner, pero el vigilante lo ignoró, avanzando con una brutalidad que incluso a Conner le parecía excesiva.

Mientras tanto, afuera del edificio, Dick y Wally dirigían a los Titanes en un combate frenético contra los secuaces que custodiaban la entrada. Kori lanzaba rayos de energía, Raven utilizaba su magia para contener a los enemigos, y Cyborg disparaba con precisión desde la distancia. La batalla era intensa, pero el equipo estaba bien coordinado, una maquinaria bien engrasada. Dick giró su bastón con habilidad, derribando a un atacante que intentaba alcanzarlo.

-¡No podemos permitir que pasen!-gritó Dick mientras Wally, con su velocidad supersónica, desarmaba a varios guardias antes de que pudieran siquiera parpadear.

Dentro del edificio, Damian avanzaba solo, decidido y furioso. Había crecido acostumbrado a la violencia, pero esta vez sentía una ira diferente, una que lo arrastraba hacia un lugar oscuro. Ver a Tim atado y lastimado en el video lo había llenado de un odio que no podía contener. Es mi culpa. Tenía una rabia visceral hacia su madre y todo lo que ella representaba. Damian había jurado que no se dejaría consumir por la oscuridad, pero hoy estaba dispuesto a romper todas sus promesas.

Esto podría haberle llegado a pasar a Jon.

Damián golpeó a un guardia con un gancho de derecha y luego lo remató con un golpe seco en la mandíbula. No se detenía, no pensaba. Solo actuaba. Los enemigos caían a su paso como hojas en otoño. Sin embargo, cuando se enfrentó a uno de los capitanes de la organización, algo cambió. El hombre, con una sonrisa desquiciada, mencionó a su madre, burlándose del joven heredero de los Wayne. Fue la gota que colmó el vaso.

-Tu abuelo se sentiría completamente decepcionado de en quien te has convertido-dijo el capitán con una risa maliciosa.-Alguien débil.

Damian se lanzó sobre él con una furia que nunca antes había sentido. Cada golpe era más brutal que el anterior, sin control, sin piedad. El hombre intentó defenderse, pero Damián no le dio tregua. Lo estaba matando, y ni siquiera se daba cuenta.

Jon llegó justo a tiempo para ver la escena y su corazón se detuvo al ver a Damian perdiendo completamente el control. Se abalanzó sobre él, agarrando sus brazos y separándolo del hombre, que apenas respiraba.

-¡Damián, basta! ¡Detente!-gritó Jon, sacudiéndolo para hacerlo reaccionar.

Damián, aún cegado por la ira, se resistió, pero Jon lo sostuvo con fuerza, mirándolo a los ojos.

-No eres así, Damian. No eres como ellos.

Los ojos de Damian parpadearon, la furia y el dolor se mezclaron en su mirada. Jon, aún sujetándolo, se inclinó y, sin decir más, lo besó, un acto desesperado para traerlo de vuelta. Damian se quedó quieto, cerrando los ojos y soltando un suspiro contenido. Sabía que Jon tenía razón, pero el dolor era difícil de controlar.

Débil

débil

débil

-Vamos a sacarlo de aquí- murmuró Jon suavemente, y Damian asintió, recomponiéndose.

Por eso Tim estaba aquí.

Por su culpa.

En otro sector del edificio, Bruce, con precisión quirúrgica, lideraba a su equipo, abriendo paso hasta llegar a la sala donde Tim estaba retenido. El joven Robin estaba atado a una silla, su rostro marcado por los signos de tortura. A su lado, el líder del grupo enemigo observaba con una sonrisa.

-Llegaron justo a tiempo para nuestra pequeña negociación- dijo con una voz fría, levantando un arma y apuntando a Tim.

Jason no esperó a que Bruce diera la orden. Se lanzó al frente, su ira desenfrenada guiando sus acciones. El líder disparó, pero Jason fue más rápido, usando su cuerpo para desviar el proyectil antes de que alcanzara a Tim. Sin dudarlo, apretó el gatillo de su arma y disparó una ráfaga de balas directas al pecho del líder. No hubo compasión, solo una ejecución calculada y fría.

Tim abrió los ojos lentamente, todavía aturdido por el dolor. Vio a Jason, cubierto de sudor y sangre, mirándolo con una mezcla de ira y alivio.

-Te sacaremos de aquí-dijo Jason, con una voz ronca, antes de desatar las cuerdas que lo mantenían prisionero.

Bruce los guió hacia la salida, asegurándose de que no quedaran más amenazas en el camino. El equipo se reagrupó afuera, donde los Titanes habían terminado de neutralizar a los últimos guardias. Tim, débil pero consciente, miró a cada uno de ellos, sintiendo la fuerza del vínculo que los unía.

-Lo logramos-dijo Dick, abrazando a Tim con fuerza, incapaz de contener las lágrimas de alivio. Tim siseo- Perdón.

Pero en medio del alivio, todos sabían que esta victoria tenía un precio. Los límites se habían cruzado, la oscuridad había tocado a varios de ellos, y las heridas, aunque invisibles, estaban ahí, profundas y difíciles de sanar. Cada uno cargaba su propio peso, pero por ahora, lo importante era que Tim estaba a salvo.


-Amar es un acto de coraje, pero también de vulnerabilidad absoluta.-

Regresar a la mansión fue un alivio agridulce para todos. El eco de la batalla aún resonaba en sus mentes, y el aire estaba cargado con una mezcla de cansancio y dolor. Dick ayudaba a Tim a subir las escaleras, sosteniéndolo con firmeza pero con la delicadeza de quien cuida un tesoro. Tim, pálido y herido, apenas podía mantenerse en pie, pero se apoyaba en Dick con una pequeña sonrisa, tratando de restarle importancia a su estado.

Alfred, siempre observador, notó la mirada fija de Conner, que no apartaba los ojos de Tim. Cuando Dick y Tim se acercaron al final de las escaleras, Alfred se volvió hacia Conner y, con un gesto solemne, le extendió el botiquín de primeros auxilios.

-Si quieres hacerlo tú, creo que Tim lo agradecerá-dijo Alfred, con una pequeña sonrisa.

Conner asintió de inmediato, tomando el botiquín con manos temblorosas. Subió detrás de ellos, su corazón latiendo rápido por la mezcla de preocupación y un deseo profundo de estar ahí para Tim.

Al llegar a la habitación, Dick miró a Conner con una sonrisilla.

-Cuídalo bien, Conner. Más te vale, o tendré que sacar esa kryptonita que tengo guardada -Conner asintió. Tim, débil pero consciente, observó la interacción sin decir nada, solo dejando escapar una pequeña sonrisa.

Una vez que Dick se marchó, el silencio se apoderó de la habitación. Conner miró a Tim, buscando las palabras adecuadas pero sin saber cómo empezar. Finalmente, decidió actuar. Ayudó a Tim a desnudarse con cuidado, sus manos temblando ligeramente al tocar la piel magullada de su amigo. A pesar de la incomodidad, Tim dejaba que Conner hiciera lo necesario, relajándose al ver la genuina preocupación en su rostro. Conner lo levantó en brazos, como si fuera una princesa, y lo llevó hasta la ducha. Tim soltó una pequeña risa.

