-33-
Todos llevamos miedo bajo la piel, algunos lo esconden con sonrisas, otros lo enfrentan con puños cerrados. Pero está ahí. Siempre
Jon
Desciendo con cuidado, con los brazos tensos y el corazón encogido. Veo el débil parpadeo de su linterna primero, una mancha de luz amarilla luchando contra la oscuridad y el metal inclinado.
Y entonces lo veo a él.
Damián.
Pegado a la pared como si el frío del acero pudiera contenerlo. Con los ojos cerrados, los puños apretados,
dándose suaves golpes contra la cabeza.
Murmura. Una y otra vez, como si las palabras fueran su única defensa.
-No tienes control sobre mí.
No vas a poder conmigo.
No voy a hacerles daño.
La voz se quiebra.
Pero no para.
-No soy un monstruo.
No lo soy.
No lo soy...
No quiero...
Mi pecho se encoge.
Esa imagen se me queda clavada en los huesos.
No pienso dudar ni un segundo más.
Floto hasta él.
Me acerco.
No digo nada.
Solo lo abrazo.
Y en cuanto mis brazos lo rodean, él se me lanza encima,
se me engancha como un koala asustado.
Sus piernas se cierran con fuerza. Sus brazos me rodean con desesperación.
Siento cómo su corazón late desbocado. Cómo respira con dificultad.Y entonces...se calma. Empieza a bajar ese tambor furioso en su pecho.
Y yo solo aprieto más fuerte.
Porque no sé qué hacer mejor que esto.
Estar.
Ser su ancla.
-¿Mejor?-susurro, sin soltarlo del todo.
Él se separa apenas un poco.
Lo justo para mirarme.
Sus ojos ya no tiemblan.
Y antes de decir nada, se inclina y me da un beso suave.
Uno que no pide perdón,
uno que dice gracias por venir.
-Mejor-responde.
Y por primera vez en días,
le creo.
Roy
Lo vi desaparecer en una de las salas laterales, y cuando volvió, traía varias cuerdas colgadas como si fueran serpientes obedientes.
Las ató, probó cada nudo dos veces, y luego bajó con la gracia de un murciélago cabreado hasta donde yo seguía enganchado a la barandilla.
-¿Vienes o te mando flores hasta aquí abajo?-Ató una de las cuerdas a su cintura, me lanzó el extremo y aseguró el agarre.
Trepé.
Con las costillas gritándome que era idiota, con las manos ardidas, con los brazos temblando. Me impulsé por cualquier saliente, arañé los bordes de una rendija,
me empujé con las piernas cuando encontré una vieja caja anclada.
Y al fin, llegué a una viga.
Pude subir por ella hasta una escalera lateral. El cuerpo me ardía. La respiración era fuego y hierro. Y el dolor en las costillas...Joder, me hizo querer vomitar ahí mismo.
Me detuve.
Apretando los dientes.
Apoyándome contra el muro.
Y entonces, claro, él suelta su comentario.
-¿Qué pasa? ¿Te faltan ganas de vivir?
-Vete a la mierda-le respondo, jadeando.
Lo miro desde donde estoy.
Todavía arriba.
Todavía con esa maldita expresión entre orgulloso y molesto.
Le saco el dedo del medio.
Porque es lo único que me queda.
-¡Todavía te veo muy lejos!-grito con una media sonrisa.
Y aunque me duele, aunque me quema por dentro, sigo subiendo. Porque si él está ahí,
yo también.
Pero entiendo el sonido es inconfundible.
Ese chillido áspero.
Ese arrastre como garras contra metal húmedo.
Uno de esos bichos.
El dolor en mis costillas se borra de golpe, como si el miedo y la adrenalina hubieran echado a patadas a la fragilidad.
Desenfundo el arco.
Mis dedos, aunque temblorosos, encuentran el ritmo que ya conocen.
Respiro.
Pero no viene de abajo.
Ni de un lateral.
Arriba.
Levanto la mirada.
Y allí está, pegado a una viga, apenas a unos metros por encima de Jason.
Escondido entre sombras,
con esos ojos brillantes,
fijos en él.
Y Jason está mirándome a mí.
-¡Jason!-grito sin pensarlo.
Él frunce el ceño.
Pero ya he apuntado.
Ya lo tengo.
Suelto la flecha.
El aire corta.
Y un segundo después, el bicho cae sin cabeza.
Cloc.
Impacta contra el suelo con un sonido húmedo y pesado.
-¡Deja de preocuparte por mí! -le grito, aún con el arco en alto-¡Vigila tus putas espaldas, Todd!
Pero entonces...me mira.
Directo.
Sin esa burla habitual.
Y dice:
-No pienso dejar de mirar lo que me importa, Roy.
Me quedo quieto.
Literalmente sin aire.
El arco se me baja solo, y siento algo raro en el pecho.
Un tirón.
Un calor.
Una rabia dulce que no sé cómo manejar.
Y mierda.
Me gusta más.
