36
—Eres ese lugar al que siempre quiero regresar, incluso cuando no sé dónde estoy—
Jon
La semana no tuvo nada de poética ni de épica, fue pesada, y lenta.
El clon de Damián sigue bajo custodia, lo trasladaron a una sala reforzada dentro de la base, con paredes aisladas y sistemas de contención redundantes. No porque esté atacando constantemente, sino porque nadie quiere subestimar lo que es capaz de hacer si en algún momento algo cambia.
Obviamente.
Los primeros días intentó no comer, simplemente apartaba la bandeja y se quedaba mirando al frente, tampoco bebía, no hacía huelga de hambre por rabia; lo hacía como si fuera parte de una programación.
Como si su existencia tuviera una única finalidad y mantenerse con vida no fuera necesaria para cumplirla.
Tim fue quien tomó la decisión más práctica: le colocaron una vía intravenosa. Si Talia lo creó como un detonador emocional para Damián, no vamos a permitir que se apague antes de entender todo el plan, también reforzaron sus ataduras. Lleva grilletes con amortiguadores internos para que no pueda fracturarse las muñecas con movimientos bruscos, anclajes al suelo, refuerzos magnéticos adicionales, no se mueve mucho, pero cuando lo hace, la fuerza está ahí.
Es inquietante verlo intentar tensar los brazos sin expresión alguna, lo más perturbador no es su fuerza, es su falta de reacción, se parece a Damián en cada rasgo, pero no hay chispa detrás de los ojos...Es como mirar una versión vaciada de alguien a quien quiero. Damián no lo visita solo, siempre vamos juntos.
En cuanto a nosotros no hemos ido más allá de besos pequeños y dormir abrazados, no es una decisión hablada, simplemente pasa así. Después de todo lo que ocurrió, ninguno tiene prisa, nos acostamos, nos acurrucamos uno frente al otro o yo pegado a su pecho. A veces intercambiamos un par de besos lentos, nada más.
Los Titanes hemos seguido patrullando casi todas las noches, teniendo pequeños enfrentamientos, nada relacionado directamente con Talia. Mientras tanto, la Liga de la Justicia se ha dividido para buscarla por distintas partes del mundo. Contactos, rastreo financiero, tecnología, magia, y aun así, no hay rastro claro.
Es como si hubiera desaparecido deliberadamente sin dejar huella digital, eso inquieta un montón.
También está el tema de la Atalaya, después de los daños, los ingenieros y la Liga están debatiendo si reconstruirla desde cero o reparar la estructura original. Bruce es partidario de empezar de nuevo con una base más resistente, papa considera que todavía hay suficiente estructura aprovechable y que reconstruir puede ser más rápido y simbólicamente importante.
Las discusiones no son agresivas, pero son constantes, se nota el cansancio acumulado. La semana ha sido eso: contención, vigilancia y espera.
Ahora mismo estamos en la Torre de los Titanes, sentados en el suelo del salón principal, con el tablero de parchís extendido entre nosotros como si fuera una cumbre diplomática.
Logan está apoyado en el sofá, con las piernas abiertas y el dado en la mano, mirándome como si esto fuera una cuestión de honor nacional. Conner está delante de mí, cruzado de piernas, demasiado concentrado para alguien que puede escuchar conversaciones a kilómetros si quisiera.
-Como saques otro seis te acuso de manipulación cuántica-dice Logan.
-Es suerte-respondo, encogiéndome de hombros mientras muevo mi ficha.
-Claro, "suerte"-murmura Conner-Eso dicen todos antes de conquistar el tablero.
Hoy hemos decidido ser pacifistas.
Sin patrulla.
Sin entrenamiento.
Sin misiones.
Damián y Tim están en la sala de entrenamiento, se oye de vez en cuando el impacto seco de los golpes contra los sacos, el arrastre de botas sobre el suelo técnico.
Y aunque intento no hacerlo...
Escucho. No las palabras, eso lo evito a propósito, pero los latidos... no puedo ignorarlos del todo.
El corazón de Damián tiene un ritmo que reconozco incluso entre ruido blanco, más rápido cuando se esfuerza, más constante cuando está concentrado, podría afinar más, podría distinguir cuándo se mueve hacia la izquierda, cuándo esquiva, cuándo golpea. No lo hago, no quiero invadir. Evito escuchar lo que habla con Tim. Me concentro en el dado, en el sonido plástico al rodar, en la risa exagerada de Logan cuando Conner le come una ficha.
Y estoy bastante seguro de que Conner está haciendo lo mismo que yo.
-Te toca-dice Conner, empujando el dado hacia mí.
Lo lanzo.
Cinco.
-Pacifistas ¿eh? -bromea Logan-Muy zen todos hasta que alguien te come una ficha.
-No es personal-respondo mientras muevo la pieza y le elimino una.
-¡TRAICIÓN!
Tim.
La mañana empieza antes de que el café termine de hacer efecto.
Estoy en la Batcueva, sentado frente a tres pantallas distintas y una cuarta más pequeña donde corre un rastreo financiero en segundo plano, el teclado está lleno de pequeñas marcas de uso, como si llevara años absorbiendo la ansiedad de quien se sienta aquí. Hay que cambiarlo.
Estoy buscando a Talia directamente, ese es el primer error que comete cualquiera que intente seguirle el rastro, Talia no aparece, nunca, no compra cosas con su nombre, no reserva transporte, no firma contratos. Todo lo hace a través de capas de intermediarios, así que no busco a Talia, busco anomalías.
Empiezo por lo que sabemos: contactos antiguos de la Liga de las Sombras, empresas pantalla que ya hemos desmantelado antes, rutas de financiación que se repiten cada pocos años, cruzo esa información con transferencias recientes que superen cierto umbral económico.
No es algo que pueda revisar manualmente, así que dejo a los algoritmos trabajar primero.
Mientras tanto reviso manualmente algunos nodos de la red financiera que ya tenía marcados como "probables". Nada, transferencias normales, contratos legales, fondos que se mueven de manera demasiado limpia...Eso me hace saltar la chispa, porque cuando todo parece demasiado limpio…normalmente alguien está limpiando las huellas.
La primera alerta salta cuarenta y siete minutos después, un pitido suave en la pantalla secundaria.
No es grande, de hecho, a primera vista parece irrelevante, una transferencia de tamaño medio.
Ni millonaria ni insignificante, una cantidad suficientemente alta como para financiar operaciones logísticas, pero lo bastante baja como para no activar sistemas automáticos de alerta bancaria.
Eso para mí ya es sospechoso.
Abro el registro completo, la empresa que recibe el dinero se llama North Atlantic Maritime Logistics. El nombre es tan genérico que casi parece inventado por alguien que quiere pasar desapercibido. Lo primero que hago es comprobar su registro mercantil, existe, y legalmente.
Constituida hace tres años.
Actividad declarada: transporte marítimo de carga ligera y mantenimiento portuario.
Dirección registrada: un pequeño edificio administrativo en la costa de Maine.
Demasiado normal.
Pero cuando reviso el historial financiero…empiezo a ver el problema. La empresa apenas tuvo actividad durante dos años y medio, ingresos mínimos, pagos administrativos, nóminas reducidas.
Una empresa fantasma dormida, hasta hace seis semanas. Desde entonces han empezado a recibir transferencias esporádicas desde cuentas internacionales, no muchas, pero lo bastante constantes como para financiar una operación marítima de tamaño medio.
Amplío la pantalla, y cruzo los datos con registros de tráfico portuario, ahí está la segunda anomalía, un barco de carga registrado bajo esa empresa ha estado realizando rutas que no aparecen en los registros comerciales habituales.
Eso significa que no transporta mercancía legal, o que el destino real no es el que figura en los documentos, sigo tirando del hilo.
Reviso imágenes satelitales de las rutas aproximadas, nada en los puertos, nada en las rutas comerciales principales.
Entonces hago lo que siempre funciona cuando alguien intenta esconder algo en el océano:
Busco patrones de detención.
Los barcos que no quieren ser vistos rara vez se quedan quietos en lugares obvios, pero sí se detienen, a veces horas, a veces minutos, reviso las señales AIS intermitentes del barco.
Y ahí aparece.
Un punto del Atlántico donde el transpondedor se apaga repetidamente, siempre en la misma zona, durante intervalos cortos, me inclino hacia la pantalla, amplío el mapa.
Ese punto está lejos de las rutas comerciales, lejos de las aguas territoriales más vigiladas, y lo suficientemente lejos de Metrópolis y Gotham como para que nadie mire ahí sin un motivo concreto, me quedo observando el mapa unos segundos.
No tengo pruebas directas.
Pero tengo algo mejor.
Un patrón.
Abro el comunicador.
-Bruce-digo cuando la línea se conecta-Creo que acabo de encontrar algo interesante en medio del Atlántico.
Jon
Nos reunimos en la sala principal de la Torre de los Titanes por la tarde. No es una reunión improvisada; cuando Tim dice que tiene algo importante, todos sabemos que significa que ha pasado horas delante de pantallas y que, cuando habla, ya tiene medio mapa armado en la cabeza.
Es increíble...pero eso nunca podré decirlo delante de Damián.
La mesa central está llena de tablets, un proyector y un mapa del Atlántico desplegado en la pared. Tim está de pie frente a él, con ese gesto suyo de concentración que parece permanente cuando está trabajando, Damián está a su lado, brazos cruzados, observando todo con atención,Conner se apoya en la pared cerca de mí, Logan está sentado al borde del sofá, balanceando una pierna con inquietud.
Empiezo a escuchar las conversaciones incluso antes de que Tim empiece a explicar.
No lo hago a propósito, pero cuando todos están en la misma habitación es difícil no percibirlo todo: respiraciones, latidos, murmullos entre dos personas al fondo, el corazón de Damián tiene un ritmo más rápido de lo normal, no es miedo exactamente, pero sí tensión, Tim está concentrado; su pulso es estable, el Bruce, en cambio, está completamente controlado, su respiración apenas cambia.
Tim empieza a hablar y la sala se queda en silencio.
Nos explica todo paso a paso: la transferencia irregular, la empresa marítima aparentemente inofensiva, el barco que aparece y desaparece del radar en la misma zona del Atlántico. Mientras habla, proyecta imágenes satelitales, rutas marítimas, registros financieros.
Todo encaja demasiado bien para ser casualidad.
-No tenemos confirmación visual de una base-dice finalmente-pero el patrón de detención del barco sugiere que hay algo ahí.
Bruce da un paso adelante y observa el mapa durante unos segundos.
-Talia no usaría un lugar obvio-dice- Si está en el mar, probablemente esté en una instalación móvil o semisumergida.
En ese momento es cuando siento el nudo en el estómago. Porque cada vez que el nombre de Talia aparece en la conversación, todo el mundo cambia un poco. La temperatura emocional de la sala baja varios grados. Sabemos lo que significa enfrentarse a ella.
Ahora nadie sabe exactamente qué está preparando. Bruce continúa hablando.
-Nos moveremos en un barco militar que adquirí hace años-dice con total naturalidad, como si comprar barcos militares fuera algo que cualquiera hiciera-Está equipado con sistemas de sigilo, radares avanzados y capacidad para mantener operaciones durante varias semanas si es necesario.
Tim proyecta otro esquema en la pantalla. Es el barco.
-No iremos como ataque directo -añade Bruce-Primero reconocimiento.
Empieza entonces la parte logística.
Organización de equipos.
Rutas posibles de aproximación.
También hablan de cosas más simples: ropa térmica para el océano, equipamiento de buceo por si la base está parcialmente sumergida, provisiones de comida para varios días. Alfred ya está preparando una lista de suministros, Conner bromea con que espera que haya suficiente comida porque él solo puede vaciar medio almacén, Damián no habla mucho, pero sé que está pensando en lo mismo que yo.
Dos días.
Eso es lo que Bruce decide finalmente.
-Tenemos dos días para preparar todo-dice-Después partimos.
Estoy en mi habitación, sentado en el suelo con la maleta abierta delante de mí. No es una de viaje normal; es más bien una mochila grande con compartimentos para equipo, ropa resistente y algunas cosas que uno aprende a llevar cuando sabe que la misión puede durar más de lo previsto.
Desde aquí escucho a mamá abajo en la cocina, el sonido de los utensilios contra la encimera, el extractor encendido, la puerta del horno abriéndose y cerrándose. Está preparando algo para cenar, probablemente intentando mantener la casa con esa normalidad que a veces parece imposible cuando sabes que dentro de dos días si familia va a salir hacia el océano a buscar a una mujer como Talia.
También escucho la voz de Conner en el pasillo, está en llamada con Tim. No oigo todo lo que dicen, pero sí fragmentos....Conner no sabe que ropa quiere llevarse.
Yo sigo mirando mi maleta.
Empiezo a decidir qué llevar: ropa térmica, dos cambios básicos, guantes, un par de herramientas pequeñas que sé usar, el comunicador de repuesto, baterías portátiles. Cosas simples, pero necesarias. Lo hago despacio, más para ocupar la cabeza que porque realmente necesite tanto tiempo.
Damián no me ha dicho nada en todo el día.
No es raro que se quede callado cuando está pensando en algo importante, pero hoy claramente se por lo que es...No ha enviado mensajes, no ha pasado por casa, ni siquiera una frase corta para saber cómo estoy.
Y sinceramente…lo dejo tener su espacio.
Porque no sé qué decirle.
No quiero decir algo torpe o intentar animarlo cuando sé que probablemente está lidiando con cosas mucho más grandes que una conversación casual. Así que me concentro en la maleta, en doblar la ropa, en cerrar los compartimentos.
Pero cuando ya he preparado la mitad, me quedo mirando el teléfono.
Lo cojo, y abro el chat con él.
Mis dedos se quedan suspendidos sobre la pantalla un momento. Solo quiero preguntarle cómo está, nada más. Algo simple, algo que no invada demasiado, que tampoco suene a que estoy ignorando todo lo que está pasando.
Escribo el mensaje y lo releo dos veces antes de enviarlo...Cuando lo mando, dejo el teléfono a un lado y espero, porque si no responde…me voy a poner nervioso.
No soy tan ciego como para no darme cuenta de lo que está pasando dentro de su cabeza, Damián no es alguien que olvide las cosas fácilmente, y cuando alguien intenta manipularlo, usarlo o meterse dentro de su mente, eso le afecta más de lo que muestra.
Quiere respuestas.
Quiere su tipo justicia.
Y, si soy completamente honesto conmigo mismo, también se que quiere sangre. La de la persona que ha estado jugando con su mente, y la de su madre.
Y eso es lo que más me preocupa.
Porque cuando Damián decide algo así, no siempre piensa en lo que viene después.
Damián
¿Cómo estás?
Eso es lo que me ha escrito Jon.
