-35-
Está bien crecer sin saber quién serás exactamente
Jon
Han pasado cinco días.
Cinco malditos días desde el ataque. Desde que vi a Damian enfrentarse a sí mismo, literalmente.
Desde que todo ese caos acabó yo no he vuelto a hablar con él.
Estoy tumbado en mi cama, con las persianas cerradas y la habitación en silencio. Solo entra una línea fina de luz que atraviesa la cortina y dibuja una raya dorada en el suelo. Podría moverme. Podría volar. Podría entrenar. Pero no quiero.
No es tristeza lo que tengo. Es algo más espeso. Algo que me aprieta el pecho cuando respiro. Como si tuviera un peso encima que no se ve, pero está ahí todo el tiempo. Me duele no hablar con él. Me duele no saber qué está pensando. Pero más me duele esta distancia que se ha formado entre los dos. Como una muralla que ninguno de los dos quiere romper.
He escuchado a Bruce por los pasillos, dando informes. A Tim, encerrado con Conner buscando más bases, más pistas. A Logan intentar sonar animado...A todos menos a él.
No sé si Damian me evita o si simplemente no sabe cómo acercarse otra vez.
Pero yo tampoco sé cómo hacerlo.
Quizás lo nuestro de verdad a terminado.
Miro el techo y paso la mano por el borde de la manta. Es la de mi infancia. Azul con rayas rojas. La que tenía en Smallville. Me hace sentir pequeño. Tal vez es eso lo que necesito: dejar de pretender que soy fuerte cuando por dentro estoy hecho polvo.
Cierro los ojos.
Y suspiro.
He pasado los últimos días en automático. He ayudado cuando me han pedido ayuda. He sonreído cuando me han hablado. He dicho que estaba bien, aunque es mentira. Me pregunto si Damian está igual. Si él también se tumba en su cama por las noches y se queda mirando al techo, sin saber qué hacer con todo lo que lleva dentro.
Quiero abrazarlo.
Quiero que me abrace.
Quiero que me diga que no me ha dejado de querer.
Pero no me muevo.
Sigo tumbado.
Y en el fondo, espero que él lo haga primero.
Damian
El agua cae sobre mi nuca como una cascada pesada, pero no logra arrastrar esta ansiedad que llevo clavada en el pecho. Me froto los brazos con fuerza, como si pudiera arrancarme de la piel todo lo que siento, como si pudiera desprender de mí su nombre.
Jon.
Cinco días.
Cinco putos días sin verlo, sin escucharlo, sin olerlo. Y lo peor es que me lo merezco. Por haberme alejado, por haberlo tratado con frialdad, por no saber cuidarlo cuando más lo necesitaba.
Y aún así, lo quiero.
Más que nunca.
Lo deseo.
Con una desesperación que me asusta.
Cierro los ojos bajo la ducha y me apoyo contra las baldosas frías. Lo veo ahí, como si estuviera frente a mí. Con esa forma suya de fruncir el ceño cuando está dolido, pero trata de sonreír. Con esa voz baja que se le rompe cuando está al borde del llanto pero finge estar bien.
Quiero ir a su casa.
Ahora.
Quiero entrar por la ventana si hace falta, despertarlo, sacarlo de esa habitación donde se encierra y hacerle entender que yo también estoy jodido sin él.
Quiero besarlo hasta que me perdone.
Hasta que me arañe la espalda con rabia.
Hasta que se le escape mi nombre entre jadeos.
Quiero aferrarme a él como si fuera la única luz que me queda. Porque lo es. Porque Jon Kent es la única cosa que me ha hecho sentir humano en medio de esta oscuridad.
Quiero que me grite, que me empuje, que me llame de todos los insultos que se le ocurra. Y después, que me deje abrazarlo. Que me deje quedarme en su cama, en su mundo, en su espacio. Que me permita ser suyo otra vez.
No por lástima.
Sino porque lo elige.
Porque sabe que sin él, yo no soy nada.
Apago el grifo.
Seco mis brazos.
Esta noche...voy a casa de los Kent.
Jon
Estoy tirado en el sofá, con una manta sobre las piernas y un cuenco de palomitas medio vacío a un lado. En la pantalla, La guerra del planeta de los simios alcanza su punto más intenso. Por primera vez en días, estoy realmente... concentrado.
No estoy pensando en Damian.
Ni en lo que no hablamos.
Ni en por qué me mira como si no me viera.
Ni en por qué siento que se me hunde el pecho cuando lo sueño pero no me responde ni con la mirada.
No. Ahora mismo solo veo la nieve, el humo de la batalla, los rostros cubiertos de barro y rabia, la desesperación en los ojos de César.
Y me siento ahí, con ellos.
Como si perteneciera a esa historia y no a la mía.
Mamá y papá están cenando fuera. Me dijeron que no se tardarían, que era uno de los restaurantes que ayudamos a reconstruir. Les dije que se lo merecían, y lo creo. De verdad. Se merecen una noche sin preguntas. Sin preocuparse por si su hijo pequeño sigue con el corazón hecho trizas y el estómago cerrado.
Conner ha salido con Tim. Patrullan cada vez más tiempo juntos últimamente. No me molesta. Me tranquilizan. Porque cuando Conner está aquí...lo ve. Y cuando lo ve, también se entristece.
Pero ahora, en este momento exacto, nada de eso importa.
Estoy con César, estoy con Maurice. Estoy en ese puente, en esa montaña, en esa rebelión.
Y me pierdo en la historia, por completo.
Me aferro a ella como si fuera una cuerda lanzada en medio del vacío.
Y por primera vez en mucho tiempo, dejo de pensar.
Y solo siento.
Solo vivo.
Dentro de esa película.
Lejos del mundo real.
Damian
Pantalones de chándal negros. Una sudadera azul marino, vieja, con las mangas algo deshilachadas. Zapatillas deportivas grises.
Nada llamativo. Solo... cómodo. Como si eso fuera a calmarme.
Bajo las escaleras de la mansión sin prisa, pero sin pausa.
Cada escalón resuena en mi cabeza, como una cuenta regresiva.
Uno más cerca.
Uno menos para arrepentirme.
Aprieto las llaves del coche con tanta fuerza que siento los bordes clavándose en la palma. No es suficiente. Nada parece suficiente.
Me odio.
Por cómo lo estoy llevando todo. Por cómo lo he dejado solo, confundido, jodido. Por cómo me alejo y luego vuelvo como si tuviera derecho a hacerlo.
Soy egoísta. Lo sé.
Y aún así, no freno.
Hay algo podrido y posesivo dentro de mí que no se calla.
Un pensamiento constante que me perfora: "Es mío."
Y no podría soportar verlo con alguien más. No podría ver a Jon dándole esa sonrisa tímida, dulce, honesta a otra persona.
No podría verle reírse de las bromas de otro, dormirse en el pecho de otro, tocar a alguien más como me tocaba a mí.
Esa imagen me arranca el estómago de cuajo.
Por eso vuelvo.
Porque, incluso cuando no merezco perdón, tengo la arrogancia de creer que aún me elegirá.
Porque Jon siempre ha sido bueno.
Y yo, en mi parte más jodida, cuento con eso.
Como esas películas en las que la relación es una mierda y el final no es feliz, pero uno de los dos siempre vuelve, y el otro...
El otro abre la puerta.
Estoy enfermo, ¿verdad?
Sí.
Pero si él me abre esa puerta, aunque sea por última vez, voy a aferrarme como si el mundo se estuviera desmoronando.
Porque en cierto modo, para mí, sin él ya se ha ido a tomar por culo.
Jon
Me levanto cuando suena el timbre. No espero a nadie, pero tampoco me sorprende.
Abro la puerta y ahí está Kevin, con cara de vaya mierda.
-No me hables-masculla mientras entra sin siquiera esperar invitación. Se quita la chaqueta y la tira sobre la silla del recibidor antes de caminar directo al sofá.
-¿Qué ha pasado?-pregunto, cerrando la puerta y siguiéndolo.
Se deja caer en el sofá con un sonido dramático.
-Blake...-dice arrastrando el nombre-literalmente me ha hecho una carta astral en mitad de la cena. ¡Una carta astral, Jon! Y cuando vio que mi luna está en Virgo, dijo que no éramos compatibles y que no tenía sentido seguir.
Parpadeo. Me cuesta no soltar una risa.
-¿En serio?
-¡Muy en serio!-responde, abriendo los brazos con desesperación-Aparentemente, mis chakras le daban "vibras de mercurio retrógrado".
Me dejo caer a su lado, y niego con la cabeza, sonriendo.
-Hermano, tienes un imán para las raras.
-No era rara, era intensa. Y creyente. Me ha soltado que sus relaciones pasadas fracasaron por no respetar las reglas del zodiaco, así que esta vez iba a "dejarse guiar por el universo".
-¿Y tú qué le has dicho?
Kevin se cubre la cara con las manos.
-Que yo solo estaba aqui por el postre y me he ido. Literal. He pagado mi parte y me he ido.
No puedo evitar reír. Una risa de verdad, de esas que no me salían desde hace días. Me echo hacia atrás, sintiendo que al menos por unos minutos, todo es más normal.
Kevin se me queda mirando, como si notara algo en mi expresión.
-Veo que mi desgracia te hace gracia.
-Un poco.
-Mucho.
-Vale. Un poco mucho.
-¿como lo llevas?
-Estoy... sobreviviendo.
No le doy más detalles. No necesito contárselo todo. No ahora. Él asiente como si me entendiera, y en lugar de presionar.
-necesito explosiones o monstruos gigantes.
-Guerra de los mundos. ¿Te vale?
Kevin sonríe.
-Perfecto.
Y mientras el sonido de alienígenas invadiendo la Tierra llena la sala, me pongo comodo con las piernas sobre el respaldo del sofá.
Damian
Voy en el coche. No hay música, no hay ruido, solo el motor zumbando bajo mis manos, y el peso de todo lo que no dije presionándome el pecho.
Y entonces, como si el universo tuviera sentido del humor, salta el maldito Bluetooth.
Spotify se conecta solo.
Y empieza a sonar.
"Cruel Summer" - Taylor Swift.
De todas las canciones en esa lista que creamos juntos tenía que ser esa.
Jon se burló de mí cuando la puso la primera vez. Dijo que era demasiado dramática, que sonaba a película adolescente. Pero la dejó ahí. Porque me miró y dijo:
-Te pega. No lo admitiras, pero te pega.
