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Darkness |Damián x Jon|

37

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Jon

Yo miro a Conner.

Conner mira a Logan.

Logan mira a Kory.

Y Kory mira a Wally.

Wally está sentado en el sofá, encorvado hacia adelante, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas. Está llorando en modo silencioso, de esos que duelen más que cuando gritas y pataleas.

El ambiente en la sala se vuelve raro en cuanto termina de contarnos lo de Dick y Zatanna.Yo, sinceramente, no sé qué decir, y por lo que veo... los demás tampoco.

-Wally...-empieza Kory con cuidado-
Estoy segura de que Dick nunca te engañaría.

-Sí-añade Conner, apoyándose en la pared-Yo escucho los latidos de su corazón y créeme que ese no puede engañarme.

Wally no levanta la cabeza, yo y Logan nos miramos un segundo.
Ese tipo de mirada de ¿tú tienes algo que decir?
No, ¿y tú?
No.

-Sé que él me quiere...-dice Wally en voz baja- Pero a la vez es como que me duele que no me haya contado las cosas-Es decir...si no sientes nada por ella, ¿qué más te da contármelo todo desde el principio?

-No sería fácil para él-Dice Kory y Wally deja escapar una pequeña risa sin humor.

-¿Y es más fácil comportarse como si yo tuviera la peste?-responde-
¿Rehuyéndome? ¿Discutiendo con ella a escondidas?

-Mira, yo no sé qué decir...-dice Logan al final, rascándose la nuca-Porque entiendo que Dick no quisiera decirte las cosas para que no hubiera malos rollos...pero a la vez entiendo que estés enfadado.

Damián

Estamos en el camarote de Dick.
El espacio es pequeño para cuatro personas, pero nadie parece querer moverse. Jason está apoyado contra la pared, con los brazos cruzados, Tim está sentado en la cama, yo estoy de pie, cerca de la puerta. Dick nos está contando en como en unos días si vida se ha puesto patas arriba.

-Y anoche...-dice exhalando-Wally no quiso dormir conmigo-El silencio que sigue es pesado

Jason es el primero en hablar.

-Yo lo veo mormal.

-Gracias por el apoyo.

-No te estoy atacando-responde Jason-Te estoy diciendo la realidad.

Tim interviene antes de que eso escale.

-Vale-dice-Vamos a centrarnos-Mira a Dick-¿Qué quieres hacer?

-Arreglarlo-responde finalmente-Pero no sé cómo.

Jason resopla.

-Pues empieza por no...

-Jason...

-¿Qué?-se encoge de hombros-Le oculto algo importante, luego actuaste como si el fuera el problema y ahora esperas que se comprensivo y actúe como si nada.

-Ya se que la he cagado.

-Pues entonces no intentes minimizarlo-continúa Jason-Porque no es una tontería.

-No lo...

-Tiene razón en eso-dice-Para Wally esto no va de lo que tuviste con Zatanna, va de que no confiaste en él lo suficiente como para contárselo-añade Tim.

Yo hablo entonces.

-Y de que tomaste una decisión por él-Dick me mira-Decidiste que no podía manejar la situación y que seguramente la iba a liar si se lo contabas-digo-Y eso rara vez funciona en una relación-Dick se pasa una mano por la cara.

-No quería hacerle daño.

-Ya pero lo has hecho-responde Jason.

-Entonces ¿qué hago?

Tim se inclina un poco hacia adelante.

-Habla con él.

-Ya lo he intentado.

-No-niega Tim-Has hablado para defenderte. Habla para escuchar -continúa-Para entender cómo se siente él. Sin justificarte.

-Y sin huir cuando la conversación se pone incómoda-Dice Jason-Porque va a ser incómoda.

-No me va a perdonar.

-Eso no lo decides tú-digo-Pero sí puedes decidir cómo afrontas esto.

-Si de verdad lo quieres-añade Tim-
demuéstralo ahora.

Jon

-Pero tú lo quieres perdonar-Le dice Conner

-Sí...pero a la vez estoy muy cabreado.

-¿Y de qué tienes más ganas?-
pregunta Kory.

Wally se queda en silencio, mirando a la nada. Y no me puedo ni imaginar cómo se siente. Yo seguramente, si Damián me dijera que ha pasado algo así, lloraría en ese mismo momento y me encerraría en el camarote con Conner.

-Quiero odiarlo.

-Estás en tu derecho-dice Conner.

-Wally...-empieza Kory con suavidad-
Seguramente ahora tienes muchos sentimientos desbordados, y decir que lo odias no es suficiente para desahogarte.

Wally se pasa la mano por la cara, claramente frustrado.

-Es que odio admitir que también quiero perdonarlo...porque quiero entender que hizo lo que hizo para que no se liara. Pero odio sentir que haya pensado que yo me habría comportado como un crío. ¿Qué creía que iba a hacer? ¿Pelearme con Zatanna?

-¿Qué hubieras hecho?-pregunto.

Wally se encoge de hombros.

-No lo sé...pero desde luego no eso. Hablar supongo, dejarle las cosas claras a ella con los tres presentes.

-Quizás él se sintió sobrepasado por la situación-dice Kory-Dick puede enfrentarse a cualquiera, pero supongo que enfrentarse a ti en algo así le aterraba.

Wally suspira y se deja caer hacia atrás en la cama.

-Dios...no sé qué hacer.

-No tienes que decidir ahora-
añado-Tienes los sentimientos muy a flor de piel y así es difícil pensar con claridad.

-Jon tiene razón-dice Conner-
Tómate tu tiempo.

Wally asiente en silencio.

Nos miramos entre nosotros y decidimos dejarle espacio. Antes de salir, le digo que si nos necesita, nos escriba.

Conner y yo nos vamos a la lavandería para recoger la ropa que dejamos aireando. La secadora del barco deja un olor raro, así que preferimos tenderla.

Empiezo a sacudir una camiseta mientras hablo.

-¿Tú qué hubieras hecho?-Conner tarda unos segundos en responder.

-Si fuera Dick...pedir perdón de rodillas para que no me dejara.
Y si fuera Wally seguramente lo perdonaría. No podría culpar a Tim porque alguien lo besara sin su consentimiento y tampoco por no saber cómo explicarlo-Se encoge de hombros-Aunque yo seguramente lo habría pillado antes. Pero aun así... creo que lo va a perdonar-Sigue doblando ropa con calma.

-Para mí, pensar en vivir sin Tim es una mierda. Y eso que somos jóvenes. Después de lo de Jason... supe que nunca quería verlo con otra persona, que no volvería a poner mi orgullo por delante de lo nuestro-Me quedo en silencio.

Sigo sacudiendo la ropa, metiéndola en el cesto con cuidado. Intento imaginarme con otra persona... como Kevin. Un futuro distinto.

Y sí...puedo verlo.

Pero sé que no sería lo mismo que con Damián o quizá Conner se equivoca, quizá podríamos encontrar a alguien menos complicado. Tener vidas más sencillas.

Miro la camiseta que tengo entre manos.

-Esto hay que volver a lavarlo-dice Conner, señalando una mancha de sangre.

-Y eres todo un amo de casa.

-Alguien tiene que serlo-responde-Y ya te digo yo que Tim no va a serlo.

-No parece alguien muy desordenado-Conner suelta una pequeña risa.

-Pues lo es. Más de una vez le he tenido que ordenar la habitación.

Roy

Decido seguir con la rutina dentro del barco como si no pasara nada... pero ignorando a Jason. En plan, me hago el chico duro. Pero no en plan chica de película que con cuatro mierdas ya tienes los pantalones por los tobillos.

No.

En plan duro de verdad.

De te hago el vacío.
De soy borde.
De paso de ti.

A ver cuánto aguantas.

Veo el turno de hoy y sorpresa: limpiar los pasillos.

Perfecto.

Cojo los cubos, la fregona, la lejía todo el kit completo de ama de casa marítimo. Aprovecho que la mitad está entrenando o con Bruce y Tim mirando mapas y coordenadas, y me pongo a limpiar desde arriba hacia abajo.

Me pongo los auriculares, música alta, y empiezo.

Primero barro.

Movimiento mecánico, de un lado a otro. Luego paso la fregona y así con todo el pasillo. Después las escaleras, y luego el siguiente pasillo.

Y mientras limpio pienso en si esto que estoy haciendo es lo más maduro. Spoiler: seguramente no.
Pero es básicamente lo que está haciendo él. Así que empate.

Aunque hay una parte de mí que no se calla. Esa vocecita pesada que dice que deberíamos hablar, que igual podríamos intentar arreglarlo.

La ignoro o por lo menos lo intento.

Y como si el destino fuese un cabrón con sentido del humor, cuando termino de fregar el último pasillo y subo con el cubo... me lo encuentro.

Saliendo de la sala de mapas.

Perfecto.

Miro un segundo al suelo.

Luego a él.

Y le digo a mi orgullo que se calle un rato.

-¿Podemos hablar?

-Estoy ocupado.

Clásico. Antes de que pueda responder, Bruce pasa por detrás.

-Tranquilo-dice-Ahora vienes a la sala de comandos.

Jason asiente.

Bruce desaparece por el pasillo.

Y se hace el silencio.

Nos quedamos los dos ahí.

-¿Qué pasa?-dice Jason.

-¿Por qué me hablas como un borde de mierda?