-No es necesario que hagas todo esto-murmuró Tim, dejándose apoyar contra la pared mientras Conner regulaba la temperatura del agua.

-Quiero hacerlo-contestó Conner, un leve rubor en sus mejillas.

Abrió la ducha y empezó a enjuagar suavemente a Tim, dejando que el agua tibia arrastrara la suciedad y el sudor. Con movimientos cuidadosos, enjabonó su cuerpo, evitando las zonas lastimadas con especial atención. Tim, sintiéndose vulnerable pero sorprendentemente cómodo, dejó que Conner lo atendiera en silencio.

-No esperaba tener un baño asistido hoy-dijo Tim en tono juguetón, intentando romper la tensión. Conner sonrió levemente, aunque no podía ocultar lo mucho que lo afectaba ver a Tim en ese estado.

-Tú solo relájate. Yo me encargo de todo-respondió Conner, tratando de sonar más seguro de lo que se sentía.

Tim lo miró de reojo, notando el nerviosismo en su expresión.

-¿Sabes? podrías pensar una excusa mejor para verme desnudo-dijo Tim, sonriendo pícaramente.

Conner, completamente sonrojado, comenzó a tartamudear, sin saber cómo responder a la broma.

-¡N-no es eso! Yo... solo...-intentó explicar, pero se dio por vencido, rindiéndose al ver la risa en los ojos de Tim.

Después de la ducha, Conner envolvió a Tim en una toalla y lo ayudó a secarse con cuidado. Tim intentó caminar por su cuenta, pero sus piernas aún temblaban. Conner lo levantó de nuevo, llevándolo hasta la cama. Tim dejó escapar una risita suave, más relajado después del baño.

-Esto también podía hacerlo solo, ¿sabes?-murmuró Tim, dejándose caer suavemente sobre el colchón.

-Sí-respondió Conner.-pero yo también quería volver a ayudarte.

Tim lo observó, y aunque las bromas seguían presentes, había una sinceridad en sus palabras que lo tocaba profundamente.

Conner se dispuso a curar las heridas de Tim, sacando los suministros del botiquín. Desinfectó cortes y magulladuras, sus movimientos cuidadosos mientras envolvía una venda alrededor de la muñeca de Tim. La atmósfera se había vuelto más tranquila, casi íntima.

-¿Tú estás bien? -preguntó Tim de repente, su voz suave. Conner se detuvo un momento, sorprendido por la pregunta.

-Sí. A peores me he enfrentado-dijo Conner con una media sonrisa, terminando de ajustar la venda. Sabía que las palabras no bastaban para expresar lo que sentía, pero Tim parecía entenderlo de todos modos.

Después de ayudarlo a ponerse el pijama, Conner tomó las pastillas que Alfred había dejado sobre el botiquín y se las entregó a Tim, quien las tomó sin rechistar. Una vez que Tim estuvo acomodado en la cama, Conner se puso de pie, dispuesto a marcharse.

-¿Te quieres quedar?-preguntó Tim, su voz cargada de una vulnerabilidad que rara vez mostraba.

Conner dudó, mirando su propia ropa sucia y sintiendo la incomodidad de todo lo que había pasado.

-Estoy sucio.-Tim sonrió, señalando el armario.

-Todavía hay ropa tuya ahí.

Conner asintió, abriendo el armario y sacando algo de ropa limpia. Se dirigió al baño, donde se dio una ducha rápida pero necesaria, intentando procesar la intensidad de la situación. El agua corrió sobre su piel, limpiando no solo la suciedad sino también parte del peso que sentía en su pecho.

Cuando salió del baño, secándose el pelo con una toalla, encontró a Tim medio dormido, pero aún lo suficientemente despierto para mirarlo con una sonrisa adormilada. Tim hizo un hueco en la cama, invitándolo sin palabras.

Conner se acercó con cuidado, su corazón latiendo con fuerza. Se deslizó bajo las sábanas, tumbándose junto a Tim, quién se giró hacia él, acomodándose contra su pecho con un suspiro satisfecho. Conner, aún nervioso, pasó un brazo alrededor de él, manteniendo el contacto suave pero constante.

-Gracias-murmuró Tim, cerrando los ojos mientras se acurrucaba más cerca.

Conner lo observó en silencio, sintiendo que por fin, después de tanta angustia, estaban donde debían estar. No había más palabras necesarias. A veces, simplemente estar era suficiente. Mientras Tim se quedaba dormido en sus brazos, Conner se permitió cerrar los ojos también, sabiendo que, al menos por esa noche, todo estaría bien.

-Gracia a tí...

-No hay nada más poderoso que un corazón que entiende a otro-

Nada más llegar a la mansión, Damián se dirigió a su habitación sin dirigirle una palabra a nadie. Cerró la puerta tras de sí con más fuerza de la necesaria, y el sonido del golpe resonó en el silencio de la habitación. Se apoyó contra la puerta, dejando que su espalda se deslizara lentamente hasta que sus piernas no pudieron sostenerlo más. Se quedó ahí, sentado en el suelo, sintiendo cómo la ansiedad empezaba a recorrerle las venas como un veneno lento y abrasador.

Su mente era una maraña de pensamientos oscuros, una neblina espesa que no le dejaba pensar con claridad. Cada respiración se sentía como un esfuerzo titánico mientras los recuerdos de la misión y de lo que acababan de vivir se arremolinaban en su cabeza. No podía evitar pensar en cómo todo eso era culpa de su madre, de sus malditos juegos y manipulaciones. Se lo repetía una y otra vez: si algo le pasaba a Tim, nunca se lo perdonaría.

Pero su mente no se detenía ahí. Comenzó a imaginar lo que podría haber pasado si Jon hubiera estado en peligro, si las cosas se hubieran torcido aún más. Su madre no tenía límites; sabía que para ella todo era un juego de poder, un tablero. Y la idea de que Jon, su Jon, pudiera verse atrapado en eso lo llenaba de un pánico que no estaba acostumbrado a sentir. El miedo era una emoción que Damián no manejaba bien; estaba acostumbrado a la rabia, a la culpa, incluso al odio. Pero el miedo... eso era diferente. Se sentía fuera de control, débil, y lo odiaba.

Llevó sus manos a su cabello, tirando de él con frustración, como si de alguna manera eso pudiera aliviar el caos en su interior. No podía dejar de pensar en todos los "qué pasaría si..." que lo atormentaban. Se odiaba por no haberlo visto venir, por no haber protegido a Tim, por no haber sido lo suficientemente fuerte. Por permitir que su madre, una vez más, le ganara la partida.

El tiempo pasó sin que lo notara. No sabía cuánto llevaba ahí, cuando se había movido, perdido en su propio tormento, cuando de repente escuchó la puerta de su habitación abrirse lentamente. Levantó la vista y vio a Jon, vestido ya con ropa normal, una camiseta holgada y unos jeans que se veían extraños después de verlo toda la noche en su traje de combate. Jon lo miró con una preocupación tan genuina que a Damián casi le dolió.