Miro el mensaje en la pantalla del móvil mientras estoy sentado en el borde del banco del vestuario de la sala de entrenamiento. El suelo está lleno de restos de espuma y plástico de los maniquís que he destrozado durante todo el día. Algunos están partidos por la mitad, otros tienen marcas de cuchillo, golpes que hundieron el torso artificial.
He pasado horas aquí.
Entrenando.
Golpeando.
Intentando vaciar la cabeza.
No ha funcionado.
Porque cada vez que cierro los ojos, veo dos cosas: Mi clon y la cara de mi madre, y ninguna de las dos me deja en paz. Respiro hondo, dejo el teléfono a un lado y me levanto, necesito una ducha antes de responderle.
El agua caliente suele ayudar a que los pensamientos se ordenen un poco, la ducha golpea fuerte contra mi espalda, el vapor llena el cuarto y durante unos minutos no pienso en nada más que en el sonido constante del agua, me apoyo con la mano en la pared y dejo que el cansancio del entrenamiento baje por los brazos.
Cuando salgo, me seco rápido, me pongo una camiseta limpia y vuelvo a mirar el teléfono. Podría mentirle, decirle que estoy bien, que solo he estado entrenando, que todo está bajo control.
Pero no.
Escribo la verdad.
He pasado el día destrozando maniquís.
Me quedo mirando la pantalla un momento antes de añadir otra línea.
Estoy enfadado.
Borro esa frase.
No es exactamente eso.
Escribo otra vez.
Estoy intentando no pensar demasiado.
Pulso enviar.
Entonces escribo otra cosa.
¿Puedes entretenerme un rato?
No necesito distracción superficial. Solo…su compañía aunque sea otra vez del teléfono, aunque sea en mensajes.
Algo que me saque de este bucle mental.
El teléfono vibra a los pocos segundos. Jon responde rápido cuando quiere hacerlo, siempre ha sido así. No se queda mucho tiempo pensando las palabras; simplemente escribe lo que le pasa por la cabeza.
Jon:
Destrozando maniquís…
Qué romántico.
No puedo evitar soltar una pequeña exhalación por la nariz. No llega a ser una risa, pero se acerca.
Yo:
No te burles.
Jon:
No me burlo.
Solo intento imaginar la escena.
¿Música dramática de fondo?
¿Cámara lenta?
Apoyo los codos en las rodillas mientras leo.
Yo:
Te aseguro que no era cinematográfico.
Tres puntitos aparecen en la pantalla.
Jon:
¿Cuántos maniquís han muerto hoy?
Yo:
Seis.
Jon:
Eso suena preocupante.
Yo:
Lo es.
Pasan unos segundos.
Luego aparece otro mensaje.
Jon:
Vale.
Voy a entretenerte.
Frunzo un poco el ceño mientras espero el siguiente mensaje.
Jon:
Pregunta importante:
¿Quién ganaría en una pelea?
¿Un tiburón o un gorila?
Lo miro unos segundos.
Yo:
¿Eso es lo mejor que tienes?
Jon:
Estoy improvisando.
Yo:
El tiburón.
Jon:
Incorrecto.
Yo:
Explícate.
Jon:
El gorila tiene brazos.
Sacudo ligeramente la cabeza.
Yo:
El tiburón tiene dientes.
Jon:
El gorila tiene dientes y brazos.
No puedo evitar sonreír un poco más ahora.
Yo:
No tienes pruebas.
Jon:
Tengo convicción.
Estoy a punto de responder cuando aparece una notificación nueva.
Jon ha enviado una foto, la abro, es una foto echa desde su cama. Solo se ven sus piernas desde los muslos hacia abajo, estiradas sobre las sábanas. La luz de la habitación es suave, y la piel contrasta con el tejido oscuro de la manta.
¿Está desnudo?.
Me quedo mirando la imagen unos segundos, y no puedo evitar sonreír.
Yo:
Ese es un método de distracción bastante poco científico.
Tres puntitos aparecen enseguida.
Jon:
¿Está funcionando?
Miro la foto otra vez.
Yo:
Sí.
Y por primera vez en todo el día, siento que el nudo en el pecho afloja un poco.
Yo:
¿Estás desnudo?
Jon:
No.
Tres puntitos.
Jon:
Pero estoy en calzoncillos y camiseta.
Apoyo la espalda contra la pared del vestuario y dejo escapar otra pequeña sonrisa.
Pasan unos segundos.
Yo:
Si tu intención es distraerme, vas por muy buen camino.
La respuesta tarda unos segundos más esta vez.
Jon:
¿Cuánto?
Yo:
Lo suficiente como para que ahora esté pensando en tus piernas.
Jon:
¿Solo en mis piernas?
Respiro un poco más lento.
Yo:
De momento.
Silencio de unos segundos.
Luego otro mensaje.
Jon:
Podrías venir y comprobar el resto.
Me quedo mirando la pantalla.
Yo:
Eso suena a provocación.
Jon:
Tal vez lo sea.
Mis dedos se quedan suspendidos un segundo sobre el teclado antes de responder.
Yo:
¿Y si lo es?
La respuesta llega rápida.
Jon:
Entonces deja de mirar el móvil y ven.
Miro el mensaje un momento más.
Y escribo:
Yo:
Estoy allí en diez minutos.
Dejo el teléfono sobre el banco del vestuario unos segundos después de enviar el mensaje. Diez minutos.
Agarro mi chaqueta del respaldo de la silla y salgo del vestuario todavía con el pelo un poco húmedo, el pasillo de la base está casi vacío a esta hora; la mayoría ya se ha retirado o está ocupada en otras tareas, mis deportivas hacen eco suave contra el suelo mientras camino hacia la salida.
No paso por la sala principal, no quiero encontrarme con nadie que intente pararme para hablar de planes, estrategias o preparativos. Ahora mismo me la suda.
Cuando salgo al exterior el aire frío me da en la cara, respiro profundamente un segundo y camino directo hacia la moto, está donde la dejé antes del entrenamiento, me coloco el casco, enciendo el motor y el sonido rompe el silencio de la noche. La ciudad se mueve rápido bajo las ruedas, luces de semáforos, avenidas casi vacías, edificios que pasan como sombras, no acelero demasiado, pero tampoco me detengo más de lo necesario, conozco el camino de memoria.
Cuando llego a su barrio, reduzco la velocidad y aparco la moto en una calle cercana, en ocasión como está no me gusta dejarla justo delante de su casa; es una costumbre que no he perdido, camino el resto del trayecto.
La ventana del segundo piso sigue igual que siempre, ligeramente entreabierta. Sonrío un poco al verlo, subo por el árbol para después saltar, apoyar el pie en la pared, me impulso y me agarro al borde del marco, no es difícil; lo he hecho demasiadas veces como para que sea complicado, la ventana se abre sin hacer ruido, me deslizo dentro de la habitación con cuidado.
-Diez minutos-digo en voz baja-He cumplido.
-Veo que eres un hombre de palabras-Dice Jon mientras se incorpora cuando cierro la ventana.
La habitación está en penumbra, huele bien, como vainilla, apenas iluminada por la lámpara de su escritorio, veo como se sienta en el borde de la cama, con la camiseta un poco arrugada y el pelo todavía despeinado.
-¿Contigo? Siempre-Doy un par de pasos hacia él.
-¿Y por qué has venido?-Dice y mientras lo pregunta, sus manos se mueven con naturalidad hacia mi cinturón, como si ese gesto fuera la continuación lógica de nuestra conversación. Sus dedos se detienen ahí, jugueteando apenas con la hebilla.
-¿De repente te ha dado amnesia? -Mi respiración cambia sin que pueda evitarlo.
La cercanía, su voz baja, la forma en que me mira…todo junto hace que mi cuerpo reaccione antes de que mi cabeza tenga tiempo de organizar una respuesta coherente. Siento un latido tenso en el estómago y bajo la piel, ese impulso físico que aparece cuando Jon decide provocarme de esa forma tranquila que tiene.
Inclino un poco la cabeza, mirándolo desde arriba.
-Una pregunta no responde a otra pregunta-Dice el.
-Porque me pediste que viniera- respondo finalmente
La sonrisa de Jon se ensancha, un gesto lento y triunfante....y yo sé que puede escuchar mi corazón latir deprisa, desbocado.
-Yo también te amo, cariño-Siento cómo se me encoje el estómago por sus palabras.
-¿Sí?-logro preguntar.
-Sí.
-Genial, porque yo a tí también te amo.
-Cierra los ojos-Me pide suavemente, y por supuesto que lo hago.
Cierro los ojos y me entrego a lo oscuro, a la sensación de su piel contra la mía, al sonido de su respiración y al zumbido de mi propia sangre en mis oídos.
Por un segundo, no pasa nada.
Y entonces, siento su peso desplazarse en la cama un poco más, el roce suave de su camiseta contra mis pantalones, y después… la presión cálida y húmeda de su boca a través de la tela. Un gruñido se escapa de mi garganta, un sonido gutural y primitivo.
Joder...Como lo quiero.
Mis manos, que habían estado colgando inertes a mis costados, se disparan hacia él. Mío. Una se hunde en su pelo, sedoso y más suave de lo que recordaba. Cuánto tiempo sin tocarnos así. Sintiendo la forma de su cráneo bajo mis dedos, la otra se aprieta en su hombro, como si necesitara anclarme a la realidad para no desvanecerme en las putas sensaciónes que me provoca.
Jon no se detiene.
Siente mi reacción, mi rendición instantánea, y la aprovecha, sus manos suben por mis muslos hasta encontrar de nuevo la hebilla del cinturón, y esta vez no hay juego. Hay un propósito claro, el sonido metálico de la correa deslizándose por las argullas, el chasquido del botón de los vaqueros y el descender lento y deliberado de la cremallera.
Yo no hago nada para detenerlo.
Solo aprieto los dedos en su pelo, una mezcla de urgencia y súplica. Él se aparta un instante, solo el tiempo suficiente para tirar de mis vaqueros y la calzoncillos hacia abajo, liberándome, el aire frío de la habitación choca contra mi piel erecta y sensible, pero el choque dura apenas un segundo.
La siguiente sensación es abrumadora.
El calor húmedo y envolvente de su boca, la forma en que sus labios se cierran alrededor de mí, ajustándose perfectamente. El primer movimiento lento de su cabeza, tomando profundidad, un escalofrío recorre toda mi espina dorsal, desde la base hasta el cuello, no puedo evitarlo, miro hacia abajo y lo veo: su cabeza inclinada, su pelo oscuro desordenado bajo mis dedos, su boca trabajando con una concentración que es casi religiosa.
El contraste entre la penumbra de la habitación y la visión de él, de mí, de nosotros…es demasiado.
Mis caderas se mueven solas, un pequeño impulso involuntario hacia su calor. Jon lo permite, incluso lo anima con una mano que se aprieta en mi muslo, atrayéndome más cerca, su lengua traza un patrón complejo bajo el glande, y yo jadeo, el sonido resonando en el silencio de la habitación. La tensión que se había estado acumulando en mi estómago se disuelve y se reconcentra en un solo punto, un punto que él está explorando con una maestría insultante.
-Jon…-susurro su nombre, como una plegaria.
Él responde con un sonido afirmativo, un hum bajo que vibra a través de mi carne y me hace temblar. Su ritmo aumenta, los movimientos de su cabeza se vuelven más audaces, más profundos, cada vez que me traga hasta el fondo, siento cómo se me revuelven las entrañas, cómo se me nubla el pensamiento.
Ya no soy Damián, solo soy un cuerpo reaccionando, un hombre perdiéndose en la boca de su futuro prometido.
Mis dedos se tensan en su pelo, guio sutilmente sus movimientos, no para forzarlo ha hacer el ritmo que yo quiero, sino para acompañarlo, para compartir este control que él me ha arrebatado tan fácilmente. Siento el calor construyéndose en la base de mi columna, es una ola que crece y crece, empujada por el ritmo implacable de su boca, por la presión de su mano en mi nalga, por los sonidos obscenos que llenan el cuarto.
Tiro de su pelo para alejar su preciosa boca de mi polla.
-¿Pasa...algo?-Dice algo desconcertado.
-No...-Mi mano, que todavía estaba enredada en su pelo, se afloja y acaricia suavemente su nuca.
Le miro a los ojos, y en su profundidad encuentro todo lo que necesito. Sin decir una palabra, le tiro con una suavidad que es una orden inequívoca.
Él entiende.
Siempre me entiende.
Se desliza hacia arriba en la cama hasta recostarse sobre las almohadas. Mientras lo hace, sus manos van a la cintura de sus propios calzoncillos, con un gesto fluido y sin la más mínima vergüenza, se los quita y los deja caer al lado de la cama. La luz tenue de la lámpara dibuja la silueta de su cuerpo, y mi respiración se corta...y lo más increíble, lo que siempre me desarma, sus piernas se abren para mí.
Una entrega total que me dice que es mío.
Me quito el resto de la ropa con movimientos lentos, casi ceremoniales. Mi cuerpo ya responde de nuevo, la sangre hirviendo en mis venas, me coloco a cuatro patas sobre la cama, avanzando hacia él, mi mirada clavada en la suya, mi rodilla se desliza entre sus piernas, empujándolas suavemente para abrirlo aún más.
Siento el calor que emana de él, y mi propia erección responde, palpitando contra mi vientre, demandando estar donde pertenece, levanto una de sus piernas, apoyando su talón en mi hombro. La posición lo abre completamente para mí, y la confianza absoluta que me muestra en ese gesto me golpea en el pecho.
Mío.
Siempre.
Es el enemigo...Susurra algo al fondo de mi mente. Y de repente pienso que aunque fuese mi enemigo acabaríamos así, besándonos, aunque nos odiasemos su muerte.
Nosotros no solo nos tenemos confianza, nos tenemos ese amor de saber que yo cuidaré de él, y el de mi, que nos daremos placer mutuamente, que nuestro encuentro es más que sexo. Es la forma en que nos decimos "te amo" sin usar palabras.
Pero yo ahora se que se lo diré hasta el día de mi muerte.
A veces pienso que mi vida puede cambiar mil veces… pero una cosa seguirá igual: amar a Jon hasta el día de mi muerte.
No importa cuánto cambie el mundo, cuántas decisiones tome o cuántos caminos se abran delante de mí. Hay cosas que simplemente se quedan grabadas en el pecho, como si formaran parte de la sangre misma.
Jon es una de ellas.
Tal vez la única que nunca ha dudado en quedarse.
No fue algo que buscara.
Ni siquiera algo que quisiera al principio. Durante años intenté ignorarlo, apartarlo, convencerme de que lo que sentía no era más que una confusión pasajera. Jon siempre fue demasiado…luminoso. Demasiado fácil de querer.
Y yo nunca he sido alguien que confíe en las cosas fáciles.
Pero él nunca se fue.
