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Darkness |Damián x Jon|

-31-

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-Somos espejos rotos, reflejando fragmentos de quienes amamos y de quienes nos hirieron, intentando formar un todo con nuestras propias cicatrices-

A lo largo del último mes, mi padre ha diseñado, discutido, tirado y revisado cerca de treinta planes diferentes para llegar a la Atalaya y enfrentar a mi madre. Cada uno tenía una falla, una grieta que lo hacía inaceptable. La razón principal es que la Atalaya no es un lugar cualquiera. No es como infiltrarse en una mansión o un escondite subterráneo. Es una fortaleza suspendida en el espacio, una maravilla tecnológica y estratégica que flota sobre nosotros como un recordatorio constante de todo lo que hemos construido... y todo lo que puede destruirse.

Desde fuera, es imponente. Su estructura metálica brilla bajo la luz del sol, una combinación perfecta de tecnología avanzada y diseño militar. Paneles solares, enormes radares y sistemas de defensa la rodean como si fueran guardianes silenciosos. Es un lugar que parece invulnerable desde la distancia. Pero es cuando entras que realmente entiendes su magnitud. Los pasillos son amplios, fríos, hechos de un metal que parece absorber cualquier sonido. Pantallas gigantes muestran mapas estelares y análisis constantes de la Tierra. Todo es eficiente, funcional, sin espacio para el error. Pero también es desolador, un recordatorio de que la guerra, incluso la más justa, es un ejercicio sin alma.

Mientras mi padre se obsesiona con los planes, las cosas no han mejorado. Más de esos mutantes han aparecido en las calles, y no solo para aterrorizar a las personas que todavía están en los refugios; parece que están probando nuestra resistencia. Son difíciles, más duros de lo que habríamos imaginado. Su fuerza no es solo física, sino también estratégica. Hemos tenido que recurrir a explosivos para manejar la situación más rápido. Es un método poco elegante, pero efectivo. A veces siento que cada explosión no solo destruye al enemigo, sino también una parte de lo que intentamos proteger.

Y luego están los hilos.

No sé cómo explicarlo exactamente, pero hay momentos en los que siento que alguien está tirando de ellos en mi cabeza, como si intentaran manipular mis pensamientos, como si una mano invisible estuviera jugando con mis emociones. Brujería. Nada me sorprendería a estas alturas.

Jon, por supuesto, lo ha notado.

Siempre lo hace.

A veces parece que está más pendiente de mi bienestar que del suyo propio, y eso me pone de los nervios. Su preocupación es constante, casi sofocante, y hemos discutido más de una vez por eso. Él no entiende que no necesito que me cuide, o tal vez simplemente no quiero admitir que sí lo necesito. No importa. Es un ciclo que se repite: él intenta protegerme, yo lo rechazo, discutimos, y después volvemos al punto de partida. Todo podía ser tan fácil y tan rápido si él dejara de preocuparse tanto y simplemente confiara en que puedo manejarlo.

Pero... quizás lo que realmente me molesta es que Jon es el único que me mira y no ve a un guerrero, ni a un arma, ni siquiera al hijo de Batman. Me ve a mí, con todos mis defectos, con todas mis dudas. Y eso, de alguna manera, es más aterrador que cualquier enemigo, porque significa que no puedo esconderme detrás de mis muros cuando estoy con él. Significa que él ve cosas que yo a veces no quiero reconocer.

Por otro lado está: Roy Harper. Aunque no le presto mucha atención, he notado que Roy ha entablado una amistad con Jon. No me sorprende; Jon tiene una habilidad innata para conectar con las personas, siempre y cuando no sean unos idiotas.

Hoy, mi padre nos ha convocado a todos para discutir un plan detallado de infiltración en la Atalaya.
El plan de mi padre es meticuloso, como siempre.
Dado que no todos podemos participar en la misión debido a la necesidad de proteger a la población de los ataques de los mutantes, se ha seleccionado un equipo específico para la infiltración:

Wally

Linterna Verde

Jason

Conner

Tim

Superman

Jon

Wonder Woman

Batgirl.

Y por supuesto yo mismo

Cada miembro tiene un papel definido:

1. Inserción sin ser detectados: Utilizaremos una nave con tecnología de camuflaje para acercarnos a la Atalaya sin activar sus sistemas de defensa. Wally y Linterna Verde crearán distracciones en puntos estratégicos para desviar la atención.

2. Neutralización de amenazas internas: Una vez dentro, Jason, Tim y yo nos encargaremos de eliminar cualquier resistencia en los pasillos principales, asegurando rutas seguras para el equipo.

3. Localización y confrontación: Superman, Wonder Woman y Conner se dirigirán al centro de control para enfrentar a cualquier adversario principal.

Buscaremos a mi madre y al individuo responsable de la manipulación mental que he estado experimentando. Mi intención es...incapacitarlo, asegurándome de que no pueda volver a interferir conmigo.

4. Extracción: Batgirl coordinará la evacuación, garantizando que todos regresen a salvo. Linterna Verde proporcionará una burbuja de energía para transportarnos de vuelta.

Sin embargo, somos conscientes de que no todos podemos participar en esta misión, ya que es crucial proteger a las personas que siguen siendo atacadas por esas criaturas en la superficie. Por ello, algunos miembros permanecerán en la Tierra para defender a los civiles.

Aunque el plan está cuidadosamente estructurado, sé que las cosas rara vez salen según lo previsto. Mi principal objetivo es liberar mi mente de esta influencia externa.

-Somos más que las heridas que llevamos; somos los poemas que escribimos con ellas-

El sonido de escombros siendo removidos, el peso de estructuras colapsadas entre mis manos, los gritos de personas pidiendo ayuda a la distancia...Todo se mezcla en un eco constante que se siente como una carga en mi pecho. Me esfuerzo por mantener la concentración en la tarea, en el presente, pero mi mente se desliza hacia donde realmente quiere estar: Damián.

Sé que estoy siendo sobreprotector con él. Lo sé. Y sin embargo, no puedo detener esta sensación, este instinto que grita dentro de mí cada vez que lo veo en peligro. Anoche, después de ducharme, me quedé mirándolo en silencio mientras él revisaba sus armas, sentado en la cama.

Estuve a punto de pedírselo. De decirle: Por favor, no vayas a la Atalaya. Por favor, quédate aquí. Pero sé que eso habría sido como encender la mecha de una bomba. Damián es capaz de cuidarse solo, me lo ha demostrado una y otra vez desde que nos conocimos. No es alguien que necesite que lo protejan... pero eso no cambia el hecho de que quiero hacerlo.