Y ahora su voz se mezcla con el estribillo, mientras intento no dejar que el nudo en mi garganta me ahogue.
I love you, ain't that the worst thing you ever heard?
"Te amo, ¿no es esa la peor frase que has oído jamás?"
Trago saliva. Miro la carretera. La ciudad sigue, pero para mí todo se detiene. Porque junto a esa canción...se cuela otra frase.
No cantada.
No inventada.
Mía.
"Deberíamos dejar esto aquí."
Y me odio. Me odio en ese instante.
Por haberlo dicho.
Por no haber pensado en lo que significaba para él.
Para mí.
Jon era lo único que me calmaba en medio del caos.
Era fuego suave.
Era hogar.
Y yo lo me encarge de quitar la pieza que nos sujetaba.
Joder, ¿cómo arreglo yo esto?
Acelero.
No porque quiera llegar más rápido. Porque si no hago algo ahora mismo, voy a perderlo del todo.
Y no puedo.
No después de todo.
No después de las veces que me miró como si no fuera un monstruo.
Tengo que arreglarlo.
Porque soy muchas cosas.
Pero no soy lo bastante fuerte como para vivir en un verano sin él.
Jon
Mientras las palomitas giran en el microondas, abro Instagram sin pensar demasiado.
Historias, historias, historias... hasta que aparece una de Maya.
Está con su novio. En una cafetería. Él le ha puesto el abrigo sobre los hombros y ella sonríe como si fuera el último atardecer del mundo.
La canción de fondo me da un puñetazo directo al pecho.
Call It What You Want.
Taylor Swift.
La canción.
Y esa parte exacta.
"Quiero llevar su inicial en un collar, no porque me pertenezca, sino porque me conoce."
Y entonces me acuerdo...
Hace unos meses.
Antes de que todo se fuera a la mierda. Antes de Talia.
Antes de que su voz me dijera "Deberíamos dejar esto aquí."
Estábamos en mi cuarto.
Damian tumbado boca arriba con un libro sobre el pecho.
Yo con el móvil en la mano, viendo TikToks tontos.
Y me salió uno: "No somos la pareja perfecta, pero..."
Me reí solo. Me senté en mitad de la cama, apoyé la cabeza sobre su abdomen, levanté el móvil en modo selfie y le dije:
-Vamos a hacerlo. Di algo. "No somos la pareja perfecta porque..."
Damian levanto una ceja, como si le pareciera la idea más absurda del universo. Pero bajó el libro.
Y lo hicimos.
-No somos la pareja perfecta porque él nunca me responde los mensajes a la primera-Empiezo yo
-No somos la pareja perfecta porque él deja calcetines en sitios insospechados.
-No somos la pareja perfecta porque discutimos por qué pizza pedir.
-No somos la pareja perfecta porque yo ronco.
-Yo no ronco-Me defiendo.
-Si lo haces.
-Que no.
-Que sí.
-No somos la pareja perfecta porque él lee libros de 800 páginas y me ignora.
-No somos la pareja perfecta porque a veces nos gritamos.
-No somos la pareja perfecta porque soy más guapo que él y eso le duele.
No somos la pareja perfecta porque se pone celoso hasta del repartidor.
-No somos la pareja perfecta porque una vez casi rompemos por culpa de una película de Marvel.
-No somos la pareja perfecta porque nos cuesta decir "perdón".
-Pero aún así...-Damian me miró-
-eres lo más perfecto que tengo.
Las palomitas revientan en el microondas, pero yo no me muevo. Estoy atrapado en esa memoria como si fuera una escena de película a cámara lenta.
No sé si volverá.
No sé si alguna vez nos curaremos.
Pero sí sé una cosa.
Aunque no éramos la pareja perfecta...Yo nunca voy a nadie como a él.
Y me da igual ser joven aún.
El primer amor no se olvida.
Damian
Aparco frente a la casa de los Kent. La calle está tranquila, como siempre. Tan jodidamente normal que parece burlarse de mí.
Apago el motor.
Me quedo ahí unos segundos.
Las manos cerradas alrededor del volante, respirando hondo.
Me arde el pecho. No sé si es culpa, rabia...o miedo.
Salgo del coche.
Subo los escalones del porche.
Y cuando levanto la mano para tocar el timbre...Siento que se me congela la sangre.
Ding dong.
No pasan ni cinco segundos cuando la puerta se abre.
Y ahí está.
Kevin.
El mismo Kevin que besó a Jon hace meses. El mismo idiota que no se calla nunca, el mismo que ahora me mira desde el umbral con esa cara de sorpresa.
Y yo...Me quedo inmóvil.
Mi corazón da un golpe tan fuerte que me deja sordo. No sé si lo estoy mirando con odio o simplemente con el dolor que no he querido aceptar todo este tiempo.
-Ey, Damian-Dice con una sonrisa.
Trago saliva.
Y por dentro, algo en mí grita.
"¿Por qué tú? ¿Por qué ahora? ¿Por qué con él?"
Entonces algo empieza a arañar y quemar dentro de mí.
-¿Quién es?-pregunta Jon, asomándose desde detrás de Kevin.
Y por un segundo, se me va el aire. Todo en mi interior grita.
Quiero matarlo. A Kevin. No por estar aquí, no solo por eso sino porque está con él cuando yo no he sabido estarlo.
-Hola-digo. Frío. Tenso. Todo en mí suplica que no esté viendo lo que estoy viendo, pero lo estoy. Y no sé cómo tragarme este orgullo enfermo que llevo dentro.
¿Qué hace él aquí?
Jon lo mira unos segundos. Su expresión se tensa, pero no es enfado. Es... resignación.
-Kevin, ¿nos das un momentito? Ahora voy-le dice Jon, tranquilo.
Kevin me mira unos segundos, casi desafiante, y se marcha hacia el salón. Y yo me quedo solo con Jon, en la entrada. El aire entre nosotros se siente denso. Irrespirable.
-¿Qué hace él aquí?-suelto sin rodeos, con el pecho encendido de rabia y ansiedad- ¿Por qué está en tu casa?
Jon cruza los brazos.
-Porque es mi amigo.
-¿Tu amigo? ¿El que te besó?
-Sí, ese-responde sin inmutarse-El mismo que me ha estado animando.
Me remuevo, aprieto la mandíbula. Siento algo oscuro y punzante revolverse en mi estómago. No tengo derecho a estar celoso pero lo estoy. Como un animal. Como si alguien más pudiera tocar lo que juré que era mío.
-El no quiere ser tu amigo.
Jon resopla, cansado.
-¿Sabes qué haces, Damian? Llegas. Te vas. Me buscas cuando estás perdido, cosa que no me emolestarua si luego no me empujaras cuando te pesa. Tú fuiste quien me dijo "deberíamos dejar esto aquí". ¿Ya no te recuerdas?
Me quedo quieto. Porque sí...Me acuerdo, me escucho a mí mismo, soltando esa frase como un cobarde, como un niño que no sabe manejar lo que siente.
-Lo dije porque no quería arrastrarte conmigo a algo que no sabía manejar.
-Lo dijiste porque huyes cuando no tienes el control. Porque te crees que puedes elegir cuándo somos "nosotros" y cuándo no.
-¡Eso no es verdad!
-¿Ah, no?-pregunta-Mira, Damian, si vas a venir solo para discutir, ni entres. Kevin es mi amigo. Está aquí porque me hace reír, porque no me empuja lejos, porque no me hace sentir que tengo que ganarme su cariño cada puto día.
Me trago una maldición. Y otra. Porque todo en mí quiere gritarle que no puedo soportar imaginarlo con alguien más. Que me consume la idea de que pueda elegir a otro.
-No es él. Es que no lo soporto, Jon. No soporto verte con alguien más. No sabría vivir con eso.
Jon me mira fijamente. No con rabia, no con tristeza. Con claridad.
-Pero es que esto no va solo de lo que tú soportas, Damian. También va de mí. De lo que yo necesito. De lo que merezco. No puedes aparecer y desaparecer. No puedes dejarme como una mierda y luego volver como si nada. Tiene que haber dos personas aquí siempre. No solo tú. No solo tu caos.
Me muerdo el labio. Me duele. Joder, cómo duele.
-Entonces, ¿ya está? ¿Me estás diciendo que no tengo una segunda oportunidad?
-Te estoy diciendo que no sé si quiero seguir dándotelas si todo lo que haces es mandarlas a la mierda. Estoy harto de ponerme a mí mismo en pausa por ti.
Silencio.
Mi orgullo quiere decir algo cruel. Algo que me saque de esto sin parecer vulnerable.
Pero no puedo.
Porque Jon tiene razón. Porque él no merece seguir esperándome mientras yo me autodestruyo.
-Lo siento-susurro, bajando la mirada-Lo siento mucho. No sé cómo arreglar esto. Solo sé que no puedo perderte.
Jon no responde. No aún.
Me observa. Con esa forma suya de ver más allá de mis muros.
Y por primera vez en mucho tiempo... me siento completamente desnudo delante de él.
No me abraza. No me empuja. Solo dice:
-Vuelve cuando sepas quedarte.
Y cierra la puerta suavemente.
Y yo me quedo ahí. Con el corazón en la garganta y el mundo temblando bajo mis pies.
Algunas personas no te van a entender nunca. No importa. Tú tampoco entiendes a todo el mundo
Logan
Estoy tirado.
Sí, tirado. No "recostado", no "descansando". Tirado. Como ropa sucia que ya ni vale la pena doblar. El colchón parece tragarse mi espalda. Mis piernas colgando, un calcetin en el suelo, el otro probablemente este debajo de la almohada.
La torre de los Titanes está en silencio. Demasiado para un lugar con tanto poder metido dentro. Pero yo solo escucho mi respiración. Y la maldita vibración de mi móvil.
Deslizo.
Instagram.
Primera historia.
Jon.
Hace 2 minutos.
Fondo negro.
Un corazón verde en el centro.
Letras encima, flotando como un suspiro no dicho.
You make me glow
But I cover up
Won't let it show
So I'm putting my defenses up
'Cause I don't wanna fall in love
If I ever did that
I think I'd have a heart attack
Me haces brillar
Y lo estoy tratando de ocultar.
Así que levanto mis defensas,
porque no quiero enamorarme.