-¿Estás bien?-preguntó Jon, con la voz suave pero cargada de inquietud.

Si no recuerdas lo mucho que te quiero
Yo te lo diré

Damián negó en silencio, incapaz de hablar. No estaba bien. Nada estaba bien. Jon lo entendió sin que Damián tuviera que decir nada. Sin pronunciar palabra, se acercó y tomó la mano de Damián con ternura, sus dedos cálidos envolviendo los suyos con una seguridad que Damián no sabía cuánto necesitaba. Jon lo guió lentamente hasta el baño, con una dulzura que desarmó las últimas defensas de Damián.

Jon comenzó a desvestirlo con cuidado, sus movimientos suaves y meticulosos, como si no quisiera romperlo más de lo que ya estaba. Damián no podía evitar sentirse vulnerable, pero la calma que Jon le transmitía lo hacía seguir adelante. Mientras Jon tarareaba suavemente, Damián reconoció la melodía de inmediato: "Style" de Taylor Swift. Era una de las canciones favoritas de Jon, y escucharla de sus labios, aunque solo fuera en un murmullo, le provocó una mezcla de alivio y nostalgia.

En un mundo de caos, la presencia de Jon es el único orden que Damián reconoce.

Cuando Jon terminó de desvestirlo, abrió la ducha y ajustó la temperatura del agua hasta que estuvo tibia. Damián entró, dejando que el agua caliente le recorriera la piel, lavando parte de la tensión que llevaba encima. Jon se unió a él, tomando un poco de champú y empezando a enjabonar su cabello con movimientos lentos y delicados. Damián cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación. El agua y las manos de Jon parecían arrastrar todo lo malo, aunque solo fuera por un momento.

-Sabes...-comenzó Jon, un leve sonrojo coloreando sus mejillas mientras seguía tarareando la canción-Esta canción me recuerda a ti.

Damián abrió los ojos, sorprendido por la confesión.

-¿A mí?-preguntó Damián, sintiendo un extraño nudo en la garganta. Jon asintió, sin dejar de sonrojarse.

-Sí, no sé... Es algo en la letra, en la melodía... No puedo evitar pensar en ti cada vez que la escucho.

Damián sintió una punzada de culpabilidad, algo que ya se estaba volviendo demasiado común. Bajó la mirada, dejando que el agua siguiera cayendo sobre él.

-Lo siento...-murmuró, su voz quebrada-Siento ser una carga para ti. No quería que nada de esto pasara.

Jon dejó de enjabonar su cabello y lo miró directamente, sosteniéndole el rostro con ambas manos, obligándolo a mirarlo a los ojos.

-Damián, tú nunca serás una carga para mí-respondió Jon, su tono firme y lleno de afecto-Haría esto por ti una y mil veces. Y sé que tú harías lo mismo por mí sin dudarlo.

Y me quedo contigo
Desafiando el destino

Las palabras de Jon atravesaron todas las barreras que Damián había construido alrededor de su corazón. Sintió cómo su respiración se calmaba, cómo el peso de la culpa y el miedo disminuía, aunque solo fuera un poco. Jon tenía esa capacidad, la de apagar la tormenta dentro de él con solo unas palabras.

Damián cerró los ojos y dejó que el agua siguiera cayendo, pero esta vez, no solo limpiaba la suciedad de su cuerpo, sino también parte del peso que cargaba en su alma. Cuando Jon terminó, lo ayudó a salir y lo envolvió en una toalla, frotando suavemente sus hombros. Sin decir más, Damián se dejó guiar de vuelta a la habitación.

Jon ve en Damián lo que este nunca pudo ver en sí mismo.

-Te has sobrepasado, a mí ya me has cansado.
Porque hasta que no lo has visto destrozada, no has parado


De Bruce Wayne a
Talia al Ghul-

Bruce estaba en la Batcueva, rodeado de pantallas que mostraban imágenes de Gotham, informes de seguridad y los recientes eventos que habían dejado a Tim al borde de algo grave. El silencio de la cueva era denso, solo roto por el constante zumbido de los equipos. Llevaba horas revisando cada detalle de la operación, buscando algún indicio de que algo pudiera haber salido mejor. La culpabilidad pesaba sobre sus hombros como una carga inevitable, pero también había una ira silenciosa que lo quemaba por dentro. Una ira dirigida hacia una persona en particular.

Finalmente, después de un largo suspiro y un momento de vacilación, Bruce tomó el comunicador y marcó un número que conocía demasiado bien. Un tono... dos... hasta que finalmente, una voz suave y peligrosa contestó.

-Bruce-saludó Talia con una sonrisa que se reflejaba incluso en su tono de voz-. ¿Qué tal? ¿Te ha sorprendido mi pequeño regalo?

Bruce apretó la mandíbula, sus ojos clavados en la pantalla de su ordenador, que ahora reflejaba su propia expresión endurecida.

-¿Cómo puedes estar haciéndole esto a tu hijo?- preguntó Bruce con voz contenida, pero con un filo cortante.

Hubo un breve silencio al otro lado antes de que Talia respondiera con su habitual tono calculado.

-Solo quiero lo mejor para Damián. Que sea quien debe ser, quien está destinado a ser. No puedes protegerlo de lo que lleva en la sangre, Bruce.

Bruce cerró los ojos un instante, sintiendo una mezcla de rabia y desesperación.

-Lo alejaste de los suyos y lo que es más importante, lo hiciste repugnar y odiar lo que tiene delante. Lo pusiste sobre en hielo, mientras lo ibas derritiendo como a ti te apetecía.

Talia se rió suavemente, una risa sin alegría, sin remordimiento.

-Damián es más fuerte de lo que crees. No puedes mantenerlo en la sombra para siempre. Tu haces que su potencial se desperdicie.

Bruce golpeó la mesa con el puño, el sonido resonó por toda la cueva.

-Sabes manejarlo. Sabes bien cuánto le dueles. ¿No fue suficiente con quitarle su niñez? ¿Pero quién te crees que eres?-sus palabras eran una mezcla de dolor y furia contenida- Te adueñaste de su vida y no le dejaste elecciones.

La voz de Talia se volvió fría, casi burlona.

-Todo lo que hago, lo hago por él. Damián no es como los demás, Bruce. Está destinado a la grandeza.

Bruce sintió cómo su ira se transformaba en una determinación firme.

-No lo pienso dejar solo, eso lo tengo muy claro. Te has sobrepasado, Talia. A mí ya me has cansado. Porque hasta que no lo has visto destrozado, no has parado.

Talia permaneció en silencio un momento, su sonrisa invisible pero presente.

-Sabes que lo que dices no cambia nada, Bruce. Damián siempre será mío tanto como tuyo, y llegará el día en que tendrá que elegir. Y cuando lo haga, recordarás esta conversación.

Bruce no respondió de inmediato, dejando que las palabras de Talia se disiparan en la oscuridad de la cueva.

-Damián ya ha elegido-dijo Bruce con firmeza, cortando la llamada sin darle la oportunidad de responder.