Quiero protegerlo porque el pensamiento de perderlo es un agujero negro dentro de mi pecho, succionando todo lo demás.

Lanzo otro pedazo de conmigo lejos, intentando sacarme la ansiedad de encima. Las criaturas han estado atacando sin descanso y cada vez son más. No entiendo si están siendo dirigidas o si simplemente actúan como una plaga, pero su número no disminuye. La ciudad está en ruinas, y nosotros solo estamos conteniendo lo inevitable.

El sudor se mezcla con el polvo en mi piel, pegándose a mi cuello y brazos mientras sigo apartando escombros. Superman y Conner están en otra zona haciendo lo mismo, y aunque nadie lo dice en voz alta, sabemos que no estamos ganando.

Y en medio de todo esto, sigue latiendo en mi mente la imagen de Damián en la Atalaya, enfrentándose a su madre, a ese brujo o quien demonios esté jodiéndole la cabeza. No me lo ha dicho directamente, pero puedo verlo en sus ojos: la presión, la furia contenida, el peso de lo que siente que debe hacer. Y me duele saber que voy a tener que verlo caminar directo hacia eso sin poder evitarlo.

Es frustrante, querer tanto a alguien que es incapaz de aceptar ser cuidado.

-¡Jon! ¡Cuidado!-grita alguien, y me doy cuenta demasiado tarde de que una de esas criaturas ha saltado desde un edificio colapsado, con sus extremidades retorcidas.

Sin pensarlo, le planto un puñetazo directo a la cabeza, sintiendo cómo se resquebraja bajo mis nudillos. Se desploma, pero dos más saltan a su lugar.

Estoy harto.

Estoy cansado.

Y quiero gritarle a Damián que se quede, que no se arriesgue, que el mundo no va a derrumbarse si él no está en primera línea de batalla. Pero sé que no escuchará.

Sé que, al final, todo lo que puedo hacer es estar a su lado y esperar que volvamos juntos. Porque la alternativa... la alternativa es impensable.

Cuando llego a la mansión Wayne y bajo hacia la zona de entrenamiento, el sonido de golpes secos y respiraciones controladas llena el aire. Me detengo en la barandilla que rodea el área y apoyo mis antebrazos en ella, observando la escena.

Damián y Oliver Queen
-Flecha Verde- están entrenando. Ambos están sin camiseta, sus cuerpos tensos y marcados por el ejercicio brillan con una fina capa de sudor bajo las luces blancas del gimnasio.

Joder...y yo sin poder siquiera abrazarlo.

Damián, ágil y preciso como siempre, se mueve con una mezcla de disciplina y fiereza. Su postura es impecable, cada golpe, cada bloqueo, ejecutado con la eficiencia de alguien que ha hecho esto desde que puede recordar.

Oliver, con su cuerpo más robusto y mayor experiencia, no se deja intimidar. Hay una diferencia notable en sus estilos: mientras que Damián se desliza como una sombra, Oliver usa la fuerza bruta y el instinto de un guerrero que ha sobrevivido en el campo de batalla.

El sonido de los puños chocando, los giros rápidos y los barridos de piernas crean un ritmo hipnótico. Puedo notar la tensión en los músculos de Damián cada vez que esquiva un ataque y la determinación en sus ojos cuando encuentra una abertura para atacar.

Aparto la vista un segundo y observo el resto de la sala.

Cass y Conner están sentados en un banco cercano, Cass gesticulando mientras habla con entusiasmo sobre lo buenos que están los bocadillos de Alfred. Conner asiente, pero claramente está más enfocado en otra cosa.

Tim está unos pasos detrás de mí, revisando las cámaras de seguridad que instalamos para detectar cualquier ataque inesperado. Logan, en su forma de perro, está tumbado panza arriba cerca de el, profundamente dormido, completamente ajeno al entrenamiento que se lleva a cabo en el centro de la sala.

Justo cuando mi atención vuelve a Damián, escucho la voz de Oliver con un tono burlón.

-No vayas a quedar en ridículo enfrente de tu novio-Damián se gira en mi dirección, y nuestros ojos se encuentran durante un par de segundos.

Ese segundo de distracción es suficiente para que Oliver intente atacarlo, pero Damián es más rápido. Con un giro qué puedo considerar elegante, evita el golpe y se desliza por debajo del brazo de Oliver, usándolo como punto de apoyo para impulsarse y hacer que pierda el equilibrio. La pelea se prolonga durante unos minutos, en los que yo no puedo dejar de mirarlo. Sus movimientos son un espectáculo en sí mismos, un equilibrio entre fuerza y control. Y cuando finalmente Damián logra hacer que Oliver caiga fuera de la estera, no puedo evitar sonreír.

Oliver suelta una maldición entre dientes, recomponiéndose, mientras Damián se acerca hacia donde estoy apoyado. No salta la barandilla, pero se impulsa con un agarre y se inclina sobre ella, quedando más cerca de mí, aunque aún separados por esa fina barrera de metal. Siempre hay algo entre nosotros, algo que impide que nos toquemos por completo.

Quiero que no tenga miedo de tocarme.

Joder, no me va ha hacer daño...

Quiero volver a dormir juntos.

-¿No te has pasado un poco? -pregunto con una pequeña sonrisa, mi tono más juguetón que acusador, Damián arquea una ceja con arrogancia.

-Él solito ha marcado su destino-Siento su dedo meñique engancharse con el mio, en un gesto casi imperceptible, pero que dice más que cualquier palabra. Es tan él... ese contacto sutil pero lleno de cariño, como si necesitara comprobar que estoy aquí, que estamos bien.

-¿Tú qué tal?

-Bueno, no ha habido muertos. Eso siempre me tranquiliza-Intento sonar relajado, pero mi cerebro sigue grita que le pida que no vaya a la Atalaya.

-¿Saldrás esta noche?-
pregunto en un intento de desviar mis propios pensamientos.

-Sí.

-¿Y qué tal te encuentras?

-Bien...Hoy no siento nada raro dándome vueltas en la cabeza.

Por ahora. No lo dice, pero ambos lo pensamos.

-¡Damián, vuelve aquí!-escucho la voz de Oliver desde la estera-Quiero una revancha.

Damián levanta una mano de la barandilla y le saca el dedo del medio sin siquiera girarse. Lo miro de otra vez, queriendo decirle algo más, algo que realmente exprese lo que siento.

-Si te encuentras mal, dímelo, ¿vale?-murmuro, esperando que esta vez no lo tome como algo malo. Pero él suspira y pone los ojos en blanco, me doy cuenta de que lo estoy volviendo a hacer.

-Perdón-digo rápidamente, mordisqueándome el labio inferior mientras espero su reacción.