Ni cuando lo empujé con palabras, ni cuando fingí que su presencia no me afectaba, ni siquiera cuando intenté poner distancia entre nosotros. Jon simplemente seguía ahí, mirándome como si yo valiera algo más de lo que yo mismo estaba dispuesto a creer.
El amor no es para siempre...Dice esa voz al final de mi mente otra vez.
A veces me pregunto en qué momento ocurrió realmente. En qué instante dejó de ser solo Jon—ese idiota optimista que siempre sonríe—y se convirtió en la persona sin la que no puedo imaginar ahora mi vida.
Quizás fue mucho antes de que yo lo admitiera.
Quizás siempre estuvo ahí.
Lo que sí sé es que ahora, cuando lo miro, cuando escucho su voz o siento su mano rozar la mía, hay algo dentro de mí que se calma, se pone feliz y quiere seguir más y más. Como si todo el ruido del mundo se apagara por un momento.
Amar a alguien significa darle el poder de romperte...Me preguntó quién será está voz, pero me da igual porque Jon podría hacerlo sin siquiera intentarlo.
Aun así…no cambiaría esto por nada.
Porque si hay algo que he aprendido, algo que sé con absoluta certeza, es que incluso si el mundo cambia, incluso si nosotros cambiamos…mi corazón ya tomó su decisión hace mucho tiempo.
Y esa decisión fue él.
Me alineo con su entrada, la presión de mi glande contra el anillo de músculo resistente pero ansioso, empujo suavemente, y siento cómo cede, cómo me recibe con un gemido ahogado que sale de mi propia garganta. El calor es abrumador, una presión húmeda y perfecta que me envuelve, que me siente como en casa.
Empujo más profundo, lentamente, disfrutando de cada centímetro, de la forma en que su cuerpo se adapta al mío, cada vez que entro más, él emite un sonido, un gemido bajo y gutural que me impulsa a seguir. Hasta que finalmente estoy dentro hasta el fondo, mis pelvis contra las suyas, y me detengo un momento, permitiéndonos sentirnos, ajustarnos, simplemente estar.
Sus ojos se cierran, sus labios entreabiertos en un silencio placentero, me inclino hacia él, sin romper nuestra conexión, y le beso la rodilla que descansa sobre mi hombro. Un beso suave, lleno de reverencia.
Empiezo a moverme, un ritmo lento, profundo, cada embate es una declaración, cada retroceso, una promesa. La cama empieza a crujir suavemente, un ritmo acompasado con nuestros jadeos. Su mano se desliza por mi brazo, sus dedos apretando mi bíceps, no con fuerza, sino como si necesitara asegurarse de que estoy ahí, de que esto es real.
Miro hacia abajo, a donde nos unimos, y la visión me hipnotiza. Ver cómo mi cuerpo desaparece dentro del suyo, cómo lo lleno, cómo lo recibe, es casi demasiado.
Es íntimo, es crudo, es hermoso.
Sus ojos se abren y me miran. En su profundidad no hay solo deseo, hay un amor tan puro y desbordante que me duele el pecho, su mano abandona mi brazo y sube a mi mejilla, sus dedos acarizando mi piel.
-Te amo-susurra, su voz rota por el placer.
Y esas tres palabras, dichas en ese momento, con su cuerpo lleno del mío, son todo.
Son mi razón de ser.
Aprieto los dientes, luchando contra la emoción que me embarga, y le respondo con el cuerpo, empujo más profundo, más fuerte. Mis caderas se mueven con una urgencia renovada, una necesidad de hacerle sentir todo lo que siento, de transmitirle con mi piel lo que mis palabras no alcanzan a expresar.
Un gemido se escapa de sus labios, más alto esta vez, su espalda se arca, empujándome aún más adentro, su otra mano se baja hacia su propia erección, empezando a masturbarse lentamente, no con prisa, sino con una deliberación que me dice que está saboreando cada segundo.
La tensión crece en mi interior, una ola poderosa que se acumula en la base de mi columna. Veo cómo su respiración se acelera, cómo su pecho sube y baja más rápido. Estamos cerca, los dos al borde del mismo precipicio.
-Damián…-jadea mi nombre, y es como una plegaria.
-Estoy aquí-respondo, mi voz un gruñido bajo-Siempre voy ha estar aquí.
Siento cómo sus músculos se contraen alrededor de mí, un espasmo que me anuncia su clímax. Su cuerpo se tensa bajo el mío, una cuerda de arco a punto de soltarse. Y entonces, veo cómo su rostro se distorsiona en un éxtasis silencioso, su boca abierta en un grito que no emite sonido. Unos segundos después, siento el calor de su semen en su propio abdomen, y esa visión es mi perdición.
La ola me golpea con una fuerza arrolladora, un rugido se escapa de mi pecho mientras mi cuerpo se descarga en el suyo, una onda de placer tan intensa, tan pura, que me deja ciego y sordo. Me derrumbó sobre él, con el corazón martilleando contra su pecho, ambos jadeando en el silencio sagrado que sigue a la tormenta.
Permanecemos así durante una eternidad, con mi peso sobre él, mis labios buscando el hueco de su cuello.
No digo nada.
Él tampoco.
No hay nada que decir.
En ese momento, en la quietud de la habitación, con nuestros cuerpos todavía unidos y nuestros latidos sincronizados, nos lo hemos dicho todo.
—Si esto acaba…
—Te seguiré queriendo igual.
Jon
El barco es mucho más grande de lo que imaginaba cuando Bruce lo mencionó. Desde fuera parece un buque militar discreto, negro y pesado, con líneas limpias y antenas en la parte superior. Pero por dentro es otra cosa completamente distinta: pasillos largos de metal, escaleras estrechas que conectan los distintos niveles y compartimentos que parecen diseñados para que todo encaje perfectamente.
Cuando llegamos el primer día, lo primero que hacemos es empezar a subir cajas.
Las grúas del muelle dejan las provisiones en la cubierta principal, justo detrás del puente de mando. Desde ahí empieza la cadena humana improvisada. Conner mueve las cajas más pesadas casi sin esfuerzo, Logan y yo las vamos guiando hacia la escotilla que baja al nivel inferior.
-Si Alfred ve cómo estamos colocando esto le da algo-dice Jason mientras abre una caja con un cuchillo pequeño.
Dentro hay paquetes de comida sellada al vacío, latas y bolsas de arroz.
-Demasiado tarde-responde Tim desde una tablet-Está siguiendo el inventario en tiempo real.
La cubierta superior está llena de actividad. El viento del mar llega frío y salado, y el sonido de las olas golpeando el casco se mezcla con las voces y los pasos de todos moviéndose de un lado a otro.
Desde allí se puede ver el puente de mando, una estructura acristalada con paneles de control y varias pantallas donde ya están cargados los mapas de navegación.
Pero la mayor parte del trabajo está abajo.
Bajamos por una escalera metálica que conduce al nivel de almacenamiento, el cambio de sonido es inmediato: el eco del barco se vuelve más profundo y el olor cambia a metal, combustible y aire reciclado.
Aquí es donde guardamos la comida.
La cocina del barco no es grande, pero está equipada como si fuera un pequeño restaurante. Encimeras de acero, estanterías sujetas con correas para que nada se caiga cuando el mar se agite, frigoríficos industriales empotrados en la pared.
Conner deja una caja enorme sobre la mesa central.
-Si seguimos trayendo comida así, el barco va a pesar el doble.
-Prefiero eso a quedarnos sin provisiones en mitad del océano -responde Tim sin levantar la vista de la pantalla.
Logan, Raven y Kori empiezan a organizar los estantes, latas a un lado, alimentos secos en otro, raciones de emergencia separadas en una caja marcada en rojo.
Mientras tanto Bruce recorre el barco revisándolo todo.
Subo al siguiente nivel con una caja más pequeña, este piso está lleno de camarotes, pasillos estrechos con puertas metálicas a cada lado, cada una con dos literas, armarios pequeños y una luz amarilla sobre cada cama.
Bruce nos reúne un momento en uno de los pasillos.
-Las habitaciones se asignan por parejas-dice con su tono habitual.
Dick y Wally ni siquiera se miran; simplemente entran en uno de los camarotes del fondo como si ya lo hubieran decidido.
Mi hermano me da un pequeño empujón en el hombro.
-Ahora ahí más gente alrededor, ya no seré solo yo el que te escuche.
Yo ignoro el comentario.
Damián ya está dentro de uno de los camarotes revisando el espacio, cuando entro veo que está comprobando los compartimentos bajo las literas, asegurándose de que todo esté bien.
Pasamos buena parte de la tarde preparando los dormitorios.
Sacamos sábanas limpias de las bolsas selladas, estiramos las telas sobre los colchones, colocamos mantas dobladas al pie de cada cama. Algunos camarotes no se usarán, pero Bruce insiste en dejarlos listos por si necesitamos espacio adicional.
Mientras trabajo puedo oír el movimiento del barco alrededor de nosotros: puertas cerrándose, pasos rápidos en el pasillo, el ruido de una caja arrastrándose por el suelo en otro nivel.
El segundo día seguimos igual.
Revisamos equipos en la cubierta inferior, donde están guardados los trajes térmicos y el equipo de buceo. Tim pasa horas en el puente cargando datos de navegación mientras Bruce revisa rutas posibles en el mapa del Atlántico.
A veces salgo a la cubierta para respirar aire fresco.
Desde allí se ve el océano extendiéndose hasta el horizonte. El barco está amarrado todavía, pero ya se siente listo para moverse.
Y cuando bajo otra vez por los pasillos metálicos del interior, pasando por la cocina llena de cajas ya organizadas, por los camarotes con las camas hechas y las luces encendidas, me doy cuenta de algo.
Todo está preparado.
En unas horas soltaremos amarras.
Y este barco se convertirá en nuestro pequeño mundo flotando en medio del océano mientras buscamos a la madre de Damián.
La mañana en la que zarpamos llega demasiado rápido.
Todavía es temprano cuando estamos todos en el muelle, el cielo está gris claro, ese tipo de amanecer que parece medio dormido, y el aire del puerto huele a sal y metal. El barco ya está listo; durante la noche terminaron de cargar los últimos equipos y ahora solo queda subir y soltar amarras.
Antes de subir me despido de mamá. No hace un drama, nunca lo hace...Simplemente nos abraza fuerte durante unos segundos más de lo normal, me acomoda el cuello de la chaqueta como si todavía tuviera doce años y me mira a los ojos.
-Cuídaos.
Asentimos.
No hace falta decir más porque ambos sabemos que no vamos a estar cerca durante un tiempo y que lo que vamos a hacer no es precisamente un viaje turístico.
Después de eso revisamos lo último que quedaba pendiente: el clon.
Lo mantienen en una de las salas seguras de la base, antes de partir pasamos a comprobar que todo sigue en orden. Las ataduras reforzadas están en su sitio, la vía sigue conectada y los monitores muestran constantes estables.
Átomo está revisando algunos datos en una tablet, Alfred está allí también, como si vigilar clones peligrosos fuera parte normal de sus tareas domésticas, Chica Halcón está apoyada contra la pared, con los brazos cruzados, observando la habitación con esa paciencia feroz que tiene.
-Todo bajo control-dice Átomo.
Alfred simplemente asiente.
-Pueden marcharse tranquilos, señores.
Con eso resuelto volvemos al muelle.
El barco se separa lentamente del puerto cuando activan los motores. Las amarras se sueltan y el casco empieza a deslizarse sobre el agua con un ruido grave y constante.
Durante los primeros minutos todo el mundo se queda en cubierta.
Conner, mi padre y yo ayudamos con algunas maniobras simples mientras la tripulación automática del barco se activa. Empujamos algunos equipos, aseguramos cables y observamos cómo el puerto empieza a quedar atrás.
Poco a poco la ciudad se aleja.
Primero desaparecen los edificios más bajos, luego el perfil de los rascacielos se vuelve una línea gris en el horizonte, y finalmente solo queda agua alrededor.
El océano abierto.
No pasa ni una hora cuando empieza el espectáculo.
Wally es el primero.
Está apoyado en la barandilla de la proa, mirando el agua con una cara cada vez más pálida.
-Esto…-dice, tragando saliva-No estoy bien.
Dick se acerca como si fuera a decir algo romántico, pero Wally se inclina sobre la barandilla y lo interrumpe con un sonido que no deja lugar a dudas.
-Oh no...-dice Logan desde atrás.
Cinco minutos después Logan está exactamente igual, agarrado a la barandilla como si fuera lo único que lo mantiene vivo.
Conner intenta aguantar más tiempo.
Camina por la cubierta con los brazos cruzados, respirando profundo como si eso fuera a ayudar.
-Estoy perfectamente-dice.
Diez segundos después está en la proa con los otros dos. Mi padre se queda mirando la escena con una mezcla de que pena dan y diversión que intenta disimular. Yo me apoyo contra la barandilla del lado contrario del barco, observando el océano mientras escucho los sonidos poco heroicos que llegan desde la proa.
Conner
Nunca había vomitado.
Ni una vez.
Ni de niño, ni después de volar demasiado rápido, ni tras recibir un golpe fuerte. Nada. Mi estómago siempre había sido…confiable. Firme. Invencible.
Hasta hoy.
El mar ha decidido humillarme.
Por suerte, el amor de mi vida llegó con una solución antes de que mi dignidad muriera completamente. Tim apareció con unas pastillas contra el mareo y me obligó a tragarlas con un vaso de agua mientras me miraba como si yo fuera un niño de cinco años.
-Tómatelas-dijo-o vas a seguir abrazando la barandilla toda la noche.
No discutí.
Gracias a eso logré sobrevivir.
Pero aun así no me he movido de la cama en dos horas.
Estoy bastante seguro de que Wally y Logan tampoco. Los escuché arrastrarse hasta sus literas como si hubieran sobrevivido a una guerra naval.
Cuando finalmente me levanto, lo hago despacio. El barco ya no se mueve tanto o quizá mi cuerpo simplemente se está acostumbrando, camino por el pasillo apoyando una mano en la pared metálica para mantener el equilibrio.
Necesito agua.
Cuando entro en la cocina del barco noto inmediatamente que Tim no está a la vista....Hace rato lo vi subir hacia el puente con Bruce para revisar algo del rumbo o los sensores.
Pero todo eso se me olvida en cuanto cruzo la puerta.
Kory y Dick están discutiendo.
No es una pelea a gritos, pero se nota la tensión, Dick está de pie junto a la mesa metálica de la cocina, con las manos en la cadera. Kory está frente a él, con los brazos cruzados y una expresión que mezcla enfado con frustración.
Los escuché antes de entrar, pero normalmente no me meto en conversaciones ajenas. No es mi estilo…a menos que me involucre directamente.
Aun así, la escena es lo suficientemente incómoda como para que diga algo.
-¿Pasa algo?-pregunto desde el marco de la puerta.
Los dos se giran al mismo tiempo.
Dick reacciona primero.