Si alguna vez lo hiciera,
creo que me daría un ataque al corazón.
Never said yes to the right guy
Never had trouble getting what I want
But when it comes to you, I'm never good enough
Nunca le dije que sí al chico correcto
Nunca tuve problemas para conseguir lo que quiero
Pero cuando se trata de ti, nunca soy suficiente
Y ahí lo dejo.
La dejo correr hasta el último segundo.
Nada más.
No hay otra historia. No hay foto.
Solo eso.
Silencio y un corazón que sangra con ritmo pop.
Trago saliva. Me rasco el cuello.
¿Es una indirecta? ¿Es para Damian? ¿Es para el mundo? ¿Es solo para él mismo?
Quién sabe.
Pero algo en el fondo de mi pecho se encoge. Porque Jon no publica así. No él. No si todo estuviera bien.
Dejo el móvil boca abajo.
Y por primera vez en horas, me siento en la cama.
Derecho.
Tal vez debería hablar con él.
Tal vez no.
Pero mierda... cómo duele verlo así.
Incluso detrás de una pantalla.
Jon
2:03 de la madrugada.
El techo es mi enemigo desde hace horas.
La almohada ya sea rendido y yo también.
Agarro los auriculares.
TikTok. Scroll. Uno más. Y otro. Hasta que...Una chica llorando. Maquillaje corrido. Fondo tenue.
Y una canción como puñalada:
Taylor Swift. Mr. Perfectly Fine.
Mi pecho se encoge. La canción empieza y... yo también.
"Mr. 'Perfect face' / Mr. 'Here to stay' / Mr. 'Looked me in the eye and told me you would never go away'"
"Señor 'cara perfecta' / Señor 'me quedaré' / Señor 'me miró a los ojos y dijo que nunca se iría'"
-No me voy a ir-me dijo una vez Damian.
Era invierno, y su aliento empañaba la ventana de mi habitación mientras me abrazaba por la espalda.
-Prométemelo.
-No soy bueno con las promesas, Jon. Pero contigo...lo intento.
"But that was when I got to know Mr. 'Change of heart' / Mr. 'Leaves me all alone, I fall apart'"
"Pero eso fue antes de conocer al Señor 'cambio de opinión' / Señor 'me deja solo y me hago pedazos'"
-¿Por qué te alejas justo cuando te necesito más?-le dije aquella vez en el jardín.
-Porque si me quedo, te hago daño.
-Y si te vas, también.
"It takes everything in me just to get up each day / But it's wonderful to see that you're okay"
"Me cuesta todo levantarme cada día / Pero es maravilloso ver que tú estás bien"
Le envié un mensaje. Solo decía "¿Estás bien?"
Tardó dos horas en responder: "Sí. Espero que tú también."
Estuve tentado de poner "mentira" en mayúsculas.
No lo hice.
"So dignified in your well-pressed suit / So strategized, all the eyes on you"
"Tan digno en tu traje impecable / Tan estratégico, todas las miradas sobre ti"
-Siempre pareces tener todo bajo control-le dije una vez.
-¿Y tú crees que eso me hace menos humano?-respondió, sin mirarme.
-Creo que te hace más difícil.
"Mr. 'Insincere apology so he doesn't look like the bad guy'"
"Señor 'disculpa insincera para no quedar como el malo'"
-No he querido hacerte daño-me dijo.
-Pero lo has hecho
-Entonces lo siento.
-¿Me acabas de...
-Siempre.
"Goodbye, Mr. 'Perfectly Fine' / How's your heart after breaking mine?"
"Adiós, Señor 'Perfectamente Bien' / ¿Cómo está tu corazón después de romper el mío?"
La chica del video sigue llorando.
Yo también.
Silencio.
Paso al siguiente TikTok.
Aunque... sé que no hay ninguno que lo quite a él.
Damian
Love Story es una de las canciones favoritas de Jon.
Lo sé porque se la ha puesto hasta para dormido.
Una vez hizo un video. Fotos nuestras. Clips pequeños. Un beso de esquimal, su risa, mis intentos por parecer serio. Todo con Love Story de fondo. Lo tengo guardado. No porque me lo pidiera. Porque nunca podria borrarlo.
Esta noche lo vuelvo a ver.
We were both young when I first saw you
Éramos jóvenes cuando te vi por primera vez
Una foto nuestra en la nieve. Él con las mejillas rojas. Yo con una bufanda ridícula que me obligó a ponerme.
I close my eyes and the flashback starts / I'm standing there
Cierro los ojos y empieza el recuerdo / Estoy ahí de pie
Una escena de nosotros en el parque. Él me graba en secreto. Yo le digo que lo borre. Él ríe. Nunca lo borró.
See the lights, see the party, the ball gowns / See you make your way through the crowd
Veo las luces, la fiesta, los vestidos / Te veo abriéndote paso entre la multitud
Un video borroso de un evento en la torre. Jon caminando hacia mí con una sonrisa que juro... que aún podría jurar que era solo mía.
That you were Romeo, you were throwing pebbles
Tú eras Romeo, lanzando piedritas
Él se grabó haciendo eso. Lanzando piedritas contra mi ventana. Literalmente. Casi rompe una. Y luego puso un letrero escrito a mano que decía "Di que sí".
Pausa el video.
Respiro.
Y entonces, sin pensarlo demasiado, abro el móvil.
Me meto en una tienda online.
Tecleo sin saber muy bien qué busco.
Mis dedos se quedan sobre el botón unos segundos.
Después, lo pulso.
It's a love story, baby, just say yes
Es una historia de amor, cariño, solo di que sí
No sé si sirve de algo.
No sé si llega a tiempo.
Pero es lo único que quiero decirle sin decirlo.
Por si todavía, en algún rincón suyo, esa historia no ha terminado.
Jon
Los días después de eso no pasan como los demás.
No tienen forma.
No tienen peso.
Son un borrón entre el reloj, el techo de mi habitación y la punzada constante en el pecho.
Logan ha venido dos veces.
La primera se tiró a mi lado sin decir nada, como si fuera suficiente con solo estar ahí.
La segunda me obligó a ducharme, vestirme y tomar algo más que agua, dijo que parecía un fantasma con pijama.
Tenía razón.
Tim y Conner siguen siendo... ellos. Amor a lo grande, sin frenos. Mensajes, besos en la cocina, miradas de esas que duelen cuando tú ya no tienes a quién mirar así.
Me alegro por ellos.
Pero también me siento roto por dentro.
Mamá deja mis comidas favoritas en la mesa, me abraza más de lo normal y me pregunta si quiero acompañarla a algun que otro sitio. Siempre le digo que no.
Kevin, en cambio, no acepta un no. Me saca de casa como si fuéramos niños diciendo que vamos al campo a respirar y "ver que el mundo sigue girando aunque tengas el corazón hecho mierda".
Le lancé una piedra.
No le di.
Él se rió.
Me acabé riendo también.
Y así pasan los días.
A ratos me olvido.
A ratos me duele tanto que siento que me estoy rompiendo de adentro hacia afuera.
Lo único constante es esa pregunta: ¿Por qué amar duele tanto?
No se lo deseo a nadie.
Ni siquiera a Damian.
Siete días después, el móvil vibra.
Una notificación.
Mensaje de: Damian
"Solo míralo. No te pido nada más."
Tardo dos segundos en reaccionar.
No sé si abrirlo.
No sé si puedo.
Pero lo hago.
Es un video.
En la portada, Damian está sentado en un taburete.
Una guitarra en las manos.
La cabeza agachada.
Lleva esa sudadera gris que le queda un poco grande y que yo le robé una vez para dormir.
Mi corazón se detiene.
Le doy play. La imagen parpadea un par de veces antes de estabilizarse.
Damian levanta la mirada, justo cuando empieza a tocar los primeros acordes de "Love Story".
Mi corazón...Juro que se para un segundo. Y luego cae, cae como en un abismo sin fondo, directo a ese lugar donde lo tenía guardado a él.
Porque claro que es esa canción.
Porque claro que se acuerda.
Porque yo le enseñé esa canción.
Porque yo le enseñe el vídeo que hice, con nuestras fotos, con nuestros momentos, con nuestros besos de esquimal y fingía no derretirse conmigo.
Y ahora está ahí, tocándola.
Como si se le escaparan las emociones entre los dedos.
Y entoncesme desmorono.
Literalmente.
Me echo hacia atrás sobre la cama, los ojos se me llenan tan rápido de lagrimas que no llego ni a parpadear antes de que una lágrima me cruce la mejilla.
Mariposas.
En el estómago.
En la garganta.
En los pulmones.
Me duelen.
Me arden.
Están vivas.
Y tienen su nombre en las alas.
Sollozo. No quiero, pero lo hago.
Porque joder, lo sigo amando.
Y porque verlo ahí, tocando esta canción, sabiendo que me conoce tanto...sabiendo que eligió esa canción no al azar, sino por mí...
Duele.
Duele bonito.
Duele horrible.
-Me odio-susurro, cubriéndome el rostro-Y te odio por hacerme sentir esto...y aún así, aún así...
Le doy al replay.
Y lo vuelvo a ver desde el principio.
Como si con cada nota pudiera volver a él.
¿Qué es lo que quiero hacer ahora?
Quiero salir corriendo.
Joder, quiero salir corriendo y llegar hasta él, quiero abrir esa puerta sin tocar antes y encontrarlo ahí, con la guitarra todavía entre las manos,
con esa expresión de no saber si hizo lo ha hecho bien o no.
Quiero agarrarle la cara,
mirarlo a los ojos y decirle que lo perdono. Que sí, que me ha hecho daño. Que me dolió su aptitud de mierda. Que pensé que no iba a poder respirar sin él, pero aún así...Quiero besarlo.
Quiero besarlo como si no hubiera pasado nada.
Como si no hubiéramos dicho todo eso. Como si el amor bastara.
Porque lo quiero.
Porque lo echo de menos más de lo que puedo admitir. Joder, quiero abrazarlo hasta que se le borre la culpa del cuerpo. Quiero quedarme dormido con su cuerpo contra el mío. Como siempre.
Pero no lo voy a hacer. Quiero que sea él quien venga
...o que venga y me empotre contra una estantería. Preferiblemente de madera maciza. Roble. Estabilidad importa en estos casos.
No pienso ser el primero en escribir.