Por un momento, temo que solo me ignore, que se gire y se vaya. Pero en su lugar, se inclina un poco más y presiona un rápido beso contra mis labios.

El primero en muchos días.

No es un beso apasionado, ni duradero, pero es suficiente para que mi corazón se acelere un poco.

-Nos vemos luego. Ve a comer algo. Te quiero-dice simplemente antes de soltarse de la barandilla y volver a la estera.

-En la cercanía de tu presencia, el anhelo de tocarte se convierte en una dulce tortura que mi corazón soporta en silencio-

No sé cómo lleva Jon lo de estar separados, pero yo estoy a punto de mandarlo todo a la mierda. Las patrullas me ayudan más que nunca, son mi única válvula de escape. Golpear, moverse, sentir la tensión en los músculos, el sudor corriendo por la piel, la adrenalina consumiendo cada pensamiento que intenta atraparme.

Pero en las noches, cuando la ciudad está en calma y el ruido no puede ahogar mis pensamientos, todo se vuelve insoportable. Hace unos días, sentí algo nuevo. No solo la opresión de esas voces en mi cabeza, sino una orden, fría y absoluta, recorriendo cada fibra de mi ser como una descarga eléctrica. Aniquila. Fue tan nítido, tan demoledor, que me quedé paralizado. Mi respiración se aceleró, mi piel se erizó y, por un momento, pensé que iba a perder el control por completo.

Junto con mi padre, llegamos a la conclusión de que quizás los sentimientos fuertes, incluso la misma excitación de imaginarme acostándome con Jon, potencian el poder que tienen sobre mí. Como si mis emociones más intensas fueran un faro al que estas fuerzas invisibles pueden aferrarse, moldearme con ellas.

No puedo permitirlo.

Sé que a Jon le pone triste que me haya ido a dormir a la habitación más alejada de la suya. Lo veo en sus ojos cuando cruzamos miradas en la mansión, cuando me busca instintivamente y encuentra solo distancia. Pero juro que prefiero encerrarme, atarme, hacer lo que sea antes que permitirme hacerle daño.

-Pronto-dice mi padre, y de verdad anhelo acabar con esto de una puta vez.

Porque creo que una de las peores torturas a las que me estoy sometiendo es tener a Jon delante y ni siquiera poder darle la mano.

La necesidad de él es como un hambre constante, una sed que no se apaga. Hay momentos en los que el deseo me golpea tan fuerte que siento que voy a enloquecer. Y la única forma en la que lo he manejado es entrenando hasta la extenuación o masturbándome en la fría soledad de mi habitación, tratando de vaciarme de todo, de la ansiedad, del ardor en mi piel, de la frustración. Pero nada reemplaza el calor de su cuerpo junto al mío, la forma en la que su aliento se mezcla con el mío cuando estamos lo suficientemente cerca como para que el mundo desaparezca.

Dos noches atrás, Dick y yo tuvimos una charla que me provocó unos celos horribles. Celos peligrosos, de esos que queman como si le prendieras fuego a un bosque y lo vieras arder sin poder detenerlo.

-¿Y si alguien más se enamora de Jon?-pregunto.

Porque sé lo que Jon es. Es luz. Es una estrella en mitad de la noche, algo tan cálido y resplandeciente que cualquiera querría quedarse en su órbita. ¿Cómo no iba a haber alguien más que se diera cuenta de lo increíble que es?

Los celos son un fuego devorador dentro de mí, una tormenta de llamas que arrasa con todo a su paso. No es solo miedo a perderlo, es la furia de imaginar a alguien más tocándolo como yo lo hago, besándolo como yo lo beso, amándolo con la misma devoción con la que lo amo. Es un pensamiento venenoso que se desliza por mi mente y amenaza con envenenar cada parte de mí.

Pero entonces respiro hondo y me obligo a recordarlo. Jon es mío, así como yo soy suyo.

-Me da igual, porque cuando esto acabe, Jon va a llevar un anillo de matrimonio y mi apellido detrás de su nombre-afirmé, sin titubeos.

Dick soltó un pequeño silbido, cruzándose de brazos mientras me miraba con esa media sonrisa suya.

-Y yo que pensaba que no eras celoso.

-¿Y tú qué harías si alguien más quiere a Wally?-El silencio que siguió me supo a victoria.

-Me acabas de causar una inseguridad-murmuró al final, pasándose una mano por el rostro.

Pero yo ya no escuchaba.

Después de una patrulla volví a la mansión con la única intención de darme una ducha y caer en la cama. Pero, como siempre, Jon tenía otros planes.

-¿Vemos una película juntos? -preguntó con su tono habitual, ese que siempre tiene un matiz de esperanza, como si esperara que dijera que sí.

Lo miré por unos largos segundos, debatiéndome entre la idea de aceptar o simplemente inventar alguna excusa para evitarlo. No porque no quisiera estar con él, sino porque no confiaba en mí mismo. Mi autocontrol estaba pendiendo de un hilo demasiado fino.

-Vale...Pero me sentaré en el suelo-Jon parpadeó, claramente confundido.

-¿En el suelo?

-Sí.

No insiste, aunque noto cómo aprieta los labios con un gesto de leve desaprobación. Aun así, no dice nada más y simplemente acepta mi norma. Subimos a mi habitación y, mientras él se acurrucaba en la cama, tapándose hasta los hombros y yo colocando el portátil sobre una silla delante de nosotros, para después sentarme en el suelo, apoyando la espalda contra la cama, justo a la altura de su estómago.

Supuestamente, era una de esas películas de misterio que Jon había visto en un tráiler cuando Jason estaba viendo YouTube. Parecía algo inofensivo, una historia sobre un asesinato sin resolver, giros de trama y personajes sospechosos.

Pero no.

No pasó ni media hora antes de que la atmósfera cambiara por completo.

Lo que se suponía que era una película de investigación empezó a volverse extrañamente íntima entre los personajes. Las miradas prolongadas, el lenguaje corporal, la tensión en los diálogos. Hasta que, de repente, la pantalla se llenó de escenas que no dejaban mucho a la imaginación.

La respiración de Jon se volvió más lenta detrás de mí, y sentí cómo se removía ligeramente en la cama.

Le da vergüenza

Yo, por mi parte, endurecí la mandíbula.

-¿Qué coño está pasando?-
pregunté, sin apartar la vista de la pantalla pero con el ceño fruncido.

-Yo... creí que era un thriller-
Dice nervioso-Podemos cambiarla si quieres...-dijo Jon, aunque su voz no sonó demasiado convencida.

Yo podía haber dicho que sí. Podía haberme levantado, tomar el control y poner cualquier otra cosa.