-No, nada-dice rápido.
Demasiado rápido.
Luego se da media vuelta y sale de la cocina casi inmediatamente, como si hubiera recordado de repente algo urgentísimo que hacer en cualquier otro lugar del barco.
Me quedo mirando la puerta unos segundos.
Luego vuelvo a mirar a Kory.
-¿Qué ha pasado?
-Nada…-dice ella, y yo le devuelvo una mirada larga.
-Kory…-Suspira.
-Joder…es que…-Se queda a mitad de frase.
Porque en ese momento Logan entra también en la cocina. Tiene el aspecto de alguien que ha sobrevivido a un atropello, el pelo desordenado, y la piel pálida.
-Agua-dice simplemente, caminando directo hacia la nevera.
Si Kory piensa que la voy a dejar escapar con un “nada” está muy equivocada.
La veo salir de la cocina con ese paso suyo rápido, como cuando quiere cortar una conversación antes de que empiece de verdad. Logan sigue bebiendo agua detrás de mí como si estuviera intentando recuperar todo el líquido que perdió hace una hora por la borda.
Yo no me quedo.
Salgo detrás de Kory.
La alcanzo en el pasillo que conecta con las escaleras hacia la cubierta superior. El barco cruje suavemente bajo nuestros pies mientras avanzamos, el sonido del motor constante en las paredes metálicas.
-Kory-Ella sigue caminando-Kory-
repito, finalmente se detiene y gira un poco la cabeza-¿Qué coño pasa?-pregunto-No lo digo con enfado, más bien con esa confusión que se queda cuando sientes que te estás perdiendo algo importante.
Kory suspira.
Ese tipo de suspiro que viene acompañado de un pequeño movimiento de hombros, como si llevara un rato pensando si decir algo o no.
-He visto algo…-dice.
-¿El qué?-Me mira directamente a los ojos.
-He visto a Dick besando a Zatanna.
Tardo un segundo en procesarlo.
Luego otro.
-Eso es imposible.
La frase sale sola.
Porque no encaja en absoluto.
Dick está completamente colado por Wally, ni siquiera es sutil al respecto, todo el mundo lo sabe. Lo vemos cada vez que Wally entra en una habitación.
Kory se apoya contra la pared del pasillo, claramente frustrada.
-Eso mismo pensé yo.
-Entonces…¿qué?
-No lo sé...-dice, negando con la cabeza-No lo entiendo. Solo pasé por uno de los pasillos del nivel inferior y los vi.
-¿Seguro que era…
-Conner-me corta-Sé lo que vi.
Me paso una mano por el pelo.
-¿Y hablaste con él?
-Lo intenté-dice-Solo quería saber qué había pasado..Pensé que…tal vez había algo que yo no entendía.
-¿Y?-Kory se encoge de hombros.
-Se puso a la defensiva-Eso sí que me hace fruncir el ceño.
-¿Cómo de a la defensiva?
-Como alguien que no quiere explicar nada-responde-Cambió de tema, se irritó y…básicamente terminó la conversación cuando tú entraste.
Me quedo unos segundos en silencio.
-Madre mia....
Damián
Estoy en el gimnasio, es una sala pequeña comparada con la de la Torre, pero suficiente. Hay una barra fija, un par de bancos, sacos de entrenamiento colgados del techo y algunas pesas sujetas con anclajes para que no se desplacen cuando el barco se mueve.
Estoy en el suelo haciendo abdominales, las botas enganchadas bajo una barra baja. El metal del suelo está frío incluso a través de la camiseta. Subo, bajo, subo otra vez, manteniendo el ritmo constante que uso cuando necesito pensar sin que el pensamiento me consuma.
Jason está en el otro lado de la sala.
No está entrenando.
Está sentado en uno de los bancos, apoyado hacia adelante con los codos en las rodillas, quejándose.
-Fue un error-dice por tercera vez-No sé en qué mierda estaba pensando cuando le dije que podía venir.
Sigo con otra repetición.
-Error monumental.
Otra.
-Estoy rodeado de idiotas...-Digo mientras levanto el torso una vez más y me quedo sentado, apoyando los antebrazos sobre las rodillas mientras lo miro.
-Roy te salvó el culo-digo con calma, Jason levanta la cabeza lentamente.
-¿Perdón?
-En la Atalaya y en la misión de hace dos semanas-añado-¿Te acuerdas del tio con el rifle en el tejado. Si Roy no hubiese disparado primero, ahora tendrías un agujero en la cabeza.
Jason resopla.
-Eso no cambia el hecho de que es un desastre caminante.
-Entrena duro.
-Entrena mal...Muchas veces.
-Entrena.
Jason me mira como si estuviera evaluando si tiene ganas de discutir conmigo hoy.
Yo continúo.
-No es un crío-Jason se inclina un poco hacia atrás en el banco.
-A veces actúa como uno.
-Eso no significa que lo sea-Me pongo de pie, estirando un poco los músculos del abdomen
-Seguramente dejó de ser un crío hace mucho tiempo-añado.
Jason guarda silencio unos segundos...Finalmente se pasa una mano por la cara.
-No me gusta tener que preocuparme por alguien más ahí fuera.
-Entonces no seas su compañero-
Jason me mira.
-Yo...No puedo.
Asiento.
-Entonces deja de quejarte.
Camino hacia el saco de entrenamiento y empiezo a golpearlo con una serie rápida de puñetazos.
-Porque si Roy está aquí-digo entre golpes-es porque quiere estarlo.
Jason resopla otra vez.
Lanzo otro par de golpes secos antes de hablar.
-Mira...-digo sin mirarlo todavía-sé que te gusta-El saco vuelve hacia mí y lo detengo con el antebrazo.
-¿Qué?-Su tono no es exactamente sorprendido, más bien es el tipo de reacción que tiene alguien cuando espera que no le digan algo en voz alta.
-Roy-continúo-Te gusta...
-Estás diciendo muchas tonterías hoy, demonio-Ignoro el comentario.
-Y seguramente tienes miedo de que le pase algo-Esta vez me giro para mirarlo-Jason no responde, pero su expresión se endurece un poco.
-Pero no puedes ser el dueño de su vida-añado.
-No intento ser dueño de nada.
-Lo intentas-digo-Solo que lo disfrazas de protección-No parece gustarle esa frase.
Se levanta del banco y camina un par de pasos por la sala, como si necesitara moverse para no quedarse atrapado en la conversación.
Yo continúo antes de que decida cerrarla.
-Pero sí puedes ayudarlo a ser mejor-Jason se detiene.
-¿Ah sí? Porque tú y yo sabemos que no soy de los mejores...Y pocas veces me hace caso en los entrenamientos, quiere pelear a su manera.
-Sí...Lo sé-Apoyo una mano sobre el saco de entrenamiento para detenerlo del todo.
-Puedes entrenarlo...-digo-Puedes enseñarle lo que sabes, puedes hacer que esté preparado...Se duro.
-Jason me mira fijamente-Porque si Roy va a estar ahí fuera contigo
-añado-lo mejor que puedes hacer no es echarle el freno-Hago una pequeña pausa-Es asegurarte de que sobreviva al mismo nivel que tú.
El silencio vuelve a llenar la sala-Jason no dice nada durante unos segundos largos, luego resopla.
-Odio cuando tienes razón-Vuelvo a levantar los puños hacia el saco.
-Entonces no lo admitas-respondo.
Vuelvo a golpear el saco.
Un golpe seco.
Luego otro.
Jason sigue de pie detrás de mí, seguramente pensando si quiere seguir esta conversación o salir por la puerta antes de que lo provoque más.
Pero ya que he empezado…
-Y te recomiendo que no tardes mucho en decidirte-digo, sin dejar de golpear...-El saco se balancea y lo detengo con el hombro.
-¿Decidirme en qué?-gruñe Jason detrás de mí.
Me giro apenas lo justo para mirarlo de reojo.
-En lo que quieres hacer con Roy.
-No voy a tener esta conversación contigo-Ignoro esa frase.
-Porque Roy es guapo y…-Jason levanta una ceja con evidente cansancio-No termines esa frase.
-Y no eres la única persona en el mundo que se ha dado cuenta.
Jason se queda completamente quieto. Eso ya es una victoria. Apoyo los antebrazos en el saco, respirando con calma después del entrenamiento.
-Así que si sigues actuando como su instructor gruñón eternamente enfadado, tarde o temprano alguien más va a aprovechar la oportunidad.
Jason me mira como si estuviera decidiendo entre reírse o tirarme una pesa a la cabeza.
-¿Ahora también haces de consejero sentimental?
-No.
-Entonces cállate-Me encojo de hombros.
-Solo digo que, si te gusta alguien…-Lanzo un último golpe al saco.-A veces conviene decírselo antes de que sea demasiado tarde.
Roy
Me encuentro a Wally en mitad del pasillo.
Literalmente en mitad del pasillo.
Está apoyado contra la pared metálica del barco con una mano sobre el estómago y la otra intentando agarrarse a cualquier cosa que no se mueva. Lo cual es complicado cuando estás en un barco en mitad del océano.
Tiene la cara más pálida que le he visto en la vida.
-Wow-digo al verlo-Pareces un fantasma-Wally levanta la cabeza muy despacio.
-No hables…-murmura-Si hablas…el mundo gira-Me acerco y le paso un brazo por los hombros.
-Vamos, campeón. Vamos a llevarte a la cocina antes de que te desmayes dramáticamente en el pasillo.
-No me voy a desmayar-Da un paso-o tal vez sí...
Empiezo a ayudarlo a caminar hacia la cocina.
-¿Sabes qué es lo peor?-dice Wally con voz débil-Soy la persona más rápida del planeta…y me está derrotando un barco de movimientos lentos.
-Cosas de la vida.
-Roy…
-¿Sí?
-Si me muero… dile a Dick que…
-Por dios...No te vas a morir.
-Déjame terminar la frase dramática.
-No.
Seguimos avanzando lentamente por el pasillo. Wally se agarra a mi camiseta como si yo fuera el único punto estable en el universo.
-¿Dónde está Logan?-pregunta.
-Probablemente abrazando un cubo.
-Bien…así no soy el único humillado-
Cuando finalmente llegamos a la cocina lo siento en una de las sillas metálicas.
-No te muevas-le digo.
Abro la nevera del barco y saco una botella de agua fría. El aire helado del interior me golpea la cara por un segundo antes de cerrarla.
Se la paso.
Wally la agarra con ambas manos como si fuera un tesoro, bebe despacio, con cuidado, luego deja escapar un pequeño suspiro.
-Gracias-Me apoyo contra la encimera frente a él.
-De nada.
Wally vuelve a beber un poco más y se limpia la boca con la manga.
-Esto es humillante.
-Totalmente.
-No te rías.
-No me estoy riendo-Me mira con los ojos entrecerrados.
-Te estás riendo por dentro.
-Tal vez un poco.
-¿Me puede dar fiebre por tanto vomitar?-Levanto una ceja.
-No pareces alguien con fiebre-Me siento a su lado, apoyando los codos en la mesa metálica.
Wally se recuesta un poco en la silla.
-Pues siento que voy a explotar.
Lo miro un momento. Está sudando un poco y sigue bastante pálido, así que me inclino hacia él y acerco mi frente a la suya para comprobar la temperatura. El barco se mueve suavemente bajo nuestros pies mientras hago el gesto.
Y…sí.
-Vale-digo-Estás un poquito caliente.
-Genial-murmura Wally dejando caer su frente en mi hombro-Estoy muriendo.
-No estás muriendo.
-Esto es exactamente lo que le dirías a alguien antes de morir.
Estoy a punto de responder cuando la puerta de la cocina se abre.
Dick aparece en el marco.
Se queda quieto un segundo al vernos.
-Ey…-saludo.
Pero antes de poder decir nada más, Dick cruza la cocina en unos cuantos pasos largos, agarra a Wally por uno de sus brazos y lo levanta de la silla con una rapidez que no esperaba.
-¡Eh!-se queja Wally inmediatamente-¡Con cuidado!
-Dick lo mueve tan brusco que casi pierde el equilibrio, Wally tropieza contra la mesa y se agarra a la camiseta de Dick para no caerse.
-¡Joder, Dick...Estoy mareado!-protesta-¡No soy un saco de patatas!
Yo me quedo mirando la escena con los brazos cruzados, Dick ni siquiera me mira; está concentrado en sujetar a Wally como si fuera lo más frágil del mundo.
Wally sigue quejándose mientras intenta estabilizarse.
-¡Podrías haber avisado!-Levanto una ceja.
-¿Y a este qué le pasa?
Wally
En cuanto salimos de la cocina, Dick decide que caminar no es una opción. Antes de que pueda protestar de verdad, me levanta y me echa al hombro como si fuera una mochila humana. El movimiento hace que el mundo dé una pequeña vuelta peligrosa.
-
¡Ey!-gruño-¡Soy una persona, no una mochila!
Pero está claro que no vamos a llegar muy lejos caminando así que, sinceramente, no me resisto demasiado.
-¿Qué mierda te pasa?-le pregunto desde mi nueva posición poco digna.
Dick no responde inmediatamente, sigue caminando con paso rápido hacia los camarotes.
-¿Dick?
-¿Qué hacías tan pegado a Roy?
Parpadeo.
-¿Qué?
-Estabais muy…cerca-No puedo evitar reírme un poco, aunque el movimiento me recuerda que mi estómago sigue en huelga.
-Dick…
-Wally...
-Dick, bájame.
-No.
-Dick… voy a vomitar-Eso sí lo hace reaccionar.
Pero no me baja inmediatamente. Acelera un poco más el paso por el pasillo hasta llegar al camarote. Abre la puerta, entra y solo entonces me suelta sobre la cama, el colchón recibe mi cuerpo con un pequeño rebote. Todo da una pequeña vuelta alrededor de mi cabeza, me quedo tumbado unos segundos mirando el techo del camarote.
-Uf…-Dick está de pie frente a mí, todavía tenso.
-¿Qué pasaba con Roy?-pregunta otra vez, giro un poco la cabeza hacia él.
-Me estaba mirando si tenía fiebre-La respuesta sale tan simple que parece romper algo en su expresión.
Veo el cambio en su cara casi inmediatamente, la tensión desaparece y es reemplazada por algo peor. Culpa. Dick baja la mirada un segundo y luego se arrodilla delante de la cama.
-Lo siento…-dice, y frunzo un poco el ceño.
-¿Por qué?
-Estaba ayudando a Bruce y…-empieza, pero no termina la frase.
Probablemente ha tenido un día largo, llevar un barco lleno de héroes, planes, rutas y misiones no es exactamente una actividad relajante. Levanto una mano y la dejo caer suavemente sobre su hombro.
-Tranquilo…-digo-Sé que llevar un barco no es fácil. Dick levanta la mirada hacia mí.
-Te quiero.