El eco del fin de la conversación resonó en la cueva, y Bruce se quedó solo, enfrentando no solo a sus enemigos, sino también a las sombras que rodeaban a su hijo. Pero tenía claro que, pase lo que pase, no dejaría que Talia volviera a destrozar a Damián.

Damián no era un arma.

-Yo no puedo ser si tú no quieres ser conmigo-

-¡Auch!-se quejó Dick, echándose un poco hacia atrás en el sillón cuando Wally empezó a limpiar uno de los cortes en su brazo-Podrías ser un poco más delicado, ¿sabes?

Wally le lanzó una mirada, con una sonrisa burlona, mientras sostenía el algodón empapado en antiséptico.

-Eso te pasa por imprudente y meterte en una pelea de cuatro contra uno, Grayson. ¿En qué demonios estabas pensando? ¿Qué clase de maniobra acrobática creías que estabas haciendo?

Dick se encogió de hombros, sin perder la sonrisa, a pesar del escozor del alcohol.

-Bueno, alguien tenía que divertirse un poco. Además, soy el que ha ganado, ¿no?

Wally bufó, continuando con su trabajo de limpiar las heridas. Se detuvo un momento para mirar a Dick con una mezcla de exasperación y afecto.

-Sí, has ganado, pero a cambio te has llevado un buen corte en el brazo-replicó, señalando la herida más profunda que atravesaba el bíceps de Dick.

Dick soltó una carcajada, aunque su expresión mostraba un leve toque de arrepentimiento. Sabía que Wally tenía razón, pero el impulso de proteger a los demás y de tomar la delantera en la batalla siempre había sido una de sus características más marcadas.

-Vamos, Wally, he tenido heridas peores. ¿Recuerdas aquella vez en Blüdhaven? Esto es solo un rasguño.

Wally terminó de vendar el brazo de Dick con un gesto firme, apretando un poco más de lo necesario solo para molestarlo.

-¿Un rasguño? Sí, claro. Deberías tomar las cosas con más calma, Grayson. No tienes que cargar con todo tú solo, ¿sabes? Somos un equipo.

Dick asintió, más serio esta vez, mientras observaba a Wally con gratitud. Sabía que sus palabras eran más que una queja; eran una preocupación genuina, y eso lo hacía sentir más cerca de el.

-Lo sé, Wally. Gracias por estar siempre ahí, incluso cuando me comporto como un idiota.
-Wally terminó de ajustarle el vendaje y le dio una palmadita en el hombro.

-Siempre estaré ahí, incluso cuando eres un idiota imprudente.

Dick sonrió con picardía mientras se inclinaba hacia Wally, sus ojos brillando con esa chispa juguetona que siempre lo acompañaba. Estaba a solo unos centímetros de sus labios cuando Wally, con un rápido movimiento, puso una mano en su pecho, deteniéndolo.

-¡Alto ahí, Grayson!-dijo Wally con una sonrisa burlona- Olvídate de hacer eso hasta que estés completamente recuperado.

Dick se quedó con la boca entreabierta, sorprendido por la interrupción. Su sonrisa desapareció por un instante, reemplazada por una expresión de pura incredulidad.

-¿Qué? ¿Me estás castigando? Eso es... eso es cruel, Wally.

Wally no pudo evitar soltar una risita mientras se cruzaba de brazos, observando cómo Dick lo miraba como si le hubieran dado el peor golpe de su vida.

-No, es por tu bien, para que las heridas sanen. Podrás aguantar dos semanas, Dick. No es el fin del mundo-dijo, aguantando la risa mientras veía la expresión dramática de su amigo.

Dick dejó caer la cabeza hacia atrás, fingiendo desesperación, como si su mundo se derrumbara por completo.

-¿¡Dos semanas!?-exclamó con fingido horror-¿Sabes lo que eso significa? ¡Esto es peor que cualquier pelea, Wally! No sé si sobreviviré.-Wally le dio una palmada en el hombro, sin poder contener la risa ahora.

-Oh, por favor. Has pasado por cosas mucho peores. Estoy seguro de que sobrevivirás.

Dick lo miró como si hubiera sido traicionado por su propio novio, pero una sonrisa traviesa asomaba en el borde de sus labios.

-Esto sí que es crueldad, West. De todas las torturas posibles...-Wally le guiñó un ojo y se levantó del sillón, acercándose a la puerta para ir él a la ducha.

-Vas a tener que ser fuerte, Dick. Piensa en ello como parte de tu recuperación.

Dick suspiró dramáticamente, recostándose en el sillón con los brazos sobre la cabeza, aún sonriendo de manera traviesa.

-Esto es peor que cualquier villano...

Dick suspiró pesadamente cuando Wally se fue a la ducha, dejando la sala en silencio. La sola idea de no poder tocarlo, de no poder sentir su piel durante dos semanas, le parecía un desafío casi insoportable. Se llevó las manos a la cara, intentando sacarse esos pensamientos de la cabeza, pero no había manera. Cada vez que cerraba los ojos, lo único que veía era a Wally, con su cabello pelirrojo desordenado y esa sonrisa que lo volvía loco.

Finalmente, se levantó del sillón, con la excusa de ir a la cocina a beber agua, esperando que distraerse con algo trivial le ayudara a calmar sus pensamientos. Caminó en silencio por los pasillos de la mansión hasta llegar a la cocina. Al abrir la puerta del refrigerador, notó una figura familiar apoyada contra la encimera. Jason estaba ahí, con los brazos cruzados y una expresión sombría en el rostro.

Claramente, Jason lo había notado antes que él. Dick agarró una botella de agua y, al girarse para cerrar la puerta, se encontró con la mirada de su hermano menor. No hizo falta preguntar; la tensión en el aire ya decía lo suficiente. Ambos sabían de qué se trataba todo. Tim y Conner. El triángulo de complicaciones en el que, al final del día, Jason sentía que siempre quedaba fuera.

-No pensaba que Tim te gustara tanto-comentó Dick de forma casual, aunque con un toque de empatía, mientras abría la botella.

Jason soltó una risa amarga, apartando la vista hacia el suelo, como si se burlara de sí mismo.

-Yo tampoco lo sabía, hasta que fue demasiado tarde- respondió con un tono áspero, lleno de resentimiento, pero no hacia Tim, sino hacia la situación en general.

Dick se apoyó contra la mesa, tomando un largo trago de agua antes de fijar su mirada en Jason.

-Hace mucho no ha sido fácil para ti, ¿verdad?-preguntó, sin querer sonar condescendiente, pero tocando un tema que había estado en el aire por mucho tiempo.

Jason negó con la cabeza, dejando salir un suspiro que llevaba mucho tiempo retenido.

-No, Dick. No lo ha sido. Y no es solo Tim. Es todo-dijo, su voz más suave ahora-Pero verlo con Conner... me jode. Me hace sentir que al final, siempre seré el que se queda solo.

Dick frunció el ceño. Sabía que Jason llevaba mucho peso sobre sus hombros, más de lo que a veces podía cargar, y aunque su relación nunca había sido sencilla, lo entendía mejor que nadie.

-Lo siento, Jason. No pensé que... bueno, que te importara tanto-Jason volvió a reír, pero esta vez fue una risa más triste que amarga.