¿Y si solo le pongo un "jajaja" como quien no quiere la cosa?
¿Jajaja me has jodido el corazon y no se que hacer?
¿sí?
No. Dignidad primero. Si le quiere, que lo demuestre.
¿Y si me muero antes de que lo haga? ¿Eh?
Él tiene mi número. Sabe escribir. No soy Google para estar disponible 24/7 cuando el quiera.
Pero Google también tiene el modo oscuro... como yo. Oscuro, sucio y listo.
¡Basta!. No voy a caer tan fácil.
Pero podrías caer de rodillas. Delante de él. Con ojos de "hazme lo que quieras, rey de mis pensamientos impuros".
Voy a poner el móvil en modo avión.
¡Y si me vuelve ha hablar justo ahora! ¡No seas tonto! Quédate mirando la pantalla en silencio como un psicópata esperando los tres puntos suspensivos. Modo avión, mis huevos.
Modo avión, mis huevos...pienso, derrotado.
Resoplo. Me dejo caer sobre la cama como si el colchón pudiera tragarme entero y ahorrarme esta agonía. Agarro la almohada y la abrazo con fuerza, metiendo la cara en ella como si pudiera absorberlo, olerlo, sentirlo. Como si pudiera saciar esta necesidad absurda de que venga, de que esté aquí.
Cierro los ojos.
Y la canción empieza a sonar en mi cabeza como si la hubiera puesto el destino para reírse de mí:
"Tiene un no sé qué qué sé yo... que me tiene loco..."
Sí, eso. Eso es. Tiene un no sé qué... y también un te voy a romper el corazón pero vas a dar las gracias.
"No sé si ella me ve con los mismos ojos..."
Yo tampoco, María Becerra. Yo tampoco sé ya nada. Un día me mira como si yo fuera todo lo que quiere...y otro, me deja con el "en línea" sin escribir nada. Como si le diera miedo lo que le provoco. Como si estuviera conteniéndose.
"Ya me advirtieron que..."
Que yo soy un idiota cuando se trata de él.
"...no me olvidase de que..."
"Y aunque no quiera terminar mal..."
Yo tampoco quiero terminar mal.
"...yo quiero intentarlo...otra vez"
Lo quiero intentar. Aunque me ignore. Aunque me desafíe. Aunque me mire con esos ojos que me destruyen y me reconstruyen en segundos.
Respiro hondo. Acaricio la funda de la almohada como si fuera su nuca. El hueco de su espalda. Mis dedos no distinguen el algodón de su piel, pero mi cabeza sí.
Lo odio.
Lo odio por no escribirme.
Lo odio por hacerme desearlo así.
Lo odio porque si aparece ahora mismo por esa ventana y me dice "ven", me voy con él sin preguntar a dónde.
Aprieto más la almohada. Cierro los ojos más fuerte.
-Me estás volviendo loco...-
murmuro, sabiendo que no es a la almohada a quien se lo digo.
Y ahí están sus ojos, clavados en los míos. O su voz. O su boca.
O mis ganas. Que no se van.
Que solo se esconden, al ritmo de Lady MadrizZz, como una maldita premonición con forma de hit.
Suspiro tan fuerte que hasta la almohada me rebota en la cara. Me levanto con la dignidad de una planta caída y agarro el móvil como si fuera una bomba que tengo que desactivar antes de autoboicotearme de nuevo.
Los Tres Mosquigays
Lo puso Kevin. En una mezcla entre borrachera y brillantez.
Y entonces les mando un audio de todo.
Logan:
bro si no le hablas lo haré yo con mi cuenta falsa.
Kevin:
¿le escribo como "ricardo, 43, divorciado, fan del café y los omegas chicos"?
Logan:
JAJAJA
te juro que te responde
Yo:
Me voy del grupo.
Kevin:
No te vas a ir, Jon. No puedes abandonar a la familia. Esto es como Rápido y Furioso pero con menos autos y más drama sexual.
Me echo en la cama otra vez. Abro la cámara frontal. Me veo la cara.
Soy el drama.
Soy la novela de las 9....pero versión sin premio y con ansiedad. Estoy a punto de hundirme en mi miseria cuando el grupo revive.
Kevin:
Vale, Jon, pausa al drama y escúchame bien ya has pasado por todas las fases del "Lo quiero pero no se que hacer sabiendo que puedo sobrevivir"
ahora toca la fase del "si me quiere, que se arrastre"
Jon:Ah...
Logan:
literalmente quiero y necesito ver que ese hombre se arrodille en tu felpudo con flores, lágrimas y una carta escrita a mano donde diga "perdóname por ser un mierdas"
Kevin:
y que te bese los tobillos. Pero sin erotismo.
Con respeto.
Como quien reza.
Yo:
¿Los tobillos? ¿No creéis que estáis exagerando un poco?
Kevin:
NO.
No.
No.
Logan:
bro, se cree muy interesante. Muy "yo soy oscuro, frío, misterioso". Ajá, Batman Jr. Pues que use su capa para secar el suelo mientras te ruega.
Kevin:
exacto. No más señales mixtas. No más Jon esperando como un NPC que le den afecto.
Haz que venga.
Haz que sufra.
Logan:
haz que su instinto se active y lo lleve de rodillas a tu puerta como si tu casa fuera el puto Olimpo y tú el dios del amor con horario limitado
Yo miro la pantalla. Me quedo quieto. El corazón me late como si Damian acabara de entrar a la habitación.
Pero no está aquí. Solo estoy yo.
Y dos locos que me quieren empoderar como si fuera Beyoncé, versión gay, adolescente y con traumas de apego.
Kevin:
si no te valora en tu modo "me hago el difícil", jamás te merecerá en tu modo "te abro la puerta en calzoncillos y con voz de recién levantado"
Jon:el ya me quiere asi.
Logan:
si quiere verte, que mueva el culo.
Que venga caminando.
Descalzo.
Sobre piedras.
Y fuego.
Y tus términos.
Acaricio el borde del móvil con el pulgar. No respondo.
Pero me río solo.
Decido no responder.
Me quedo mirando el mensaje en la pantalla un momento más, con el corazón en la garganta y los dedos temblando como si el móvil fuera una mina a punto de explotar.
No. No lo voy a hacer.
Con la misma fuerza de voluntad con la que uno evita un ex a las tres de la mañana con tequila en la sangre, dejo el móvil en el escritorio, boca abajo, como si así pudiera silenciar también mis ganas.
Doy media vuelta.
Le doy la espalda a la tentación.
A la pantalla.
A la posibilidad.
Y me meto debajo de la manta, como un burrito de ansiedad con extra queso.
Cierro los ojos.
Aprieto los labios.
Me escondo del mundo y de mí mismo.
Porque sí. Quiero que sea él quien venga.
Que aparezca en mi puerta. Que toque el timbre o entre por la ventana como un idiota enamorado de película.
Que me busque, que me diga que lo que hay entre nosotros no es un error, ni una fase, ni algo para olvidar.
Quiero que se le note en los ojos.
En las manos.
En el paso inseguro al llegar, como si supiera que yo podría cerrarle la puerta en la cara.
Pero no lo haré.
Lo esperaré.
Y si llega...
-Ven...-susurro, acurrucándome de bajo las sábanas, con el corazón latiendo como un tambor de guerra-que venga sabiendo que esta vez no pienso a correr hacia él.
Que venga él.
—Sé lo que te pasa, pero no soy adivino
'Tas enamorada de pelear con el destino
La verdad lastima y el pasado a vos te duele demasiado.
No sé si tiene sentido—
Dos días.
Dos putos días.
Y Jon todavía no ha respondido al video. Ni siquiera un emoji de burla. Nada.
Me estoy volviendo loco.
Estoy caminando por la casa como un tigre enjaulado, dando vueltas en círculos, mirando el móvil cada cinco minutos como si eso fuera a cambiar. ¿Esto que siento es angustia? ¿Ansiedad?
No estoy acostumbrado a esto.
No a Jon ignorándome.
No a que él se calle y yo... yo sea el que espera.
Yo no espero.
Yo ordeno, decido, actúo.
Siempre he sido así. Me entrenaron para eso.
Pero con Jon no sé qué hacer.
No hay técnica, no hay manual, no hay estrategia.
Solo hay este vacío insoportable en el pecho. Este nudo en la garganta que no se desata ni con cinco tazas de café y tres simulacros de mensaje que nunca envío.
Lo peor es que lo merezco.
Porque somos...somos... Risas. Peleas. Tocarnos como si el mundo se fuera a acabar.
Mirarlo dormir y pensar: joder, no sabía que podía querer así.
Y ni siquiera pude olvidarlo del cuando mi madre usó esa magia contra mí. Cuando me obligó a soltar lo que más me dolía. Cuando me borró parte de lo que sentía por él...O eso creyó. Porque por mucho que me limpiaran la cabeza con hechizos, encantamientos...
Clavado.
Pegado a mi memoria como una canción que no puedes dejar de tararear. Como un olor que no se va de la ropa.
Como una puta necesidad.
Y ahora él no me contesta.
Y yo me muero por volver a verlo. Pero si voy, si aparezco...
¿me va a cerrar la puerta? ¿O va a estar ahí?
Joder.
Necesito que diga algo.
Pero que no me ignore.
Jon
No sé qué hacer.
Tres días.
Tres días desde el maldito video.
Y sigo aquí, como un idiota, con el pecho apretado y las manos frías, pensando demasiado en alguien que... joder, que me duele.
¿Que hago?
No lo sé.
De verdad que no.
Porque lo quiero.
Sí.
Aunque me haga rabiar, aunque desaparezca, aunque tenga ese aire de tragedia griega que lo hace ver como si cargara el mundo entero en la espalda.
Lo quiero.
Pero también...No quiero que me haga daño. Otra vez. Porque cuando Damien hiere, no lo hace suave. No es un rasguño.
Es una puñalada limpia: entra, corta, y deja ese hueco que tarda días en cerrarse.
Y yo ya lo he sentido.
Ya sé lo que es que me diga que necesita espacio, que tiene miedo, que hay magia, que hay voces, que hay un pasado que lo arrastra hacia un abismo que yo no puedo comprender del todo.
Y aun así...Aquí estoy.
Tres días mirando el móvil cada vez que vibra, esperando que sea él. Tres días recordando cómo era tenerlo cerca, olerlo, sentirlo, escuchar su corazon.