-Es mi tono.

-Una mierda es tu tono.

-Habla-Respiro hondo.

-Primero deja de comportarte como si lo que pasó en el gimnasio te estuviera matando.

-Es que me está matando.

Eso me seca la boca.!Como si me tiraran una piedra en el estómago.

-Roy...-empieza-tienes 19 años.

-Casi 20.

-Eres joven. Créeme cuando te digo que dentro de unos años agradecerás no haber empezado una relación conmigo.

-¿Por qué?-Doy un paso hacia él.

-Tú eres la única persona que se ha molestado en ayudarme...después de que te robé-Jason niega con la cabeza.

-Roy...¿sabes lo que pasará si empezamos a salir?

-Sorpréndeme-digo cruzándome de brazos.

Me mira.

Serio.

-Que te vas a dar cuenta de que no merezco la pena.

-Bueno, eso...

-Llevas muy poco tiempo conmigo -me corta-No sabes nada de mí.

-Pues déjame conocerte-respondo-Y ya decidiré si quiero quedarme o no.

-No funciona así.

-¿Cómo funciona entonces?

Silencio.

-Que si yo dejo que esto pase-dice-y créeme que no me faltan ganas... vamos a convertirnos en una relación de ir y venir.

-¿Tóxicos?

-No lo sé-responde-Pero sé que tú quieres ser mejor, Roy.

-Te escucho estudiar con Alfred. Y yo...hace mucho que acepté lo que soy.

-¿Y qué eres?

-Alguien que mata.

-Malas personas-añado y Jason niega.

-Y policías. Y civiles que han salido perjudicados por tiroteos y bombas.
-Hace una pausa-Roy no soy una buena persona. Soy inestable.

Me quedo mirándolo.

-Jason...-digo intentando mantener la calma bien sujeta-quiero saber por qué me dices todo lo malo y no el por qué llegaste a este punto.

Saca una especie de móvil raro, más militar que otra cosa. Lo mira un segundo y se lo guarda. Suspira.

-Bien-dice finalmente-Hablemos.

Y antes de que pueda reaccionar me agarra del brazo y me arrastra hacia nuestro camarote.

La puerta del camarote se cierra detrás de nosotros y el sonido se me queda en la cabeza más de lo normal. Jason no habla al principio, se queda de espaldas como si estuviera buscando por dónde empezar o si de verdad quiere hacerlo. Yo tampoco digo nada, me apoyo contra la pared y me cruzo de brazos intentando no parecer tan ansioso como realmente estoy.

Cuando empieza a hablar no lo hace como siempre. No hay sarcasmo, no hay pullas, no hay nada que lo proteja. Es directo, más bajo, como si cada palabra le costara sacarla.

Empieza por Batman. Por cómo acabó siendo Robin, lo que significaba eso para él. Y yo lo escucho mientras mi cabeza empieza a imaginarse todo solo. Algunas cosas no puedo, Jason más joven, más impulsivo, intentando demostrar constantemente que vale, que merece estar ahí.

Habla de misiones, de noches sin dormir, de decisiones que no eran para un crío, no necesito que me lo describa todo pero lo hace. El momento en el que todo se va a la mierda. El golpe, el dolor, el quedarse sin aire, el no poder hacer nada.

El morir, y el resucitar.

De sentirse mal en su propio cuerpo, de una rabia constante que no se apaga nunca, y ahí es cuando me toca.

Porque esa parte sí la entiendo.

De dejar de ver el mundo en blanco y negro. De aceptar que a veces matar es más fácil que no hacerlo, joder...Ahí es cuando me doy cuenta de cómo se ve a sí mismo.

No como un héroe.
Ni siquiera como alguien que lo intenta.

Se ve como alguien peligroso que no debería acercarse demasiado a nadie.

A mí incluido.

Se queda en silencio cuando termina. Ni me mira. Solo se queda ahí, como si ya hubiera dicho demasiado, y yo me quedo apoyado contra la pared, con el pecho encogido de lo triste que es saber todo eso que a él le atormenta.

Porque ahora lo entiendo.
Por qué me empuja.
Por qué cree que no merece la pena.

-No creo poder hacer feliz a nadie.

-Jason..

-Roy no quiero hacerte daño.

Y yo no se que decir.

Asique dejo que se vaya.

Bruce

No puedo evitar pensar que estar metidos en un barco así solo hace que todo se tense más de la cuenta. Demasiada gente, demasiado cerca, demasiado tiempo. Yo me limito a hacer lo que me toca y no preguntar de más.

Mucho menos cuando yo tampoco estoy precisamente en una posición para hacerlo.

Siempre he sido alguien que se controla. Es lo que hago. Lo que siempre he hecho. Pero ahora mismo no es tan sencillo. Me siento, en cierto modo, como los adolescentes que tenemos alrededor. Y no sé si eso es peor o simplemente inevitable. A veces pienso que Clark se siente igual. Pero ese es un pensamiento peligroso. Él tiene a Lois, y eso debería ser suficiente.

Y sin embargo...Hay una parte de mí que la ve y recuerda lo que significa una vida normal. Y otra que piensa en lo fácil que sería mandar todo a la mierda.

Pero no voy a cruzar esa línea. No mientras él no lo haga primero. Es él quien tiene que decidir hasta dónde llega, qué significa para él Lois, y si está dispuesto a traicionarla otra vez por lo que sea que hay entre nosotros.

No soy yo quien tiene que empujar.

Me gustaría poder sentarme con Alfred y hablar de esto. Sacar todo lo que llevo dentro, ordenar las ideas como él siempre consigue que haga. Pero también sé que no hace falta decirlo en voz alta para entenderlo.

Esto no va a llevar a ninguna parte.

Jon

Los días empiezan a pasar...raro.

Lentos pero a la vez rápidos.

Porque de repente te das cuenta de que llevamos varios días en mitad del océano y, al mismo tiempo, sientes que todos los días son iguales de tensos.

Porque sí, al final todo el mundo ha empezado a notarlas. Ya no hace falta escuchar corazones para darse cuenta.

Wally ya no se sienta al lado de Dick.

Ni cerca.

Y eso es lo que más raro se siente de todo, porque ellos siempre estaban pegados de alguna forma. Aunque fuese solo rozándose las piernas debajo de la mesa o mirándose como idiotas mientras hablábamos todos.

Ahora no.

Ahora Wally se sienta con nosotros o directamente se queda solo con los auriculares puestos mirando su móvil, y Dick lo mira constantemente. Creo que lo hace sin darse cuenta o quizá sí se da cuenta y le da igual que lo veamos.

Pero es incómodo.

Porque se nota que quiere acercarse y no sabe cómo hacerlo sin empeorarlo todo.

Y luego está Zatanna.

Más callada, y apagada. La he visto un par de veces quedarse mirando a Wally desde lejos y luego marcharse antes de que él la vea. Y sinceramente creo que se siente como la villana de esto. Cosa que es lógica, pero nadie elige de quien se enamora.

Roy y Jason tampoco parecen estar mejor.

Directamente ya ni duermen juntos. Eso sí que me parece surrealista porque hace una semana parecían dos perros intentando arrancarse la cabeza mientras coqueteaban sin darse cuenta. Roy se pasa el día haciendo cosas solo o ayudando a los demás con cualquier tontería antes que coincidir con Jason. Y Jason...bueno, se vuelve todavía más borde desde que Roy lo ignora.

Conner dice que parecen una pareja divorciada de cuarenta años, y sinceramente tiene razón. A veces los miro a todos y pienso si son conscientes de dónde estamos. De que estamos metidos en un barco en mitad del océano buscando a una mujer que literalmente quiere destruirnos desde dentro. Y aun así estamos aquí...haciéndonos el vacío entre nosotros.

Me apoyo contra la barandilla una noche mientras pienso en eso. El viento me revuelve el pelo y el mar está oscuro abajo, infinito.

Escucho el corazón de Damián acercarse antes incluso de que llegue a mi lado.

-No quiero que nosotros nos peleemos.

-¿Por qué nos pelearíamos?

-No lo se todo el mundo parece estar peleándose.

-Supongo que es también porque aunque el barco sea grande es un espacio reducido.

-¿Me estas diciendo que ya estas harto de mí?

-No. Es más tú te cansaras antes de mi.

-No creo. Tengo más paciencia que tú.

Jason

Hago chocar los metales con mucha más fuerza de la necesaria. Creo que si se lo clavó a alguien, la hoja llegaría al hueso sin esfuerzo. Cojo la siguiente daga y empiezo a hacer lo mismo. El sonido del metal raspando me mantiene aquí, me hace saber que no estoy completamente perdido en mis pensamientos. Porque si dejo de escuchar eso...vuelvo a mi cabeza.

Y ahora mismo mi cabeza es un sitio de mierda.

Se lo conté todo a Roy. Todo. Y pensé que había sido buena idea. Que por una vez estaba haciendo algo bien, dejando que alguien me conociera de verdad. Pero ahora me arrepiento de no haberlo besado otra vez. Porque quiero que se quede. Joder, quiero que se quede. Quiero que me mire como antes.

Vuelvo a pasar la piedra por la hoja.

Más fuerte.

-¿No crees que esa daga ya está lo suficientemente afilada?-me dice Tim.

Levanto apenas la vista. Hace un rato estaba entrenando con el saco y ahora está sentado en el suelo delante de mí.