Pero no lo hice.

Porque, en el fondo, me gustaba jugar con fuego.

-Déjala. Ya la empezamos-
respondí con frialdad.

Silencio.

La película seguía su curso y, con cada escena, la temperatura en la habitación parecía subir sin que nadie tocara el termostato. El sonido de los personajes en la pantalla se volvió más intenso, con gemidos que no dejaban espacio para la imaginación.
Jon, detrás de mí, empezó a removerse visiblemente incómodo.

-Damián...-dijo, con un tono que delataba su vergüenza- ¿Seguro que no quieres cambiarla?-Me giré ligeramente para mirarlo por encima del hombro, arqueando una ceja con diversión.

-¿Te da vergüenza?-Jon resopla, pero sus mejillas estaban notablemente sonrojadas.

-No es eso, solo...¡Es demasiado! Pensé que era un thriller, no una película para adultos...-se excusó, tratando de no mirar directamente a la pantalla.
Yo, por otro lado, no sentía ni una pizca de vergüenza.

-No veo el problema-
respondí con calma-En fin, es... ¿cómo decirlo? Sexy-Jon abrió los ojos como platos.

-¡¿Sexy?!

Me encogí de hombros con una expresión de total tranquilidad, aunque en mi interior podía sentir una leve punzada de vergüenza por lo que acababa de decir en voz alta. Pero no iba a retractarme.

Justo en ese momento, en la pantalla, la actriz soltó un gemido que fácilmente podría haber hecho temblar las paredes.

Jon soltó un quejido de horror y se tapó la cara con la manta.

-¡Damián, cámbiala!-No pude evitar soltar una risa baja y provocativa.

-¿Por qué? ¿Te está gustando demasiado? Tú haces cosas...

-¡Callate!.

Intentó moverse hacia el filo de la cama para llegar a la silla donde estaba el portátil y cambiar la película, pero me anticipé, deslizándome rápidamente y bloqueándole el paso con mi cuerpo.

-Oh, no. Nada de eso. Tú fuiste quien la puso, ahora la terminamos juntos-Jon entrecerró los ojos, mirándome con un puchero frustrado.

-¡Damián, quitate!

-No-dije con una sonrisa.

Sin pensarlo mucho, Jon se lanzó hacia la silla, intentando esquivarme por un costado, pero lo bloqueé con un movimiento rápido. En un instante, ambos terminamos enredados sobre la cama, peleando por el control de la situación entre risas contenidas.

-¡Deja de chincharme!-gruñó Jon, intentando apartarme.

-¿Yo? Por favor, has sido tú quien la ha puesto-me burlé, sujetandolo por los hombros para impedirle avanzar.

-¡Pensé que era un thriller!

-Claro, claro. Seguro que todo esto fue un plan maestro para ver si lograbas ponerme nervioso.

-¡¿Qué?! ¡Tienes una mente sucia!

-¿Yo? Yo no soy el que se muere de vergüenza por una simple película-bromeé, acercando mi rostro al suyo con una sonrisilla maliciosa.

-¡Damián, quíta!

-Admite que te está afectando-susurré con un tono provocador.

-¡Te odio!-bufó, aunque su risa lo delataba.

En medio de la pelea, la manta se deslizó de la cama, cayendo al suelo, y el portátil quedó peligrosamente tambaleándose en la silla.

Fue Jon quien finalmente consiguió impulsarse y alcanzarlo, pero en su prisa, la película quedó pausada en una imagen particularmente comprometedora.

Nos quedamos en silencio, mirándonos el uno al otro... y luego hacia la pantalla.

Y explotamos en carcajadas.

Jon se dejó caer contra la almohada, tapándose la cara con las manos.

-¡Esto es de lo peor que me ha pasado!-Yo, aún riéndome, me tumbo a su lado con una sonrisa satisfecha.

-Nah. Apostaría que te ha pasado algo peor.

-Sí... salir contigo.

Le lanzo una almohada directo a la cara.

-Es broma...La verdad es que te echo de menos-Sus palabras son sinceras, pero llevan el peso de algo más grande, algo que ambos hemos estado evitando.

-Yaaa, claro-Bromeo

No sé cuándo comenzamos a acercarnos. No sé qué momento exacto nos arrastró hasta este punto donde el aire se vuelve espeso, donde nuestros cuerpos están tan próximos que mi piel se estremece al sentir su calor.

Pero cuando me doy cuenta, Jon ya está ahí.

Sus labios rozan los míos con la misma delicadeza con la que el océano toca la orilla, como si probara el terreno antes de sumergirse por completo. Y yo, que he pasado noches enteras recordando el sabor de su boca, no puedo hacer otra cosa que rendirme.

Nos besamos.

Lento al principio, como si estuviéramos explorando algo nuevo, redescubriendo lo que ya conocemos. Pero pronto el beso se vuelve más profundo, más necesitado. Es un choque de anhelos reprimidos, de promesas silenciosas que se habían quedado atrapadas en la distancia que nos impusimos.

Jon se mueve, cambiando de posición sin romper el beso, y de repente está sobre mí, sus manos apoyadas a ambos lados de mi cuerpo, su peso hundiéndome en el colchón.

La fricción entre nosotros es una chispa peligrosa. Puedo sentirlo moverse sobre mí, un vaivén lento que me roba el aliento, que me arrastra a un lugar donde todo es calor y piel y deseo contenido demasiado tiempo.

Mis manos suben a su espalda, mis dedos se aferran a la tela de su camiseta como si necesitara algo tangible a lo que sostenerme. Su boca sigue reclamándome, sus labios rozando los míos entre suspiros entrecortados.

Y entonces lo siento.

Los hilos.

Tensándose en el interior de mi mente, como si alguien estuviera tirando de ellos desde la oscuridad, como si algo dentro de mí estuviera despertando con cada latido acelerado.

Es un tirón sutil al principio, apenas una sombra al borde de mi consciencia.

Pero sé lo que significa.

Mis labios se separan de los suyos con un jadeo contenido, mis manos suben a sus hombros y lo empujo con suavidad.

-Para-murmuro, con la voz más débil de lo que me gustaría.

Jon se congela sobre mí.

Su respiración es pesada, su pecho sube y baja rápidamente mientras sus ojos, llenos de deseo y confusión, buscan los míos.

-Damián...-susurra, como si supiera la respuesta antes de preguntar.

No quiero mirarlo. No quiero ver la decepción en su expresión.

Pero lo hago.

Y lo que encuentro en su rostro no es enfado, ni frustración, sino tristeza.