Tim
Llego al final del pasillo y me dejo caer contra la pared como si mis piernas no fueran parte de mí. Estoy sudando frío, el pulso me retumba en los oídos y siento las manos entumecidas de tanto aferrarme al gancho, a la barandilla, a la vida.
Respiro.
Suspiro.
Todo me da vueltas.
Las luces parpadean.
El olor a humo, sangre y metal quemado me revuelve el estómago.
Me llevo una mano al pecho, intentando regular la respiración.
No puedo parar ahora.
No puedo.
Pero sí puedo...preguntar.
Presiono el comunicador, la voz me sale rasposa, más débil de lo que esperaba:
-¿Alguna baja?-miro al suelo, respiro hondo-¿Alguien?
Solo quiero una voz.
Una señal. Algo que me diga que seguimos. Que, a pesar de todo... no estamos cayendo uno por uno.
Wally
El pitido del comunicador llega a mis oídos como un eco en medio del caos. Es Tim.
Su voz suena cansada, apagada...y eso no es algo que se oiga todos los días.
-¿Alguna baja? ¿Alguien?
Me detengo un segundo.
Estoy al final de un corredor que parece haber sido arrancado a mordiscos.
Las paredes están chamuscadas, hay restos de criaturas por todas partes y mis botas resbalan cada dos pasos.
Miro a mi alrededor.
No hay enemigos a la vista por el momento, solo el zumbido de la nave que se retuerce y cruje como si no quisiera soportar nuestro peso un segundo más.
Llevo el comunicador a mis labios, resoplando una risa nerviosa mientras recupero el aliento.
-Aquí Wally...sin bajas. Pero con ganas de darle una patada a todo esto hasta que se desarme.
Me apoyo contra la pared y cierro los ojos solo un segundo.
El pecho me sube y baja.
El traje está roto por un costado y me arde la piel donde una de esas cosas intentó arrancarme medio costado.
-Sigo con Dick. Estamos... bueno, enteros. Por ahora. Tú, ¿estás bien?
Pausa.
-Tim. Dime que sigues ahí.
Porque aunque vaya más rápido que nadie, hay cosas a las que no puedo llegar a tiempo...y eso es lo que más miedo me da.
Cuando escucho su voz decir "sí, estoy bien", me permito un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. Esa respuesta vale oro ahora mismo. Pero justo cuando voy a decir algo más, Tim corta la comunicación.
-Tsk...-chasqueo la lengua, dejando caer la cabeza contra la pared.
Y entonces, como era de esperarse, Dick.
-¿Se puede saber en qué estabas pensando, Wally?-me suelta sin rodeos, con esa voz entre hermano mayor, líder agotado y estás completamente loco.
Lo miro de reojo, apoyado en la misma pared que yo.
Tiene un rasguño en la frente, sangre seca en el cuello y el pecho subiendo y bajando con rapidez.
-¿A qué te refieres? ¿A cuando salvé tu precioso culo del bicho que te iba a clavar las garras en la espalda?-le respondo con una sonrisa torcida.
Dick no se ríe.
Solo alza una ceja.
-Me refiero a que cruzaste una sala llena de mutantes, deslizándote por una rampa inclinada cubierta de sangre y aceite, lanzándote encima de una de esas cosas sin saber si había más esperándote. ¿En qué universo eso te parece una buena idea?
Me encojo de hombros.
-En el universo donde tú no acabas en filetes, por ejemplo.
Él me mira unos segundos.
Esa mirada que mezcla furia y preocupación.
Esa que me recuerda que me conoce mejor que nadie.
-Te odio-murmura.
-Yo también te quiero-
respondo, y le guiño un ojo.
Se queda en silencio... y luego suelta una risa baja, cansada.
Nos quedamos así un momento.
Respirando.
Vivos.
Jodidos, pero vivos.
Conner
Creí que teníamos un respiro.
Uno de esos raros momentos en medio del infierno donde puedes escuchar tu respiración, sentir tu pulso, pensar "vamos bien".
Pero claro... no duró.
Escuché el crujido primero.
Un sonido viscoso, pegajoso, como carne malformada deslizándose por metal caliente.
Y entonces lo vi.
Uno.
Dos.
Cinco.
Saliendo de las rejillas, trepando por las paredes, arrastrándose por el techo como si fueran parte de la nave misma.
Me adelanté, el cuerpo en tensión. No tuve tiempo de pensar. Solo actuar.
A uno le estampé el puño directo en la cabeza. Sentí cómo el cráneo-si es que eso era un cráneo-se hundía como arcilla húmeda. Otro me saltó encima y tuve que girar en el aire, clavándolo contra la pared con una patada.
Pero siguen saliendo.
No paran.
-¡Son como una plaga viva!-gruñí entre dientes, mientras otra bestia intentaba morderme la pierna.
Bárbara disparó justo a tiempo. Bruce derribó a dos más con un par de batarangs eléctricos. Pero no hay espacio para moverse bien. No hay tiempo para recuperar el aliento.
-¡No podemos seguir así!-dije mientras aplastaba a otro contra el suelo-¡No si siguen saliendo de todas partes!