-No.

Sigo afilando.

-¿Qué te pasa?-pregunta.

-No quiero hablar del tema.

-¿Roy?.

Lo miro.

-Tim.

-Quiero ayudarte.

Resoplo.

-¿Puedes matar a Cyborg?-Levanta una ceja.

-Sí. Pero no lo voy a hacer porque él no tiene la culpa de que estés celoso.

-No lo estoy.

-¿Entonces por qué lo quieres matar?

Paso la piedra otra vez.

-Me cae mal.

-¿Por qué?

-Se las da de listillo-Tim bufa mientras se pasa una mano por el pelo.

-Es listo y está ayudando a...-Levanto una mano.

-No lo digas.

Él se queda callado un segundo.

-Vale.

Silencio.

Solo el sonido del metal.

-Sabes que-Digo y lo señaló con la daga-Esto es culpa tuya.

-¿Mía?

-Sí. Si me hubieras elegido a mí en vez de a tu perro...

-No lo llames así.

-No es un insulto lo digo por su lealtad. La cosa es que yo no estaría en esta mierda de sustitución si tú me hubieras elegido a mí.

-Yo no veo las cosas así. Es más estoy seguro que el te gusta más que yo y lo ha hecho en tiempo record.

-Tim...no sé qué hacer-dejo la daga a un lado.

-Vale-dice al final-Pues imagínate dentro de seis meses viéndolo con otra persona. Si eso te revienta por dentro ya tienes la respuesta.

Y me quedo en silencio.

Porque mi cerebro hace exactamente eso.

Me lo imagino con otra persona.

Hablando de alguna serie estúpida, entrenando, molestando como hace conmigo, riéndose con esa sonrisa idiota que pone cuando cree que tiene razón.

Besándose.

Durmiendo juntos.

Y dentro del estómago se me hace un pozo. Uno lleno de miedo. De rabia contra mí mismo. Son aguas negras y profundas en las que sé perfectamente que solo Roy nadaría.

Trago saliva.

Me levanto.

-Luego nos vemos-digo.

Roy

La brisa del mar siempre huele distinta cuando llevas demasiados días navegando.

Ya no huele solo a sal.

Huele al propio barco, al metal calentado por el sol, a la madera húmeda de la cubierta y a ese aire limpio que solo existe cuando miras alrededor y no ves absolutamente nada más que agua.

Estoy sentado en la popa junto a Cyborg. Entre los dos hay una pequeña mesa plegable donde hemos empezado una partida de cartas hace un rato. Él las mezcla con una facilidad insultante mientras yo intento convencerlo de que seguro que hace trampas.

-No puedes barajarlas así de rápido y decirme que es legal.

-Estoy casi seguro de que perder no convierte al otro en tramposo.

-Eso es exactamente lo que diría un tramposo-Se ríe.

-Eres un mal perdedor

Las cartas golpean la mesa una detrás de otra. El barco se balancea suavemente y, de vez en cuando, alguna ola rompe contra el casco con un sonido grave que ya casi se ha convertido en parte de una nana por las noches.

Levanto la vista un momento hacia el horizonte.

No hay nada.

Solo agua.

Y una calma que da un poco de miedo. Estoy colocando otra carta cuando escucho unos pasos acercarse por cubierta.

Mi corazón da un vuelco. Un pinchazo instantáneo en el pecho. Giro la cabeza y ahí está, en la puerta que conduce al interior del barco, apoyado en el marco con una postura que intenta parecer casual.

-Pareces un acosador-respondo, forzando una neutralidad que no siento. Mi voz suena extraña en mis propios oídos, ahogada por el viento.

-Quizas lo soy-Siento que el estómago se me hace un nudo, pero al mismo tiempo la brisa me refresca la nuca, como recordándome que respire.

-¿Estáis ocupados?-pregunta, aunque la pregunta parece dirigida exclusivamente a Victor.

Cy me mira, luego a Jason, y veo cómo la comprensión cruza su rostro metálico. Se levanta, crujiendo ligeramente al mover su cuerpo híbrido.

-¿Sabes qué, Harper? Me acabo de acordar de que Batman quería que revisara los sensores de profundidad. Otra vez

-Cyborg, acabamos de revisarlos hace...

-Otra vez-repite Victor, ya caminando hacia la puerta-Tardare una hora-Pasa junto a Jason, deteniéndose lo suficiente para murmurar algo que el viento se lleva, pero que hace que Jason frunza el ceño-Portaos bien, niños.

Y entonces estamos solos.

Jason no se mueve de la puerta durante varios segundos. Lo observo, sintiendo cómo el viento juega con su cabello, despeinándolo. Quiero que se acerque, quiero ir yo hacia él, pero me quedo quieto, dejando que la brisa llene el silencio entre nosotros.

¡No seas el tío duro!
¡Se maduro!

-¿Quieres sentarte?-pregunto finalmente, señalando la silla vacía frente a mí.

Niega con la cabeza y después da dos pasos hacia el centro de la popa, luego se detiene, mirando el océano. El sol está empezando a ponerse, tiñendo el agua de naranjas y púrpuras violentos, la brisa se intensifica, golpeando nuestros rostros, haciendo que tenga que entrecerrar los ojos.

-He estado pensando-dice Jason, sin mirarme.

-Eso es peligroso para tu salud mental.

-Roy...

-Lo sé-Dejo las cartas sobre la mesa. Me levanto, acercándome a él hasta que estamos hombro con hombro, mirando juntos el horizonte infinito-Lo siento. Intento hacer bromas cuando me pongo nervioso.

Exhala, y por primera vez noto cuán temblorosa es esa exhalación. La siento en mi propio pecho, como si su miedo fuera contagioso.

-No es fácil para mí-empieza, su voz baja, casi ahogada por el viento-Esto de...estar contigo. No porque no quiera. Dios, si supieras cuánto quiero.

Siento que el corazón me late contra las costillas. La brisa me enfría la cara, pero siento calor por dentro, una oleada de ternura mezclada con miedo. Porque sé que viene algo más, algo pesado. Aprieto los puños, sintiendo cómo el aire salado me da en los labios.

-Entonces, ¿qué pasa?-pregunto suavemente.

Cierra los ojos y cuando los abre de nuevo, hay humedad en ellos que atribuye al viento salado, pero ambos sabemos la verdad.

-Tengo miedo-confiesa, y la palabra suena extraña en su boca, como un idioma extranjero que apenas recuerda-Tengo miedo de no saber cómo cuidarte, Roy. De que un día despiertes y te des cuenta de que elegiste a la persona equivocada. Que yo no soy...que no puedo darte lo que necesitas.

La brisa arrecia, golpeando nuestros rostros.

No me muevo.
No quiero perderme ni una palabra. Siento cada ráfaga como un recordatorio de que estoy vivo, de que esto es real, de que Jason está aquí, confesando sus miedos más profundos mientras el océano ruge a nuestro alrededor.

-Yo no sé ser amado-continúa, su voz quebrándose ligeramente-No tengo manual de instrucciones para esto. Mi modelo de relación fue un tipo disfrazado de murciélago que me entrenó para ser pelear y pensar antes de tomar cualquier decisión. Antes de eso, mi madre mía padres eran todos lo que odiaría ser en una relación. Pensaba que el amor tiene que doler para funcionar, para que la otra persona supiera que tiene que cuidarte. Después...después estuve muerto, y luego estuve con asesinos que me enseñaron que el cariño es una debilidad que te matará.

Siento un nudo en la garganta. Quiero vomitar....Quiero tocarlo, quiero abrazarlo, pero sé que necesita decir esto primero, que lo necesita sacar. Dejo que la brisa llene mis pulmones.

-Con Tim sabía que podíamos lamer nos las heridas el uno al otro. El me conoce, todos y cada uno de mis rincones oscuros y sabía que el podía aceptarlo dando igual el miedo....Pero contigo es diferente-prosigue, girándose finalmente para mirarme a los ojos-Contigo no es solo...no es solo quererte cerca. Es querer que estés a salvo, es querer que seas feliz y eso me aterra, Roy, porque no sé si puedo darte eso. No sé si soy capaz de mantener a alguien a salvo. No cuando mi instinto es siempre el de destruir, de atacar primero, de...

-Jason.

-De hacerte daño sin querer. De convertirme en un monstruo contigo. De que un día me mires y veas a alguien que te lastima en lugar de...

-¡Jason!-repito, más fuerte esta vez, y finalmente toco su brazo.

Su piel está fría bajo la chaqueta de cuero, pero la caliento con mi palma, apretando con fuerza. Siento el músculo tenso bajo mis dedos, siento su pulso acelerado, siento todo su miedo traducido en tensión física.

-Escúchame-digo, y mi voz suena firme a pesar del viento que intenta arrastrar mis palabras-No necesito que me cuides como si fuera de cristal, no necesito un protector perfecto o un novio sin defectos. Ya he sobrevivido solo toda mi vida, Jason. Sé cuidarme.

-Entonces, ¿qué necesitas?-
pregunta, genuinamente perdido.

Siento que el viento me azota el cabello hacia atrás. Siento cada hebra moviéndose, siento el aire circulando alrededor de mi cuello, siento la libertad que me da estar aquí, ahora, con él.