Jon suspira profundamente y cierra los ojos, como si estuviera tratando de calmar algo dentro de él, como si estuviera luchando contra la misma impotencia que me carcome.

Siento su frente apoyarse contra la mía, su calor aún envolviéndome, pero el momento ya ha pasado.

Nos quedamos ahí, atrapados en este limbo entre lo que queremos y lo que no podemos permitirnos.

-Lo siento-murmuro, aunque sé que no es suficiente.
Jon niega con la cabeza y se aparta lentamente, dándome espacio, pero no distancia-Yo también te echo de menos

Jon

Salgo de la habitación, sintiendo aún el eco de nuestra cercanía pegado a mi piel, como un calor fantasma que no termina de disiparse. No quiero irme, pero sé que Damián necesita espacio. Y quizás, si soy sincero, yo también lo necesito.

Camino por los pasillos de la mansión con la cabeza baja, perdido en mis pensamientos, hasta que llego al salón. Me detengo en seco en el umbral de la puerta cuando escucho las risas.

Jason y Roy.

Están sentados en el sofá, relajados, riendo entre ellos con una facilidad envidiable. Jason inclina la cabeza hacia atrás, soltando una carcajada profunda, mientras Roy le dice algo que no logro escuchar del todo.

No quiero interrumpir.

Así que, sin hacer ruido, doy media vuelta y salgo de la mansión, dirigiéndome a los amplios jardines. El aire fresco de la noche me envuelve, pero no logra despejar el peso en mi pecho. Camino sin rumbo, dejando que mis pensamientos se enreden entre sí, sin saber realmente qué hacer conmigo mismo.

Entonces, la veo.

Raven está sentada en una de las bancas de piedra del jardín, con las piernas cruzadas y la mirada perdida en el cielo. Su presencia es como una sombra en medio de la brisa, un punto de quietud en el caos. No tengo ganas de hablar. Ni siquiera de mirarla.

Así que sigo caminando, apartándome de su vista antes de que pueda notar mi presencia. No quiero estar en la mansión. No quiero estar aquí, sintiéndome atrapado en algo que no puedo resolver. Así que hago lo único que tiene sentido en este momento:

Decido patrullar.

No es algo planeado, no es una misión oficial. Es solo un escape. Despego del suelo, dejando que el aire se arremoline a mi alrededor mientras me elevo sobre la ciudad. Gotham brilla con su usual mezcla de luces y sombras, con las calles aún marcadas por la destrucción que hemos intentado contener.

Volar me despeja, me da una sensación de control que no tengo en ningún otro lugar.
Cuando llego a uno de los sectores en ruinas, veo dos figuras moviéndose entre los escombros. Me acerco con sigilo hasta reconocerlos.

Logan y Cyborg.

-¿Qué hacéis aquí?-pregunto mientras aterrizo suavemente a su lado. Logan, en su forma humana, me lanza una mirada despreocupada mientras sacude los escombros de sus manos.

-Lo de siempre. Héroes ayudando a la comunidad.
-Cyborg asiente-Estamos asegurando que no haya más de esas cosas merodeando. Parecen haber disminuido, pero no podemos confiarnos. Cruzo los brazos sobre mi pecho, asintiendo lentamente.

-¿Habéis visto algo?

-Nah, tranquilo. Todo está más tranquilo-dice Logan, estirándose con pereza- Aunque, bueno, tú pareces más tenso que de costumbre.
-Ignoro su comentario. Mis ojos se pierden en el horizonte mientras un pensamiento cruza por mi mente.

-¿Vosotros teneis amigos aquí?-Cyborg frunce el ceño.

-¿A qué te refieres?-Me encojo de hombros, evitando su mirada.

-Hace unos días fui a ver si Katy y Adam estaban bien. Lo estaban. El pueblo también se veía bastante bien, considerando todo lo que ha pasado. No han llegado allí....

-No muchos. No he tenido tiempo de buscar viejas amistades, si a eso te refieres-Cyborg cruza los brazos.

-Nuestro trabajo no deja mucho espacio para mantener conexiones fuera de este círculo-Asiento lentamente, pero no respondo.
Porque en el fondo, eso es lo que me preocupa.

Que en este mundo en ruinas, en medio de tantas responsabilidades, de tantas batallas, estemos condenados a ser solo eso: soldados de una guerra interminable.

Y me pregunto...

¿En qué momento dejamos de ser simplemente personas?

—Las despedidas que duelen no son las que se dicen en voz alta, sino las que suceden en silencio, cuando miras a alguien y sabes que podría ser la última vez—

Han pasado dos días y ya está casi todo listo para la misión. La Atalaya nos espera, y la tensión en la mansión es casi palpable.

La mayoría ha estado ocupada afinando los detalles del plan, revisando equipo y asegurándose de que cada uno sepa su papel. He tratado de mantenerme enfocado, pero no es fácil.

Jason y Roy han pasado bastante tiempo juntos. Es evidente que Jason lo ha puesto bajo su ala, como si viera en él algo que los demás no vemos...No es parte de la misión, por supuesto, pero ha estado ayudando en lo que puede.

Damián, por su parte, ha estado más callado de lo habitual. No es raro en él, pero sé que algo está pasando en su cabeza. No lo presiono. Sé que cuando quiera hablar, lo hará.

Yo solo he tratado de ocuparme en lo que puedo. Revisar los equipos de comunicación, asegurarme de que todos tengamos la información clara. Nadie quiere errores cuando estemos allá arriba.

Cass y Conner han estado coordinando con Batgirl sobre las rutas de evacuación en caso de que algo salga mal. Todos sabemos que la Atalaya es un lugar peligroso si no tenemos una salida clara.

Mientras tanto, Cyborg y Linterna Verde han estado revisando la nave con la que vamos a ir. Es un modelo modificado, diseñado para evitar los radares y sistemas de defensa de la Atalaya. No es infalible, pero es lo mejor que tenemos.

En unas horas, partiremos. Y lo único que espero es que volvamos todos juntos.

Damián está revisando su equipo con la precisión de alguien que ha hecho esto mil veces antes. Su expresión es seria, su mirada afilada mientras ajusta la funda de su espada y comprueba cada una de las cuchillas ocultas que lleva consigo.

-¿Tienes todo?-pregunto, apoyándome en la pared junto a él. Él no levanta la vista de lo que está haciendo, simplemente asiente.

-Por supuesto.

Lo observo unos segundos. Sus movimientos son meticulosos, calculados. Pero sé que su mente está en otro lado.

-No has dormido bien-
comento. Esta vez sí me mira, con una ceja arqueada y un destello de irritación en sus ojos.

-Tú tampoco-responde, cruzándose de brazos, y yo me encojo de hombros.