Y lo peor de todo es que,
mientras lucho,!mi oído sigue buscando una voz.
Un corazón.
Tim.
¿Estás bien?
¿Dónde estás?
Pero no tengo respuesta.
Solo el rugido de estos malditos monstruos que parecen no tener fin.
Damián
Jon me sube en silencio, flotando con ese control casi perfecto que tiene sobre su cuerpo y la gravedad. Su brazo firme en mi espalda, su respiración apenas audible. Y por primera vez en lo que parece una eternidad,
estoy tranquilo.
No escucho la voz de mi madre.
No siento los hilos tirando de mi mente como cuerdas enredadas.
Solo está él.
Y el sonido constante de la nave crujiendo a nuestro alrededor.
Por un segundo pensé que perdería el control.
Que me rompería en mil partes justo antes de llegar.
Pero aquí estoy.
Entero.
Más entero de lo que creí posible.
Cuando llegamos al acceso de la sala de comando, Jon se prepara para forzar la puerta con las manos, pero lo detengo con una mano en su pecho.
-No. Si haces eso, la nave entera va a gritar.
Saco el panel de seguridad con rapidez.;Mis dedos se mueven por la consola como si la conociera de memoria.
Y en parte, la conozco.
Mi madre no es tan impredecible como cree.
Los códigos desfilan ante mis ojos.
Uno. Otro. Otro.
Un bloqueo. Lo rompo.
Una trampa. La esquivo.
-Casi...-murmuro, y entonces- Listo.
Pshhhhh.
La puerta se abre.
Jon y yo damos un paso dentro. Mis sentidos se tensan al instante.
Los músculos se activan.
El pulso acelera.
Pero...
No hay nadie.
Nada.
Ni pasos.
Ni respiración.
Ni presencia.
Solo silencio.
Un silencio antinatural.
Como si la sala misma estuviera conteniendo el aliento.
-Está vacía-Dice Jon
Asiento, aunque no dejo de avanzar con cautela.
-Sí... y eso es peor. Mucho peor.
Jason
Cuando Roy por fin consigue trepar hasta donde estoy, lo agarro con ambas manos antes de que se le resbalen los dedos de la viga.
-Te pesa el culo ¿Eeh?-le digo, firme.
-Que te den.
Tiro de el con cuidado hasta que sus botas tocan la superficie metálica. Está sudando, con el rostro apretado por el esfuerzo y el dolor que no logra ocultar.
Me abraza, o al menos se apoya en mí, y yo lo sostengo sin pensarlo dos veces.
-No aprietes tanto-murmura, con una mueca-Tengo las costillas bailando la conga.
Sonrío apenas.
-No seas llorica.
Él se ríe, agotado, y yo empiezo a ayudarlo a subir el último tramo. Pongo mi mano bajo su pie, lo impulso suavemente, guiándolo hasta que sus manos se aferran al borde del pasillo. Lo empujo un poco más y, con un último esfuerzo, finalmente llegamos.
Los dos caemos sobre el suelo con un respiro entrecortado.
Apenas tenemos un segundo para disfrutar la pausa cuando el comunicador zumba en mi oído. La voz de Damián suena clara, tensa, contenida como una cuerda a punto de romperse.
-La sala de comando... está vacía. Mi madre no está aquí.
El pasillo queda en silencio.
Roy me mira.
Yo solo asiento, con los dientes apretados.
-Por supuesto que no lo iba a poner fácil...-murmuro.
Miro al frente, al resto del pasillo.
Dick
-¿¡Cómo que no está!?-
pregunto por el comunicador mientras mi porra eléctrica estalla contra el cráneo de otro de esos malditos monstruos que Wally ha tirado al suelo con una ráfaga de velocidad.
Escucho su respiración agitada mientras me limpia el paso. Pero lo que me escuece es lo que acaba de decir Damián.
-¿Y quién coño movía la nave entonces?
Espero respuesta.
Nada.
Solo estática y un silencio espeso.
Wally gira hacia mí, los ojos aún enfocados en el pasillo.
Y entonces... todo vibra.
Primero un temblor suave, luego el zumbido agudo del metal que se contrae.
-Menuda mier....-empieza Wally.
Y no termina.
La nave gira.
Gira con fuerza.
Con ganas .
Como si alguien-o algo- hubiera tomado el control.
El mundo se inclina.
Nosotros con él.
Todo lo que no está sujeto sale volando por el pasillo: escombros, armas, incluso los cuerpos de esas cosas deformes. Mi espalda choca contra la pared, Wally se aferra a una barandilla oxidada con un gruñido.
-¡Genial! ¡Perfecto! ¡Esto es lo que faltaba!-grito, mientras intento mantenerme en pie.
Damián
Estamos girando como en una puta lavadora.
Todo da vueltas.
La sala de comando, las luces, las paredes, mi estómago.
Un segundo estaba con los pies firmes en el suelo, y al siguiente...el mundo se inclina de lado y me vi volando hacia una pared de acero.
Pero Jon...Jon me atrapó.