La forma en que lo dice hace que todo el resto del día—el mareo, el vómito, el maldito océano—pase a segundo plano.
Sonrío un poco.
-Yo también...¿Me ayudas a lavarme los dientes?-Dick se queda mirándome un segundo.
Luego asiente.
—A veces siento que si te pierdo me pierdo a
mí también—
Jason
Roy está delante de mí con los brazos levantados, respirando un poco más rápido de lo normal. Lleva ya casi cuarenta minutos entrenando conmigo y se nota. El sudor le cae por la sien y la camiseta está pegada al torso.
-Otra vez-digo.
Roy se mueve.
Lanzo el ataque sin avisar, un golpe directo que obliga a que se aparte rápido. Bloquea bien el primero, pero el segundo llega desde otro ángulo y casi lo alcanza.
Retrocede dos pasos.
-¡Hey!-protesta-Eso no era parte del movimiento.
-Ahora lo es.
Roy resopla.
Volvemos a colocarnos.
-Otra vez.
Esta vez intento agarrarlo por el hombro para desequilibrarlo, Roy reacciona mejor. Se gira, intenta aprovechar mi impulso y por un segundo casi consigue derribarme.
Casi.
Lo paro antes y lo empujo hacia atrás.
Roy levanta las manos.
-Vale, espera, espera-Se pasa una mano por el pelo, respirando fuerte.
-¿Por qué estás tan violento hoy?
No respondo rápidamente, me limito a ajustar las vendas de mis manos.
Roy me mira con los ojos entrecerrados.
-En serio...¿Que te pasa?
Lo miro.
-Porque quiero que aprendas.
-¿A qué? ¿A sobrevivir a tus ataques de mal humor?
-A obedecer-Roy levanta una ceja.
-¿Perdón?
Doy un paso hacia él.
-A hacer los movimientos que te enseño cuando te los enseño-Se cruza de brazos.
-Eso suena mucho a control freak.
-Llámalo como quieras-Roy suspira.
-Jason…
-Si estás en una pelea real-lo interrumpo-no vas a tener tiempo de pensar en si el movimiento te gusta o no.
Lanzo otro golpe rápido.
Roy apenas logra apartarse.
-Vas a reaccionar.
Otro ataque.
Esta vez logra bloquearlo mejor.
-Vas a confiar en lo que entrenaste.
-Roy se mueve para evitar una patada baja-Y vas a hacerlo sin dudar.
Nos quedamos frente a frente unos segundos después de la última maniobra. Roy respira fuerte, pero está sonriendo un poco.
-¿Sabes que esto parece mucho más personal que entrenamiento?
-No lo es.
-Claro que sí.
-Levanta las manos.
Roy obedece.
No dice nada más.
Pero tampoco deja de sonreír.
La mayoría de la gente, después de que la tiren al suelo dos o tres veces, empieza a quejarse, a discutir o a intentar convertir el entrenamiento en una conversación.
Roy no.
Se coloca de nuevo delante de mí, con la respiración todavía un poco acelerada, pero está concentrado.
Bien.
Doy un paso hacia él sin avisar.
Roy intenta reaccionar rápido, lanza un amago de golpe para mantener la distancia, pero no es lo bastante rápido, le agarro la muñeca, giro el cuerpo y utilizo su propio impulso para desequilibrarlo.
El suelo metálico del gimnasio retumba cuando su espalda golpea la colchoneta.
-Mierda-murmura.
No lo dejo recuperarse.
-Levántate.
Roy rueda hacia un lado, se apoya en un codo y vuelve a ponerse en pie. Tiene el pelo pegado a la frente por el sudor y la camiseta empieza a oscurecerse en la espalda.
-Otra vez-dice él mismo.
No espero.
Esta vez intenta anticiparse. Da un paso lateral, intenta rodearme para colocarse detrás. No está mal, pero sigue pensando demasiado. Le agarro por el hombro, engancho su pierna con la mía y lo derribo otra vez.
Golpe seco contra la colchoneta.
Roy suelta una exhalación fuerte.
-¡Joder!
-Levántate.
Se pasa una mano por la cara, respirando fuerte, pero vuelve a ponerse de pie.
Eso también lo veo.
Sus ganas de una victoria.
Los músculos tensándose cada vez que intenta recuperarse.
También veo que no se rinde.
Eso es lo importante.
Volvemos a movernos.
Roy intenta mantener más distancia esta vez, usando pasos cortos, observando mis hombros en lugar de mis manos.
Me lanza un golpe rápido.
Bloqueo.
Otro más.
Lo esquivo.
El tercero lo agarro y lo arrastro hacia adelante.
Mi brazo rodea su cuello por detrás antes de que pueda reaccionar. Lo empujo hacia el suelo y lo inmovilizo boca abajo contra la colchoneta, presionando su hombro contra el suelo.
Roy intenta girarse.
-No-gruño.
Ajusto la presión en su brazo.
Roy se queda quieto.
Respira fuerte.
-Joder, vale…eso duele-dice entre dientes.
-En una pelea real ya te habrían partido el cuello.
-Muy alentador.
-Tienes suerte de que me caes bien-Aflojo la presión y lo suelto.
Roy rueda sobre la espalda unos segundos, mirando el techo del gimnasio, luego se sienta. Tiene la cara roja por el esfuerzo y el sudor le corre por el cuello.
-Otra vez-dice, y se levanta.
Las piernas le tiemblan un poco por el esfuerzo, pero vuelve a levantar las manos frente a mí.
-Eres idiota.
Roy sonríe, cansado.
Roy
-Eres idiota
-Tú me metiste en tu casa-respondo.
Jason no dice nada, simplemente doy un paso adelante. Y el entrenamiento continúa.
Esta vez, intento ser más inteligente, no más fuerte. Observo sus hombros, como me enseñó, intentando adivinar su siguiente movimiento en lugar de reaccionar a él. Rápido. Da un paso lateral, circundándome, y yo giro con él, manteniendo la distancia.
Es como un baile mortal, una danza de potencia y resistencia que hemos perfeccionado durante semanas.
Lanza una patada baja, rápida. La bloqueo con la espinilla, el impacto me sube por toda la pierna, un dolor sordo y satisfactorio. ¡Me cago en mi puta vida!. Inmediatamente después, gira su cuerpo, su codo arqueándose hacia mi costilla. Me inclino hacia atrás, sintiéndolo pasar a escasos centímetros. Es una secuencia fluida, perfecta, y por un segundo me siento orgulloso de haberlo aguantado.
Se que el orgullo se irá con el dolor.
Es más mi orgullo dura poco.
Mi contramovimiento es torpe, precipitado, intento recuperarme y lanzar un golpe, pero me he desequilibrado...Y Jason, como siempre, lo ve, es como si tuviera un sexto sentido para mis errores.
Pues nada, golpe en la cabeza...
Su mano se dispara hacia mí, es un gancho...sus dedos se enganchan en mi ropa, justo por encima del pecho, y utiliza mi propio impulso hacia adelante para tirar de mí.
Veo el pánico en sus ojos por un instante, un destello de preocupación. Que mono cuando se preocupa. En lugar de dejarme caer de plano, amortigua el golpe, girando sobre sí mismo para que mi caída no sea tan violenta. Aun así, pierdo el equilibrio por completo y caigo hacia atrás, arrastrándolo conmigo.
Mientras caigo, abro las piernas, para no reventarle el estómago a Jason. De nada. Aterrizamos en la colchoneta con un golpe sordo, el aire me sale de los pulmones, pero no por el impacto. Mi mundo se reduce a la sensación de su peso sobre mí, a sus manos a ambos lados de mi cabeza, aprisionándome sin querer, y a un roce cálido y firme en mi entrepierna.
Vale...Mis piernas lo han atrapado, su cuerpo ha caído justo entre ellas, y nuestras caderas están perfectamente alineadas.
Levanto la vista.
Su cara está a solo centímetros de la mía. Dios mío. Su pelo oscuro cae sobre su frente, empapado en sudor, y por un segundo, veo el destello saltar en sus ojos azules. Algo que he visto en otras miradas, pero nunca en la suya.
Y entonces lo siento.
El roce de su polla contra la mía, ya dura y tensa bajo el tejido áspero de nuestros pantalones de entrenamiento. Es un contacto directo, inconfundible. Un cosquilleo agudo me explota en el bajo vientre, y un gemido se me escapa, un sonido ahogado y sorprendido que no puedo contener.
Dios, esto parece una escena de película cliché. El entrenador y el alumno, luchando hasta que la tensión estalla en un beso apasionado. Nunca pensaría que estaría en medio de algo así, y menos con Jason Todd de todas las personas.
Y eso que me mola mucho.
Cierro los ojos, sintiendo mi erección hincharse cada vez más, respondiendo a su calor, a su proximidad, mi mente se llena de pensamientos caóticos. Desde que Jason me encontró en ese callejón, desde que me llevó a su casa, desde que empezo a cuidarme, a meterme en su mundo, a entrenar juntos…
Me gusta mucho.
Siento su peso moverse sobre mí. Espero que se aparte, que se levante y que finja que no ha pasado nada. Que vuelva a ser el Jason de siempre.
Pero no lo hace.
En su lugar, empuja su pelvis de nuevo. ¿Estaré soñando?. Esta vez, el movimiento es lento, deliberado. Esto no es un accidente. Y mi cuerpo, el traidor, responde arqueando la espalda, buscando más de ese contacto, más de esa fricción.
Y entonces, siento sus labios sobre los míos.
No es un beso tierno.
No es una exploración vacilante.
Es una toma de posesión, tan brutal y desesperada como los golpes que acababa de darme.
Sus labios, que siempre han sido una línea fina y severa, ahora están abiertos y apremiantes contra los míos, exigiendo una respuesta que mi cuerpo ya está dando. El sabor a sudor y a Jason me inunda, y mi cabeza da vueltas, el gimnasio entero desapareciendo hasta que solo queda esta sensación, este contacto abrasador
No pares, porfavor. Le ruego a cualquier dios.
Mi mano, que había estado laxa a mi lado, se dispara hacia arriba, mis dedos se enredan en el pelo húmedo de su nuca, no para empujarlo, sino para sujetarlo, para mantenerlo aquí, en este momento imposible. La otra mano se desliza por su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la camiseta pegada por el sudor, sintiendo cómo se estremece bajo mi toque.
No te arrepientas...
Él responde a mi toque con un gruñido bajo, un sonido que siento vibrar en mi propio pecho, su peso se asienta más firmemente sobre mí, y la mano que tenía a mi cabeza se mueve, sus dedos entrelazándose con mi pelo, tirando de mi cabeza hacia un lado para profundizar el beso. Su lengua entra en mi boca, audaz y reclamadora, y yo me rindo, dejo de pensar, le devuelvo el beso con la misma ferocidad, con la misma hambre que siento ardiendo en mis entrañas.
Jason mueve su cadera de nuevo, un frotamiento lento y circular que roza nuestras erecciones a través de la tela. Un gemido se me escapa, ahogado por su boca, y mis caderas se levantan para encontrarse con las suyas, buscando más fricción, más presión. Es un ritmo torpe, urgente, parecemos dos adolescentes descubriendo el placer por primera vez, pero para mí es la cosa más real y abrumadora que he sentido nunca.
Se separa un milímetro, solo para poder respirar, su frente apoya contra la mía, y ambos jadeamos, el aliento caliente mezclándose en el espacio reducido entre nosotros.
-Joder, Roy…-susurra, y su voz está rota, irreconocible.
-Jason…-logro responder, y mi voz no es mejor.
Sus ojos están cerrados, y cuando los abre, el azul intenso está casi oscuro por la dilatación de sus pupilas, veo en ellos un reflejo de mí mismo: sudoroso, deshecho, con los labios hinchados y los ojos llenos de un deseo que quema.
-Desde que te conocí…-empieza a decir, pero se interrumpe, como si las palabras fueran demasiado difíciles.
No necesito que termine la frase.
Lo entiendo.
Lo he sentido también.
Esta puta tensión, esta atracción magnética que ha estado zumbando entre nosotros desde el principio, bajo las capas de bromas, de entrenamientos brutales y de una extraña y complicada camaradería.
-Entonces no pares-le suplico, mi voz un susurro ronco.
Y él obedece.
Vuelve a besarme, pero esta vez el beso es diferente. Sigue siendo apasionado, pero hay una desesperación en él, una necesidad que hace que mi corazón se acelere. Su mano se desliza desde mi pelo, bajando por mi cuello, mi pecho, hasta detenerse sobre mi abdomen, justo por encima de la cintura de mis pantalones. El calor de su palma a través de la tela es casi insoportable.
Sin romper el beso, empieza a deshacer el nudo de mi cordón de entrenamiento. Sus dedos son torpes, temblorosos, y la demora me está matando. Levanto mis caderas, una invitación silenciosa, una petición.
Finalmente, consigue deshacerlo, y su mano se desliza bajo la banda elástica de mis pantalones. Su piel, caliente y áspera, roza la mía, y yo grito contra su boca, sus dedos me rodean, ajustándose a mi forma, y un escalofrío recorre toda mi espina dorsal. Empieza a mover la mano, lentamente, con una presión que es a la vez un alivio y una nueva forma de tortura.
-Así-susurra contra mis labios-Así te quería.
Mis propias manos no están ociosas, deslizo la mía bajo su camiseta, sintiendo la calidez de su piel, la tensión de sus músculos. Lo hallo, duro y pesado, y lo tomo con la misma urgencia con la que él me toca a mí. Él se estremece, un gemido profundo escapando de su garganta, y su movimiento en mi mano se vuelve más frenético.
Estamos en el suelo de un gimnasio, a punto de descubrirnos hasta el final, y no me importa. No me importa nada más que él, que el calor de su piel, el sabor de su boca y la forma en que su cuerpo responde al mío. Por primera vez en mucho tiempo, me siento exactamente donde debería estar. Y es la mejor y la peor sensación del mundo.
Y de repente para.
Simplemente…para.
Hace un segundo estaba encima de mí, su respiración mezclándose con la mía, su mano todavía caliente sobre mi piel, el mundo reducido a ese espacio entre los dos.
Y al siguiente…se detiene.
Se queda inmóvil un momento, como si acabara de darse cuenta de algo que yo todavía no entiendo. Siento cómo su peso se retira poco a poco y el aire frío del gimnasio vuelve a colarse entre nosotros.
Mi primera reacción es puro pánico.
Por dios…No te arrepientas.
No pares.
Pero no digo nada.
Jason se aparta.
Se levanta del suelo con un movimiento rápido, casi brusco, como si necesitara poner distancia inmediatamente. Se pasa una mano por el pelo, respirando fuerte, sin mirarme.
Yo sigo donde estoy.
Sentado en la colchoneta.
Las piernas todavía abiertas por la caída, el pecho subiendo y bajando rápido mientras intento recuperar el aire.