-Yo tampoco. Hasta que lo vi con él. Hasta que me di cuenta de que lo único que he querido... no me corresponde.

Dick dejó la botella sobre la encimera y caminó hacia su hermano, apoyándose a su lado. Se quedó un momento en silencio, mirando hacia el suelo, procesando lo que Jason acababa de decir.

-Mira, hermano, no sé qué decirte. El amor es complicado, y más cuando se trata de nosotros, que vivimos con nuestras vidas colgando de un hilo la mayoría del tiempo. Pero... no tienes que quedarte solo. No estás solo.

Jason lo miró de reojo, con esa mezcla de escepticismo y amargura que lo caracterizaba.

-Ojala no haberme metido en todo esto-murmuró.-Tendria que haberme quedado solo.

Dick asintió lentamente, entendiendo más de lo que habría querido. También él había tenido momentos en los que sentía que estar con Wally era tan complicado que se preguntaba si valía la pena. Pero siempre acababa dándose cuenta de que prefería luchar por lo que tenía.

-Quizá. Pero eso no significa que tengas que rendirte-dijo finalmente-Quizá no sea con Tim, pero no tienes por qué resignarte a estar solo para siempre, Jason.

Jason se quedó en silencio por un momento, como si estuviera sopesando las palabras de su hermano. Luego, se enderezó, pasando una mano por su pelo.

-Supongo que tienes razón-dijo, aunque sin convicción.

Dick le dio una palmada en el hombro, intentando ofrecerle algo de consuelo.

-Siempre la tengo, aunque no lo parezca-respondió con una pequeña sonrisa.

Jason soltó un pequeño resoplido, aunque esta vez con menos amargura.

-Gracias, Dick. Y... espero que disfrutes esas dos semanas de abstinencia con Wally-dijo, con una sonrisa torcida en los labios.

Dick rió, sacudiendo la cabeza.

-No me lo recuerdes


-Entre la oscuridad y la luz, se encuentra el terreno donde ellos se entienden-

Clark descendió a la Batcueva, con el sonido suave de sus pantuflas resonando en el suelo metálico. Sus ojos se fijaron en Bruce, quien estaba encorvado sobre la consola principal, revisando informes y cámaras de seguridad. Las ojeras eran más profundas de lo normal, y aunque Bruce Wayne siempre había sido un hombre incansable, Clark podía ver que necesitaba descanso, más de lo que estaba dispuesto a admitir.

-Bruce-dijo Clark, con su voz suave pero firme-Necesitas dormir.

Bruce ni siquiera levantó la mirada de la pantalla. Su típico silencio era una respuesta en sí misma.

-Estoy bien, Clark-respondió después de unos segundos, su tono seco, sin emociones.

Superman se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro. Sabía que no iba a ser fácil convencer a Bruce de dejar la Batcueva, pero lo intentaría de todas formas.

-No, no lo estás-replicó Clark-. Has estado despierto por más de 48 horas. Cualquiera en tu lugar ya estaría desplomado en el suelo. Necesitas descansar.

Bruce continuó trabajando, sus dedos moviéndose con rapidez sobre el teclado. Apenas parpadeaba, su concentración era absoluta. Finalmente, habló de nuevo, sin molestarse en mirarlo.

-Te dije que estoy bien, Clark. Necesito terminar esto.

Clark dejó escapar un largo suspiro, claramente frustrado, pero también conocedor de lo terco que podía ser Bruce.

-Bruce, no me hagas obligarte a ir a dormir-dijo, con un tono amenazante pero a la vez cómico.

Finalmente, Bruce dejó de teclear y se recostó en la silla, frotándose los ojos con una mano. Lo miró brevemente, pero no de la manera que Clark esperaba.

-Voy a dormir cuando termine -replicó con calma- Y si me obligas, no haré más que perder tiempo.

Clark arqueó una ceja. Estaba a punto de replicar de nuevo cuando Bruce soltó una pequeña sonrisa-casi imperceptible, pero allí estaba-y dijo:

-Solo me iré a dormir si vienes conmigo.

Clark se quedó congelado por un segundo, sus ojos parpadeando lentamente mientras procesaba lo que Bruce acababa de decir. ¿Eso era en serio? ¿Bruce Wayne, el Caballero Oscuro, proponiendo esa clase de trato?

Desde luego le hace falta dormir.

-¿Qué?-preguntó Clark, incrédulo- ¿Qué clase de condición es esa?

Bruce volvió a inclinarse hacia la pantalla, como si la conversación ya no fuera relevante.

-Mi condición. Si no estás de acuerdo, entonces seguiré trabajando.

Clark dejó caer los brazos, suspirando más profundamente esta vez. Se rascó la nuca, claramente desconcertado por la respuesta de Bruce. Sabía que su amigo podía ser exasperante, pero esto... era algo más. Podía ver el agotamiento en los hombros tensos de Bruce, en la manera en que sus párpados parecían pesar más de lo normal, aunque intentara ocultarlo.

-Bruce, esa es una tontería-dijo Clark, tratando de mantener la seriedad.

-Entonces vuelve arriba, Clark -respondió Bruce, indiferente, volviendo a concentrarse en la pantalla.

Clark se quedó ahí un momento, mirándolo fijamente. Sabía que no tenía muchas opciones. Si no cedía, Bruce seguiría despierto, y el agotamiento acabaría afectando su juicio. Y si cedía... bueno, ¿cuánto daño podía hacer?

Finalmente, Clark dejó escapar una última exhalación resignada.

-Está bien-murmuró-Pero solo porque no quiero verte caer de cara contra el teclado.

Bruce no hizo ningún comentario, pero Clark pudo ver una pequeña curva en las comisuras de sus labios. Una diminuta victoria.

-Perfecto-dijo Bruce, levantándose lentamente de su silla. Clark podía notar cómo su cuerpo casi cedía por el cansancio mientras apagaba las pantallas.

-Esto no significa que hagamos esto todo el tiempo, Bruce-advirtió Clark mientras subían juntos las escaleras hacia la mansión.

Bruce solo sonrió de nuevo, muy brevemente.

-Ya lo veremos.

-🦇-

Mientras subían las escaleras, Bruce, ya algo más relajado tras haber cedido al cansancio, dejó escapar una pequeña risita. Clark lo miró con curiosidad, arqueando una ceja.

-¿Qué pasa?-preguntó Clark.

Bruce señaló con la cabeza el pijama que llevaba puesto Clark, uno decorado con piñas de colores vibrantes.

-Bonito pijama-dijo Bruce, su tono cargado de humor seco.

Clark bufó, rodando los ojos con una sonrisa.

-Fue un regalo de Conner-explicó-No tengo idea de qué lo llevó a comprarme un pijama de piñas de todos los diseños posibles.

Bruce esbozó una sonrisa más amplia, algo poco común para él.

-Tiene buen gusto-bromeó.

Cuando llegaron al dormitorio de Bruce, Clark observó el lugar mientras el vigilante se cambiaba para dormir. La habitación, como casi todo lo relacionado con Bruce Wayne, era minimalista, oscura y sin demasiados adornos. Las paredes grises y los muebles oscuros daban un aire sombrío y austero.