Otra vez.
Me aferro a su cuello con los dientes apretados, sintiendo la presión en los oídos, la vibración insoportable de la nave rugiendo como si fuera a desarmarse.
-¡¿Qué coño está pasando ahora?!-grito entre dientes.
Y entonces suena la voz.
La única voz que siempre consigue atravesar el caos.
Mi padre.
-A todos los equipos: salid de ahí. Repito, salid de ahí. No tenemos control. Nos reagrupamos en la zona de evacuación.
Mi corazón se congela.
Porque esa voz, incluso con su firmeza habitual...tiene miedo.
Miro a Jon.
Y sé que él también lo sintió.
-Tenemos que movernos-le digo con los labios apretados-
Ahora.
Tim
Me siento como un maldito hámster atrapado en una rueda que no deja de girar.
Todo da vueltas.
Los pasillos, las luces rojas parpadeando, mi equilibrio.
Y no ayuda que esté hecho una completa mierda.
El cuerpo me duele, los músculos me pesan como si arrastrara sacos de arena pegados al traje, y ya me he tropezado un par de veces.
-Estaría bien volar ahora mismo... o al menos un amigo con capa que vuele-murmuro para mí, apretando los dientes mientras giro una esquina.
Y como si el universo me escuchara, ahí están:
esos bichos.
Malformados, resbaladizos, grotescos. Y lo peor es que ni ellos pueden con este desmadre: se resbalan más que yo. Uno choca contra la pared, otro patina con sus garras clavadas en el metal,
y por un segundo, juro que uno de ellos me mira como si compartiéramos la misma desesperación.
Pero no me detengo.
Golpeo.
Esquivo.
Respiro con dificultad.
Y mientras sigo corriendo por este laberinto de muerte,
el pensamiento que me golpea una y otra vez es:
Esto no estaba en ninguno de los planes.
Ni en los de Bruce.
Ni en los míos.
Ni siquiera en los locos de Damián.
Una trampa.
Perfectamente diseñada.
Solo me queda avanzar.
Tropezando, sangrando, maldiciendo cada pasillo...
y esperando que cuando esto acabe, aún quede algo de nosotros para volver.
Jon
Salir de ahí fue un infierno.
Uno de esos que ni los cómics más exagerados se atreven a dibujar.
Nada más dejar a Damián en la nave de evacuación-esa que aún no sé cómo no explotó en mil pedazos con todo lo que estaba ocurriendo-me quedé mirándolo unos segundos, asegurándome de que respiraba con normalidad.
Estaba pálido, jadeando, y aún tenía esa sombra de oscuridad en los ojos...pero estaba vivo.
Le apreté la mano, una última vez, y luego me giré.
-Volveré-le dije, aunque la promesa me quemaba en la lengua.
Y me fui.
Volé con el corazón dándome martillazos en el pecho.
Fui a por Jason y Roy.
Me guié por el eco de una conversación, un grito, y después vi la silueta de Roy a duras penas subiendo una estructura con sangre en la camisa.
Jason estaba sujetándolo con una mano y dándole ánimos con insultos.
-¡¿Qué haces aquí?!-me gritó Jason nada más verme.
-Soy el taxi-le respondí, y antes de que pudieran protestar, ya los estaba levantando del suelo.
Conner, por su parte, no tardó ni cinco segundos en despegar después de dejar a Bruce y Bárbara a salvo.
-Voy por Tim-dijo, y su voz no aceptaba discusión.
Sabía que nada ni nadie lo detendría.
Raven y Kory hicieron lo suyo.
Kory voló con una velocidad que no le había visto en años, y Raven invocó una sombra de oscuridad que cubrió medio pasillo.
Logan estaba malherido, medio desmayado en brazos de Raven, mientras Dick y Wally eran arrastrados por Kory como si fueran dos sacos de patatas.
-¡Estoy bien! ¡Suéltame!-gritaba Wally, aunque todos sabíamos que sin su ayuda no habría salido de allí.
Dick solo jadeaba, con la cabeza apoyada contra el hombro de Kory, sin decir una palabra.
Cyborg y Linterna Verde cubrían la salida, generando barreras de luz y campos electromagnéticos que empujaban a los últimos mutantes hacia atrás.
Wonder Woman, con el rostro endurecido, estaba rescatando a los que quedaban atrapados entre los pasillos derrumbados, cortando placas de acero con su espada como si fueran papel.
Cada uno de nosotros hizo lo imposible.
Lo imposible.
Los pasillos eran fuego, sangre, humo.
Las luces de emergencia no paraban de parpadear.
Y la nave... la maldita nave se estaba colapsando.
Pero nadie se quedó atrás.
Nadie.
Vi a Conner salir con Tim en brazos.
Tim estaba consciente, con el rostro cubierto de polvo y sangre, y aún así levantó la mano en señal de que estaba bien.
Vi a Jason soltar un suspiro cuando Roy se sentó finalmente en la nave con un quejido y dijo que no volvería a meterse en algo así ni por todo el oro del mundo.