El gimnasio vuelve a sentirse enorme de repente.
Jason da un paso atrás.
Luego otro.
No dice nada.
Ni siquiera me mira.
Simplemente se gira y camina hacia la salida del gimnasio, la puerta metálica se abre con un chirrido corto y luego se cierra detrás de él con un golpe seco.
Silencio.
Me quedo ahí sentado unos segundos más.
Luego cruzo las piernas lentamente, apoyando los antebrazos sobre las rodillas mientras miro hacia la puerta por donde acaba de desaparecer.
Mi corazón todavía late demasiado rápido.
Vamos no me jodas.
Conner
Estoy en la popa del barco con Kory.
El viento del mar pega fuerte aquí atrás y el sonido del agua cortándose contra el casco llena casi todo el espacio. Es uno de los pocos lugares del barco donde puedes pensar sin escuchar conversaciones en cada pasillo.
Por suerte del destino…estamos solos.
O al menos lo estábamos.
Dick aparece desde uno de los accesos laterales de la cubierta. Camina hacia nosotros con las manos en los bolsillos y una expresión que no parece muy cómoda.
Nos mira.
Suspira.
Kory ni siquiera se mueve. Solo cruza los brazos.
-Habla-dice.
Dick levanta una mano como si ya estuviera preparándose para defenderse.
-Me ha besado ella, ¿vale?-dice inmediatamente, empezando a ponerse a la defensiva.
-El beso-continúa Starfire con calma-estaba siendo demasiado largo para…
-¡Joder!-la corta Dick-¡Que no me importa ella! ¡Que yo quiero a Wally!
El viento se lleva parte de su voz hacia el océano.
Yo frunzo el ceño.
-¿Por qué coño estás tan nervioso? -le pregunto.
Dick se pasa una mano por el cabello, claramente irritado.
-Porque no quiero saber nada de este tema. No sé qué le ha picado a Zatanna, pero ya he hablado con ella y…-Kory inclina la cabeza.
-¿Que has hablado con ella?-Dick evita mirarnos directamente.
-No quiero…
-Wally es mi mejor amigo-digo.
Eso lo hace levantar la mirada.
El silencio dura un segundo largo.
Luego suspira otra vez.
-Zatanna y yo…nos liamos-admite finalmente-antes de que yo saliera oficialmente con Wally.
Kory y yo nos miramos un momento. Dick continúa, claramente incómodo.
-Y joder…nos entendíamos muy bien y…no sé. Creo que ella piensa que quedaba algo-El viento vuelve a llenar el espacio entre nosotros.
Nos quedamos en silencio.
Dick mira hacia el horizonte un momento antes de decir, más bajo:
-Yo amo a Wally.
Lo dice sin dudar.
Asiento.
-Lo sé.
Jason
Necesito hablar con Tim.
Lo sé en cuanto termino de bañarme con agua fría. El pasillo del barco se siente demasiado estrecho de repente, como si las paredes se hubieran acercado un poco más de lo normal.
Me paso una mano por la cara.
Joder.
No debería haber pasado.
O tal vez sí...pero no así.
¡No lo sé!
Camino por el pasillo con paso rápido, intentando ordenar las ideas mientras el barco cruje suavemente alrededor. Necesito hablar con Tim.
Y sí, soy perfectamente consciente de la ironía, porque hace meses Tim y yo estábamos follando.
Una idea brillante ir a pedirle consejo sentimental a alguien con quien que te gustaba. Absolutamente impecable, Todd.
Pero aun así…Tim es la única persona en este barco que piensa antes de hablar.
Yo no.
Y ahora mismo necesito alguien que piense. Subo una de las escaleras metálicas hacia el siguiente nivel del barco, paso frente a un par de camarotes, giro hacia el pasillo que lleva al puente de mando.
Nada.
Tim no está.
-Genial-murmuro.
Sigo caminando.
La sala de control, vacía
Paso por la cocina, vacía.
Los baños, nada.
¿Dónde coño se ha metido?
¿Dónde está este hombre cuando lo necesito?.
Gruño para mí mismo mientras sigo avanzando por el pasillo.
Cuando profin lo encuentro está saliendo de la armería del barco.
La puerta metálica se abre con ese sonido hidráulico corto que hacen todas las del nivel inferior. Tim sale con una pequeña caja de munición en la mano y una tablet bajo el brazo, como si estuviera haciendo tres cosas a la vez.
Levanta la vista y me ve parado en mitad del pasillo.
Se queda quieto un segundo.
-Ey-Me saluda.
-Ey-Nos quedamos mirándonos medio segundo más.
El barco se mueve suavemente bajo nuestros pies y el eco del motor vibra por las paredes metálicas.
Tim frunce ligeramente el ceño.
-¿Que has hecho?
-¿Por qué he tenido que hacer algo?
-Tienes cara de haber hecho algo-Resoplo.
-Todavía no...Bueno no mucho-Cierra la puerta de la armería con el codo y deja la caja sobre una mesa cercana del pasillo.
-Eso no es tranquilizador-Me paso una mano por el pelo.
-Necesito hablar contigo-Veo como levanta una ceja.
-Ahora si me estoy preocupando.
-No empieces.
-No estoy empezando-dice con calma-Solo estoy observando que vienes como un toro enfadado por el barco y me buscas a mí específicamente.
Suspira.
-¿Qué ha pasado?-Me apoyo contra la pared del pasillo.
-Roy.
-Aaah...-dice después de un momento-Eso explica la mitad de tu cara.
-¿La mitad?
-La otra mitad parece culpa-Le lanzo una mirada.
-¿Vas a ayudar o vas a analizarme como si fuera un criminal?-Tim cruza los brazos.
-Las dos cosas-Resoplo otra vez-Venga suéltalo.
-Pues...Estábamos entrenando...Y…
-Me quedo callado un segundo-Que raro es hablar esto contigo.
-Por dios Jason-Resoplae el.
Me armó de valor y oxígeno. Empiezo a soltar lo que ha pasado, Tim me mira con la cara que suele poner en los interrogatorios, y luego deja escapar una pequeña exhalación por la nariz.
-Ah.
Eso es todo lo que dice.
-¿“Ah”?-repito.
-Estoy procesando.
-No proceses tanto-Tim inclina un poco la cabeza.
-¿Te estaba gustando?
-No es el punto.
-Jason...
-Sí.
-¿Entonces por qué saliste corriendo?-me pregunta.
-Porque no quiero que las cosas sean así-respondo-No quiero que piense que solo es un calentón.
Tim no tarda ni medio segundo en responder.
-No creo que él piense que solo sea un calentón.
-Quiero decirle primero lo que siento…-añado, pasando una mano por mi nuca-Y además…estábamos en el gimnasio.
Eso le arranca una sonrisa.
Una de esas suyas, medio burlona.
-¿No me digas que ahora quieres hacerlo en una cama con pétalos de rosa?
-No soy taaaan cursi.
-Claro, claro-Resopla, negando con la cabeza.
-Por dios, Jason, ve al camarote que compartís y suéltale todo lo que sientes-Me quedo en silencio un momento.
-Tim…es diferente-Él ya está rodando los ojos antes de que termine la frase.
-A ver-continúo-no es como tú y yo. Nosotros éramos diferentes y al final…nos entendíamos-Tim levanta una ceja.
-¿Y?
-Roy y yo somos demasiado parecidos-digo-Demasiado explosivos, demasiado todo-Aprieto los labios-Siento que vamos a chocar demasiado, que no va a durar nada-Tim se queda mirándome unos segundos, y luego suspira.
-Jason…-dice, más tranquilo ahora-
Que dos personas sean igual de locos como vosotros no significa que estén condenadas.
-Significa que todo va a explotar antes.
-O que se entienden sin tener que explicarse.
No respondo.
-¿crees que él también te quiere?
Pienso en Roy.
En cómo me miraba.
En cómo no se apartó.
-Sí.
-Entonces deja de adelantarte a un desastre que ni siquiera ha pasado.
Porque si lo que te preocupa es que no dure…-Hace una pequeña pausa.
-Lo único que estás haciendo ahora mismo es asegurarte de que ni siquiera empiece. Ve a hablar con él, Jason.
Conner.
Voy directo a buscar a Tim.
Porque si hay alguien que necesita distraerse un poco soy yo.Lo encuentro en la armería. Está organizando armas como si estuviéramos a punto de entrar en guerra en cualquier momento.
Tiene la tablet apoyada en una esquina, revisando algo mientras coloca cargadores con esa precisión suya que da hasta miedo.
Me apoyo en el marco de la puerta.
-¿Sabes que hay otras actividades en este barco que no implican armas?-Ni levanta la vista.
-Sí.
-¿Y sabes que podrías participar en alguna?
-También-Me acerco un poco más.
-Podríamos…no sé…usar esa mesa para algo más interesante-Ahora sí levanta la vista, me mira, luego mira la mesa, y luego vuelve a mirarme a mí.
-Conner.
-¿Sí?
-Fuera.
-Eres muy poco divertido.
-Estoy trabajando.
-Podrías trabajar más tarde.
-Fuera-Suspiro exageradamente.
-Qué desperdicio de oportunidades-
Salgo de la armería antes de que me lance algo.
Camino por el pasillo sin rumbo claro hasta que termino en una sala que claramente está pensada para ocio. Hay una tele grande anclada a la pared, varias mesas fijadas al suelo y sillones que no se moverían ni aunque el barco se pusiera patas arriba.
Me dejo caer en uno, y enciendo la tele, paso canales sin prestar demasiada atención, algo de noticias, luego una peli antigua, luego un documental aburrido sobre el océano que definitivamente no quiero ver ahora mismo.
El tiempo pasa lento.
Demasiado lento.
Después de un rato decido que necesito comida.
Me levanto y camino hacia la cocina, el pasillo está en silencio, solo el sonido constante del barco moviéndose sobre el agua. Pero cuando estoy a punto de llegar a la puerta…Escucho algo.
Me detengo.
Un sonido.
Bajo.
Ahogado.
No.
Frunzo el ceño.
No escuches. Sigo caminando un paso más, pero entonces vuelve a sonar más claro. Gemidos.bMe quedo completamente quieto frente a la puerta de la cocina.
Deja de escuchar. Me lo digo a mí mismo pero ya es tarde, reconozco las voces, y por un segundo me quedo mirando la puerta como si pudiera desintegrarla con la mirada.
-Vamos no me jodas-murmuro.
Barry y Hal.
Cierro los ojos un segundo.
Genial.
Este barco se está volviendo muy raro muy rápido, entonces caigo en la cuenta. Iris West y Carol Ferris, las parejas de las dos personas que están…ahí dentro.
Me quedo quieto frente a la puerta unos segundos más, como si mi cerebro necesitara procesarlo todo de golpe.
-No…no, no, no-Murmuro, y doy un paso atrás lentamente, como si alejarme físicamente fuera a borrar lo que acabo de escuchar-Genial, Conner-susurro para mí mismo-Justo lo que querías oír antes de comer.
Me doy la vuelta y empiezo a caminar de vuelta por el pasillo, más rápido.
-Este viaje va a ser larguísimo…-
murmuro, y vuelvo a la sala común casi en piloto automático. La tele sigue encendida, mostrando algo que no estoy ni viendo. Me dejo caer otra vez en el sillón, y miro al techo, y suelto un suspiro largo.
-Voy a fingir que esto no ha pasado
-Cruzo los brazos detrás de la cabeza.
Sí…definitivamente eso.
Veinte minutos después sigo sentado en el mismo sillón, la tele sigue encendida, yo no tengo ni idea de qué están echando, solo hay una idea dando vueltas en mi cabeza.
Tengo que contárselo a Tim.
No por drama.
No por chisme.
Por responsabilidad.
Como buen novio.
Me levanto de golpe.
Vale, sí. Esto no me lo puedo quedar.
Salgo de la sala común y camino directo hacia donde creo que estará. Tardo un par de pasillos en encontrarlo, pero finalmente lo veo en una de las salas técnicas, terminando de revisar unos datos en la tablet.
Está de pie, apoyado ligeramente contra una consola, completamente concentrado.
-Tim.
Ni levanta la vista.
-Dame un segundo-Me cruzo de brazos, esperando.
Ese segundo son como treinta, finalmente deja la tablet sobre la superficie y se gira hacia mí.
-¿Qué pasa?-Me mira y frunce un poco el ceño.
-Tienes cara de problema-Respiro hondo.
-A que no adivinas lo que tengo que contarte.
-Conner…
-No, en serio-digo, acercándome un poco-No lo vas a adivinar.
-¿Es grave?-Lo pienso un segundo.
-Depende de cómo de grave consideres que dos personas que tienen pareja estén…haciendo cosas en la cocina del barco-Tim se queda completamente quieto.
-¿Qué?-Me acerco un poco más.
-Barry y Hal.
Silencio.
Tim parpadea.
Una vez.
Dos.
Luego se queda mirándome como si estuviera decidiendo si le estoy tomando el pelo.
-¿Estás de coña?.
-Ojalá-Tim cierra los ojos un segundo.
-Por favor dime que no abriste la puerta.
-No soy un animal.
-Sí, lo eres.
-Pero solo cuando tú me lo pides-Veo una pequeña sonrisa en su rostro.
-Eres un cotilla.
—🏹—
Roy
A la mañana siguiente empiezan a darnos los turnos de limpieza.
Porque claro…el barco no se limpia solo. Y, cómo no, me toca el primer turno en el gimnasio.
Perfecto.
Entro y lo primero que veo es el desastre de ayer. Las colchonetas desordenadas, el suelo con marcas, algunas dagas fuera de su sitio y el saco todavía balanceándose ligeramente como si recordara cada golpe.
Cojo aire.
Vale.
A trabajar.
Empiezo por las armas; Las dagas tienen que volver a su sitio, cada una en su compartimento, limpias, alineadas. Es un trabajo mecánico, repetitivo, y normalmente me ayudaría a pensar con claridad.
Hoy no.
Porque no paro de pensar en Jason.
En lo de ayer.
En cómo empezó todo como siempre y en cómo terminó...O mejor dicho, en cómo no terminó.
No hemos hablado.
Nada.
Cero
Y lo peor es que no sé si estoy más cabreado o más frustrado. Paso a la fregon, el suelo del gimnasio tiene varias marcas de pisadas, y manchas de sangre, escurro el agua y empiezo a limpiar. Movimiento hacia adelante, hacia atrás, una y otra vez, lado a lado.
La imagen vuelve sola.
Su cara tan cerca.
Su respiración.
Y luego…nada.
Se fue.
Sin decir nada.
Sin mirarme.
Resoplo.
Genial…Estoy como las chicas de los libros de Damián.
Termino con el suelo y paso a las colchonetas, la vaporeta suelta ese ruido constante mientras limpio la superficie, el vapor caliente subiendo y desapareciendo en el aire.
La noche tampoco ayudó.