-Necesito que estés aquí-digo simplemente-Necesito que cuando tengas miedo, como ahora, no huyas. Que te quedes, que me lo cuentes. Necesito que me dejes conocerte, de verdad, no solo la parte dura o la parte que pelea, cuando dudas.

Traga saliva. Sus ojos brillan, y veo cómo una lágrima intenta formarse, siendo inmediatamente secada por el viento salado. La brisa ruge entre nosotros, un sonido salvaje y libre. Siento que el aire me llena los pulmones, que el movimiento constante del viento me recuerda que estoy vivo, que el mundo sigue girando a pesar de nuestros miedos. Siento el frío en mi piel y el calor en mi pecho, esa contradicción perfecta que es estar con Jason.

-Tengo miedo de fallarte-admite, y finalmente una lágrima escapa, siendo inmediatamente secada por el viento-Tengo miedo de que un día necesites algo que no puedo darte. De que necesites a alguien más entero.

-Shh-interrumpo, llevando mi mano libre a su rostro, acariciando su mandíbula con el pulgar-Ya elegí, Jason. Te estoy eligiendo con tu pasado, con tus inseguridades. Porque tú también me elegiste a mí cuando nadie más lo haría. Cuando era solo un ladrón estúpido con deudas y problemas.

Cierra los ojos, inclinándose hacia mi tacto. Siento su respiración contra mi muñeca, siento su calor mezclándose con el frío del viento.

-No sé si seré bueno en esto-
susurra.

-Yo tampoco-respondo, sonriendo-
Pero prefiero ser malo en esto contigo a ser bueno en nada sin ti.

Ríe, un sonido entrecortado que es medio llanto medio alivio.

-Eso es terrible....Suena a canción de country.

-Entonces dime de una vez que me quieres y besame-Toma mi rostro entre sus manos, sus dedos fríos pero su tacto cálido.

-Te quiero-dice, y las palabras suenan como un juramento-Te quiero tanto que me da miedo. Pero te quiero.

-Yo también te quiero-respondo, y permito que una lágrima se me escape.

Sonríe, una sonrisa verdadera que transforma su rostro, borrando las líneas duras, los fantasmas del pasado.

Y entonces, bajo la brisa del océano infinito, con el sol hundiéndose en el horizonte y pintando el mundo de fuego, Jason me besa. No es un beso desesperado como el del gimnasio. Es un beso de promesa, de paz, de dos personas decidiendo que vale la pena intentarlo a pesar de todo.

Siento el viento envolvernos, sintiendo cómo se cuela entre nosotros, cómo mueve nuestro pelo, cómo nos empuja suavemente hacia adentro, hacia el otro. Siento el movimiento constante del barco bajo mis pies, siento el calor de Jason contra mi cuerpo, siento sus manos en mi cintura, firmes, decididas, presentes.

Me levanto de golpe y miro busco mi movil que no deja de sonar.

-¡NO MEJODAS!

Zatanna


Nunca pensé que poner una lavadora pudiera hacerse tan pesado.

Abro la puerta metálica y el chirriado de las bisagras me hace estremecer. Es un sonido agrio, desagradable, que raspa contra mis nervios ya de por sí desgastados. Empiezo a meter la ropa una prenda detrás de otra. Una camiseta gris que reconozco como de Conner pantalón oscuro, un par de toallas que aún huelen a salitre y a sol.

El tambor gira ligeramente cada vez que empujo la ropa hacia dentro, resistiéndose, y el ruido consigue mantener mis manos ocupadas. Llevo días pensando en lo mismo. En bucle. Una y otra vez como si mi cerebro fuera esa máquina que tengo delante, dando vueltas interminables sobre el mismo ciclo de agua sucia.

Echo el detergente con cuidado, midiendo el líquido azul como si fuera un componente de algún hechizo complejo. Me apoyo un momento sobre la encimera fría. El metal se siente reconfortante contra mi frente, ancla que me devuelve al presente. El barco se balancea ligeramente-ese movimiento constante que todos hemos aprendido a ignorar-y cierro los ojos.

En la oscuridad de mis párpados, están ellos.

Dick y Wally. Y la forma tan estúpida, tan irreparable, en la que todo se ha ido al garete.

Por mi culpa.

Antes todo era mucho más sencillo.

Dick y yo coincidimos cuando ninguno de los dos buscaba nada serio. Él acababa de dejar atrás algo-nunca me contó los detalles, pero vi la sombra en sus ojos-y yo estaba cansada de relaciones que parecían guiones de comedia romántica mal escritas, donde yo siempre terminaba siendo el interludio divertido antes de que el protagonista encontrara su final feliz con otra persona.

Coincidíamos en misiones. Entrenábamos juntos en la Torre, solos a veces, cuando los demás aún no habían llegado o ya se habían ido. Y sin darnos cuenta-sin que ninguno de los dos lo planeara-empezamos a buscarnos.

Siempre terminábamos en el mismo sitio.

Él siempre acababa diciendo alguna tontería solo para hacerme reír. Alguna observación absurda sobre el traje de alguien, o una imitación terrible de Batman roncando, o algún comentario sobre mi sombrero-siempre mi sombrero-que pretendía ser sarcástico pero terminaba siendo tierno.

Y yo le respondía con otra peor.

Con algún truco de cartas que fallaba a propósito, algún hechizo absurdo que le cambiaba el color del pelo durante diez minutos.

No hubo una gran declaración.

Ni música de fondo.

Ni una conversación importante donde confesáramos sentimientos profundos que llevábamos meses ocultando.

Alguna noche terminábamos sentados en alguna azotea cualquiera-siempre azoteas, a él le gustaban las alturas-viendo la ciudad mientras compartíamos una hamburguesa fría o un café que ya no estaba caliente, y antes de despedirnos, él se inclinaba un poco y me daba un beso como si fuera la cosa más normal del mundo.

Como si lleváramos años haciéndolo.

Como si no hubiera nada extraño en que la noche terminara así, con nuestras manos entrelazadas mientras caminábamos de vuelta a nuestras habitaciones.

Nunca fuimos pareja.

Nunca nos prometimos nada.

Nunca dijimos "te quiero" ni "somos esto" ni "¿qué somos?".

Éramos...nosotros.

Dos personas que estaban bien juntas.

Y sinceramente-ahí está mi error, mi condena-pensé que aquello podía convertirse en algo más. Que eventualmente, cuando ambos estuviéramos listos, cuando el momento fuera el correcto, dejaríamos de ser un "casi" y nos convertiríamos en un "somos".

Qué tonta fui.

Hasta que apareció Wally. Yo pensaba que Dick lo consideraba su mejor amigo. Al principio no entendía qué estaba cambiando. Solo veía pequeños detalles que atribuía a otras cosas, que Dick estaba de mejor humor últimamente, que tenía más energía, que empezaba a bromear con alguien que no era yo.

Pero luego dejaron de ser pequeños detalles.

Empezó a hablar de él constantemente.

Sin darse cuenta.

Sin que yo se lo pidiera.

Que ellos se habian vuelto amigos con derecho.

Estábamos en medio de una conversación sobre cualquier cosa-solo debíamos cambiar el sistema de seguridad de la Torre, sobre si el nuevo traje de Kara era demasiado brillante-y de repente: "Hoy Wally ha dicho una tontería sobre los tiburones..."

Y se reía.

Esa risa.

Esa risa que yo había intentado provocar durante meses y que ahora salía sin esfuerzo, espontánea, solo por pensar en él. "¿Sabes lo que ha hecho Wally? Se ha comido cuatro hamburguesas en dos minutos y luego ha dicho que era 'para mantener el metabolismo'." "Creo que Wally me va a matar cuando vea que le he puesto ese apodo en el sistema de comunicaciones."

Wally. Wally. Wally.

Se que me lo contaba porque después de todo éramos amigos.

Se estaba enamorando y fuertemente. De esa manera que yo había esperado, deseado, que algún día sintiera por mí.

Y yo debería haber dado un paso atrás en ese momento. Debería haber sido la persona adulta, la amiga, la que entiende que algunas cosas no están destinadas a ser. Pero fui cobarde. Porque una parte de mí-esa parte pequeña, mezquina, que ahora me avergüenza tanto-seguía pensando que quizá aquello solo fuera una ilusión. Que era una fase. Que cuando se cansara de tanta energía, de tantas bromas, de tanta...velocidad...volvería a buscarme a mí.

Volveríamos a ser nosotros.

Y no pasó.

Lo veía mirarlo desde el otro lado de una habitación con una expresión que nunca me había dedicado a mí. Esa paz que da el saber que alguien te entiende completamente.

Con Wally estaba tranquilo.

Más feliz.

Más él.

Más libre.

Y yo estaba en el centro de la habitación, invisible, viendo cómo alguien más ocupaba el espacio que yo había soñado con llenar...Supongo que por eso duele tanto haber cometido aquel error.

Porque yo sabía perfectamente que Dick ya no era mío. Ni lo había sido nunca, en realidad. Él nunca me prometió exclusividad, nunca me dijo que éramos algo, nunca me pidió que esperara. Pero en mi cabeza, en mi corazón estúpido, seguíamos siendo un "casi". Y lo besé.

Esa noche.

Esa noche terrible.

No porque quisiera romper una relación-nunca quise eso, Dios, nunca quise hacer daño-sino porque durante un segundo, un segundo de debilidad absoluta, eché de menos todo aquello que habíamos tenido...O que yo creía que habíamos tenido.