Tres días peleando conmigo mismo para no romper esa barrera que puse por primera vez en mi vida.
Tres días sabiendo que si tocan la puerta y es él...lo dejo entrar.
Aunque no debería.
Aunque duela.
Aunque me parta en dos.
No sé qué hacer.
No sé si protegerme.
No sé si esperarlo.
No sé si rendirme o seguir resistiendo a lo que siento.
Solo sé una cosa: el silencio también duele.
Pero su ausencia te destroza.
Damián
Estoy en la biblioteca, sentado donde solía esconderme cuando era un niño. Las luces están apagadas, salvo la lámpara que tengo encima, derramando un círculo cálido sobre las páginas abiertas.
En las manos, un libro viejo de la libreta de mi padre. Papel gastado, tinta que huele a tiempo, una colección de Edgar Allan Poe. El tio trágico y jodido que haya pisado esta tierra.
Lo abro por una página cualquiera.
Necesito distraerme.
Pensar en otra cosa.
Escapar de Jon.
Mentira.
Pienso en él incluso cuando intento huir...No es un cuento esta vez. Es un poema.
"Porque los amores que son más intensos, los que nacen del alma y no del cuerpo, esos que ni el tiempo, ni el olvido, ni siquiera la muerte, pueden borrar..."
Me quedo quieto.
Leo de nuevo.
"...ni siquiera la muerte, pueden borrar..."
Cierro el libro de golpe.
-Mierda-susurro.
Porque eso es exactamente lo que siento. Como si lo que tuvimos fuera tan profundo que ni la magia, ni el tiempo, ni el puto orgullo pudieran arrancarlo.
Porque todavía lo amo.
Porque me desarma con una sola mirada, aunque ya no me esté mirando.
Porque daría lo que fuera por estar en su puerta ahora mismo.
Pero tengo miedo.
De que no me abra.
De que no me quiera.
De que, esta vez, el que termine destruido sea yo.
Y sin embargo...
"ni siquiera la muerte..."
No me sirve huir.
No esta vez.
No si todavía me tiembla el pecho con solo pensar en él.
Mierda.
Jon
Estoy tirado en la cama, con la cabeza metida en la almohada y la música tan fuerte que retumba en las paredes. "Ordinary" suena por enésima vez, como si no pudiera avanzar de canción ni de estado emocional.
No hay nadie en casa.
Ni una voz.
Ni un paso.
Ni siquiera mamá.
Y ni me he molestado en preguntar adónde fue nadie. Me da igual.
O eso intento.
Estoy medio hundido en el colchón, enredado en una manta que no abriga nada, con la cabeza vacía y el pecho lleno.
Lleno de mierda.
De pensamientos que no paran.
De cosas que quiero decirle pero no puedo.
Y entonces pasa.
Una bocanada de aire me da de lleno en la espalda. Fría. Tan real que me recorre la columna como un escalofrío eléctrico.
Abro los ojos de golpe, me medio incorporo de inmediato y me giro hacia atrás con el corazón golpeándome las costillas como si hubiera escuchado un disparo.
La ventana está abierta.
La cortina ondea como si algo-alguien-la hubiera empujado.
Y entonces lo veo.
Lo veo a él.
Entrando por la ventana.
Una pierna ya dentro, la otra aún apoyada en el marco. La mano aferrada al marco de madera, la otra empujando con firmeza, como si estuviera en su derecho, como si entrar así fuera lo más lógico del mundo.
Damián.
Vestido de negro de arriba abajo.
Sudadera deportiva, con las mangas remangadas hasta los antebrazos. Pantalón de entrenamiento entallado, con cremalleras en los tobillos.
Parece una sombra.
No, una tormenta.
Una tormenta de mirada fija, pelo algo despeinado por el viento, y en sus ojos destello verde en ellos. Me quedo quieto.
La canción sigue sonando, pero ya no escucho la letra.
Mi corazón late tan fuerte que todo lo demás se vuelve un zumbido.
Salta dentro de la habitación sin perder el equilibrio, y se queda ahí, de pie. Respirando, mirándome como si yo fuera la única cosa que ha querido en días. Como si se estuviera conteniendo para no cruzar la habitación de un salto.
Como si hubiera venido solo porque ya no podía más.
Damián
Salgo de la cama como si el colchón fuera fuego, de un salto, sin pensarlo, con ese impulso que nace en la zona más primitiva del pecho.
No debería moverme así.
No a estas horas, con la mente todavía enturbiada y el cuerpo temblándome por dentro.
Pero no puedo quedarme quieto.
No hoy.
No esta noche.
La mansión está en silencio.
No el silencio calmado de un hogar, sino ese silencio pesado, lleno de sombras que parecen escuchar, cruzo el pasillo sin encender las luces, guiándome por memoria: tres pasos, la alfombra, el cuadro de mi abuelo, la puerta del baño, el tramo de escalera donde siempre rechina el tercer escalón.
Lo salto sin dudar.
Mientras bajo, siento ese cosquilleo oscuro en la nuca.
El mismo que aparece cuando la magia de mi madre empieza a rozar mis pensamientos como una mano fría buscando entrar.
No escucho su voz, pero siento el eco.
La amenaza.
El impulso.
"Acaba lo que empecé."
"Destrúyelo todo."
Y yo aprieto los dientes.
Fuerte. Debería centrarme en eso.
En ella.
En Talia.
En el verdadero peligro.
En la mujer que pretende moldearme como si fuera una herramienta y no un ser humano.
En la bruja que quiere convertirme en un arma.
Ese es el enemigo.
Ese.
No Jon.
Y sin embargo...cada vez que intento pensar fríamente,
cada vez que quiero enfocarme en lo lógico, en lo urgente,
en lo que debo hacer...Aparece su rostro.
Sus ojos.
Ese azul.
El azul que me cambió el mundo.
El azul que no sabía que necesitaba. El azul que se convirtió en mi color favorito sin que yo siquiera me diera cuenta de cuándo pasó. ¿Cómo algo tan simple puede detener una oscuridad tan grande?
No lo sé.
Pero lo hace.
Porque cuando lo recuerdo, cuando pienso en su voz diciendo mi nombre-no la voz dolida de hace días, no la voz enfadada,
sino esa suave, baja, cálida que solo usa cuando estamos siendo nosotros-mi pecho deja de sentirse como un campo de batalla.
Esa voz es un ancla.
Mi ancla.
La única que evita que la oscuridad me trague entero.
Y aun así lo lastimé.
Aun así lo aparté.
Aun así fui...un completo imbécil.
Atravesar la mansión se vuelve insoportablemente lento.
Cada paso hacia la puerta principal me pesa en los hombros como si cargara una armadura invisible.
La del orgullo.
La del miedo.
La de la culpa.
Abro la puerta del garaje.
El olor a gasolina, metal y caucho quemado me golpea como una bofetada familiar.
La moto está donde la dejé.
Negra.
Fría.
Esperándome como si supiera que sería esta noche.
Me detengo un segundo.
Apoyo las manos en el manillar.
Cierro los ojos. Podría dar media vuelta, subir otra vez, pretender que nada pasa, que no siento lo que siento.
Que no lo necesito.
Pero no.
No puedo.
No después de tantos días viendo su número en la pantalla y temblando como un idiota cuando no contestaba.
No después de ese vacío absurdo que me dejó su silencio.
No después de entender que...
si hay algo capaz de salvarme de lo que mi madre quiere convertir en mí...es él.
Enciendo la moto.
El rugido del motor estalla en el garaje y vibra en mis costillas.
Me subo.
Coloco el casco.
Y mientras bajo la visera y la noche se expande frente a mí, solo me queda un pensamiento nítido:
Tengo que dejar de ser un imbécil antes de perderlo para siempre.
Acelero.
Y la ciudad se abre bajo mis ruedas mientras voy directo a él.
A mi única luz en toda esta oscuridad.
Ahora que me he colado en su habitación como un ladrón,
y él me está mirando, sentado desde la cama, con esos ojos enormes, azules, abiertos como el cielo justo antes de una tormenta...¿qué digo?
¿Qué se supone que digo cuando me he pasado días sin hablarle, sin escribirle, cuando le mandé un maldito video desafinado como si eso bastara, y ahora estoy de pie delante de él, sin palabras, sin excusas, sin defensa?
Nada.
No tengo nada que valga la pena decir si no es con el pecho abierto. Pero claro, eso no lo pensé cuando salí de la cama.
"Tienes que centrarte en tu madre, Damián. Ella es el verdadero peligro.
No Jon. No esto."
Lo he repetido tantas veces que ya suena hueco.
Jon
-¿Qué haces aquí?
Es lo único que me atrevo a decir.
Mi voz sale más baja de lo que esperaba, como si algo en mí no quisiera romper el silencio todavía, como si mis palabras pudieran asustarlo y hacerlo desaparecer.
Deslizo las piernas por el filo de la cama, despacio, casi con torpeza, sintiendo cómo el suelo helado me recibe igual que el escalofrío que me baja por la espalda.
Y no me atrevo a moverme más.
No sé si me va a hablar o si simplemente va a quedarse mirándome. El corazón me retumba como si tuviera un tambor en el pecho.
Mi garganta está seca.
Me siento expuesto, sentado, con la camiseta arrugada, el pelo hecho un desastre y los sentimientos a flor de piel, colgando de mí como si no me pertenecieran.
Y sin embargo, aquí está.
Damián Wayne.
Mi caos.
Mi tormenta.
Mi ruina favorita.
-¿Qué haces aquí, Damián?-
repito, más firme esta vez, aunque la voz me tiembla al final.
Porque lo odio por venir ahora.
Porque lo amo por venir ahora.
Porque si me toca, si da un paso más, voy a irme a la mierda.
Él no responde.
No con palabras.
No todavía.
¿Colapsamos ya? Dice mi conciencia
Lo veo dar un paso.
Y otro.
Y entonces...se arrodilla.
Entre mis piernas.
Voy amorir, aquí y ahora.
No puedo dejar de mirarlo.
Su mano, temblorosas pero decididas, suben y envuelven la mía. Agarra mis dedos como si fueran la última cosa que tiene.
Como si necesitara saber que está aquí...Con desesperación.
Y cuando me mira, sus ojos...
ese verde...ese destello que arde en silencio no me deja respirar.