-Deberías darle algo de color a esta habitación-dijo casualmente.

Bruce, mientras se desvestía, frunció el ceño, aunque más en tono de juego que de disgusto.

-¿Fotos? ¿Plantas? ¿Eso crees que necesita?-preguntó Bruce, con un tono burlón.

Clark se cruzó de brazos y sonrió, apoyándose en la puerta.

-Quizá algo mejor-respondió Clark-Las habitaciones pueden ser el reflejo de las personas, ¿no crees? Tal vez deberías decorar este lugar para que refleje algo más que... oscuridad.

Bruce lo miró, deteniéndose un segundo, antes de preguntar con una sonrisa casi juguetona:

-¿Me vas a ayudar con eso también?-Clark dejó escapar una risa suave, negando con la cabeza.

-Cuando acabe todo esto, quizás te ayude con una remodelación-dijo, su tono algo más serio, pero con un toque de calidez.

Bruce terminó de cambiarse y se metió en la cama. Clark lo siguió poco después, acomodándose a su lado. Había algo extraño y a la vez familiar en estar ahí con Bruce, un tipo de conexión que no requería palabras. Cuando Bruce apagó las luces y el silencio llenó la habitación, Clark sintió cómo Bruce se acercaba a él, acurrucándose contra su pecho, un gesto tan inusual en el Caballero Oscuro que Clark casi se sorprendió.

-Quien ama con todas sus fuerzas siempre encuentra el camino de regreso.-

Tim se despertó con el suave sonido de la puerta de su habitación abriéndose. Se removió entre las sábanas, sus músculos tensos aún por la experiencia reciente. Al levantar la cabeza, lo primero que vio fue a Conner entrando, llevando una bandeja con el desayuno para ambos. La luz de la mañana iluminaba ligeramente la habitación, y aunque Tim se sentía agotado, no pudo evitar sonreír al verlo.

-Buenos días-saludó Conner, con una sonrisa.

Con delicadeza, colocó la bandeja en la mesita de noche y ayudó a Tim a incorporarse, sabiendo que aún se sentía débil y con los músculos agarrotados. Mientras lo hacía, la preocupación en los ojos de Conner era evidente, pero su tono seguía siendo suave y tranquilo, como si temiera hacer o decir algo que pudiera romper la frágil calma que habían conseguido. Tim recordó los viejos tiempos, cuando Conner lo visitaba a menudo. Aunque las circunstancias eran diferentes ahora, había una cierta familiaridad en el gesto que lo reconfortaba.

-He preparado lo que solíamos comer cuando... bueno, ya sabes-dijo Conner, titubeando un poco al final, mientras se sentaba junto a Tim en la cama.

Tim observó la bandeja. Todo estaba exactamente como solía ser: tostadas y zumo de naranja. Aquello hizo que una oleada de nostalgia lo golpeara de manera inesperada.

-Gracias, Conner-respondió Tim, su voz algo ronca, pero con un toque de calidez que no pudo evitar.

Se sentaron en silencio por unos minutos, Tim comiendo lentamente mientras intentaba recuperar algo de energía. Conner, por otro lado, parecía intranquilo, y finalmente rompió el silencio hablando de una serie que había estado viendo últimamente. Su tono era nervioso, como si tratara de llenar el espacio con palabras que evitaran hablar de cosas más profundas.

-Es sobre detectives espaciales-dijo Conner, su mirada fija en su plato- Y hay un caso que me recordó a uno de los que resolvimos juntos hace tiempo.

Tim soltó una pequeña risa. No pudo evitarlo. Conocía bien esa expresión nerviosa de Conner, como si estuviera actuando torpemente en su intento de hacer que todo fuera normal.

-¿Qué pasa?-preguntó Conner, levantando la mirada, notablemente inquieto.

-Nada-respondió Tim, aún sonriendo-Es solo que... estás actuando como si fuera la primera vez que desayunamos juntos después de... ya sabes, dormir abrazados.

El rubor apareció en las mejillas de Conner de inmediato. Su expresión, que ya de por sí estaba nerviosa, se volvió completamente avergonzada.

-¡No es eso!-se apresuró a decir, aunque claramente no sabía cómo continuar-Solo... solo quería que estuvieras cómodo.

Tim se echó a reír nuevamente, esta vez más relajado. Había algo entrañable en lo nervioso que Conner estaba actuando, como si todo lo que había pasado entre ellos no le hubiera dado el derecho de estar ahí, tan cerca.

-Conner-dijo Tim, finalmente controlando su risa-Estoy bien. De verdad. Me gusta que estés aquí. Aunque estés actuando como si fueras a romper algo solo con respirar.

Conner soltó una risita nerviosa y se pasó la mano por el pelo, claramente avergonzado por lo obvio que era su nerviosismo. Tim se inclinó hacia él, tocando suavemente su brazo.

-Gracias por el desayuno-dijo, con suavidad-Y por estar aquí.

Conner le sonrió, esta vez con más confianza, aunque su torpeza no desapareció del todo. Pasaron el resto de la mañana entre bromas, pequeñas risas y uno que otro comentario de Tim sobre lo exageradamente cuidadoso que estaba siendo Conner, quien no podía evitar ruborizarse cada vez más. Era como si, por un momento, las heridas y el trauma quedaran en segundo plano. Y aunque el dolor seguía presente, el compartir un desayuno juntos, como en los viejos tiempos, les daba una pequeña tregua.

-¿Te acuerdas cuando tuve que presentarte a Bruce?

-oh, sí...Aún tengo pesadillas con ese peine.

-🦇-

Tim, estaba claramente nervioso, mientras se prepara para una conversación importante con Bruce. Hoy es el día en que finalmente va a presentarle a Conner como su pareja. Aunque cree que eso ya lo sabe. Y la presión de que todo salga bien pesa sobre sus hombros. Es decir sabes que Bruce conoce a Conner pero era un momento importante.

-Hey-dice Conner con una sonrisa juguetona, claramente relajado a pesar de la situación.

Tim se da la vuelta y lo mira. Conner, fiel a su estilo, luce desenfadado, con su chaqueta de cuero y las gafas de sol que le dan ese aire rebelde. Tim frunce el ceño.

No puedo dejar que se presente con estas pintas. piensa.

Con la expresión seria que lo caracteriza, Tim se acerca a Conner, dispuesto a intervenir en su estilo.

-Me imagino que tendré que arreglar esto...-dice Tim, agarrando un peine como si fuera una misión más que tenía que cumplir.

-¡Espera!-Conner retrocede con las manos en alto, entre divertido y nervioso-. Baja eso, Tim...

Tim, sin inmutarse, lo ignora. Comienza a trabajar en el cabello de Conner, intentando al menos darle un aspecto más "presentable" antes de que lo conozca Bruce. Conner, quien suele enfrentarse a villanos poderosos sin titubear, ahora se ve nervioso por algo tan mundano como un peinado.

Finalmente, cuando Tim termina, mira su obra con satisfacción. Conner, con un camisa blanca y vaqueros, con un peinado más ordenado, parece menos caótico de lo que solía estar. Con una pequeña sonrisa en el rostro.