Las risas.

Las bromas.

La facilidad con la que nos entendíamos, la sensación de ser especial para alguien, estaba cansada de verle mirar a otro con esa misma facilidad, esas mismas risas, esa misma...intimidad.

Así que me acerqué.

Y le besé.

Y él se apartó.

Claro que se apartó.

Porque Dick, mi Dick-que ya no era mi Dick, que nunca lo fue, que siempre fue de Wally sin saberlo-es una buena persona. Una persona que ama de verdad.

Y me dijo que no.

Con esa voz suya que siempre suena como si estuviera disculpándose por existir.

"No puedo. Lo sabes. Siempre ha sido él."

Esas cuatro palabras que deberían haberme liberado pero que en su lugar me condenaron. Porque en lugar de aceptarlas, en lugar de asentir y alejarme con dignidad, insistí. Una vez más y otra vez.

Como si repetir el error lo justificara.

Como si mi dolor fuera más importante que el suyo.

Como si mi soledad tuviera derecho a destruir su felicidad.

Y ahora ninguno de los tres es feliz

Y eso es algo que voy a tardar mucho tiempo en perdonarme...Si es que alguna vez lo consigo.

Wally

El agua caliente corre por mis manos, un torrente constante que intenta lavar más que la grasa de los platos. Froto un tenedor con una esponja, casi con rabia, como si pudiera rascar la sensación de vacío que me ha acompañado estos días. La cocina está en silencio, salvo por el chapoteo del agua y el tintineo metálico contra cerámica. Es un silencio asfixiante, cargado de todo lo que no se dice. Cada plato que limpió y colocó en el escurridor es una batalla ganada contra el impulso de ir a buscarlo, de ceder y romper la distancia que él mismo construyó.

El chasquido suave de la puerta corredera me eriza la piel. No necesito mirar. Cada fibra de mi cuerpo reconoce su presencia, el cambio sutil en la presión del aire, el eco casi inaudible de sus pasos. Sigo de espaldas, rígido, con la esperanza de que si no me muevo, si no lo reconozco, quizás se vaya.

-Wally.

Su voz es más baja de lo normal, rasposa. Como si le costara empujar el aire desde sus pulmones. Aprieto la mandíbula y sumerjo otro plato en el agua jabonosa.

-Estoy ocupado-respondo.

Oigo sus pasos. No son los pasos seguros y atléticos que conozco. Son vacilantes, pesados. Se detiene justo detrás de mí, tan cerca que el calor de su cuerpo penetra la tela de mi camiseta y me provoca un escalofrío que intento reprimir.

¿En serio está pasando esto?

-Lo sé-murmura, y está tan cerca-Solo...Dame un minuto. Necesito...-Se detiene, y el sonido es audible incluso sobre el ruido del grifo. Cierro los ojos, mis dedos apretando el borde del fregadero con tanta fuerza que los nudillos se me ponen blancos-Necesito decirlo-continúa, con un hilo de voz-Necesito que sepas que esta distancia me esta matando...Que echo de menos...todo. Hablar contigo hasta las tres de la mañana sobre tonterías. Poder sentarme a tu lado sin que te pongas rígido. Echo de menos poder abrazarte, Wally. De poder tocarte sin que retrocedas. Y Dios, cómo echo de menos besarte.

Cada palabra es una pequeña puñalada, una mezcla venenosa de anhelo y dolor. Quiero gritarle que se vaya, que es su culpa, que no tiene derecho a decir esas cosas ahora. Pero mi garganta se cierra. Una batalla campal se libra dentro de mí. El cuerpo, traidor, recuerda la seguridad de sus brazos, el sabor de su boca, la forma en que sus manos se ajustaban a las mías. Pero mi mente, la parte herida y alerta, recuerda el dolor de descubrirlo, la humillación, la sensación de que no confiaba en mí.

Me doy la vuelta lentamente, dejando el plato que sujetaba en el fondo del fregadero con un chapoteo ahogado. Mis manos se apoyan en el acero frío de la encimera a ambos lados de mi cuerpo, una barrera física y simbólica. Él se ve tan mal como yo me siento. Hay ojeras bajo sus ojos azules, que ahora parecen más grises que nunca, y está pálido.

Mi respiración se corta un segundo al verlo tan vulnerable.

-¿Y qué quieres que haga con eso, Dick?-pregunto, y mi voz sale más suave de lo que esperaba, llena de un cansancio-¿Que me siente y te escuche como si no pasara nada? ¿Que finja que no mentiste, que no me ocultaste algo porque pensaste que no podía manejarlo?

Como si mis palabras le hubieran golpeado físicamente. Baja la mirada por un instante, sus labios apretadose en una fina línea.

-No. No...no quiero que finjas. Solo quiero que sepas que lo siento. Que cada segundo sin ti es un infierno. Que la he cagado porque tenía miedo y fui un estúpido por no confiar en contartelo-sus ojos se humedecen y eso me desarma por completo-Sé que no tengo derecho a pedirte nada. Sé que te he hecho daño y que... que no quiero que lo dejemos por esto

Entonces una pregunta llega a mí cabeza: ¿Merece la pena estar así por algo que a él le daba tanto miedo?

Se acerca un paso más, rompiendo la barrera invisible. Su mano se levanta, lentamente, como si se acercara a un animal asustado, y se detiene a centímetros de mi mejilla. Tócame. Es lo que grita el traidor de mi subconsciente.

-Te quiero...Pero no me entra en la cabeza como no pensaste en decírmelo en el mismo día.

-Lo sé y odio que te sientas así por mi. Pero...Wally...no te tocaré hasta que tú me dejes.

-Que detalle de tú parte. ¿Y si no quiero volver contigo?

-Eso es imposible.

-¿Imposible?

-Sí. Porque tú y yo nos necesitamos. Lo sé, es egoísta decirlo ahora, pero es la verdad. No funciono igual sin ti, y he visto cómo tampoco funcionas tú sin mí. Somos adictos el uno al otro.

-Puedo vivir sin ti-Me empuja a decir mi orgullo.

-Yo sé que puedes-dice con suavidad, su voz como una melodía-Eres el hombre más increíble que he conocido. Eres un torbellino de luz y fuerza. Podrías levantarte mañana y conquistar el mundo sin ni siquiera echarme de menos. Yo también podría. Lo haría. Sería un infierno, seguramente me convertiría en una persona de mierda, pero sobreviviría. Pero la pregunta no es si podemos sobrevivir. La pregunta es si queremos. ¿De verdad quieres pasar los próximos cuarenta años sabiendo que todo se fue a la mierda por que yo tenía miedo y tú por enfado y orgullo? ¿De verdad quieres que nuestro final sea en un barco en mitad del mar? Porque yo no. Puedes vivir sin mí. Pero, por favor...no me obligues a aprender a hacerlo yo. Porque mi vida sin la tuya sería solo una larga espera a que el sol vuelva a salir.

Me está poniendo su corazón en las manos y esperando a que yo decida si lo aplasto o lo protejo. Y en ese momento, el muro de hielo que he estado construyendo tan meticulosamente se resquebraja desde los cimientos.

-Vete a la mierda.

Mi cuerpo se mueve por voluntad propia. Mis manos abandonan la encimera, y antes de que mi cerebro pueda registrar la acción, me he inclinado hacia adelante. Me levanto sobre las puntillas de los pies para cerrar la mínima distancia que nos separa y uno de mis labios a los suyos.

El primer contacto es eléctrico, tímido, dubitativo, casi doloroso en su intensidad. Sus labios están temblando ligeramente bajo los míos. Pero en cuanto nos tocamos, algo se remueve dentro de mí. La semana de silencio, de camas separadas, de miradas esquivas, se disuelve en este beso. Se profundiza, se vuelve más urgente, más hambriento. Es un beso que grita todo lo que nuestras palabras no han podido decir. Mis brazos se disparan hacia arriba y se enredan detrás de su cuello, mis dedos anclándose en el pelo oscuro en la base de su nuca, aferrándome a él como si fuera el único punto seguro en medio de una tormenta.

¿Puedo verme en un futuro con otra persona que no sea él?

No.

Calla conciencia. Soy joven.

¿Realmente queremos estar con otra persona? ¿Queremos perder a esta persona personas?

Dick responde con una fuerza que me roba el aliento. Una de sus manos se desliza por mi espalda, trazando cada vértebra, hasta que llega a la parte trasera de mis muslos. Con un movimiento fluido y seguro que me recuerda cuánto me conoce, me levanta. Mis pies se despegan del suelo y, por puro instinto, mis piernas se enredan alrededor de su cintura, atrapándolo contra mí. Y entonces siento cómo mi culo apoya suavemente contra la fría superficie lisa de la mesa de la cocina que está justo detrás de mí.

No hemos roto.
Pero esto no es estar bien.

Es un armisticio frágil, un instante de pura necesidad en medio de la guerra. Y cuando separamos los labios, jadeando, con las frentes apoyadas la una en la otra, sé que no hemos resuelto nada.

Sintiendo como los músculos de su cuerpo se tensan bajo mi toque. Mis dedos se hunden en su camiseta, necesitandolo más cerca, necesitando sentir la calidez de su piel directamente. La semana de distancia, de camas separadas y silencios helados, se desvanece bajo el peso de su cuerpo y la insistencia de sus labios, que ahora viene a encontrarse con los míos entre besos.