-No estamos hablando de mí.

Damián suelta un suspiro, pero sigue mirándome. No sé si es porque está cansado o porque, en el fondo, sabe que tengo razón.

-Estaré bien-dice finalmente, su voz firme.

Quiero creerle. De verdad quiero. Pero algo en mí no deja de preocuparse.

-Si en algún momento te sientes… raro-hago una pausa, tratando de encontrar las palabras correctas-dime. No quiero que tengas que lidiar con esto solo.

Damián aprieta los labios, como si la idea de necesitar ayuda le resultara insoportable. Pero en lugar de discutir, simplemente asiente. Es un pequeño gesto, pero significa más de lo que puedo expresar.

-Regresaremos juntos-digo, mirándolo fijamente.

Damián mantiene mi mirada por un momento y, aunque no dice nada, sus ojos me dicen lo que sus palabras no pueden.

Y con eso, es suficiente.

Por ahora.

Jason
Demasiado Joven para Morir


Estoy en mi habitación, revisando mis armas una última vez antes de la misión. Todo tiene que estar en perfecto estado. No podemos darnos el lujo de fallos.

Las balas, los cuchillos, el equipo de protección.

Todo listo.

Pero entonces, escucho su voz.

-Jason, déjame ir con vosotros.

Suelto un suspiro antes de girarme y verlo de pie en la puerta, con los brazos cruzados.

Roy.

El mismo crío al que recogí de la calle hace un tiempo, al que metí en esta casa sin pensarlo demasiado, solo porque no podía soportar la idea de dejarlo tirado a su suerte.

Y ahora quiere venir con nosotros.

-Ni de coña, Roy-respondo sin titubear, él frunce el ceño, claramente molesto.

-Soy bueno con el arco. Sé pelear. No necesito que me protejas.

Es valiente, sí.

Terco como él solo.

Pero no entiende lo que estamos a punto de enfrentar.

-No estás preparado para esto-digo con seriedad, volviendo la vista a mis armas-Lo que vamos a hacer no es una pelea callejera. No es un simple robo o un enfrentamiento con pandilleros.

-¿Y crees que no lo sé?-su voz suena frustrada, casi dolida-No soy un niño, Jason.

Levanto la mirada y lo observo bien. Está tratando de parecer fuerte, pero veo lo que hay debajo de su actitud desafiante.

Miedo.

No miedo a pelear.

Miedo a quedarse atrás.

Miedo a que no volvamos.

Aprieto la mandíbula y suelto un suspiro.

-Precisamente por eso te quedas aquí. Porque no voy a dejar que te pase lo mismo que me pasó a mí cuando pensé que podía con todo.

Él aprieta los puños, pero no responde.

No quiero discutir más.

Me giro y continúo con mi equipo, pero no puedo evitar que los pensamientos empiecen a enredarse en mi cabeza.

Desde que lo saqué de la calle, he intentado no encariñarme demasiado.

Fallé.

Es imposible no hacerlo cuando alguien depende de ti de esa manera, cuando te mira con esa mezcla de admiración, gratitud y terquedad.

Es un chaval con demasiadas cicatrices para su edad. Un niño que ha aprendido a pelear porque el mundo nunca le dio otra opción.

Me recuerda demasiado a mí.

Y tal vez por eso, lo quiero lejos de todo esto.

Tal vez por eso, no puedo dejar que se suba a esa nave con nosotros.

Me aseguro de que mis pistolas estén completamente cargadas, reviso los cuchillos una vez más.

Y cuando levanto la vista, Roy sigue ahí.

Mirándome como si quisiera decir algo más.

Pero no lo hace.

Y yo tampoco.

Porque no hay nada más que decir.

-Quédate aquí-le repito, más suave esta vez.

Él asiente lentamente, aunque sé que odia cada segundo de esto.

Mejor que me odie a que acabe muerto.

Wally

Estoy sentado en el suelo frío de esta base militar improvisada, con la espalda apoyada contra la pared metálica, las piernas estiradas y la mirada perdida en el suelo.

El tic-tac del reloj en la pared es lo único que llena el silencio, pero yo solo escucho mi propia respiración.

La nave está lista. Nos han dicho que en unos minutos nos llamarán para abordar.

Mi pie se mueve con impaciencia, el ritmo acelerado de mi corazón tratando de sincronizarse con mis pensamientos dispersos.

Quiero volver.

No quiero que esto termine como todas esas historias que acaban con un “y nunca regresaron”.

No quiero ver a nadie caer.

Un suspiro me escapa de los labios y, como si lo hubiera estado esperando, Dick se sienta a mi lado sin decir nada al principio.

Solo su presencia me hace sentir un poco más… anclado.

No sé cuánto tiempo pasa antes de que sienta su brazo pasar por mis hombros en un gesto que es más de alivio que de consuelo.

-¿Estás bien?-pregunta en voz baja.

-No-admito, cerrando los ojos un segundo.

No con esta sensación de vacío en el estómago.

Dick asiente lentamente, como si entendiera cada palabra no dicha en mi respuesta.

-Yo tampoco-confiesa.

Giro paraa verlo. Su expresión es tranquila, pero sus ojos… sus ojos dicen otra cosa. Parece sereno, pero sé que está tan aterrado como yo.

-¿Qué pasa si no volvemos? -suelto de golpe.

-No pienses en eso-responde sin dudar-No vamos a morir hoy.

-Lo dices con mucha seguridad-Dick gira la cabeza hacia mí con una sonrisita ladeada.

-Es mi trabajo que creas en eso-Su brazo aprieta ligeramente mis hombros, como si con eso pudiera transmitirme la certeza de sus palabras.

Me quedo mirándolo, con su pelo desordenado, su uniforme listo, su confianza fingida que solo yo sé reconocer.

Quiero decirle tantas cosas, pero las palabras se quedan atrapadas en mi garganta.

Así que no hablo.

Solo me inclino hacia él.

Dick no se aparta.

Nuestros labios se encuentran en un beso lento, sin prisas, sin urgencias.

No es el beso de alguien que se despide, sino el de alguien que promete volver.

Es un “quédate conmigo” disfrazado de silencio.

Cuando nos separamos, nuestros ojos se quedan fijos el uno en el otro, respiraciones mezcladas, el eco de lo que acabamos de hacer aún flotando en el aire.

-Voy a asegurarme de que regresemos-susurra.

Y por primera vez en toda la noche, quiero creerlo.

Chico Bestia

Normalmente, este sería el momento en el que soltaría alguna broma estúpida para romper la tensión.