-Lo siento-dice, y su voz es una grieta abierta en medio de la noche-Lo siento, Jon.
¿Estaré soñando?
No me muevo.
No respiro.
Me arde el pecho.
-No sé qué estoy haciendo. Ni cómo se dice esto...Pero cada vez que intento alejarme, cada vez que intento hacer lo correcto, cada vez que me repito que debo centrarme en mi madre, en detenerla, en acabar con todo este horror...sólo termino aquí.
Pensando en ti.
Aprieta un poco mi mano.
Siento el calor.
El leve temblor en sus dedos.
Y entonces lo oigo.
Su corazón, latidos rápidos y desbocados.
Como los míos.
Como si estuviéramos en guerra los dos, pero no el uno contra el otro, sino juntos, intentando sobrevivir.
-Soy un imbécil-continúa, bajando la cabeza unos segundos antes de volver a mirarme-Pensé que podía hacerlo todo, que podía cargar con el mundo, destruir lo que me hizo daño, y volver cuando todo estuviera arreglado.
Traga saliva.
Sus labios tiemblan.
-Pero me he equivocado.
Porque me alejé de lo único que me daba fuerza, de lo único que me hacía volver...Tu voz, tu risa, tus manos, Esos ojos tuyos que me miraron con amor incluso cuando yo solo te daba ruinas.
Siento los dedos de su otra mano subir por mi rodilla, quietos, torpes, como si no supiera si tiene permiso. Y yo...yo estoy a punto de desmoronarme.
Porque no esperaba esto.
Porque lo necesitaba tanto.
-Perdóname-dice, apenas un susurro-Perdóname por pensar que acabar con mi madre era más importante que cuidarnos.
Perdóname por irme, por hacerte esperar, por no saber cómo quedarme sin joder nada.
Ni a ti.
Ni a mí.
Y su corazón late tan fuerte que lo siento vibrar entre mis oidos.
Suelto mis manos de entre las suyas.
Despacio.
Con suavidad.
Pero en cuanto lo hago, lo veo.
El miedo. Cruza su rostro como una sombra rápida, como un relámpago de duda, sus ojos se abren un poco más, sus labios se tensan....Y su cuerpo se queda quieto, como si esperara el golpe.
Escucho su corazón dar un salto.
Una sacudida.
Y luego...silencio.
Como si, por un segundo eterno, dejara de respirar, como si ese instante lo subetera al borde de algo que no puede controlar.
Y duele.
Verlo así.
Tan vulnerable.
Tan humano.
Pero todo eso...todo ese pánico, toda esa fragilidad bajo su fachada de piedra, todo eso desaparece cuando mis manos suben.
Cuando tocan sus mejillas.
Las acaricio con los pulgares, con una ternura que no necesita explicarse. Y siento cómo se relaja, cómo exhala, cómo sus ojos tiemblan apenas antes de cerrarse.
Los míos también.
Porque ya no hay nada más que decir, porque el idioma que hablamos desde el principio no ha sido otro más que este.
Me inclino.
Inclino la cabeza hacia adelante,
dejando que el mundo se disuelva a mi alrededor, y junto mis labios con los suyos. Al principio es suave, como si estuviéramos probando que aún encajamos.
Pero en el fondo ya lo sabemos, encajamos como dos piezas que el universo no ha podido separar del todo.
Por más errores y miedos.
Por más distancia que intenté poner.
Sus labios están calientes.
Y tiemblan apenas, como si tampoco creyera que esto está pasando.
Y en ese beso...le devuelvo todo.
Los días de silencio.
El dolor.
Las ganas.
La espera.
Y siento su mano subir hasta mi espalda, como si necesitara asegurarse de que no me voy a ir esta vez.
Yo tampoco.
No esta vez.
—Tengo el cora roto en mil, pégalo en one piece
Porque siendo sincero todavía la quiero—
Tim
La sala de interrogatorios está helada.
No por el aire, sino por la forma en que él me mira o mejor dicho, no me mira. Ese clon tiene los mismos ojos que Damián,
pero vacíos, sin esa chispa de fuego, sin rabia, sin orgullo, sin miedo.
Solo está ahí.
Sentado.
Callado.
Como una estatua diseñada para parecer humana.
-¿Dónde está Talia?-pregunto otra vez.
Nada.
-¿Qué planea?
Sigue en silencio.
Respira, pero no responde.
Parpadea, pero no reacciona.
No como una persona.
Y eso…eso me da escalofríos.
Porque se parece tanto, pero no está él ahí. Apoyo ambas manos en la mesa, y me inclino hacia él.
-Dime por qué estás aquí, entonces. ¿Talía te dijo algo más aparte de pelear contra nosotros?
-Fui creado para morir en manos de Damián.
Me quedo quieto.
Las palabras me golpean más fuerte de lo que deberían.
Me echo hacia atrás, me quedo mirándolo, mirando ese rostro que es igual al de mi hermano, pero sin alma. "Para morir en manos de Damián." Un arma emocional, una trampa diseñada no para matar…sino para hacer daño emocional.
Ella no solo quiere moldearlo.
Quiere destruirlo desde adentro.
Desde lo que lo hace humano,
desde lo que lo hace sentir.
Este clon no era un accidente, era una sentencia, una soga para el cuello de Damián, tejida con su propio reflejo.
Jon
Al final, después de todo, acabamos así.
Él en el suelo, con las piernas cruzadas, los codos apoyados en las rodillas, la cabeza algo baja, como si le pesaran los pensamientos, y yo, en la misma pose, pero sobre la cama, con los pies casi tocando los suyos, mirándolo desde arriba.
Me conozco sus gestos, y sé que está dándole mil vueltas a algo.
Hasta que finalmente lo dice.
-No sé qué hacer ahora-confiesa, sin mirarme directamente-Es decir, me apetece mucho hacerlo contigo...En plan reconciliación.
Pero no sé si es lo mejor.
Mi estómago da una voltereta.
No sé si es porque yo también tengo ganas, por su sinceridad o por la forma en que lo dice, como si no quisiera fallarme otra vez.
A veces se me olvida que Damián también tiene miedo, que debajo de toda su armadura hay un chico que tiembla.
Me quedo mirándolo.
Y en vez de lanzar una broma, o poner cara de interesante, simplemente asiento y dejo que las palabras salgan solas.
-Podemos dormir.
Asiente una vez.
Despacio se pone de pie con la misma delicadeza con la que uno se acerca a un animal herido, y se sienta primero en el borde, sin prisa, se quita las zapatillas y luego la sudadera, dejando ver la camiseta fina que lleva debajo.
Yo me echo un poco hacia atrás para hacerle sitio.
Él se sube con cuidado, como si no quisiera romper el momento.
Nos acomodamos como lo hemos hecho otras veces, pero esta vez es distinto. Me giro de lado y él hace lo mismo, quedamos cara a cara.
-¿Qué has estado haciendo?-me pregunta de repente.
Abro los ojos, todavía con la cara pegada a la almohada, y tardo un segundos en procesar que ahora quiere hablar.
-No es muy difícil de resumir-
contesto, frotándome un ojo y estirándome un poco-Dormir mal, comer peor, ignorar el móvil... Escuchar la misma canción mil veces…-Hago una pausa, como quien decide si decir lo siguiente o no, y luego me encojo de hombros-Logan y Kevin han estado viniendo a visitarme de vez en cuando.
Y entonces los veo, como los celos le chispean detrás de la mirada.
Y me hace gracia, no por maldad.
Sino porque él trata de disimularlo, pero no puede.
Y su forma de sentir...siempre ha sido intensa, aunque intente esconderla.
-Tú y yo no estábamos juntos-le recuerdo, dejando que las palabras floten con suavidad en el aire, sin intención de herir, solo de ser justo.
Bufa. Porque sabe que tengo razón, porque le molesta que la tenga, porque no puede reescribir el pasado, aunque ahora quiera borrarlo.
-Tranquilo-añado, bajando la voz y dándole una palmadita suave en el pecho-Kevin no me ha vuelto a besar, si eso es lo que estás pensando.
Damián se queda callado un momento, y luego, sin avisar, se inclina hacia mí y me da un pequeño beso.
-Odio ponerme celoso-murmura contra mis labios, con la frente apoyada en la mía.
Y yo sonrío, porque me encanta que lo haga.
-Ahora que lo pienso…-digo, con la cabeza apoyada en su brazo y la manta cubriéndonos hasta la cintura-¿Ahora somos pareja otra vez?
No lo miro, solo lo suelto ahí, como quien lanza una piedra al agua para ver si rebota o se hunde. Pero su respuesta llega sin pausa, sin titubeo.
-Sí.
Así.
Directo.
Con ese tono suyo que siempre tiene la misma firmeza con la que se dan las órdenes en combate.
Y yo, sinceramente, me quedo unos segundos en silencio, más por gusto que por sorpresa.
-¿Entonces no puedo tener dos amantes?
-Jon…-Sisea. Sé que en su cabeza, la palabra "amante" tiene forma, nombre y cara. Y es la de Kevin.
-Es broma-Respondo.
Sus ojos se clavan en los míos.
Y aunque intenta mantener el ceño fruncido, sé que por dentro está rodando los ojos y diciéndose que me va a matar algún día.
Pero ahora solo se queda ahí.
Y yo, en voz más baja, sin bromas esta vez, le digo:
-Me gustas solo tú, idiota. Así que puedes dejar de hacer cálculos de cuántas veces vino Kevin a casa-Damián entrecierra los ojos un segundo.
Roy
Nunca pensé que entrenar con Jason dolería tanto. Y no solo físicamente. No. Lo peor es que se ríe, se ríe de mí. No de manera cruel, exactamente, pero esa maldita sonrisa suya—esa que se le escapa cuando me caigo por tercera vez intentando hacer una llave que él domina medio dormido—me hace querer golpearlo…o besarlo. A veces no estoy seguro.
Yo soy bueno con el arco.
Preciso, rápido, letal si quiero.
Pero en el cuerpo a cuerpo…
Digamos que tengo estilo, pero no técnica. Y Jason se aprovecha de eso cada maldito segundo.
-¿Eso fue una patada o intentabas espantar una mosca?-me dice, agachándose justo a tiempo para que mi intento de ataque termine en un giro vergonzoso sobre mí mismo.
-Cállate-gruño, levantándome del suelo por cuarta vez en menos de una hora.