Ni de lejos.
Dormí en el sofá de la sala común, dando vueltas como un idiota, mirando al techo y repitiendo la escena en bucle como si mi cerebro no tuviera nada mejor que hacer.
Podría haber ido al camarote.
Pero no.
Orgullo.
Siempre el maldito orgullo.
Y ahora estoy aquí.
Limpiando.
Cabreado.
Porque sí, estoy enfadado con Jason.
Y lo peor es que sé perfectamente que, si entra por esa puerta ahora mismo…probablemente no sabría ni qué decirle.
Tim
Conner se ha levantado cariñoso, y lamentablemente he tenido que ayudar a Bruce a buscar coordenadas para no cruzarnos con barcos de crucero, evitar a toda costa ser vistos, y evitar tormentas, que por cierto no ahí ninguna a la vista.
Cuando me quiero dar cuenta Conner ya no esta. Asi que según lo último que he escuchado hace 20 minutos se ha ha ido al cuarto a jugar a la consola.
Él piensa que no lo escucho pero yo siempre lo escucho así que me en camino hacia la habitación.
Porque si yo también tengo ganas de echar un polvo.
Porque entre días le he dicho tantas veces a Conner que no que mi lívido a dicho hasta aquí rechazas a tu novio. He de decir que he estado organizando muchas cosas para cuando zarpemos no nos falte de nada.
Cierro el portátil de Bruce con un chasquido seco. No le importará. Las coordenadas están puestas, el rumbo establecido, hemos tenido suerte con el tiempo, un mar de leche sin una sola nube en el horizonte, lo que me ha dado una excusa perfecta para encerrarme en la sala de mando y evitar la inevitable mirada de decepción en los ojos de Conner.
Pero ya es suficiente.
Ha sido suficiente durante tres días.
Me levanto y estiro la espalda, sintiendo cómo los músculos se quejan después de horas encorvado sobre los controles.
Camino por el pasillo, mis pasos silenciosos sobre el metal del suelo, la puerta de nuestra habitación esta cerrada, y cuando la abro un rayo de luz tenue filtrándose en el pasillo. Me detengo un segundo, escuchando. Nada. Solo el zumbido del motor y el latido de mi propio corazón en mis oídos.
Me estoy imaginando cosas o quizás no.
Empujo la puerta suavemente.
Y ahí está.
Tumbado de lado en la cama, de espaldas a la puerta, con la consola al lado en la mano, el juego está pausado. No está jugando. Y mi sospecha se confirma inmediatamente. Su brazo se mueve con un ritmo lento y constante bajo la tela de sus sudaderas. Un ritmo que conozco demasiado bien.
Un nudo se forma en mi garganta, una mezcla de culpa y un deseo repentino y abrumador. Mierda. Lo he hecho otra vez, lo he dejado solo, lo he rechazado, y ahora se está buscando consuelo a su manera, como siempre hace. Solo que esta vez, no voy a dejar que lo haga solo.
Cierro la puerta con un chasquido suave.
Se sobresalta, su cuerpo tensándose como un resorte. ¿Donde está ahora tú super oído? Se gira, sus ojos azules abriéndose, con una mirada de pánico que rápidamente se convierte en desafío.
-Joder -dice, y su voz es ronca-No… no es lo que parece.
-Oh, creo que sí es lo que parece -respondo, mi voz más calmada de lo que me siento. Me apoyo en el marco de la puerta, cruzando los brazos-¿Aburrido?
Él no responde, solo me mira, su pecho subiendo y bajando rápidamente, hay un brillo de ira en sus ojos, y de humillación, y de algo más. Algo que siempre me ha aterrorizado y atraído a la vez: su vulnerabilidad.
-Lo siento-digo, y esta vez la voz es suave, sincera. Su desafío se desmorona, sus hombros relajándose ligeramente.
-¿Por qué?-pregunta, y hay una amargura en su tono que me hiere como una puñalada-No tienes nada de lo que disculparte. Tienes trabajo, y lo entiendo.
-No es una excusa, Conner -respondo, y me alejo del marco de la puerta, acercándome a la cama-He sido un idiota, un idiota con cabeza llena de coordenadas y protocolos de seguridad, y he olvidado lo que es importante.
Me siento en el borde de la cama, a su lado. El olor a su colonia, y a esa esencia única que es solo Conner, me envuelve, y mi cuerpo responde de inmediato.
-He estado pensando en ti-susurro, mi mano subiendo para posarla sobre su muslo-Pensando en esto-Su cuerpo se tensa de nuevo, pero esta vez no es por el pánico.
-Tim, no…no vengas ahora y me hagas esto-dice, pero su voz es débil, sin convicción-No seas un cabrón.
-No estoy siendo un cabrón-
respondo, mi mano deslizándose más arriba, hacia su entrepierna-
Estoy siendo tu novio, y tu novio ha sido un capullo. Y quiere compensarlo.
Mi mano encuentra su erección, todavía dura y caliente bajo la tela. La acarizo con la palma, lentamente, sintiendo cómo se estremece bajo mi toque.
-Mierda…-escapa, su cabeza cayendo hacia atrás sobre la almohada-Tim…
-Déjame cuidar de ti.
Él no responde, pero tampoco me aparta. En su lugar, se gira hacia mí, su cuerpo buscando el mío, y esa es toda la respuesta que necesito.
Me inclino y lo beso. No es un beso apasionado, como los que hemos compartido antes. Es un beso de disculpa. Es un beso que dice "lo siento" y "te amo".
Sus manos se enredan en mi pelo, tirando de mí, profundizando el beso, y la urgencia que había estado latiendo bajo la superficie finalmente explota. Nos separamos, jadeando, y nuestros ojos se encuentran.
-Quítate la ropa-ordena, su voz baja y grave.
Yo sonrió ante su orden pero creo que prefiero mandar yo está vez y decido primero ir hacia la mochila y coge el lubricante. Tengo intención de ser yo el que se ponga encima hoy, se que le encanta que me ponga encima.
-No tan deprisa-respondo, mi voz un murmullo sedoso mientras me aparto de su alcance, no sin antes darle una última caricia por la entrepierna que le hace emitir un gemido sordo.
Me levanto de la cama, y sus ojos me siguen, confundidos y llenos de anhelo. Camino con una lentitud deliberada hacia mi mochila, apoyada contra la pared. Sé que él está mirando cada movimiento, el modo en que mis caderas se balancean, la forma en que mis dedos se deslizan por la cremallera. Abro el bolsillo principal y meto la mano, algunas cosas hasta que mis dedos encuentran el tubo frío y liso del lubricante.
Lo saco y lo sostengo en mi mana, mientras me giro y me lo encuentro con su mirada fija en mí. En sus ojos azules veo un destello de puro y salvaje placer.
Vuelvo hacia la cama, pero no me tumbo a su lado. Me arrodillo en el colchón, entre sus piernas abiertas. El poder fluye a través de mí, no el poder de controlar, sino el poder de dar, de complacer, de poseer de una manera que solo él me permite.
-Esta vez, soy yo-digo, mi voz baja y segura mientras abro el tubo y vierto un poco del gel líquido y caliente en mis dedos.
Su cuerpo tiembla en anticipación. Sus manos, que habían estado apoyadas a sus lados, se cierran en las sábanas. Está esperando, esperándome a mí.
Me inclino hacia adelante, mis rodillas a ambos lados de su cintura, pero sin tocarlo todavía. Lo miro a los ojos, una conexión silenciosa que lo dice todo. Lejos de cualquier orden, lejos de cualquier protocolo.
-¿Vale?-le pregunto, mi voz apenas un susurro.
Él asiente, incapaz de hablar, su respiración ya agitada. Y entonces, bajo mi peso, siento cómo se relaja por completo, cómo se entrega a mí. Con la mano libre, me deshago la cremallera de mis propios pantalones, liberándome. Estoy tan duro como él, tan necesitado.
Me coloco sobre él, alineando nuestras erecciones, y la primera sensación de nuestro calor juntos, sin tela de por medio, nos hace gemir a los dos. Lo preparo lentamente, con cuidado, disfrutando de cada uno de sus jadeos, de la forma en que sus caderas se levantan para encontrarme, pidiendo más
-¿Al...alguna vez te he dicho que eres el mejor novio del mundo? Porque...lo eres.
-Y el único que vas a tener...-Suspiro antes de besarlo.
Cuando sé que está listo, me coloco sobre él. Siento su mano en mi cadera, guiándome, animándome. Y entonces, bajo su mirada ardiente, me bajo sobre él, lentamente, sintiéndolo entrar en mí, llenarme, completarme.
Un gemido profundo sale de mi garganta, un sonido de puro placer y alivio. Me quedo así un momento, adaptándome, permitiendo que mi cuerpo se acostumbre a él, a esta sensación que siempre me desarma.
Empiezo a moverme. Un lento vaivén que me hace ver estrellas. Cada movimiento es una disculpa, cada empuje hacia abajo es una promesa. Sus manos se deslizan por mi espalda, sus dedos clavándose en mi carne, mientras sus caderas se levantan para encontrarme, para ir más profundo.
Se que le gustaría apretarme más.
Como si yo fuera otro cryptoniano.
Pero si lo hace probablemente me parta algún hueso.
Pero a mí me da igual yo lo quiero.
Lo quiero de esta manera, en esta cabina silenciosa en medio del océano, con el sonido de las olas como única testigo. Lo quiero así, siempre.
Aumento el ritmo, mis muslos quemando con el esfuerzo, pero no me importa. Para eso tengo mi resistencia, solo importan los gemidos de Conner, la forma en que su cuerpo responde al mío, el calor que se construye entre nosotros, una ola que crece y crece, lista para engullirnos por completo.
El ritmo se vuelve más frenético, más desesperado, cada vez que bajo sobre él, cada vez que su carne me llena, siento cómo una capa de mi culpa se desvanece, reemplazada por el puro y abrumador placer que solo Conner puede darme.
Sus manos ya no solo me guían, me sujetan. Sus dedos se hunden en mis caderas con tanta fuerza que sé que mañana tendré moretones, marcas oscuras en mi piel pálida como recordatorio de esta noche, de esta rendición.
La idea me excava un gemido profundo en la garganta.
Quiero sus marcas.
Quiero llevarlas conmigo.
-Tim…-jadea mi nombre, y es una mezcla de súplica y advertencia.
Su mano se desliza desde mi cadera, subiendo por mi abdomen, su pulgar rozando la cabeza de mi erección, que rebosa de anticipación. El toque es ligero, casi casual, pero el efecto es devastador. Un escalofrío eléctrico recorre toda mi columna, y mis caderas se mueven con una fuerza nueva, una urgencia que no puedo controlar.
Su mano me envuelve, y su ritmo se sincroniza con el mío, con cada embaste hacia abajo, con cada elevación de sus caderas. Es demasiado. Es perfecto. La dualidad de la sensación, de ser llenado y ser masturbado al mismo tiempo, me empuja hacia un borde que no sabía que existía.
Miro hacia abajo, a su cara. Sus ojos están cerrados, su cabeza echada hacia atrás, la línea de su cuello tensa y expuesta. Hay una gota de sudor que se desliza desde su sien, bajando por su mandíbula, y siento un impulso irrefrenable de lamerla. Me inclino, sin dejar de moverme, y saboreo su sal en mis labios.
Entonces, con una velocidad y una fuerza que me dejan sin aliento, gira todo su cuerpo. En un movimiento fluido y poderoso, me tumba de espaldas sobre la colchoneta, sin salirse de mí. Ahora él está encima de mí, su cuerpo cubriéndome, sus brazos apoyados a ambos lados de mi cabeza, encarcelándome en la forma más dulce posible.
-Mi turno-Y empieza a moverse.
Su ritmo es brutal, implacable. Cada empuje es profundo, tocando ese punto dentro de mí que me hace ver estrellas. Mis piernas se enredan a su espalda, mis uñas clavándose en sus hombros, mientras gimo su name una y otra vez, como un mantra. El poder ha cambiado de manos, y me rindo a él, completamente y sin condiciones.
Su mano vuelve a mi erección, esta vez con una urgencia que iguala la suya. La masturba en tiempo con sus embestidas, y la tensión en mi interior se vuelve insoportable, una cuerda de arco a punto de romperse.
-Necesito casarme contigo-susurra contra mis labios, su aliento caliente y errático.Yo no puedo evitar soltar una risita.
-¿Ahora?
-Ahora.
La cuerda se rompe. Un grito se me escapa mientras mi cuerpo se arca, el placer explotando en una ola de luz blanca que me inunda todo. Siento cómo mi semen salpica mi abdomen, mientras mi cuerpo se convulsiona bajo el suyo. Él me sigue al instante, su cuerpo se tensa, un suspiro profundo y animal sale de su garganta, y siento el calor de su eyaculación dentro de mí, una marca final, una posesión total.
Clark
Escuchar a los chicos teniendo sexo no es exactamente lo que esperaba de este viaje.
Intento no centrarme en ello.
De verdad que lo intento.
Pero en un barco, en medio del océano, con paredes metálicas y espacios reducidos el sonido viaja. Se cuela por los pasillos, rebota en las superficies, aparece donde menos te lo esperas.
Así que hago lo único que puedo hacer.
Ignorarlo.
Me apoyo en la barandilla de la cubierta, mirando el mar abierto. Las olas golpean el casco con un ritmo constante, casi hipnótico.
Me concentro en eso.
En el sonido del agua.
En el viento.
En algo que no sean ellos.
Porque si no, acabaría escuchándolo todo.
Y no quiero.
Aunque…es difícil no percibir ciertas cosas.
Como el corazón de Conner acelerándose a lo lejos. No hace falta que me esfuerce para notarlo. Es automático. Una subida en el ritmo.
Suspiro suavemente.
¿Qué esperábamos?
Son jóvenes.
Están juntos en un espacio cerrado.
Lejos de todo.
Lejos de cualquier rutina normal.
Y, además, están pasando por situaciones intensas, peligrosas… eso siempre hace que las emociones se disparen más de lo habitual.
Es lógico.
Completamente lógico.
Aun así…Miro el horizonte.
El océano es infinito desde aquí. Azul oscuro, casi negro en algunos puntos, moviéndose sin descanso.
Prefiero centrarme en eso.
En algo tranquilo.
En algo que no implique preguntarme qué está haciendo exactamente cada uno de los chicos en sus respectivos camarotes.
Jon
Está tarde la luz del sol poniente se cuela por el pequeño ojo de buey del gimnasio del barco, pintando de un naranja cobrizo el suelo de metal y las paredes blancas. El movimiento suave pero constante de las olas se siente bajo mis pies, un ritmo hipnótico que debería ser relajante, pero que solo aviva la tensión en el aire.