Algo como “Bueno, chicos, si morimos, al menos no tendremos que pagar impuestos nunca más”, o “Digan lo que quieran, pero si me convierto en un pez en el espacio, técnicamente seré el primer pez astronauta”.

Pero no.

Ahora no hay bromas.

Ahora solo puedo esperar tranquilamente a que el destino haga lo que le dé la gana con nosotros.

No estoy acostumbrado a esto.

A sentirme… así.

Miro a Jon, que está sentado en el suelo, apoyando los codos en las rodillas mientras habla con kori. Su expresión es tensa, pero trata de disimularlo. Es un tipo esperanzador, un “todo saldrá bien” con piernas y una capa.

Y luego miro al otro extremo del hangar.

Damián está sentado sobre unas enormes cajas de equipo, completamente apartado del resto.

No habla.

No se mueve demasiado.

Está ahí, con la cabeza baja, como si en su cabeza estuviera librando su propia batalla.

¿Me pregunto qué demonios estará escuchando en su mente?

Ese pensamiento me revuelve el estómago un poco más de lo que ya está.

Me levanto y camino hasta Jon, dejándome caer a su lado en el suelo.

-¿Sabes? Deberías ir y besarlo-Jon me mira como si acabara de decirle que debería lamer un poste congelado.

-¿Qué?

-Damián-señalo con la barbilla hacia donde está su novio.

-No creo que sea el momento -dice Jon, desviando la mirada. Pongo los ojos en blanco.

-Claro que lo es. ¿Sabes qué pasa con los momentos, Jon? Se acaban -Él frunce el ceño, pero no dice nada-¿Cuántas cosas hemos dejado sin hacer? ¿Cuántas cosas hemos pensado en hacer, pero nos ha dado miedo, vergüenza o lo que sea?

Jon baja la mirada.

-No quiero forzarlo.

-No se trata de forzarlo, idiota-resoplo-Se trata de que si esta es la última vez que lo ves, al menos te asegures de que sepa lo que sientes.

Jon sigue sin moverse.

Suspiro y dejo caer la cabeza contra la pared detrás de nosotros.

-Si algo he aprendido en esta maldita vida-digo, casi más para mí que para él-es que arrepentirse de lo que hicimos duele… pero arrepentirse de lo que no hicimos cuando pudimos, eso es lo que te persigue toda la vida.

Nos quedamos en silencio.

Espero que me diga que tengo razón.

Espero que se levante y vaya con Damián.

Pero no lo hace.

No todavía.

Y yo solo puedo esperar que no se arrepienta de ello.

Bruce

Mis manos se mueven con precisión mientras reviso los controles de la nave. Todo tiene que estar en orden. No podemos permitirnos fallos. No ahora.

Pero mientras chequeo cada sistema, cada protocolo de seguridad, mi mente no deja de vagar por pensamientos que no deberían estar aquí.

Pensamientos que se sienten peligrosos.

Pensamientos sobre la posibilidad de que esta sea la última vez que pilote algo. La última vez que vea el amanecer sobre Gotham. La última vez que escuche la voz de Alfred con su tono siempre impecable, pero con esa calidez que nunca admite en palabras.

No puedo permitir que esos pensamientos me distraigan.

Pero ahí están.

Respiro hondo y levanto la vista un momento.

Clark está al otro lado del hangar, hablando con Diana.

Se ve relajado, como si no estuviéramos a punto de enfrentar una batalla que podría matarnos a todos.

Pero lo conozco.

Puedo ver la tensión en su mandíbula, la manera en la que sus manos se cierran y abren de vez en cuando, como si estuviera tratando de contener su ansiedad.

Y entonces, ese pensamiento que he evitado durante años regresa con la fuerza de una tormenta.

La dificultad de dejar ir un amor verdadero.

Porque amar a alguien no se trata solo de quién es, sino de cuánto tiempo puedes esperarlo.

Y yo… lo he esperado mucho tiempo.

Desde el momento en que supe que él era diferente. Desde la primera vez que entendí lo que significaba su existencia en mi mundo. Desde que me di cuenta de que, sin importar lo que sintiera, nunca podría permitirme cruzar esa línea.

Porque el amor no es solo deseo. Es la paciencia de verlo a la distancia, sabiendo que nunca será tuyo de la manera en que lo deseas.
Es el sacrificio de poner el deber por encima del corazón. Es mantenerse firme cuando todo dentro de ti grita que corras hacia él.

Clark gira la cabeza en mi dirección por un instante, y nuestros ojos se encuentran.
No sé qué ve en mi expresión. Pero lo que yo veo en la suya es lo mismo que he visto desde hace años: Algo que nunca nos hemos permitido decir en voz alta.

Una pausa demasiado larga, una respiración contenida… y luego, él vuelve a su conversación con Diana.

Y yo vuelvo a lo único que sé hacer.

Prepararme para la guerra.

Porque el amor puede esperar.

Pero la batalla no.

Wally

No importa cuántas veces me ponga el traje y salga corriendo hacia el peligro, siempre hay un momento antes de todo donde el miedo se instala en mi pecho. No porque dude de mis habilidades, sino porque sé que hay cosas que ni siquiera mi velocidad puede evitar.

Aún así, quiero volver.

Quiero correr de regreso a casa y encontrarme con Dick esperándome con esa sonrisa burlona que finge que no me extrañó tanto. Quiero ver a mis amigos reírse en la sala de la mansión, compartiendo historias absurdas sobre esta misión como si no hubiera sido una cuestión de vida o muerte.

"No me importa lo rápido que tenga que ir. Volveré. Volveremos todos."

Tim

No es la primera vez que nos enfrentamos a algo imposible. Pero esta vez se siente diferente.

Tal vez porque ahora hay demasiado en juego. Demasiadas personas que no quiero perder.

Siempre he sido el estratega, el que planea y prevé cada escenario. Pero hay cosas que no se pueden calcular, variables que no se pueden controlar.

Y aún así, quiero volver.

No quiero que esta sea la última vez que vea a Conner. Que mi última conversación con Jason sea una que dejamos a medias. Que mi hermano mayor, Dick, tenga que cargar con otro dolor más.

"Si no regresamos, ¿quién contará nuestra historia? Pero si volvemos… será porque nunca dejamos de luchar."

Dick

Me gusta hacer bromas antes de las misiones, relajar el ambiente. Pero ahora, el peso de esta batalla se siente demasiado real.

Porque quiero volver.

Quiero volver para ver a Bruce fruncir el ceño mientras finjo que no hice nada peligroso. Quiero volver para ver a Wally, para decirle que sí, que lo extrañé más de lo que quiero admitir.

No voy a mentir, tengo miedo. Pero no voy a dejar que eso me detenga.