Vi a Bruce sentarse en silencio, con las manos unidas, mirando al suelo.
Y vi a mi padre...con la mirada fija en mí.
Nos miramos.
No dijimos nada.
Pero supimos que lo habíamos logrado.
Subí al compartimento médico. Allí estaba Damián, con los ojos cerrados, la cabeza apoyada contra la pared.
Me senté a su lado.
No dije nada.
Él tampoco.
Solo entrelazó sus dedos con los míos.
Poco después, nuestra nave despegó.
El sonido de los motores llenó el espacio, ensordecedor al principio, hasta que solo quedó el zumbido constante que temblaba bajo nuestros pies. A pesar del eco metálico, del olor a sangre y humo... era un sonido reconfortante.
Era el sonido de salir de allí.
De que, contra todo pronóstico, seguíamos con vida.
Dick estaba recostado sobre una camilla, respirando con dificultad pero con la mirada enfocada en Wally, que no se había movido de su lado ni por un segundo.
-Tengo media costilla rota y me duele respirar...-murmuró Dick, intentando bromear mientras una unidad médica automática lo escaneaba-pero al menos no estoy muerto.
Wally, sentado a su lado, le pasó un paño por la frente y susurró:
-Eso ya es suficiente para mí.
La máquina selló una herida en su costado con una descarga de bio-gel. Dick apretó los dientes sin quejarse. Wally solo le sostuvo la mano, más fuerte.
En otra camilla cercana, Roy se sujetaba las costillas con una expresión tensa. El uniforme estaba desgarrado por varios sitios, y sus brazos llenos de arañazos, pero estaba entero. Una médica de apoyo-una de las que Bruce había dejado en la nave-estaba envolviéndole el torso con vendas frías y un refuerzo estabilizador.
-Te dije que no estabas listo para esto-le gruñó Jason, de pie a su lado, cubierto de cortes y con el ceño fruncido.
Roy lo miró de reojo, sin perder la sonrisa.
-Y sin embargo aquí estoy, vivo y te he salvado dos veces.
Jason suspiró, pasó una mano por su pelo y se sentó junto a él en el borde de la camilla.
-Cállate.
Tim estaba al fondo, recostado pero no dormido. Tenía una venda temporal en la pierna y otra en la muñeca. La médica que lo atendía trabajaba rápido pero con cuidado.
Conner estaba a su lado. No lo había dejado solo ni un segundo.
-¿Cómo te sientes?-le preguntó Conner en voz baja.
Tim lo miró, agotado, con ojeras marcadas y la voz ronca.
-Como si me hubiera atropellado un tren...
Conner le sonrió, y sin decir nada más, le sujeto la mano.
A lo largo del compartimiento médico, se escuchaban jadeos, gemidos bajos, conversaciones susurradas.
Nadie hablaba en voz alta.
El silencio no era incómodo...
Era respeto.
Por el infierno que acabábamos de sobrevivir.
No habíamos ganado todavía.
Pero habíamos vuelto.
Y a veces, volver con vida,
era la mayor victoria.
Damian
Volver fue...
Difícil de describir.
No hubo aplausos.
Ni lágrimas.
Ni siquiera silencio solemne.
Solo pasos pesados y respiraciones contenidas mientras bajábamos de la nave, cada uno cargando sus heridas, sus pensamientos, y lo que no podíamos decir en voz alta.
Mi pecho seguía agitado, pero no por el combate... sino por lo que sabía que venía después.
Porque regresar no es solo volver a casa: es enfrentar lo que dejaste atrás cuando saliste.
Nos reunieron en la sala principal de la mansión.
Alfred tenía la mesa lista con lo poco que alcanzó a preparar en el tiempo que nos llevó volver.
La mayoría no tocó nada.
Algunos sí, por instinto.
Otros solo se sentaron y miraron al vacío.
Cuando mi padre se puso de pie al frente de todos, con el rostro más serio que nunca, yo di un paso al frente.
Mi voz no tembló.
Pero mi estómago sí.
-La sala de control estaba vacía-Me escuché decir-No había nadie. Mi... madre no estaba. Solo nos dejaron una pista falsa. Una trampa.
Mi padre asintió, sin sorpresa en los ojos.
-¿Y lo que oíste?-preguntó él.
Tragué saliva.
No quería hablar de eso.
Pero todos estaban allí.
Esperando respuestas.
-La escuché en mi cabeza. Me dio órdenes...quiso forzarme a obedecer-Elevé la mirada-Casi lo logra.
Pude ver cómo los rostros alrededor se tensaban, algunos con temor, otros con compasión.
Yo no quiero compasión.
-No lo logró-aclaré.
Y eso fue todo.
No necesitaba justificarme más.
Después, hubo preguntas, comentarios sueltos, estrategias revisadas.
Pero yo ya no estaba allí.
No del todo.
Me quedé junto a una ventana, apoyado en el marco, observando la noche sobre la ciudad.
Pensando en cómo mi madre, aquella que una vez me sostuvo de niño en brazos...