-Está bien... creo que ahora podemos presentarte. Pero, por favor, compórtate.

-¿Yo? ¡Siempre lo hago!- responde Conner con una sonrisa traviesa.

Ambos salen de la habitación y Tim no puede evitar sentir cómo su corazón late más rápido a cada paso que los acerca a la Batcueva, donde Bruce los está esperando.

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-O como aquella vez que querías abrirte los pendientes usando criptonita.

Conner no respondió, simplemente se llevó una de sus manos hacia su oreja tocando sus pendientes.

-🦇-

Tim había quedado en casa de Conner y Lois le había abierto, diciéndole que conner le estaba esperando arriba. Pero cuando está yendo hacia la habitación de su amigo en ese entonces, se ve obligado a entrar al baño y encuentra a Conner sentado en el suelo, una expresión de dolor y arrepentimiento evidente en su rostro.

En su mano, Conner sostiene una pequeña aguja de kryptonita, que parece haber intentado usar para hacerse agujeros en las orejas. Tim lo mira incrédulo, suspirando profundamente, antes de acercarse.

-¿En serio, Conner?-pregunta Tim, alzando una ceja mientras inspecciona la escena.

Conner se ríe nerviosamente, pero su sonrisa se convierte en una mueca de dolor al tocarse la oreja.

-Pensé que sería más rápido... -responde Conner encogiéndose de hombros- Pero, ya sabes, la kryptonita no es precisamente suave con mi piel.

Tim se lleva una mano a la frente, claramente conteniendo la risa y la frustración.

-¿Más rápido?-replica Tim, cruzándose de brazos- Conner, ¡estás usando kryptonita contra tu propio cuerpo! ¿Qué esperabas que pasara?

Conner no tiene respuesta. Solo sonríe torpemente, pero su incomodidad aumenta cuando su estómago empieza a revolverse debido a la exposición prolongada al mineral verde. Apenas unos segundos después, el dolor se vuelve insoportable y Conner se inclina sobre el inodoro, incapaz de contener las náuseas.

-¡Bleugh!-se escucha mientras Tim, con una mezcla de compasión y resignación, se arrodilla junto a él.

Tim le da unas suaves palmaditas en la espalda mientras Conner vomita.

-No es una de tus mejores ideas, Conner-dice Tim con voz suave, mientras sigue dándole palmadas en la espalda.

-No... lo está siendo... definitivamente-responde Conner entre arcadas.-Tim no puede evitar sonreír ligeramente.

Aunque la situación es ridícula, hay algo profundamente entrañable en lo torpe que puede ser Conner, incluso con todo su poder. Después de que el malestar de Conner finalmente comienza a calmarse, Tim se asegura de que esté bien antes de ayudarlo a levantarse.

Al final conner consigo sus tres pendientes esparcidos por la oreja.

Y Tim con un vómito encima.

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-O como cuando te dije que uno de mis poderes sea leer mentes.

-🦸🏻-

Tim y Conner estaban en la habitación del tercer Robin, viendo una de las series que le gustaba a este. La atmósfera es tranquila, hasta que Conner rompe el silencio con una sonrisa traviesa.

-¿Sabes?-dice Conner mientras juega con sus gafas de sol-Los supers no hablamos mucho de esto, pero... podemos leer mentes.

Tim, distraído por un momento, lo mira con los ojos entrecerrados.

-No, no podéis-responde de inmediato, sin creérselo del todo.

Conner se inclina un poco hacia adelante, poniendo una expresión de total seguridad.

-Claro que sí-afirma-Lo mantenemos en secreto porque la gente se asustaría, pero puedo decirte exactamente en qué estás pensando ahora mismo.

Tim se queda quieto, pero una ligera tensión se empieza a formar en su rostro. Sus ojos se agrandan un poco, y una gota de sudor baja por su sien.

-E-eso no es verdad-intenta replicar, aunque su tono suena más inseguro que antes.

Conner sonríe aún más, disfrutando de la reacción de Tim.

-Sí que lo es-dice Conner con un tono cantarín-Y tienes un montón de pensamientos pervertidos sobre mí...

Las mejillas de Tim se enrojecen casi de inmediato, el rubor extendiéndose rápidamente por su cara. Intenta decir algo, pero las palabras no salen bien.

-¡E-Estoy un 99,9% seguro de que estás mintiendo!-exclama, más nervioso aún.

Conner le mira.

-Wo, eres realmente un pervertido.

¡Sal de mi cabeza!

Conner se ríe, claramente satisfecho con el efecto que ha causado en Tim. Mientras tanto, Tim sigue revolviéndose en su asiento, claramente abrumado por la posibilidad, aunque sea mínima, de que Conner pueda estar diciendo la verdad. El sonrojo de Tim solo empeora con cada segundo que pasa, mientras Conner no puede dejar de reírse, disfrutando de su pequeña broma.

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-¿Y aquélla vez que salimos en los períodos? Bruce me echo una bronca...

-Bueno, era eso o dejar que esos tíos te secuestraran.

-Yo podría haberles pateado el culo.

-Tim

-¿Qué?

-Eran unos 30

-Bueno...Menos si los empiezo a noquear

-¡Tenían armas de fuego y tú ibas desarmado!

-🦇-

Por la mañana, Tim decidió que sería más fácil ir a la universidad en autobús en lugar de pedir un transporte o que alguien lo llevara, queriendo evitar molestar a Alfred. Sin embargo, lo que no esperaba era que, apenas unas calles después de bajar del autobús, unos tipos extraños intentaran secuestrarlo. El conflicto fue rápido, y antes de que Tim pudiera realmente defenderse Superboy apareció de la nada, salvándolo en el último segundo.

Sin decir una palabra, Conner lo tomó en sus brazos. Sí. Como una damisela en apuros.

-Buenos días Tim

-Buenos días Conner.

-Creo que tienes un imán para los problemas

-Y tú un radar con mi nombre

-Yo estaba de paso. Linterna verde quería que lo ayudase a...Bueno es secreto.

-Ah...Gracias de todos modos.

Horas después, en medio de las clases, Tim empezó a escuchar susurros a su alrededor. Intentó concentrarse, pero los murmullos sobre "Superboy" y "Timothy Drake" eran demasiado evidentes. Finalmente, uno de sus compañeros de clase se inclinó hacia él y le preguntó:

-Oye, ¿tienes alguna relación con Superboy?

Tim, con el corazón acelerado, negó rápidamente y, al girar la cabeza, vio que su compañero tenía una copia del periódico local en las manos. Lo que vio le dejó sin palabras: era una imagen de él, claramente sostenido en brazos por Conner, exactamente como había ocurrido esa mañana. En letras grandes, el titular decía: "¡Superboy rescata a Timothy Drake-Wayne!".

El artículo también incluía una cita en la que supuestamente Superboy había dicho: "Tim es demasiado secuestrable para su propio bien". Todo el color desapareció del rostro de Tim al leerlo.

-¿Cómo demonios...?-murmuró Tim para sí mismo, preguntándose quién había tomado la foto y cómo había terminado en los titulares tan rápido.