Jason no se calla, por supuesto.
Se cruza de brazos, se apoya contra la pared del gimnasio de la base, y me mira como si fuera su entretenimiento personal.
-No estás tan mal-dice finalmente, con esa voz suya que suena a cansancio y a burla contenida-
Para ser un arquero con complejo de gato salvaje.
-Vete a la mierda.
-Con ese control de equilibrio, irías tú primero.
Me lanzo de nuevo, más que nada por impulso. Por ganas de demostrarle que puedo, y por las malditas ganas de tenerlo cerca, aunque sea para que me derribe otra vez.
Me esquiva.
Me gira.
Y en menos de tres segundos, estoy otra vez en el suelo, con él encima, sujetándome las muñecas.
-¿Ves?-dice, con la cara a pocos centímetros de la mía-Ya vas mejorando. No te has caido solo esta vez.
Y mientras él se ríe, yo me quedo ahí. Respirando
entrecortadamente, Sintiendo cómo me arde la piel donde sus manos me tocan.
-Oye…-empiezo, medio dudando-¿Puedo ir a las próximas misiones contigo?
-No-responde. Frunzo el ceño.
-¿Por qué no?
-Porque no estás listo.
-Eso no lo decides tú solo.
-Sí, Roy. Lo decido yo. Porque si sales conmigo ahí fuera, es mi responsabilidad. Y ahora mismo… no estás preparado para ese tipo de mierda.
-No lo sabrás si no me dejas intentarlo-replico, poniéndome de pie-Me estás entrenando, ¿no? Entonces déjame demostrar que vale la pena.
-No están fácil, Roy-espeta-Salir ahí es un campo, es un caos, gente que no duda en dispararte entre ceja y ceja. Y tú…-me señala, sin rabia pero con verdad- aún no sabes matar a personas.
-Esas cosas no eran personas...
-¿Y si las ahí? Serás capaz de mirar ha alguien y soltar la flecha.
-Se que si elegiré mi vida.
-Esas palabras demuestran que dudarás.
-No lo haré.
Silencio.
Y me mantengo firme.
No me callo.
No me siento.
Porque estoy harto de sentirme como un niño al que sólo le tiran migajas de confianza.
-Dame una oportunidad, Jason -digo, sin sarcasmo esta vez. Solo verdad-Solo una. Si fallo, no volveré ha insistir.
-Está bien-dice finalmente, lento, como si pesara cada palabra-Pero solo con una condición.
-¿Cuál?
-Obediencia total. Absoluta. Si digo que te escondas, te escondes. Si digo que te vas, te vas. Si digo que no dispares, no lo haces. No hay discusión. Ni media.
-Estas...
-Obedeces-Y bufó.
-Vale. Obedeceré.
Dick
Estoy patrullando junto con Wally y, sorprendentemente, está tranquilo. Nada de robots gigantes, nada de ladrones con complejos teatrales, ni siquiera un gato atrapado en un árbol.
Solo la ciudad bajo nosotros, las luces de las farolas temblando como si bailaran con el viento y el cielo despejado. Y yo, con él. La calma no dura mucho en nuestro mundo, así que decido aprovecharla.
Estamos en la azotea de un edificio mediano, vigilando una calle por la que probablemente no pase ni un mapache durante las próximas horas.
-Y está todo tranquilo. Así que... veo, veo.
-¿Qué ves?
-Una cosita que empieza con… “R”.
-¿R de "ridículo"?
-Casi. Pero no. Intenta otra vez.
Lo veo entrecerrar los ojos, analizando el paisaje urbano con esa rapidez que solo él puede tener.
-¿Rejilla?
-Nope.
-¿Robo a punto de suceder?
-Wally…
-Está bien, está bien. ¿R de… Red Robin?
-Te encanta recordarme a Tim en los momentos menos sexys.
Wally se ríe, se agacha para atarse una bota y luego me lanza una mirada por encima del hombro que me derrite un poquito.
-¿Qué es?
Me acerco, bajando los binoculares, con el peso ligeramente apoyado en una pierna. Apoyo el mentón en su hombro desde atrás, bajito, y murmuro en su oído:
-R de “rojo”. El de tu traje...Que te queda precioso.
-Eso es cursi.
-Y verdadero.
-Vale-dice Wally, apoyando un codo en la barandilla de la azotea-me toca a mí. Veo, veo…
Una cosita que empieza con “T”.
-¿“T”?-repito, pensativo-¿Techo?
-Frío.
-¿Tráfico?
-Frío, congelado.
-¿Tensión sexual no resuelta?
-¡Dick!
-¿Qué? A mí me parece muy evidente. Estamos solos, es de noche y tú culo me llama.
Wally se ríe bajito, dándome un leve empujón con el hombro.
-Es “tubería”, pervertido. Esa que gotea ahí abajo.
-Pff. Aburrido.
-No todos mis pensamientos empiezan en la cama.
-Lástima. Porque los míos sí.
Wally resopla, pero sonríe.
-Te toca.
Me llevo la mano a la barbilla dramáticamente.
-Veo, veo…una cosita que empieza con “P”.
Wally arquea una ceja.
-¿Patrulla?
-Demasiado obvio.
-¿Pecas?-dice, señalándome la clavícula.
-Podrían ser las tuyas, pero no.
-¿Pecho? ¿Piernas? ¿Paquete?
-¡Wally!
-¡De paquete de carton!
-Ya claro.
-¡Que sí!
-Era “póster”.
-Jder...Vale. Veo, veo… algo que empieza con “B”.
-¿Beso?
-Casi.
-¿Bobo?
-Más cerca.
-¿Boba tea?
-¡Boca!-dice, acercándose tanto que nuestros labios quedan apenas a un centímetro-La tuya. Que no deja de provocarme desde hace diez minutos.
Sonrío.
-¿Y qué vas a hacer al respecto?
-Sancionarte. Beso de advertencia-Y me besa. Corto, rápido. Pero suficiente para que me quede callado tres segundos.
-Eso no fue una advertencia.
-Lo sé.
Conner
Estoy en el salón de la mansión, sentado en uno de esos sillones absurdamente elegantes que huelen a ticos y a libros que nadie ha abierto en décadas.
Alfred nos dejó un plato de galletitas—de esas que huelen a mantequilla y a hogar—y Logan y yo llevamos casi media hora comiéndolas en silencio mientras esperamos a que Tim termine el interrogatorio con el clon.
-Oye, ¿y si hacemos un trío?.
Me ahogo.
Literalmente.
La galleta se me queda atravesada y empiezo a toser como si me hubieran disparado.
Suelto el té, que casi se me cae encima, y me doblo un poco hacia adelante. Logan me da una palmada en la espalda, fuerte, Ccmo si eso ayudara.
-Relájate, era una broma-dice, muy tranquilo, como si no acabara de lanzar una bomba nuclear en mitad del salón.
-¿Qué clase de broma es esa?-consigo decir al fin.
-Una buena, por lo visto. Tu reacción fue oro puro.
-¡Estaba comiendo!
-Lo sé-responde, cogiendo otra galleta como si nada-Aunque bueno…podrías habérmelo tomado en serio, ¿eh? No lo propongo a cualquiera.
-¡Logan!-Él se ríe.
-Relájate, Conner. Sé que estás enamorado hasta las cejas con el murciélago chiquito.
-No digas eso.
-¿Qué? ¿Que estás enamorado?-Le lanzo una mirada asesina. Él solo sube las cejas, muy tranquilo-¿O que le digo "murciélago chiquito"? Porque puedo cambiarlo ¿MiniBats? ¿Tu oscuro y sexy tormento personal?
-Voy a salir volando por la ventana.
-No te da el tiempo. Alfred va a entrar con más galletas y tú no puedes resistirte.
Y maldita sea, tiene razón.
Porque en cuanto Alfred aparece con otra bandeja, dejo el drama y vuelvo a comer.
Jason
El agua cae sobre mi espalda como una lluvia pesada, constante. Caliente. Lo suficiente como para que duela un poco al principio y luego te entumezca.
Me apoyo con ambas manos en la pared de la ducha, la cabeza gacha, el pelo empapado pegado a la frente, los párpados cerrados. Intento dejar la mente en blanco.
No puedo.
Porque pienso en Roy.
Otra vez. Y en lo estúpido que he sido al darle alguna oportunidad.
No por él. Sino por mí. Porque sé cómo soy, y sé cómo reacciono, y no soy el tipo de persona que sabe querer fácil.
No soy alguien paciente.
Y Roy...Roy es un huracán de impulsos. Y me provoca más de lo que debería.
Me enfada que sea tan cabezón, que me rete, que sepa por dónde entrar cuando tengo todas las puertas cerradas, me enfada más todavía que, por momentos, pienso en él cuando me voy a dormir.
Me echo el agua en la cara con ambas manos, respiro hondo, esto no debería estar pasando.
Yo no soy un tio que se enamora.
Y si lo hago, no debería ser de alguien como él.
Pero ya le he dicho que podía acompañarme en la próxima patrulla.
Jon
Mamá no se sorprende cuando salimos de mi habitación y bajamos a desayunar.
Ni siquiera levanta una ceja.
Nos mira a los dos, con ese gesto neutral que solo las madres que lo saben todo pueden manejar.
Ni una palabra, ni una indirecta. Solo un leve asentimiento y una sonrisa pequeña, como si estuviera tachando mentalmente algo de una lista.
Estoy seguro de que ella sabía que tarde o temprano haríamos las paces. Porque mamá ve esas cosas, desde que éramos niños y Damián fingía que no me soportaba, pero se sentaba más cerca de mí que de nadie. Desde que yo hablaba de él como si fuera solo "un amigo" mientras como dice Logan: me brillaban los ojos como si hablara de una constelación entera.
Nos sentamos a la mesa como si fuera un día cualquiera.
Damián se sirve café, yo le paso la leche sin que me lo pida.
Nos miramos.
Casi sonreímos.
Y mamá simplemente sigue con su taza, muy tranquila, muy yo-sabía-que-volverías.
Y no dice nada.
No necesita hacerlo.
Nosotros ya entendimos todo.
—No necesito una capa para proteger a los míos—
Lois
Le pongo la mano en el hombro a Jon con una sonrisa tranquila.
-¿Nos dejas un momento a solas, cariño?-Me mira con esa expresión que mezcla sorpresa con ligera resignación.