Siento que todo se soporta contra mí, una prueba irrefutable de que esto no es solo mío, que él también ha estado sufriendo esta misma necesidad. La fricción de sus jeans contra la mía es casi degradante, casi me empuja al borde, pero no quiero que esto termine. Necesito que dure, necesito ahogarme en él para borrar los días de vacío.

-Si me caigo de la mesa....

-¿En serio crees que te dejaría caer?-Una de sus manos abandona mi muslo y se desliza bajo mi camiseta, su piel caliente contra mi estómago me provoca un escalofrío que no tiene nada que ver con el frío de la mesa.

Sus dedos trazan círculos en mi piel, despertando cada nervio dormido, reclamando lo que es suyo. Mi cuerpo responde con una urgencia que avergonzaría a mi yo de hace una semana, el yo herido y orgulloso. Pero ahora no hay espacio para el orgullo. Solo hay Dick, el sabor de su boca, el peso de su cuerpo.

Separo los labios para respirar, jadeando, con las frentes apoyadas la una en la otra. Sus ojos están cerrados, su respiración tan agitada como la mía.

Una parte de mi cerebro, la más kamikaze y loca, decide tomar los mandos.

-Baja-le digo, y procesa un segundo la orden que le acabo de dar mientras yo me centro más en la mesa.

La madera fría contra mi espalda es un ancla en medio del caos de mis emociones. Mi conciencia grita, me advierte de que esto es una locura, que estoy en una cocina donde podria entrar cualquiera.

¿Qué hago?

¿Qué estoy haciendo?

Tengo que parar. ¿quiero parar?

Pero luego...luego sus manos, temblorosas pero obedientes, encuentran el botón de mis pantalones. El sonido suave de la cremallera bajando es como un trueno en el silencio de la cocina. No hay vuelta atrás. Sus dedos se enganchan en la tela de mis jeans y de mi ropa interior, y con una lentitud tortuosa, los desliza hacia abajo por mis caderas y muslos. El aire de la cocina me golpea la piel descubierta, y me estremezco, no de frío, sino de saber lo que va a pasar. La tela cae y se acumula en un montón alrededor de mis tobillos. Y entonces, el sonido. Luego vuelvo a colocar las suelas de las zapatillas sobre la mesa.

Creo que nunca podré ser tan abierto con alguien. En todos los sentidos de la palabra. Pero esto no....

Y en ese instante, todos mis pensamientos, todos mis argumentos internos y mis advertencias, se derriten. Se evaporan como el vapor de mi aliento.


Porque su lengua se pasea por la base de mi miembro, un trazo largo, húmedo y lento que me recorre de arriba abajo. La sensación es abrumadora, un cosquilleo que me eriza la piel desde los pies hasta la coronilla. Mis caderas se acercan hacia adelante, un movimiento involuntario buscando más de ese contacto. Cada nervio en mi cuerpo se despierta de su letargo, cantando una sola nota: más. El dolor, la rabia, la traición...todo se desvanece bajo el torrente de placer puro y simple. No hay espacio para pensar, no hay espacio para dudar. Solo sus manos firmemente sujetando mis caderas, y su lengua, que ahora traza círculos alrededor de la punta, haciéndome temblar con una necesidad que lo consume todo


Roy

La tensión de la cuerda es un viejo amigo. Un peso familiar en los dedos, en el hombro, en el alma. La dejo ir, no con un suspiro, sino con un exhalación controlada que libera la tensión de mis músculos sin soltar la del arco. La flecha vuela, un zumbido sordo que corta el aire húmedo del gimnasio y se clava con un thump seco y satisfactorio en el centro del blanco, a treinta metros. No me muevo. Simplemente coloco otra flecha en la cuerda, levanto el arco y repito el proceso. Tensión. Enfoque. Liberación. Impacto.

Es una meditación.

Un lenguaje que mi cuerpo entiende mejor que las palabras.

Mientras mi brazo dibuja el arco hacia atrás, mi mente, esa traidora, divaga. Vuelve a Jason. A sus palabras, con una voz que intentaba sonar a acero. "Mato personas, Roy. No soy una buena persona. Somos una bomba de tiempo, tú y yo." La cuerda se me siente más pesada de repente. "Dentro de unos años, me lo agradecerás."

El centro del blanco se vuelve borroso por un instante.

Y una parte de mí, una parte que creía muerta y enterrada bajo capas de sarcasmo y supervivencia, quiere reírse. ¿Cree que me asusta? ¿Cree que sus historias de sangre y rabia van a hacerme correr? No tiene ni idea. Ha visto al chico que puede acertar desde cualquier ángulo, que le encanta hablar con alfred, las peliculas, que soy cabezon hasta el artazgo. Pero no ha visto al niño de ocho años que aprendía a no llorar para no atraer la atención equivocada en un centro de acogida abarrotado. No ha visto al adolescente que robaba para comer, que aprendía a moverse por las calles como un fantasma, que sabía qué esquinas evitar y qué miradas ignorar.

Sé lo que es el mundo real, Jason. Sé que la gente no es blanca o negra. Sé que la línea entre sobrevivir y hacer algo terrible es tan fina como la punta de esta flecha. He visto a buenos hombres hacer cosas malas por desesperación. He sido uno de esos hombres. Así que no, no me asusta que seas imperfecto. No me asusta que tengas demonios. Lo que me asusta es que estés tan decidido a luchar solo contra ellos, empujándome a mí lejos como si yo fuera otro de los monstruos que acechan en la oscuridad.

La flecha vuela y se clava justo al lado de la anterior, casi rozándola. Perfecto. Levanto otra, el movimiento fluido y automático. No me asusta tu oscuridad, Jason. Lo que me aterra es la posibilidad de que nunca me dejes ver la luz que todavía tienes dentro.

El zumbido de la cuerda resonando en el silencio es lo único que oigo, hasta que no lo es. Un chasquido metálico y el sordo roce de una puerta abriendose interrumpen mi ritual. No me giro. No necesito hacerlo. Cada fibra de mi ser, cada instinto animal forjado en años de calle, sabe quién es. La forma en que el aire cambia, el peso de su presencia, el eco casi silencioso de sus pasos que son demasiado pesados para ser de Tim y demasiado seguros para ser de Dick.

Dejo que la flecha que estaba apuntando baje lentamente. Me quedo así un segundo, de espaldas, con el arco todavía levantado, escuchándolo acercarse. No dice nada. Simplemente se detiene, a una distancia respetuosa pero lo suficientemente cerca para que sienta el calor de su cuerpo.

Finalmente, bajo el arco y me giro. Y lo veo.

No ha venido a entrenar. No lleva ropa de gimnasio, solo sus vaqueros y una camiseta negra. Y su cara... no está endurecida por la ira ni cubierta por su máscara de indiferencia. Hay algo más en sus ojos azules, una urgencia. No ha entrado por error.

Me estaba buscando a mí.

Y por la expresión en su rostro, tengo la sensación de que ha decidido dejar de correr.

-¿Qué pasa?-Me atrevo a ser yo quien hable primero. Pero no hablo en plan borde, sino tranquilo, porque no quiero asustarlo.

Se detiene. Su mirada se fija en la mía, y por un segundo, el mundo exterior, el barco, la misión, todo desaparece. Solo somos nosotros dos, en este gimnasio silencioso que huele a madera y sudor.

-Me gustas-dice.

¿Estaré teniendo otro sueño?

Y creo que mi corazón se ha parado. El estómago se me cae al suelo como si estuviera en la cima de una montaña rusa a punto de precipitarse al vacio. Las palabras se atascan en mi garganta. Esperaba una disculpa, otras palabras para que volvieramos a estar normales, otro intento de empujarme lejos.

Pero no esto.

Él no me da tiempo a reaccionar. Da otro paso, y su voz se vuelve más baja, más intensa, como si estuviera confesando un pecado mortal.

-Me gustas tanto que quiero que seas mi novio y poder contarte cada uno de mis secretos. Cada cosa que me aterra y después hacerte enfadar para saber si las usarías en mi contra. Y si no lo hiciera, pedirte matrimonio.

El aire se sale de mis pulmones en un suspiro audible. Es la cosa más hermosa y aterradora que me han dicho nunca. Es una confesión de amor envuelta en capas de trauma y desconfianza, una propuesta de matrimonio condicionada a un test de lealtad que solo una mente como la de Jason podría inventar.

Y yo, en lugar de asustarme, por esa retorcida manera de pensar...Lo comprendo.

-¿Eres idiota?-pregunto-¿De verdad crees que después de todo lo que me has contado, después de todo lo que he visto, voy a usar tus miedos en tu contra?-Baja la mirada, como si no pudiera soportar que nos mirasemos.

-No...no sé -admite, y su voz es un hilo roto-Pero tengo que saberlo, Roy. Tengo que saberlo porque... -levanta la vista y sus ojos están llenos de una oscuridad que me atrae como un imán-... porque mis miedos no son fantasmas. Son reales. Viven conmigo. A veces creo que son más reales que yo-Da otro paso, ahora tan cerca que puedo sentir el calor de su cuerpo, oler el aroma a cuero y a algo que es solo Jason-Tengo miedo de despertarme un día y no reconocer la persona que veo en el espejo. Tengo miedo de que la rabia que llevo dentro se apodere de mí y te haga daño. No con las manos, Roy, nunca contigo. Pero con las palabras. Soy un maestro en destrozar las cosas con solo hablar. Tengo miedo de que un día te des la vuelta y te vayas, y que yo no sea lo suficientemente fuerte para dejarte ir. Tengo miedo de volverte adicto a mi oscuridad, de que te guste tanto el drama de arreglarme que te olvides de ti mismo.