Ahora quería romperme por dentro.
Reescribirme.
Y mi padre, que solía guardar sus emociones como si fueran armas, ahora me miraba como si le costara respirar solo de pensar en perderme otra vez.
Ya no sé qué vínculo nos une, a ninguno de los tres.
Pero sé que no quiero ser una herramienta para ninguno.
No soy un arma.
No soy un hijo que se deja guiar de la mano.
No soy una amenaza esperando ser activada.
Soy Damián.
Y por más confuso que sea este regreso, yo he elegido quedarme de este lado.
Jon
Le he dejado a Damián su espacio.
Porque lo conozco.
Porque sé que, aunque a veces sus muros sean altos y su mirada se vuelva impenetrable,
si me necesita, me avisará.
No le hace falta que esté respirándole en la nuca.
A veces solo necesita silencio, y una puerta entreabierta por si quiere cruzarla.
Así es él.
Así somos nosotros.
Lo he observado sin ser invasivo.
Desde el otro lado del pasillo, desde una esquina de la sala. No quiero presionarlo, ni pedirle explicaciones. No quiero que sienta que tiene que desmostrar fuerza o esconderme el dolor.
Solo quiero que sepa que estoy.
Siempre estoy.
No sé qué pasa por su cabeza ahora. No sé qué siente al mirar a su padre con esa mezcla de respeto, temor y algo más que no logro descifrar. Tampoco sé cuánto daño le hace todavía el recuerdo de su madre o las palabras que escuca en su mente.
Pero sí sé lo que yo siento:
Una mezcla constante de orgullo, impotencia y amor.
Un amor paciente, aunque a veces me rompa un poco por dentro.
Hoy me quedo en su periferia.
No invado.
No exijo.
Solo respiro.
Y espero.
Y cuando esté listo...cuando su alma deje de temblar y me busque con esos ojos que son tormenta y hogar a la vez,
entonces le abrazaré sin decir nada, porque él no necesita promesas, solo presencia.
Y la mía...siempre le pertenece.
Me siento con mamá en el salón a ver una película.
Es una de esas noches raras, donde todo está en silencio, donde el mundo parece estar en pausa...y eso está bien.
Ella me pasa un bol de palomitas y me sonríe como si no hubiéramos visto juntos esta misma película al menos cinco veces. Pero no me importa.
Lo que importa es estar aquí. Con ella.
Apoya su cabeza en mi hombro y suspira. No dice nada, pero siento ese tipo de suspiro que guarda cansancio, preocupación...amor.
La abrazo un poco más fuerte, solo para que sepa que yo también lo siento todo, incluso si no lo digo.
La pantalla parpadea con colores cálidos.
La historia avanza.
Pero yo me quedo pensando en lo fácil que es olvidar lo importante cuando el mundo se llena de caos.
Y justo ahora, lo importante es esto:
mi madre, una manta, palomitas saladas y el sonido tranquilo de estar en casa.
Porque a veces, la paz no se encuentra salvando el mundo.
A veces, está justo aquí, en un sofá compartido y una película repetida.
Dick
Han pasado dos días, y todavía siento la presión en las costillas cuando respiro profundo. No es grave. Solo una advertencia de que no somos de acero, aunque a veces lo aparentemos. Wally ha estado todo el tiempo cerca. Me hace reír con cualquier tontería. No lo dice, pero sé que también está asustado. Y eso está bien. Porque yo también lo estoy.
Tim
He pasado la mayor parte del tiempo encerrado en la biblioteca. Hay algo tranquilizador en el orden de los libros, en la lógica de las páginas. Me cuesta dormir. Cierro los ojos y los pasillos de la Atalaya siguen ahí. Conner me ha traído café dos veces hoy, sin decir mucho. Su presencia me ayuda. Aunque no lo diga, sé que también está esperando a que yo hable.
Jason
Roy está dormido ahora mismo en el sofá. Tiene los pies sobre mis piernas y se queja cada vez que intento moverme. Lo miro y pienso que casi lo pierdo. Y lo odio un poco por haberse metido en esto... pero sobre todo, me jode cuánto me importa. No se lo he dicho. Pero creo que lo sabe
Conner
Me quedo quieto más de lo que suelo. A veces solo... escucho. Como si el latido de Tim me dijera más que sus palabras. No ha querido hablar de lo que pasó allá dentro. Y yo no voy a presionarlo. Lo esperaré, como él me ha esperado otras veces. No necesito promesas. Solo tiempo.
Wally
Dicen que el tiempo cura.
Yo digo que corre.
Y a veces se lleva cosas.
He estado pegado a Dick desde que regresamos, como si soltarlo fuera una mala idea. Me dice que está bien, pero yo lo conozco mejor. Por eso le hablo de tonterías, le cuento chistes, le llevo chocolate.
Raven
El silencio ha sido mi refugio. No necesito hablar para comprender lo que hay en el ambiente. Tanta tensión, tanta fragilidad envuelta en capas de "estamos bien". A veces me cruzo con Damián en los pasillos. No me dice nada, solo me mira. Y yo le devuelvo la mirada con algo que no necesita palabras: entendimiento.