"Caer y levantarse, ese es el verdadero truco. Y esta vez, todos nos levantaremos juntos."

Conner

He perdido a personas antes.

No quiero que pase de nuevo.

La idea de que Tim no vuelva conmigo, de que algo salga mal… es un pensamiento que me persigue más de lo que quiero admitir.

Y no, no puedo decirlo en voz alta. Pero lo sé. Y quiero volver.

Quiero volver para demostrar que no somos solo armas de combate. Que podemos ser más que guerreros, que podemos tener una vida después de esto.

"No somos dioses, pero tampoco somos simples soldados. Somos familia. Y una familia vuelve junta."

Logan

A veces me pregunto por qué seguimos haciéndolo. Por qué seguimos enfrentándonos a cosas que podrían matarnos en un segundo.

Pero la respuesta es simple:

Porque quiero volver.

Quiero ver a mis amigos otra vez. Quiero bromear con Raven, molestar a Tim, compartir una pizza con todos después de que esto acabe.

Quiero vivir.

"Los héroes no siempre tienen finales felices, pero diablos, esta vez lo intentaremos."

Bruce

No importa cuántas veces los vea partir, siempre es lo mismo.

El miedo. La culpa.

Pero ellos son más fuertes de lo que creen. Y yo también.

Quiero que vuelvan.

No solo porque los necesito, sino porque el mundo los necesita. Porque si algo aprendí en todo este tiempo es que no luchamos solo por nosotros mismos, sino por aquellos que no pueden.

"Ser un héroe no es no tener miedo. Es enfrentarlo y volver a casa."

Clark

He visto muchos conflictos en mi vida. Muchas batallas.

Pero esta vez… esta vez es personal.

Quiero que Jon vuelva. Quiero que Conner vuelva. Quiero que todos vuelvan.

Porque no somos solo luchadores en una guerra. Somos personas, con sueños y vidas que queremos seguir viviendo.

"No se trata de ser el más fuerte. Se trata de saber por qué luchas. Y nosotros luchamos para volver."

Lois
La Espera de una Madre

El silencio de la casa es abrumador.

Estoy acostumbrada a la ausencia, a los viajes de Clark, a los días y noches en los que su deber lo llama y debo quedarme atrás, esperando. Pero esta vez no es solo él.

Esta vez también son mis hijos.

Conner, con su actitud desafiante y su corazón más grande de lo que él mismo se da cuenta.

Jon, con su luz inquebrantable, con su alma pura que nunca ha aprendido a temer lo suficiente.

Clark, mi roca, el hombre que siempre ha querido cargar con el peso del mundo sobre sus hombros, sin darse cuenta de que no tiene que hacerlo solo.

Los tres han partido juntos, y aunque sé que no hay nadie más capaz que ellos, eso no me da paz.

Porque no soy una heroína.

Soy una madre.

Y una madre nunca deja de temer.

Conner… cuánto ha pasado desde que llegaste a mi vida y te convertiste en mi hijo tanto como Jon. A veces me pregunto si lo sabes, si entiendes que no necesitas demostrar nada para ser amado, para ser aceptado. Siempre te has sentido como una sombra en un mundo que no pediste, y yo daría lo que fuera porque supieras que nunca has sido menos, que no necesitas ganarte un lugar en esta familia porque siempre ha sido tuyo.

Jon… mi pequeño, aunque ya no tan pequeño. Has crecido demasiado rápido, demasiado fuerte, demasiado bueno. Y temo que el mundo no sea lo suficientemente gentil contigo. Siempre has querido salvar a todos, ser la esperanza que otros necesitan. Pero yo solo quiero que estés a salvo. Que regreses. Que me permitas seguir siendo tu madre un poco más.

Clark… ¿cuántas veces he tenido que verte partir, con esa mirada que dice que harás lo que sea necesario? Eres el hombre más fuerte que he conocido, pero ni siquiera tú puedes prometerme que volverán todos.

Y eso me aterra.

Porque si algo le pasa a cualquiera de ustedes, si pierdo a mi esposo, si pierdo a mis hijos…

No sé si mi corazón lo soportaría.

Así que solo puedo hacer lo que siempre hago.

Esperar.

Y rezar.

"Regresen a casa."

"Los necesito aquí."

"Los amo más de lo que puedo poner en palabras."

Alfred
La Espera del Alma

El eco de sus pasos aún resuena en los pasillos, aunque ya no estén aquí.

Los he visto marcharse muchas veces, con trajes impecables, con miradas determinadas, con el peso del mundo sobre sus hombros. Pero esta vez… esta vez es diferente.

Esta vez los he mirado a cada uno y he sentido algo más profundo que la preocupación habitual. He sentido el miedo de un hombre que ha sido testigo de demasiadas despedidas y que aún no se acostumbra a la idea de que alguna de ellas pueda ser la última.

Los quiero de vuelta.

A cada uno de ellos.

Porque esta casa sin ellos es solo un cascarón vacío.

Porque si algo he aprendido en todos estos años es que no son solo héroes, no son solo soldados en una guerra interminable. Son mis niños.

Tim, con su mente afilada, con su carga silenciosa de responsabilidad que nunca debería haber sido suya.

Jason, con su espíritu rebelde, con su lucha interna entre el dolor y la redención, buscando siempre un hogar aunque finja que no lo necesita.

Dick, con su sonrisa que oculta más cicatrices de las que deja ver, con su forma inquebrantable de sostener a todos, incluso cuando él mismo tambalea.

Damián, mi pequeño maestro de espadas, con su orgullo inquebrantable y su deseo de demostrar que puede valerse por sí mismo, aunque su corazón grite que lo protejamos.

Conner, Jon, Wally, Kori, Logan, Cass, Raven… todos ellos, cada uno con su propia luz y oscuridad, con sus propios miedos y esperanzas.

Y Bruce.

Mi niño perdido, mi huérfano convertido en leyenda, mi hijo en todo menos en nombre.

Que ha cargado con más de lo que ningún hombre debería y que, sin embargo, sigue avanzando, sigue luchando, sigue perdiendo y sigue volviendo a intentarlo.

No quiero otra lápida en el jardín.

No quiero otra noche de silencio en la mesa del comedor, con sillas vacías que gritan nombres que nunca deberían haber sido arrancados de este mundo.

Quiero verlos volver.

Quiero oír sus risas en los pasillos, sus quejas sobre la comida que cocino, los sonidos de una casa que, aunque está hecha de piedra y sombras, sigue siendo un refugio para ellos.

"Regresen a casa."

Esa es mi única plegaria.

Porque si hay algo que este viejo corazón ya no puede soportar… es perder a otro de mis niños.

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