Sus palabras me golpean como puñetazos, pero no me hacen retroceder. Me hacen querer acercarme más.

-Y lo que más me aterra-continúa-es que te quiero tanto que me asusta. Es un sentimiento tan grande, tan poderoso, que no sé qué hacer con él. Me siento como un niño con una carga de dinamita. Sé que puede destruirlo todo, pero no puedo soltarla. Porque es tuya. Eres tú-Mi corazón se rompe y se recompone al mismo tiempo. Extiendo la mano y la poso sobre su pecho.

-Bueno, pues tienes suerte-digo, y mi voz sale más firme de lo que pensaba-Me gustas tanto que no me importa tu oscuridad, ni tus secretos, ni tus miedos. Me gustas tanto que quiero quedarme aunque seas un idiota que cree que puede asustarme con la verdad. Y si alguna vez te casas conmigo, Jason -continúo, con una sonrisa pícara- será porque yo te lo pida, no porque tú lo uses como una prueba. Y ya te adelanto que no seré fácil. Soy tan terco como tú y tengo mis propios problemas. Así que prepárate para una pelea de titanes.

Y entonces, se me acerca. Me rodea con sus brazos y me abraza con una fuerza que casi me rompe los huesos. Y yo lo dejo hacer. Me dejo abrazar, me dejo querer, me dejo salvar por el hombre que yo mismo estoy decidido a salvar. Y en ese momento, en ese abrazo, sé que hemos cruzado un punto de no retorno.

Ya no hay vuelta atrás.

Estamos en esto juntos, para bien o para mal.

Wally


El agua de la ducha es tan caliente que casi me quema. Me quedo así, con la frente apoyada contra las frías baldosas de la pared, dejando que el torrente me golpee la espalda y los hombros. Intento lavarlo todo. Intento lavar el sabor a sal de su piel, el recuerdo de su lengua, el sonido de su nombre escapando de mis labios como una plegaria rota. Pero no funciona. Está grabado a fuego.

Dios mío, lo que hice.
Lo que dejé que hiciera.
Lo que quería que hiciera.

Una oleada de calor, que no tiene nada que ver con el agua, me recorre. No es vergüenza. Es algo peor, es una humillación profunda y visceral. Me rendí, me lancé de cabeza al abismo y el abismo se llamaba Dick Grayson entre mis piernas. La forma en que sentía su pelo entre mis dedos, cómo sus manos me sujetaban con una fuerza que era a la vez posesión y una súplica. Y su boca...Dios, su boca. La forma en que me miraba desde abajo, con esos ojos azules llenos de una devoción tan absoluta que aterrorizaba.

Me quiere.

Se que me quiere.

Y luego, el final. La calma después de la tormenta, el momento en que el mundo volvió a tener sonido y forma y yo hui. Como un cobarde. Me arreglé los pantalones temblando, ni siquiera lo miré a los ojos. No pude. ¿Qué le iba a decir? ¿"Gracias"? ¿"Lo siento"? ¿"Odio que me hagas sentir esto"? No había palabras. Solo había un vacío en mi pecho y el pánico empezando a pasearse por mis venas. Salí de esa cocina como si me persiguieran los perros del infierno, y no me pare hasta que llegué a este camarote.

Apago la ducha y me quedo allí, goteando sobre la alfombrilla. El aire frío me eriza la piel. Me seco con una toalla, con movimientos bruscos, automáticos. Me pongo un pijama viejo y suave, una armadura de algodón contra el mundo. Y me siento en el borde de la cama, con la cabeza entre las manos.

Aquí viene la parte difícil. La parte que no puedo lavar. La parte que me mantiene encerrado en esta habitación mientras el olor a cena se filtra por debajo de la puerta.

Porque lo amo.

Lo amo con una ferocidad que me asusta.

Lo amo con cada fibra de mi ser, con cada célula de mi cuerpo.

Lo amo incluso ahora, cuando me siento como una puta mierda.

Y esa es la maldición. Porque no puedo dejar de quererlo, pero tampoco puedo dejar de sentirlo.

Ese pequeño rencor. Esa espinita clavada justo en el centro de mi corazón. No es grande. No es un fuego que lo consuma todo. Es una brasa pequeña y ardiente. Es la imagen de él hablando con Zatanna a escondidas. Es el sonido de su voz explicando que lo hizo para "protegerme". Es la sensación de que no confiaba en mí, de que decidió por mi.

Y ahora, esa brasa está justo al lado del recuerdo de su boca en mí. Y los dos sentimientos se revuelven en mi estómago como serpientes. Amor y rabia. Deseo y traición. Necesidad y desconfianza. ¿Cómo puedo convivir con esto? ¿Cómo puedo quererlo tanto y al mismo tiempo sentir ese nudo de amargura cada vez que pienso en su mentira?

Hay un golpe suave en la puerta.

Mi corazón se acelera, un golpe sordo y pánico que me golpea las costillas.

-Wally...-Es la voz de Dick-La cena está...

No puedo.

Simplemente no puedo.

No puedo abrir esa puerta y mirarlo a los ojos.

No puedo sentarme a la mesa con todos y actuar como si nada, como si no acabara de traicionarme a mí mismo en esa cocina. No puedo soportar ver la preocupación en su rostro, porque sé que me derretiré.

Me quedo en silencio, sin moverme, sin respirar, esperando a que se vaya.

Esperando a que el mundo exterior desaparezca y me deje solo con mi amor y mi rencor, dos bestias peleando dentro de mi jaula de costillas.

Y no sé cuál de las dos va a ganar.

Y eso es lo que más me asusta de todo.

Damian

Adoro la sensación de su cuerpo contra el mío. Es una calidez constante y familiar en un mundo que rara vez lo es. Su respiración es un ritmo suave y regular contra mi cuello, y su brazo, lanzado despreocupadamente sobre mi cintura, es un ancla que me mantiene anclado al sueño, a la seguridad.

En la oscuridad de la habitacion, con el suave balanceo del barco como una cuna, no soy Damian Al Ghul, ni el hijo de Batman. Solo soy un chico que duerme abrazado a la persona que más quiere. Y en este momento, no hay nada más importante en el universo.

Pero la paz, como siempre, es frágil.

Un zumbido bajo y penetrante corta el silencio. No es el sonido del mar, ni el del barco. Es mi comunicador. Abro los ojos con un gruñido, la luz tenue de la pantalla de mi teléfono me resulta ofensiva. Es mi padre. La pantalla simplemente dice: "Sala de mando. Ahora."

Muevo el brazo de Jon con una delicadeza, deslizándome fuera de la cama sin despertarlo. Me pongo los pantalones y una camiseta, mis movimientos silenciosos y fluidos, fruto de años de práctica. El pasillo está frío y silencioso, un túnel de metal que se balancea suavemente. La puerta de la sala de mando se desliza hacia adelante con un silencio siniestro, y el ambiente que me recibe es tenso, cargado de una electricidad estática que no tiene nada que ver con la tormenta que se avecina.

Allí están. Mi padre, de pie frente a la pantalla principal que muestra un mapa del océano, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa. Tim está sentado en una de las sillas, con su tablet en el regazo, pero no está tecleando. Simplemente mira la pantalla principal con una expresión de concentración frustrada. Y Jason, apoyado contra una pared, con los brazos también cruzados, pero su postura es la de un depredador que espera. Sus ojos se mueven de la pantalla a mi padre y luego a mí, una evaluación silenciosa.

-¿Qué pasa?-pregunto, mi voz cortante en el silencio.

Mi padre no se gira.

-Hemos detectado una anomalía.

Tim interviene

-Las coordenadas no cuadraban. He estado repasando los datos de la navegación durante las últimas seis horas. Según nuestra velocidad y rumbo, deberíamos estar a cuarenta millas náuticas de nuestra posición actual. Pero...-hace un gesto hacia la pantalla principal-.aquí estamos. Como si no nos hubiéramos movido.

-Qué divertido-Jason se ríe falsamente.

-No es divertido-replica mi padre, su voz un trueno bajo-No hay señales de magia en los sistemas. No hay anomalías electromagnéticas que expliquen un fallo en el GPS. El motor funciona perfectamente. Y, sin embargo...

-Además-añade Tim, pasando la pantalla de su tablet a mi padre-hemos pasado dos veces por esta boya. La misma. La identifiqué por las marcas. Hace tres horas, y ahora la hemos visto.

-Un error en el registro. Quizás la boya era similar. Mantengan el curso. Estoy monitoreando la situación-Mi padre lo minimiza.

Pero la cosa empeora. A lo largo de la noche estamos atentos, la niebla empieza a bajar. No es una niebla normal. Es espesa, amarillenta, y parece absorber el sonido en lugar de reflearlo. El horizonte desaparece. El sol se convierte en un disco pálido y fantasmal sin calor. Las radios empiezan a fallar, llenas de estática, con voces rotas y distorsionadas que susurran cosas que no podemos entender.