Roy
No me he quejado tanto como podría. Jason me vigila como si estuviera hecho de cristal. Me ha quitado el arco dos veces porque "aún no estás para eso". Pero igual practico con una goma elástica cuando él no mira. No quiero que me vean como una carga. Aunque, para ser sincero... me gustó volver con ellos. Me sentí parte de algo.
Clark
He intentado estar cerca de Jon sin asfixiarlo. Él no lo sabe, pero lo observé cuando volvió con Damián en brazos. Su cara... tenía miedo. Miedo real. Ese que no se disfraza. Y sé que eso lo ha cambiado.
He hablado poco.
Solo he escuchado.
Porque a veces, los padres solo podemos ofrecer presencia.
Bruce
Han vuelto todos. Por ahora. Los veo moverse por la casa, cada uno buscando algo que los haga sentir normales. Pero no hay normalidad después de una guerra. Solo fragmentos que intentamos encajar. Les estoy dando tiempo... y también buscando el siguiente paso.
Porque Talía sigue ahí.
Jon
Damián no ha dicho mucho, pero me ha dejado quedarme en su habitación. Nos quedamos dormidos con las manos entrelazadas. No necesito más que eso para saber que, por ahora, estamos bien. Su respiración me da paz. Lo miro dormir, y aunque el mundo siga siendo un lugar complicado...esta, es mi calma.
Damián
Dejo que Jon se quede conmigo.
No lo dije en voz alta. Solo abrí la puerta y no la cerré cuando lo vi en el marco, con esa mirada suya que mezcla cansancio y lealtad. No me preguntó nada. Solo entró. Se sentó en el borde de la cama, se quitó las botas en silencio y se tumbo a mi lado, dejando un pequeño espacio entre nosotros.
No hablamos mucho.
Aprovecho que estoy en paz.
Que no escucho nada.
Ni voces, ni órdenes que intentan aplastarme desde dentro. Solo el ritmo de mi respiración y el sonido suave del viento tras los cristales.
Es la tercera noche.
Y por primera vez en mucho tiempo, el silencio no me pesa.
Me giro hacia él.
Jon está con los ojos cerrados, pero no duerme. Lo sé porque su mano busca la mía entre las sábanas y entrelaza sus dedos como si esa fuera su forma de decir "aquí sigo". Le devuelvo el apretón, suave. Me acerco un poco más. Solo un poco.
Apoyo la frente en su sien.
-Gracias por no irte-susurro, apenas audible.
Siento cómo sonríe.
-Nunca lo haría.
Y entonces lo beso.
No por deseo, no por impulso. Lo beso porque quiero que sienta lo mismo que siento yo ahora: que el caos se ha detenido, que estoy aquí, que estoy eligiéndolo.
Lo beso como si si pudiera atar esta paz a mis labios.
Como si al tocarlo, pudiera recordarme a mí mismo que todavía hay cosas buenas. Que él es una de ellas.
Mis manos no buscan más que contacto.
Su mejilla, su cabello, su pecho latiendo bajo la tela.
No hay prisa. No hay fuego. Solo calor. Solo presencia.
Y cuando volvemos a acurrucarnos bajo las mantas, me quedo escuchando su respiración.
No por temor a que desaparezca, sino porque...no quiero perder ni un segundo más de esto.
De él.
De lo que somos, cuando el mundo no se está cayendo a pedazos.
Jon
Esa mañana lleno la bañera.
El agua está caliente, humeante, pero no me reconforta. Me hundo hasta el cuello, dejando que el mundo desaparezca bajo la superficie, aunque sea solo por unos minutos.
Nunca pensé que la vida podía ser tan complicada.
No los monstruos, ni las naves, ni los mutantes.
Eso lo entiendo. Eso lo lucho.
Lo que no entiendo es esto... esta sensación de estar solo incluso cuando todo ha pasado.
Damián no estaba cuando me desperté.
Y eso me duele.
No dejó nota, ni mensaje, ni un gesto que diga "volveré pronto."
Solo su lado de la cama frío, las sábanas desordenadas y ese silencio que me golpea más fuerte que cualquier batalla.
Me quedo en la bañera más tiempo del que debería.
El agua se enfría. Pero sigo ahí, porque al menos aquí...no tengo que fingir que todo está bien.
Aquí puedo cerrar los ojos.
Exhalo, y el sonido retumba en el cuarto de baño vacío.
Me encojo sobre mí mismo.
Y susurro su nombre como si pudiera hacer que aparezca.
-Damián...
Roy
La habitación de Jason huele a algo entre café frío y su loción para después de afeitar. Hay ropa en una silla, una pistola en la mesa y un casco rojo apoyado junto a una taza medio llena. Todo eso me hace sentir, irónicamente, en casa.
Estoy sentado en el borde de la cama, con la camiseta levantada hasta el pecho, respirando lento porque cualquier movimiento brusco me arranca un quejido. Las costillas me arden como si un camión me hubiera pasado por encima... lo cual, honestamente, no estaría tan lejos de la realidad.