Esa cara de ¿En serio, mamá? que solía poner cuando era niño y yo lo mandaba a su cuarto solo por decir una mala palabra delante del abuelo.
-Póntelos-le indico, señalando sus auriculares sobre la encimera.
Jon suspira, rueda los ojos con exageración teatral, pero obedece.
Se los coloca, se sienta en el sofá con la tablet y se pierde en su mundo como si no supiera perfectamente que estoy a punto de regañar a su novio. Una vez que nos quedamos solos en la cocina, me sirvo un poco más de café y me apoyo con calma contra la isla.
-Veo que volvéis a estar juntos -comento, sin rodeos.bDamián asiente, sin apartar la mirada.
-Sí.
-Me alegro.
-Gracias.
Guardo unos segundos de silencio.Él me mira como si supiera que viene algo más.
Y tiene razón.
-Mira, Damián, cariño…-empiezo
-No me gusta meterme en vuestra relación. Sois jóvenes, tenéis que aprender de vuestros propios errores, como nosotros lo hicimos cuando teníamos vuestra edad-Damián asiente una sola vez, atento-Pero...-continúo, con énfasis-como vuelvas a dejar a mi hijo como si fuera un alma en pena, me voy a enfadar. Y cuando digo enfadarme, no hablo de levantar un poco la voz o insultar.
Habrá consecuencias, Damián-Lo digo despacio, con los ojos fijos en los suyos.
-Me da igual si él te vuelve a perdonar. Yo no. Porque yo he sido la que l ha que le escuchó decir “estoy bien”. Y saber que no lo está.
No se defiende.
No se justifica.
Solo baja la mirada por un segundo, y entonces habla:
-Yo también me odio por hacerle daño.
-Lo sé-respondo más suave, tomando otro sorbo de café-Por eso te perdono. Y porque sé que esta situación…te está muy grande. Porque te ha tocado vivir cosas que no son fáciles. Y porque sé que, aunque a veces no lo parezca, amas a mi hijo-Apoyo la taza en la encimera.Y le hablo como quien cuida lo que más quiere en el mundo-Solo te voy a pedir una cosa, Damián: cuando tengas problemas, no olvides que todo lo que te afecta, también lo afecta a él. No lo excluyas.
Clark
Pasamos la noche entera revisando archivos, ubicaciones y nombres viejos que creíamos enterrados.
Bruce y yo, sentados frente a cuatro pantallas en la Batcueva, rodeados de sombras, tazas de café frías, y el silencio que solo él puede mantener durante horas sin que se sienta incómodo.
Hemos vuelto a los hábitos que compartimos tantas veces.
Él buscando patrones imposibles.
Yo leyendo fragmentos a supervelocidad para filtrar información.
El trabajo de siempre.
El ritmo que conocemos.
Todo porque su hijo está en el medio de todo esto, y aunque lo niegue, aunque lo esconda bajo esa máscara de perfección táctica, sé que lo que más teme es que vuelva a perderlo.
Yo también lo temo.
Por él.
Por Lois.
Por Jon.
Por todos.
A veces me olvido de cuánto llevamos haciendo esto.
La cantidad de años que hemos pasado así, espalda con espalda, enfrentando todo lo que el mundo lanza.
Y en noches como esta…cuando la tensión se filtra entre los clics del teclado y el leve crujir de los guantes de Bruce ajustándose,
cuando nos rozamos apenas al pasar entre las pantallas y nuestras miradas se cruzan con algo que no decimos…me doy cuenta de que hay otra tensión.
Una más vieja.
Más sutil.
Más enterrada.
No es deseo.
No del todo.
Es algo más complejo.
Más cargado de historia.
De decisiones que no se tomaron.
De palabras que nunca dijimos.
Y yo me detengo, y lo miro.
Al final de la noche, no hemos encontrado mucho. Solo huellas vagas, un par de nombres que Bruce escribe sin decir nada, como si ya hubiera esperado la decepción.
Y entonces, cuando me estoy por ir, dice:
-Gracias por quedarte.
-Siempre, Bruce.
Conner
Estamos en su cama, enredados entre las sábanas como dos gatos malcriados.
La habitación todavía está a oscuras, solo un rastro de luz azulada entra por la rendija de la ventana. Y aún así, Tim se mueve.
Otra vez. Como si tuviera una alarma implantada en la nuca que lo obliga a sufrir.
-Conner…suéltame-murmura con la voz ronca del que no ha dormido ni seis horas completas.
Yo lo abrazo más fuerte.
Mis brazos alrededor de su cintura, una pierna encima de las suyas, la cara metida en su cuello.
-No.
-Conner…
-Hoy vas a descansar, Tim.
-No puedo, tengo que...
-Son las putas siete de la mañana -digo, apretando aún más y metiendo la cara en su nuca- Literalmente. Las. Putas. Siete.
-Pero tengo que...
-Tim.
-Hay que....
-Tim.
-¿Queee?
-Tu culo se queda en la cama.
-...
-Mínimo hasta las nueve.
-...
-Y si intentas escaparte, te atrapo en el aire y te encierro con un superabrazo-Él suspira.
-Eres insoportable.
-Sí. Pero también soy muy calentito.
No responde. Y siento cómo, poco a poco, su cuerpo se relaja entre mis brazos, y ahí, con su pelo haciéndome cosquillas en la nariz y su corazón empezando a calmarse, sé que he ganado esta batalla.
Que Tim Drake va a dormir.
Aunque sea un par de horas más.
Y si tengo que hacer de barrera humana para que lo logre…
bien.
Estoy hecho para esto.
Wally
Dick se ha vuelto loco.
No tengo otra explicación lógica.
No después de la patrulla que acabamos de tener.
Llevamos horas corriendo por tejados, persiguiendo a unos imbéciles que se creen ninjas solo porque saben saltar una valla sin romperse la crisma.
Estoy cubierto de polvo, tengo un rasguño en la ceja, y el gemido que he soltado al quitarme las botas ha sonado como el alma abandonando mi cuerpo.
Solo quiero dormir.
Tengo mis derechos.
Colapsar en la cama, estirar una pierna fuera de las sábanas como un símbolo de rendición y dejar que la inconsciencia me abrace.
Pero no. Dick se gira desde la puerta del baño con esa sonrisa suya de "tengo una idea que arruina tu paz" y dice:
-Vamos a bañarnos juntos.
Yo lo miro.
Con toda la poca energía que me queda.
Parpadeo una vez.
Dos.
-¿Qué?
-Sí, juntos. Es más eficiente. Agua caliente, masaje de espalda mutuo, y terminamos antes.
-Dick.
-¿Mmm?
-Me estoy muriendo.
Literalmente. Mírame. Esta es mi cara de colapso.
-Y yo me encargo de revivirte -dice como si eso tuviera sentido-Venga, Wally, será rápido.
-Dices “rápido” como si yo no te conociera. Tus duchas compartidas duran más que una película de Scorsese.
Él se ríe, con descarado.
Y además se quita la camiseta.
Así. Sin respeto por los muertos, como si no supiera lo vulnerable que estoy cuando estoy agotado.
-Dick. No. No te uses contra mí.
-¿Contra ti? ¿Quién? ¿Yo?
-Sí. Con tu sonrisa de "hola, soy modelo de Calvin Klein" de revista.
¿Qué coño estoy diciendo? No lo sé, ya no puedo más.
-Vas a dormir mejor después. Te lo juro.
-Voy a dormir mejor si me dejas en paz y te bañas tú solo.
-Wally…
-Dios.
Respiro hondo. Me dejo caer en la cama, con la cara hundida en la almohada, y suelto un quejido dramático.
-Cinco minutos-gruño.
-Diez-negocia él, ya metiéndose al baño.
-Siete y medio y no hay juegos raros con el jabón.
-No prometo nada.
-Dick.
-Vale, vale. Sin juegos.
Y así, entre quejas, y un cansancio que me está arrastrando al otro mundo, termino quitándome la camiseta y arrastrando los pies al baño.
Dick
La ducha cae tibia, perfecta, con ese vapor que empieza a subir lentamente y a pegarse en las paredes de azulejo. Wally está de espaldas, con los ojos medio cerrados, como si estuviera a punto de dormirse de pie, el cabello chorreando y la espalda arqueada.
-No sé cómo sigues vivo-le digo, tomando un poco de jabón líquido en la mano-Te lo juro, pareces un anciano que acaba de terminar una maratón de bingo.
-Estoy medio muerto...-murmura, sin fuerzas para discutir-Esto es mi fantasma...
-Tu fantasma huele a sudor y callejón.
Empiezo a enjabonarlo con calma, primero los hombros, luego los brazos, sus músculos están tensos, así que aprovecho para masajear un poco mientras lo limpio. Se deja hacer, medio gruñendo como un gato satisfecho, medio quejándose entre dientes.
-Si me caigo dormido aquí mismo, me tapas con la cortina-susurra, con la voz arrastrada por el sueño.
-Tranquilo. Si te caes, te salvo. Soy ágil-respondo con una sonrisa que él no ve, pero seguro siente.
Sigo bajando.
La espalda.
La cintura.
Y entonces mi mano se aventura un poco más abajo, rozando territorio clasificado como “zona de advertencia previa”.
-¡Eeeehhh, esa mano está pasando fronteras, Grayson!-
protesta de inmediato, girando apenas la cabeza con una ceja levantada. Yo me río, una carcajada suave, casi contra su oído.
-Estoy haciendo una inspección sanitaria. Todo legal, todo con consentimiento implícito de pareja agotada.
-¿Implícito dónde? Porque no he firmado nada. Y esa mano, si sigue bajando, va a provocar una tercera guerra mundial entre mis ganas de dormir y mi libido.
-¿Y quién va ganando?
-De momento, el sueño.
Pero si sigues modo diplomático, no respondo.
-Entonces me contengo. Profesionalidad ante todo.
Le doy un beso en el hombro antes de volver a subir las manos hacia zonas menos peligrosas, mientras él suspira y apoya la frente en la pared como si fuera su santuario personal.
-Tú deberías poner un spa, Dick.
-¿Con duchas compartidas?
-Solo si tú estás en la carta de servicios.
-¿Masaje con final feliz?
-Final feliz sería que me dejes dormir ocho horas seguidas.
Sonrío, yaunque estoy tentado de volver a cruzar la frontera, me comporto.
Por ahora.
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