Y entonces vienen los sonidos.

No del mar.

No del barco.

Tim deja de teclear. Levanta la vista y nos mira a todos, una por una. Y cuando habla, su voz está vacía de toda esperanza.

-No estamos avanzando.

Las palabras cuelgan en el aire, pesadas como una lápida. No estamos avanzando. Estamos atrapados. En este pedazo de metal en medio de una niebla que no debería existir, con sonidos que no deberían oírse y luces que no deberían verse. Y de repente, el calor del cuerpo de Jon contra el mío parece una lejana memoria, un lujo que ya no podemos permitirnos.

Observo cómo mi padre avisa a los demás y Tim debaten en susurros frente a un mar de datos que no escucho. Jason está apoyado contra la pared, una sombra impaciente, y Dick pasea como un tigre enjaulado.

-¿Qué te pasa?-Le pregunto y él clava los pies en el suelo.

-¿Qué pasa?

-Pareces nervioso.

-Está nervioso-Sentencia Jason.

-¿Y si nos centramos en que estamos atrapados en mitad del mar?

-No-Dice Jason mientras se acerca a Tim y le quita la tablet de las manos-Centrate cariño. Grayson está sufriendo.

-¿Qué te pasa?-Dice Tim centrando su atencion en Dick.

-No quiero hablar del....

-Es por Wally-Dice Tim.

-¿Tienes que pensar tan rapido como hablas?

-Sí.

Dick se queda en silencio unos segundos. Me siento en una de las sillas, fría y de metal, y cruzó los brazos. Cuando Dick nos cuenta lo que pasó el otro día en la cocina me quedo rigido.

-¿Por qué en la cocina?-Pregunta Jason.

-Me deje llevar por el momento.

-Y pensar que Bruce te considera inteligente-Bufa Jason.

Yo miro a mi padre, que sigue en lo suyo, y si se está enterando de lo que decimos no se mete.

-Esto hos podria pasar pasar a cualquiera.

-¿Follar en la cocina para que cualquiera que entre nos vea? Lo dudo.

-¿En algún momento dejare de cagarla?-Dice dejándose caer en otra silla.

-Quizas-Digo yo.

Uno por uno, van llegando. Primero Conner y Kory, con el pelo despeinado y los ojos medio cerrados. Luego Roy, seguido de cerca por Wally, que parece un fantasma, pálido y evitando mirar a Dick. Todos entran medio dormidos, bostezando, y hacen la misma pregunta.

-¿Qué pasa?

Mi padre no responde. Ni Tim. Simplemente los miran llegar, con sus caras de poker. El silencio es la respuesta, y es más aterrador que cualquier explicación.

Y entonces llega Jon.

Va descalzo, con el pijama arrugado y el pelo en un caos adorable que me hace sonreír a pesar de todo. Se acerca directamente hacia mí, como un imán, y se sienta en una de mis piernas, echándose sobre mi hombro con un suspiro de contento. Su peso es reconfortante.

-¿Qué pasa?-me susurra contra el cuello, su aliento caliente y somnoliento.

-Sorpresa-le digo, mi mano encontrando su camino hacia su muslo, empezando a trazar círculos lentos y reconfortantes sobre la tela del pijama-Parece que tenemos una cita nocturna.

-Sería más romantica si no estuviera muerto de sueño.

Cuando todos están presentes, el silencio en la sala es total. Mi padre mira a Tim, quien asiente.

-Bien-Empieza Tim, su voz cortando el aire-Esto es lo que sabemos. Y no es bueno. Durante semanas, hemos estado navegando, pero no hemos avanzado. Una milla.

Un murmullo recorre la habitación. Tim levanta una mano para pedir silencio.

-La niebla-continúa, señalando la pantalla principal, que muestra imágenes de la espesa bruma amarillenta-Aparece solo por la noche. Creemos que es lo que nos retiene. Durante el día, las corrientes de agua nos empujan, dándonos la ilusión de que avanzamos. Pero por la noche, algo en la niebla...nos devuelve. Nos arrastra de vuelta al mismo punto.

-Creemos que es la misma niebla-Dice Bruce-Para confirmarlo, hace unas horas, Tim y Cyborg colocaron un localizador en una boya a veinte millas de aquí. Hace una hora, el localizador nos indicó que estábamos a cinco millas de ella. Ahora mismo, estamos exactamente donde la dejamos. La boya está a veinte millas de nuevo. No estamos avanzando. Estamos en un bucle.

Jon encima de mí se pone derecho de golpe, como si una descarga eléctrica lo hubiera golpeado. El sueño desaparece de sus ojos, reemplazado por una alerta.

-Por lo tanto-dice mi padre, su mirada recorriendo cada uno de nuestros rostros-esta noche saldremos del barco. Necesitamos vigilar desde fuera. Necesitamos saber qué es esta niebla y qué hace con nosotros. Todos. Preparaos. Ropa abrigada. Tienen diez minutos.

La orden es inequívoca. La sala se vacía casi al instante, el murmullo de preocupación y el sonido de los pasos alejándose llenando el silencio. Jon se levanta de mi regazo, su expresión ahora es seria y determinada. Me mira y asiento.

-Una cita nocturna-Me dice y yo asiento.

Nos levantamos y salimos de la sala, listos para enfrentarnos a la niebla y a lo que sea que se esconde en ella.

Jon

Diez minutos. La orden de Batman retumba en mis oídos, desplazando por completo el último vestigio de sueño. Mientras todos salen de la sala de mando en un torbellino de pánico y determinación, siento la mano de Damian en mi espalda, guiándome hacia el pasillo.

Y despues nos dirigimos a una sala de almacenamiento cerca de la cubierta, donde ya hay montones de equipo esperándonos. Trajes termicos negros, botas impermeables, arneses con linternas de alta intensidad y dispositivos de comunicación. Me visto con una rapidez que me sorprende, mis dedos moviéndose con una familiaridad que solo los entrenamientos con Damian podrían haberme dado. Damian, a mi lado, ya está listo.

Cuando salimos al exterior, el frío me golpea como una pared. La niebla es peor de lo que imaginaba. No es solo espesa; es pesada, casi sólida. Se pega a la piel, huele a ozono y a algo más...a algo antiguo y mojado, como el fondo de un mar olvidado. La visibilidad es de unos pocos metros; el barco parece un fantasma perdido en un limbo amarillento. El sonido de las olas es apagado, sordo, como si la niebla se lo tragara.

Cyborg y mi padre, como líderes de campo, nos están esperando junto a la puerta de acceso a la cubierta exterior. Cyborg tiene un holograma flotante frente a él, un esquema detallado del barco.

-Atención-dice su voz metálica, resonando con una claridad extraña en la silenciosa niebla-La niebla interfiere con las comunicaciones a larga distancia, así que nos mantendremos en canales locales. No os separéis. Mantened el contacto visual con vuestro compañero y reportar cualquier cosa, por pequeña que sea. Cualquier cosa-Cyborg señala el holograma-Zona Alfa: Proa. Kory, Diana y Logan, se encargarán de la parte delantera. Vuestra visión y vuestros sentidos son cruciales para detectar cualquier anomalía física o energética. Zona Beta: Estribor. Dick, Wally, Kaldur cubriréis el lado derecho. Wally, tu velocidad puede ser útil para patrullar un perímetro más amplio, pero mantente a la vista. Dick, tú eres el enlace.

Veo cómo Wally se tensa ligeramente al oír su nombre junto al de Dick, pero asiente con la cabeza, sin mirarlo. Dick pone una mano en su hombro por un instante, un gesto que Wally parece ignorar, pero no rechaza.

-Zona Gamma: Boba. Jason, Roy, Orin y vosotros tenéis el lado izquierdo. Miró hacia donde están ellos y veo que Roy tiene uno de los brazos de Jason echado por uno de sus hombros.

-Zona Delta: Popa. Conner, Zatanna y Tim. La parte trasera es la más vulnerable. Zatanna, sé nuestra primera línea de defensa mágica si detectamos algo. Conner, eres el músculo.

Conner asiente, su expresión seria. Zatanna cierra los ojos un segundo, como si se estuviera preparando mentalmente, y luego sonríe, una sonrisa que no llega a sus ojos.

-Y la Zeta-dice mi padre, y su mirada se posa en nosotros-Damian, Jon, Hal y Barry. Vosotros dos tenéis el centro del barco. La sala de máquinas y la cubierta de observación principal. Es el corazón del barco. Y es donde yo estaré. Sois mi equipo de respuesta rápida. Si algo va mal en cualquier otra zona, vosotros seréis los primeros en llegar. ¿Entendido?

-Entendido-dice Damian

-Perfecto-responde Damian a mi lado, su tono tan seguro como siempre.

Cyborg nos entrega unos comunicadores especiales.

-Estos sintonizan entre sí. Si perdéis el contacto visual, usadlos. No salgáis de vuestras zonas asignadas a menos que yo o Batman, o Clark os demos la orden. Esto es un reconocimiento, no un ataque. El objetivo es observar, no enganchar. ¿Empezamos?

Un coro de asentimientos recorre el grupo. Nos dividimos, cada pareja dirigiéndose hacia su zona asignada. Damian y yo nos quedamos donde estamos, mientras los demás se desvanecen en la niebla amarillenta, sus figuras convirtiéndose en sombras borrosas hasta que desaparecen por completo.

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