-No respires tan fuerte-me dice.
-Intento no hacerlo, pero resulta que es...vital-respondo, medio riéndome, medio quejándome.
Tiene las manos frías por la crema, pero su tacto es suave. Pasa los dedos por los hematomas con cuidado, extendiendo el ungüento con la paciencia de alguien que ya ha hecho esto antes. Muchas veces.
-¿Te duele?-pregunta, sin mirarme, centrado en la zona del golpe.
-Solo si respiro, si me río, si hablo... si existo.
Jason suelta una pequeña risa por la nariz, y por un segundo deja de aplicar la crema.
-Eres un idiota.
-Y tú estás echandome crema con una delicadeza que ni Alfred, así que...-hago una pausa y lo miro con una sonrisa torcida-¿Quién es el idiota ahora?
Me mira de reojo, pero no responde. Solo vuelve a bajar la vista a mis costillas. Sus dedos se detienen un segundo sobre una zona especialmente inflamada y frunce el ceño.
-Esto va a tardar en sanar.
-Lo sé.
Silencio.
-Jason...
-¿Qué?
-No te canses de mi.
Jason no responde, pero no se aparta. Solo aprieta un poco más su mano contra mi piel, como si eso fuera respuesta suficiente.
Tim
No sabemos nada.
Y eso me carcome.
Han pasado días y seguimos sin rastro de ella. Ni un mensaje, ni una huella, ni una señal del paradero de Talia. Solo el eco de lo que dejó: una nave destruida, una trampa cuidadosamente orquestada y mutantes que parecen sacados de un mal sueño.
Me paso las horas frente a las pantallas de la cueva, analizando grabaciones, escaneando informes biológicos, comparando muestras. Buscamos lógica. Causa. Propósito. Pero todo lo que encontramos son mutaciones sin patrón fijo, ADN desordenado, restos de una ciencia demasiado avanzada para ser solo humana.
He revisado esa nave más veces de las que puedo contar. He hablado con Bruce, con Barbara, incluso con Conner -que intenta mantener la calma, aunque yo puedo sentir su ansiedad como si fuera la mía. Y aún así no hay respuestas. Solo más preguntas.
Damián
No he pasado en todo el día por casa. Pero he dado indicios de que estoy bien. Un par de mensajes escuetos, uno a Jon, otro al grupo. "Todo en orden". "Volveré más tarde".
Nada más. No quiero preguntas. No quiero compañía.
He cogido la espada.
No las que tengo en la cueva. No.
Esta es distinta, una que escondí hace meses en un lugar que nadie conoce, ni siquiera mi padre.
Una hoja vieja. Afiliada. Silenciosa. Como yo.
No llevo el traje de Robin. No esta noche.
He improvisado uno completamente negro. Sin insignias. Sin identidad.
Solo un pañuelo que me cubre hasta debajo de los ojos.
No quiero que me vean venir.
No quiero que sepan quién soy.
Quiero ser un susurro. Una sombra.
Me pican las manos.
Las siento tensas, inquietas, ansiosas. Como si quisieran apretar, cortar, desgarrar.
No debería.
No debería tener esta sed.
No debería sentir cómo la rabia me quema desde el pecho hasta las yemas de los dedos.
Pero la tengo.
La ciudad sigue mal.
Los escombros de lo que pasó con la nave aún manchan algunas calles. Los civiles miran con desconfianza a los cielos.
Los mutantes desaparecieron… pero el crimen no. Los carroñeros salen en las noches como ratas, aprovechando el miedo.
Hoy voy a acabar con algunos de ellos.
Callejón tras callejón.
Rastro tras rastro.
Mi respiración se calma mientras la hoja se tiñe poco a poco.
No los mato, no cruzo esa línea.
Pero tampoco soy clemente.
Mis golpes van dirigidos a inmovilizar. A destruir.
Rodillas que no volverán a doblarse igual. Muñecas que no sostendrán un arma en mucho tiempo.
La espada silba al cortar el aire.
Mis movimientos son rápidos, limpios, mortales.
A veces…siento que necesito esto.
No por justicia. No por la ciudad.
Sino por mí. Para recordarme que sigo controlando esta oscuridad.
Que aún puedo decidir a quién tocar, y a quién dejar vivir.
Pero cada vez me cuesta más.
Cada vez el silencio de la noche me resulta más cómodo que cualquier palabra.
Cada vez me alejo más de lo que esperan de mí… y me acerco a lo que soy.
Me detengo cuando el amanecer comienza a teñir los bordes de los edificios. Vuelvo a guardar la espada en su escondite.
Miro mis manos.
Sangre. Moretones.
Mi pecho arde. Pero por un instante…estoy tranquilo.
Camino de regreso a casa.
Tal vez me cruce con Jon en la cocina.
Tal vez no diga nada.
Tal vez él tampoco lo haga.
Pero si me mira a los ojos…sabrá que esta noche estuve peleando contra algo más que criminales.
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