No pasó mucho tiempo antes de que su teléfono vibrara en su bolsillo. Cuando lo sacó, vio varios mensajes de Bruce:

Bruce

¿Qué pasó esta mañana?

Hablaremos en casa.

Tim tragó saliva, sintiendo una mezcla de vergüenza y nervios. No podía creer que esa imagen hubiera circulado tan rápido, y ahora tenía que enfrentarse a Bruce.

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-Conner...-empieza-¿cuándo supiste que estabas enamorado de mí?

La pregunta hace que Conner se quede en silencio por unos segundos. Se le escapa una pequeña sonrisa nerviosa mientras aparta la mirada, pensando en cómo responder.

-Exactamente no lo sé...-admite, frotándose la nuca y lanzando una mirada a la pared como si tratara de ordenar sus recuerdos-Hubo varias veces que me hiciste sentir algo especial, pero creo que la primera vez que realmente lo supe fue durante esas lluvias de verano... ¿Te acuerdas?-Conner mira a Tim, sus ojos suavizándose ante la imagen que resurge en su mente-Fue cuando los canales de la granja se inundaron y vinieron tú, Damian y Bruce a ayudarme.

Tim sonríe ligeramente, recordando también ese día. El calor del verano y el olor a tierra mojada.

-Estuvimos trabajando todo el día-continúa Conner-Tú y yo. Recuerdo que... tus ojos, ese día, se veían del azul más bonito que había visto en mi vida.-Conner lleva la mirada hacia Tim, su expresión más suave, más vulnerable.

-No sé exactamente qué dije en ese momento-Continua -pero te echaste a reír. Y fue ahí que sentí algo diferente. Supe que lo que sentía por ti era más que solo amistad.

Tim se sonroja, sorprendido por la sinceridad y ternura en las palabras de Conner. El kryptoniano sonríe un poco más, algo tímido, antes de añadir:

-Y... tuve tantas ganas de besarte en ese momento- admite con un leve sonrojo en sus mejillas-pero no lo hice. Supongo que me dio miedo arruinar la amistad que teníamos.

-¿Quieres besarme?

Conner lo observa, sus ojos azules profundos, como si estuviera buscando las palabras adecuadas. Después de un pequeño suspiro, asiente lentamente.

-Tengo ganas desde que te rescatamos-confiesa, su tono más bajo, casi como si fuera un secreto que por fin podía liberar.

Eso es suficiente para Tim. Sin decir más, se inclina hacia él, cerrando la distancia entre sus cuerpos, hasta que sus labios se encuentran en un beso suave, casi tímido al principio.

El mundo alrededor de ellos parece desvanecerse. Conner cierra los ojos, dejándose llevar por el momento. Siente un revoloteo en su estómago, como si cientos de mariposas estuvieran despegando dentro de él, y su corazón se acelera. El beso, aunque sutil, lo llena de una sensación de paz y emoción a partes iguales.

Cuando finalmente se separan, Tim lo mira, una ligera sonrisa curvando sus labios, mientras Conner apenas puede ocultar la felicidad que brilla en sus ojos.

-Creo que esto era lo que necesitábamos-Dice Tim, con una sonrisa juguetona y un brillo en los ojos, se mueve con agilidad, ignorando por completo lo que queda del desayuno.

Se sienta sobre las piernas de Conner, acercándose más, hasta que sus labios vuelven a encontrarse. Esta vez, el beso no es tímido ni suave. Es profundo, lleno de pasión. Las manos de Tim comienzan a explorar, colándose por debajo de la sudadera de Conner, buscando contacto directo con su piel.

Conner se siente atrapado entre el deseo que siempre ha tenido por Tim y la preocupación que crece al recordar las heridas de su compañero. A pesar de lo mucho que lo desea, sabe que Tim no está en condiciones para esto. Rompe el beso con cuidado, respirando pesadamente mientras sostiene las muñecas de Tim, deteniéndolo suavemente.

-Tim...-murmura Conner, tratando de mantener la calma, aunque su corazón late rápido- Yo también quiero hacerlo contigo. Pero estás herido.

Tim, aún respirando con rapidez, lo mira, una ligera frustración reflejada en su rostro. Está claro que la adrenalina del momento lo había hecho olvidarse de sus propias limitaciones físicas.

-Estoy bien-insiste Tim, aunque su tono no es tan convincente. Baja la mirada, las manos aún sobre el pecho de Conner, jugando distraídamente con la tela de su sudadera-Solo... lo quiero. Te quiero.

Conner sonríe, acariciando suavemente la mejilla de Tim, sus dedos rozando la piel con ternura.

-Yo también te quiero, Tim-le dice, su voz suave, pero firme- Pero no quiero que te lastimes más. Tenemos tiempo, todo el tiempo del mundo.

Tim suspira, resignado, pero esboza una pequeña sonrisa.

-¿Sabes que eres demasiado idiota?-dice en broma, mientras deja caer su cabeza contra el hombro de Conner, disfrutando de su cercanía sin necesidad de ir más allá.

Conner ríe suavemente, pasando sus brazos alrededor de Tim en un abrazo cálido y protector.

-Solo cuido de lo que más me importa-susurra Conner, besando la frente de Tim con cariño, mientras ambos se quedan en silencio.


Damian se detuvo frente a la puerta de la habitación de Tim, respirando hondo antes de llamar suavemente. Había pasado horas dándole vueltas a las palabras correctas, pero ninguna parecía suficiente. El peso de la culpa lo había estado consumiendo desde lo ocurrido. Sabía que Tim estaba herido y todo era por su culpa.

-Adelante-dijo Tim desde el otro lado, su voz sonaba tranquila, pero Damian sabía que no era tan simple.

Entró con pasos firmes, pero en cuanto vio a Tim sentado en su cama, con los vendajes aún visibles bajo la ropa, su determinación empezó a tambalearse.

-Yo... vine a disculparme-dijo Damian, sin rodeos. Se detuvo a mitad de la habitación, incapaz de acercarse más, sus puños apretados a los costados-Todo esto pasó por mi culpa

Tim lo observó en silencio, pero no dijo nada. El silencio se hizo pesado entre ellos. Damian temía lo que Tim pudiera decir, pero lo que no esperaba fue el movimiento rápido y repentino de Tim levantándose y cruzando la habitación para abrazarlo.

Damian se quedó inmóvil por un momento, con los ojos muy abiertos, sin saber cómo reaccionar. El abrazo de Tim era fuerte, cálido, como si en lugar de reprocharle, lo entendiera.

-No fue tu culpa, Damian- susurró Tim finalmente, apretando un poco más el abrazo-Lo que pasó no fue culpa de nadie más que de quienes nos hicieron daño. No te culpes.

Damian cerró los ojos, sintiendo cómo una ola de emociones lo embargaba. El nudo en su garganta era difícil de tragar, pero no podía permitirse romperse. Aun así, de alguna manera, el simple gesto de Tim al abrazarlo sin reproches le hizo sentir, aunque fuera solo un poco, que tal vez podría empezar a perdonarse.


Clark tiene el corazón de cachorrito 🥺 No me lo critiqueis

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