Damián y yo estamos entrenando. Bueno, él lo intenta. Yo, en cuanto puedo, enredo mis brazos alrededor de su cuello y empiezo a besarlo. Lleva una hora intentando no caer, pero ahora sus manos, en lugar de alejarme de él, me pegan contra su pelvis.
Y me susurra contra mis labios lo cachondo que lo estoy poniendo con mis provocaciones. Y yo me hago el inocente.
-Concéntrate, Damián-le digo entre besos, mi voz una mezcla de burla y deseo, cada palabra un soplo caliente contra su boca.
Sus manos, fuertes y firmes, se aprietan en mi cintura, atrayéndome aún más contra él. La evidencia de su excitación es dura y caliente contra mi propia erección, un roce deliberado a través de la fina tela de nuestros pantalones de entrenamiento que me hace temblar. El balanceo solo intensifica el contacto, un vaivén constante que nos frota uno contra el otro.
-Tú eres el que no se concentra -responde, su voz ronca por el esfuerzo y el deseo-Llevas toda la tarde haciéndomolo imposible.
-¿Yo?-exclamo, separándome apenas para mirarle con los ojos bien abiertos, con una falsa sorpresa-Yo solo estoy entrenando. Es culpa tuya si no puedes controlar tus impulsos.
Me hago el inocente, pero mis manos traicionan mi actuación. Se deslizan desde su cuello por su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la tela de su camiseta, empapada de sudor.
Lo estoy provocando, y lo sabemos los dos.
Y le encanta.
-Impulsos…-repite, como si saboreara la palabra.
Y entonces, con un movimiento rápido y sorprendente que me desequilibra, me levanta del suelo.
Giro un poco en el aire, un instante de ingravidez y pánico, antes de caer sobre la colchoneta con un golpe sordo que se pierde con el zumbido del motor. Él cae encima de mí, su peso atrapándome, sus rodillas a ambos lados de mis caderas. El aire me sale de los pulmones, pero no por el impacto. Es por la súbita e intoxicante sensación de su cuerpo completamente sobre el mío, por el olor a sudor y a Damián que me inunda.
-Hola…-Le digo sonriente, y el se inclina y me besa.
Mi mano, que había estado laxa a mi lado, se dispara hacia arriba. Mis dedos se enredan en el pelo oscuro y húmedo de su nuca, no para empujarlo sino para sujetarlo, para mantenerlo aquí, en este momento imposible en medio del mar. La otra mano se desliza por su espalda, sintiendo cómo se estremece bajo mi toque.
Él responde a mi toque con un suspiro bajo, un sonido que siento vibrar en mi propio pecho. Su peso se asienta más firmemente sobre mí, y la mano que tenía en mi cintura se mueve, sus dedos entrelazándose con mi pelo, tirando de mi cabeza hacia un lado para profundizar el beso. Su lengua entra en mi boca, audaz y reclamadora, y yo me rindo. Dejo de pensar, debo de haber dejado de hacer hace minutos, y solo reacciono. Le devuelvo el beso con la misma ferocidad, con la misma hambre que siento ardiendo en mis entrañas.
Damián mueve su cadera de nuevo, un frotamiento lento y circular que roza nuestras erecciones a través de la tela. Un gemido se me escapa, ahogado por su boca, y mis caderas se levantan para encontrarse con las suyas, buscando más fricción, más presión. Es un ritmo torpe, urgente, el de dos adolescentes descubriendo el placer por primera vez, pero para mí es la cosa más real y abrumadora que he sentido nunca.
Se separa un milímetro, solo para poder respirar. Su frente apoya contra la mía, y ambos jadeamos, el aliento caliente mezclándose en el espacio reducido entre nosotros.
-Joder, Jon…-susurra, y su voz está rota, irreconocible.
-Es que estás muy guapo con esta ropa de militar que te han puesto…-logro responder, y mi voz no es mejor.
Que no es que sea gran cosa, porque solo lleva una camiseta de tirantes negra y unos pantalones militares. Pero le queda muy bien.
Sus ojos están cerrados, y cuando los abre, el verde intenso está casi oscuro por la dilatación de sus pupilas. Veo en ellos un reflejo de mí mismo.
-Tu también. Pero me gusta más tu estilo habitual.
Wally
Dos días.
Dos malditos días.
Y Dick no me ha puesto una mano encima. Que a ver…no es que me muera si no tenemos sexo ahora mismo. No es eso. Es que tampoco me da un beso, ni me abraza cuando dormimos, ni se acerca como siempre.
Nada.
Cero.
¿Pero a este qué le pasa?.
Y luego está lo otro. Lo he pillado un par de veces hablando con Zatanna.
Y no es raro que hablen, vale, no soy un paranoico. Pero lo raro es que en cuanto aparezco los dos se callan y se van a hacer sus cosas.
Eso sí me toca las narices.
Así que he decidido que ya está bien. Nos toca poner una lavadora juntos, así que es el momento.
Estamos en la pequeña sala de lavandería del barco. Todo está anclado al suelo, como el resto. La lavadora hace un ruido constante y el espacio es tan pequeño que casi nos chocamos cada vez que nos movemos.
Dick está metiendo ropa dentro del tambor, doblando algunas cosas antes de meterlas como si eso importara ahora mismo.
Yo simplemente agarro una camiseta y la lanzo dentro sin más.
-Oye.
No responde.
-Dick.
-¿Sí?-dice sin mirarme, metiendo otra prenda, yo Cruzo los brazos.
-¿Qué te pasa?-Se queda quieto un segundo.
Luego sigue metiendo ropa.
-Nada.
-Nada.
-Nada-repite.
Resoplo.
-Vale, pues qué bien.
Agarro un pantalón y lo meto dentro con más fuerza de la necesaria.
Silencio. Solo el sonido del barco y la lavadora.
-Estas raro-digo.
-Estoy normal.
-No estás normal-Ahora sí levanta la mirada.
-Wally…
-No, en serio-digo, dando un paso más cerca-Llevas dos días raro-Dick se pasa una mano por el pelo.
-Solo estoy cansado.
-Claro-Silencio.
-¿Y lo de Zatanna?-añado.
Eso sí le afecta.
Lo veo.
Se tensa un poco.
-¿Qué pasa con Zatanna?
-Que en cuanto aparezco desaparecéis.
-No es así.
-Sí es así-Dick suspira.
-Estás exagerando.
-No estoy exagerando-Doy otro paso más.
-Lo que me jode es que si tienes algo que decir…se lo digas a ella y a mí no-Ahí es cuando cambia la cosa. Dick frunce el ceño.
-No le estoy diciendo nada que…
-Entonces dímelo a mí-lo corto.
Silencio.
El espacio parece más pequeño de repente. Dick cierra la puerta de la lavadora con más fuerza de la necesaria.
-No hay nada que decir.
-Claro que lo hay.
-No.
-Dick...
-¡Wally!
Nos quedamos los dos en silencio después de eso. Respirando un poco más fuerte de lo normal.
-No es lo que piensas-dice finalmente, más bajo.
Lo miro.
-Entonces explícame qué es.
Dick evita mirarme directamente, apoyando una mano en la lavadora como si necesitara algo estable.
-Estoy estresado-dice-Y con Zatanna…me desahogo para no sobrecargarte a ti.
Me quedo quieto.
Procesándolo.
Y cuanto más lo proceso…peor me sienta.
-¿Perdona?-Dick levanta la mirada, como si no entendiera por qué me ha molestado.
-No quería meterte más presión, Wally. Ya estás con lo del mareo, el barco, todo esto…-Suelto una risa corta.
-Ah, vale-Niego con la cabeza.
-O sea, decides por mí que no puedo con tus problemas.
-No es eso...
-Sí es eso-lo corto.
Doy un paso atrás, cruzándome de brazos.
-Y en vez de hablar conmigo, hablas con otra-Dick se tensa.
-No es otra, es Zatanna.
-Me da igual quién sea-Silencio.
-¿Sabes qué es lo peor?-añado-Que no es que no quieras preocuparme… es que ni siquiera me das la opción.
-Dick aprieta la mandíbula.
-Estoy intentando hacer lo correcto.
-Pues te está saliendo fatal.
La lavadora empieza a moverse detrás de nosotros, el tambor girando con un ruido constante que llena el espacio.
-Porque yo no quiero una versión filtrada de ti-digo-No quiero que decidas qué puedo o no puedo aguantar-Doy un paso más cerca otra vez.
-Quiero que me lo cuentes todo.
-Dick baja la mirada.
-Wally…
-No soy de cristal.
Silencio.
Tenso.
-Y si tienes que desahogarte-añado más bajo-prefiero que lo hagas conmigo…aunque sea una mierda.
Dick no responde inmediatamente.
Pero esta vez tampoco se va.
-Zatanna me besó el otro día.
-¿Qué?-Siento algo removerse dentro de mí.
No es inmediato, no es un golpe seco…es algo más lento, más profundo. Como si algo se descolocara en mi pecho y no supiera muy bien dónde encajar otra vez.
Tristeza.
Y algo más.
Algo que no quiero nombrar, pero que está ahí.
Desconfianza.
Me quedo mirándolo.
-¿Cómo que te besó?-Dick se pasa una mano por la cara, claramente incómodo.
-Antes de que tú y yo empezáramos a salir…nosotros tuvimos algo-dice- Un lío. Nada serio, pero… nos entendíamos bien-Aprieto los labios.
-Y estos dos días-continúa-ella…ha intentado algo más, buenoas bien volver a lo que éramos, pero la he rechazado. De verdad, Wally. No ha pasado nada-Lo miro fijamente.
-¿Y lo hay?-El silencio se queda entre nosotros, Dick reacciona al instante.
-Por el amor de Dios, Wally, que estoy loco por ti.
Y lo dice tan rápido, tan directo… que por un segundo me descoloca.
Pero aun así…
-Es que…-trago saliva-¿ella te gustaba mucho?-Dick niega con la cabeza.
-No. Simplemente nos entendíamos bien. Ya está. No empieces a sobrepensar, por favor.
Pero claro que estoy sobrepensando. ¿Cómo no hacerlo?
-¿Y por qué no me lo dijiste?-Dick suspira.
-¿Cómo te cuento esto?-dice- ¿Cómo empiezo una conversación con “oye, por cierto, alguien con quien tuve algo me ha besado”?
-¿Y qué es mejor?-le corto-¿Que me lo cuente otra persona o que os pille yo mismo?
Eso le duele.
Lo veo.
-Vale…la he cagado-admite-Pero te juro que no volverá a pasar.
Cierro los ojos un segundo.
Respiro. Intento no dejar que todo lo que siento ahora mismo me arrastre, intento quedarme aquí.
En el presente.
No en lo que paso.
No en lo que podría pasar.
No en lo que no ha pasado.
Aquí.
-Vale…-Digo mientras abro los ojos.
Dick me mira como si no se creyera lo que acaba de oír.
-¿Vale?
-Sí…-El silencio es frágil.
-Por favor…-dice, más bajo-No me dejes.
Y eso…Eso me parte por dentro.
Porque no es Dick el confiado, el seguro, el que siempre tiene una respuesta.
Es alguien que está asustado.
De verdad.
¿Sabe alguien lo que es tener a Dick Grayson así? Suplicando. No digo nada durante unos segundos.
-No entiendo por qué no me has dicho nada-murmuro-Dick baja la mirada.
-Porque tampoco quería que te pelearas con ella…-admite-Pero ha sido una cagada-Asiento lentamente, el ruido de la lavadora sigue girando detrás de nosotros.
-Vamos a terminar de poner las lavadoras-digo.
Damián
Después de lo que pasó en el gimnasio, Jon y yo nos vamos directamente a las duchas.
No hablamos mucho.
No hace falta.
El agua cae caliente sobre la piel, rápida, práctica. No es uno de esos momentos para quedarse bajo el agua pensando. Es más bien… limpiar, despejar, salir.
En cuanto terminamos, volvemos al camarote.
Jon se deja caer en la cama casi de inmediato, como si todo su cuerpo hubiera decidido desconectar. Saca el móvil y pone uno de los capítulos de esa serie que se descargo antes de subir al barco. La luz de la pantalla ilumina su cara mientras se acomoda entre las sábanas.
Yo no me tumbo.
No puedo.
Me siento en el suelo, con la espalda recta, las piernas cruzadas, las manos apoyadas sobre las rodillas.
Cierro los ojos.
Respiro.
Intento ordenar la cabeza.
Intento empujar esa voz.
Esa que a veces aparece sin avisar, como un susurro constante que no se apaga del todo. Esa que no es exactamente mía…pero tampoco ajena.
Inhalo.
Exhalo.
Durante unos segundos…Silencio.
No escucho nada.
Y eso debería ser bueno.
Pero no lo es.
Abro los ojos lentamente.
No puedo bajar la guardia.
Así que hago lo que siempre funciona, lo que sé que va a empujarme al límite.
Pienso en perderlo.
En que me quiten a Jon.
En que alguien decida arrebatármelo como si fuera una pieza más en un tablero.
La sensación llega inmediata.
Como si algo oscuro se clavara bajo la piel, extendiéndose desde el pecho hacia todo el cuerpo. Una presión incómoda, punzante, que me recorre por dentro.
Aprieto los dientes.
Ahí está.
Ese impulso.
Ese lugar al que mi madre siempre quiso que llegara. ¿Todo esto le merecerá la pena a mi madre?
La respuesta aparece sola.
Sí.
Soy su mejor arma.
Cierro los ojos con más fuerza.
No.
No voy a quedarme ahí.
Me aferro a lo poco que queda de calma.
A lo que es mío.
Puedo ganarle.
No vas a poder conmigo.
No vas a ganar.
Respiro hondo.
Tú me enseñaste a ser el mejor en todo, incluso para matar a mi propia familia.
El pensamiento es frío.
Demasiado.
Pero lo uso.
Lo transformo.
Porque si puedo enfrentar eso puedo enfrentar cualquier cosa.
Incluso a ti.
-Hoy nos toca limpiar la cocina -dice, y yo abro los ojos lentamente.
El peso en el pecho no desaparece del todo, pero se atenúa. Como si su voz siempre encontrara la forma de devolverme a la superficie.
-No me lo recuerdes-murmuro.
Jon deja el móvil a un lado y se acerca. Siento el colchón moverse detrás de mí antes de que sus brazos se enrosquen alrededor de mi cuello desde atrás, apoyando la barbilla en mi hombro.
-Podemos ver una película después, si tienes ganas-dice- Quería ver una de miedo, pero solo no me gusta-Inclino ligeramente la cabeza hacia él.
-Cobarde-Siento cómo sonríe contra mi piel.
-¿Eso es que sí?
Giro un poco el rostro, lo suficiente para mirarlo de reojo. Sus ojos azules están puestos en mí, tranquilos, como si no hubiera nada más importante en el mundo que esta conversación absurda sobre una película.
-Sí-respondo finalmente.
Jon aprieta un poco más el abrazo, satisfecho.
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